viernes, 21 de agosto de 2026

AÑOS ILUSIONADOS DE JUVENTUD

En todos los colectivos sociales unos integrantes destacan sobre los demás, debido a sus características positivas de sociabilidad, simpatía, iniciativa y generosidad. También influye su capacidad intelectual y los elementos estéticos que la naturaleza le ha concedido. Obviamente, también puede una persona significarse por sus no valores o formas negativas de ser: timidez, egocentrismo, falsedad, ambición, hiper protagonismo y ausencia absoluta de belleza. No olvidamos tampoco aquella frase, curiosa y definitoria, que decía, más o menos, “intenta que hablen de ti, aunque sea para mal”. Sin embargo, hay quienes desean pasar desapercibidos por las razones que sean. 

Nuestra historia se localiza en un colectivo de estudiantes universitarios. Facultad de Filosofía y Letras, curso 1º de Filología Hispánica. La edad dinámicamente desbordante, hiper activa y vitalista de los 18/19 años, que abre las puertas a la “maravillosa” y prometedora etapa de la juventud, estimula los comportamientos relacionales dentro y fuera del aula.  En un grupo de más de sesenta matriculados, comienza a significarse un joven estudiante bien parecido y de modales muy educados, hijo de médico neurólogo y escritora vinculada a una editorial. Siempre abierto y receptivo hacia sus compañeros, éstos aprecian en SANTI Lasarte Auriol su proverbial vitalidad, inteligencia, sentido del humor y el trato amable con todos los que comparte las vivencias diarias del aula. Tiene una hermana, Susana, que estudia segundo curso en la Facultad de Medicina. 

En estas esperanzadoras edades abiertas a la juventud, tradicionalmente los alumnos “iban detrás” de las mejores compañeras, a fin de merecer sus favores. No precisamente en el estudio (aunque también se valoraba este factor) sino sobre todo en su imagen física y psíquica. Y entre esas compañeras de privilegio, unos y otros competían para “ligar” con ellas, estableciéndose verdaderas operaciones de acercamiento que abrieran las puertas a la intimidad afectiva. Aquellas alumnas más agraciadas y atractivas llevaban su corte de “mansos” compañeros que aspiraban a una mirada, una atención, una sonrisa o alguna respuesta o palabras hiper valoradas que sembraran la ilusión en aquellos que soñaban con la “compa” noche tras noche. Pero estas jóvenes, aduladas y ensalzadas por esa masa borreguil que las seguía, iban dando “calabazas” a muchos de esos “moscones” que revoloteaban alrededor de la dulce flor. Algunos compañeros frustrados ante esa idealización “imposible” entraban en depresión, descontento y ansiedad. Los fracasos se digerían bastante mal, como niños pequeños que no consiguen el juguete que tanto les obsesiona. 

Al paso de los años, por fortuna, el sentido igualitario de los sexos ha posibilitado que ahora también las alumnas pongan sus ojos en algún compañero prometedor. En este caso, Santi Lasarte era un objetivo especialmente atractivo para tenerlo como algo más de un simple compañero, amigo o más que amigo. Pero Santi, sintiéndose halagado y cortejado, sabía cómo “torear” bien los embistes y propuestas de sus traviesas y alegres compañeras. Muchas de ellas cuidaban sobremanera el acercamiento a este apuesto joven, de buena familia, cautivador en sus modales, esforzado estudiante que llegaba al campus universitario montando su bicicleta, con la sonrisa en su rostro. El listado de compas que intentaron seducirlo era cómicamente alargado: Ansu, Belinda, Mª Cruz, Ignacia, Ketty, Isabel, Jessica… A pesar de ímprobos esfuerzos, ninguna de ellas conseguía el rédito anhelado a sus intentos: “ennoviar” al mito de moda, en 1º de Filología. 

Pero como todos los ídolos, la base de su pedestal no era totalmente de mármol almeriense de Carrara. Un aciago día, pedaleando camino del campus tuvo un descuido de concentración, tal vez motivado por una intensa noche de estudio ante unas próximas pruebas, examen un tanto descuidado ante la completa agenda social que el ínclito Santi desarrollaba.  Al entrar en un carril bici, no reparó en el bordillo protector de goma endurecida, dándose un gran “batacazo” contra el cemento, derrumbando al tiempo a un limpiador de Limasa que realizaba su trabajo de aseo viario. La bicicleta quedó en estado de siniestro total, dada la proximidad de un ficus cunetero. Operario municipal y joven ciclista acabaron en el Hospital clínico universitario, situado no lejos del lugar. La mayor lesión fue sufrida por Santi: fractura de cúbito y también del peroné y conmoción cerebral de la que se recuperó en horas. Tras unos días en el hospital, tuvo que desarrollar la convalecencia en casa, durante tres semanas. 

La desagradable noticia impactó entre sus compañeros de clase. Había estado a punto de “matarse”. Por fortuna su juventud le permitió afrontar bien el siniestro. Durante sus largas horas en casa, algo misterioso sucedió. Cada tarde llegaba a su correo electrónico los apuntes tomados durante la mañana, acompañados de unas líneas de ánimo por parte de una compañera llamada ALICIA. ¿? No lograba localizar quién era esta generosa compañera, entre los 65 alumnos que conformaban el grupo. Siempre hay nombres y caras, menos populares que se nos escapan en la concreción. 

Un tanto sorprendido y emocionado de que una compañera a la sin duda poco o nada había tratado, se esforzara en enviarle los materiales del día, acompañados de palabras animosas que siempre sientan bien, respondió de inmediato, valorando el compañerismo y la amistad que Alicia le mostraba. Se disculpaba de que entre tantos alumnos en el grupo no la recordara. Incluso le rogó una foto, pues deseaba conocer quién era la buena samaritana. 

Alicia Cáceres era una joven que lucía una melena morena recogida con algún lazo simpático en su cromatismo. Ojos claros azules, delgada de cuerpo y un rostro “angelical”. Una joven preciosa, hija única de padres humildes, cuyo mejor patrimonio era esa buena hija que el destino les había concedido. Sus padres, fontanero de profesión y cuidado de la casa respectivamente, se habían esforzado con denuedo para que su Ali llegara a ser universitaria. Como a la chica le gustaba mucho escribir, esperaban que llegara a ser una afamada novelista

Santi la invitó a su domicilio para merendar y así conocerla con mayor detalle. La chica, a pesar de su timidez, hizo un esfuerzo y se presentó un sábado por la tarde en el piso de la familia Lasarte Auriol. Cuando estuvo delante de su compañero, éste la reconoció de inmediato. Era esa compañera, muy estudiosa y con muy poco protagonismo en clase, que se sentaba en un lateral de la tercera fila del gran aulario. La amistad entre los dos jóvenes floreció desde ese primer reencuentro que tuvieron, en el espléndido domicilio del doctor. 

Cuando el “endiosado” alumno de reincorporó a las aulas de nuevo se vio rodeado de ansiosas jovencitas, que un tanto “embobadas” buscaban con ahínco ese detalle de amistad por el que tanto luchaban. Alicia quedó un poco decepcionada cuando sólo mostró una breve cortesía con ella. Sin embargo, el viernes por la tarde, Ali recibió una llamada de Santi. El corazón le dio un vuelco.  La invitaba al cine y a tomar algo de cena, en la tarde noche del día siguiente. El joven deseaba agradecerle la dedicación que había tenido con él durante su accidente, durante su ausencia en el aula. Consideraba en su conciencia que Alicia lo merecía y era lo menos que podía ofrecerle. Sin embargo, Ali se ilusionó en demasía. No se lo podía creer. Que el mítico Santi, objetivo de tantas compañeras decidiera dedicarle esa tarde, era algo muy fuerte que la alteró en su habitual equilibrio. ¡Cuando las “compas” lo sepan se van a poner a rabiar de envidia! Ella, que tenía la imagen de chica modesta y empollona. Buscó sus mejores galas para ese día tan especial. Pasaron juntos una bonita tarde, cine Albéniz, pizzería la Romántica, en la que se divirtieron y hablaron, conociéndose un poco más, especialmente por parte de ella, ya que Santi era muy inteligente y cauto con su privacidad. Fue muy caballero, todo el gasto lo repercutió en su tarjeta Visa. 

Durante la semana todo transcurrió con normalidad. Las obligaciones de estudio, ante los próximos exámenes condicionaron cualquier otro comportamiento relacional. El sábado siguiente, fue Alicia quien se puso en contacto con Santi, a fin de proponerle una saludable y simpática excursión para el domingo, por el entorno de los Montes de Málaga. Ella prepararía los bocadillos y la fruta para el almuerzo. Pero la respuesta de su compañero fue agradecer la iniciativa, explicándole que iba a viajar con sus padres a Granada, para visitar a tía Clara que se encontraba enferma. “¿Podría ser la semana que viene?” “Ya buscaremos otro hueco, Alicia, para hacer un paseo rural”.

No es inteligente que una mujer “insista” ante un hombre que no está por “la labor”. Lo mismo habría que decirle a un hombre en esos intentos relacionales, cuando se pasan de frenada. Él deseaba en este momento de su juventud integrarse en actividades grupales y sentirse “halagado” por unas y otras compañeras. Alicia se entristecía, porque se había hecho ilusiones sin un fundamento claro para su difícil objetivo. En la fiesta final de curso, ambos jóvenes coincidieron en algunos momentos, pero Santi trató de “controlar” y equilibrar el trato con el resto de las compañeras y amigos. Su whatsapp se iba llenando, con inadecuada frecuencia, de mensajes de Alicia, con pretextos y motivos nimios y banales, como informaciones, fotos, reenvíos, etc. El autocontrol de la joven estaba lamentablemente fallando. 

Una tarde de julio el corazón de Alicia gozó de un impacto anímico. Se entusiasmó ante una llamada inesperada de Santi, indicándole que deseaba hablar con ella. La invitaba a merendar. La recogería a las siete, en su Peugeot 206, de segunda o tercera mano, regalo de sus padres, por sus buenas calificaciones. Él vestía, dada la temperatura estacional, de manera deportiva, mientras que la chica se había “ataviado” con sus mejores galas, todo lo rápido que pudo. Ahora era el momento de regalarle ese libro muy famoso del escritor David Uclés (que ya había superado las treinta ediciones, hecho excepcional en el mundo editorial) que le había comprado hacía unos días. Santi celebraba su onomástica al día siguiente.

¿Qué podía esperar de esta cita, tan esperada en el sufrimiento afectivo, durante las últimas semanas? Todo o nada … Las recogió en su domicilio de calle Cristo de la Epidemia, y se dirigieron al Parador Nacional de Gibralfaro, por sus espléndidas vistas de la ciudad y la bahía. Pidieron té con canela y jengibre y unas pastas heladas. “Este es un detallito por tu santo. LA PENÍNSULA DE LAS CASAS VACÍAS.  Pienso que te va a gustar, pues ya me has comentado que te agrada mucho la buena lectura”. “Me han hablado mucho y bien de él. Lo leeré con gran interés. No tenías que haberte molestado, pero te lo agradezco mucho”.

“Bueno, Alicia. He querido pasar esta tarde, previa a mi santoral, con una maravillosa compañera, que luce un corazón lleno de generosidad y amistad. Evidentemente, tú no eres como las demás. Algún día publicarás novelas muy bien escritas y serás famosa en el mundo editorial. (Risas). Eres una gran amiga, pero yo no quiero hacerte sufrir. Eres la mujer que hará feliz a un buen hombre. Tienes grandes valores, que son dignos de admirar. Pero yo no puedo luchar por ti. Como amigo, todo lo que quieras y mereces. Pero no más. (Clímax de silencio inacabable). ¿Pero no te gusto, Santi? No es ese el problema. Cualquier hombre estaría flipando por estar cerca de ti. Ali, todas las personas tenemos secretos, más o menos importantes, que necesitamos guardar celosamente en nuestra privacidad. Cuando tenía doce o trece años, comencé a dudar de mí mismo por unos impulsos y reacciones que no lograba entender. Hablé con mis padres, personas muy cualificadas, que me llevaron a especialistas de gran entidad. Recibí mucha y especializada ayuda para que me aceptara como soy. Mi sexualidad es complicada. Quiero decir mi bisexualidad. No sé cómo ni por qué. Tengo don de gentes ¿verdad? Es la armadura que me permite generar sonrisas e imágenes, que agradan y magnetizan a unos y otros. Esa teatralidad me divierte. Ahora lo que pretendo es aprovechar mis estudios y, en lo posible, pasármelo bien. Le he prometido a mi madre que seré un buen creador literario. Ella entiende mucho de esta faceta cultural. Ahora ya conoces mi situación. A ti no quiero ni debo engañar. Te admiro y aprecio mucho. De ahí mi sinceridad”. “No sé si podremos continuar como amigos. Me agradaría y mucho. Te ruego discreción, por lo que te confiado”. 

Alicia perdió su capacidad expresiva. Se sentía mareada, aturdida, desconcertada, con un sentimiento de orfandad. Centró su húmeda mirada en la taza de té, semivacía, que los minutos habían enfriado. Sus sentimientos también lo estaban. Santi la acompañó hasta su domicilio y respetó su silencio. Se despidieron con un beso, sin el soporte cálido de las palabras-

 

 

AÑOS ILUSIONADOS DE 

JUVENTUD

 

 

 

               José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 21 agosto 2026     

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