viernes, 14 de junio de 2013

15 AÑOS. ADOLESCENCIA Y FAMILIA.


Es una edad preciosa y difícil al tiempo. A ratos, apasionante. En no pocos casos, descontrolada. Pero gozando la plenitud natural de la vitalidad. Incluso, en la expresión popular, se le suele dar al número quince el dulce apelativo de “la niña bonita”. Muchos jóvenes alcanzan esa edad nuclear, que pone fin a la infancia y abre el camino de la adolescencia, con un buen equilibrio en sus respuestas. Ante el entorno, que les vincula. Y, también, ante la identidad de sus propias conciencias. Pero en otros casos, ciertamente bastante repetitivos, esa frontera cronológica supone un mar tempestuoso para la complicación. Sufren ellos y padecen quienes les acompañan. Padres, profesores, familiares y amigos, pueden dar fe de estos contrastes que tanto afectan al carácter de los jóvenes adolescentes. Hablamos de una edad en la que se suele mezclar la rebeldía, ante lo establecido, la insatisfacción, ante la racionalidad de lo natural, la introversión o la huida, ante las formas o los comportamientos y el desprecio inconformista, ante un entorno que se considera falso y agresivo. Para algunos puede suponer la denominada “edad del pavo” pero, en otros muchos casos, puede considerarse la edad o etapa de la primera,  y especialmente emblemática, gran crisis existencial en las personas.

GRACIA QUEREJETA MARÍN (Madrid, 1962) nos traslada, en su sexta dirección cinematográfica, a ese mundo en el que jóvenes y familias tratan de negociar un punto común de equilibrio, en la inestable y recíproca ventisca de la incomprensión personal. 15 AÑOS Y UN DÍA, estrenada comercialmente el viernes 7 de junio (dos días más tarde, su padre Elías Querejeta Gárate (Hernani 1934 - Madrid 2013) un gran productor de cine, nos dijo adiós, en la búsqueda de nuevas producciones, por el cielo inmenso de las estrellas) fue premiada en el pasado Festival del Cine Español, en Málaga. Recibió la biznaga de oro a la mejor película, junto a la biznagas de plata al mejor guión (de la propia Gracia y Antonio Santos) y banda sonora original.  


SÍNTESIS ARGUMENTAL

JON (Arón Piper, Berlín 1997) es un chico de quince años, huérfano de padre, desde los diez. Atraviesa una fase difícil en su carácter: inconformismo, soluciones drásticas, profunda irresponsabilidad, agresividad como respuesta, desprecio al fin ante un entorno que le condiciona y limita en su percepción. No puede comprender que los demás sufran, soportando sus incómodas acciones que llevan el signo de lo desagradable, el riesgo e, incluso, la violencia. Vive junto a sus madre, Margarita. Pero así no es como llaman en familia a esta mujer.

MARGOT Aguirre (Maribel Verdú, Madrid 1970) es viuda de Nicolás, el cual puso fin a su vida tras conocer las infidelidades afectivas que mantenía su compañera, pero dejando a ella y a su hijo en una cómoda situación económica. Margot quiere e intenta ser actriz,  pero fracasa, una y otra vez, cuando se presenta a las pruebas de casting. Protege y disculpa todas las acciones de su hijo, hasta que las violencias del joven le mueven (tras su expulsión del colegio) a enviarlo, los meses del verano, para que viva junto a su abuelo Max, a fin de que éste intente enderezar al díscolo nieto. 

MAX (Tito Valverde, Ávila 1951) es un militar retirado que intervino en la Guerra de Bosnia  (Mostar, Bosnia y Herzegovina) conflicto que le ha dejado muy marcado en su carácter. Tras cuarenta años de matrimonio, hace tres que se ha separado de su mujer CATI (Susi Sánchez, Valencia 1955), yéndose a vivir, junto al mar, en Alicante. El sentimiento de rechazo y desprecio, entre ambos ex cónyuges, es manifiesto y constante. Max intenta enderezar el comportamiento desviado de su nieto, pero los choques, generacionales y de carácter, en dos seres con profundos problemas de identidad, se suceden en el día a día.

Jon hace pronto amigos, en esa bella ciudad mediterránea del levante peninsular. Son jóvenes desarraigados, que viven en una cierta marginalidad de las buenas costumbres. Así es el caso de NELSON, el grupo de los ecuatorianos y, también, ELSA, una dulce adolescente que trabaja en el cíber regentado por su padre y que por las tardes ejerce de peluquera. Es la novia de Nelson pero, paulatinamente, se siente atraída hacia Jon. También interviene, en la narración de la historia, un chico gay, TONI, que cultiva la música y que por su formación cultural es encargado por Max  para que ayude en el estudio a Jon, aunque éste rechaza ese oferta de aprendizaje.

La última parte de la película adquiere tintes sombríos en la inmensidad de lo dramático y lo criminal. Violencia, muerte y horas de hospital, en el mundo de esos chicos que malgastan las oportunidades para mejorar como personas. Y, en esta fase del metraje, adquiere protagonismo la no bien explicada figura de la inspectora ALEDO (Belén López, Sevilla 1970), separada y rechazada por su hijo, también de quince años, que vive con su padre. Mantiene un difícil acercamiento afectivo con Max.


ASPECTOS INTERESANTES PARA EL ANÁLISIS


a   a)  MAYORES Y JÓVENES.

Sería fácil, pero alejado de lo justo, plantear un discurso simplista acerca de la insensatez de esos adolescentes. Jóvenes que malgastan la oportunidad de su tiempo y se enfrentan, violenta e incluso criminalmente, a un mundo que rechazan, no entienden y desprecian.  Pero ¿y los adultos? ¿Qué ejemplo, que tipo de valores les están aportando? Si focalizamos este planteamiento en Jon ¿qué es lo que ha estado “libando” metafóricamente hablando, en sus quince años de vida? Una madre que le da la razón cuando, en la mayoría de ocasiones, no la tiene. Y eso es maleducar. Esa misma madre, acomodada en lo económico, engaña a su marido (persona obsesionada por los automóviles) quien sintiéndose frustrado y relegado, pone fin a su vida. Se aleja de la crueldad de su mundo, pero deja huérfano a un hijo, con diez años, que necesita del amor, la responsabilidad y autoridad, de un padre, para siempre ya, ausente. Jon tiene unos abuelos que, tras décadas de convivencia, caen en la cuenta que entre ellos ya no existe nada, sólo el rechazo recíproco e incluso el odio. Para el chico, el mundo de los mayores es falso y sin el sentido lógico que percibe su necesidad. ¡Cuántos dramas hay en muchos jóvenes cuyo origen se halla en la incapacidad, en el egoísmo y en la pobreza en valores de unos familiares escasamente ejemplares, para la óptica de unos pre - adolescentes, en plena fase de evolución orgánica y temperamental!

     b) ¿CREDIBILIDAD INTERPRETATIVA?

Para aquellos espectadores que sean especialmente observadores de esta cualidad o capacidad artística, el oficio de estos personajes no llega a convencer en plenitud. Ni a pesar de sus desplantes, travesuras y fechorías, el joven Jon da la imagen de un adolescente visceral, violento o pre-criminal. Sólo con mirarle a la cara nos damos cuenta que está lejos, muy lejos, del Antoine Doinel, en  Les 400 coups (Los 400 golpes) François Truffaut, 1959. Max hace footing, da órdenes a su nieto,  habla de la guerra de Bosnia, pero difícilmente da la talla de un soldado amargado, con el necesario carisma castrense. Cati, la abuela materna, intenta mostrar su rencor de mujer frustrada, en el ocaso de su vida pero, plano tras plano, no lo consigue. Si no hubiera aparecido en pantalla, no habría sido echada de menos. Ese amor de última oportunidad, entre Max y la inspectora Aledo, resulta falso, sin garra, falto de explicación, a pesar de la cita “para el aliño” del penúltimo plano fílmico. Posiblemente esos pies que corren por el agua de la playa, antes de los títulos de crédito, sean los de esta mujer que nos quiere convencer que ejerce de policía. Al chico gay, Tony, que practica el solfeo y hace de profesor para Jon, le hacen llevar a cabo una interpretación que resulta francamente ridícula. Un buen director debe modelar la expresión de los personajes, como primer objetivo escénico. Y esa expresión, en este chico, es sencillamente patética. Sin duda, él no tiene la culpa. Sólo Maribel Verdú, Margot, con su buen oficio, aporta algo de esa credibilidad que echamos en falta a lo largo de una gran parte de esos 96 minutos de vidas infelices.

c   c)  ¿RESULTA DE UTILIDAD, SU VISIONADO?

Sin duda. Una persona que ama el cine siempre encontrará, en la proyección de una historia, valores y aspectos interesantes para su inteligente y pragmática aplicación a la vida. Todo film, desvaído o valioso en su realización, genera un enriquecimiento didáctico para nuestra constante e insaciable necesidad de aprender. El problema con esta película consiste en que la crisis de la adolescencia es un tema recurrente, en el cine de todas las épocas. Y este loable esfuerzo, de la directora Querejeta, lo sentimos como muy light, sin la garra o intensidad suficiente a fin de que nos impacte su historia, la interpretación o el mensaje. No convence. Y ese es el problema. Sería innecesario visionar esta cinta para afirmar que la crisis de un adolescente es la crisis previa de una familia, de un entorno social y de un mundo donde los valores han dejado de sustentar a no pocas, sino muchas, de las respuestas.


¿Y QUÉ PUDO SUCEDER DESPUÉS?

A pesar del atractivo físico y social que posee Nerea, su novia o pareja madrileña, Jon no olvida la humildad, sencillez y cariño que irradia Elsa. Esos tres meses en Alicante han calado mucho en su vida por lo que, tras comenzar el nuevo curso, con nuevas crisis y fracasos escolares, pide a su madre que le permita volver a vivir con su abuelo. Aunque Margot rechaza, en principio esta posibilidad, su relación (fogosa y sexualmente descontrolada) con un productor de televisión, once años menor que ella, prioriza sus intereses sobre la racionalidad responsable. Jon se encontrará mejor con  esas nuevas señas afectivas que ha encontrado en el levante mediterráneo. La relación de Aledo con Max se va consolidando, pues son dos almas solitarias que buscan desesperadamente esa luz que les permita gozar de amaneceres y atardeceres que justifiquen la existencia.

La joven Elsa, la chica que no quiso estudiar “porque carecía de memoria”, está peinando a una señora obesa que ojea, somnolienta, una revista del “corazón”. Sigue castigando sus manos con ese shampoo de cada día cuando ve, con ilusionada sorpresa, a una querida persona, por el cristal empañado en la humedad del otoño. Hay luz, tras una ventana que conforta, susurra y habla. Ambos gozan de la sonrisa, mientras un diligente zoom nos va alejando, de manera progresiva y romántica, del interior y exterior de ese modesto, pero verdadero, espacio que sustenta cariño y necesidad. La sobreimpresión de los títulos de crédito se ve acompañada con una suave y dulce acústica para la esperanza.-

José L. Casado Toro (viernes, 14 junio, 2013)
Profesor
http://www.jlcasadot.blogspot.com/

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