viernes, 21 de agosto de 2026

AÑOS ILUSIONADOS DE JUVENTUD

En todos los colectivos sociales unos integrantes destacan sobre los demás, debido a sus características positivas de sociabilidad, simpatía, iniciativa y generosidad. También influye su capacidad intelectual y los elementos estéticos que la naturaleza le ha concedido. Obviamente, también puede una persona significarse por sus no valores o formas negativas de ser: timidez, egocentrismo, falsedad, ambición, hiper protagonismo y ausencia absoluta de belleza. No olvidamos tampoco aquella frase, curiosa y definitoria, que decía, más o menos, “intenta que hablen de ti, aunque sea para mal”. Sin embargo, hay quienes desean pasar desapercibidos por las razones que sean. 

Nuestra historia se localiza en un colectivo de estudiantes universitarios. Facultad de Filosofía y Letras, curso 1º de Filología Hispánica. La edad dinámicamente desbordante, hiper activa y vitalista de los 18/19 años, que abre las puertas a la “maravillosa” y prometedora etapa de la juventud, estimula los comportamientos relacionales dentro y fuera del aula.  En un grupo de más de sesenta matriculados, comienza a significarse un joven estudiante bien parecido y de modales muy educados, hijo de médico neurólogo y escritora vinculada a una editorial. Siempre abierto y receptivo hacia sus compañeros, éstos aprecian en SANTI Lasarte Auriol su proverbial vitalidad, inteligencia, sentido del humor y el trato amable con todos los que comparte las vivencias diarias del aula. Tiene una hermana, Susana, que estudia segundo curso en la Facultad de Medicina. 

En estas esperanzadoras edades abiertas a la juventud, tradicionalmente los alumnos “iban detrás” de las mejores compañeras, a fin de merecer sus favores. No precisamente en el estudio (aunque también se valoraba este factor) sino sobre todo en su imagen física y psíquica. Y entre esas compañeras de privilegio, unos y otros competían para “ligar” con ellas, estableciéndose verdaderas operaciones de acercamiento que abrieran las puertas a la intimidad afectiva. Aquellas alumnas más agraciadas y atractivas llevaban su corte de “mansos” compañeros que aspiraban a una mirada, una atención, una sonrisa o alguna respuesta o palabras hiper valoradas que sembraran la ilusión en aquellos que soñaban con la “compa” noche tras noche. Pero estas jóvenes, aduladas y ensalzadas por esa masa borreguil que las seguía, iban dando “calabazas” a muchos de esos “moscones” que revoloteaban alrededor de la dulce flor. Algunos compañeros frustrados ante esa idealización “imposible” entraban en depresión, descontento y ansiedad. Los fracasos se digerían bastante mal, como niños pequeños que no consiguen el juguete que tanto les obsesiona. 

Al paso de los años, por fortuna, el sentido igualitario de los sexos ha posibilitado que ahora también las alumnas pongan sus ojos en algún compañero prometedor. En este caso, Santi Lasarte era un objetivo especialmente atractivo para tenerlo como algo más de un simple compañero, amigo o más que amigo. Pero Santi, sintiéndose halagado y cortejado, sabía cómo “torear” bien los embistes y propuestas de sus traviesas y alegres compañeras. Muchas de ellas cuidaban sobremanera el acercamiento a este apuesto joven, de buena familia, cautivador en sus modales, esforzado estudiante que llegaba al campus universitario montando su bicicleta, con la sonrisa en su rostro. El listado de compas que intentaron seducirlo era cómicamente alargado: Ansu, Belinda, Mª Cruz, Ignacia, Ketty, Isabel, Jessica… A pesar de ímprobos esfuerzos, ninguna de ellas conseguía el rédito anhelado a sus intentos: “ennoviar” al mito de moda, en 1º de Filología. 

Pero como todos los ídolos, la base de su pedestal no era totalmente de mármol almeriense de Carrara. Un aciago día, pedaleando camino del campus tuvo un descuido de concentración, tal vez motivado por una intensa noche de estudio ante unas próximas pruebas, examen un tanto descuidado ante la completa agenda social que el ínclito Santi desarrollaba.  Al entrar en un carril bici, no reparó en el bordillo protector de goma endurecida, dándose un gran “batacazo” contra el cemento, derrumbando al tiempo a un limpiador de Limasa que realizaba su trabajo de aseo viario. La bicicleta quedó en estado de siniestro total, dada la proximidad de un ficus cunetero. Operario municipal y joven ciclista acabaron en el Hospital clínico universitario, situado no lejos del lugar. La mayor lesión fue sufrida por Santi: fractura de cúbito y también del peroné y conmoción cerebral de la que se recuperó en horas. Tras unos días en el hospital, tuvo que desarrollar la convalecencia en casa, durante tres semanas. 

La desagradable noticia impactó entre sus compañeros de clase. Había estado a punto de “matarse”. Por fortuna su juventud le permitió afrontar bien el siniestro. Durante sus largas horas en casa, algo misterioso sucedió. Cada tarde llegaba a su correo electrónico los apuntes tomados durante la mañana, acompañados de unas líneas de ánimo por parte de una compañera llamada ALICIA. ¿? No lograba localizar quién era esta generosa compañera, entre los 65 alumnos que conformaban el grupo. Siempre hay nombres y caras, menos populares que se nos escapan en la concreción. 

Un tanto sorprendido y emocionado de que una compañera a la sin duda poco o nada había tratado, se esforzara en enviarle los materiales del día, acompañados de palabras animosas que siempre sientan bien, respondió de inmediato, valorando el compañerismo y la amistad que Alicia le mostraba. Se disculpaba de que entre tantos alumnos en el grupo no la recordara. Incluso le rogó una foto, pues deseaba conocer quién era la buena samaritana. 

Alicia Cáceres era una joven que lucía una melena morena recogida con algún lazo simpático en su cromatismo. Ojos claros azules, delgada de cuerpo y un rostro “angelical”. Una joven preciosa, hija única de padres humildes, cuyo mejor patrimonio era esa buena hija que el destino les había concedido. Sus padres, fontanero de profesión y cuidado de la casa respectivamente, se habían esforzado con denuedo para que su Ali llegara a ser universitaria. Como a la chica le gustaba mucho escribir, esperaban que llegara a ser una afamada novelista

Santi la invitó a su domicilio para merendar y así conocerla con mayor detalle. La chica, a pesar de su timidez, hizo un esfuerzo y se presentó un sábado por la tarde en el piso de la familia Lasarte Auriol. Cuando estuvo delante de su compañero, éste la reconoció de inmediato. Era esa compañera, muy estudiosa y con muy poco protagonismo en clase, que se sentaba en un lateral de la tercera fila del gran aulario. La amistad entre los dos jóvenes floreció desde ese primer reencuentro que tuvieron, en el espléndido domicilio del doctor. 

Cuando el “endiosado” alumno de reincorporó a las aulas de nuevo se vio rodeado de ansiosas jovencitas, que un tanto “embobadas” buscaban con ahínco ese detalle de amistad por el que tanto luchaban. Alicia quedó un poco decepcionada cuando sólo mostró una breve cortesía con ella. Sin embargo, el viernes por la tarde, Ali recibió una llamada de Santi. El corazón le dio un vuelco.  La invitaba al cine y a tomar algo de cena, en la tarde noche del día siguiente. El joven deseaba agradecerle la dedicación que había tenido con él durante su accidente, durante su ausencia en el aula. Consideraba en su conciencia que Alicia lo merecía y era lo menos que podía ofrecerle. Sin embargo, Ali se ilusionó en demasía. No se lo podía creer. Que el mítico Santi, objetivo de tantas compañeras decidiera dedicarle esa tarde, era algo muy fuerte que la alteró en su habitual equilibrio. ¡Cuando las “compas” lo sepan se van a poner a rabiar de envidia! Ella, que tenía la imagen de chica modesta y empollona. Buscó sus mejores galas para ese día tan especial. Pasaron juntos una bonita tarde, cine Albéniz, pizzería la Romántica, en la que se divirtieron y hablaron, conociéndose un poco más, especialmente por parte de ella, ya que Santi era muy inteligente y cauto con su privacidad. Fue muy caballero, todo el gasto lo repercutió en su tarjeta Visa. 

Durante la semana todo transcurrió con normalidad. Las obligaciones de estudio, ante los próximos exámenes condicionaron cualquier otro comportamiento relacional. El sábado siguiente, fue Alicia quien se puso en contacto con Santi, a fin de proponerle una saludable y simpática excursión para el domingo, por el entorno de los Montes de Málaga. Ella prepararía los bocadillos y la fruta para el almuerzo. Pero la respuesta de su compañero fue agradecer la iniciativa, explicándole que iba a viajar con sus padres a Granada, para visitar a tía Clara que se encontraba enferma. “¿Podría ser la semana que viene?” “Ya buscaremos otro hueco, Alicia, para hacer un paseo rural”.

No es inteligente que una mujer “insista” ante un hombre que no está por “la labor”. Lo mismo habría que decirle a un hombre en esos intentos relacionales, cuando se pasan de frenada. Él deseaba en este momento de su juventud integrarse en actividades grupales y sentirse “halagado” por unas y otras compañeras. Alicia se entristecía, porque se había hecho ilusiones sin un fundamento claro para su difícil objetivo. En la fiesta final de curso, ambos jóvenes coincidieron en algunos momentos, pero Santi trató de “controlar” y equilibrar el trato con el resto de las compañeras y amigos. Su whatsapp se iba llenando, con inadecuada frecuencia, de mensajes de Alicia, con pretextos y motivos nimios y banales, como informaciones, fotos, reenvíos, etc. El autocontrol de la joven estaba lamentablemente fallando. 

Una tarde de julio el corazón de Alicia gozó de un impacto anímico. Se entusiasmó ante una llamada inesperada de Santi, indicándole que deseaba hablar con ella. La invitaba a merendar. La recogería a las siete, en su Peugeot 206, de segunda o tercera mano, regalo de sus padres, por sus buenas calificaciones. Él vestía, dada la temperatura estacional, de manera deportiva, mientras que la chica se había “ataviado” con sus mejores galas, todo lo rápido que pudo. Ahora era el momento de regalarle ese libro muy famoso del escritor David Uclés (que ya había superado las treinta ediciones, hecho excepcional en el mundo editorial) que le había comprado hacía unos días. Santi celebraba su onomástica al día siguiente.

¿Qué podía esperar de esta cita, tan esperada en el sufrimiento afectivo, durante las últimas semanas? Todo o nada … Las recogió en su domicilio de calle Cristo de la Epidemia, y se dirigieron al Parador Nacional de Gibralfaro, por sus espléndidas vistas de la ciudad y la bahía. Pidieron té con canela y jengibre y unas pastas heladas. “Este es un detallito por tu santo. LA PENÍNSULA DE LAS CASAS VACÍAS.  Pienso que te va a gustar, pues ya me has comentado que te agrada mucho la buena lectura”. “Me han hablado mucho y bien de él. Lo leeré con gran interés. No tenías que haberte molestado, pero te lo agradezco mucho”.

“Bueno, Alicia. He querido pasar esta tarde, previa a mi santoral, con una maravillosa compañera, que luce un corazón lleno de generosidad y amistad. Evidentemente, tú no eres como las demás. Algún día publicarás novelas muy bien escritas y serás famosa en el mundo editorial. (Risas). Eres una gran amiga, pero yo no quiero hacerte sufrir. Eres la mujer que hará feliz a un buen hombre. Tienes grandes valores, que son dignos de admirar. Pero yo no puedo luchar por ti. Como amigo, todo lo que quieras y mereces. Pero no más. (Clímax de silencio inacabable). ¿Pero no te gusto, Santi? No es ese el problema. Cualquier hombre estaría flipando por estar cerca de ti. Ali, todas las personas tenemos secretos, más o menos importantes, que necesitamos guardar celosamente en nuestra privacidad. Cuando tenía doce o trece años, comencé a dudar de mí mismo por unos impulsos y reacciones que no lograba entender. Hablé con mis padres, personas muy cualificadas, que me llevaron a especialistas de gran entidad. Recibí mucha y especializada ayuda para que me aceptara como soy. Mi sexualidad es complicada. Quiero decir mi bisexualidad. No sé cómo ni por qué. Tengo don de gentes ¿verdad? Es la armadura que me permite generar sonrisas e imágenes, que agradan y magnetizan a unos y otros. Esa teatralidad me divierte. Ahora lo que pretendo es aprovechar mis estudios y, en lo posible, pasármelo bien. Le he prometido a mi madre que seré un buen creador literario. Ella entiende mucho de esta faceta cultural. Ahora ya conoces mi situación. A ti no quiero ni debo engañar. Te admiro y aprecio mucho. De ahí mi sinceridad”. “No sé si podremos continuar como amigos. Me agradaría y mucho. Te ruego discreción, por lo que te confiado”. 

Alicia perdió su capacidad expresiva. Se sentía mareada, aturdida, desconcertada, con un sentimiento de orfandad. Centró su húmeda mirada en la taza de té, semivacía, que los minutos habían enfriado. Sus sentimientos también lo estaban. Santi la acompañó hasta su domicilio y respetó su silencio. Se despidieron con un beso, sin el soporte cálido de las palabras-

 

 

AÑOS ILUSIONADOS DE 

JUVENTUD

 

 

 

               José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 21 agosto 2026     

                                                 Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es            

Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/





viernes, 14 de agosto de 2026

HERMOSOS LATIDOS QUE FORMAN PARTE DE NUESTRAS VIDAS

Hay personas en el entorno inmediato que al paso de los años las consideramos felizmente integradas con plenitud en nuestro microcosmos diario. Incluso hay ocasiones en que muchos de estos conocidos, vecinos y amigos están más próximos a nuestra intimidad, que algunos familiares a los que vemos de tarde en tarde o de tiempo en tiempo. Son seres muy cercanos y valiosos, en este mundo presidido por crueldades inexplicadas, que van recorriendo con humildad y paciencia el camino existencial que se nos haya concedido. Cuando “desaparecen” de nuestra visión cotidiana, nos sentimos preocupados y más huérfanos, pues su presencia nos falta para nuestra inseguridad o necesidad, para la ansiada tranquilidad y el inexcusable sosiego. 

Al gran protagonista de nuestra historia, SAMUEL Albarilla Garcerán, cuando se le pregunta por su edad, con pícara sonrisa responde: “No me acuerdo, pero muchos más de los que tu supones. 80, o tal vez más…”. Cada día, incluso festivos, soleados o regados por las nubes, acude a la plaza del pueblo en el que siempre ha vivido: Villanueva del Jándula, bella localidad ornada de olivos, que alcanza los mil cuatrocientos habitantes empadronados. En esta plaza principal, en donde se halla ubicado el Ayuntamiento, la iglesia de San Pedro y San Pablo y la muy importante tienda/panadería LA ALONDRA, se sienta para descansar en el templete o pérgola de la música, ocupando uno de los cuatro bancos de madera y metal, desde los que se divisa el rico entorno natural de hectáreas de olivos que sustenta la economía de la zona. 

Samuel es un buen y querido convecino, en opinión mayoritaria del pueblo. Se encargó, durante décadas, de una tienda /panadería en la que se amasaba el pan y se cocía en horno de cerámica, con el fuego y brazas de leña. Tres o cuatro veces al mes tomaba su gran carro, tirado por una fuerte yegua que él llamaba MARIPEPA(en honor de su inolvidable y querida madre) dirigiéndose a la capital provincial para comprar mercancías en la cooperativa de consumos, que después vendería en su popular tienda. Persona muy caritativa y humanitaria, nunca salía de su tienda un vecino necesitado del pueblo con las manos vacías, tuviera más o menos dinero. Su mujer GENARA de la Cruz le ayudaba llevando su modesta casa autoconstruida y también “despechaba” en la tienda, junto a un joven mozo al que consideraban como a un hijo, que la naturaleza y la “cigüeña” no les dio. MARCELINO Cabañas había sido concebido por una muy modesta madre cuya pareja la abandonó al poco de nacer el pequeño. El chico, al paso de los años, siempre consideró a Samuel y Genara como unos padres que le deparaban cariño y educación.

El veterano tendero probablemente se jubiló con los setenta años muy avanzados. Marcelino, su ayudante de siempre, se quedó con el negocio, por decisión generosa de su mentor. Y desde aquel día cada mañana, tras el desayuno que le preparaba Genara, acude a la Gran Plaza del Ayuntamiento, ocupando uno de los asientos de la glorieta, observando pacientemente a lo lejos un gran espacio de lomas, donde crecen los olivos. Cualquier convecino que pasa por el lugar recibe el saludo fraternal y respetuoso de Samu (como la mayoría lo llama) que sólo se levanta de su asiento cuando el paseante es don GREGORIO, el veterano y cariñoso cura de la localidad, en señal de respeto. Lo que más le satisface es que le acompañe un vecino del pueblo, con el que pueda intercambiar las palabras en una sencilla conversación, sintiendo esa afectiva compañía muy necesaria para el paso de los minutos y las horas, al igual que ayer y quizás mañana, compensando esos sumisos silencios ante la vida que pasa con rapidez. No pocos lugareños, mayores y algunos más jóvenes, cuando tienen alguna pregunta, cuestión personal o problema, se acercan al asiento de Samu el “panadero” a fin de pedirle consejo o también para desahogarse de sus tribulaciones, teniendo a quien los escuche. 

Como todo municipio, Villanueva del Jándula tiene un ayuntamiento formado, en este caso, por sólo tres concejales. Todos de la misma ideología política. Pero allí todos también se conocen, por el número de ciudadanos censados. Por encima de ideologías, priorizan la tranquilidad, el sosiego y la camaradería vecinal. El respeto de unos y otros es un valor que no desean perder. Ese clima aletargado de paz que se respira en la localidad es uno de los mejores patrimonios que atesoran. El otro gran valor en el aspecto social y material es el OLIVO, el “oro verde” de toda la comarca. 

“Buenos días, don Samuel. ¿Echamos un ratito juntos? El día es largo, amigo y la vida corta. La soledad no hace bien a nadie. Samu, mi mujer Bernarda quiere hacerme unas magdalenas para mi santo, pero que sean originales y no sepan a bicarbonato, como las que venden en paquetes de la industria. Después vendrá a escucharte, pues también eres un maestro como repostero. Samu, es una alegría verte ¿Cómo has pasado la noche? Me dijeron que andabas algo resfriado. Eso te lo voy a curar con un buen café con leche. Vamos al bar de Jacinto “aceituno” Yo invito. Vecino, nunca te he visto fumar ¿Cómo lo has conseguido?  Me falta voluntad para dejarlo. Anichi la partera la han llevado al hospital por unas fiebres. Me han dicho que una vez ayudaste a traer al mundo al hijo de Celestino “el bellota”. Frasca va a dar a luz en una semana. ¿Contamos contigo para que le eches una mano a don Roberto el practicante?”

Otras veces, Samu no tenía esa suerte infinita de la compañía y pasaba las horas en solitario silencio, observando desde lejos el paisaje de masas arboladas y el lento avance solar, desde el este hasta el oeste, que marcaba las fases del día. Pero los lugareños que necesitaban aliviar en algo su rutinario aburrimiento buscaban el chascarrillo, la pequeña historia, la leyenda popular y la narración sorprendente en el antiguo y admirado panadero. Todo ello tras esa mirada cansada, irónica, paternal y agnóstica, de un anciano que lo había vivido todo y ahora descansaba en los silencios personales de ausencias y nostalgias.  


Y así pasaban los días y las horas, en este pueblo hermanado con la naturaleza en el que la novedad casi nunca llegaba. Las campanadas de la iglesia iban marcando las horas del día. Desde muy temprano, la marcha de Ceferino con sus cabras, acompañado con su perro Sultán. El grato aroma a desayuno, café con rebanada de pan con aceite de oliva, a medida que el sol iba templando las casas blanqueadas y la verde arboleda. Los paseos de los mayores a los asientos de la plaza, para digerir mejor el avance vacío de las horas. El embriagador olor a campo y naturaleza que ningún perfume de marca podría en absoluto imitar. La visita diaria a la panadería tienda La Alondra, en donde Marcelino abastecía a los vecinos de lo más necesario. La presencia de Samuel en la glorieta, enhebrando chascarrillos con aquéllos, muchos, que tienen todo el tiempo de sus horas para escuchar. Las campanadas del Ángelus, en las que algunos se persignan y otros guardan silencio o encienden un cigarrillo en ese mediodía del tiempo en su caminar. El sabroso olor a potajes y cocidos, que están en la lumbre de cada casa, preparando los almuerzos necesarios para alimentar. El letargo agradable y silencio de la siesta que ayudan al descanso y al bien soñar. El café con leche por la tarde, que sirve el bar de Frasquito el legionario (hizo la mili en este glorioso cuerpo militar) en las mesas de su establecimiento en donde suenan las fichas de dominó y un televisor colgado en la pared, al que nadie se esfuerza en escuchar. Samu ha vuelto a su pérgola de la música, en donde se encuentra tranquilo para volver a mirar la arboleda y esperando a ese amigo que ya tarda en llegar. Las campanadas de las siete avisando de la misa diaria que don Gregorio va a oficiar, para cuatro o cinco feligresas beatas mayores que buscan dormir cada noche con la devoción del alma en paz. Las luces de las casas se van encendiendo, a medida que los rayos solares se tornan muy anaranjados avisando que una nueva noche va a llegar. Los quince niños en edad escolar van haciendo sus deberes, para que don Raimundo el maestro no tenga por la mañana que regañar. Es la hora de la cena, suenan algunos televisores y pronto el silencio vuelve a reinar, pues mañana es otro día del almanaque y hay que pronto acostarse para volver a madrugar. 

Pero hoy es una fecha que los vecinos de Villanueva ya nunca van a olvidar, pues el recuerdo de la emoción a todos afecta sin poderlo evitar. LIBORIO el barrendero se acercó para despertar al amigo Samuel que una vez más se había quedado dormido en su plácido descansar. ¡Samu, despierta y vamos para la casa, que pronto va a refrescar! Pero el longevo panadero había emprendido un largo sueño, del que ya no iba a despertar. Viajaba el buen y querido vecino sin destino conocido a esa inmensidad cósmica que la racionalidad humana no puede explicar. Mientras, aquí quedaba su cuerpo para el humilde ceremonial que el cura del pueblo, don Gregorio, se aprestaba a oficiar. Estas grandes personas son hermosos latidos de nuestras vidas que desaparecen, sin que ya nunca podremos recuperar. Sólo el recuerdo de sus vidas permanece en los misterios de la memoria, que la naturaleza nos ha querido regalar. 

 

  

HERMOSOS LATIDOS QUE 

FORMAN PARTE DE NUESTRAS VIDAS

 

 

 

 

 

 

              José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 14 agosto 2026     

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viernes, 7 de agosto de 2026

LA ONÍRICA INTRIGA DEL MOZO DE CABALLERIZAS

CELSO Labianca es un hombre “gris”, como el color del traje con corbata que se ve obligado a vestir en el desempeño de su trabajo. Su función laboral consiste en atender, con teatral cortesía, a los clientes (racionales o compulsivos) que acuden a los departamentos del gran centro comercial, buscando necesidades, compensaciones o mera distracción. La política organizativa de este importante centro comercial consiste en que cada empleado, vendedor o comercial se especialice en un determinado sector de productos, aunque en ocasiones debe asumir el traslado de sección por necesidades de la empresa. Su carácter es la de una persona complaciente, aburrida, rutinaria, que dedica parte de su tiempo libre al coleccionismo de fotos, láminas y postales antiguas, aplicando horas del fin de semana a la organización y clasificación en álbumes de este histórico y curioso material.

Su mujer, DORI Almansa, trabaja como auxiliar de farmacia. Al paso de los años, soporta con “resignación” la escasa iniciativa lúdica de Celso, por lo que busca en los fines de semana la distracción en el cine, asistiendo a las salas sola o en compañía de una vecina de planta, doña ANSELMA, viuda y sin hijos de un vendedor de billetes ferroviarios en las taquillas de atención al público de la estación Málaga Maria Zambrano. Esta señora, presidenta del Ropero de San Vicente de Paúl en su parroquia, ocho años mayor que Dori, también disfruta de esas frecuentes meriendas y cine, con su agradable vecina de puerta. Celso justifica que, después de estar tantas horas de pie en la tienda, atendiendo a numerosos clientes, necesita estar tranquilo en casa, con su colección de láminas, escuchando los resultados de la liga de fútbol o elaborando ocasionalmente pequeños juguetes, utilizando en su construcción artesanal madera, cola y pinturas de colores, evitando el uso de puntillas o tornillos para ensamblarlos. Así evita que los niños que pudieran usarlos se hicieran daño en sus juegos. Esos juguetes Dori acaba donándolos a instituciones sociales y benéficas.  

Los hijos de este matrimonio ya se independizaron y buscaron residencias lejos de sus aburridos padres en Gerona y Palma de Mallorca (por circunstancias laborales y afectivas. VENANCIO, que siempre había destacado por su beatería, se hizo para sorpresa de sus padres, testigo de Jehová y está adscrito a una organización de esta creencia en la ciudad catalana. LORENZO, ejerce como crupier en el casino La Tramontana ubicado en la capital isleña.

Celso es un buen empleado en la sección blanca de electrodomésticos de la gran tienda, donde gestiona la venta de lavadoras, frigoríficos, lavavajillas y secadoras de ropa. Ofrece la imagen de una persona tranquila, delgado de cuerpo, rostro “aborregado”, ojos celestes y expresión algo entristecida. Cuando atiende a un comprador, se esfuerza en ofrecer una sonrisa que parece forzada o falaz, aunque siempre respetuosa, ante el inquisitivo cliente con sus preguntas. La paciencia es su virtud. Nunca se le ha escuchado una palabra más alta que la otra. Es parsimonioso en su comportamiento laboral y en la privacidad del hogar. 

Así transcurría la rutinaria vida de este matrimonio cuando, una mañana de domingo, Celso se levantó del lecho matrimonial un tanto sobresaltado y sudoroso, a pesar de que el almanaque señalaba un febrero intensamente frío. Al verlo tan nervioso, Dori le preparó una infusión de tila. “Has tenido un mal descanso. Anoche abusaste de esa cajita de dulces, que me trajiste por mi santo. Me parece que te animaste a tomar cuatro pasteles”.

“Es que he tenido una muy larga pesadilla, en la que yo era uno de los protagonistas. Me veía trabajando como un mozo de cuadra, encargado de las caballerizas de una mansión señorial. El majestuoso edificio pertenecía a los aristócratas duques de Sussex, y la propiedad dominaba muchos acres de terreno. Inmensos jardines, con inolvidables estanques y arbolado. Como un paraíso terrenal. Decenas de servidores y doncellas, comandados por un estricto y elegante mayordomo, llamado Willians. Todo el personal de servicio lucía vistiendo severos y deslumbrantes uniformes. Mi trabajo era importante pues tenía que cuidar el alimento de las yeguas y caballos y también su limpieza. Los excrementos de los animales “inundaba” el aroma de la cuadra, por lo que había que limpiarla con frecuencia. Los señores no permitían que ese ambiente maloliente a “cagadas” y estiércol llegara a los suntuosos salones del gran palacio. El mayordomo tenía una hija, Eleonor, muy bella, huérfana de madre, con su cabello castaño organizado en dos lindas y largas trenzas y atrayentes ojos azul perla. Desde el primer momento en que la vi quedé prendado y extasiado en su belleza y mi corazón palpitaba sin descanso de amor y deseo carnal. Ayudaba a su rígido padre en el orden impuesto y necesario de la mansión de los duques. A escondidas del mayordomo, buscábamos los momentos para intercambiar miradas, susurros, sonrisas, frases, bromas, cariño. Me sentía orgulloso de merecer su atención, ella tan arregladita, relacionándose con el mozo limpiador y cuidador de las caballerizas. En mi pobre humildad, me sentía el hombre más feliz del mundo. Willians nos pilló un día recostados sobre el pajar que alimentaba las bestias, gozando ardientemente de nuestros cuerpos y amor. ¡Cómo podía su hija estar uniéndose a un mozo “porquero” o de cuadra, oliendo a cagarruta de yegua, cuando soñaba con verla alcanzar la categoría de ser aceptada como doncella de cámara por la gran duquesa Elisabeth, señora de Sussex!  Henchido de ira buscó una escopeta de la armería ducal y me apuntó, amenazándome con matarme si no abandonaba de inmediato mi vasalla presencia en la honorable mansión. La mala suerte quiso que se le disparara esa especie de trabuco, que había tomado del armamento del duque. Me sentí caer sobre un suelo “sembrado” de estiércol, estando herido de muerte, pero yo sólo pensaba en la fugacidad de mi amor. Sin ella no merecía la pena vivir. Esa noche de luna llena, después de un día entre lágrimas, la divina Eleonor se arrojó al estanque, buscando entre las ondas concéntricas del agua verdosa y sucia la realidad de su amado mozo. Entonces desperté a la vulgaridad de la vida”. 

El narrador del relato ha enriquecido en lo posible la explicación del despeinado, legañoso, aturdido y descompuesto Celso, para su mejor comprensión. Pero vayamos a conocer la reacción de su cónyuge Dori (Dorotea), la asustada manceba de botica, aún sin arreglar su epidermis, dada la hora matinal dominguera. 

“Me parece que no estás nada bien. Con tanto sonreírle a la clientela en la tienda, estás perdiendo el autocontrol. Pide cita al médico del ambulatorio, para que te derive lo más pronto posible a salud mental. Menudo “rollazo” te acabas de inventar”. 

El Dr. Gracián prescribió a su paciente Celso Labianca unos tranquilizantes, aconsejándole que antes de ir a dormir tomase una ducha de agua bien caliente, para relajar el cuerpo y especialmente “la mente”. Cuando salió de la consulta, al facultativo le dio “tal ataque de risa” que le obligó a dilatar la entrada del siguiente paciente. Mentalmente comparaba al apuesto mozo de cuadra oliendo a estiércol con el comercial de almacenes, con cara insufrible de borrego degollado. La comparación resultaba altamente jocosa. Lo derivó de inmediato a los servicios de salud mental del ambulatorio, en donde le dieron cita para cuatro meses. 

Aunque no todas las noches, este episodio o fases de la misma historia volvían a repetirse en el mundo onírico de Celso. La toma de tranquilizantes le permitía ir al trabajo, en donde encontraba una básica ayuda para su desasosiego mental. El diálogo con los clientes en las ventas y los comentarios espontáneos con sus compañeros de sección, favorecían el olvido o presencia de esa incómoda y compleja pesadilla cuyo origen tanto le desequilibraba Al fin, los servicios de salud mental estudiaron su caso. Tuvo sesiones de consulta con varios psiquiatras que trataban de encontrar “raíces” del pasado que fundamentaran la persistencia maligna de esa pesadilla, que aleatoriamente volvía a perturbar la estabilidad onírica y psicológica del vendedor en la sección de gama blanca del muy popular establecimiento. El psicoanálisis entró a formar parte en la terapia que se le practicaba. 

Uno de los especialistas que lo atendían, el Dr. Fermín Miranda, en reunión con el equipo médico que llevaba el extraño caso, planteó una hipótesis que sus compañeros tacharon con la mayor firmeza de totalmente irreal y fantasiosa. Este psiquiatra, 47 años bien aprovechados que, en su formación abierta, había recorrido “medio mundo” para sus estudios, sugirió que este caso mental podría estar vinculado en la línea sugestiva y fascinante de un ser que efectivamente hubiera desarrollado esa vivencia en alguna etapa de su pasado, cuando era otra persona. ¿Por qué no investigar esta línea de respuesta, sin “ataduras” o condicionantes religiosos o filosóficos? Sus compañeros pusieron “el grito en el cielo” tachando tal hipótesis de fantasiosa, acientífica, ficcional y sin base para la racionalidad. Miranda soportó toda la diatriba argumental y refutadora de sus destacados colegas, en profundo y espectacular silencio. Cuando los ánimos se fueron templando, sonrió y pronunció en voz intencionalmente baja unas palabras: “y sin embargo se mueve” (Galileo Galilei, 1633). El equipo médico quedó en reunirse dentro de treinta días, a fin de tener tiempo de realizar consultas con otros colegas internacionales.



Dori ya no tomaba a broma la recurrente pesadilla de Celso, Lo veía moverse inquieto en la cama, sudoroso y crispado, diciendo palabras inconexas, pero siempre referidas a su “supuesta” relación con Eleonor. Algunos domingos por la mañana, Celso indicaba a Dori que iba a dar un largo paseo porque relaja su cuerpo y su mente. Prefería ir solo, sin acompañamiento de amigo alguno. Estos misteriosos paseos motivaron las dudas justificadas de su mujer. Uno de esos domingos, En unión de doña Anselma decidió seguirle a distancia. Celso, después de llegar hasta la parada de taxis de la Plaza de la Marina, tomó un taxi, al igual que hicieron las dos amigas. Como dos veteranas detectives, indicaron al conductor “Siga por favor al taxi de su compañero, en donde se ha montado mi marido”. Braulio el taxista sonrió con picardía. “Ya veo señoras que van dispuestas a pillarlo en la cita con la “amiga”. Ellas fueron cautas y no respondieron. Llegaron hasta las caballerizas municipales en la zona de Teatinos. Observaron que Celso se bajaba del taxi y se dirigía hacia la puerta, en donde el vigilante (que parecía conocer al recién llegado) le abrió la puerta. Las dos vecinas esperaron casi una hora, hasta que un nuevo taxi recogió al taciturno comercial. Entonces se acercaron al guarda y dándole una generosa propina, preguntaron qué hacía ese hombre durante una hora dentro de unas caballerizas sin duda malolientes.  

“Este Sr. viene algunos domingos. Me pide permiso para ver a los caballos. Supongo que ama a los equinos. Entra conmigo en las caballerizas y se sienta en una silla, mirando a la cuadra. No puedo comprender cómo puede aguantar el olor a estiércol durante tan largo rato. Me parece que está un tanto obsesionado con los caballos o que su cabeza anda mal. Cuando al fin se marcha, me entrega también una generosa propina”.  -  

 

 

 


 

 

 

   José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 7 agosto 2026       

                                                 Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es            

Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/

viernes, 31 de julio de 2026

RESPUESTAS HUMANAS ANTE LA CRUELDAD DEL DESTINO

La pérdida de cualquier ser humano es una gran desgracia para el entorno familiar del difunto, situación que se agudiza cuando es una madre, joven, la que abandona inesperadamente este mundo. La familia, con muchos o pocos miembros, queda severamente desestabilizada, con un sufrimiento espacial para los hijos pequeños y adolescentes. La viudedad y la orfandad son situaciones muy complicadas para sobrellevar, para el padre que ha perdido a su mujer y para los niños que necesitan y carecen de su mamá. ES una acción del destino muy cruel para la vida de esos niños que ya no pueden tener el cobijo cariñoso de una madre, En este contexto, desarrollamos el siguiente relato. 

Familia de nivel medio, en la capital malacitana. EMILIO Soriano, diplomado en Ciencias Empresariales, trabaja como interventor en una entidad bancaria, en el barrio universitario de Teatinos. Alcanza los 42 años y hace diez contrajo matrimonio con su novia de juventud SONIA Villalba, que está titulada en un módulo profesional de Arte y Diseño Comercial. Esta bella mujer tiene dos años menos que su marido. Está contratada en unos importantes almacenes comerciales que tienen sede en la mayoría de las capitales del Estado. Su especialización preferente es el escaparatismo, compartiendo esta dedicación con el diseño artístico interior y exterior del gran establecimiento. El horario de trabajo lo centraliza preferentemente por las mañanas, cuando sus hijos están en el colegio. 

MARTINA, 8 años, cursa 3º de primaria, en el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón. ALVARO, 5 años, cursa 3º de educación infantil, haciéndolo en el mismo centro privado y confesional que su hermana. Todo marchaba normal en esta feliz familia de nivel medio en lo sociológico para la rutina vital. Pero el destino no usa leyes de lógica, cordura y racionalidad en sus acciones. Una mañana, bien temprano, cuando Sonia cruzaba una calle a fin de llegar a la parada del bus 11 de la EMT, que iba a trasladarla a escasos metros de su centro de trabajo, un joven motorista que llegaba tarde a su cita laboral, tras una noche de celebración, deja sin vida sobre el asfalto a la joven escaparatista. Tampoco ella ha sido precavida al cruzar la calle, pues temía perder en bus de las 7:40. El inmenso drama subsiguiente para todos es dolorosamente comprensible.

De inmediato se puso en marcha un proceso de atención y ayuda: sanitarios, policías y juez de guardia. La entidad bancaria donde trabajaba Emilio contactó con un gabinete psicológico para que atendiera a su empleado y a sus dos hijos. Loa abuelos, tíos y primos se movilizaron de inmediato a fin de paliar, en lo posible, el terrible drama que estaba viviendo esta joven familia. El AMPA del colegio y la propia dirección del centro escolar garantizaron la educación de sus dos alumnos que habían quedado en la orfandad, hasta la finalización del bachillerato. Era una crueldad más de esta vida, con tantos absurdos sobrevenidos y preguntas sin respuesta. La dirección del banco concedió a Emilio dos días de teletrabajo en casa, para que pudiera atender mejor a sus hijos en estos muy difíciles momentos de orfandad. La solidaridad de unos u de otros era patente y necesaria, pero el cruel vacío y la soledad de una madre y esposa provocaba una situación insufrible que exigió tratamiento psicológico a los tres miembros de la familia Soriano Villalba. 

 

Y así fuero cayendo las hojas de los árboles y los vientos estacionales, hasta un año hacía del fatal accidente de Sonia. El psiquiatra Dr. ARCOS Benavides, Jaime, a lo largo de las sesiones de terapia que mantenía con Emilio cada quince días, fue introduciendo la idea en su paciente acerca de la conveniencia de ir pensando en rehacer su vida. Martina había cumplido los 9 años y Álvaro los seis. Eran niños pequeños todavía y la necesidad de una madre les era más que necesaria para su adecuado y equilibrado desarrollo. Había pasado una anualidad desde el trágico accidente. Paralelamente a la tarea médica del especialista, los familiares, amigos y compañeros de Emilio, con extremado tacto, lo invitaban a celebraciones y eventos sociales, en donde era factible ir conociendo a muchas personas, cuya relación podría ir conduciendo a una amistad más intensa. En cualquier momento podría surgir un “flechazo” que concordara caracteres, gustos y disponibilidad, para facilitar un emparejamiento al solitario Emilio. Cuando ese objetivo, por supuesto que difícil, se consiguiera habría que trabajar la forma de integrar a esa nueva madre en dos niños que no habían olvidado a la persona que los trajo a la vida. 

Emilio iba dejando pasar las semanas, agradeciendo los consejos y esfuerzos que recibía para que rehiciera su vida. Pero su objetivo principal era mantener su ánimo entero, evitando que sus dos hijos sufrieran en demasía la ausencia de su madre, (tarea complicada). Sin embargo, algunas noches se sentaba a pensar en el balcón de su domicilio y cuando los niños dormían. Era evidente que Álvaro y Martina necesitaban la ayuda, el consejo, el amor cariñoso de una madre, También se miraba a sí mismo, se veía aún joven, 43, la vida tenía que continuar. En su opinión era imposible sustituir el hueco de amor que había dejado la querida Sonia. Pero otros matrimonios, en similar y desgraciada situación lo habían intentado con resultados diversos. Él no era un chiquillo, y había que tener en cuenta el carácter, el físico, y la acomodación a una familia en la que había dos niños. Tal vez para él la situación no sería tan complicada, pero para Álvaro y Martina, ese cambio de persona que no era su madre genética, podría ser un duro golpe y de imprevisibles consecuencias. Cada noche llega a la misma conclusión. ¿Qué sería lo mejor? ¿Habría que dejar pasar más tiempo? ¿Pero cuánto? ¿Y por qué no hablar directa y serenamente con sus hijos y plantearles esa cuestión que tanto le abrumaba? En realidad, era el consejo que le había sugerido el Dr. Benavides, analizando ventajas e inconvenientes para llegar a la mejor solución. 

Fin de Semana en el parque de atracciones TIVOLI de Benalmádena. La primavera potencia el mejor ánimo. Tivolinos para padre e hijos y a probas la mayoría de los carricoches, Juego e ilusión. Y pizzería a la hora de cenar, Se atrevieron hasta en el Tokaido, la montaña rusa, y el Pasaje del Terror. Al final se decidieron por las hamburguesas, aunque compartieron una pizza como “acompañamiento. Cuando estaban en la fase suculenta de los helados, Emilio se “armó” de valor y siempre con la sonrisa en el rostro planteó a sus hijos esa decisión que le venía rondando por la cabeza desde hacía meses. 

“La mami seguro que nos está viendo desde el lugar que se encuentre y estará feliz de vernos felices con tanto jugar. También a ella le preguntaría, si pudiera. Vuestros compañeros del cole y amigos tienen la suerte de tener a su papá y a su mamá. Si yo buscara a una buena mujer que nos ayudara a seguir viviendo como las demás familias, ¿creéis que sería bueno para los tres? Incluso sería posible que pudierais tener otro hermanito. Sólo quiero conocer vuestra reacción a. esta posibilidad”. 

Después de unos segundos en silencio, fue Martina la que se decidió a intervenir. ¿Y qué mamá sería?  ¿Tú ya la conoces? “Si fuerais mayores de edad, ya sabéis mayores de 18 años, yp actuaria con más libertad. Desde luego que os pediría opinión, pero sería yo quien decidiera. Ahora sois pequeños. Deseo haceros el bien. No buscaría una compañera si con ello supiera que ibais a sufrir”. Álvaro no abrió la boca en este complicado tema que su padre había propuesto, mientras que Martina, con sus 9 años manifestó finalmente “me lo tengo que pensar despacito, papá”. 


Las historias suelen ser muy largas y es bueno pasar rápidamente unas cuantas páginas, en beneficio de la rapidez, respetando el tiempo del lector. 

ANA Coslada, 35, compañera de trabajo de Emilio, pero en otra sucursal, vive separada de su marido que decidió formar otra familia ante un imprevisto embarazo. Tuvo una niña, de nombre ALINA, que en la actualidad alcanza los 8 años. Los dos compañeros de banca intimaron en una celebración de Navidad, con una comida de hermandad.  Después de un corto noviazgo, recíprocamente necesitado, tomaron la decisión de irse a vivir juntos a la vivienda de Emilio, que poseía 4 dormitorios. 

Ana y Emilio piensan que con un poco de tiempo y la mejor voluntad por parte de todos, la relación de sus tres hijos se irá haciendo más natural. Alina cambió de colegio y fue matriculada el curso siguiente en las Esclavas del sagrado Corazón. Las dos niñas se llevan bien, sólo se diferencian en unos meses de edad. Álvaro es más problemático. Es el que más piensa en su mamá y teme que Alina lo esté separando de Martina. Los padres tienen que actuar con especial tacto sobre Álvaro. Piensan que con mucho amor y cariño su hijo avanzará en la integración. Cada noche Martina habla con su madre, donde quiera que esté. Y cada mañana Álvaro recibe un pequeño consejo de su madre, transmitido a través de las tiernas palabras de su hermana. Alina recuerda, en los huecos de la soledad, aquellos buenos momentos que su padre genético y ella sabían imaginar y disfrutar. Cuando Ana estás unida a su esposo haciendo el amor, no se le oculta que Emilio en el fulgor de la emoción estará pensando en Sonia, imaginando lo que pudo ser y no lo es. 

Mientras los super dioses de la perfección, que controlan los destinos de todos los seres, reposan y dormitan plácidamente en los celestiales paraísos olímpicos de la inmensidad, irreales desde luego para la racionalidad, y que el miedo y la debilidad humana tiende a dibujar, estos pobres seres terrenales han de remendar el dolor de esos crueles zurcidos que la divinal omnipotencia no cesa absurdamente de crear.  - 



 

 

 

 

           José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 31 Julio 2026       

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viernes, 24 de julio de 2026

PÁGINAS EN BLANCO PARA LA CREATIVIDAD


Toda empresa es creada con el innegociable objetivo de generar beneficios. Es una afirmación difícil de refutar. Cierto es que puede haber colectivos empresariales privados que se planteen algunos objetivos benéficos, asistenciales o culturales, para el bien de la comunidad (además pueden desgravar con ello en la tributación). Pero, en general, si una empresa, sea cual sea su naturaleza, no consigue ganancias, no podrá seguir funcionando ad infinitum.  Los “números rojos” y los “impagados” llevarán a la quiebra y probablemente al cierre. Puede haber momentos favorables que incidan en los beneficios, pero en caso contrario el cambio de dirección y estrategia debe ser inexcusable, inmediato. 

Un grupo editorial, MERCURIO, tiene su central decisoria en Barcelona, extendiendo su influencia con una sucursal en Madrid (también las tuvieron en Sevilla y Valencia, las cuales fueron cerradas para economizar gastos). A finales de la anterior centuria gozó de momentos de esplendor empresarial, logrando situar como Best Sellers a determinados títulos y autores en el formato de libros de bolsillos. Pero con la llegada del nuevo siglo, comenzó a sufrir con intensidad la dura competencia de los elementos informáticos y de las actividades culturales programadas casi a diario por instituciones públicas y privadas. La editorial se avino a introducirse en el mundo informático, con los e-books para leer en pantalla. Pero los resultados no fueron tan sustanciales como para poder relanzar el negocio, Mantuvieron cierto “oxígeno” con el mercado escolar y los libros para jugar y aprender en los períodos vacacionales.  

El propietario fundador de la editorial fue RUBÉN de la Riva, que también ejercía como profesor colaborador en la Facultad de Filosofía y Letras de la capital catalana. Tras la jubilación, tomó el mando su hijo RAIMUNDO, quien tenía dos importantes colaboradores: MARIAN Abenza y su pareja CLAUDIORabanilla, los tres dedicados íntegramente al mantenimiento y desarrollo de la empresa cultural, en tiempos difíciles para la venta de libros. Su máxima o lema profesional era Leer y escribir como empatía, como camino juicioso hacia la comunicación y la vida. Los tres profesionales buscaban nuevas y valientes ideas para relanzar el amor y la necesidad por la lectura. 

Una antigua imprenta, con gran tradición en Cataluña, dirigida por CELSO, el heredero del fundador don REMIGIO Sanabria, se encargaba de la impresión de los trabajos y publicaciones, que se caracterizaban por ser ediciones con las páginas siempre bien encuadernadas y cosidas. Nunca aceptaban editar libros con las páginas pegadas al lomo del volumen, ya que este tipo de publicación desvirtuaba la conservación bibliográfica y la comodidad para la lectura. Eran ediciones primorosamente confeccionadas, en tapa dura o blanda, con ese mágico aroma a celulosa regada de tinta e historias, para el intercambio imaginativo entre el escritor y el lector. Las narrativas suelen ser “traviesas”, inesperadas y tantas veces fascinantes, que acceden a nuestra mente por la influencia de los “dioses” que organizan a su antojo el universo de las estrellas.


Cada miércoles los tres componentes fijos de la editorial (a veces con la colaboración de escritores y contratados administrativos) se reunían para analizar la difusión y venta de sus publicaciones, dedicando un tiempo importante de la sesión a la propuesta de autores para publicación de sus trabajos y a nuevas ideas para fomentar la venta de ejemplares. 

RAIMUNDO renovó la vieja idea de convocar un concurso de relatos. Con aquéllos de mejor calidad, formarían un ejemplar para su edición de tapa dura y bolsillo, bajo el título “Historias para antes del sueño”, narrativas que estarían enfocadas para personas o lectores mayores de edad, en cuanto a los temas tratados. Los relatos presentados a concurso tendrían una extensión que no superarían las 2000 palabras ni bajarían de las 750. Los tres primeros premios, por votación de los lectores, podría consistir en el regalo de un lote de libros del fondo editorial. 

MARIAN centró su objetivo en la traducción de obras extranjeras, abonando los derechos correspondientes. Marian por vínculos familiares era experta en idiomas y ya había traducido del inglés un par de obras. Pensaba en libros interesantes, de autores en el camino de la fama, que podían ser bien acogidos en el mercado bibliográfico. El género literario de la novela era muy bien recibido por los lectores españoles. También los ensayos filosóficos. Y, de manera especial, esas obras inéditas no traducidas de autores que se citaban en las crónicas pero que aún no habían llegado al gran público lector. 

La propuesta un tanto insólita, fascinante y educativa fue planteada por CLAUDIO Rabanilla. Explicó que su origen se había gestado en un grato sueño relacionado con el mundo editorial, recordando tiempos de adolescencia, que tuvo después de una intensa tarde noche de fiesta. Cuando resumió un primer flash informativo de lo que su mente barruntaba, sus compañeros de mesa se quedaron expectantes, interesados e ilusionados. 

“Mi idea es publicar un libro en rústica, que se pondría a la venta con unas 100 páginas en blanco. Se editaría en la imprenta de Celso Sanabria, con las hojas fasciculadas y cosidas. El precio de venta sólo sería el coste del papel utilizado y el pago de imprenta, unos 5 euros. En la portada de este singular librito, una foto motivadora que compartiría vegetación y orografía natural con una “pastilla hídrica” que sería una acumulación lacustre. Sobreimpreso un título, sin duda atrayente: 

HISTORIAS QUE ME CONTARON MIS PADRES

Una vez que los lectores/escritores rellenaran las 100 o menos páginas “inmaculadas” o en blanco de “su libro,” aquéllos que lo deseasen, enviarían ese volumen manuscrito a la dirección de la editorial Mercurio. La empresa editorial valoraría el contenido del texto y en un plazo prudencial haría una publicación en tapas duras y también en formato bolsillo, en donde irían impresos los diez mejores libros según el equipo técnico de analistas. Esta importante publicación colectiva de diez autores “no profesionales” tendría una notable tirada en su primera edición. Los derechos a percibir por las ventas para los autores serían del 30 % para esta primera edición, porcentaje que se iría incrementando en sucesivas ediciones.” 

Raimundo y Marian, así como los operarios técnicos quedaron muy. gratamente impresionados con esta genial idea de su compañero, a fin de fomentar la creatividad literaria de la ciudadanía. Los beneficios serían importantes para todos los “implicados” en esta noble tarea. Aquellos lectores a los que desde siempre les habría gustado escribir, pero que no se atrevían a hacerlo, ahora tendrían una lúdica y sentimental motivación para emprender la interesante aventura de la creatividad a través de las palabras y los contenidos correspondientes. Los autores elegidos tendrían su libro en colaboración publicado, con los incentivos afectivos, económicos y sociales que aquellas antiguas historias narradas por sus padres ahora verían la luz. El resto de los participantes tendría la alegría de tener su libro “manuscrito”, con ese valor que con el tiempo adquieren todos los esfuerzos realizados con generosidad e ilusión. La propia editorial Mercurio habría fomentado el placer vital de la lectura, el creativo arte de escribir y la necesaria venta de ejemplares, a causa de la iniciativa y la generosidad de muchos escritores noveles, que ahora tendrían su primera publicación, con el ISBN correspondiente.


La genialidad de Claudio, con su librito “en blanco” tuvo un éxito sin precedentes. No pocos lectores, ante la curiosidad y dificultad del reto, vistieron con palabras, ideas e historias, esas páginas inmaculadas que la editorial les ofrecía por muy escaso coste. Al paso de los meses y los días, salió a la luz de las inteligencias ese volumen mágico con las HISTORIAS QUE ME CONTARON MIS PADRES. Diez prometedores autores tuvieron la suerte, no exenta de merecimiento y esfuerzo, de ver impresas sus narraciones que ahora podrían compartir con los demás. Las tradiciones y cuentos de todos los tiempos tomaban vida en esas páginas, primero manuscritas, que ahora ornaban con luces de esperanza los estantes y escaparates de las librerías, templos para el culto de un mundo diferente, con hermosos valores para la convivencia. –

 

PÁGINAS EN BLANCO 

PARA LA CREATIVIDAD

 

 

 

 

 

 

 

 

           José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

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Viernes 24 Julio 2026       

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