Cuando adquirimos un artículo mecánico o electrónico, también cuando solicitamos un servicio de arreglo en el hogar, solemos preguntar al profesional que nos atiende por algún posible problema o avería que podríamos tener, en cuanto al uso de esa compra o encargo. También estamos bien habituados con respecto a la respuesta que solemos recibir: “eso que me platea difícilmente puede ocurrir, porque el aparato está diseñado con todo tipo de garantías para su funcionamiento. Le va a durar muchos años. Este producto tiene patente alemana y ya sabe cómo son los germanos con respecto a la calidad de lo que venden”. De esta forma salimos del establecimiento u oficina de venta mucho más tranquilos y contentos con la adquisición que hemos realizado. Pero en la vida, nada hay “irrompible”.
La historia de nuestro relato ocurrió en un buen hotel de la bella e histórica provincia de TERUEL, establecimiento con la categoría de cuatro estrellas, en pleno centro antiguo de la capital. Las instalaciones de este centro de hospedaje eran muy modernas, ya que su construcción era bastante reciente. La propiedad decidió instalar dos puertas de entrada. Una de ellas con paneles de cristal giratorio. En el momento que un cliente se acercaba para entrar o salir de la recepción del hotel, el sistema automático se ponía en marcha y los tres paneles giraban lentamente, acompasados a los pasos de las personas que entraban o salían. Algunos de los huéspedes tenían el hábito de empujar los paneles, recordando otras puertas giratorias más antiguas que no tenían sistema electrónico automático. Pero el forzar el mecanismo con el empuje de las manos es desaconsejable, ya que puede provocar que el sistema electrónico se bloquee u otro tipo de ruptura.
Otras ventajas de este sistema de puertas giratorias era evitar que entrara de continuo el aire caliente o frío desde la calle, impidiéndose al tiempo las aglomeraciones de personas en las entradas y salidas del hotel. De todas formas, para incrementar la fluidez del tránsito de huéspedes, además de la puerta giratoria había otra más pequeña utilizando el sistema tradicional, para los viajeros que llegaban con un voluminoso equipaje. En general esa puerta giratoria nunca había dado grandes problemas pues el sistema electrónico, si las hojas se detenían, desde recepción rápidamente se arreglaba con un programa del propio ordenador.
Ocurrió una mañana de septiembre cuando, tras el desayuno, un grupo de veteranos viajeros, pertenecientes a una asociación cultural en Andalucía, vinculados a la Universidad de Mayores de 55, se disponía a abandonar el hotel para subir al autocar, situado a escasos metros. Iban a realizar una de las numerosas, atractivas y cansadas excursiones a pueblos monumentales del entorno, algunas localidades situadas a más de dos horas de viaje desde el centro de la capital turolense. Aquel día el destino era Alcañiz, para disfrutar de la riqueza mudéjar e histórica que atesora la segunda localidad provincial en número de habitantes. Entraban y salían viajeros, para conocer el estado térmico del día y para comprobar el cielo limpio de nubosidad. Lo que en modo alguno podía ocurrir, sucedió.
En un momento concreto, la puerta giratoria de manera inesperada se detuvo, posiblemente por un fallo en el sistema de circuito electrónico motorizado. De la calle había entrado en el sistema giratorio un huésped obeso, calvo y con bigote. Intentó “huir” hacia atrás, sin suerte, Había quedado atrapado en el segmento circular izquierdo, visto desde el interior de la sala de recepción. Se trataba de don BONIFACIO Castillejos, de 81 años. Llevaba en el hombro una mochila marroquí de piel de camello beige. La gorrilla azulada la portaba en su mano izquierda. Calzaba unas zapatillas del mismo color que la gorrilla. Alguien comentó que don Bonifacio había sido antiguo registrador de la propiedad. Parece ser que era viudo, viajaba solo y era muy dado a los chistes y chirigotas. Rápidamente CIPRIANO Rebollón, recepcionista en esa mañana septembrina, de tiempo azulado y fresco, intentó maniobrar desde el ordenador central, a fin de volver a ponerlo en movimiento. Pero el sistema estaba firme e inexplicablemente bloqueado. Todos miraban al Boni, como muchos cariñosamente lo llamaban, dándole ánimo, para que controlara sus nervios.
De inmediato buscaron a GERVASIO Anglada, jefe del equipo técnico, que en ese momento se encontraba desayunando en el buffet del hotel. Apresuró su ingesta y levantándose de su mesa fue a la sección de equipamiento tomando una gran caja de herramientas. Mientras, el viajero “atrapado” o “enjaulado” se mostraba cada vez más inquieto y nervioso. Gervasio estaba analizando un mecanismo que obviamente él no había instalado. La idea que tenía en mente era desmontar uno de los paneles giratorios de cristal. Pero desde la gerencia le indicaron que eran cristales de seguridad de muy elevador grosor. Aconsejó al director del hotel, COSME Santillana, que había que ponerse en contacto a la mayor premura con la empresa instaladora para que indicara las medidas de urgencia a tomar. Había un hombre atrapado en un cubículo triangular de severos paneles acristalados.
Todas estas gestiones marcaban el avance de las manecillas del tiempo. Ya nadie pensaba en Alcañiz, sino en el pobre Boni que se rompió emocionalmente, al escuchar al grupo de los compañeros de viaje cantar, con el mayor desafino: BONI, BONI, BONI, ES COJONUDO. COMO BONI NO HAY NINGUNO. Estrofa que intercambiaban con la muy “críptica y conceptual” A LA BIN, A LA BAN, A LA BIN BON, BAN, BONI, BONI Y NADIE MAS”. El Staff del hotel seguía intentando contactar con la empresa Puertas de Seguridad EL ALACRAN, pero nadie cogía el teléfono, tal vez habían salido a desayunar. El murmullo y vocerío era de elevada y descontrolada acústica. Bonifacio rompió en llanto y como un poseso comenzó a golpear los rígidos cristales y a dar saltos, gritando en estado de paroxismo ¡AUXILIO, SOCORRO!¡QUIERO SALIR DE AQUÍ! QUE VENGAN BOMBEROS, BOMBEROS, ¡ESTOY AQUÍ PRISIONERO! Esa posibilidad de telefonear al Cuerpo de bomberos, para que acudieran con sus hachas a liberar al viajero atrapado, comenzó a ser discutida entre director, recepcionista y jefe técnico de seguridad. Pero antes había que consultar al seguro del edificio, por los destrozos materiales que podrían realizar los zapadores con sus hachas.
Un nuevo elemento agudizó la tensión de los huéspedes y personal del hotel que discutían ante el pobre hombre enjaulado. El mal olor a alcantarilla atorada era cada vez más perceptible. Bonifacio, presa de la exaltación señalaba con las manos una y otra vez su trasero. Los presentes se preguntaban. “¿le habrá dado un dolor de ciática, por los saltos? ¿Tendrá cálculos renales? Cada vez hay más mal olor, a este hombre le va a dar un flato” Entonces, desde el habitáculo de Boni se escuchó un inconfundible, grave y orgánico estruendo mezclado con las voces desesperadas del prisionero ¡AYUDA POR FAVOR, QUE ME ESTOY CAGANDO EN LOS PANTALONES! El olor era cruelmente insoportable. Don Cosme, siempre comedido, ordenó al staff con urgencia, “traigan de inmediato un orinal y alguna cortina, para que el huésped pueda realizar con privacidad sus necesidades, mayores y menores.” Un sombrero con ala ancha de labrador, cedido por un compañero viajero, al que se aplicó en su interior un par de bolsas de plástico, para los líquidos previsibles que podían tener presencia en la necesidad orgánica, sirvió de utilitaria bacina que se le introdujo en el habitáculo por un estrecho margen que existía en la parte superior de las hojas giratorias. Pero llegó tarde el servicio, pues don Bonifacio ya había evacuado todo lo que necesitaba, debido al estrés que lo embargaba. Las cortinas también llegaron tarde, por lo que el “espectáculo” fue presenciado con morbosa y cuidadosa atención por toda la concurrencia, en la que algunos sufrieron mareos, debido al aroma fétido que dominaba la no muy amplia sala de recepción. ¡Pongan el aire acondicionado a toda potencia! ordenaba don Cosme, mientras el servicio de restauración traía botellas de agua y las señoras de limpieza botes de colonia con sistemas de pulverización. La mezcla de aromas tan contrastados provocó una situación de catarsis, en las que unos reían, otros lloraban y la peste dominaba, era sufridamente inaguantable. Alguno pedía la presencia del 061, ya que la masa viajera era de avanzada edad.
Al fin llegó a la zona un coche de bomberos, con el estruendo propio de sus sirenas, acompañado de otro vehículo de protección civil. Dos fornidos bomberos entraron en la sala de recepción con las máscaras antigases en sus rostros (Cipriano, el recepcionista, ya les había puesto en situación en la llamada telefónica de urgencia) y con dos hachazos rompieron la recia cristalera en pocos segundos. Don Bonifacia se hallaba sentado en el suelo, sobre una “alfombra” de aromáticos materiales orgánicos, sólidos, líquidos y gaseosos, cubriéndose el rostro con el sobrero de paja que había entrado tarde en su “celda” averiada. Protección civil traía a un psicólogo, a fin de poner orden en los nervios descontrolados de los veteranos viajeros, embriagados por la emoción y el aroma irrespirable que flotaba en el recargado ambiente.
En pocas horas, los inspectores del seguro y el servicio técnico de la puerta giratoria estudiaron todo el sistema, a fin de esclarecer el fallo técnico que se había producido, con tan lesivas consecuencias físicas y anímicas. Parece ser que un roedor había mordido algunos cables de distribución eléctrica, provocando tal desaguisado. El roedor, tras el suculento condumio, yacía bien achicharrado junto a los cabes quemados.
Todos los sistemas electrónicos, a pesar de los más sofisticados controles, son susceptibles de fallar. En este caso fue un temerario y hambriento roedor el causante de un desaguisado y patético espectáculo que don Bonifacio Castillejos y don Cosme Santillana difícilmente olvidarán. La empresa de puertas de seguridad El Alacrán ha modificado el sistema automático de sus puertas giratorias, añadiendo un uso manual independiente, para cuando falle el sistema electrónico. -
José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
Viernes 25 septiembre 2026
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