viernes, 24 de julio de 2026

PÁGINAS EN BLANCO PARA LA CREATIVIDAD


Toda empresa es creada con el innegociable objetivo de generar beneficios. Es una afirmación difícil de refutar. Cierto es que puede haber colectivos empresariales privados que se planteen algunos objetivos benéficos, asistenciales o culturales, para el bien de la comunidad (además pueden desgravar con ello en la tributación). Pero, en general, si una empresa, sea cual sea su naturaleza, no consigue ganancias, no podrá seguir funcionando ad infinitum.  Los “números rojos” y los “impagados” llevarán a la quiebra y probablemente al cierre. Puede haber momentos favorables que incidan en los beneficios, pero en caso contrario el cambio de dirección y estrategia debe ser inexcusable, inmediato. 

Un grupo editorial, MERCURIO, tiene su central decisoria en Barcelona, extendiendo su influencia con una sucursal en Madrid (también las tuvieron en Sevilla y Valencia, las cuales fueron cerradas para economizar gastos). A finales de la anterior centuria gozó de momentos de esplendor empresarial, logrando situar como Best Sellers a determinados títulos y autores en el formato de libros de bolsillos. Pero con la llegada del nuevo siglo, comenzó a sufrir con intensidad la dura competencia de los elementos informáticos y de las actividades culturales programadas casi a diario por instituciones públicas y privadas. La editorial se avino a introducirse en el mundo informático, con los e-books para leer en pantalla. Pero los resultados no fueron tan sustanciales como para poder relanzar el negocio, Mantuvieron cierto “oxígeno” con el mercado escolar y los libros para jugar y aprender en los períodos vacacionales.  

El propietario fundador de la editorial fue RUBÉN de la Riva, que también ejercía como profesor colaborador en la Facultad de Filosofía y Letras de la capital catalana. Tras la jubilación, tomó el mando su hijo RAIMUNDO, quien tenía dos importantes colaboradores: MARIAN Abenza y su pareja CLAUDIORabanilla, los tres dedicados íntegramente al mantenimiento y desarrollo de la empresa cultural, en tiempos difíciles para la venta de libros. Su máxima o lema profesional era Leer y escribir como empatía, como camino juicioso hacia la comunicación y la vida. Los tres profesionales buscaban nuevas y valientes ideas para relanzar el amor y la necesidad por la lectura. 

Una antigua imprenta, con gran tradición en Cataluña, dirigida por CELSO, el heredero del fundador don REMIGIO Sanabria, se encargaba de la impresión de los trabajos y publicaciones, que se caracterizaban por ser ediciones con las páginas siempre bien encuadernadas y cosidas. Nunca aceptaban editar libros con las páginas pegadas al lomo del volumen, ya que este tipo de publicación desvirtuaba la conservación bibliográfica y la comodidad para la lectura. Eran ediciones primorosamente confeccionadas, en tapa dura o blanda, con ese mágico aroma a celulosa regada de tinta e historias, para el intercambio imaginativo entre el escritor y el lector. Las narrativas suelen ser “traviesas”, inesperadas y tantas veces fascinantes, que acceden a nuestra mente por la influencia de los “dioses” que organizan a su antojo el universo de las estrellas.


Cada miércoles los tres componentes fijos de la editorial (a veces con la colaboración de escritores y contratados administrativos) se reunían para analizar la difusión y venta de sus publicaciones, dedicando un tiempo importante de la sesión a la propuesta de autores para publicación de sus trabajos y a nuevas ideas para fomentar la venta de ejemplares. 

RAIMUNDO renovó la vieja idea de convocar un concurso de relatos. Con aquéllos de mejor calidad, formarían un ejemplar para su edición de tapa dura y bolsillo, bajo el título “Historias para antes del sueño”, narrativas que estarían enfocadas para personas o lectores mayores de edad, en cuanto a los temas tratados. Los relatos presentados a concurso tendrían una extensión que no superarían las 2000 palabras ni bajarían de las 750. Los tres primeros premios, por votación de los lectores, podría consistir en el regalo de un lote de libros del fondo editorial. 

MARIAN centró su objetivo en la traducción de obras extranjeras, abonando los derechos correspondientes. Marian por vínculos familiares era experta en idiomas y ya había traducido del inglés un par de obras. Pensaba en libros interesantes, de autores en el camino de la fama, que podían ser bien acogidos en el mercado bibliográfico. El género literario de la novela era muy bien recibido por los lectores españoles. También los ensayos filosóficos. Y, de manera especial, esas obras inéditas no traducidas de autores que se citaban en las crónicas pero que aún no habían llegado al gran público lector. 

La propuesta un tanto insólita, fascinante y educativa fue planteada por CLAUDIO Rabanilla. Explicó que su origen se había gestado en un grato sueño relacionado con el mundo editorial, recordando tiempos de adolescencia, que tuvo después de una intensa tarde noche de fiesta. Cuando resumió un primer flash informativo de lo que su mente barruntaba, sus compañeros de mesa se quedaron expectantes, interesados e ilusionados. 

“Mi idea es publicar un libro en rústica, que se pondría a la venta con unas 100 páginas en blanco. Se editaría en la imprenta de Celso Sanabria, con las hojas fasciculadas y cosidas. El precio de venta sólo sería el coste del papel utilizado y el pago de imprenta, unos 5 euros. En la portada de este singular librito, una foto motivadora que compartiría vegetación y orografía natural con una “pastilla hídrica” que sería una acumulación lacustre. Sobreimpreso un título, sin duda atrayente: 

HISTORIAS QUE ME CONTARON MIS PADRES

Una vez que los lectores/escritores rellenaran las 100 o menos páginas “inmaculadas” o en blanco de “su libro,” aquéllos que lo deseasen, enviarían ese volumen manuscrito a la dirección de la editorial Mercurio. La empresa editorial valoraría el contenido del texto y en un plazo prudencial haría una publicación en tapas duras y también en formato bolsillo, en donde irían impresos los diez mejores libros según el equipo técnico de analistas. Esta importante publicación colectiva de diez autores “no profesionales” tendría una notable tirada en su primera edición. Los derechos a percibir por las ventas para los autores serían del 30 % para esta primera edición, porcentaje que se iría incrementando en sucesivas ediciones.” 

Raimundo y Marian, así como los operarios técnicos quedaron muy. gratamente impresionados con esta genial idea de su compañero, a fin de fomentar la creatividad literaria de la ciudadanía. Los beneficios serían importantes para todos los “implicados” en esta noble tarea. Aquellos lectores a los que desde siempre les habría gustado escribir, pero que no se atrevían a hacerlo, ahora tendrían una lúdica y sentimental motivación para emprender la interesante aventura de la creatividad a través de las palabras y los contenidos correspondientes. Los autores elegidos tendrían su libro en colaboración publicado, con los incentivos afectivos, económicos y sociales que aquellas antiguas historias narradas por sus padres ahora verían la luz. El resto de los participantes tendría la alegría de tener su libro “manuscrito”, con ese valor que con el tiempo adquieren todos los esfuerzos realizados con generosidad e ilusión. La propia editorial Mercurio habría fomentado el placer vital de la lectura, el creativo arte de escribir y la necesaria venta de ejemplares, a causa de la iniciativa y la generosidad de muchos escritores noveles, que ahora tendrían su primera publicación, con el ISBN correspondiente.


La genialidad de Claudio, con su librito “en blanco” tuvo un éxito sin precedentes. No pocos lectores, ante la curiosidad y dificultad del reto, vistieron con palabras, ideas e historias, esas páginas inmaculadas que la editorial les ofrecía por muy escaso coste. Al paso de los meses y los días, salió a la luz de las inteligencias ese volumen mágico con las HISTORIAS QUE ME CONTARON MIS PADRES. Diez prometedores autores tuvieron la suerte, no exenta de merecimiento y esfuerzo, de ver impresas sus narraciones que ahora podrían compartir con los demás. Las tradiciones y cuentos de todos los tiempos tomaban vida en esas páginas, primero manuscritas, que ahora ornaban con luces de esperanza los estantes y escaparates de las librerías, templos para el culto de un mundo diferente, con hermosos valores para la convivencia. –

 

PÁGINAS EN BLANCO 

PARA LA CREATIVIDAD

 

 

 

 

 

 

 

 

           José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 24 Julio 2026       

                                                 Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es            

Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/

viernes, 17 de julio de 2026

LA SORPRENDENTE EXPRESIVIDAD DE UN PELUQUERO.

Hay profesiones que parecen exigir, en aquellos que la practican, una capacidad especial para el buen uso de la palabra. Resulta evidente que el escritor, el conferenciante, el agente de seguros, el profesor, el sacerdote, el miembro de la clase política, el vendedor de enciclopedias, el locutor de radio o televisión, el presentador de eventos, el periodista, etc. son profesionales que han de poseer y cultivar la destreza necesaria para el mejor uso de la fluidez expresiva. Hay que asumir que no todos poseemos la misma capacidad para hablar o escribir “bien” pero hay actividades en las que la expresión oral o escrita ha de ser intensa y cualitativamente imprescindible. En este contexto se inserta el curioso argumento que vamos a narrar esta semana. 

Una cadena privada de radiodifusión nacional, RADIO AMISTAD, tenía un director llamado DÁMASO Ballina. Este profesional de las ondas poseía una cierta “fama” de ser extremadamente exigente, con el trabajo que realizaban los locutores de la emisora y, de forma específica, con su calidad expresiva en la dicción de las palabras, buscando que éstas fuesen atrayentes para los radioyentes que siguieran la programación.  

Ballina hacia semanas que tenía en mente un proyecto radiofónico, en forma de programa diario nocturno, que comenzaría a emitirse sobre las dos de la madrugada. Durante cuatro horas acompañaría a los muchos noctámbulos que suelen estar despiertos a esas horas “de las brujas”, para animarlos a que sobrellevaran su insomnio o su trabajo (seguridad, sanidad, panaderías, opositores centrados en el estudio…) evitando que se sintieran solos durante esas horas serenas en que la mayoría duerme. El afán por rellenar esta franja horaria obedecía además a que sobre la 1 o 1:30 h finalizaban los espacios deportivos y a las seis las más importantes cadenas radiofónicas comenzaban los informativos del día. El título provisional que tenía previsto para el programa sería algo así como SOÑAR DESPIERTOS

En ese programa no faltaría la música romántica, tranquila, serena. También habría llamadas de los oyentes para entrar en antena, con diálogos sosegados y comentarios sobre temas culturales (cine, teatro, libros, música, anécdotas, consultas) evitando en lo posible las cuestiones políticas. El apartado de películas visionadas y libros leídos tendría una importante dedicación.

Pero faltaba lo más importante: el “conductor “del programa. Ballina pensaba que tendría que ser un locutor dinámico, imaginativo, motivador. Sobre todo, habría de tener una voz “aterciopelada”, dulce paternal, amistosa, sugerente, con un timbre de voz que acompañara y “susurrara”. Sería como el amigo fraternal de la “nocturnidad”. En este sentido fue analizando el equipo de locutores de que disponía en plantilla. Dacio, Mara, Ondina, África, Nazario… En general conocía que no estaban por la labor de sacrificar las horas de sueño por la noche, ya que tenían familia, niños. Sobre todo, tenía que ser un locutor de continuidad nocturna. Al margen de esta falta de disponibilidad horaria, tampoco encontraba en ellos la voz adecuada para esas horas glamourosas y suntuosas de la madrugada. Unos y otros estaban especializados en el deporte, en la información local, en programas temáticos como el flamenco o la cesta de la compra, la música clásica, o la literatura y el cine, etc. 

En esas diatribas se encontraba, cuando una tarde decidió ir a la peluquería para arreglarse y tratarse el pelo, pues tenía un problema severo de generación de caspa en su cuero cabelludo. Mientras el dueño del establecimiento “EL BUEN CORTE” TOMÁS Berlanga trabajaba sobre su cabeza, la atención acústica quedó centrada en uno de los peluqueros ayudantes, CARMELO Alvarado, quien no paraba de hablar con un cliente, mientras trabajaba con su tijera y peine. La voz de ese joven (estaría en la veintena avanzada) lo maravilló sobremanera. Era una voz varonil, pero revestida de suavidad, “aterciopelada”, dulzura, de aquel que sabe transmitir motivando la atención y el respeto del interlocutor u oyente. Este operario del corte de pelo y afeitado poseía sencillamente una voz prodigiosa. Era un deleite escuchar sus comentarios y opiniones sobre temas populares de actualidad o incluso sobre cuestiones en las que demostraba su afición a la lectura. 

Una vez que Tomás, el dueño de la barbería, terminó su trabajo con la cabeza de Ballina, éste abonó el precio tarifado con la correspondiente propina, que siempre es un hábito conveniente y usual en este tipo de servicio artesanal. Entonces se dirigió hacia el joven Carmelo, explicándole que era el director de una emisora de radio y que en los minutos que había estado escuchándole le había gustado y maravillado la tonalidad, expresividad y dulzura de su voz. “¿Le interesaría que se le hiciera una prueba en los estudios de la emisora? Podrías llegar a ser un muy cualificado locutor de radiodifusión” El joven operario estaba un tanto abrumado y sonreía sin saber qué decir. Ballina le dejó su tarjeta de visita, con un par de números de teléfono, para que lo llamara si se mostrara interesado para concertar una cita. 

El sábado por la tarde, a las 18:00, Dámaso y Carmelo (no tenía que ir a trabajar, pues la peluquería cerraba) se hallaban sentados frente a frente, en uno de los locutorios de la popular emisora. ¿Pero quién era el peluquero Carmelo Alvarado? Tras cursar la enseñanza obligatoria, a los catorce años renunció a continuar los estudios de bachillerato. El profesor de Tecnología en el Instituto donde estudiaba le aconsejó (había sido su profesor tutor) que iniciara con valentía el camino de la formación profesional. Siguió su razonada recomendación, matriculándose en dos módulos del ciclo medio de la FP. Uno de ellos era un módulo de declamación, ya que era muy aficionado a las artes escénicas y comprendía que un actor tenía que hablar muy bien, si quería dedicarse a la interpretación. El otro módulo que compartió era el de peluquería, pues en su fuero interno pensaba que era una profesión que no le desagradaba y era también creativa, pudiendo vivir dignamente con este trabajo. Aplicando un esfuerzo que sorprendió a sus familiares, en tres años consiguió ambas titulaciones. Todos estos detalles “biográficos” se los expuso a su interlocutor, a fin de justificar su interés por trabajar en la radiodifusión.

Ballina y Alvarado hablaron y hablaron por especio de unos 45 minutos. El director de Radio Amistad le dio una detallada información acerca del programa nocturno que se disponía iniciar a partir del 1 de septiembre. Antes de levantar la entrevista, Carmelo se prestó a que le hicieran algunas pruebas de dicción, que dieron unos buenos resultados para ejercer ante el micrófono. 

En la actualidad, Carmelo Alvarado, 29, desarrolla una doble profesión. Lunes y martes trabaja por las tardes unas horas en la peluquería El Buen Corte. No quiere perder ese vínculo laboral que, además de mantenerle económicamente durante unos años, le permite combatir el estrés aplicando “creatividad”. Por las noches, comienza su programa SOÑAR Y HABLAR BAJO LAS ESTRELLAS, a las dos en punto de la madrugada. Permanece ante el micrófono hasta las seis, cuando comienzan los informativos del día. Está asesorado por un equipo de guionistas, que le generan una serie de temas y fundamentos musicales idóneos para la hora de emisión. 

El programa, a pesar del horario nocturno, tiene una amplia y consolidada audiencia. Hay muchos ciudadanos que asumen un horario especial (mientras otros duermen) para desarrollar su necesaria y eficaz labor. La compañía de las fraternales ondas radiofónicas en una valiosa ayuda para cumplir con el servicio público que desarrollan cada una de las noches. No sólo enfermeros, policías y panaderos dialogan con Carmelo a través de las ondas, sino que por el programa “piden audiencia” ciudadanos adictos a la droga o a las compras compulsivas y avaros de la acumulación, estudiantes y opositores ante los objetivos de la superación, “cornudos” y engañadas en el teatro de la relación, triunfadores y fracasados en la selva de la “civilización, clérigos sin vocación y artistas de la creatividad, farsantes y posesos de la soledad, creyentes y agnósticos en la conciencia de la religión, jóvenes optimistas en el camino a recorrer y ancianos aburridos de la tradición, penados en las prisiones y los insatisfechos por su patológica ambición monetaria, enfermos esperanzados en la curación y trileros mágicos de la confusión, actores de la vida e ilusionistas en el escenario del amor. 


Con el paso exitoso del tiempo, Carmelo Alvarado tuvo que dejar esas dos tardes de las tijeras afiladas, la brocha enjabonada, la cuchilla y el fijador. Llegaron reconocimientos, como el Ondas de la SER e incluso las ofertas tentadoras de la atractiva televisión. “No solo es lo bien que habla este locutor, sino la convicción que consigue con la suavidad de su voz”. Las casualidades de la vida habían generado a un valioso locutor, que cada noche desarrollaba su tertulia con un mundo desorientado necesitado de terapia y comunicación. Sin fanatismos, sectarismos o analfabetos de la razón, sólo con la franqueza del diálogo y esas notas musicales que ensalzan y motivan al corazón. - 

 

 

LA SORPRENDENTE EXPRESIVIDAD DE UN PELUQUERO

 

 

 

 

 

           José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 17 julio 2026        

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viernes, 10 de julio de 2026

CUANDO EL DESTINO NOS ALCANZA

El género humano puede hacer amistades en los momentos y lugares más diversos e insospechados:  jardines, cursos académicos, esperando al autobús, viajes turísticos, celebraciones de cualquier signo, centros comerciales, clubs de lectura y así un largo etc. Lo importante es la actitud de las personas para “abrir” sus privacidades, compartir el tiempo, las palabras y las ideas, con la mejor y generosa actitud relacional. Obviamente, las circunstancias “ambientales” y la naturaleza de las personas son elementos diferenciales en cualquier tipo de amistad. Vayamos ya a la historia de nuestro relato, que se generó en un ámbito hospitalario. 

En los centros sanitarios públicos, las habitaciones que utilizan los pacientes son mayoritariamente compartidas. Por el contrario, en la sanidad privada es frecuente que a cada enfermo internado se le asigne una habitación individual durante su estancia. Como ocurre en la vida, uno u otro sistema tiene sus ventajas e inconvenientes. Lo que se gana en privacidad e intimidad se pierde en convivencia relacional. El problema de espacio en el centro médico también condiciona cualquier decisión al respecto. 

HOSPITAL UNIVERSITARIO VIRGEN DE LAS NIEVES, en Granada capital, vinculado al Servicio Andaluz de Salud. Séptima y última planta, sección de gerontología. Dos pacientes femeninas, ambas de avanzada edad, comparten la habitación 705. Se han incorporado al centro sanitario el mismo el mismo día, lunes 6 de julio, pero a diferente hora. 

La primera paciente que fue instalada en gran hospital público del SAS, a media mañana, se llama LAURA, 81años. Es natural de Granada. Tiene unos parientes lejanos de los que apenas tiene noticias. Vivía sola, en un pequeño piso de un bloque antiguo de seis viviendas, en el popular barrio del Albaycín. Durante su larga etapa laboral ha trabajado como modista, en un gran taller de ropa que elaboraba y arreglaba prendas de vestir, sirviendo a tiendas de ropa y al gran comercio de El Corte Inglés, de la Carrera de la Virgen. Los motivos de su desplazamiento a los servicios de urgencia del hospital se debían a diversos fallos multiorgánicos. Una vecina se puso en contacto con el 061 que trasladó de inmediato en ambulancia a esta mujer, que llevaba varios días sin salir de su domicilio. Soltera, de estado civil.

A media tarde, la segunda cama hospitalaria fue ocupada por otra mujer, septuagenaria, CECILIA, quien durante su vida laboral había ejercido como maestra de niños de formación primaria. Residente en el barrio del Zaidín, tras jubilarse a los 60, su gran ilusión era disfrutar del amplio tiempo de que iba a disponer. Tampoco había contraído matrimonio. Familiarmente tenía una buena relación con una sobrina, que residía en la cercana localidad de Santa Fe de los RR CC. Pero esta joven, titulada en Historia del Arte, que trabajaba en un taller de restauración de cuadros y obras de arte, a los 42 se enamoró de un noruego especialista en subastas de objetos artísticos. Su traslado a Oslo con la pareja afectiva incrementó la cruda soledad de Cecilia, situación que se agudizaba en estos tiempos de jubilación. Hacía tres años, con 75, en una revisión médica se le descubrió un severo y crítico problema: ELA. Esclerosis lateral amiotrófica. Un principio de acción neurodegenerativa, que paulatinamente iba limitando sus capacidades motrices. Las neuronas enfermas provocaban que el sistema nervioso no pudiera seguir enviando “mensajes” a los músculos voluntarios. La parálisis muscular iba lamentablemente en progreso. 

Las dos señoras, tras la recíproca presentación, se sintieron agraciadas de poder establecer una comunicación inmediata, que paliara esa soledad que venían soportando junto al peso ingrato de sus enfermedades. Para ellas era emocionante poder compartir habitación, pues ambas deseaban expresar y comunicar lo que sentían conociendo la realidad de su compañera enferma. Esa primera noche conciliaron el sueño con la ilusión que el destino había querido depararles, para sobrellevar la estancia en un recinto hospitalario. Pensaban que iban a tener tiempo abundante para irse conociendo, compartiendo lo mucho que tenían que decirse. 

Así fueron pasando los días y las horas, mientras ellas hablaban desde las dos camas. La cortina de separación había sido recogida, pues deseaban y necesitaban verse, a fin de aliviar esos acres momentos de tratamiento y dolor que la naturaleza les enviaba, sin que supieran cómo ni por qué. La amistad y la intimidad entre Laura y Cecilia fue en aumento. Las dos enfermas se esforzaban en no perder la conciencia, a fin de poder verse, intercambiar cualquier chascarrillo, reír, sonreír y a veces, incluso soportar algunas lágrimas traviesas que buscaban los surcos del rostro para acomodar su fluidez. 

Una mañana festiva de julio, después de tomar el desayuno, las dos pacientes se sentían más animadas y comunicativas. Con la ayuda de las enfermeras abandonaron las camas y prefirieron sentarse juntas en dos sillones ortopédicos. Fue Laura quien, mirando serenamente a los ojos de su compañera de cuarto, expresó unas “solemnes” palabras. 

“Qué pena, mi buena amiga, que el destino no nos haya proporcionado la oportunidad de conocernos mucho antes, incluso años, aunque las dos hayamos vivido en esta bella ciudad, llena de jardines y monumentos para la Historia. Yo he asumido la soltería porque no he encontrado a una mujer que me quisiera, para darle todo mi cariño, amor y ayuda sin límites. En estas dos semanas que llevamos internadas, a pesar de nuestra avanzada edad te siento como mi otro yo. Me ilusionaría que el tiempo que nos quede de vida, estuviéramos juntas. Querría estar siempre cerca de ti”. 

Cecilia, al escuchar esta fascinante declaración de amor, rompió a llorar emocionada.

“Querida Laura, he pasado toda mi vida ocultando las verdaderas necesidades de mi sexualidad. ¿Por qué lo hice?  tal vez por miedo, por indecisión, por cobardía. Y hoy me encuentro a un ser verdaderamente bueno y maravilloso que abre su corazón y me dice: yo soy, tú eres, nos necesitamos. Nunca nos separaremos. El tiempo que la vida nos dé, caminaremos juntas por la alegría y nos apoyaremos en nuestras dolencias y adversidades. El destino no logrará distanciarnos por más que se empeñe. Siento este día como uno de los más felices de mi existencia”. 

Entonces juntaron sus manos y las entrelazaron como prueba y propósito de su unión inseparable. 

Otra tarde, cuando trataban de paliar y soportar las consecuencias dolorosas de su de su deterioro orgánico, fue Cecilia, la antigua maestra quien le hizo una pregunta trascendente a su fraternal amor: “Laura ¿qué crees que vendrá después de -este martirio-cuando el fin nos alcance? Tras unos largos y silenciosos segundos, su compañera le dijo: “Cecilia, pienso que entraremos en un sueño muy largo, para no despertar. Ya no sentiremos molestias, dolores, angustias, necesidad de medicinas ni pruebas, “pasaremos” de los engaños, ambiciones o maldades. Habremos dejado de sufrir. Ese sueño en la oscuridad mental nos atrapará y nos desintegraremos plácidamente en la inmensidad espacial. Aquí quedará nuestro cuerpo, que también se convertirá, lentamente o con la velocidad del fuego, en polvo, tierra, para la fertilidad de la naturaleza. 

“Yo también pienso como tú, Laura. Durante unas fases de mi vida, cuando era pequeña o cuando ejercía la profesión (tuve que impartir materias diversas, incluso la religión) creí tener esa fe invisible que, en realidad mi cerebro, una y otra vez, no aceptaba, encargándose de llevarme a la realidad. Cuando hay tantas e importantes preguntas sin respuestas, comprobando y sufriendo las barbaridades que el mundo nos genera, como genocidios, matanzas indiscriminadas, guerras absurdas, catástrofes naturales, enfermedades muy dolorosas que afectan incluso a niños y jóvenes, niños con pocos años que pierden a sus madres, todo ello me ha hecho replantearme mis creencias con respecto a la cultura religiosa con la que se nos ha adoctrinado. La incredulidad sí es convincente y racional para mi persona. Y ese es mi problema: la falta de explicación racional alguna para tener que soportar tanto dolor absurdo e injusto que tenemos aquí en la Tierra. ¡Como puede una divinidad, ese dios todopoderoso y providencial permitir tantas crueldades, durísimas desgracias a diario sobre personas inocentes y honradas! Para mí la muerte es la ansiada liberación de un mundo injusto, absurdo y cruel, en donde la maldad y la violencia física y psicológica reina y avanza sin control e impunidad”.

Las hojas del almanaque continuaban su repetido fluir. Días, horas y minutos. En una fase ya previsiblemente terminal de sus vidas, solicitaron hablar con el director del recinto sanitario, Dr. Fernando Albariza. Cecilia fue la protagonista de una excepcional petición. 

“Doctor, el tiempo se nos acaba. Presentimos cada vez más cerca nuestro destino. Laura y yo hemos encontrado por suerte una intensa amistad y fraternidad vincular, que nos ha faltado en el extenso periplo de nuestro recorrido vital. Nos gustaría emprender el camino hacia la inmensidad cósmica juntas. Hemos decidido unirnos en matrimonio ante de que perdamos el control de nuestras conciencias.”

Un notario del ilustre colegio de Granada certificó la unión matrimonial de las dos señoras, en una sencilla ceremonia a la que asistió el director del Hospital y la jefa de enfermería. El conservatorio superior de música, previo aviso, envió un joven cuarteto de cámara para que interpretara tres piezas clásicas breves como colofón a la entrañable unión de dos mujeres que encontraron el amor al final del camino. La cocina del hospital tuvo el detalle de preparar una preciosa tarta, blanca como la pureza de la nieve y roja como los latidos del corazón. Pacientes con autonomía de desplazamiento y personal del centro sanitarios disfrutaron de una sencilla y grata merienda en honor de dos seres contrayentes en la amistad, la necesidad y el amor: Cecilia y Laura.

Septiembre y la llegada del otoño abrieron el camino para ese ignoto viaje de Laura hacia la inmensidad cósmica, como ella había bien imaginado, libre de cargas y pesares dolorosos, que aquí quedaban en su cuerpo inerte. Quiso el destino que sólo tres días después siguiera el mismo camino Cecilia. Muchos dicen que no fue el ELA el motivo de su despedida terrenal, sino la búsqueda fascinante de su amor postrero por los espacios invisibles para la opacidad humana. Fernando Albariza fue el encargado de entregar al viento, desde la plástica monumental irrepetible del MIRADOR DE SAN NICOLÁS, en el barrio del Albaycin, las cenizas terrenales de dos admirables mujeres CECILIA LAURA vinculadas in aeternum por el amor.  -

 

 

CUANDO EL DESTINO

NOS ALCANZA

 

 

 

 

 

 

          José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

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viernes, 3 de julio de 2026

FIESTAS INSÓLITAS PARA LA INCREDULIDAD.

A medida que vamos sumando años, no sólo en el DNI, sino también en nuestra estructura orgánica, incrementamos al tiempo conocimientos y vivencias acerca de este mundo en el que hemos sido insertos sin pedirnos permiso alguno. Muchas veces tenemos la tentación de creer en esa frase que dice “todo está ya inventado, queda poco por descubrir” (como no sea el camino hacia la inmortalidad). Pero la experiencia y el razonamiento nos hace reconocer que el género humano es tan complicado e imprevisible, que en el momento más inesperado vamos a conocer nuevos logros, descubrimientos y ocurrencias fascinantes que despertarán nuestro interés, interpretación y justa valoración. Esas novedades que otros generan despertarán nuestra admiración, alegría, pesar, esperanza, desánimo y también, la lúdica comicidad. Vayamos pues a la historia burlona que nos transmite el relato de esta semana. 

BEATRIZ Almansa, 38, graduada en Literatura Contemporánea, escritora de novelas con varios premios obtenidos en certámenes literarios de nivel medio, goza de una positiva aceptación entre los aficionados a la lectura, según constata la editorial Junco que publica sus obras. Lleva casada cinco años con CELESTINO Erice, 43, propietario de una agencia inmobiliaria, que opera en la provincia de Málaga, por toda la línea de costa desde Maro hasta Manilva.

Este agente inmobiliario llegó al matrimonio con Beatriz tras el divorcio de un amor de juventud, MINERVA Alcaraz, con la que convivió casi una década. Sus repetidas infidelidades impulsaron a la joven profesora auxiliar de la UMA, en el departamento de Biología, a tomar la decisión de “mandarlo a tomar viento” a pesar de que Celestino era un hombre que manejaba la tarjeta bancaria con gran alegría e irresponsabilidad. Erice solía presumir, cuando vendía una propiedad inmobiliaria (no me interesan los pisos para pobres) que los compradores pagaban por encima de los 400.000 euros y que sus ganancias nunca bajaban del 30% de la transacción. “Puedo estar sin trabajar varios meses sin problemas” frase arrogante que desarmaba a sus interlocutores. Realmente este hábil gestor del “ladrillo” gozaba de buena presencia, con un don preclaro de la palabra, don de gentes, intuición para “oler” donde podía sacar una buena “tajada”, especialmente entre los clientes extranjeros. También era muy teatrero, pues había estudiado en sus años juveniles artes escénicas, técnica que ahora aplicaba con agudeza e intuición, “engatusando” como una araña que teje su lienzo con hilos de proteínas, las espidroínas, especialmente a la gente con sobrada liquidez económica. 

Como ocurre en tantos matrimonios, al paso de los meses y los días, el vigor y la ilusión atractiva se va desvaneciendo. La sexualidad rutinaria va como perdiendo encanto, fuerza y necesidad. Beatriz y Celestino eran dos caracteres diferentes y su convivencia fue generando diferencias, en principio banales, pero que con el paso del tiempo se convertían en discusiones llegando al carácter de auténticas “peleas. Se enfrentaban dos egos muy personales. Ella recibía plácemes y reconocimientos, por su acertada e interesante creatividad literaria. Los premios en algunos certámenes sustentaban la valía de su escritura y, también, los ingresos monetarios. Se encerraba cada mañana a la tarea mágica de las palabras y las ideas, sobre el teclado de su “querido” MAC. Se concentraba redactando esas narrativas, artículos, cuentos, novelas, que iban felizmente creciendo en la imaginación de la joven escritora. Le agradaba vivir con un compañero atractivo, charlatán y con dinero, pero desde las primeras semanas se dio cuenta que su esposo necesitaba y no abandonaba la aventura femenina, la novedad, la improvisación relacional y el dulce placer del engaño. Beatriz tenía su propio mundo creativo, por lo que pasaba de nimiedades y chiquilladas, disfrutaba con su profesión y con un hombre simpático y de potente virilidad y expresividad, con la que ganaba bien “los cuartos” y que no renunciaba a la vida alegre. 

Ambos habían decidido aprovechar con plenitud “sus existencias” por lo que no se preocuparon por el trascendental tema de la descendencia. Temían que la llegada de hijos coartase (maternidades y paternidades) su dulce y tranquila estabilidad. 

Cierta e infortunada tarde, en la que Bea estaba ordenando el armario del dormitorio que ambos compartían, descubrió en el bolsillo de la cazadora de Celestino unas “mini bragas” muy sugerentes que ocultarían en poco la suave humanidad de quien las usase. Fabricadas en el mercado chino, ofrecían un intenso color rojo con pequeñas y atrevidas estampaciones del órgano reproductor femenino. Primero sonrió con el trofeo descubierto. “Otra vez Celestino con las suyas”. Pero la sonrisa se mutó en una encadenada carcajada cuando llegaron a las fosas nasales los turbios y añejos aromas que emanaban de la prenda, que por lo visto su mujeriega pareja tanto apreciaba. Otros días fueron llamadas telefónicas a deshora, mensajes de WhatsApp, sonoros delirios oníricos del vendedor del ladrillo edificado. 

Beatriz, después de estos “fascinantes” descubrimientos, volvía con una sonrisa despreciativa al teclado de su ordenador, para continuar su maravillosa tarea creativa de otras vidas y otros mundos. Cuando los minutos se evadían de la ocre realidad, iba a la cocina a prepararse un aromático té “Dunas del Sahara” que se lo había recomendado Abelardo Manzanas, jefe de la Editorial JUNCO donde la escritora trabajaba. Así transcurría la equívoca aventura de un matrimonio, en el que la convivencia era “cómoda” pero cada vez más desvitalizada.Realmente, marido y esposa eran dos egos muy autosuficientes, engreídos y tenaces en sus modus vivendi. La lava volcánica del hastío y la soberbia no tardaría en explosionar. 

Era una tarde de sábado, en la que ambos decidieron ir al cine Albéniz, la última película de Almodóvar, intensa en su dramatismo. Después de cenar besugo asado en un merendero o chiringuito del Paseo Marítimo, paseaban “hundiéndose” en la arena playera. Se detuvieron, cruzaron sus silencios durante unos críticos segundos y se acomodaron en un solitario banco pétreo bajo la humedad malacitana ornada por un cielo majestuoso de estrellas. Estuvieron largo tiempo escuchando la orquesta hídrica de los sonidos percutidos por el oleaje, sin pronunciar palabra alguna.  La valentía de Beatriz quedó una vez más puesta de manifiesto. Mirando fijamente a los ojos de su marido, dijo sin un solo pestañeo:

“Celestino, creo sinceramente que lo nuestro no va. Llevamos cinco años de convivencia y la fuente cada vez mana menos agua ¿Para qué seguir actuando banalmente sobre el escenario, sin un argumento vital que lo justifique?” 

“Como siempre, sabes expresar tus pensamientos como si se los dictaras al teclado” “No son pensamientos, son sentimientos”. Su marido también estaba en la misma onda, pero carecía de ese bien decir. Se encontraba mejor, pera la expresión, en el mundo de los negocios y la apasionada aventura de la cama. En unos días lo tenían bien claro. Iban a romper su vínculo, pero (ambos de acuerdo) lo iban a realizar de una forma festiva. No les faltarían habilidades, tratándose de una imaginativa escritora y de un vendedor de “alta gama inmobiliaria” en sus dotes negociadoras. Dado que conocían a mucha gente, decidieron que iban a dar una feliz gran fiesta de separación matrimonial. 

Contrataron un cáterin especial en la prestigiosa empresa LEPANTO, que se encargaría de organizar todos los servicios con los más mínimos detalles. El precio de la celebración podía “marear” a quien lo conociera, pero los ex contrayentes se lo podían permitir. Entre amigos, compañeros de trabajo, conocidos, familiares, amigos de los amigos, el listado participativo superaba los 300 cubiertos. Todos ellos recibieron esta extensa y “cariñosa” invitación.  

Querido buen amigo. Con exuberante alegría e incontenible emoción, queremos comunicarte que Beatriz y Celestino, tras cinco años de paciente convivencia ¡al fin nos separamos! a dios gracias. Nos sentiríamos inmensamente felices si compartieras con nosotros esta inolvidable ceremonia. Para esta gran efeméride en nuestras vidas celebraremos una gran fiesta, con orquesta y cena incluida, en el afamado cortijo LA ALDABA, Puerto de la Torre, el sábado 25 de julio, fecha del Santo Apóstol, a las 20 horas. 

Sa ruega confirmación de asistencia en el correo electrónico: festival@lepanto.es

Cuenta Unicaja: 001530456075. Para regalos materiales, listado en El Corte Inglés. 

BEATRIZ y CELESTINO.

 

El día del sorprendente y esperado evento la policía local del distrito Puerto de la Torre desarrolló una zonificación de accesos y aparcamientos, aunque también se disponía de dos grandes autocares de la Empresa Torres, que partirían de la puerta del Excmo. Ayuntamiento de Málaga, a las 19 h. 

Habían sido convocados representantes de la prensa local. Las televisiones también enviaron a sus periodista y locutores. El Excmo. Sr. alcalde excusó su asistencia, sustituyéndole el concejal de Servicios Sociales y Armonía familiar Feliciano Alcalá. Dos orquestas o grupos iban a amenizar la gran fiesta: Los JABEGOTES DEL PALO y la Panda de verdiales “LOS CAMPANILLEROS DEL ROCÍO”.

A los armoniosos sones del Himno de Andalucía, cantado por LUPITA DE ALMOGÍA, hicieron su entrada en el muy adornado recinto los “des-contrayentes”, grandes protagonistas del acontecimiento. Celestino iba del brazo de su nuevo “ligue” IRIS Parral de la Oliva (a la que se le notada su estado de buena esperanza) mientras que Beatriz lo hacía del brazo de su señor padre, don LEOPOLDO SAN ANTONIO Almansa, registrador de la propiedad. Esperaba a la radiante pareja, en el estrado ceremonial de separación, un notario amigo de la familia, don LIBERTO Vierteaguas quien dio fe notarial de la gozosa desvinculación. 

La des-contrayente iba ataviada con un lujoso vestido de raso blanco, elaborado exprofeso, por el selecto taller de Manoli Gamba. El des-contrayente vestía una severa y elegante levita de alpaca gris, con el simpático detalle de calzar unas zapatillas deportivas marca CONVERSE de color azul (según había comentado a los amigos, para poder correr y huir con más velocidad de todo aquel montaje, acompañado de su nuevo amorcito Iris). Don liberto certificó la separación, entre los animosos vítores y aplausos, con lluvia de pétalos de rosas, de un enfervorizado público, que ya percibía el suculento olor que emanaba de las bandejas preparadas en manos de los camareros, prestos a servir a los comensales. 

El MENU para la fiesta era suculento. Entremeses ibéricos. Tacita de caldo de caviar a la Siberiana. Parrillada de mariscos. Sorbete de limón o naranja al vodka. Lomo asado a la pimienta, con guarnición de verduritas glaseadas/ Lomos de lubinas asados a la sal de Capadocia, con crema de quesos alsacianos. Gran tarta de 8 plantas, de bizcocho lechado integral con cabello de ángel a la canela, dulce de leche, torrentes de chocolate negro a la guindilla anaranjada. Por supuesto, barra libre para las bebidas. No fueron pocos los invitados que se dejaron vencer por la tentación y acabaron con unas “cogorzas” de manual. 

Cada asistente recibió como regalo una lámina enmarcada en cartón y plástico dorado, dedicada por ambos des-contrayentes, diciéndose adiós con ambas manos, manteniendo en sus rostros pícaras sonrisas, con un fondo de la catedral malacitana en el atardecer. Iniciaron el BAILE de la gozosa ruptura, don Leopoldo con su hija Beatriz y Celestino con su nuevo amor Iris, que lucía una amplia túnica blanca de seda y raso, con remaches dorados y turquesas de botonadura, para disimular su feliz estado de gestación. Los dos grupos orquestales no dejaron de tocar y cantar hasta la media noche, momento en que comenzaron unos vistosos fuegos de artificio, que pusieron color y emoción a la brillante bóveda celestial. Después continuó la fiesta. Sin descanso. El etílico estaba haciendo sus efectos y muchos eran los que planeaban una larga noche de “amor “ y desvarío. Celestino había puesto tierra de por medio, con ayuda de las Converse, aunque Iris, dado su estado y la fractura de una tira de su sandalia izquierda se quejaba del trote “cochinero”, sin que su “Adonis” le hiciera el menor caso. Beatriz, algo ebria, cantaba “a la vida” meditando acerca de cómo aprovechar el gran montaje que habían organizado para su próxima novela

Los autocares partieron de vuelta a la 1 de la madrugada, aunque la mayoría asistentes prefirieron continuar con la glamourosa fiesta, en esa noche inolvidable de estrellas, sexo y luceros, con una luna llena que musitaba sonriente:

“¡Qué gentuza! Cómo entretienen el aburrimiento estos locos y burdos terrícolas”.


 

FIESTAS INSÓLITAS PARA LA INCREDULIDAD


 

 

           José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 03 julio 2026        

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viernes, 26 de junio de 2026

RECORDADOS CHARLATANES CALLEJEROS.

Todas las personas, desde aquellos seres privilegiados en su éxito existencial, hasta la gran mayoría anónima en la humildad de su tránsito terrenal, todos ellos destacan por tener alguna cualidad o capacidad sobresaliente, en cualquier ámbito, género o actividad. Esa habilidad que son capaces de desarrollar en su quehacer público o en su íntima privacidad no es fácilmente explicable, por lo que se les reconoce como una cualidad o destreza innata vinculada a los misterios de la genética o experiencia. 

Los ejemplos que podrían citarse, importantes o banales, serían casi infinitos. Destaquemos algunos de esas insólitas o sorprendentes habilidades.  Caminar descalzo sin caerse por un cable o cuerda de acero, ayudándose de una gran vara flexible para el equilibrio. Construir un velero de la Historia Moderna, con todos los elementos navieros, utilizando para ello centenares de cerillas de madera. Tocar perfectamente la percusión del tambor sobre una puerta, aplicando para ellos los dedos y los nudillos de las manos. Poder dormir a una persona, mirándola fijamente a los ojos y pronunciando algunas frases o palabras. Escribir una corta oración, en la punta de un alfiler. Hablar sin mover los labios, con la destreza de un diestro ventrículo. Poder sumar, restar, multiplicar o dividir cifras en breves segundos, sin utilizar calculadora alguna, sólo con la ayuda de la mente. Saber en todo momento la hora exacta que es, sin tener acceso a reloj alguno, con un acierto asombroso. Averiguar dónde hay un manto freático subterráneo, para construir un pozo, con solo un cordel y un péndulo de plomo (los zahoríes) o con una varilla de madera o metal en forma de Y o L. Leer y resumir el contenido de una novela, en escasos minutos. Y así un largo etc. En este contexto, vayamos pues al relato de esta semana. 

Se llamaba REMIGIO Cestino Balear. Durante su modesta infancia y adolescencia no había destacado en sus labores escolares. Su bagaje formativo solo alcanzaba los estudios primarios. Desistió de estudiar el bachillerato elemental, que en los años 50 se iniciaba a los 10 años. Su padre, HERMINIO, era obrero de carga portuario, entregado a la necesidad de la taberna, finalizando pronto la existencia debido a las profundas borracheras que iba encadenando cada una de las tardes y de manera especial durante los fines de semana. La degradación que provocó en su organismo el alcohol fue un penoso ejemplo para ese hijo único que tenía, en su matrimonio con CARMELA quien, prácticamente en la indigencia se tuvo que “echar a la calle” para “sobrevivir” al fallecimiento de su marido. La pequeña oxigenación económica aparecía, cuando llegaba algún buque de la marina de guerra americana, para recalar en el puerto malagueño durante algunos días. Los fornidos marinos desahogaban sus bríos en los míseros burdeles de la parte antigua de la ciudad.

En ese tan desordenado hogar, Remigio pasaba las horas escuchando con deleite a las señoras mayores de la corrala perchelera donde vivía, distrayéndose con todos los chismes y diretes que intercambiaban como ocio y necesidad las vecinas en el patio común de la corrala. Doña Ramona, doña Engracia, doña Conche, doña Lola, doña Virtudes …  Escuchaba atentamente y asimilaba la “cultura” mundana de aquellas pobres mujeres que tenían mucho recorrido por la vida. Especialmente doña CONCHA, jubilada de la textil malagueña y bien conservada, miembro de la Agrupación Lírica malagueña, que era una charlatana de pro. En ese ambiento convivencial, popular y de intensa llaneza vecinal, fue la “mejor escuela” para un adolescente que no tenía claro el camino decidido por donde iba a circular en su vida. Desde luego Remigio tenía valores innatos para la locuacidad, que se fueron acrecentando con el trato continuo de ese peculiar vecindario de personas mayores y con muchas “aventuras” en sus memorias. Y en el joven Cestino, no sólo iba destacando la capacidad para hablar, sino también la habilidad para convencer, con manifiesta verborrea, al que le escuchaba de sus opiniones y argumentos, aunque fueran más que falaces. 

Dada la precariedad económica de su familia, Remigio comenzó a buscar trabajo “en lo que saliera” cuando aún no había cumplido los quince años. Comenzó de mozo en una tienda de ultramarinos, en donde echó raíces por su formalidad y entrega en sus obligaciones. Al tiempo lo pasaron a la categoría de dependiente, en donde mostraba sus habilidades para atender a los clientes. Así estuvo unos años, hasta que el cambio de propiedad del negocio originó que también cambiaran a los empleados, encontrándose en la calle. Hizo de “Hombre Anuncio” de una marca de productos para el cuidado del cabello. Probó también como ayudante de correos, repartiendo correspondencia por los domicilios de la ciudad durante un largo tiempo. Un amigo le habló de una editorial que ofrecía trabajo a los vendedores de sus enciclopedias. Con la experiencia que tenía, en el reparto de cartas y paquetes postales, fue contratado a comisión para ir por los domicilios y oficinas, ofreciendo la Enciclopedia Espasa, en una edición resumida de 10 volúmenes (la edición general para centros de estudio o personas con dinero alcanzaba los cien volúmenes). Pero sin grandes resultados, pues la gente común no tenía medios ni ganas de gastarse “los cuartos” en libros que no iban a leer y que pesaban más de un cada volumen. 

Un sábado por la tarde, acudió a una casamata residencial en el barrio de Ciudad Jardín. La dirección se la había facilitado la propia editorial, que poseía listados de personas acomodadas en cada provincia. Trataba de convencer, con ímprobo esfuerzo, a don TIBERIO Quintanilla de que adquiriera una enciclopedia histórica, que podía facilitarla a cómodos plazos mensuales. Este comerciante quedó admirado de las brillantes dotes de charlatán locuaz que mostraba el persuasivo vendedor.

“Mire, Cestino. Valoro su esfuerzo en querer endosarme esos seis volúmenes de la Segunda Guerra Mundial, pero a mí me importa “un pepino” los avatares bélicos que padeció el mundo hace unos veinte años.  Comprendo que tiene que ganarse el pan de cada día. Sin embargo, aprecio en Vd. unas dotes expresivas verdaderamente admirables para tratar de convencer a la gente, especialmente a las personas modestas de que adquieran productos útiles para la cocina y la vida diaria. Pertenezco a una empresa de venta callejera, para difundir productos que importamos del mercado chino. Necesitamos vendedores que dediquen sus mañanas a la venta callejera de esos necesarios y baratos productos. Vd. Cestino, tiene el perfil adecuado para trabajar como un dinámico vendedor, con los trucos y habilidades para los que será adecuadamente entrenado”. 

Así, de esta forma tan inesperada e insólita, Remigio se integró en la empresa de Tiberio Quintanilla, como vendedor ambulante. Tras una semana de preparación, instalaba su mesita de tijera o tenderete en un punto urbano de abundante tránsito de viandantes. Era muy conocida su presencia casi diaria en calle Compañía, frente a la gran tienda de cerámicas y cubertería de lujo de Álvarez Fonseca, en la actualidad Museo Thyssen, muy cerca de la Plaza de José Antonio (hoy Plaza de la Constitución).  También se ubicaba en la comercial y muy transitada Calle Nueva y en la Plaza de Félix Sáenz. Ofertaba productos de precio barato y de sorprendente utilidad, como peladores de patatas y frutas. Curiosos y versátiles exprimidores de cítricos. Otras veces eran corbatas de gran calidad a precios increíbles. Mágicos líquidos quitamanchas que actuaban de inmediato sobre la prenda a limpiar. Utilizaba para ello sus grandes dotes de verborrea expresiva (le dieron unas clases prácticas de pronunciación para que aplicara una dicción castellana, que realzaba su figura (vestía con chaqueta y corbata) y convenciera a la masa “poco cultivada” y crédula que, atenta y “boquiabierta”, escuchaba sus atractivas ofertas. 

“Este maravilloso invento no les va a costar ni 25, ni 20, ni 15, ni 10 pesetas. Sólo hoy se lo pueden llevar a casa por el increíble precio de una entrada de cine ¡5 pesetas! Y además les regalo un vaso de plástico, valorado en una peseta, en donde pueden echar el zumo de la naranja, que con el patentado invento del tornillo giratorio, exprime hasta la última gota de zumo que queda en el apetecible cítrico”. 

Remigio llevaba siempre “un reclamo” que se mezclaba entre la masa que rodeaba al convincente truculento vendedor. Era el primero que levantaba el brazo, al grito de “yo le compro un exprimidor”, gesto que animaba a los “embelesados” concurrentes, que pronto abrían su billetero o monedero para sacar las cinco pesetas con que pagar la interesante compra.  

Los niños de aquella época, años 50 de la pasada centuria, buscábamos distracción viendo y escuchando, entre el corrillo de personas adultas, al “mago” de las fluidas expresiones, “envolviéndose” en una densa nube de palabras y gestos, bien ensayados, para “atrapar” de alguna forma a los compradores pusilánimes. Sus modales exquisitos, su elegante porte en el vestir, sus argumentos y hábiles prácticas sobre la mesa de trabajo, generaba nuestra admiración y respeto hacia el locuaz vendedor. 

No podrían finalizar estas líneas sobre los charlatanes callejeros, sin aludir a otro gran personaje de la palabra, en la Málaga de los años 50 y 60. ¡Que viene Matías! Y las gentes rodeaban a esta persona en la calle para escucharle sus certeras palabras. 


MATÍAS Ortega Ruiz había nacido en 1889, en la zona de la Goleta/Molinillo malacitana. Era hijo de un sereno. Estudió en el colegio de los Salesianos y fue soldado durante 16 años. Llegó en la escala castrense a sargento de la Legión. Combatió en la guerra de África, Melilla, obteniendo 8 medallas por su valor en el combate. Cuando la reina Victoria Eugenia de Battenberg (esposa del monarca Alfonso XIII, 1886, 1902, 1931) entregó una bandera en 1921 al Tercio de la Legión (cuerpo de ejército creado en 1920) el sargento Matías pronunció unas palabras ante la regia señora. Volvió a Málaga en 1930 aquejado de una enfermedad mental: Parafrenia (trastornos psicóticos, delirios fantásticos, alucinaciones, ánimo exaltado …) Quedó recluido en el Hospital Civil, en el que gozaba de un régimen abierto, para dar sus diarios paseos y discursos. Iba elegantemente vestido, con sombrero, chaqueta y pañuelo blanco en la solapa. Los malagueños que escuchaban sus discursos y peroratas lo hacían con admiración, cariño y divertimento. Cuando terminaba su perorata, en la que mostraba su gran cultura y agudeza mental, daba una patada en el suelo al grito de “¡lo dice Matías! Falleció en el Hospital Civil de Málaga el 23 de febrero 1971, a los 82 años. 

El autor de estas líneas era uno de aquellos niños que también se arremolinaban alrededor de Matías, escuchando sus palabras y observando sus gestos teatrales y mímicos. Era la España de los 50/60. –

 

 

 

RECORDADOS CHARLATANES

CALLEJEROS

 

 

                      José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

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