viernes, 27 de noviembre de 2020

FICCIONES Y REALIDADES, EN LA RELACION DE PAREJAS.


Hay sonidos que pueden resultar agradables o molestos para el oído, según sea nuestro estado de ánimo y la propia modulación que contenga la acústica emitida. Sin embargo tenemos otro factor que condiciona notablemente esa recepción: la hora en que se produce la correspondiente escucha. Pongamos un ejemplo. Es bastante normal que el teléfono suene entre las 10 y las 22 horas de cada día, avisando que tenemos una llamada. Pero si el ring telefónico lo hace a las doce de la noche, a las tres u otra hora de la madrugada, el sobresalto, el nerviosismo, incluso la angustia que el agudo sonido produce, afectará a casi todos aquellas personas que habiten el domicilio destino de esa comunicación. Puede tratarse de un error cometido a la hora de marcar el número, pero el sentimiento general es que recibir una llamada a esas incómodas horas no va a traer buenas noticias, sino todo lo contrario. En el contexto de los sonidos telefónicos, en horarios inesperados o intempestivos, se enmarca una fase del relato de la siguiente historia.

La pareja formada por Ranio (Eufranio) y Alicia acumulaban bastantes años de noviazgo. No había una única causa para esta relación tan prolongada: las motivaciones económicas, sin duda, eran importantes, aunque también había que considerar la falta de decisión que les afectaba e incluso, con el paso del tiempo,  la pérdida del fulgor entusiasta de los primeros momentos en que se conocieron. Todo ello influía en ese continuo aplazamiento para llegar al matrimonio o a la unión en total convivencia. La rutina relacional iba afectando más a la chica que al joven, por lo que el destino o la casualidad hizo que Alicia (reponedora de mercancías en  un importante hipermercado de la capital) conociera a otra persona de la que se enamoró con fulgor, prácticamente desde ese preciso primer encuentro. Esa atracción fue también correspondida por esa tercera persona, de nombre Vento (Ventura) que formaba parte de un grupo teatral local de vanguardia.

Alicia adoptó la equivocada decisión de mantener la ficción o engaño con Ranio durante algunas semanas, pues éste había sido muy noble con ella, ayudándola en momentos difíciles en lo laboral y familiar y no veía justo hundirlo afectiva y anímicamente, dándole ahora “de golpe” la muy dura noticia de que lo dejaba por otra persona. Sin embargo quiso la casualidad que una tarde las precauciones, que ella aplicaba con su nuevo gran amor, fallaron y  su pareja de tantos años se los encontró acaramelados en uno de los parterres del Parque. La inevitable ruptura “oficial” y la brusca forma en como ésta se produjo resultó harto dolorosa para ambos.

Ranio vivía solo en un estudio ubicado en un antiguo caserón de la zona Merced-Lagunillas, pequeño inmueble que tenía alquilado desde que se afincó a Málaga capital, procedente de Villanueva del Trabuco, pueblo en el que había nacido. Hijo único de una modesta familia (su padre era labriego por cuenta ajena) tuvo la suerte, con la decisiva ayuda de un familiar vinculado a los sindicatos, de encontrar un cómodo trabajo de personal auxiliar en un centro universitario del Ejido, situado bastante cerca de su domicilio. La brusca e inesperada realidad afectiva hundió profundamente su más bien débil estado anímico. Comenzó a descuidarse en su diario aseo personal y a encerrarse en casa, delante del ordenador o el aparato de televisión, cuando abandonaba su lugar de trabajo a las tres de la tarde. La vinculación con su antigua novia había sido tan absorbente, que ahora caía en la cuenta de que carecía de buenos amigos, aquéllos que en estos momentos de soledad podrían haberle echado una buena mano, con su compañía, afecto y comprensión.

Alicia no era ajena a esta delicada situación, pues conocía muy bien a la persona con la que había formado pareja durante casi siete años. Su conciencia y el temor de que Ranio pudiera hundirse totalmente, en el fango del abandono y la autodestrucción, le llevó a tratar el espinoso tema con su nueva pareja. Vento, que era una persona hiperactiva, innovadora e imaginativa, valores que le ayudaban muy bien en su profesión de actor. También gozaba de un buen corazón. Ambos idearon una hábil estrategia, para ayudar al joven relegado y abandonado, en esa desesperación y cerrazón anímico en el que estaba inmerso. Sus propios compañeros de trabajo lo comentaban con preocupación, pues Ranio no cumplía con los horarios, se le “olvidaban” aspectos importantes de sus obligaciones en la Facultad, incumplimientos que provocaban problemas que ellos tenían que cubrir o disimular. Algún amigo común tenía bien informada a Alicia de la “degradación” en la que estaba sumido su antigua pareja.

En ese plan de ayuda, tuvo curiosamente una intervención decisiva la innata capacidad para la fabulación que poseía el actor y guionista Vento Masala. Desde su adolescencia había estado vinculado a las artes escénicas, formando parte de diversos grupos de teatro, siempre de “vanguardia”, que iban representando obras, por ellos escritas, en diversos centros culturales de toda Andalucía, subvencionados por organismos públicos o de titularidad privada. El grupo El Almirez, dirigido por él, estaban también  realizando sus primeros cortos cinematográficos, así como grabaciones publicitarias, que le proporcionaban algunos dividendos con los que “ir tirando” y poder llegar a final de mes. De acuerdo con Alicia, se reunieron con una miembro del grupo, una joven y dinámica intérprete, pucelana de origen,  llamada Carol, de especial y enigmática belleza, vinculada al Almirez desde hacía medio año. Le explicaron el caso y pidieron a esta chica, con dotes interpretativas verdaderamente extraordinarias, que les echara una mano a fin de distraer o animar a una persona que cada día que pasaba se encontraba peor, en el hundimiento sentimental de su depresivo ánimo.

Fueron puntualmente convincentes, en la exposición y razonamiento que hicieron a la joven intérprete, por lo que ella aceptó sin dudar el reto. Le agradaba y motivaba la historia. Su intervención sería un nuevo ejercicio práctico, a fin de ir sustentando nuevos peldaños en ese camino que estaba recorriendo, según ella, hacia el “estrellato”. Le facilitaron el número telefónico de Ranio. Entonces se dispuso a elaborar el “argumentario” que pensaba interpretar ante el desvalido y frustrado amante. Tres días después, en una noche de viernes, marcó los dígitos del atribulado auxiliar de la facultad de Económicas, Ranio Entrena. El reloj marcaba ya las 0:45 de un nuevo día, comienzo del fin de semana. La arriesgada operación estaba en marcha.

A nadie se le oculta el hecho de que recibir una estridente llamada telefónica, en los inicios de la madrugada, inestabiliza a la persona más tranquila y sosegada. El teléfono, a esas anormales horas de la noche, solo puede ser portador, en general, de malas o desagradables noticias. Carol se se presentó como una novia abandonada y desesperada, por la pérdida del cariño en quien más confiaba y que sin embargo le había “pagado” su fidelidad con el engaño y la humillación social. Entre justificándose y rogando el perdón del oyente, explicó que había marcado un número al azar, pues necesitaba, de manera imperiosa, contactar y dialogar con alguien. En su congoja, se sentía muy desgraciada, deprimida, desanimada, hundida, temiendo caer en la tentación de “hacer una locura”. Reiteraba que con tan solo unos minutos de conversación saldría, temporalmente, de ese profundo bache afectivo en el que veía sumida. Al fin confesó, al asombrado y desconcertado oyente, que se había tomado unas pastillas y tenía miedo de sus consecuencias. Ranio trató de tranquilizarla, ofreciéndose a contactar de inmediato con el SAS para que desplazara, con urgencia, una unidad móvil. Carol le agradeció su receptividad, indicándole que ya no era necesario reclamar atención médica, porque hacía unos minutos que lo había “devuelto” todo. En los minutos siguientes, el cada vez más seguro receptor de la intempestiva llamada fue animando a la chica, tratando de convencerla de que había que salir del bache y que podía contar con él, pues el calor humano era la mejor medicina para esos momentos ingratos de soledad.

En los más de cincuenta minutos, que ambos jóvenes estuvieron comunicando, él insistió para que se vieran ese sábado por la tarde, compartiendo una taza de té o café, con esas palabras, silencios y miradas, que tanto confortan en los acres momentos con que también nos regala el caprichoso destino. Ella fue un tanto reacia, al principio, para aceptar el generoso ofrecimiento (todo formaba parte del guión) pero tras colgar el teléfono, al finalizar la comunicación, volvió a marcar el número del nuevo “amigo” aceptando el encuentro personal del día próximo.

Ranio quería, sinceramente, ayudar a la joven y de paso “ayudarse en lo posible a sí mismo. La sorpresa de Carol escenificaba perfectamente ese compañía que él también necesitaba. De esta sencilla manera comenzaron a salir varias tardes, preferentemente durante los fines de semana, compartiendo meriendas, palabras y razones. En esta simpática y terapéutica relación, la chica comenzó a sentirse bien con ese joven que, paso a paso, le iba abriendo su vida, con sus confesiones íntimas a la receptividad de la persona amiga. Apenas sin darse cuenta y superando el guión previsto, Carol comenzó a sentir por Ranio más que afecto y amistad: se estaba enamorando del muchos de los valores que iba descubriendo en esa persona a quien secretamente ayudaba. Pero él no se había olvidado de Alicia. Una y otra vez, su conversación y su mente volvía a esa relación, ahora frustrada, que había mantenido con ella durante tantos años. Dándose cuenta de los ardientes sentimientos de Carol, Ranio intentó fingir para no herirla, paralela a la simulación que en principio ella había hecho, desde la noche en que efectuó la llamada. Así son los juegos traviesos del destino, de manera especial con las personas inestablemente formadas.

¿Y cómo evolucionó esta intrincada historia de parejas, infidelidades, generosidades, ficciones y realidades?

Con el avance del tiempo, la vida de estos cuatro personajes ha marchado hacia destinos desigualmente buscados y con resultados más o menos inesperados.

Alicia fue comprobando, en el trato diario y tras el deslumbrante encanto inicial, que había encontrado o imaginado en el actor y guionista Vento, que éste era en realidad un compañero de muy difícil, compleja y “maravillosa” al tiempo personalidad. Excéntrico, compulsivo, imaginativo, ególatra, creativo e inestable en sus respuestas y comportamientos insospechados. Estaba plenamente entregado a las artes escénicas, tarea que representaba ese oxigeno vital que nos permite seguir avanzando por la existencia terrenal. Tras una fase de exuberante rodaje sexual, ambos llegaron a ese cansancio de lo rutinario, buscando nuevos incentivos que los alejaran de la aburrida normalidad. La antigua compañera de Ranio ha intentado incluso volver con éste, pero las circunstancias han cambiado para todos en la evolución de los días. En este momento, la dinámica y bella reponedora del Centro Comercial  se ha convertido, asumiendo una nueva prueba en su dinámico carácter, en amante del jefe de compras vinculado al departamento de alimentación, hombre que le supera en 14 años su edad y que en su normalidad está casado y con hijos. Este vínculo “secreto” le permite tener un mejor horario y obligaciones laborales menos gravosas o esforzadas que tenía que asumir antes del nuevo vínculo afectivo.  

Aunque en un principio Ranio también mantuvo la ficción o engaño viendo a Carol, la misteriosa chica del teléfono nocturno, tan enamorada, tuvo finalmente que explicarle que estaba en una fase de su vida harto compleja. En esta situación prefería no volver a comprometerse con otra pareja, en principio, tras el mazazo que había supuesto para él la actitud de su novia de siempre, Alicia. La aspirante a gran actriz acabó entendiéndolo y buscó nuevos derroteros afectivos, manteniendo el secreto  de las verdaderas razones de la  inesperada llamada en madrugada, que hizo al domicilio de Ranio. Este auxiliar de servicios en la facultad de Económicas dedica ahora su tiempo, en el ocio de las tardes, a practicar gimnasia en un centro deportivo. En este sentido también se ha aficionado a las salidas senderistas los fines de semana, para las que cuenta con la compañía y afición paralela de una compañera de facultad, que también es auxiliar, llamada Malena, divorciada y con una niña a su cargo, persona de carácter positivo, cuyo dinamismo compensa las faces taciturnas en que Ranio con intermitencias se ve envuelto. Uno y otro saben que más pronto que tarde ambos decidirán unir sus vidas.

El actor, guionista y hábil aventurero de faldas, Vento, olvidó pronto la fase de Alicia, en su currículo afectivo. En su notable carrera artística se halla ahora entregado a un proyecto de rodaje, que constituiría su primera intervención cinematográfica, escribiendo el libreto para el que se ha reservado uno de los papeles protagonistas. Dicho guión lo esta elaborando en colaboración con un periodista de nacionalidad británica, ya jubilado, que está afincado en la “milla de oro” marbellí: Mr. Christian Raleigh, un australiano de nacimiento con un buen capital económico de origen “desconocido”. La financiación del inglés ofrece una cierta base económica a los proyectos del dinámico actor. Tiene previsto llamar a Carol, cuando el proyecto esté más conformado, para contar con una prometedora actriz y quizá también para añadir otra muy sugerente aventura a su amplio listado de “conquistas” femeninas.

Aceptando su ilusionado, sencillo y frustrado amor, por ese joven al que pretendió ayudar en aquella noche otoñal, Carol ha continuado con su carrera artística. No sólo cambiando de compañía teatral, sino descubriendo una faceta importantísima en su vida que ha transformado su manera de ser, sentir y caminar existencialmente. Para esa renovación que ha sabido aportar a su carrera, ha sido fundamental el encuentro, amistad, colaboración y sosegada convivencia actual con un director teatral, ya jubilado, muy prolijo en su trabajo escénico con un listado amplísimo de actores, en las numerosas obras que ha montado a lo largo de su dilatada etapa artística, llamado Reinaldo París. Este maestro, amigo, compañero y amante, supo transmitirle una noche algo que ella escuchó, meditó e integró en su carrera. “Tienes un pequeño y gran problema cuando actúas, que es algo innato a tu persona. Hay momentos en que esa forma de actuar puede ayudar a ganarte al público, pero que a la larga te va a encasillar en un perfil que te hará bastante daño, si quieres cuidar y sustentar tu futuro en las tablas ante el público: asumes de continuo una constante gesticular que peca de histrionismo y sobreactuación interpretativa. Aunque lo disimules, careces de naturalidad.” Carol ha sabido entender el análisis, técnico y “paternal” de su pareja y en la actualidad asiste a una escuela interpretativa, dirigida por una vieja gloria de las artes escénicas como es Flora Larial. Aunque tiene fijada su residencia en Madrid, Ranio y ella intercambian cada diciembre cariñosas felicitaciones, con ese reencuentro pendiente para hablar juntos, recordando aquellas traviesas ficciones y simulaciones con las que el destino quiso relacionarlos.

Y así han sido y son estas cuatro, sencillas y complejas, historias de personas enlazadas, en el cosmos espacial de su pequeño mundo. Amores ilusionados, frustraciones dolorosas, pequeños éxitos en la lucha, proyectos y aventuras indefinibles, todo ello en el seno de esas soledades compartidas, que se sobrellevan y dibujan en la realidad de la vida.-

 

FICCIONES Y REALIDADES,

EN LA RELACIÓN DE PAREJAS

 


José Luis Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

27 Noviembre 2020

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Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/

 



 

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