jueves, 22 de octubre de 2015

LA SALUDABLE VIRTUD DE LA DIFERENCIA.


Lo había estado meditando durante largo tiempo. Siempre le había dado un tanto de resquemor el significado o apreciación social de la palabra psiquiatra. Sin embargo, tras los escasos resultados obtenidos, una vez aplicadas esas otras recetas caseras que, generalmente, suelen ir bien a los demás, decidió solicitar cita a un especialista de la mente.

La situación resumida es que esta chica se siente atrapada en un ciclo aleatorio de depresiones anímicas, con desigual intensidad para su organismo que, en general, la hacen sentirse francamente mal. Eso sí, durante el horario que ha de cumplir en el centro comercial donde trabaja, siempre prevalece su esfuerzo por disimular los momentos difíciles por los que atraviesa, ofreciendo una imagen lo más normalizada que puede. Disimula, tanto ante la clientela que a su departamento acude para las compras, como al resto de los compañeros que allí también prestan, día tras día, sus servicios.

Aunque de manera ocasional visita a sus padres, Marian hace años que quiso buscar la independencia en su vida, residiendo en un apartamento alquilado en pleno centro de la Málaga más antigua, muy cerca del afamado centro de Secundaria donde realizó los estudios durante su adolescencia: el Instituto Vicente Espinel. Es una esas numerosas personas que, sin causa aparente, no ha encontrado la pareja adecuada con la que establecer la estabilidad familiar. Se esfuerza en compartir algunas salidas los fines de semana, e incluso ha realizado algún viaje con compañeros y amigas del trabajo, pero la mayoría de éstos ya tienen sus obligaciones propias para la relación. Y es que la edad media, de unos y otros se halla en esa treintena avanzada, que dibuja familias formadas donde bullen los críos, con las obligaciones propias de esa situación. Por otra parte, está su hermana Julia, casada y con una hija pequeña, pero ambas mujeres no se llevan especialmente bien, pues poseen un carácter muy contrastado y prefieren mantener una distancia meramente educada.

Insatisfacción, rutina, sentimientos de infelicidad, tendencia hacia la soledad, culpabilizar a los demás, aburrimiento, desinterés, introversión, lágrimas sin sentido o causa suficiente, estallidos temperamentales, falta de autoestima …… eran palabras escritas por un prestigioso profesional médico, en su cuaderno de notas, mientras seguía, con atención y respeto, las respuestas entrecortadas que su paciente iba encadenando, ante las preguntas que él se veía obligado a plantearle. Su objetivo era ir construyendo un esquema básico de la situación psico-física de Marian, como paso previo a un primer diagnóstico.

“Si crees que te ayudaría a vencer el comprensible recelo de esta entrevista inicial, puedes tutearme, como en realidad yo también lo estoy haciendo contigo. Tampoco hay tantos años de diferencia entre nosotros, apenas doce, sobre esos treinta y siete que marca la fecha de tu nacimiento. Llevamos hablando casi una hora y la primera impresión que voy  obteniendo es la de hallarme ante una persona, en la flor de la vida, pero que se siente atrapada en esa profunda niebla o bruma de la desorientación. Pienso que van a ser necesarias más sesiones, para continuar un diálogo que halle el mejor camino en un proceso que presumo lento pero, sin embargo, fructífero. Porque la esperanza y las soluciones están muy cerca de nosotros. Probablemente se hallan en nuestra mente, en nuestra imaginación, en nuestra íntima voluntad. Pero las hemos envuelto en un blindado ropaje, que no nos atrevemos o somos incapaces de eliminar”.

“Te voy a ser muy sincero. En circunstancias como ésta, saldrías de la consulta con un amplio listado de recetas, para adquirir fármacos antidepresivos de diferente carácter, que “nos harían” reaccionar de forma inmediata. Pero me resisto, permíteme que use esta palabra, a “empastillar” a una joven persona que se halla en pleno auge existencial, sin usar o buscar en cambio otros caminos o soluciones más naturales, menos farmacológicas, eso sí, con la colaboración indispensable de la fuerza que aportes a tu voluntad. Para que me entiendas, vas con una, más o menos grave, lesión muscular al traumatólogo. En cuatro o cinco días, la ingesta de píldoras harían el milagro de la aparente recuperación. Sin embargo ese especialista, te prescribe una lenta, segura y eficaz reacción física, a través del ejercicio rehabilitador del musculo o articulación dañada. Creo que me entiendes: llegaríamos al mismo lugar, tal vez con más tardanza, pero su organismo agradecería esa tarea rehabilitadora que sabe prestar con acierto un buen fisioterapeuta. Ahora, traslada esta metáfora a tu situación”.

Marian permanecía absolutamente absorta, ante las palabras amigas y novedosas que estaba recibiendo por parte de un buen especialista médico, recomendado por el jefe de la sección de complementos (calzado) en su empresa, donde trabajaba, de manera ejemplar, desde hacía ya casi cuatro años. Pero ¿cuál sería el novedoso camino que el psiquiatra le iba a proponer a fin de iniciar esa rehabilitación anímica, que tanto le estaba aturdiendo y condicionando?

“Te comentaba que vamos a posponer, por ahora, un tratamiento farmacológico. Vamos a ir haciendo, de manera paulatina, una ruptura, programada y controlada, con lo que es tu actual forma de vida. En algunos casos, se van a tratar de pequeños o curiosos cambios. Pero, también, tenemos que abordar transformaciones de naturaleza más radicalizadas o profundas. Vayamos, pues, a plantear diversas estrategias. Sé que algunas de ellas te van a llamar la atención. Pero no hagamos un mundo de tu extrañeza ante las mismas. Vamos a iniciar un proceso de búsqueda de lo diferente.

Pienso que debes cambiar tu look personal. No te enfades con lo que te voy a decir. Podrías modificar tu peinado (corte, forma y color). En mi opinión, el actual no te favorece. Igual ocurre con tu forma de vestir. Ahora mismo estoy observando a una bella joven cuya ropa la hace parecer mucho mayor de lo que realmente es. Incluso esos zapatos (en tu empresa llevas años, según me cuentas, en la sección de zapatería) corresponden a una persona que rondaría los cincuenta. Y ahora viene una modificación en lo laboral, ciertamente importante. Solicita en tu centro comercial (puedes ayudarte con un informe que yo elaboraría), ser destinada, en la medida de lo posible, a otra sección. Cuatro años trabajando en la misma planta o departamento, sin duda cansan, aburren y desmotivan.

Te vas a desplazar al trabajo por un itinerario, y medio de transporte, diferente al que usualmente utilizas. Verás como ese cambio también ayuda. Dedicas muchas horas, excesivas, al mundo de la televisión. Este medio de difusión va a funcionar ahora menos en tu domicilio, en favor del ordenador  y la navegación por Internet. Y algunas de las noches, después de la cena, prestarás a la música (de todos los géneros, especialmente la de naturaleza filarmónica) esos minutos previos al descanso. Y durante este mes que tenemos por delante, hasta que nos veamos por segunda vez, te vas a comprometer a buscar la integración en algún grupo social, que sea de tu agrado. Comprendo que puede resultarte difícil hacerlo, pero puedes probar y llamar en diferentes opciones. Por ejemplo, actividad senderista, literaria, ecologista, política, teatral, musical (por cierto ¿conoces las espléndidas posibilidades que desarrolla la Sala Chelamar, también  denominada Artesanos de la Escena….?) Tienes un mes, para probar y decidir. No olvides, tampoco, esos centros deportivos, donde puedes mejorar tu cuerpo y el estrés acumulado, practicado la natación u otros ejercicios vinculados al gimnasio.

Y en la cuestión alimenticia, pueden ser interesantes algunas modificaciones. Tanto en el lugar donde habitualmente realizas las compras, como en el tipo de ingesta que realizas durante el almuerzo y la cena. Verduras y frutas han de tener absoluta prioridad. Y la operación anti tabaco, no puede esperar, aunque sólo sean cuatro o cinco  los que quemas cada día, tan cerca de tu boca y pulmones.
Te enviaré a casa, a tu dirección electrónica, un listado más explícito de todo esto que ahora te estoy mencionando a modo de resumen”.

Eran sobre las 8.40, en una agradable tarde-noche de Junio, cuando Marian caminaba a través de la malla urbana, plena de edificios, calles, plazas, luces y sombras, hacia un domicilio cuyo “decorado” también se le había sugerido entrara en un proceso de cambio. Mezclándose entre los numerosos viandantes, que ponían alegre color al ambiente, llamó su atención una persona que estaba sentada sobre una pequeña silla de pescador, en una las esquinas de Alcazabilla, próxima a la recia gradería histórica del Teatro Romano. Se trataba de un hombre mayor, modestamente vestido, el cual enlazaba melodías para el sentimiento, utilizando para ello una destartalada trompeta, con la que construía ritmos y notas para la emoción y el recuerdo. Se quedó unos minutos escuchando y apreciando el esfuerzo de este anónimo juglar subsistiendo en la bohemia callejera. Dejó caer unas monedas en un pequeño cestillo de esparto que yacía a los pies del trompetista. Éste, supo regalarle una mirada de afecto, emanada de unos ojos agrietados por las vivencias de su privacidad.

Continuó marcando lentamente sus pasos, sintiéndose ilusionada y preocupada, al tiempo, acerca de esos necesarios cambios para la diferencia, que habría de imprimir a la inmediatez de su vida. Horas y días, silencios y palabras, gestos y novedades que podrían teñir de esperanza una existencia presidida por el letargo de esa monotonía que iguala, con el riesgo del sopor, el ayer, el hoy y, previsiblemente, también el mañana.

Magnífico este doctor Cebrián, al que percibía ya más como un padre y amigo, que como ese docto galeno enfrascado en la elaboración de fórmulas magistrales para la milagrería terapéutica. Un cualificado profesional que había sabido prescribirle una sana e inteligente medicina cuya disponibilidad no se hallaba en los escaparates farmacéuticos, sino en esa fuerza imaginativa que atesora nuestra voluntad. El camino para su recuperación debería proceder desde esa virtud para la diferencia, que conlleva el cambio profundo en la rutina de vida.-

José L. Casado Toro (viernes, 23 Octubre 2015)
Antiguo profesor I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

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