Era un soleado domingo de primavera. La familia Cerrada-Carretilla, integrada por don ZOIDO Y doña CONSTANZA, deseaban aprovechar bien la luminosa mañana dominical, junto a sus hijos JAIMITO, BERTIN y CLAMIA, 10, 8 y 6 años. El padre se autocalificaba profesionalmente como agente comercial colegiado, aunque con lo que realmente ganaba el sustento era actuando como intermediario, entre las personas que querían comprar, vender o alquilar una propiedad residencial. Colaboraba, buscando clientes, con la Inmobiliaria PARASOL, a la que cargaba porcentajes de ganancia por sus hábiles e interesantes gestiones, que le permitían vivir sin estrecheces e incluso poder gozar de una o dos semanas de relajante turismo, preferentemente insular.
En principio sopesaron echar una mañana de playa, inaugurando la temporada, pero el fuerte viento de levante les aconsejó posponer la propuesta para otro domingo. Este día de fiesta tampoco “abría” el IKEA, “tabla de salvación” para familias aburridas, que tienen dificultad para encontrar distracción. Tampoco era factible una salida senderista, pues a doña Constanza sus problemas óseos le producían rozaduras y dolores, cuando la caminata era de mediana o larga distancia y el sol castigaba con generosidad. Entonces don Zoido sugirió una “vegetativa” opción, que exigía un limitado o razonable esfuerzo al margen de contingencias imprevistas.
“¿Y por qué no ocupar la mañana visitando un vivero de plantas? Me han hablado muy bien de uno que está instalado en el pueblo cercano de ALHAURIN EL GRANDE. Me comenta mi amigo Ambrosio que ocupa una gran extensión de terreno, con diversos patios dedicados al cultivo y venta de preciosas plantas, tanto de interior como de exterior. No faltan tampoco los árboles frutales. Hay piezas de adorno para jardines, terrazas y lugares emblemáticos de los domicilios. Todo ello montado con un estilo moderno, profesional y verdaderamente espectacular. Las bien organizadas instalaciones, permitan a los visitantes llegar hasta la puerta con su automóvil. La empresa ofrece con servicios complementarios, como restaurante, bar, panadería, confitería y objetos de regalo. En resumidas cuentas, dice que es el mejor criadero vegetal de Málaga y de otras muchas capitales de provincia. Se denomina VIVEROS GUZMÁN. Lleva funcionando hace muchos años, por lo que han ido aplicando reformas y comodidades, como un suelo bastante cómodo para el paseo y el goce de todo un paraíso vegetal”.
Tras esta muy documentada exposición del “cabeza de familia”, la familia Cerrada-Carretilla tomaron el desayuno, “arreglándose” después con el fin de no “desentonar”, pues era domingo, el día en la gente bien cuida su vestimenta con decoro, vayan a donde vayan.
Una vez que don Zoido, doña Constanza y sus tres hijos llegaron al gran vivero, comprobaron (eran las 10:45) que ya no era fácil aparcar en la zona acotada para los vehículos. Estaban prácticamente todas las plazas ocupadas y no era cosa de dejar el coche cortando la salida de otros vehículos. Entonces Zoido, como todos los conductores que seguían llegando, tomó el camino hacia arriba de la carreterita, ya que los coches se iban estacionando en la cuneta de la no ancha calzada, ocupando lógicamente parte de la misma. Ya, en una curva, pudo encontrar un hueco en el arcén. Pero al bajar del vehículo tomaron conciencia de que tenían que hacer un largo paseo hasta alcanza la puerta de entrada al recinto. De inmediato doña Constanza puso el grito en el cielo, al ver la distancia que los separaba del vivero. La caminata iba a llevar sus minutos, especialmente con personas de mediana edad que no están habituadas al senderismo. Hacía calor y los perfumen que se habían echado se volatizaron de inmediato.
Al fin alcanzaron la señorial entrada, entre resoplido y resoplido. La imagen que tenían ante su vista era verdaderamente espectacular. Numerosos grandes patios, unos totalmente abiertos, mientras otros estaban techados y dedicados a las plantas de interior. La decoración elegante y bien pensada. No sólo se exponían miles de macetas y macetones, sino también figuras para adornar los jardines y el interior de las grandes mansiones, con los más diversos y divertidos motivos.
Como era domingo, habían acudido una gran cantidad de visitantes (lo indicaba los vehículos bien o mal aparcados). Muchos de los clientes habían cogido carritos metálicos, que se encontraban en la entrada del complejo floral, con el buen sentido de poder echar en los mismos las macetas y macetones que iban eligiendo, aunque otros se “hacían los fuertes” llevando en sus brazos las unidades florales que iban eligiendo para su compra, A tenor de sus rostros, el peso de las macetas era elevado.
Doña Constanza comenzó a quejarse de sus pies, a consecuencia del mucho caminar y no llevar los zapatos adecuados. Los tres niños corrían de aquí para allá, divertidos y contentos, pues imaginaban estar en una gran selva, con “millones” de flores a cuál más bella. A medida que iban recorriendo el inmenso espacio se iban escuchando entre las distintas familias diversos comentarios acerca de sus sensaciones:
“Esto es grandísimo, Para verlo todo bien acabas agotada. Me he equivocado en no coger un carrito. Llevo más de una hora con los dos macetones en los brazos y ya me están entrando unas agujetas que no te quiero decir ¿Tú crees que esta gran maceta quedará bien entre el tresillo y la mesa blanca lacada del salón? Vamos a buscar la confitería, que he visto a varias personas que en vez de flores llevan unos papelones de dulces, para ponerse como el kiko. Ten mucho cuidado con las plantas que eliges. Esas macetas están regadas por unas sustancias que días después, cuando las tienes en casa comienzan a languidecer, a marchitarse o incluso a secarse. En casa no tenemos esos “polvos” mágicos que se los preparan en los laboratorios. Por favor, me he perdido con todas las vueltas que dado. Me puede indicar cómo se llega a la puerta de salida. Habrá que llevar algunos regalos para la familia, pues ayer les comenté que hoy veníamos al mejor vivero de Málaga”.
Jaimito, Bertín y Clamia, en distintos momentos repetían esa frase tan familiar y entrañable en todas las familias con niños pequeños. “Mami, papi, tengo hambre”.
Otro de los momentos destacada de la mañana dominical fue cuando doña Constanza se acercó a uno de los operarios que, con su uniforme color verde, se paseaban dando la imagen de plena actividad. “Por favor, joven, ¿le importaría dedicarme unos minutos, para que me explicara cómo se debe cuidar esta planta tan bonita y delicada? No le eche mucha agua, sólo cuando vea que la necesita. Tenemos unos medidores para comprobar el grado de humedad, introduciéndolos en la tierra. Se venden en la caja de la entrada al precio de 7 euros. La vida útil de cada medidor son unos diez usos, Después ya van perdiendo vitalidad o eficacia. Cada quince días esta planta necesita un aporte de nitrato, fosfato y calcio. Para ello tenemos unos botes combinados, que puede dar para unos 20 usos, utilizando la medida del tapón. Cuestan 15 euros la unidad. Hay otro bote, muy conveniente, que favorece la generación de bacterias orgánicas que duplican la vida de la planta. Este bote “restaurador” tiene un precio de 12 euros. Lo aplica en seis usos quincenales, durante tres meses. Don Zoido iba pagando y echando en una bolsa de plástico todos los botes que su señora, muy convencida de la explicación del operario, llamado Valeriano centella, le iba mostrando. La tarjeta bancaria del marido estaba en continuo uso. Zoido suspiraba para que el técnico biológico se callara de una vez y no sacara más botes de una estantería que parecía la de una botica.
Sobre las 12:45, a fin de que los niños se callaran, sus padres los llevaron al bar /restaurante para comprarles sendas hamburguesas y los refrescos correspondientes. Don Zoido resoplaba, pues iba arrastrando por superficies horizontales e inclinadas, dos grandes macetones, cuatro macetas más pequeñas para regalar y el gran lote de productos que el técnico fitosanitario les había encarecido comprar. Si querían prolongar la vida de las plantas que llevaban.
Ya sobre las 14 h. con la desesperación propia en el rostro del agente comercial, bien entrado en carnes, debido al cargamento de portaba en el carrito, cuando ya enfilaban la salida los niños se pusieron muy pesados porque querían llevarse una conejita de cerámica, para ponerlo en la terraza del piso juntos a las demás macetas. Tanto insistieron que Zoido tuvo que hacer el recorrido inverso dejando el pesado carro en la caja de pago, hasta llegar al conejo, La figura tenía un tamaño real, pero pesaba lo que no estaba escrito. Era cerámica casi maciza. A la coneja, los niños ya le habían puesto el nombre de Lucy.
Una vez pagada toda la mercancía, había que llevarla al coche. Entonces el muy cansado Zoido se encamino por el borde la carretera hasta donde estaba “mal” aparcado su vehículo, para traerlo hasta la entrada del recinto y cargar las macetas y macetones, los productos químicos y por supuesta a la coneja Lucy. Un supuesto vigilante se le acerca y le pone la mano “por haber cuidado del coche en su ausencia”. El ya superado agente comercial, no quiere más problemas y entrega el euro correspondiente que el joven se guarda con presteza en el bolsillo.
La familia Cerrada Carretilla por fin abandonaron el afamado vivero, con todo el material acomodado en el maletero e incluso dentro del vehículo, compartiendo el asiento trasero con los niños pequeños que juguetean de continuo con las ramas de uno de los macetones. Tomaron el camino hacia Alhaurín, pero en las ventas del pueblo no quedaban mesas libres a esa hora del almuerzo: no habían reservado el almuerzo en un día de tan elevada clientela como era el dominical. Encontraron el oxígeno alimentario en un Mac Donald en la zona de Ikea. Allí consumieron felices los menús de esta potente multinacional de comida rápida.
Sobre las 16:30, después de una jornada floral tan intensa, grata y esforzada, Zoido se dispuso a subir los macetones desde el garaje del bloque a la ubicación del ascensor. Eran bastantes los escalones hasta el ascensor. Pero tuvo la suerte de encontrarse a Damián, el hijo de Wenceslao, policía local, para que le ayudara en la labor. Los kilos que sobraban en su cuerpo dificultaban el esfuerzo de mover la flora que habían comprado. Los niños iban encantados con Lucy, la coneja de cerámica. Pero como ocurre con muchos críos, pronto se cansaron de jugar con la linda figura de color blanco, cuyo coste había sido de 26 euros. Doña Constanza la colocó en una esquina de la terraza, mientras hacía cábalas acerca de la mejor situación de los macetones.
Don Zoilo fue a echarse una siesta, pues se sentía cansado de todo el trajín floral que había vivido. Antes de hacerlo, buscó en Netflix una película apropiada para que los pequeños pasaran la tarde. Doña Constanza llamó por teléfono a su amiga de la infancia Dorita, para contarle como habían aprovechado ese domingo en familia. Un día en la vida de los Cerrada -Carretilla. –
UNA MAÑANA
ENTRE FLORES
José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
Viernes 28 noviembre 2025
Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es
Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/
Otros materiales, en el BLOG DE AMADUMA
No hay comentarios:
Publicar un comentario