En nuestro condicionado caminar por la existencia, vamos protagonizando situaciones inesperadas, curiosas, insólitas e incluso sorprendentes. Como es fácil comprender, esas vivencias nos resultan buenas, inocuas o desagradables. Pero el destino va modelando ese “itinerario”, con nuestra colaboración y esa suerte o azar desigual, del que no conocemos su procedencia. Vayamos prestos a la historia de esta semana.
Nos situamos en una estación ferroviaria de una importante localidad de la Andalucía no costera. El tráfico de trenes es notable en este punto neurálgico de la centralidad regional. Las instalaciones del complejo ferroviario han sido recientemente remodeladas, pues el municipio quiere potenciar la función económica de la localidad y una de las medidas al efecto es ofrecer una estación moderna, con las prestaciones y comodidad necesaria a los numerosos viajeros que la utilizan a diario. Obviamente, debido a su centralidad geográfica en la Comunidad Autónoma, es una estación de tránsito hacia otros puntos de la red, tanto en la región como con el resto del mapa ferroviario de España. Los dos tramos de vías usuales han sido ampliados han sido ampliados a cuatro, a fin de multiplicar el tránsito y la versatilidad de paso para las distintas líneas de trenes. Hay taquillas atendidas por funcionarios expertos, aunque también están disponibles taquillas informatizadas para conseguir una mayor agilidad para las demandas de los viajeros, un cómodo y amplio servicio de cafetería y restauración, un punto de atención médica para cuando sea necesaria la ayuda a los pasajeros, un par de tiendas con objetos de regalo de toda naturaleza, una cómoda y amplia sala de espera y, de manera especial, unos servicios y lavabos, en donde el automatismo y la limpieza es primordial.
PLÁCIDO Cornejo Callejón forma parte de la corporación municipal de la villa andaluza, al frente de la concejalía de movilidad y transporte. Natural de Linares, pero radicado en Antequera desde hace una década, por su matrimonio con la hija de un importante industrial chacinero, ha sido protagonista, por encargo del alcalde presidente de la corporación municipal, de colaborar decisivamente desde el ayuntamiento en esta muy lograda modernización de la estación de Adif.
Este edil había pasado la mañana junto a Eugenio Valencia, Jefe de la estación, comentando algunos asuntos de aparcamiento y señalización para los viajeros del tren que llegaban con sus vehículos a la remodelada estación. Comieron juntos en el restaurante ANTICARIA, dentro de las instalaciones ferroviarias. Comenzó a sentirse pesado de estómago, mientras compartían el café de sobremesa. Pero no quiso estropear la fructífera mañana que había tenido con Eugenio, con el que le unía una cordial amistad. Se despidieron con un abrazo y antes de tomar su vehículo para volver a la ciudad, se dirigió a los bien acabados lavabos de la estación. Su estómago no estaba funcionando bien, sentía náuseas, dolor, incómodos gases. Algo de lo que había comido le había sentado mal. La porra con jamón y huevo duro, un suculento plato de cochinillo asado con verduras salteadas y un buen trozo de tarta de queso al chocolate. Tal vez había abusado de la bebida, pues había tomado dos pintas de cerveza y una copa de brandy en los postres.
Entró en uno de los modernos WC y nada más sentarse en el inodoro sintió en sus posaderas un chorro de agua fría a presión, impactando con potencia en la zona glútea. Esta prestación suelen tenerla las tacitas del wáter modernas, con el fin de regular la limpieza tanto del inodoro como del ano del usuario. Funcionan con automatismo, sin avisar al que plácidamente toma asiento. Realmente tenía el estómago suelto: molestias, retortijones, gases malolientes y heces prácticamente líquidas. Su “obratorio” se mezcló, a modo coral, con la acústica instrumental y el fétido aroma emanado por el usuario del reservado vecino, quien con ímprobo esfuerzo “lo intentaba” pero sólo conseguía expulsar los intensos gases de su intestino. Plácido escuchaba los esfuerzos del compañero de labor, que trataba de ayudarse apretando los dientes con el humm, humm, humm.
Para su asombro, el disciplinado vecino (que se llamaba DOROTEO, lo averiguaría después) de manera inesperada comenzó a llorar amargamente. “Pobrecillo, tanto dolor le estará produciendo su esfuerzo de evacuación”. Los dos usuarios estaban hermanados por las incómodas y dolorosas molestias. Plácido quiso tener un gesto solidario y empatizar con el sufrimiento ajeno, compañero que continuaba pujando y llorando como un niño pequeño.
¡Amigo, que le ocurre! Le estoy escuchando y me preocupan sus esfuerzos y sus lágrimas. ¿Su problema de evacuación es novedoso o viene de tiempo? Debo aconsejarle que no apriete en exceso, pues el esfuerzo puede afectarle en el ano y sobre todo si tiene alguna fístula o almorrana. Si empuja en demasía, puede incluso provocarse una hernia inguinal. ¡Compañero, tenga paciencia, que al final todo sale!”
Transcurrieron unos segundos. Desde el reservado vecino, una voz temblorosa y un tanto apocada respondió al mensaje.
“Buen hombre, muchas gracias. Mi problema no es sólo de vientre, sino de amores. Me llamo Doroteo Cantalejo y soy conserje eventual del Ayuntamiento de esta localidad. Tras veinticinco años de casado, tuve la desgracia de enviudar. Discúlpeme, que ya sale. Ahora después sigo”. Los sonidos desde el servicio vecino explicaron esta interrupción. “La pérdida de mi Camila ocurrió hace ya casi un año. La desesperación de mi soledad ha exigido tratamiento médico. Pensé en los peores momentos en acabar con mi vida. No quería seguir viviendo sin tener a mi lado a lo que más quería. Pero me llegó la luz cuando menos lo esperaba. ANDREA, un ángel del cielo se acercó a mi vida. Esta bella persona es una nueva operaria para el grupo de limpieza de las dependencias municipales. Me ilusioné con lo bien que me trataba, conociendo mi solitaria situación. Es mujer separada y también castigada por el destino. Su marido, según me contó era una persona depravada. Me dio a entender que ella también necesitaba de amores. Incluso un domingo fuimos juntos al cine y a cenar, ya que aceptó mi invitación. Algunos paseos también dimos en los fines de semana. MI vida cambió hacia la recuperación de la ilusión por vivir. Me sentía feliz, de que un rayo de luz hubiera llegado a mi vida humilde, desgraciada, pero honrada. Me atreví a pedirle que probáramos a vivir juntos. Ella dudaba, pero yo sentía que la felicidad estaba cerca, a pesar de nuestra diferencia de edad. Pero la malvada tormenta volvió a mi vida. La semana pasada, Andrea me pidió que habláramos, cuando termináramos nuestro trabajo. Nos citamos en el parque de los Dólmenes, a eso de las seis de la tarde. Se la veía con cierto sofoco. Me dijo que no me podía dar el cariño que necesito. ¿El motivo? Pues hay un concejal casado, ¡válgame, Dios! Que le ha echado los tejos. Que le ha prometido que si acepta ser su “querida” nada le va a faltar. A ella y a la hija adolescente que tiene. Y que le va a quitar de trabajar. Que es un hombre apuesto, casi de su edad y que se ha enamorado de él. Que lo nuestro debe acabar”. humm, humm, humm. De nuevo Doroteo rompió en lágrimas.
Plácido no pronunció palabra alguna, ante el largo y detallado monólogo de su compañero de obratorio, Doroteo. No habían pasado apenas unos segundos de la llorosa confesión que iba escuchando para que un “repeluzno” corporal incrementara sus problemas estomacales. Nunca se había fijado con detalle en ese ordenanza que daba de forma mecánica los buenos día, cada mañana. Quien iba a decirle que esa necesidad, meramente sexual, que sentía ante la atractiva Andrea, una de las chicas de la limpieza, a la a la que había prometido mil dichas si aceptaba compartir sexo con él, era la esperanza o providencia de un pobre ordenanza al que la vida le había puesto en una muy triste situación. Conocía, mejor que nadie su obsesión patológica por el sexo. Incluso había ido al psicólogo, con el ánimo de no romper con la estabilidad de su familia. Pero ante la joven y bella Andrea se sentía carente de voluntad para la mínima racionalidad.
Dos hombres, sentados en los nuevos inodoros ferroviarios y separados por una estrecha pared de materia artificial y que para colmo no llegaba al techo común, podían compartir los “ingratos” sonidos, los desagradables aromas e intercambiar palabras, suspiros, lágrimas y problemas de conciencia. La vivencia pasaba de cómica e insólita a dramática.
Como ambos habían ya terminado con sus objetivos evacuatorios orgánicos, Plácido quiso tomar la iniciativa, a fin de ordenar el “entuerto”, pero sin ceder en su ególatra y enfermiza sexualidad.
“Vamos Doroteo, una vez que hemos conseguido poner en orden nuestros intestinos, “cagando” lo que el cuerpo demandaba, salgamos de nuestros inodoros y estrechemos las manos. Creo que los dos nos sentará bien tomar una infusión, para calmar nuestras necesidades”. Cuando estuvieron frente a frente, ambos se reconocieron. Aun así, mezclando el “temor al superior” y la habilidad teatral del político, los dos acabaron en la cafetería Anticaria, sentados frente a frente, ambos con sendas tazas de tila con limón. Por distintas razones, Doroteo y Plácido supieron guardar las formas.
Han transcurrido unas semanas de este peculiar encuentro. La vida de tres personas ha cambiado desde esa tarde otoñal, en los servicios de la estación ferroviaria central, para la movilidad de los ciudadanos andaluces y visitantes. Andrea ha dejado los utensilios del barrido y fregado, pasando a trabajar en el servicio de atención a la mujer, correspondiente a la acción social del Ayuntamiento. Ha cambiado también de domicilio, habitando con su hija Auxi un confortable apartamento en la zona de expansión urbana de la localidad. Doroteo, ha cambiado su puesto de ordenanza, integrándose, según había elegido, en uno de los coches grúas que retiran los coches aparcados en zonas prohibidos. Esa actividad le mantiene más distraído para sus pesares. Con el cambio de puesto ha incrementado su retribución mensual de manera apreciable, por los suplementos de “peligrosidad y nocturnidad”. En cuanto a Plácido, vive y goza su nuevo capricho con amplia y gozosa rotundidad. Todos parecen estar satisfechos. Aquel encuentro en la modernidad de los inodoros ha resultado muy positivo para el sosiego de nuestros objetivos terrenales. -
José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
Viernes 9 octubre 2026
Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es
Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/


