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domingo, 20 de abril de 2014

IDA Y WANDA, EN EL NECESARIO CAMINO DE SU VERDAD.


INTRODUCCIÓN.
Hay películas que te facilitan el saludable e inteligente ejercicio de pensar. Sin embargo, en otros productos cinematográficos su director, y la industria que lo respalda, ya lo ha hecho por ti. En este último caso el espectador se ve empequeñecido y “obligado” a ver y asumir lo que otros han decidido por él. Su criticismo y análisis del discurso que se le ofrece se ve atenazado por un estado de pasivo letargo, en el que reirá o temblará, pero como un espejo sin azogue que no reflejará la verdadera realidad que tiene delante. De manera afortunada llegan, pacientemente a nuestras pantallas, algunos films que narran historias diferentes, utilizando para ello intérpretes y argumentos, atrezos y puestas en escena, que nos hacen reflexionar y comprender un tanto mejor el mundo que nos acoge y sustenta. Son películas de un cine alejado de la macro-industria de Hollywood o similar. Este cine, llámese independiente, alternativo, europeo o de otras geografías, nos hace recuperar, con la ilusión del “converso” o con el ímpetu del “partisano”, la fuerza estética, conceptual y anímica de unos personajes y unos hechos que saben y transmiten credibilidad y verdad. No, no es fácil ni frecuente que este tipo de cinematografía alcance un acomodado o adocenado posicionamiento en las grandes carteleras. Sin embargo, de tarde en tarde, nos llegan cintas y materiales que nos hacen recuperar nuestra identidad con ese gran arte de la vida, escenificada y proyectada en una pantalla de cine o en ese televisor que, tantas veces, aburre y amodorra.

DATOS BÁSICOS DE LA PELÍCULA “IDA”.
PAWEL PAWLIKOWSKI (Varsovia, 1957) rueda este su quinto largometraje en Polonia aunque, en la actualidad, se halla afincado residencialmente en Gran Bretaña. No es muy extenso el tiempo de narración, sólo 80 minutos, suficientes para contar un complicado drama desarrollado en la Polonia de 1960, bajo un régimen de socialización comunista dependiente del rígido control impuesto por la URSS. En esa casi hora y media de metraje son tratadas temáticas muy controvertidas que afectan a la religión católica, a la familia, a las consecuencias de la expansión nazi por la Europa del Este, al sentimiento de culpa y la búsqueda de la identidad personal, a la aventura de una road movie, tanto material como espiritual, a la responsabilidad individual y colectiva de unos hechos que tratan de silenciarse en la cobardía del olvido. Posiblemente, habrían sido necesarios más minutos a fin de explicar mejor la evolución psicológica de una de las dos principales protagonistas, Ida Lebenstein. Esta gran película ha sido premiada en los festivales de Toronto, Gijón, Londres y Varsovia, distinciones todas ellas recibidas en 2013 año de su realización. Rodada en una maravillosa fotografía en escala de grises, en una ratio desusada del 4/3 (una pantalla casi cuadrada) que nos hace añorar el cine de otras épocas para su mayor gloria estética. El guión ha sido escrito por el propio director, junto a su hermana Rebeca.

¿CUÁL ES, BÁSICAMENTE,  LA TRAMA ARGUMENTAL?
La hermana Anna (AGATA TRZEBUCHOWSKA) vive en un convento de monjas, desde que era muy pequeña. Ahora, en 1962, con dieciocho años de edad y antes de tomar sus votos, es enviada por la superiora de la comunidad a casa de su único familiar, Wanda Gruz (AGATA KULESZA (Szcrecin 1971) tía de la novicia y de la cual ésta no tenía noticia alguna hasta este momento. Debe conocer algo de la historia que articula su vida, antes de dar ese paso decisivo que supone dedicar el resto de su existencia al servicio absoluto de la fe en Cristo. Wanda le explica a su sobrina que su verdadero nombre es Ida Lebenstein. Y que es judía, al igual que sus padres que fallecieron durante la ocupación nazi del territorio polaco. Tía y sobrina emprenden una azaroso viaje en busca de datos que puedan aclarar mucho de la historia de ambas mujeres y, especialmente, el lugar donde los padres de Ida están enterrados. Acuden a su antigua casa, ahora ocupada por otra familia formada por Feliks Skiba (ADAM SZYSKOWSKI) junto a su mujer y un hijo pequeño. Este hombre asesinó a los padres de la novicia, en aquellos tiempos finales de la 2ª Guerra Mundial, por su aversión antisemita y para quedarse con esa vivienda en la que actualmente reside. Con  la promesa de Ida de que mantenga esa propiedad, accede a llevarlas al lugar donde están ocultos los cuerpos de aquel joven matrimonio y del propio hijo de Wanda, a fin de que las dos mujeres puedan recoger sus restos y enterrarlos convenientemente en el cementerio de esa pequeña localidad llamada Priska. Durante el viaje en búsqueda de la identidad de sus respectivos pasados, recogen a un joven músico saxofonista (DAVID OGRODNICK)  que tiene que actuar en esa ciudad. Ida mantiene una relación de experiencia sexual con el joven, aunque al final decide volver al convento para profesar los votos y entregarse a la vida contemplativa. Mientras, su tía Wanda, profundamente vacía en lo anímico y en lo social, pone fin a su vida en medio de la desesperanza más absoluta. El largo travelling final de la película es estética y conceptualmente estremecedor, por parte de una joven que quiere apartarse del mundo buscando en la fe el camino de su realización personal.

MUJERES EN LA ENCRUCIJADA.
Son dos personajes, vinculados familiarmente, que soportan, cada una a su manera, la angustia de la realidad que determina sus vidas. De igual forma, cada una de estas mujeres tratan de poner fin a ese vínculo vital, al que no le tienen apego ni credibilidad.

WANDA GRUZ. Ha vivido la angustia de la persecución, por ser judía, durante la ocupación nazi. Ocultó esa pertenencia sacrificando todo lo que un ser puede pagar, a fin de salvar su vida. Ve como el antisemitismo de sus propios conciudadanos acaba con lo más entrañable de su existencia, esa familia a la que pertenece. Para disimular aún más su raíces judías, se convierte en una funcionaria poderosa, implacable y sin piedad de la dictadura comunista en los años de posguerra. Le llamaban Wanda “la Roja”, por esas sentencias a muerte contra “los enemigos del pueblo” que decretaba sin misericordia, desde su puesto acomodado de jueza represora. Con el paso de los años cae de lleno en la dipsomanía o alcoholismo; en el amor libre; en la dependencia del tabaco; y en el vacío existencial más absoluto. Tras enterrar a sus deudos, comprende que su camino en la vida carece de sentido por lo que adopta la decisión de suicidarse arrojándose por una ventana, buscando la expiación de los errores que claman desde su conciencia.


IDA LEBENSTEIN, la bella novicia Anna, sobrina de la anterior, ha vivido la mayor parte de sus dieciocho años de existencia encerrada entre las paredes blindadas e impermeables al mundo de un convento de religiosas. Nada sabe de su pasado u origen. Quiere entregar su alma y cuerpo al servicio de la fe religiosa que le han inculcado, desde que fue llevada a esa comunidad a fin de salvarle la vida, por su ascendiente judío. Antes de profesar los votos, entra e investiga el mundo exterior existente a la mentalidad creyente de unas personas que se aíslan voluntariamente del mundo. La relación con el ateísmo profundo de su tía, la dura negociación con el asesino de sus padres, la experiencia carnal con el joven saxofonista, que le ofrece un proyecto de vida inmerso en la sencillez y la materialidad hace que, sintiendo un miedo superior, acelere su vuelta al convento, huyendo de un mundo exterior que ni comprende ni acepta. Será como otra muerte en vida, sólo endulzada por la fuerza de la creencia religiosa y ese fundamento misterioso en la fe del que tantos carecen.



EL ANTISEMITISMO INSTITUCIONAL Y POPULAR.
El director Pawlikowski denuncia en esta dura y, al tiempo, sensible historia, la actitud de sus compatriotas contra los judíos polacos, en tiempos de la segunda Guerra Mundial. Como en otros países, las semillas de la intolerancia, la falta de respeto a las creencias ajenas y la búsqueda del chivo expiatorio para las maldades humanas anidaban en esta sociedad, a mediados de la centuria anterior. Precisamente, en un pueblo donde la tradición práctica del catolicismo caracteriza a una colectividad que defiende ese argumento por encima de ideologías que rechazan la fuerza de la creencia sobre la materialidad. Ese odio, o también el temor interesado, en aquellos luctuosos años de la ocupación ejercida por el imperialismo nazi, es una mácula que tantos llevarán por generaciones, en clara contradicción con el cristianismo misericordioso del que se jactan y dicen practicar. Pero esa hipocresía, tanto en las conciencias como en la práctica doctrinaria, no es novedosa. Ni antes, ni ahora. Ni allá, ni acá. Eso sí que es un profundo problema para la credibilidad confesional.


Y TAMBIÉN….. PUDO SUCEDER ASÍ.
Es frecuente que el espectador (también el lector, por supuesto) se muestre reacio en aceptar la historia que le ofrece el director, el arquitecto, el escultor o el pintor (en sentido metafórico o real) que ha modelado la historia. En este posicionamiento crítico, travieso y valiente en lo imaginativo vemos que, tras el suicidio de Wanda, Ida afronta con otra perspectiva el sentido que desea dar a su existencia. Proyecto de vida que se halla en los primeros capítulos de su anónima biografía. Afronta esa disyuntiva de huir o vivir en la vida. De priorizar la luz de cada uno de los días, sobre esa gozosa creencia futura tras el tránsito cruel de la muerte. A un lado, la familia conventual. En el otro, esa otra comunidad más reducida y directa, de un vínculo matrimonial, con unos hijos que sustenten la convivencia familiar, en un contexto valiente de alegrías y nublados, de realidades y ensueños, de humedad y sequía. Han pasado los años. La antigua novicia es hoy madre de dos hijas adolescentes, Maquia y Razzia, que labran su porvenir formándose en un centro público de secundaria. Hace unos años que David quiso seguir la senda de otra compañera que le ofrecía su apetitosa novedad, material y psicológica, en ese camino sin destino o lugar para las creencias del más allá. Ida trabaja en una fábrica de componentes electrónicos, en largas jornadas compensadas con una básica retribución para la subsistencia. Algunos domingos, cuando la temperatura ausenta su gesto de hostilidad, pasea con sus hijas por los aledaños de un valle cercano. En esta naturaleza se encastra una gran masa pétrea conventual, presidido por una imagen del Sagrado Corazón, en el centro del gran patio frontal. En su interior, la comunidad religiosa pasa sus horas ocupadas en el rezo, el trabajo, la meditación y en el canto de sus creencias. Ida contempla esas dos vidas que marchan paralelas, con esos destinos inescrutables que otros, tal vez, escribirán.-
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Puede ser un excelente ejercicio, intelectual y estético, asistir a la proyección de esta película, reflexionando y gozando con los elementos formales y conceptuales que la historia nos ofrece y que plantean otra forma (sin duda acertada) de hacer buen cine.- 


José L. Casado Toro (viernes, 18 abril, 2014)
Profesor
jlcasadot@yahoo.es

viernes, 17 de enero de 2014

¿LA FUERZA DE LA GENÉTICA, O EL VALOR CONVIVENCIAL?


Tratando de hallar un poco de sosiego, cuando te ves inmerso en la ruidosa y estresante vorágine callejera, acudes una vez más a esa eficaz medicina que te recupera el ánimo y enriquece el conocimiento. Siempre y cuando tengas la suerte de elegir una buena película, entre la variada oferta que te hace la cartelera diaria. Más o menos eso fue lo que ocurrió cuando, en una de esas tardes con pleno sabor navideño, asistí a la proyección de un film japonés, presentado en versión original subtitulada. DE TAL PADRE TAL HIJO (Like father, like son) cuyos 120 minutos de metraje fueron rodados en el año 2013. Dirigida por HIROKAZU KORE-EDA (Tokio, 1962), este drama familiar venía avalado con dos importantes reconocimientos: el premio especial del jurado, en el último Festival de Cannes (la Palma de Oro fue concedida a La vida de Adéle) y, también, el premio del público, en el reciente Festival de San Sebastián. Aunque no siempre tu “instinto” (ayudado por alguna publicidad, al efecto) te hace acertar en la elección por la que has optado, en esta ocasión los espectadores nos encontramos con la grata sorpresa de un excelente material cinematográfico en pantalla.


¿CÓMO ES LA TRAMA ARGUMENTAL DE  LA PELÍCULA?

La historia muestra el drama de dos familias que han de afrontar la muy dura experiencia de conocer, a los seis años desde su nacimiento, cómo sus hijos fueron intercambiados en la maternidad del hospital. Unas pruebas médicas, realizadas cuando el hijo de una de ellas va a ser inscrito en un prestigioso colegio infantil, desvela ese trágico error perpetrado en dos senos familiares. En realidad, no fue un error. En el fondo de esa terrible e injustificable acción estuvo la mano intencionada de una joven enfermera, en aquellos momento anímicamente desequilibrada por problemas de índole privada. Al paso del tiempo estas dos familias, de estatus socioeconómico muy diferentes, comprueban con estupor que esos dos niños, a los que llevan criando ya seis años, no tienen la misma identidad genética, correspondiente a sus respectivos padres y madres legales. La dirección del hospital, que ha de afrontar la ineludible responsabilidad judicial, pone en comunicación a las dos familias para que decidan cuál es la solución menos lesiva para el equilibrio futuro de ambas criaturas. Desde un principio aconsejan la reparación del error, sugiriendo que cada niño recupere el contacto y la unión con sus verdaderos padres. Por supuesto, de manera gradual. En todo caso, la decisión última deberá estar siempre en manos de sus respectivos progenitores, mediante el apoyo técnico especializado, la reflexión y el diálogo. Pero el problema no es tan simple de superar con facilidad, entre otros factores, porque la sociología de ambas familias es notablemente contrastada.


LA FAMILIA NONOMIYA

RYOTA (Masaharu Fukuyama, 1969) y MIDORI (Machiko Ono, 1981) son padres de un niño KEITA que tiene seis años de edad. Forman una acomodada familia, que reside en un barrio burgués de la capital. Él ejerce su profesión de arquitecto, en una importante empresa constructora. De origen modesto, se impuso desde la juventud la premisa del esfuerzo y la dedicación obsesiva, a fin de ir labrando el cualificado estatus profesional que hoy posee. Como contrapartida, su atención familiar se ve reducida por ese afán laboral que embarga la disponibilidad de su tiempo. Tiene una joven y dulce esposa, Midori, que acepta la situación en aras de la estabilidad del hogar. Pero su hijo, Keita, siente la ausencia de un padre entregado a las necesidades laborales, sintiéndose tratado de una forma muy exigente por Ryota que quiere ver en su hijo (estudios, aprendizaje de piano, deportes) su propia proyección personal de esfuerzos, ambición y éxitos continuados en los objetivos. A esta familia nada le falta en lo material, aunque la autoexigencia profesional del padre debilita el calor y afecto que tanto la madre y el niño anhelan en lo más íntimo de su ser. Y lo más penoso es que Keita percibe la decepción paterna, que desearía un hijo que fuera prácticamente su otro yo. El inmenso golpe que afecta a esta familia cuando conoce que el niño que tienen es de otra madre, es recibida por Ryota con una doble perspectiva. Indignación en un principio por el error, aunque también con la interpretación egoísta de sentirse aliviado conociendo que Keita no es de su propia sangre. “Eso lo explica todo” es la terrible frase que llega a pronunciar, tras el impacto emocional por esa revelación de la diferente consanguinidad.


 
LA FAMILIA SAIKI

YUDAY (Lily Franky, 1963) y YUKAY (Yoko Maki, 1981) tienen tres hijos, dos niños y una niña. El mayor, RYUSEI tiene seis años. Nació el mismo día que Keita, en el mismo hospital. Viven de forma modesta, pero muy felices. Yuday posee una pequeña tienda de material eléctrico con la que sostiene la humildad de su hogar. Su nivel cultural y educacional es notablemente inferior al de Ryota aunque es persona habilidosa (arregla los juguetes estropeados de sus hijos) y de muy buen carácter. Dedica gran parte del tiempo disponible, tras su trabajo, a estar junto a sus hijos, con los que juega y disfruta, como un niño grande. Para él y para su mujer, los hijos son el mayor y mejor patrimonio de que gozan en la vida. Cuando conocen la verdadera realidad genética de Ryusei, comprenden e integran la circunstancia mucho mejor que los Nonomiya, aunque se proponen obtener una buena compensación económica de la entidad hospitalaria como indemnización. El contraste educacional de Yudai con Ryota es revelador de los diferentes contextos sociales en los que ambas personas se han desenvuelto.


DE NUEVO, EL INTERCAMBIO
DE LOS DOS NIÑOS
Siguiendo el consejo de los responsables hospitalarios, las dos familias inician un gradual acercamiento, a fin de que los dos pequeños se vayan integrado poco a poco en el seno de la familia que les corresponden. Hay momentos de tensión en ese proceso, cuando Ryota llega a proponer a los padres de Ryusei que éste se viniera a vivir con ellos, pero que también hiciera lo mismo Keita, permaneciendo en el hogar en el que ha estado viviendo hasta ese momento. Las estancias de los dos pequeños con sus verdaderos padres genéticos  se van haciendo cada vez más prolongadas en el tiempo. Es una decisión sumamente difícil, pero al fin acuerdan que los dos niños ocupen el lugar correcto dentro del contexto o línea genética al que pertenecen. Ambos padres piensan que, con el paso del tiempo, estos pequeños integrarán y asumirán el intercambio.


LA REACCIÓN DE KEITA Y RIUSEI

A pesar de que el proceso de asimilación es lento, a fin de que los pequeños lo asuman, uno y otro niño lo interpretan de manera desigual. KEITA encuentra en su verdadero padre, ese cariño, esa aceptación, esa dedicación en el tiempo que no hallaba en Ryota, una persona obsesa para su obligación y ambición profesional. El tener dos nuevos hermanos con los que jugar y compartir la infancia es un don añadido a ese difícil trance en el que se ha visto envuelto y que no logra entender bien. Su antiguo padre le decía que algún día comprendería la situación. Ahora tendría que cumplir “la misión” que se le había encomendado. Como si todo fuera un juego.
Sin embargo, RIUSEI sufre, cada uno de los días, la ausencia de aquellos padres y hermanos, con los que ha convivido durante los seis primeros años de su existencia. No entiende ni le agrada el tipo de vida, acomodada en lo material y en el esfuerzo, que trata de imponerle su verdadero padre. A pesar de la dulzura y cariño que le aporta  su madre, echa de menos esa alegría, esa libertad, esa forma de vida que tenía con Yuday y Yukay. Incluso en una ocasión se rebela con este cambio convivencial y se escapa hacia la casa de sus antiguos progenitores. En esta ocasión es precisamente Yuday quien le manifiesta a Ryota su disposición a quedarse con los cuatro niños. El pequeño no se siente feliz en su nueva familia. Una y otra vez, le reitera a sus padres que quiere volver a su antiguo hogar, para volver a jugar y sonreír con los que considera sus hermanos.


EL FINAL, DE LA COMPLICADA HISTORIA

Ryota comprende que su forma de ser y vivir la paternidad no es la más acertada. Asume los necios errores que ha cometido con “sus dos hijos”. El genético y con aquel otro que el destino puso en sus manos. Reacciona en positivo, pidiéndole perdón a su “hijo” aunque no sea de su propia sangre. Siente que se está perdiendo una parte fundamental en la vida de cada persona: ser padre y ejercer como tal. El trabajo y las jerarquías laborales, pasan. Los hijos, no. Incluso su propia mujer, Midori, rompe su sumisión y comprensión conyugal, afeándole la pobre conducta que ha tenido hasta el momento con el que siempre va a ser su hijo. Aunque sea una paternidad no sanguínea, sino relacional. Parece ser que, a partir de este momento, la unión de ambas familias va a ser cada día más intensa.


 
PERO TAMBIÉN….. PUDO SER ASÍ

Tras esas fallidas experiencias de integración, con el sufrimiento subsiguiente de los niños, ambas familias deciden volver a la situación previa al hecho que ha conmovido sus vidas. Keita y Ryusei vuelven con los padres que los han cuidado desde que vinieron al mundo. Con el paso de los años, dadas las buenas y estrechas relaciones entre los dos hogares, los críos no se recatan en manifestar: tengo dos papás y dos mamás. Y en este sorprendente hecho hay dos personas que con tacto, delicadeza y mucho amor, contribuyen a formar una única familia en el corazón: las dos mujeres que han aportado el calor de la maternidad, Midori y Yukay. Ambas sonríen, ante esa gran familia que, afectivamente, acaban conformando. Al espectador, tras el visionado de la interesante e instructiva cinta, le queda un complicado interrogante. ¿Qué ha de prevalecer en la responsabilidad paternal, la fuerza vincular de la genética o el afectivo valor convivencial? La respuesta es obvia, en el marco ejemplar de la generosidad: sin duda, el amor.-


José L. Casado Toro (viernes, 17 enero, 2014)
Profesor


viernes, 8 de noviembre de 2013

ÁNGELES AZULES, EN EL CAMINO DE LA DEGRADACIÓN.


CINE CLÁSICO, PARA DISFRUTAR Y REFLEXIONAR.

Realizar una valoración crítica, sea de una película, de un material literario o de una obra artística, resulta una gratificante y saludable aventura, para el lector o el espectador. Ese esfuerzo analítico puede ser más o menos afortunado en sus resultados. Sin embargo, la reflexión que nos proporciona resulta de lo más plausible, tanto para sus autores como para todos aquellos con quienes se comparte ese noble esfuerzo de ejercicio intelectual. Y no hay que ser un gran especialista en la modalidad artística, literaria o cinematográfica, objeto de estudio, para conseguir ese enriquecedor objetivo. Cualquier persona, aficionada a estas modalidades de la cultura, puede y debe aventurarse en dicha práctica analítica, a fin de obtener y contrastar conclusiones que sean útiles para nuestro acervo intelectual, sean conceptos, destrezas y, muy especialmente, valores.

Hace pocos días gocé con la grata oportunidad de visionar una película, perteneciente al más puro género clásico. Esa loable filmoteca, que cada uno de los jueves nos proporciona el Cine Albéniz, junto al entorno monumental de la Málaga antigua, proyectaba un mítico film alemán, con más de ochenta años desde su realización. El Ángel Azul (Der blue Engel) fue rodado en 1930, por el prestigioso director Josef Von Sternberg (Viena, 1894 - Hollywood, Los Ángeles, California, 1969) e interpretado, en sus principales papeles, por la no menos mítica Marie Magdalene Dietrich –Marlene- (Berlín, 1901 – París 1992), Emil Jannings (Rorschach, Suiza 1884 – Strobl, Austria 1950) y Kurt Gerron (Berlín 1897 – Auschwitz, Polonia, 1944).

A pesar de ser un film octogenario, en su elevada cronología, no es difícil trasladar la trama argumental que nos regala a cualquier otra época de la vida. Su ilustrativo mensaje sirve de pauta formativa para todos aquellos que podemos caer en el error personal de abandonar la identidad que nos vincula, adentrándonos por los inciertos y tenebrosos caminos de la degradación y la autodestrucción personal. Resumamos, básicamente, el argumento de esta historia, modelada a través de sus 109 minutos de metraje. Se trata de una de las primeras películas sonoras de la cinematografía alemana, con una bella e inolvidable fotografía en blanco y negro, con un gradiente de grises luminosamente expresionista en su conformación “pictórica”.


RESUMEN ARGUMENTAL DE LA HISTORIA.

Un prestigioso, culto y rígido profesor de literatura inglesa, Inmanuel Rath (Jannings), que permanece soltero a sus más de cincuenta años de vida, reprende a sus jóvenes alumnos por dedicar parte del tiempo para estudiar en visitar un afamado cabaret, denominado El Ángel Azul. Allí actúa cada noche la aplaudida, escultural y sensual cantante, Lola-Lola (Dietrich), junto a otros artistas, como el propio director del local Kieper (Gerreon) que ejerce de mago ilusionista. Ellos, junto a otras bailarinas y payasos, divierten a un numeroso público enfervorizado y embriagado, tanto con los atrevidos desnudos que contempla como con el abundante alcohol que sus organismos consumen. Estamos en la Alemania de los años veinte, donde gobierna la República de Weimar antecesora de la llegada al poder del nazismo. Conociendo la actitud desordenada de sus alumnos, una noche el severo y preocupado profesor acude a ese local de variedades, a fin de proteger la salud moral de sus discípulos, a los que espera encontrar y salvar de aquel tugurio decadente para sus jóvenes vidas. Ese decisión le permite conocer a la joven Lola-Lola, enamorándose perdidamente de su cuerpo y atrayente sonrisa. La atracción física, que cultiva cada jornada, le hace descuidar sus obligaciones docentes, ya que se siente dulcemente atrapado por los encantos que cree ver en la sensual artista. Tiene que abandonar su académico oficio intelectual, convirtiéndose en un “perro faldero” de Lola, con la que contrae matrimonio. Además de asistirla en su camerino y giras por todo el país, él mismo cambia la toga profesional por los ropajes lúdicos de un muy veterano payaso que actúa, en el número que presenta el mago ilusionista Kiepper, como un gallo que distrae y hace reír a la clientela cantando el ki-ki-ri-ki. Una noche, la crueldad de su jefe le hace actuar en su propia localidad natal, donde los que fueron sus alumnos y demás autoridades acuden a verle descender a lo más profundo de la decadencia personal y anímica. Humillado y despreciado, de forma constante, por la lujuria y el adulterio de Lola, en esa ultima actuación ante los antiguos convecinos y compañeros de Instituto, huye desorientado y avergonzado, con su modesto atalaje de payaso, por las calles que cimentaron su prestigio y autoridad, ahora irremediablemente perdida. Desesperado y avergonzado, acude a su vieja escuela, falleciendo en el aula donde impartía doctrina intelectual. Plástica y desgarradora imagen, contemplarle agarrado a su escritorio, como un náufrago perdido en el mal de la indigencia, ante un desequilibrio personal y una moralidad desgraciadamente arruinada.


ALGUNOS TRAZOS SIGNIFICATIVOS PARA EL COMENTARIO.

1. Ese contraste del tránsito personal, entre un admirado e ilustrado profesor y un modesto y burlado payaso, resulta patéticamente demoledor. Desalienta comprobar como un ser puede descender a los escalones más degradados del comportamiento social y privado, atrapado en las redes, invisibles, lascivas y sensuales, de una primaria mujer que sólo ofrece la atracción de su anatomía corporal, además de algunas caricias y gestos banales para la materialidad. Definiríamos la incomprensible conversión del profesor Rath con esa difícil pregunta para la respuesta de “cómo puede cambiar tanto una persona, en tan poco tiempo y con tan escasos fundamentos para la modificación”.  Tal vez al alcanzar su medio siglo de existencia, en la privacidad de su intimidad, llega un día la luz de la atracción física y de ese cariño superficial del que se ha carecido durante tanto tiempo. Cree encontrar el afecto físico y humano que el destino se ha mostrado huraño en concederle, a pesar de otros incentivo profesionales y sociales que, en realidad, nunca llegaban a compensar la profunda enfermedad de la soledad. Pero esta luz, a modo de maná salvador para la angustia íntima, le conduce a la deriva de una ciénaga degradada, humillada y desnaturalizada,  ausente del más básico  sentido de la racionalidad. 

2. Entre la Christine, de Testigo de Cargo (1957) y la Lola-Lola, de El Ángel Azul (1930) han pasado casi tres décadas en la vida de esta enigmática y atrayente actriz, llamada Marlene Dietrich. Su imagen, con esa mirada embrujada de mujer calculadora y fría para con los demás, le acompañaría hasta el final de su existencia, superando los noventa años de vida. Sería injusto, desde luego, focalizar en ella toda la responsabilidad por ese hundimiento en la integridad personal del veterano profesor. Es evidente que en esa degradación de la honestidad, padecida por una recta persona, los señuelos físicos de la joven tienen una incidencia especialmente notable. Pero también no es menos cierto que la imaginación, la necesidad y las carencias afectivas del prestigioso intelectual obran de manera muy expeditiva en los absurdos de su respuesta. La maldad o la perversidad no tiene por qué vincularse, obviamente, a un género determinado. El amor, la atracción, el vértigo de la sensualidad compartida es, obviamente, cosa de dos. En el caso de Lola, con respecto a Rath, la importante diferencia de edad y condición entre ambos, condujo a la burla, a la traición, a la humillación y al más deleznable desprecio de ella hacia él..

3. Inmanuel Rath no es un hombre penosamente enviudado. Ni un ser despechado por el adulterio de una innoble esposa. Tampoco una persona abandonada o carente de valores en la procelosa selva de lo social. No es un primario analfabeto o un ser desgraciadamente sumido en la pobreza.  Es, por el contrario, un intelectual de prestigio, temido, respetado y admirado, al tiempo, por sus alumnos. Apreciado por sus compañeros de cátedra. Valorado en el contexto próximo de sus conciudadanos, por el recto ejercicio profesional que ejerce en la admirable tarea formativa de las jóvenes generaciones. Y sin embargo, en la cronología ecuatorial de su vida, encuentra suficientes incentivos como para tirar por la borda un patrimonio de valores que había logrado consolidar al paso de los años. Pero no cae en la cuenta que esos cantos de sirena le alejan, de forma irremediable, de su realidad, de su esquema existencial y de ese destino que, libremente, ha deseado construir. Con la más noble de las intenciones, penetra en ese turbio mundo de  los tugurios cabareteros. Quiere salvar a sus alumnos sin caer en la racionalidad de que, a pesar de todos sus fundamentos categóricos, es una persona débil y necesitada que se siente atrapada en una sutil tela de araña, camino de la autodestrucción. Así son las personas. Así podemos comportamos los seres humanos. Lo tenía casi todo, pero le faltaba lo más importante en el caminar del día a día: una familia. Y, sobre todo, el amor.


PERO TAMBIÉN…….. PUDO SUCEDER ASÍ.
Los sentimientos afloran, cuando más inesperada parece su reconfortante llegada. Ver las lágrimas de su marido, arrinconado en un lateral del escenario, ante las mofas y burlas de los espectadores, provoca la compasión de Lola. Los gritos desgarradores del viejo payado, haciendo un ki ki ri ki, desentonado y patético, le hacen abandonar los brazos de su amante actual, corriendo hacia Inmanuel, al que abraza, sacándole de aquel ambiente de escarnio y humillación. A la mañana siguiente, ambos abandonan El Ángel Azul, y se les ve juntos en una vieja y destartala estación de ferrocarril. Van a iniciar un largo viaje, camino de algún destino de luz y esperanza, con el escaso bagaje material de su modesto equipaje. El vapor de la máquina ferroviaria los envuelve, a modo de espesa neblina, en un andén prácticamente vacío de viajeros, a esa hora temprana de la mañana. La maravillosa escala de grises del rancio celuloide nos permite imaginar cómo, desde el cielo brumoso, se dibujan unos contornos que semejan formas celestiales. No son precisamente azules, sino transparentes siluetas que nos hacen volver a creer en el amor y en la racionalidad. Los títulos de crédito ponen el fin a esta historia que sabe hermanar la frialdad de la  conciencia con el limpio sentimiento del corazón.-



José L. Casado Toro (viernes, 8 noviembre, 2013)
Profesor


viernes, 14 de junio de 2013

15 AÑOS. ADOLESCENCIA Y FAMILIA.


Es una edad preciosa y difícil al tiempo. A ratos, apasionante. En no pocos casos, descontrolada. Pero gozando la plenitud natural de la vitalidad. Incluso, en la expresión popular, se le suele dar al número quince el dulce apelativo de “la niña bonita”. Muchos jóvenes alcanzan esa edad nuclear, que pone fin a la infancia y abre el camino de la adolescencia, con un buen equilibrio en sus respuestas. Ante el entorno, que les vincula. Y, también, ante la identidad de sus propias conciencias. Pero en otros casos, ciertamente bastante repetitivos, esa frontera cronológica supone un mar tempestuoso para la complicación. Sufren ellos y padecen quienes les acompañan. Padres, profesores, familiares y amigos, pueden dar fe de estos contrastes que tanto afectan al carácter de los jóvenes adolescentes. Hablamos de una edad en la que se suele mezclar la rebeldía, ante lo establecido, la insatisfacción, ante la racionalidad de lo natural, la introversión o la huida, ante las formas o los comportamientos y el desprecio inconformista, ante un entorno que se considera falso y agresivo. Para algunos puede suponer la denominada “edad del pavo” pero, en otros muchos casos, puede considerarse la edad o etapa de la primera,  y especialmente emblemática, gran crisis existencial en las personas.

GRACIA QUEREJETA MARÍN (Madrid, 1962) nos traslada, en su sexta dirección cinematográfica, a ese mundo en el que jóvenes y familias tratan de negociar un punto común de equilibrio, en la inestable y recíproca ventisca de la incomprensión personal. 15 AÑOS Y UN DÍA, estrenada comercialmente el viernes 7 de junio (dos días más tarde, su padre Elías Querejeta Gárate (Hernani 1934 - Madrid 2013) un gran productor de cine, nos dijo adiós, en la búsqueda de nuevas producciones, por el cielo inmenso de las estrellas) fue premiada en el pasado Festival del Cine Español, en Málaga. Recibió la biznaga de oro a la mejor película, junto a la biznagas de plata al mejor guión (de la propia Gracia y Antonio Santos) y banda sonora original.  


SÍNTESIS ARGUMENTAL

JON (Arón Piper, Berlín 1997) es un chico de quince años, huérfano de padre, desde los diez. Atraviesa una fase difícil en su carácter: inconformismo, soluciones drásticas, profunda irresponsabilidad, agresividad como respuesta, desprecio al fin ante un entorno que le condiciona y limita en su percepción. No puede comprender que los demás sufran, soportando sus incómodas acciones que llevan el signo de lo desagradable, el riesgo e, incluso, la violencia. Vive junto a sus madre, Margarita. Pero así no es como llaman en familia a esta mujer.

MARGOT Aguirre (Maribel Verdú, Madrid 1970) es viuda de Nicolás, el cual puso fin a su vida tras conocer las infidelidades afectivas que mantenía su compañera, pero dejando a ella y a su hijo en una cómoda situación económica. Margot quiere e intenta ser actriz,  pero fracasa, una y otra vez, cuando se presenta a las pruebas de casting. Protege y disculpa todas las acciones de su hijo, hasta que las violencias del joven le mueven (tras su expulsión del colegio) a enviarlo, los meses del verano, para que viva junto a su abuelo Max, a fin de que éste intente enderezar al díscolo nieto. 

MAX (Tito Valverde, Ávila 1951) es un militar retirado que intervino en la Guerra de Bosnia  (Mostar, Bosnia y Herzegovina) conflicto que le ha dejado muy marcado en su carácter. Tras cuarenta años de matrimonio, hace tres que se ha separado de su mujer CATI (Susi Sánchez, Valencia 1955), yéndose a vivir, junto al mar, en Alicante. El sentimiento de rechazo y desprecio, entre ambos ex cónyuges, es manifiesto y constante. Max intenta enderezar el comportamiento desviado de su nieto, pero los choques, generacionales y de carácter, en dos seres con profundos problemas de identidad, se suceden en el día a día.

Jon hace pronto amigos, en esa bella ciudad mediterránea del levante peninsular. Son jóvenes desarraigados, que viven en una cierta marginalidad de las buenas costumbres. Así es el caso de NELSON, el grupo de los ecuatorianos y, también, ELSA, una dulce adolescente que trabaja en el cíber regentado por su padre y que por las tardes ejerce de peluquera. Es la novia de Nelson pero, paulatinamente, se siente atraída hacia Jon. También interviene, en la narración de la historia, un chico gay, TONI, que cultiva la música y que por su formación cultural es encargado por Max  para que ayude en el estudio a Jon, aunque éste rechaza ese oferta de aprendizaje.

La última parte de la película adquiere tintes sombríos en la inmensidad de lo dramático y lo criminal. Violencia, muerte y horas de hospital, en el mundo de esos chicos que malgastan las oportunidades para mejorar como personas. Y, en esta fase del metraje, adquiere protagonismo la no bien explicada figura de la inspectora ALEDO (Belén López, Sevilla 1970), separada y rechazada por su hijo, también de quince años, que vive con su padre. Mantiene un difícil acercamiento afectivo con Max.


ASPECTOS INTERESANTES PARA EL ANÁLISIS


a   a)  MAYORES Y JÓVENES.

Sería fácil, pero alejado de lo justo, plantear un discurso simplista acerca de la insensatez de esos adolescentes. Jóvenes que malgastan la oportunidad de su tiempo y se enfrentan, violenta e incluso criminalmente, a un mundo que rechazan, no entienden y desprecian.  Pero ¿y los adultos? ¿Qué ejemplo, que tipo de valores les están aportando? Si focalizamos este planteamiento en Jon ¿qué es lo que ha estado “libando” metafóricamente hablando, en sus quince años de vida? Una madre que le da la razón cuando, en la mayoría de ocasiones, no la tiene. Y eso es maleducar. Esa misma madre, acomodada en lo económico, engaña a su marido (persona obsesionada por los automóviles) quien sintiéndose frustrado y relegado, pone fin a su vida. Se aleja de la crueldad de su mundo, pero deja huérfano a un hijo, con diez años, que necesita del amor, la responsabilidad y autoridad, de un padre, para siempre ya, ausente. Jon tiene unos abuelos que, tras décadas de convivencia, caen en la cuenta que entre ellos ya no existe nada, sólo el rechazo recíproco e incluso el odio. Para el chico, el mundo de los mayores es falso y sin el sentido lógico que percibe su necesidad. ¡Cuántos dramas hay en muchos jóvenes cuyo origen se halla en la incapacidad, en el egoísmo y en la pobreza en valores de unos familiares escasamente ejemplares, para la óptica de unos pre - adolescentes, en plena fase de evolución orgánica y temperamental!

     b) ¿CREDIBILIDAD INTERPRETATIVA?

Para aquellos espectadores que sean especialmente observadores de esta cualidad o capacidad artística, el oficio de estos personajes no llega a convencer en plenitud. Ni a pesar de sus desplantes, travesuras y fechorías, el joven Jon da la imagen de un adolescente visceral, violento o pre-criminal. Sólo con mirarle a la cara nos damos cuenta que está lejos, muy lejos, del Antoine Doinel, en  Les 400 coups (Los 400 golpes) François Truffaut, 1959. Max hace footing, da órdenes a su nieto,  habla de la guerra de Bosnia, pero difícilmente da la talla de un soldado amargado, con el necesario carisma castrense. Cati, la abuela materna, intenta mostrar su rencor de mujer frustrada, en el ocaso de su vida pero, plano tras plano, no lo consigue. Si no hubiera aparecido en pantalla, no habría sido echada de menos. Ese amor de última oportunidad, entre Max y la inspectora Aledo, resulta falso, sin garra, falto de explicación, a pesar de la cita “para el aliño” del penúltimo plano fílmico. Posiblemente esos pies que corren por el agua de la playa, antes de los títulos de crédito, sean los de esta mujer que nos quiere convencer que ejerce de policía. Al chico gay, Tony, que practica el solfeo y hace de profesor para Jon, le hacen llevar a cabo una interpretación que resulta francamente ridícula. Un buen director debe modelar la expresión de los personajes, como primer objetivo escénico. Y esa expresión, en este chico, es sencillamente patética. Sin duda, él no tiene la culpa. Sólo Maribel Verdú, Margot, con su buen oficio, aporta algo de esa credibilidad que echamos en falta a lo largo de una gran parte de esos 96 minutos de vidas infelices.

c   c)  ¿RESULTA DE UTILIDAD, SU VISIONADO?

Sin duda. Una persona que ama el cine siempre encontrará, en la proyección de una historia, valores y aspectos interesantes para su inteligente y pragmática aplicación a la vida. Todo film, desvaído o valioso en su realización, genera un enriquecimiento didáctico para nuestra constante e insaciable necesidad de aprender. El problema con esta película consiste en que la crisis de la adolescencia es un tema recurrente, en el cine de todas las épocas. Y este loable esfuerzo, de la directora Querejeta, lo sentimos como muy light, sin la garra o intensidad suficiente a fin de que nos impacte su historia, la interpretación o el mensaje. No convence. Y ese es el problema. Sería innecesario visionar esta cinta para afirmar que la crisis de un adolescente es la crisis previa de una familia, de un entorno social y de un mundo donde los valores han dejado de sustentar a no pocas, sino muchas, de las respuestas.


¿Y QUÉ PUDO SUCEDER DESPUÉS?

A pesar del atractivo físico y social que posee Nerea, su novia o pareja madrileña, Jon no olvida la humildad, sencillez y cariño que irradia Elsa. Esos tres meses en Alicante han calado mucho en su vida por lo que, tras comenzar el nuevo curso, con nuevas crisis y fracasos escolares, pide a su madre que le permita volver a vivir con su abuelo. Aunque Margot rechaza, en principio esta posibilidad, su relación (fogosa y sexualmente descontrolada) con un productor de televisión, once años menor que ella, prioriza sus intereses sobre la racionalidad responsable. Jon se encontrará mejor con  esas nuevas señas afectivas que ha encontrado en el levante mediterráneo. La relación de Aledo con Max se va consolidando, pues son dos almas solitarias que buscan desesperadamente esa luz que les permita gozar de amaneceres y atardeceres que justifiquen la existencia.

La joven Elsa, la chica que no quiso estudiar “porque carecía de memoria”, está peinando a una señora obesa que ojea, somnolienta, una revista del “corazón”. Sigue castigando sus manos con ese shampoo de cada día cuando ve, con ilusionada sorpresa, a una querida persona, por el cristal empañado en la humedad del otoño. Hay luz, tras una ventana que conforta, susurra y habla. Ambos gozan de la sonrisa, mientras un diligente zoom nos va alejando, de manera progresiva y romántica, del interior y exterior de ese modesto, pero verdadero, espacio que sustenta cariño y necesidad. La sobreimpresión de los títulos de crédito se ve acompañada con una suave y dulce acústica para la esperanza.-

José L. Casado Toro (viernes, 14 junio, 2013)
Profesor
http://www.jlcasadot.blogspot.com/