viernes, 20 de febrero de 2015

OCHO MOTIVOS, EN LA DESAFECCIÓN POLÍTICA DE LA CIUDADANÍA.


Durante los próximos meses, los ciudadanos españoles vamos a tener la oportunidad de manifestar nuestra opinión a través de las urnas. Al margen de que pueda ser más o menos útil esa papeleta que hemos elegido, a fin de señalar a todos aquellos que han de tomar importantes decisiones que de una forma u otra nos afectarán, objetivamente no debería ser motivo de enfado el que te inviten a participar en el democrático evento. Ciertamente, la pregunta sobre quién debe gobernar nos llega con la temporalidad cíclica de cuatro años. O tal vez menos, en alguna ocasión. Además, te impiden señalar a personas concretas. Salvo en la cámara senatorial, has de votar a la globalidad del grupo político. Es lo que se llama listas cerradas, en oposición a lo que sería más saludable, en el caso opuesto de las listas abiertas. Pero, al menos, la escenografía electoral te ofrece la posibilidad de dar tu opinión de una manera democrática. Otra cosa bien distinta es el tema o cuestión, decisivamente importante, acerca de la credibilidad que nos merece el conjunto de la clase política. Probablemente, esa credibilidad en quienes nos gobiernan está bajo mínimos. Los políticos, con su lamentable y desacertado comportamiento, se han ido ganando a pulso nuestra profunda falta de fe en todo aquello que bien o mejor habrían de representar.

En estos futuros comicios, las ofertas electorales son ideológicamente contrastadas. Entre todas ellas, tenemos a nuestra disposición, una primera opción. La decisión de no acercarse a votar. Discutible, pero legítima. Dedicar esos domingos a visitar y gozar de la naturaleza, por ejemplo. Sería una forma de decirles, a esos que dicen representar a la cosa pública, lo desafortunado de su acción global. Una abstención de muchos millones de votantes, sería un nítido mensaje reprobatorio de la ciudadanía. En esta misma línea, igual de legítimo pero más democrático, tenemos una segunda opción. Acudir a ejercer el derecho al voto, pero hacerlo con el sobre vacío. Es lo que se denomina votar en blanco. Millones de votos en blanco, a no dudar, señalaría claramente nuestro descontento por la forma de ejercer el gobierno y la acción política que, en general, la ciudadanía padece con encomiable resignación. Y, en tercer lugar, puedes votar por el grupo político que menos rechazo te produzca. Y se utiliza esta dura expresión porque, salvo los fanáticos y sectarios de siempre, pertenecientes a todo el espectro ideológico, para la gente más sensata y sosegada es complicado, muy complicado, optar con entusiasmo por un grupo político en las actuales circunstancias. Decía un amigo: “yo voy a votar en contra de los que están en el poder. Sin embargo, debo aclararte, que llevo una pinza de la ropa en mi bolsillo. Tal vez tenga que utilizarla cuando elija una papeleta determinada, pues no me gusta votar en blanco”. Creo que la frase no tiene desperdicio.

En este contexto, cabe preguntarse, con serena inteligencia, acerca de las causas que han ido provocando esta desafección de la ciudadanía, con respecto de aquellos que dicen trabajar por la cosa pública, por el bien general. Para ello, un viejo lobo del periodismo va a salir a la selva sociológica, a fin de preguntar el porqué, las causas y los motivos de esta dura percepción que tantas personas mantienen. Sintetizará y resumirá las más repetidas, entre todas las respuestas aportadas.

CONSTANTE ENFRENTAMIENTO entre aquellos que debieran dar el mejor ejemplo para una cívica concordia. La ciudadanía asiste, estupefacta y cansada, a esa palabrería barriobajera que se arrojan los unos a los otros, descalificando todo lo que hace el contrario sin el menor atisbo de aplauso para las decisiones que han sido buenas y positivas. Lo más burdo del caso es que muchos de esos desagradables enfrentamientos forman parte de una teatralizada puesta en escena de los políticos, pues hay que dar carnaza a los fanáticos que les sirven de sustento. Ese “Y tú mas” hace que la imagen corralera que asumen sea más que manifiesta y desagradable. Una cosa es discrepar, discutir y contrastar. Ello está en la naturaleza del debate. Y otra, bien distinta, la reprobable y acústica descalificación hacia todo aquél que no piense como yo y mi grupo.

INEFICACIA para solucionar los problemas. El ciudadano desea que sus necesidades diarias, primarias y directas, sean resueltas, mejoradas o agilizadas con la mayor diligencia. Sufrir que una importante arteria viaria en tu ciudad esté cerrada al tráfico por obras, durante más de tres años, es insoportable y muy difícil de comprender. Comprobar que las aguas que bañan tus playas sigan sucias, verano tras verano, demuestra esa ineficacia e incompetencia de que hacen gala los políticos. Ver que en el espacio donde se va a construir un auditorio para la música sólo exista un viejo cartelón anunciador, con casi una década de antigüedad, nos desalienta e indigna. Tampoco se explica que sólo determinadas calles de tu ciudad sean limpiadas cada día y tenga presencia en ellas la seguridad pública, mientras que la mayoría urbana permanece en el mayor abandono de su gestión. Y si te pones enfermo, habrás de enfrentarte con listas de esperas de muchos meses, a fin de que tu problema de salud sea adecuadamente tratado por los especialistas. Esta serie de ejemplos podría hacerse interminable, como penosa muestra de la ineficacia y desidia de nuestros gestores.

COMPORTAMIENTO DESHONESTO, especialmente, con el uso de los caudales públicos, el dinero de todos. Caudales que proceden del sacrificio tributario que la mayoría de la ciudadanía afronta, con esfuerzo y responsabilidad. Ver como te están “robando” tan ilustres prebostes, con la mayor impudicia, hace que pierdas la fe, cuando no el rechazo, en el sistema que gestiona nuestros intereses colectivos. Efectivamente los tribunales de justicia se esfuerzan por corregir esos comportamientos delictivos de los dirigentes públicos. Pero lo hacen con tal lentitud y, a veces, con penalizaciones tan nimias, que tu propia confianza en esos tribunales se va debilitando de manera paulatina. Y lo más insoportable es percibir como esos cualificados dirigentes, que utilizan en beneficio propio el dinero de todos, parece como si se estuvieran riendo del modesto contribuyente. 

PRIORIDAD EN LOS INTERESES DEL PARTIDO. Por mucho que se les llene la boca de palabras bonitas, te das cuenta que para ellos el partido, su partido político, tiene que estar por encima de cualquier otra consideración. Para ellos, lo primero son las siglas de la organización a que pertenecen. Todo lo demás es secundario. Vemos a dirigentes deshonestos que, incluso después de haber sido penalizados por la justicia, son protegidos, justificados, apoyados y mantenidos, porque ….. tienen el carnet del partido. A veces, incluso utilizando los argumentos más inverosímiles y absurdos. Muchos piensan que actúan como si fuesen una secta, por encima del bien y del mal. Probablemente, no andan equivocados en tal apreciación.

FALTAR SISTEMÁTICAMENTE A LA VERDAD. Ya no es que exista, o se tolere, la legítima controversia ante determinados asuntos o el posicionamiento de cada cual ante los mismos.  Aquí el problema es que se miente con el mayor descaro. La manipulación de los datos, la tergiversación de la información, el decir un día una cosa y al siguiente mantener todo lo contrario, los increíbles argumentos expuestos a la ciudadanía a la que parecen considerar como imbécil o analfabeta, son practicas más que habituales en el quehacer de esos voceros o fontaneros de la política. Tal vez ellos sí se crean o piensen la paradoja de que sus mentiras son verdades. Los unos y los otros.

USO INADECUADO DE NUESTROS IMPUESTOS. Soportamos y sufrimos ver cómo nuestro dinero se “tira” en la construcción de obras faraónicas, para la mayor gloria del preboste de turno. Paralelamente, la atención sanitaria se empobrece. Los servicios educativos se degradan. La atención a la tercera edad o a la dependencia, se posterga. La patética imagen de esas largas colas, por conseguir un bocadillo o un poco de comida para la subsistencia, ante las instituciones benéficas, avala perfectamente el inapropiado uso de nuestro esfuerzo tributario. Se gastan millones y millones en museos, cuando el principal existente en la ciudad permanece cerrado. Se pagan costosos alquileres, cuando yacen en el abandono numerosos edificios públicos. Se construyen aeropuertos en los que no aterrizan aviones. Y así una larga lista de desafueros absurdos.

EL SERVILISMO A LAS INSTITUCIONES BANCARIAS Y FINANCIERAS. Se derivan millones y millones de euros, extraídos de los fondos públicos, para sanear un sistema financiero puesto al entero servicio de uno pocos  (los de siempre).  Precisamente son esas instituciones financieras privadas las que, con su egoísta y demencial política, han sumido al mundo en una crisis económica de tal gravedad que nunca se borrará de los libros de Historia. La percepción de que nuestros gobernantes están al servicio de las empresas bancarias y financieras privadas, es una imagen que descalifica y degrada nuestra fe en un sistema sometido “religiosamente” al capital.

Y ¿DÓNDE HALLAMOS EL SENTIDO DE ESTADO? Un buen político debe poseer y aplicar, entre su ideario conceptual de valores y en un lugar preferente, ese criterio de Estado ante los grandes asuntos que afectan a los ciudadanos, objetivo básico de la administración y la gestión política. Esos asuntos prioritarios, por encima de los intereses partidistas, son fáciles de concretar: la sanidad; la educación; el sistema tributario; la justicia; el empleo; la seguridad, la tercera edad. Habría otros temas, también muy importantes. Pero los aquí citados son, por su naturaleza básica, prioritarios. Los partidos y sus dirigentes deben hallar formulas de diálogo para pensar juntos, facilitando que esas modalidades que sustentan nuestra convivencia encuentren puntos de encuentro para el beneficio lógico de la mayoría ciudadana. La sanidad o la educación no deben ser nunca “proyectiles bélicos” en la lucha por el voto electoral. Pero la realidad del día a día, nos muestra que hacen todo lo contrario.

Probablemente, si aquellos que se dedican a la actividad política atendieran con generosidad a todas o a algunas de las consideraciones expuestas, la actitud de rechazo por parte de la ciudadanía cambiaria. No va a resultar un proceso fácil, pues la consolidación en los partidos políticos, durante décadas, con sus comportamientos inadecuados o reprobables, ha creado un blindaje de incredulidad en la masa social gobernada. Pero todos los edificios deben ser cimentados si pretendemos que no se derrumben. Y ese cambio de percepción o desafección debería ser trabajado desde unos pilares éticos que, en en definitiva, son valores. Valores en el grupo y, como consecuencia, en las personas que los integran. Pero ¿tenemos un mundo, una sociedad, donde prevalezcan los mejores valores?

A pesar de todo lo expuesto, el ciudadano goza de la facultad en poder elegir la papeleta electoral que estime más conveniente. O no hacerlo. Desde luego va a ser un año muy propicio para templar voluntades, conciencias y, especialmente, el recto sentido de la inteligencia.-


José L. Casado Toro (viernes, 20 febrero, 2015)
Profesor

jueves, 12 de febrero de 2015

FLORES, LIBROS Y PALABRAS, PARA UN DÍA MUY ESPECIAL


Aquella mañana, Ania había acudido muy temprano al establecimiento del que era copropietaria, situado cerca de la emblemática plaza malacitana donde Pablo R. Picasso vio la luz a la vida. Aparte de los puestecillos ubicados en ambos laterales de la Alameda principal, no abundan en nuestra ciudad los comercios dedicados, de manera específica, a la venta de flores. Siempre he pensado que existen dos tipos de tiendas significadas con nuestra gratitud y admiración, en función del delicado producto que en ellas se ofrece a la clientela. Ver en las estanterías, o en los escaparates que miran a la calle, la oferta de ese bello espectáculo representado por los libros o las flores, supone la mejor imagen que podemos hallar en nuestra búsqueda de vida y belleza. Aunque sea a través del intercambio comercial en el que estamos necesariamente inmersos. Sin embargo no resulta frecuente encontrar un comercio como el de Ania y Mara, quien sumando dos licenciaturas en Arte y en Literatura, decidieron un buen día montar este curioso y sublime negocio donde precisamente se hermanan libros y flores. Ania con Mara, su amiga de siempre, se embarcaron en una aventura financiera y mercantil que, hasta el momento les ha permitido ir afrontando, relativamente bien, los préstamos bancarios que en su momento tuvieron que negociar.

Mara suele ser más “remolona” en eso de aprovechar al máximo los minutos del descanso, arropada entre sábanas. Aunque durante el quehacer de cada jornada sabe suplir, con generosidad y eficacia, su frecuente retraso matinal con una intensa y esmerada dedicación a la tienda, más all,uple con generosidads nada, sabe suplir su retrase matinal con una intensa dedicaci ya durante el quehacer de cada jornada, ellá de la hora en que cierran la atención al público visitante. En este sábado de febrero, Ania quiere dar los últimos retoques decorativos a ese gran escaparate de que disponen con vistas al Teatro Cervantes. Sabe que este sábado va a ser un día muy intenso de paseantes en la zona, dado el espectáculo orquestal que está programado en el cercano coliseo escénico. Además es fin de semana, lo que potencia la ilusión de la gente, mayores y jóvenes, para salir y disfrutar de la calle y sus tapeos. Y es que hoy es un día muy especial. El calendario marca la fecha del 14 de febrero, San Valentín, que siempre sabe arrancar sonrisas, buenas palabras y algún regalo en la mayoría de los corazones.

Efectivamente tanta acumulación de celebraciones en los almanaques, restan magia y encanto a lo que debía ser una fecha ilusionada para renovar sonrisas y cariños, al margen de los difícilmente evitables condicionamientos y servidumbres comerciales. Por supuesto que sí. Todos. o casi todos de los días que tenemos en el año, deberían estar abiertos al amor. Amor a la vida, a la naturaleza, a los valores, a la alegría, a nuestro trabajo, a nuestros caprichos e ilusiones, a la esperanza, a nosotros mismos y, también, a  todos aquellos que comparten nuestro rol como humanos en esa existencia que nos ha sido dada. Amor a las pequeñas y grandes cosas que tratan de explicar ese misterio escénico en el que participamos colectivamente, entre cada amanecer y amanecer en los días. El día de san Valentín, patrón de los enamorados. Una fecha para renovar tantos comportamientos opacos y palabras adormecidas. Y queda bien ese regalo insignia al que nos somete la servidumbre comercial que nos hemos dado como rito, para que todo esto funcione.

Serían sobre las diez y pico, cuando un primer cliente entró en la tienda. Se trataba de un hombre que rondaría los cincuenta, en edad. Elegante abrigo, chaqueta y corbata, todo con tonalidad gris azulada, junto a unos zapatos negros de puntera redondeada, tipo británico. Este primer cliente se quitó su sombrero como gesto de respeto a las dos propietarias que, en aquel momento, ordenaban unos macetones de flores y un expositor de libros para la autoayuda, respectivamente. Se dirigió expresamente a Ania, sin ocupar más tiempo en repasar los productos que tenía a su disposición.

“Hola, buenos días. Deseaba algo especial para regalar en el día. Me he fijado, al pasar ante el escaparate, que ofrecen un servicio urgente de reparto a domicilio. Sobre todo deseo que las flores que Vd. perfectamente sabrá elegir, mucho mejor que yo, vayan cuidadosamente presentadas, pues se trata de una persona muy sensible y afectiva en mi consideración y cariño. Me permito aclararle que, a través de nuestra convivencia (va ya por cuatro años desde que enviudé) sé que siente una especial atracción por los tonos celestes y malvas. Lo digo por si puede priorizar flores con esos colores en el centro o ramo que a buen seguro tan bien sabrá prepararme. Le voy a dejar nuestra dirección para la entrega, a ver si es posible que sea a partir de las tres, hora en que mi pareja estará en casa, tras la vuelta del negociado donde trabaja. Por cierto ¿tienen tarjetas, donde pueda escribir algún bonito texto o dedicatoria, para adjuntar a las flores?”

Una vez que el ilusionado cliente escribió su larga misiva, pagando los servicios correspondientes, abandonó el establecimiento, con la apariencia de serena felicidad en el rostro. Conocía, sin duda, la alegría que su pareja recibiría por ese detalle tan sensible y afectivo. Ania reparó en que este señor había olvidado cerrar el sobre con la tarjeta. Pudo más su curiosidad sobre la necesaria prudencia o respeto acerca del contenido del texto, escrito con cuidada caligrafía en una romántica cartulina rosa que ella le había facilitado.

“Mi querido amorcito, Ramón. Nunca supe lo que era el verdadero amor, hasta que el destino quiso unirnos. Fue en aquel inolvidable verano, sobre la cubierta del barco. Desde el primer momento, tu belleza y esa mágica sonrisa me cautivó. Eres la única razón de mi vida. Hasta que te conocí, no era consciente de mis verdaderos sentimientos. Gracias por haber puesto amor y esperanza en mi existencia. Tu dinamismo e ilusiones rejuvenecen mi madurez. Nuestra atracción debe ser como el aroma y color de estas flores que alegran y ennoblecen la vida. Con todo mi amor y necesidad, tu Pablo”.

Ya a partir de las once, la mañana se fue animando con la entrada en la tienda de un público variado, en edad y género, que buscaba ese recuerdo agradable para regalar a un ser querido. Porcentualmente, la venta de libros o de flores tuvo un claro desnivel a favor de la segunda opción aunque, a lo largo de la tarde, la venta de libros con encanto, por su contenido y también formato, fue adquiriendo un nivel muy saludable, desde un punto de vista comercial.

Poco antes de las dos de la tarde, atravesó la puerta una señora mayor, muy bien arreglada en su atuendo (iba cargada de joyas y “regada” con un perfume que embriagaba) desarrollando modales y gestos escénicamente muy ceremoniosos. Se trataba de una mujer de intensa locuacidad, el típico caso de aquellas personas que buscan un público o auditorio que esté siempre presto para escucharles. Tras diseñar exactamente el tipo de ramo de flores que deseaba comprar, verdaderamente espectacular por su hermosura y su base romántica, solicitó un servicio de envío urgente, a fin de que fuese entregado entre las siete y las ocho de la tarde. No había problema con esta premura temporal, pues Ania y Mara tenían concertado este reparto urgente con una modesta empresa local pero de resultados muy satisfactorios en la gestiones de transporte que realizaban.

Lo más curioso del caso fue cuando Ania rellenó un pequeño volante con los datos de Adela, para el servicio de entrega. Al preguntarle a la clienta el nombre y dirección de la persona que iba a recibirlo, comprobó que eran los mismos datos del DNI de su interlocutora, documento que tuvo que solicitar al tratarse de un pago con tarjeta de crédito. Ante su extrañeza, Adela le explicó en voz baja (había otras personas en el establecimiento, que efectivamente era ella misma la que se enviaba el vistoso ramo de rosas, calas y lirios.

“Verá, señorita, es que esta tarde vienen a merendar a casa mis amigas de siempre. Yo soy soltera pero, desde hace unas semanas, me he creado una historia de amor ante estas amigas, diciéndoles que tengo un pretendiente. Entonces he de seguir con esta historia del admirador enamorado ante ellas. La festividad de este día me resulta perfecta, a fin de continuar la pequeña y divertida travesura que me he creado. Mis amigas están llenitas de envidia al pensar que hay por ahí un admirador oculto con el que me veo. Entonces la llegada del ramo de flores, con la dedicatoria que va en la tarjeta, servirá para demostrar que aquello que les he ido contando corresponde a la realidad. Entiéndalo como una pequeña broma, pero dos de estas señoras, que son un par de arpías, se lo merecen”.

Ania se quedó asombrada al conocer el razonamiento de la clienta. Con una gran sonrisa, le dio a entender que no tenía por qué preocuparse, que el establecimiento era muy discreto con la intimidad de los clientes. Adela agradeció estas palabras y se marchó mostrando ese porte ampuloso que le identificaba. Parecía querer aparentar una elegancia de clase, aunque los inapropiados tacones de aguja en sus zapatos dificultaban el buen equilibrio de su más que generosa y veterana humanidad. 

Y así fueron avanzando las horas de este afectivo sábado, inserto en los almanaques para corazones y sentimientos cercanos. Las anécdotas y curiosidades simpáticas no faltaron en toda la jornada. Entre todas ellas, para bien finalizar este relato, será positivo recordar a una joven pareja de adolescentes que sobre las ocho de la tarde estuvieron un buen rato curioseando entre los expositores de los libros. Al final, el pequeño ejemplar elegido, para regalar a la joven, era un poemario titulado Como mejor decir te quiero, escrito por una escritora de nacionalidad india. Fueron atendidos por Mara quien al indicarle al chico su costo, en pocos segundos se dio cuenta de que éste no llevaba el dinero suficiente. Rebuscaba y rebuscaba entre su cartera y monedero, contando los euros de que disponía. Sumaba nueve con setenta euros, cuando el precio del volumen llegaba a los doce. “Bueno, vamos a dejarlo. Voy a buscar otro librito que sea un poco más barato. Es que a ella le gustaba mucho y …..” Ania y Mara se intercambiaron una sonrisa, ante la rostros sonrojados de los adolescentes. Con un gesto rápido, Mara envolvió ese volumen y, junto a una rosa roja, lo entregó al chico que a su vez se lo dio a su compañera con un beso. Recogió los 9.70 € diciéndoles:

“es suficiente. Lo importante es que, hoy y siempre, ambos os sintáis unidos. Estoy segura que, algún día, también él sabrá hacerte muy bonitos poemas”.


José L. Casado Toro (viernes, 13 febrero, 2015)
Profesor


viernes, 6 de febrero de 2015

NUBLADOS ATARDECERES, ENTRE LA LEJANIA Y EL SILENCIO.


A eso de la media tarde, tras prepararse un descafeinado con unas gotitas de anís, volvió a marcar el número de su representante. Ese gesto mecánico, abrigado de tenaz esperanza, lo hacía día tras día, aunque pasaban las semanas y los meses, sin encontrar una respuesta positiva para sus deseos. Damián la atendía con esas palabras cariñosas que susurran aliento, pero sin tener nada sustancial que ofrecerle. Tanto en el plano laboral, como también en la inteligencia anímica. Productores y directores optaban, una y otra vez, por las nuevas hornadas de actores y actrices para el protagonismo artístico de sus películas. Las viejas glorias iban quedando lastimosamente arrinconadas y olvidadas, ante el empuje vigoroso de cuerpos más jóvenes con rostros menos ajados por la cruel impudicia del tiempo.

Mila Leina lo había sido todo, en el ámbito de la interpretación cinematográfica y escénica. Comenzó a destacar a mediados de lo sesenta, siendo muy joven en edad e ilusiones. Para muchos fue la actriz que simbolizaba el ansiado reencuentro con las pautas democráticas, tan complicadas para este contrastado país. No descartaba papel alguno afín de ponerse delante de las cámaras. Sin embargo, ella siempre priorizaba aquellos argumentos que, explicita o subliminalmente, hacían un canto a los valores que debían sustentar una sociedad necesitada, con el gozo de lo imprescindible, para los tiempos del cambio. Libertad, participación, reivindicación, lucha y, de forma especial, solidaridad para con todos. Un cuerpo bien conformado, en el que destacaba esa mirada angelical que, unos ojos celestes y una sonrisa que parecía verdadera, sabía transmitir con la convicción de la credibilidad y la inocencia. Aquellos setenta y ochenta, del siglo precedente, fueron el clímax de un currículum que se hacía prometedor para retos cada vez más ambiciosos y difíciles. Tuvo un afamado protagonismo en determinadas piezas escénicas, marco de singulares experiencias teatrales ante la dificultad de un público en directo. Pero, sin embargo, ella siempre prefirió la magia de los objetivos y el celuloide, pues esta modalidad interpretativa le provocaba menos tensión que el sentirse observada por un poblado patio de butacas, analizando sus palabras, sus gestos y la empatía con los personajes de la comedia o drama  que debía representar.

Fue también para ella una época gozosa de  premios y reconocimientos sociales, en festivales y certámenes cinematográficos. Efectivamente, no había semana en la que Mila careciera de protagonismo, tanto en las revistas especializadas de cine como en los reportajes de otras empresas mediáticas. Pero he aquí que los años fueron pasando, dejando las inevitables huellas y secuelas en un cuerpo antes idolatrado y en una epidermis que, indisimulable, comenzó a reflejar el deterioro temporal. Fue ya en los años noventa cuando avanzó ese declive que fue, más o menos solventando con apariciones aisladas, pero todavía como figura  protagonista, en las cadenas televisivas. Su entrada en el medio siglo de vida marcó una inflexión, sin vuelta atrás, en la atención de las productoras cinematográficas. Desde lo más alto del pedestal demandado, fue cayendo en el olvido y la indiferencia.
Damián, su único representante  desde que comenzó su profesión interpretativa, se movió con toda la agilidad de un buen conocedor de las mejores “teclas a tocar”.  Se esforzaba en intentar conseguir algunos trabajos que hicieran posible sobrevivir a la manifiesta decadencia de su representada. Llamadas y llamadas, visitas tras visitas pero, de una forma u otra, venían a decirle que la figura de Mila  ya no interesaba. El joven publico que acude a las salas de proyección la veían como perteneciente a una época ya muy lejana. Su imagen ya no vendía, por más que ella incluso se hizo unos arreglos quirúrgicos que tampoco sirvieron para modificar su readaptación al cine del año 2000. Le decían que el publico dicta sus gustos y apetencias. La época de Mila Leina había pasado ya para el interés general de los espectadores.

En un principio, las necesidades económicas no fueron especialmente perentorias para la actriz. En su mejor época había sabido administrar bien sus ingresos, comprando alguna propiedad inmobiliaria (un buen piso y un garaje) a partir de los cuales iba recibiendo la correspondiente compensación por sus alquileres. Sin embargo, cuando ves pasar meses y meses sin poder ejercer tu profesión, el saldo de cualquier ahorro, comienza a flaquear. El conjunto de todas las obligaciones tributarias y de la comunidad en la que residía, junto a los gastos de alimentación, las exigencias de peluquería, gimnasio y ropa atractiva, iban mermando su disponibilidad dineraria, situación que se iba agudizando porque llevaba prácticamente dos años y medio sin recibir ingresos por el ejercicio de su profesión. El propio Damián le aconsejó, en repetidas ocasiones, sobre la necesidad de poner en venta alguna de esas dos propiedades, a lo que finalmente nuestra actriz accedió. Vendió el piso y el garaje, lo que le reportó la oxigenación económica necesaria para seguir resistiendo en esta época de crisis y decadencia personal.

Decidió no tener hijos en su época más gloriosa, a pesar que estuvo casada hasta en dos ocasiones (Jason y Omar). Un divorcio bien llevado y un inesperado accidente de tráfico, le hacen convivir, en estos duros momentos, con la más incómoda soledad. A pesar de todas estas dificultades, lo que más le cuesta sobrellevar es el olvido de ese público que en otra hora le fue tan fiel. Ver que su nombre ha ido desapareciendo, paulatina e inexorablemente, de las carteleras que anuncian las ofertas cinematográficas, con todo el glamour que ello reporta, la ha ido sumiendo en un estado de nostalgia y tristeza.

“Dami ¿has tanteado el mundo de la publicidad?  Yo estoy dispuesta a realizar cualquier spot publicitario que me pongan por delante. Otros grandes actores y actrices trabajan ese campo que, sin duda, debe reportar unos ingresos suculentos. Además, mis antiguos seguidores verían que sigo siendo la misma, que no he cambiado y que ahora, con la llegada de la madurez, mi imagen continúa siendo todavía muy atractiva”.

Ante comentarios o sugerencias como éste, el bueno de Damián (curiosamente, es coetáneo de la actriz) esboza una sonrisa, al otro lado de la línea, buscando las palabras más suaves que eviten herir la sensibilidad de su representada y amiga de tantos años. No ahora, sino desde hace algún tiempo este profesional ha llamado a las puertas del mundo publicitario, tratando de buscar acomodo para Mila en ese ámbito. Pero también ha recibido “calabazas” en esta parcela artística, porque la imagen de la actriz sólo sería asumible, en ese exigente campo del marketing, para muy específicos y limitados trabajos o anuncios. Sin embargo una mañana, poco después del desayuno, una llamada telefónica alteró la depresiva rutina de la actriz.

“Mila, no te lo vas a creer, pero tengo una excelente noticia que darte. No te quise llamar anoche, ya que pensé estarías descansando dada la hora. Ayer, a eso de las siete de la tarde, se puso en contacto conmigo un representante de la Comunidad de Madrid para plantearme un proyecto que están elaborando desde el departamento de servicios sociales. Quieren organizar un grupo escénico que actúe en centros específicos como residencias de la tercera edad, hospitales, hogares de acogida, centros penitenciarios, etc, representando piezas pequeñas, sainetes, obras clásicas y modernas, a modo de los cortos en el cine, en la plataforma de lo que denominamos el microteatro.  Me pedía nombres de actores y actrices que estarían interesados en participar en este proyecto. En el aspecto económico el tema ya no es tan boyante. Pagarían una cantidad fija, no muy elevada, por cada sesión teatral desarrollada en esos espacios, a repartir entre los miembros del grupo. Entre los nombres que varios representantes les ofreciéramos, ellos seleccionarían aquéllos más idóneos. Quien decidiría esta selección de aspirantes es una persona que tu conoces muy bien. Tu ex marido Jason Robards. Ya sabes como es. Han pasado los años, pero vuestra separación fue modélica y él sin duda aún te aprecia. ¿Qué te parece esta posibilidad? Tengo en mi cartera una larga lista de actores en paro. Pero tú irías en lugar preferente, en la relación que les voy a enviar”.

Cuando se llevan meses y años, esperando día tras día la atención de alguien que te ofrezca las posibilidad de poder ejercer tu profesión, esta llamada de Damián fue un  soplo de aire fresco para vencer el desánimo por la indiferencia del empresariado artístico. Ella, que lo había sido todo en pantalla, tendría que esforzarse a fin ser seleccionada entre muchos actores en paro. No habría cámaras, clásicas o digitales, ni su nombre aparecería en las carteleras de la Gran Vía o en otros ámbitos de la geografía peninsular. El público no pasaría por taquilla para pagar la entrada de su localidad. Tampoco su nombre ocuparía lugar en las revistas especializadas del séptimo arte. No habría premios Oscar, David de Donatello, Goya, Bafta, César ….  Sería una labor de dinamización cultural y distracción, para personas en situación específica de enfermedad, reclusión, protección o asistencia geriátrica. Pero ¿se puede decir no, en una situación de bloqueo profesional como el que ella atravesaba?

Una semana más tarde, Mila Leina atendió una llamada. Al otro lado de la línea se encontraba su primer ex marido, Jason.

“¿Cómo te encuentras, Mila? He tenido una gran alegría al ver tu nombre en el listado de actores disponibles para este proyecto de acción social ¡Cuántos recuerdos han llegado a mi mente! Éramos muy jóvenes entonces. La inmadurez te hace cometer muchos errores. Y tu estabas en la cima del estrellato. Cada uno siguió su camino, pero sin un mal gesto ni una desafortunada palabra. Han pasado ya muchos años, sumando vivencias de las más insospechadas en mi caso. También he seguido tu carrera y me parece injusto este olvido para una actriz que tanto ha significado en la cinematografía española. Este proyecto es muy humilde, en lo económico. Sin embargo tiene incentivos muy gratos en lo profesional y en lo social, por la humanidad que conlleva, aportando la sonrisa, el pensamiento y la distracción a quienes más lo necesitan. Por mi parte, ya has quedado seleccionada…….”

La sorpresa y alegría de Mila era manifiesta, ante esta cariñosa comunicación. Ella nunca supo que una conversación privada entre Damian y Jason, realizada en una terraza del Parque del Retiro madrileño, mes y medio atrás, había sido el origen de este proyecto. Aunque  el trabajo suponía una modesta actividad, para los oropeles y el glamour que esta actriz había protagonizado, sembraba al menos un poco de luz en el oscuro erial profesional de una estrella del cine que lo fue todo, pero que ahora vive olvidada en esos nublados y serenos atardeceres que generan lejanías y silencios.-


José L. Casado Toro (viernes, 6 febrero, 2015)
Profesor