Los designios de la naturaleza, aliada con un destino siempre “travieso”, suele regalarnos abundantes y curiosas realidades en nuestro devenir por la vida. Una de ellas, singularmente importante, corresponde a las leyes de la genética. Es el nacimiento de dos seres idénticos físicamente, popularmente llamados GEMELOS, en el mismo parto. La alegría inicial de los padres afortunados es manifiesta. “Hemos tenido no un niño, sino dos”. En su desarrollo vital estos recién nacidos no serán parecidos, sino iguales, siempre en su apariencia física. A estos hermanos gemelos, tan idénticos, sus padres los vestirán normalmente de la misma forma, lógicamente durante su infancia. Ya en su juventud y madurez no mantendrán la misma indumentaria. Otra característica de los hermanos gemelos es que les apetecerá estar juntos, especialmente cuando son pequeños. Pero a la igualdad física no se le añadirá la similitud de mentalidad o carácter. En este peculiar contexto se inserta el relato de esta semana.
La familia Corrales-Berlanga está formada por don AVELINO, magistrado juez de la audiencia malagueña y doña CASIANA, maestra infantil en un grupo escolar público de la misma ciudad. Este matrimonio tuvo severas dificultades para concebir descendencia durante años, por lo que decidieron, de común acuerdo, acudir a una clínica privada de fertilización genética. Siguiendo fielmente las normas establecidas por los especialistas en el tratamiento, Casiana tuvo la muy feliz noticia de quedar embarazada. En poco tiempo los médicos anunciaron a los venturosos padres que iban a ser papá y mamá no de un hijo sino de dos. Así nacieron RAÚL y NICOLÁS, aportando la natural alegría a un matrimonio que había sufrido la carencia paternal y maternal.
Estos hermanos gemelos “idénticos” en lo físico, fueron creciendo y paulatinamente se fueron diferenciando en su carácter. A muchos padres les cuesta entenderlo. Igualdad también en la educación familiar y escolar, pero la forma de ser diferente, entre uno y otro, era perceptible sin gran esfuerzo.
Raúl mostraba ser un chico muy activo, deportivo, intrépido e impulsivo, líder entre sus compañeros y amigos, que manifestaba su deseo de llegar a ser como actor el rey de las pantallas. Le gustaba la “fama” y el glamour, pues su afición al cine y a las pantallas era muy intensa. El rendimiento escolar, era normal tirando abajo.
Nicolás era más pasivo, tranquilo reflexivo. Añadía a sus horas de estudio una especial intuición para comprender la cuestiones y problemas de toda naturaleza, No le preocupaba ser eclipsado por la “popularidad” de su hermano, entre los amigos y compañeros. Como había nacido en un hogar repleto de libros, su nivel de lectura era bastante prometedor y cuando se le preguntaba expresaba el deseo de llegar a ser, en su día, un buen e incluso famoso escritor.
Ambos hermanos estudian en un Instituto público de Educación Secundaria, por decisión de Casiana que desea que sus hijos se formen en la enseñanza pública, a la que ella pertenece. Las instituciones educativas privada, laicas o confesionales, considera que no son las más adecuadas para el tipo de ciudadanos que Raúl y Nicolás puedan llegar a ser. Desde su ingreso en el instituto, el equipo orientador decidió separar a los dos hermanos, que hasta el momento habían estado juntos en el régimen escolar.
Los años iban pasando y ya los vemos cursando 1º de bachillerato. Una noche Nico estaba en su cuarto leyendo un libro de relatos cortos, que había conseguido por Internet a buen precio. Le agradaba disfrutar de esas pequeñas historias que te van enseñando cómo se van comportando las personas en su microcosmos existencial, tratando de encontrar valores que enriquecen la personalidad. Se abrió la puerta sin llamar, como en Raúl era habitual, apareciendo su hermano con rostro entristecido y pensativo. El enfado era patente, sentándose en la cama sin pronunciar palabra alguna.
“Si me cuentas lo que te ocurre, te puedo echar un cable. Pero me tendrás que invitar a una merienda (risas). ¿Te ha pasado algo con tu musa, la dulce GEMA? “Pues que me ha dado “calabazas”. A mí me gusta mucho esta niña. La agilidad de su cuerpo, lo tranquila y divertida que parece en su carácter, con esa sonrisa divina que casi siempre tiene para casi con todos. Durante los dos últimos sábados conseguí que aceptara mi invitación al cine. Pero esta tarde me ha hablado claro. Me ha llegado a decir que mi forma de ser no coordina bien con el suyo. Que físicamente no le desagrado, pero que prefiere con otra persona que ser acomode más a su forma de ser. Y me ha soltado un bombazo que no me esperaba. Resulta que te prefiere a ti, porque tu carácter coordina mejor con el suyo. Y con el cambio mantendría el físico, pues somos iguales”.
Nico a duras penas podía contener la risa. “Yo he hablado un par de veces con ella y sólo hola y adiós. No es que me desagrade, me parece una buena chica, pero yo no estoy por ahora con el celo noviero. Me quiero dedicar a mis cosas. Me estoy formando para ser un gran escritor. Tiempo habrá. “No pretenderás que vaya a hablar con ella y haga de casamentero para que te de una nueva oportunidad ¡Vaya par de gansos!” “Pero tú, que tienes mucha facilidad de palabra, le puedes decir que al igual que somos iguales en lo físico, también lo somos en la forma de pensar y actuar”. “No me lo puedo creer, te han dado calabazas y ahora quieres que yo arregle el entuerto”. “Pero yo me fio de ti, para que intercedas por mí”.
Después de pensarlo unos segundos, el bueno de Nicolás, esforzándose, puso la mano encima de Raúl y le dijo “Hermano, veré lo que puedo hacer. Pero después te pasaré la factura (risas) “Eres un artista, Nico, yo sé que siempre puedo confiar en ti”.
La merienda de Nico con Gema se celebró unos días después, en el atardecer de una heladería junto al mar, Puerto de Málaga. La chica estaba emocionada y un tanto avergonzada de tener junto a ella el físico de Raúl, pero el carácter de su hermano gemelo (las bromas de sus amigos los llamaban “los iguales”).
“Yo estoy por ti, Nico, desde hace tiempo. Pero me daba vergüenza decírtelo”. “Yo te lo agradezco Gema, pero en estos momentos no quiero meterme en parejas. Quiero vivir sin condicionantes. Sabes que mi intención es dedicarme a las letras. Te puedo hacer una poesía, si eso te conforma, (risas). Pero tú has nacido para Raúl y él te necesita” “Es que es una cabeza loca” “Mejor, así tendrás una vida más divertida y emocionante” “Mira Nico, si has venido aquí de Brígido ye digo que se te darán muy bien los escritos, pero no te va el oficio de casamentero. Sabes lo que te digo, que después de escucharte ya no te quiero de pareja. Y me voy a pedir una copa de tres bolas de helado con chocolate. Espero que seas un caballero” “¿Para qué?” Para invitarme y pagar la cuenta”.
El almanaque “no se casa con nadie”. Siguió su avance irrenunciable, con primaveras, veranos, otoños e inviernos, en ciclos sin fin. Raúl al fin convenció a Gema para que fueran pareja. Al finalizar el bachillerato decidió no entrar en la senda universitaria. Se centró en módulos profesionales de aprendizaje escénico. Don Avelino, conociendo la actitud vocacional de su hijo por el cine y el teatro, se avino a costearle una estancia en la capital madrileña, para que se matriculara en la escuela de interpretación de la afamada Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945), para que realizase seminarios intensivos de iniciación escénica. Su interés por el mundo interpretativo y la buena preparación técnica que recibió en la academia de Cristina le fue abriendo puertas en teatros para actuar como figurante y pronto también en los platós cinematográficos. De su unión con Gema (técnico de organización de actividades culturales y espectáculos municipales) nació una preciosa niña, Celeste, que se convirtió en el tesoro humano de toda la familia.
No nos hemos olvidado de Nico, desde aquella difícil y cómica tarde en la heladería portuaria. Optó por cursar, tras realizar los exámenes de Selectividad, Filología Hispánica y a continuación Psicología (consideraba que era necesario conocer bien el comportamiento psicológico de las personas, para sustentar mejor la credibilidad de los personajes que aparecían en sus escritos. Don Avelino le consiguió un puesto de colaborador en un periódico digital, también en Madrid (sus padres deseaban que los dos hermanos no estuvieran muy alejados el uno del otros. Confiaban más en el sentido común de Nico). Publicó, tras una elaboración de dos años, su primera obra escrita titulada Historia de una familia, cuya tirada se vendió bien. La editorial le ha prometido una reedición. Por influencia de Raúl también probó el campo creativo de los guiones cinematográficos.
No puede finalizar este relato sin que el autor comente una experiencia que vinculo a estos dos hermanos tan iguales en su físico y diferentes en su carácter. Convertido en un atractivo y buen actor de cine, RAUL CAMPAL (segundo apellido de su madre, doña Casiana) realizaba su primera interpretación protagonista en una película de Mediaset (en colaboración con Netflix) Cuando quedaba una semana para finalizar el rodaje, Raúl, siempre caprichoso, quiso pasar un fin de semana esquiando en Navacerrada, deporte en el que no era especialmente diestro. Se presentó un domingo tormentoso, pero el actor y unos amigos se animaron a salir a la pista con una fuerte nevada. Raúl en un viraje peligroso, saltó por los aires. Los servicios de salvamento lo trasladaron a una clínica madrileña. Numerosas fracturas y severas contusiones que exigían un reposo absoluto de varias semanas, tras pasar por el quirófano. La productora “echaba chispas” pensando en demandar al imprudente actor, pues quedaba una semana de rodaje en donde Raúl intervenía durante muchos minutos. Alguien comentó acerca de su hermano gemelo. La maquinaria de emergencia se puso en marcha para localizar a Nicolás. Al fin lo convencieron, ante la disyuntiva de presentar una fuerte demanda económica contra su hermano. Nico entendió que además de ayudar a Raúl, era una interesante experiencia vital. Sometido a un entrenamiento de urgencia, lo prepararon para que suplantara al protagonista de la película. Nadie se enteró de que en cuatro importantes escenas Raúl Campal no actuaba, sino que lo hacía, bastante bien, por cierto, su hermano Nico. Una simpática oportunidad y beneficio de ser hermanos gemelos. -
José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
Viernes 28 agosto 2026
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