viernes, 7 de octubre de 2011

QUINCE DE SEPTIEMBRE, PARA LA NORMALIDAD.

Nos habían citado, para la mañana del quince, divididos en cuatro tandas horarias, según los cursos en el que estábamos matriculados. Aquí, en el sur, el calor es aún intenso. Con esta temperatura, nadie podría asegurar que, a muy escasos horas, comenzaremos esa cuarta estación meteorológica: el otoño, a fin de completar un año repleto de múltiples imágenes y sentimientos que ilustran nuestras vivencias. Entre ese calor, y los nervios de la víspera, descansé menos horas de las habituales. Me sentía con los ojos cerrados, pero con la imaginación cabalgando por caminos de luces y naturalezas. Dediqué unos minutos, de mi vigilia en la cama, a rebuscar en el armario de la memoria el traje y zapatos con el que iría a este mi cuarto curso de la ESO. Para el primer día de clase, he elegido esa blusa blanca con botones anacarados, que hace un estupendo juego con los vaqueros cortos que tanto me agradan. Todavía no soportaría los tenis Converse, fieles compañeros de tantas andanzas para la aventura en los días. Dudo entre las sandalias blancas o las azules, que tengo preparadas aquí cerca, junto a la puerta de mi pequeño mundo para la intimidad del hogar. ¿Quién nos “tocará” de tutor? ¿Habrá muchos profes nuevos? Como siempre ….. veremos alguna obra nueva en el edificio. ¡Mira que si hubieran construido una piscina, cubierta y climatizada, para ser utilizada en los meses de invierno! Esto de soñar … queda bien. ¡Me gusta! O tal vez encuentre un verdadero salón de actos, para hacer teatro, proyectar cine y poder asistir a buenas representaciones y actividades, por las tardes y en los fines de semana. ¿Le habrán dado ya solución al problema de la suciedad en los servicios? ¿Y el tema de los recreos, con esos bocadillos que cada año tienen menos contenido y más precio?

En todo el verano apenas me he encontrado con los compas del curso. Cada uno, con sus cosas y la familia. Menos mal que el Messenger ha funcionado bien, para esas noches de calor y lunas sonrientes que no permiten dormir. No he leído nada de lo que me mandaron en el impreso de junio. Es la verdad. Con mis amigas del bloque, siempre de aquí para allá, no me apetecía viajar por las páginas de lo recomendado. Ahora me acuerdo de los conciertos y las barbacoas en la playa. ¡Guay! Me he puesto muy tostadita. Eso me chifla. Ahora, con el “encierro” en el Instituto, se te pone la piel blanquecina y toca lucir bien, pues hay dos compas, Rafa y Ángel que me gustan. Tengo que decidirme por uno de los dos. Están bastante bien y hay varias niñas que están flipando porque se fijen en ellas. ¡Madre mía, la competencia que tenemos hoy día!. Entro “limpia” en cuarto. Al final pasé bien las materias de tercero, aunque la verdad es que no me esfuerzo mucho. Me gusta más la diversión y el jolgorio. Pero como cada día exigen menos, la cosa se pone bastante fácil para los que estudiamos un poquito cada día, aunque sea el mínimo y para cumplir. Bueno, me voy a dormir que mañana mi madre me va a despertar temprano. Amenaza con tírame de las sábanas, si me hago la remolona abrazada a la almohada. Y es que a mi, esto del madrugar, lo llevo ramatadamente mal …….

Así sueña y vive Carmen la víspera nocturna de su reincorporación a las clases. En un curso especial, para ella y sus compañeros de grupo. Ese 4º, con el que finaliza la ESO, supone un importante escalón en su reglaje o carrera administrativa. Nueve meses, para ese junio de las decisiones. Bachillerato o un ciclo formativo, en la bifurcación formativa oteando el mañana. Y todo lo expuesto, bulle en su joven cabecita, repleta de proyectos, dudas y recuerdos para un verano que se resiste en regalarnos su adiós anual. Estamos en el sur, donde el Mediterráneo se viste con ropajes áureos, prestados por el dios solar, a fin de asombrarnos con su dulce oleaje, pausado y lírico, de ensueño y letargo.

Tras los saludos, abrazos y besos, de aquéllos con los que ha compartido tres cursos de Secundaria, Carmen observa y es observada por algunas de las nuevas caras. Son alumnos novicios en el instituto. También hay otros que tienen que repetir cuarto, a los que apenas conoce o ha tratado en el curso anterior. Primero, llega la ceremonia del Salón de Actos, donde el Director les ofrece unas “mecánicas” palabras de bienvenida, siendo ésta la cuarta vez en que pronuncia el mismo, rutinario y somnoliento, mensaje “institucional” hoy jueves. A continuación, el Jefe de Estudios comienza su “litúrgica” letanía de normas y prohibiciones que, para la mayoría de los jóvenes asistentes, sobrevuelan un tanto aburridas o desapercibidas, pues suenan a una rancia repetición de “noes” más que de “síes”. Se enumeran, por un obsoleto altavoz de sonidos entrecortados, los nombres que van a ser adscritos a los tres grupos de ese nivel, que pondrá fin a la secundaria obligatoria. Carmen comenta, en voz baja con su amiga Nuria, acerca del tutor que les ha tocado en suerte. “Yo no le conozco. Es nuevo en el Centro. Parece muy serio, debe andar por los treinta y tantos”. Pronto, camino de aula, ellas dos, y una gran mayoría de los veinticinco compañeros, van escudriñando al Profe que les acompaña. Color de los ojos, estatura, complexión, forma de andar, vestuario, tono de voz….. Les ha tocado una clase o aula de las arregladas durante el verano. Juan, profesor de informática, comienza a ejercer su rol de tutor ante el colectivo, del que recibe no pocas miradas en la desconfianza. Sobre todo, cuando extrae de su carpeta un par de folios, que le ayudan a desgranar otro volumen de normas y prohibiciones. “Mil” veces escuchadas y, otras tantas, desatendidas. ¡Todo tan igual….!

La verdad es que resulta más interesante observar los trajes de fulanita, las risas de unos y las miradas profundas en los otros. Casi nadie se ha traído bolígrafo y libreta, por lo que el horario que se dibuja en el encerado lo copian muy pocos de los adolescentes. Carmen articula palabras para su interior. “¡Que poco original! Si tuviera valor le preguntaría qué es lo que se puede hacer. Porque parece un disco rayado, con esos “no se puede” o “está prohibido que…” Y siempre las amenazas del ROF y los partes. Menudo aburrimiento. Y tenemos que quedarnos aquí, hasta las tres menos cuarto, con el calor que hace. “¡Cómo añoro la playa, el biquini y los ligues! Esto parece un horno carcelario, donde no hay panes, pero sí alumnos.” Así transcurría la mañana, bien adobada de una metodología para el letargo y la desmotivación, cuando de pronto se escuchan unos ruidos. El estrépito procede del patio. Un coro de miradas se asoman a las rejas de sus ventanas, contemplando la “cinematográfica” escena que se desarrolla en ese espacio utilizado como zona deportiva.

El escándalo era mayúsculo. Gritos, voces, carreras, sonidos de sirenas, con un grupo indeterminado de jóvenes corriendo, saltando y escondiéndose por todos los recovecos de galerías, escaleras y espacios comunes, dentro del recinto educativo. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué hechos habían alterado, de manera tan notoria, la tranquilidad somnolienta de esta comunidad educativa? Dos bandas callejeras de jóvenes marginales, vinculados a una barriada conflictiva, en el norte de la ciudad, se habían enfrentado a las puertas del Instituto. Una alumna de dieciséis años, matriculada en uno de los grupos de cuarto de la ESO, tras haber sido pareja de un joven chulo y violento, líder de una de las bandas, apodado “el Coleta”, cambió de la noche a la mañana su relación afectiva por el jefe de un grupo rival, conocido como “el Viudo”. Ambos aguerridos personajes habían jurado ajustarse las cuentas, no sólo por los amores en juego, sino también por viejas disputas de intereses en el tráfico del menudeo. Poco después de las 13,30 h, acompañados por sus violentas y fieles legiones, se enfrentaron a golpes y mamporros allá en las puertas del Centro. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, dos “desbordados” conserjes llamaron a la policía, local y nacional que, a los pocos minutos, llegaron con sus sirenas y luces de emergencia o riesgo. Los enfrentados niñatos “combatientes” fuerzan la verja de entrada, derribando al suelo a los dos conserjes que vigilaban la entrada. Tratan de huir de la policía, escondiéndose por las dependencias de un edificio educativo “tomado” por los delincuentes y por las fuerzas del seguridad. Algunos de estos jóvenes fanatizados saltan por las murallas traseras, buscando la huida por las calles paralelas de la zona. Hay cristales rotos, espacios ajardinados masacrado por los enfrentamientos, alguna navaja perdida, restos de sangre en el suelo y paredes, mientras nuevos efectivos policiales entran en el Instituto, a fin de reducir y controlar a los violentos. En dos furgones se llevan detenidos a catorce de estos pandilleros, estando entre los mismos los dos jefes que lideran y adoctrinan las bandas: Rafa, el Viudo y Nono, el Coleta. Ambos personajes se juramentan para encontrarse en otro momento, con amenazas recíprocas de “rajarse” a muerte. La batalla campal ha dejado una pobre, irracional y degradada escenografía de violencia, dolor, odio y marginalidad, ante la mirada, atónita pero divertida, de no escasos alumnos que han visionado la realidad de una delincuencia (con el trasfondo del sexo y las drogas) que subyace y permanece cercana a sus vidas. Brotan algunas lágrimas y temblores. Pero son más las risas y la mímica de la valentía.

En las páginas de la prensa local, los “apagafuegos” profesionales de la Administración educativa, encorbatados y muy en su papel, manifestarán al día siguiente que se trata de un “hecho puntual” que en modo alguno refleja la paz “idealizada” que se vive, mayoritariamente, en el seno de las aulas escolares. Elogios al oficio y la eficacia policial, junto al valor ejemplar que demostraron los dos conserjes del Centro, ante la avalancha incontenible de los violentos. Recalcarán, con arrogante firmeza, que la seguridad en los recintos escolares se halla plenamente “garantizada”.

Nuestra Carmen conoce bien a la jovencita disputada por ambos líderes del bandidaje. Loli, la “maciza” es compañera de grupo. Morena, ojos de color esmeralda y un atractivo cuerpo, pleno de sensualidad en la belleza. Su cobriza y esbelta figura, exalta pasiones, dentro y fuera del aula. Es inteligente para lo banal, aunque nunca ha ocultado su profesa afiliación para el fracaso escolar. Este curso ha promocionado a cuarto de la ESO, por imperativo legal, ya que ha repetido tercero. Tras enterarse del enfrentamiento y alteración que ha vivido el Instituto, centrado por su persona, esboza una sonrisa, picarona y presumida, sintiéndose halagada por todo este montaje que sus “novios”, el Coleta y el Viudo, le han regalado para su ego. Este primer día de clase finaliza con los, jugosamente divertidos, comentarios y chascarrillos de no pocos alumnos, en ese cuello de botella en que se convierte, cada uno de los días, una puerta adjetivada como “de seguridad”. Después de la turbia crispación, la tarde presenta un celeste sosiego en el ciclo diario diario que nos aguarda.-

José L. Casado Toro (viernes 7 octubre 2011)

Profesor

http://www.jlcasadot.blogspot.com/


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