La vida nos enseña cómo, en los momentos más críticos de las personas, pueden aparecer caminos o luces que permiten salir o liberarnos de las tinieblas problemáticas en las que nos hallamos sumidos. ¿Suerte, oportunidad, imaginación, casualidad, esfuerzo…? Ese destino, que tanto interviene en nuestro recorrido vital, siempre ayudado por el aporte insoslayable de la voluntad, sería el único que podría responder a este complicado interrogante. Hay personas que identifican a ese críptico destino, con la fe, con la providencia divina, que sustenta a las diversas religiones. Vayamos ya a la historia de este relato, que aporte valores a nuestra rutina de cada día.
ISRAEL Ramírez trabajaba como funcionario de la Administración de Correos, en la central madrileña, atendiendo al departamento de clasificación y paquetería. No tuvo estudios destacados, ni especiales resultados, en su etapa escolar. Su mayor nivel de titulación era un módulo profesional de grado medio sobre la técnica cinematográfica, que enriqueció a los pocos años con otro módulo, ya de grado superior, sobre dirección y producción en el cine.
Efectivamente, desde pequeño Israel se caracterizaba por ser un gran “cinéfilo”. No había semana en que, con sus padres o con sus amigos, faltase a una sesión de programa doble, en las numerosas salas de la capital madrileña. Consideraba el cine como el oxígeno que necesitamos para la distracción, el pensamiento y el enriquecimiento de nuestras vidas. Tuvo varios trabajos en el ámbito de la restauración, hasta que logró entrar como auxiliar en la Estafeta Central de Correos, con 26 años cumplidos. Supo echar raíces en esa “colocación”, pues en un par de años consiguió una estabilidad como funcionario, en unas convocatorias de oposición de régimen interno. Esa actividad laboral le permitía dedicar las tardes a esa gran afición que llevaba “inoculada” en su sangre, siendo un espectador fiel y entusiasta con casi todo lo que se proyectaba en las grandes pantallas de los cines. Su horario laboral era de 8 a 15 horas, entre lunes y viernes, aunque una mañana de cada cuatro sábados tenía que acudir a su puesto de trabajo.
Ya en la treintena, tras la realización de un curso práctico de dirección de cortos y películas, y disponiendo de una notable bibliografía sobre el séptimo arte, se le despertó esa ilusión, revestida de utopía, que en realidad había mantenido desde años atrás, de dirigir el rodaje de una película. Como era persona diestra en la creatividad literaria, pasó unos meses escribiendo un detallado guion que, en su momento y según las circunstancias, podría ser llevado al cine. Paso muchas tardes sentado ante su entrañable ordenador MAC tecleando con admirable constancia una historia que como título provisional se llamaría PAUL & SARA, una sutil comedia dramática, entre dos personas afectadas por la bipolaridad (trastornos anímicos muy contrastados y cambiantes). Después de casi medio año dedicado, como primerizo, a esta difícil labor, entendió que el dossier (180 folios) estaba presentable, como para llevarlo a encuadernar y ofrecer copias del guion a las oficinas de productoras con una cierta categoría empresarial.
Con ilusión y paciencia fue visitando productoras madrileñas, utilizando para ellos las tardes que las tenía libres en sus obligaciones laborables de Correos. Trataba de convencer a los productores, para que aceptaran leer “el libreto” que con tanto esfuerzo había escrito. En todas las oficinas, indicaba que, en caso de ser aceptado, se encontraba capacitado para dirigir la película. Fueron muchas las tardes en que, utilizando las líneas del metropolitano madrileño, recorría abundantes km, también a pie, con unos resultados verdaderamente desalentadores. Algunas productoras le respondían que tenían muchos guiones a la espera de ser leídos y valorados. En otras empresas le decían, con meridiana claridad, que tenía que admitir unas condiciones contractuales, lastimosamente “leoninas” si aceptaban leer su trabajo.
Pero la suerte hay que buscarla, con tesón y confianza. Se encontró con una pequeña productora, fundada por cineastas jóvenes, EL ARCO IRIS, cuyo propietario financiero era una persona muy peculiar en sus modales y amistades, llamado MODESTO Manaute, un cuarentón gay muy bromista, aficionado al cine (había intentado ser actor, sin posibilidades reales de éxito) que desarrollaba una vida bastante relajada y ociosa, gracias a que había recibido una herencia muy estimable de su abuela materna, propietaria de muchas hectáreas de tierras dedicadas básicamente al cultivo de cereales y ganado bobino, en la provincia castellana de Zamora. Desde el primer momento, hubo sintonía entre Isra y Mode, ya que ambos compartían intensamente la misma vocación cultural y tendencia sexual. El “libreto” guion de Paul & Sara encantó al bien parecido productor quien, después de varios encuentros, en una noche de delirio le confesó su 9ilusionado propósito: “Vas a dirigir tu primera película, querido Mode. Te voy a llevar a los altares del reino cinematográfico”.
Unos meses después, una vez superadas dificultades técnicas y económicas, la película finalizó su rodaje, contando con voluntariosos actores jóvenes, no conocidos en el mundo del cine, pero que supieron rentabilizar creativamente la carga dramática de una fascinante historia. La maestría innata de Israel Ramírez, director y guionista sorprendió gratamente a la crítica especializada y a los espectadores, que sustentaron un muy interesante y prometedor taquillaje. La película fue premiada en algunos festivales, especialmente de cine indie (independiente de los grandes circuitos, reducida financiación y temáticas experimentales y profundas) y también obtuvo su nominación para los premios Goya del cine español. Paul & Sara no consiguió el Goya a la mejor película, pero parte de la crítica consideró que era la vencedora “moral”. La cinta fue vendida a varios países de habla hispana y también subtitulada o doblada al inglés para ser exhibida en geografías de lengua inglesa. Tal era la euforia del joven director y guionista, 38, que solicitó excedencia de dos años de su trabajo como funcionario de Correos, que posteriormente amplió a cuatro. La ópera prima de este joven realizador había causado un gran, inesperado y positivo impacto entre los “buenos” aficionador al cine.
El fulgor relacional entre Isra y Mode fue paulatinamente decreciendo en grados afectivos, tal vez por esa rutina imaginativa y cansina que tanto nos desvitaliza, Sin embargo, Mode siempre estuvo dispuesto a financiar nuevos proyectos (buenos euros habían ganado con esta “primerísima obra” de su amigo y protegido director emergente) Así que tres años después, Isra pudo rodar su segunda película, de la que también era guionista. Muy esperado por la crítica y el público aficionado, dio sorpresivamente un enorme “batacazo” en la opinión crítica y fracaso total en las taquillas. En algunos cines, su proyección apenas se mantuvo durante una semana.
La productora Arco Iris quedó sumida en unos preocupantes “números rojos”. La habilidad de Mode para los negocios permitió sacar a flote a una productora que se “iba a pique”. Fue una gran cura de humildad, que tuvo su negativa repercusión profesional para el futuro cinematográfico del antiguo funcionario de correos. Y así pasaron los meses y años. La vibrante relación inicial entre Mode e Isra ya era historia. El funcionario de correos y frustrado director del séptimo arte se vio obligado a pedir el reingreso en su antiguo ámbito laboral. Tenía que “comer”. Su fama de “joven prodigio” se había volatizado. Era un realizador fracasado, tras su segunda y desafortunada película en la apreciación popular.
Con una edad que se aproximaba al medio siglo de vida, Isra trabajaba como oficial de Correos, aunque por las tardes seguía disfrutando con el visionado de lo mejor que ofrecía la cartelera cinematográfica. No había dejado de escribir, guardando en los archivos de su ordenador decenas de páginas, que podrían sustentar algún día interesantes guiones para ser llevados a las pantallas. Una tarde, cuando salió de su trabajo, vio con sorpresa que lo estaba esperando su viejo e íntimo amigo, Modesto Manaute.
“Recuperemos la amistad, mi querido amigo. Te confieso que estoy medio arruinado. En los dos últimos años he tenido una relación afectiva, tumultuosa, llena de denuncias recíprocas y reconciliaciones, con un joven de nacionalidad china, experto en artes marciales, que se esfuerza por ser un gran actor en pantalla. Todo ello me ha dejado con “números rojos” en mi cuenta bancaria. Ahora sólo subsisto con algunos pequeños proyectos y encargos en el ámbito publicitario. Pero no debes preocuparte, ni aceptar el freno de tu carrera como director y guionista. El público se va olvidando del traspiés que tuvimos en tu segunda realización. Te propongo que luchemos juntos, ahora que estás en plena madurez, por la tercera y definitiva obra, que vas a escribir y por supuesto a dirigir, para recuperar ese liderazgo, éxito al que nunca debiste renunciar.”
Isra, con emoción indisimulada, le contó que tenía preparados no menos que cinco guiones, todos ellos “muy aprovechables”. “Se me ocurre que dos de ellos podrían fundirse en una notable producción que atraería masas de público a las salas. Pero necesitaríamos una gran estrella de las pantallas, para desarrollar con atracción popular la historia ¿Pero qué gran estrella del cine va a querer integrarse en el equipo de interpretación como protagonista, en un Arco Iris sumido en el letargo, y a qué precio …?” “Tengo una gran idea en mente. Déjame que le la explique, querido Isra”.
Y aquí entra en la historia VALENTINA PAZ. “Había sido una gran actriz del cine y también de las representaciones escénicas. Tuvo sus años de esplendor en los años 80 y 90. Con el nuevo siglo, esa luz fascinante que irradiaba en sus interpretaciones se fue paulatinamente apagando, a causa de los gustos de los espectadores y también porque la edad fue haciendo mella en su gran belleza. A partir de su medio siglo de vida, sus apariciones en las películas se fueron espaciando cada vez en tiempos más dilatados. Además, le fueron llegando papeles cada vez más secundarios, dejando el protagonismo a otras actrices más jóvenes en la fama diaria. Ella, imagino que con dolor” fue aceptando esta relegación y olvido del gran público. Desde hace más de una década no ha pisado un plató de rodaje. Físicamente lleva bien su categoría de septuagenaria, pero los años no perdonan ante los caprichos de la masa popular. Hace unas semanas tuve la gran oportunidad de dialogar con ella, cuando asistía a la presentación de una novela de un joven escritor con un best seller ya en su trayectoria creativa. Compartimos unos cafés y con dulzura, pero no pudiendo ocultar su tristeza, me confiaba su dolor por el olvido que sufría por parte de la industria del cine. Y aquí entras tu, Aunque pertenecéis a generaciones distintas, los dos necesitáis un revulsivo para que de nuevo broten nuevas flores, como realizaciones que atraigan de nuevo al público que ha olvidado vuestros nombres. Entre esos guiones que me comentas (siempre has sido un buen escritor) ¿podrías introducir a Valentina, como actriz protagonista?
De esta forma tan oportuna y sugestiva, el ya veterano Modesto estaba abriendo las puertas de la esperanza a dos artistas que habían caído en el hoyo del olvido profesional y popular. Efectivamente, Valentina Paz había rodado en su época álgida más de cuarenta películas, más de la mistad como protagonista absoluta. En la actualidad, vivía con una elegante modestia (su representante había mal utilizado los ahorros de su época glamourosa). Aunque los años del calendario habían marchitado su cuerpo, mantenía esa pícara sonrisa que tanto le caracterizaba. Nunca había perdido la esperanza de ser reclamada por la industria del cine. Sin embargo, esas llamadas, tantas veces esperadas, no tuvieron la generosidad de ser efectuadas. De esta manera, dos almas fracasadas buscaban en camino artístico en el que resurgir.
Fue una conversación emotiva y entrañable, compartiendo sendas tazas de té y unas pastas toledanas, entre un ya veterano director y guionista, que había logrado sobrevivir como funcionario de la administración de correos, y una antigua estrella de la pantalla, que deseaba en su recorrido final por la vida tener una nueva oportunidad para despedirse con dignidad de las bambalinas interpretativas, para el disfrute de sus fieles seguidores.
Isra le dejó un primoroso guion, con el título provisional de LOS ESPEJOS DEL ALMA, para que lo leyera con tranquilidad, prometiéndole que en unas semanas volvería a visitarla para anotar juntos las correcciones necesarias. Todo estaba por hacer, todo estaba por construir, pero dos artistas, sumidos en las horas bajas del camino, habían sabido abrir una puerta esperanzada por donde volvería a entrar esa luz motivadora para un difícil pero fascinante retorno. –
LUCES PARA UN DIFÍCIL PERO FASCINANTE RETORNO
José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
Viernes 03 abril 2026
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