sábado, 29 de abril de 2017

LA TENTACIÓN DE UNA COMPRA ON-LINE, PARA EL REEQUILIBRIO ANÍMICO DE UN ESFORZADO OPOSITOR.

Una de las más útiles realidades cercanas a nuestra disposición, que en la actualidad proporciona la “infinita” red informática de Internet, consiste en la posibilidad de realizar las compras más insospechadas utilizando la versatilidad on-line. Obviamente, el comercio por correspondencia tiene muchos años de antigüedad. Recordemos como, a mediados del siglo XX, aquellos incipientes grandes almacenes de Galerías Preciados y El Corte Inglés enviaban por correo ordinario, a quienes así lo solicitaban, unos bien elaborados catálogos, en los que se ofertaba lo más señero de todas sus mercancías. Los clientes podían señalar, en un impreso adjunto, los artículos que les interesaban comprar los cuales, a vuelta de correo, les eran enviados a su domicilio situado a muchos kilómetros de distancia desde la centralidad madrileña. El sistema aplicado para recibir la mercancía era también postal y se pagaba mediante reembolso, una vez recibido en casa el artículo solicitado. El comprador podía, en caso de disconformidad o error, devolver o cambiar la prenda u objeto recibido, generalmente de manera gratuita o pagando una pequeña cantidad por los gastos de transporte. Todo este trasiego era razonablemente rápido, aunque lo normal es que tardara más de una semana la culminación del proceso de compra por correspondencia.

En la actualidad el comercio mediante el correo electrónico del ordenador y las tabletas, o utilizando las sofisticadas y avanzadas prestaciones del propio móvil telefónico, se puede realizar incluso en menos de veinticuatro horas. Tanto la rapidez de llegada a su destino, en la petición del usuario, como la agilidad en el envío, por parte del vendedor, puede suponer un tiempo asombroso de sólo horas, gracias a las empresas de transporte urgente, que garantizan un horario exacto de recepción y entrega para cualquier tipo de mercancía. Incluso el cliente tiene el incentivo de poder adquirir estos artículos a un precio notablemente inferior, al que tendría que pagar si se desplazara físicamente a una tienda con la intención de proceder a su compra. Es uno de esos signos que marcan la época que nos ha correspondido vivir, bajo el signo de la celeridad y la propia versatilidad.

Rasio es un joven licenciado, con un grado universitario en Derecho. A sus veintisiete años de edad, ha decidido ponerse en manos de un afamado preparador para participar, cuando la Administración así lo decida, en unas futuras oposiciones a notarías. Como dicho preparador reside en una provincia limítrofe a la suya, ha de desplazarse dos veces por semana a Granada, a fin de trabajar con el cualificado especialista durante varias horas, en todos esos densos capítulos que integran el temario de examen.  Posee un expediente académico en sumo brillante, tanto en calificaciones como en otros méritos de cursos y másteres. La voluntad y tenacidad que aplica a las oposiciones es firme y continua. A estos positivos factores ha de añadirse la acomodada situación económica de que disfrutan sus padres  (propietarios de una cadena regional de locales donde se ofrecen comidas rápidas). Esta circunstancia económica le permite vivir bajo la dependencia paterna y dedicar todo el tiempo posible para el estudio, preparando esas muy exigentes y difíciles pruebas. Por cierto, el nombre de Rasio procede de la abreviatura de aquella opción que eligieron sus padres en el Registro Civil para el momento de su nacimiento: Eufrasio. Así se llamaba también el abuelo paterno, que fue precisamente el empresario creador de esa rentable cadena regional de establecimientos para la restauración.

La tensión que acumula, día tras día, este voluntarioso opositor, va inevitablemente minando su equilibrio anímico. Esas largas horas que ha de permanecer frente a los apuntes, la bibliografía especializada, los ejercicios propuestos por Nicolás, su preparador y, por supuesto, tanto tiempo delante de la pantalla de su ordenador, le obliga a tomar algunos reconstituyentes vitamínicos y a vigilar el descanso nocturno, pues ha comprobado que tiene alterado el reloj de las horas del sueño. En ocasiones, las personas más allegadas han de soportar sus continuos cambios de humor y algunas respuestas inadecuadas, producto de ese intenso esfuerzo mental que las notarías, por su dificultad, llevan consigo. Paloma, su pareja, ha de armarse de paciencia, tratando de templar los nervios de un novio que se halla sometido a ese exigente estado emocional con el fin de labrar un futuro prometedor para ambos.

Cierta noche, tras una muy frugal cena (ha perdido las ganas de comer) Rasio volvió a sentarse delante de la pantalla de su nuevo Mac. Se le ocurrió teclear en el buscador Google una breve frase, esperando encontrar alguna respuesta adecuada al estrés que soportaba, consciente de éste  iba peligrosamente en aumento por momentos. La verdad es que no se encontraba bien y ya había visitado a su médico de cabecera en más de una ocasión. El facultativo, conociendo su peculiar situación “opositora” le solía prescribir diversos tranquilizantes. Le aconsejaba, de manera especial, que buscara parcelas de tranquilidad para su joven y, ocasionalmente, acelerada vida. Lo que escribió en el recuadro del versátil y fiel buscador fueron las siguientes palabras. SOLUCIONES TENSIÓN NERVIOSA OPOSITOR. En apenas un par de segundos, tenía ante sí un amplísimo listado de entradas a páginas que respondían de alguna forma al interrogante por él planteado.

Comenzó a repasar el exhaustivo listín ofertado, deteniéndose brevemente en aquéllas webs que le parecieron más significativas para su ansiosa necesidad. En realidad, la mayoría de los primeros entrantes que leyó eran estudios y entrevistas a diversos y cualificados especialistas en la autoayuda. Éstos ofrecían, con generosa exposición, consejos y sugerencias para ayudar a planificar y distribuir bien el tiempo de estudio, además de otras habilidades que facilitasen un poco de “oxígeno” a esa constante y agotadora fase en la que nos sentimos inmersos cuando aspiramos a competir por una plaza laboral o esa específica promoción o titulación en nuestro currículum y vida laboral. Dedicó un buen rato a esta curiosa búsqueda, sin reparar en el tiempo aplicado para ello. Ese mismo día, producto sin duda de los nervios y el acumulado cansancio, había discutido agriamente con su madre por una nimiedad, Paloma le había llegado a cortar la llamada ante su quisquillosa actitud y apenas había probado bocado en la cena por una inapetencia que en realidad era inusual en él. Todo ello le aconsejaba poner remedio a una situación que amenazaba con enquistarse, pues las temidas y anheladas oposiciones incluso aún no habían sido convocadas.

Seguía la lectura de una manera rápida, cuando reparó en una página web cuya titulación le motivó de inmediato. EN SOLO UN FIN DE SEMANA, RESOLVEMOS SUS PROBLEMAS DE ESTRÉS. La breve programación temporal, dirigida a personas que por las características de su trabajo, la preparación de oposiciones u otras circunstancias vitales sufrieran el trauma del estrés, duraba apenas tres días. Se iniciaba a lo largo de la mañana del viernes y finalizaba después del almuerzo, ya en la jornada dominical. Estos encuentros o cursillos tenían lugar en diversos puntos de la geografía peninsular e insular, curiosamente todos ellos ubicados en zonas costeras. La dirección técnica estaba a cargo de especialistas titulados en psicología y habilidades sociales y el coste del programa, con dos noches de hotel en régimen de pensión completa, la intensa programación de actividades, la entrega de material y diploma acreditativo, alcanzaba un precio “especial” de 675 euros. Se añadían diversas valoraciones aportadas por supuestas personas que habían participado en otras jornadas, todas ellas resaltando la magnífica eficacia en los resultados alcanzados con respecto a sus “dolencias anímicas” y alteraciones negativas en el carácter.

Tras pensarlo unos minutos, decidió aquella misma noche enviar su inscripción que, de forma automática, fue admitida una vez que el sistema bancario hizo la transferencia de los 675 €. Eligió uno de los cursillos que iba a tener lugar en un hotel de Punta Umbría, un par de semanas después.

Llegó al fin ese viernes, algo ventoso, de Abril. A ese afamado punto turístico de la costa onubense, ubicado en la localidad de Punta Umbría, Rasio se trasladó utilizando su Citroën C3 de segunda mano, que recientemente le había comprado su padre. Llegó al hotel sobre las 10:30 horas y, tras realizar su inscripción en recepción, supo que tendría una primera reunión informativa en el Salón “Doñana”, exactamente a las 12. Le facilitaron una habitación doble, pero de uso individual. Tras deshacer su maleta y salir unos minutos a la terracita de su habitación, que miraba las inquietas en ese momento aguas atlánticas. Las olas rompían su ondulación en la orilla de una extensa playa de fina arena, próxima a las zonas repletas de dunas. La visión era de una gran belleza plástica. Bajó sobre las 11:45 al aludido salón congresual. Ya se encontraban allí bastantes participantes, la mayoría hombres que, en el momento del inicio, sumarian un total de veinticinco personas. Fue saludado, al igual que sus demás compañeros, por la Srta. Estrella y Mr. Brand, un orondo ciudadano británico, director de las jornadas, que “chapurreaba” con cierta dificultad el castellano.

Cinco minutos después del mediodía, todos los participantes tomaron asiento. Recibieron un pequeño dossier con unas encuestas a rellenar y un resumen del calendario de actividades a desarrollar hasta el domingo. La mesa presidencia estaba integrada por los dos personajes aludidos, a los que acompañaban dos jóvenes que se identificaron como diplomados en psicología. Los cuatro miembros de la mesa pronunciaron unas amables palabras al auditorio, desglosando y aclarando el resumen de actividades a desarrollar en la tarde del viernes y del sábado. El domingo por la mañana habría una actividad sorpresa, hasta la hora del almuerzo final. Después de la restauración, todos los inscritos recibirían un diploma acreditativo, pequeña ceremonia  con la que culminaría este pequeño cursillo, organizado para superar los muy incómodos e inquietantes para la salud estados de estrés.

Aquella tarde, a partir de las 16:30, fue planteada una primera actividad a desarrollar en unas mesas que habían sido colocadas al efecto en el amplio salón donde tuvo lugar la matinal reunión de presentación. El ejercicio consistía en una lúdica sesión de recortables y papiroflexia. Durante hora y media, todos los “nerviosos” asistentes estuvieron, tijeras en manos, recortando, doblando y haciendo figuritas, sugeridas o creativas, sobre cartulina, cartón y papel de diversa naturaleza, incluso con periódicos usados. La segunda actividad, después de la cena, consistió en llevar a cabo un desenfadado protagonismo de canto en karaoke, que facilitara la desinhibición y el reequilibrio energético. Aquella noche, ya en la cama, Rasio se preguntaba, una y otra vez, qué estaba haciendo allí, inmerso en tan peculiar montaje.
  
La mañana del sábado estuvo dedicada a la aventura de una tranquila navegación, a través de la ría de Punta Umbría, con salida abierta a las aguas atlánticas. Todos y cada uno de los participantes se ejercitaron en maniobrar conduciendo el timón de la embarcación, asesorados por expertos marinos curtidos en el arte de navegar. De una u otra forma y con diversa suerte, tuvieron que prepararse su propia almuerzo, con los materiales que estaban dispuestos en la cocina de la embarcación. Por la tarde, ya en el complejo hotelero, ejercitaron el tiro de flechas con arco sobre una gran diana pautada o sobre diversos blancos construidos con formas de figuras y personajes famosos. Después de la cena, nueva sesión de canto en  karaoke, en la que todos se mostraron más desinhibidos y participativos.

Para la última jornada, en la mañana dominical, la actividad sorpresa consistió en ponerse unos trajes de baño (que les fueron facilitados al efecto) para dirigirse a la extensa y bella playa próxima al hotel, rodeada de montículos de dunas y vegetación. Una vez allí, cada participante tenía que construir un castillo de arena, aplicando en el esfuerzo su imaginación, voluntad y destreza. Un pequeño jurado, presidido por Mr Brand ¡había que verlo, ostentando aquel bañador estampado de flores malvas y orquídeas, que intentaba difícilmente cerrar su extensísimo círculo ventral! junto a los dos psicólogos, concedería tres premios, a las mejores “edificaciones” de arena. El espectáculo de veinticinco personas adultas, con sus palitas y cubitos sobre la áurea arena de la zona resultaba sentimental e infantilmente entrañable. Los premios consistirían en botellas de Rioja y tabletas de chocolate. Rasio, sumido en una creciente desconfianza ante todo el montaje que estaba viviendo, no se esforzó en demasía para  las tareas arquitectónicas sobre la arena. Para colmo, el viento había comenzado a soplar con fuerza y provocaba un ambiente bastante desapacible. La mayor ilusión que albergaba es que, al fin, el “cursillo anti estrés” finalizara.

Pasadas ya las cinco horas, en una tarde de Abril que había recuperado ese sol muy agradable de Primavera, Rasio conducía con presteza su Citröen camino de vuelta a casa. Tras las últimas palabras de “sabios” consejos y con su diploma acreditativo en la mochila, pensaba en la peculiar experiencia de este fin de semana que, a todas luces, había sido originalmente diferente para su joven vida. Reflexionaba acerca de las ofertas e incentivos de las compras on line, que a todos nos llegan y que, por su hábil estructura y marketing repetitivo, de una u otra forma acaban convenciéndonos para su adquisición. Él había buscado un camino a fin de mejorar sus respuestas y sensaciones, en un  situación extraordinaria de esfuerzo que para labrar su futuro valientemente decidió emprender. Había comprado un fin de semana especial, en un paraje encantador de la costa onubense, en el que había vuelto a protagonizar actividades ya muy alejadas en el tiempo de su infancia, Desde “jugar” con los recortables, hasta “construir” pacientes castillos en la arena. Todo ello por el “módico” precio de casi setecientos euros. Aún no conocía la relevancia que tan “novedosas” experiencias habrían de tener para su reequilibrio anímico. El tiempo revelaría tal respuesta.

A la hora de calificar la experiencia dudaba entre dos opciones, en realidad complementarias: podía interpretarse como uno de esos “montajes” en los que caemos como parvulitos a lo largo del día y una alocada “travesura” juvenil, con ese ropaje infantil no abandonado, que la disponibilidad económica de su familia le había permitido comprar. La mejor enseñanza, conseguida en este fin de semana primaveral, era que tenía que ser mucho más reflexivo para esos impulsos de compra en Internet que, como señuelos milagrosos, llaman con insistencia ante las carencias de nuestra necesidad. Cuando el lunes reiniciara su aventura con los apuntes y los libros, aplicaría esa lección de sensatez, imaginación y prudencia que, en este lúdico fin de semana, había aprendido. Allí en Huelva, a más de doscientos kilómetros de sus raíces familiares, en las páginas de esa bibliografía no escrita que la vida nos concede para su inteligente aplicación.-


José L. Casado Toro (viernes, 28 de Abril 2017)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga


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