viernes, 27 de mayo de 2016

TERAPIAS INNOVADORAS CONTRA EL ABURRIMIENTO.

La bien reconocida clínica, situada en la quinta planta de un renovado bloque de pisos, próximo al entorno monumental de la Catedral, se encontraba a esa hora de la tarde con casi todos sus asientos de espera ocupados. La más afortunada publicidad suele ser aquella que se realiza o dinamiza con esa práctica cotidiana del “boca en boca”. Esta simple difusión popular ha permitido al titular que rige el establecimiento médico, el Dr. Fermín Plazuelos, un amplio y heterogéneo listado de pacientes. Número que se ve positivamente incrementado por las buenas referencias que unos y otros realizan acerca de los óptimos resultados obtenidos en ese espacio o taller para la ayuda psicológica.

Son muchas las personas que acuden al equipo que dirige este cualificado profesional en psicología y psiquiatría (muy próximo, en su edad, al medio siglo de vida) con el razonable objetivo de mejorar las dolencias anímicas que soportan. De manera especial, esas complicadas depresiones, sus ansiedades o esa atonía y pasividad ante las posibilidades y opciones en cada uno de los días. Precisamente uno de los módulos más demandados, por los pacientes a consulta, es aquel que lleva por título el mismo que preside los párrafos constitutivos de este relato: Terapia contra el aburrimiento.  Y es que, apelando a la base estadística, uno de los principales y repetitivos problemas expuestos por la heterogénea clientela de esta unidad médica tiene por base el no saber qué hacer o cómo mejor utilizar el tiempo disponible que cada uno, según sus circunstancias vitales, posee.

Como ha expuesto este afamado especialista, en numerosas entrevistas, publicaciones y artículos de prensa, resulta paradójico que en esta época tan avanzada para la tecnología digital, como es la que actualmente dispone y goza la Humanidad, uno de los grandes problemas que soportan cientos y miles de personas sea precisamente el de sentirse aburridos, en el proyecto diario para llenar, enriquecer o distraer sus vidas. Y este problema se plantea o genera en todas las edades, no sólo en las personas adultas o jubiladas. Cuántas veces hemos reflexionado acerca de los niños de ahora y los de antes. En otras épocas, los críos solían agudizar su imaginación enriqueciendo sus juegos, en la convivencia sociológica con otros niños en las calles y plazas. Usando materiales y elementos muy limitados en su valor, se llenaban y enriquecían muchas tardes y jornadas de vacación, compartiendo alegremente la distracción con la demás chiquillería del barrio o plazuela. Hoy día, en la soledad de su habitación y con esa tecnológica compañía de los súper avanzados equipos digitales, el niño  soporta su aburrimiento y el cansancio que le termina produciendo esa computarización que, probablemente mal usada, domina su aún corta existencia.

Y si esta realidad la trasladamos a las generaciones adultas, el problema se agudiza y potencia. No pocos de los problemas que decimos padecer, especialmente en el campo de lo anímico, si profundizamos racionalmente en su génesis y desarrollo, tienen un origen que tal vez nos cueste reconocer. La falta de iniciativa o de ilusión con la que enriquecer las horas de ocio que, cada vez más, tenemos a nuestra disposición en el discurrir del calendario. Las posibilidades son inmensas y diversificadas. Sin embargo, en la intimidad y sinceridad de nuestra conciencia, percibimos y soportamos ese sentimiento de rutina y letargo en las agendas de nuestras horas. Haciendo una frase simplificadora, podríamos decir aquello de que “mientras más tenemos, más nos aburrimos”. Volvamos, hora es ya, a la consulta médica, objetivo de nuestro relato.

En este momento, el Dr. Plazuelos atiende a una paciente de 48 años. Carmen, madre de dos jóvenes que cursan sus primeros años universitarios, acude a este prestigioso especialista con el ansiado objetivo de encontrar una salida a la situación de bloqueo existencial en el que siente sumida.

“Debo ser sincera, doctor. No es Vd. el primer especialista al que he acudido para pedir ayuda. Pero el proceso es más que repetitivo. Escuchan tus problemas y acaban por prescribirte una variada colección de fármacos que, en algún caso, pueden sentarte bien. Sin embargo, en mi caso y probablemente también en la de muchos, te “machacan” el estómago con pastillas que, al reducir o finalizar su ingesta, disimulan las causas y acaban por no resolver tu patética situación. No es éste mi peor momento pero, sigo sin sentirme bien.  En realidad veo que, cada día que pasa, retrocedo en mi salud mental.

Yo sé que mi marido, un funcionario que trabaja en la administración de prisiones, tiene alguna amiga para su intimidad. Siempre fue igual y, a estas alturas, seis años mayor que yo, él no va a cambiar. Queda lejos la época de los reproches y las ingratas discusiones. Ahora tenemos como una aceptación recíproca de nuestros comportamientos. La sociedad familiar, con habilidad y no menos paciencia se va manteniendo y sobrellevando. Nuestros hijos hacen también su vida de independencia, con sus estudios, amigas y parejas. Yo trabajo en el despacho de mi cuñado, que lleva una pequeña empresa de mensajería, sólo por las mañanas. De 10 a 14.30. Las tardes se me hacen interminables. Antes, me distraía algo con las compras. Ahora, incluso han dejado de motivarme. Y empiezas con algún comprimido que otro y entras en la dinámica de esa farmacia que te va sosteniendo y ayudándote en el autoengaño. Vi una referencia a su clínica, en Internet, y aquí me tiene. Tal vez no haya nada súper grave, pero cada día siento y sufro más mi estado de paulatino desánimo”.

El especialista, que ha ido escuchando con paciente atención las palabras de su interlocutora, anota en el expediente que tiene sobre su mesa diversos datos y observaciones. No es la primera vez, resulta obvio, que tiene conocimiento de una historia, más o menos, similar. Esta situación le ha sido planteada “miles” de veces. Personas que no saben motivar la peculiaridad de sus existencias y que entran en una dinámica depresiva, la cual comienza con el aburrimiento, la búsqueda errónea de sustitutivos y que se ven arrojadas, finalmente, a la ingesta exagerada de fármacos que sólo disimulan pero no actúan con eficacia sobre las verdaderas raíces del problema.

“Carmen, ante todo, debes evitar “perder” los nervios. Aunque no lo creas, por aquí pasan muchas personas que se sienten aburridas y desanimadas con la forma de vida en que han convertido sus respectivas existencias. No temas. Muy probablemente, cuando llegues a casa, no vas a llevar en tu bolso receta alguna para comprar fármacos. Vamos a practicar otra estrategia, que nos está ofreciendo óptimos resultados el casos similares al tuyo. Es un programa de acción para la ayuda compartida que denominamos (de manera coloquial) “No debe haber tiempo para el aburrimiento”.

Formamos grupos, normalmente de tres o cuatro personas, que tienen en principio cierta afinidad e interés por implicarse en una específica actividad. De manera individual y, al tiempo, colectiva, se entregan a una determinada afición o ejercicio lúdico, recibiendo y aportando ayuda por parte de los demás integrantes del grupo. Poco a poco, van cultivando y generando cierta amistad entre ellos, con ese vínculo que las une en la afición o práctica elegida.

Puede ocurrir que optes, en principio, por una actividad que a lo largo de su desarrollo te defraude o no compense tus expectativas. En dicho caso, pruebas suerte en otra parcela temática, con un grupo ya consolidado o de nueva creación. Das y recibe ayuda en el mismo. Las amistades que se van adquiriendo y la confianza en otras personas que padecen esa atonía vital, que tanto daño os hacían, permiten o hacen posible que, de manera paulatina, te vayas sintiendo mejor. La socialización grupal en una determinada actividad es la mejor medicina para vuestras dolencias. Por supuesto, hay un seguimiento y control  continuo, por parte de un especialista grupal. Aunque no lo creas, estas personas están disponibles dieciséis horas del día, mediante una sofisticada tecnología telemática”. 
  
A continuación, este convincente especialista mostró a Carmen un listado de los grupos que estaban funcionando, en esos momentos, bajo la supervisión clínica de expertos cualificados en las distintas opciones de trabajo.

JARDINERÍA Y HUERTOS URBANOS. MASCOTAS. MANUALIDADES DECORATIVAS. PINTURA ARTÍSTICA. PRACTICA SENDERISTA. PROGRAMACIÓN Y DESARROLLO DE VIAJES. ESCUELA DE TRADICIONAL Y NUEVA COCINA. OBRAS SOCIALES EN ONG. INTERPRETACIÓN TEATRAL. DISEÑO DECORATIVO EN EL MOBILIARIO DEL HOGAR. FOTOGRAFÍA CREATIVA. INSERCIÓN EN ASOCIACIONES GRUPALES.

Cuando volvía a casa, tras esta primera sesión de consulta psicológica, Carmen se mostraba confiada y agradecida a esas nuevas luces que se habían encendido en la oscuridad de su vapuleada voluntad. Estaba decidida a estudiar las distintas opciones que tenía por delante, a fin de colaborar grupalmente en algo que, en principio, no le desagradara y despertara un adormecido o nuevo interés. De todas formas, lo más sorprendente de la entrevista que había mantenido con el afamado psiquiatra y psicólogo, surgió en la parte final del diálogo.

“En cuanto a las relaciones extramaritales, que tu cónyuge suele realizar de forma habitual (según me has comentado), pienso debes posicionarte ante las mismas de una manera inteligente, valiente y compensatoria. Busca, tú también siempre que ello te motive, una buena e íntima amistad. No vas a ser menos que él. Tú llevas asumiendo su desleal comportamiento, desde hace años. ¿Por qué no vas a tener las mismas experiencias afectivas/sentimentales que él, con tan irresponsable naturalidad y prepotencia, suele practicar?”

Todavía esa noche, Carmen desconocía que un hombre, conyugalmente separado, inmerso en una vida un tanto estresada y, en la actualidad, integrante de un grupo que practica la INTERPRETACIÓN Y LA EXPRESIÓN MÍMICA, iba a suponer para ella un proceso decisivo de cambio en su rutinario recorrido existencial. Encontrar a esta persona le iba a permitir  recuperar autoestima, sensaciones afectivas e ilusiones rejuvenecedoras, en ese destino siempre incierto sobre las páginas aún no escritas de nuestro conocimiento.-

José L. Casado Toro (viernes, 27 Mayo 2016)
Antiguo profesor I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

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