A medida que vamos sumando años, no sólo en el DNI, sino también en nuestra estructura orgánica, incrementamos al tiempo conocimientos y vivencias acerca de este mundo en el que hemos sido insertos sin pedirnos permiso alguno. Muchas veces tenemos la tentación de creer en esa frase que dice “todo está ya inventado, queda poco por descubrir” (como no sea el camino hacia la inmortalidad). Pero la experiencia y el razonamiento nos hace reconocer que el género humano es tan complicado e imprevisible, que en el momento más inesperado vamos a conocer nuevos logros, descubrimientos y ocurrencias fascinantes que despertarán nuestro interés, interpretación y justa valoración. Esas novedades que otros generan despertarán nuestra admiración, alegría, pesar, esperanza, desánimo y también, la lúdica comicidad. Vayamos pues a la historia burlona que nos transmite el relato de esta semana.
BEATRIZ Almansa, 38, graduada en Literatura Contemporánea, escritora de novelas con varios premios obtenidos en certámenes literarios de nivel medio, goza de una positiva aceptación entre los aficionados a la lectura, según constata la editorial Junco que publica sus obras. Lleva casada cinco años con CELESTINO Erice, 43, propietario de una agencia inmobiliaria, que opera en la provincia de Málaga, por toda la línea de costa desde Maro hasta Manilva.
Este agente inmobiliario llegó al matrimonio con Beatriz tras el divorcio de un amor de juventud, MINERVA Alcaraz, con la que convivió casi una década. Sus repetidas infidelidades impulsaron a la joven profesora auxiliar de la UMA, en el departamento de Biología, a tomar la decisión de “mandarlo a tomar viento” a pesar de que Celestino era un hombre que manejaba la tarjeta bancaria con gran alegría e irresponsabilidad. Erice solía presumir, cuando vendía una propiedad inmobiliaria (no me interesan los pisos para pobres) que los compradores pagaban por encima de los 400.000 euros y que sus ganancias nunca bajaban del 30% de la transacción. “Puedo estar sin trabajar varios meses sin problemas” frase arrogante que desarmaba a sus interlocutores. Realmente este hábil gestor del “ladrillo” gozaba de buena presencia, con un don preclaro de la palabra, don de gentes, intuición para “oler” donde podía sacar una buena “tajada”, especialmente entre los clientes extranjeros. También era muy teatrero, pues había estudiado en sus años juveniles artes escénicas, técnica que ahora aplicaba con agudeza e intuición, “engatusando” como una araña que teje su lienzo con hilos de proteínas, las espidroínas, especialmente a la gente con sobrada liquidez económica.
Como ocurre en tantos matrimonios, al paso de los meses y los días, el vigor y la ilusión atractiva se va desvaneciendo. La sexualidad rutinaria va como perdiendo encanto, fuerza y necesidad. Beatriz y Celestino eran dos caracteres diferentes y su convivencia fue generando diferencias, en principio banales, pero que con el paso del tiempo se convertían en discusiones llegando al carácter de auténticas “peleas. Se enfrentaban dos egos muy personales. Ella recibía plácemes y reconocimientos, por su acertada e interesante creatividad literaria. Los premios en algunos certámenes sustentaban la valía de su escritura y, también, los ingresos monetarios. Se encerraba cada mañana a la tarea mágica de las palabras y las ideas, sobre el teclado de su “querido” MAC. Se concentraba redactando esas narrativas, artículos, cuentos, novelas, que iban felizmente creciendo en la imaginación de la joven escritora. Le agradaba vivir con un compañero atractivo, charlatán y con dinero, pero desde las primeras semanas se dio cuenta que su esposo necesitaba y no abandonaba la aventura femenina, la novedad, la improvisación relacional y el dulce placer del engaño. Beatriz tenía su propio mundo creativo, por lo que pasaba de nimiedades y chiquilladas, disfrutaba con su profesión y con un hombre simpático y de potente virilidad y expresividad, con la que ganaba bien “los cuartos” y que no renunciaba a la vida alegre.
Ambos habían decidido aprovechar con plenitud “sus existencias” por lo que no se preocuparon por el trascendental tema de la descendencia. Temían que la llegada de hijos coartase (maternidades y paternidades) su dulce y tranquila estabilidad.
Cierta e infortunada tarde, en la que Bea estaba ordenando el armario del dormitorio que ambos compartían, descubrió en el bolsillo de la cazadora de Celestino unas “mini bragas” muy sugerentes que ocultarían en poco la suave humanidad de quien las usase. Fabricadas en el mercado chino, ofrecían un intenso color rojo con pequeñas y atrevidas estampaciones del órgano reproductor femenino. Primero sonrió con el trofeo descubierto. “Otra vez Celestino con las suyas”. Pero la sonrisa se mutó en una encadenada carcajada cuando llegaron a las fosas nasales los turbios y añejos aromas que emanaban de la prenda, que por lo visto su mujeriega pareja tanto apreciaba. Otros días fueron llamadas telefónicas a deshora, mensajes de WhatsApp, sonoros delirios oníricos del vendedor del ladrillo edificado.
Beatriz, después de estos “fascinantes” descubrimientos, volvía con una sonrisa despreciativa al teclado de su ordenador, para continuar su maravillosa tarea creativa de otras vidas y otros mundos. Cuando los minutos se evadían de la ocre realidad, iba a la cocina a prepararse un aromático té “Dunas del Sahara” que se lo había recomendado Abelardo Manzanas, jefe de la Editorial JUNCO donde la escritora trabajaba. Así transcurría la equívoca aventura de un matrimonio, en el que la convivencia era “cómoda” pero cada vez más desvitalizada.Realmente, marido y esposa eran dos egos muy autosuficientes, engreídos y tenaces en sus modus vivendi. La lava volcánica del hastío y la soberbia no tardaría en explosionar.
Era una tarde de sábado, en la que ambos decidieron ir al cine Albéniz, la última película de Almodóvar, intensa en su dramatismo. Después de cenar besugo asado en un merendero o chiringuito del Paseo Marítimo, paseaban “hundiéndose” en la arena playera. Se detuvieron, cruzaron sus silencios durante unos críticos segundos y se acomodaron en un solitario banco pétreo bajo la humedad malacitana ornada por un cielo majestuoso de estrellas. Estuvieron largo tiempo escuchando la orquesta hídrica de los sonidos percutidos por el oleaje, sin pronunciar palabra alguna. La valentía de Beatriz quedó una vez más puesta de manifiesto. Mirando fijamente a los ojos de su marido, dijo sin un solo pestañeo:
“Celestino, creo sinceramente que lo nuestro no va. Llevamos cinco años de convivencia y la fuente cada vez mana menos agua ¿Para qué seguir actuando banalmente sobre el escenario, sin un argumento vital que lo justifique?”
“Como siempre, sabes expresar tus pensamientos como si se los dictaras al teclado” “No son pensamientos, son sentimientos”. Su marido también estaba en la misma onda, pero carecía de ese bien decir. Se encontraba mejor, pera la expresión, en el mundo de los negocios y la apasionada aventura de la cama. En unos días lo tenían bien claro. Iban a romper su vínculo, pero (ambos de acuerdo) lo iban a realizar de una forma festiva. No les faltarían habilidades, tratándose de una imaginativa escritora y de un vendedor de “alta gama inmobiliaria” en sus dotes negociadoras. Dado que conocían a mucha gente, decidieron que iban a dar una feliz gran fiesta de separación matrimonial.
Contrataron un cáterin especial en la prestigiosa empresa LEPANTO, que se encargaría de organizar todos los servicios con los más mínimos detalles. El precio de la celebración podía “marear” a quien lo conociera, pero los ex contrayentes se lo podían permitir. Entre amigos, compañeros de trabajo, conocidos, familiares, amigos de los amigos, el listado participativo superaba los 300 cubiertos. Todos ellos recibieron esta extensa y “cariñosa” invitación.
Querido buen amigo. Con exuberante alegría e incontenible emoción, queremos comunicarte que Beatriz y Celestino, tras cinco años de paciente convivencia ¡al fin nos separamos! a dios gracias. Nos sentiríamos inmensamente felices si compartieras con nosotros esta inolvidable ceremonia. Para esta gran efeméride en nuestras vidas celebraremos una gran fiesta, con orquesta y cena incluida, en el afamado cortijo LA ALDABA, Puerto de la Torre, el sábado 25 de julio, fecha del Santo Apóstol, a las 20 horas.
Sa ruega confirmación de asistencia en el correo electrónico: festival@lepanto.es
Cuenta Unicaja: 001530456075. Para regalos materiales, listado en El Corte Inglés.
BEATRIZ y CELESTINO.
El día del sorprendente y esperado evento la policía local del distrito Puerto de la Torre desarrolló una zonificación de accesos y aparcamientos, aunque también se disponía de dos grandes autocares de la Empresa Torres, que partirían de la puerta del Excmo. Ayuntamiento de Málaga, a las 19 h.
Habían sido convocados representantes de la prensa local. Las televisiones también enviaron a sus periodista y locutores. El Excmo. Sr. alcalde excusó su asistencia, sustituyéndole el concejal de Servicios Sociales y Armonía familiar Feliciano Alcalá. Dos orquestas o grupos iban a amenizar la gran fiesta: Los JABEGOTES DEL PALO y la Panda de verdiales “LOS CAMPANILLEROS DEL ROCÍO”.
A los armoniosos sones del Himno de Andalucía, cantado por LUPITA DE ALMOGÍA, hicieron su entrada en el muy adornado recinto los “des-contrayentes”, grandes protagonistas del acontecimiento. Celestino iba del brazo de su nuevo “ligue” IRIS Parral de la Oliva (a la que se le notada su estado de buena esperanza) mientras que Beatriz lo hacía del brazo de su señor padre, don LEOPOLDO SAN ANTONIO Almansa, registrador de la propiedad. Esperaba a la radiante pareja, en el estrado ceremonial de separación, un notario amigo de la familia, don LIBERTO Vierteaguas quien dio fe notarial de la gozosa desvinculación.
La des-contrayente iba ataviada con un lujoso vestido de raso blanco, elaborado exprofeso, por el selecto taller de Manoli Gamba. El des-contrayente vestía una severa y elegante levita de alpaca gris, con el simpático detalle de calzar unas zapatillas deportivas marca CONVERSE de color azul (según había comentado a los amigos, para poder correr y huir con más velocidad de todo aquel montaje, acompañado de su nuevo amorcito Iris). Don liberto certificó la separación, entre los animosos vítores y aplausos, con lluvia de pétalos de rosas, de un enfervorizado público, que ya percibía el suculento olor que emanaba de las bandejas preparadas en manos de los camareros, prestos a servir a los comensales.
El MENU para la fiesta era suculento. Entremeses ibéricos. Tacita de caldo de caviar a la Siberiana. Parrillada de mariscos. Sorbete de limón o naranja al vodka. Lomo asado a la pimienta, con guarnición de verduritas glaseadas/ Lomos de lubinas asados a la sal de Capadocia, con crema de quesos alsacianos. Gran tarta de 8 plantas, de bizcocho lechado integral con cabello de ángel a la canela, dulce de leche, torrentes de chocolate negro a la guindilla anaranjada. Por supuesto, barra libre para las bebidas. No fueron pocos los invitados que se dejaron vencer por la tentación y acabaron con unas “cogorzas” de manual.
Cada asistente recibió como regalo una lámina enmarcada en cartón y plástico dorado, dedicada por ambos des-contrayentes, diciéndose adiós con ambas manos, manteniendo en sus rostros pícaras sonrisas, con un fondo de la catedral malacitana en el atardecer. Iniciaron el BAILE de la gozosa ruptura, don Leopoldo con su hija Beatriz y Celestino con su nuevo amor Iris, que lucía una amplia túnica blanca de seda y raso, con remaches dorados y turquesas de botonadura, para disimular su feliz estado de gestación. Los dos grupos orquestales no dejaron de tocar y cantar hasta la media noche, momento en que comenzaron unos vistosos fuegos de artificio, que pusieron color y emoción a la brillante bóveda celestial. Después continuó la fiesta. Sin descanso. El etílico estaba haciendo sus efectos y muchos eran los que planeaban una larga noche de “amor “ y desvarío. Celestino había puesto tierra de por medio, con ayuda de las Converse, aunque Iris, dado su estado y la fractura de una tira de su sandalia izquierda se quejaba del trote “cochinero”, sin que su “Adonis” le hiciera el menor caso. Beatriz, algo ebria, cantaba “a la vida” meditando acerca de cómo aprovechar el gran montaje que habían organizado para su próxima novela
Los autocares partieron de vuelta a la 1 de la madrugada, aunque la mayoría asistentes prefirieron continuar con la glamourosa fiesta, en esa noche inolvidable de estrellas, sexo y luceros, con una luna llena que musitaba sonriente:
“¡Qué gentuza! Cómo entretienen el aburrimiento estos locos y burdos terrícolas”.
FIESTAS INSÓLITAS PARA LA INCREDULIDAD
José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
Viernes 03 julio 2026
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