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viernes, 21 de febrero de 2014

ELLA.


ESA REALIDAD, QUE NOS DOMINA Y SUBYUGA.

Vas por las calles, plazas y jardines, cruzándote con otros muchos viandantes. Caminando despacio, o tal vez con esa celeridad dispuesta para la nada, observas que muchas de estas personas escuchan y responden, ríen y se enojan, gritan y susurran, en medio de una soledad que tanto incomoda. En su diálogo, a dos o tres bandas, no ves a sus interlocutores. No están presentes. Pero ellos continúan comunicando, e incluso gesticulando, con esas otras personas que habitan en la distancia. Igual suben al autobús o entran en aquella tienda u oficina…. y la conversación no se detiene.
Ha terminado la clase y te extraña el silencio que domina en el aula. Una mayoría de los presentes está muy atenta a la pantalla de su móvil, tecleando y comprobando palabras para la comunicación. El Whatsapp es el deseado punto de encuentro, para el intercambio de frases o palabras que vinculan el conocimiento. Parece que nadie habla, pero casi todos escriben.

Igual ocurre durante la proyección de una película o en la celebración de un concierto para la sensibilidad musical. Entre las butacas, observas que hay luces que brillan, a modo de estrellas, en medio de la penumbra que nos cobija. Y es que esa pequeña pantalla digital urge la consulta, el diálogo o la presteza para el decir. Incluso cuando compartes la cena en familia, o en las necesidades para lo social, junto al alimento que reposa en el plato o esa bebida para el placer, hay un pequeño artilugio de última generación que también está invitado al convite. Lo hace como inexcusable protagonista de esa mesa para la hermandad, tanto en lo familiar como en lo social. Nos hallamos en una era en que domina, sobre cualquier otra dimensi la comunicación digital. ón, la comunicación digital.

LA PELÍCULA. HER.

Llega en este febrero a nuestras pantallas el último regalo cinematográfico de SPIKE JONZE (Maryland, EE UU. 1969) titulado HER (traducido como Ella aunque, en la concreción del idioma, sería “de ella” o “a ella”) 2013, U.S.A. con 126 minutos de metraje. Es una comedia dramática perteneciente al género de la ciencia ficción. En realidad no es tan ficcional su trama argumental. Su contenido temático no se halla tan lejos de nosotros, como pudiera pensarse al utilizar ese apelativo genérico. Sabemos que la aplicación Siri, en nuestros móviles y ordenadores, está en la l. Entre otras distinciones, ya le ha sido concedida el Globo de Oro al tivo genio de en las necesidades para lo social, asi oscuínea de lo que vemos y se nos cuenta en esta historia. La cinta está nominada, en cinco categorías, para las próximos Premios Óscar, de la Academia de Hollywood (película, guión original, banda sonora, canción original y diseño de producción). Entre otras distinciones, ya le ha sido concedido el Globo de Oro al mejor guión, en esos prestigiosos premios de la cinematografía americana. Probablemente, nos hallamos ante una de las mejores películas del año.

UNA HISTORIA DE SOLEDADES COMPARTIDAS.

El principal protagonista de esta historia, Theodore Twombly (Joaquín FOENIX, San Juan de Puerto Rico, 1974) vive en la ciudad de los Ángeles, en tiempo de lo que será un futuro muy cercano. Este escritor, hábil y cuidadoso con las palabras y el teclado, trabaja en una empresa que se ocupa en redactar cartas afectivas por encargo de los clientes. Recientemente, su prolongada estabilidad matrimonial con Catherine (Patricia ROONEY MARA, Nueva York, 1985) se ha roto, hecho que le sume en un estado de angustiosa, silenciosa e insoportable soledad.

Visitando una feria informática, Theo tiene la oportunidad de comprar una avanzada aplicación para su ordenador, en el ámbito o prestación de la Inteligencia Artificial. Este sofisticado software le permitirá elegir a una voz femenina con la que poder compartir el diálogo, el consejo, la angustia de la soledad, los proyectos y, también, el amor. Ese S.O. (sistema operativo) adaptado a las necesidades del comprador, en el marco sofisticado de lo virtual, le concederá tener la proximidad absoluta de Samantha (sólo es una voz en off, articulada por Scarlett JOHANSSON, N. York, U.S.A. 1985), en todos los momentos del día, a través del auricular, el móvil o la pantalla fija de su ordenador.

La relación entre ambos se mantiene no sólo en el trabajo, en el restaurante o en el trayecto del metro, sino también en esa oscuridad de la noche, hallando el espacio propicio para la compañía, la palabra, el sentimiento y, por supuesto, el amor. Esta peculiar relación, entre una persona física y otra simplemente virtual y sin imagen física, se torna ansiosamente obsesiva. Pero esa reciprocidad afectiva y sexual se irá complicando pues Samantha, además de hablar con Theo, lo hace al tiempo con hasta 8.316 personas más. Incluso esa sincronía sentimental hace que esté (en un momento concreto) enamorada de hasta 641 personas a la vez.

Theo, que la siente alejarse, cuando más la necesita, llega a sufrir la inseguridad de los celos. Habrá de recurrir a su amiga y confidente  Amy (Amy ADAMS, Aviano, U.S.A. 1974) también separada, en fecha reciente, de su pareja Charles (Matt LETCHER, Michigan, U.S.A. 1970) en busca del necesario consuelo. Desde la terraza del rascacielos, donde el escritor posee un lujoso apartamento, Theo y Amy observan, hermanados en la soledad, el jugoso espectáculo de luces y sombras que refleja una ciudad densificada en la más atrayente modernidad. Pero ese gigantesco espacio urbano se ve, cada vez más, invadido por la deshumanización afectiva, generada por una sociedad tecnológicamente absorbente y al margen de algunos parámetros inexcusables para la racionalidad.

¿Y CÓMO ES THEODORE?

Sin duda, el protagonista central de esta historia, junto a Samantha. Es una persona inteligente, muy preparada para estar al día en la vanguardias sugerentes de la tecnología, con un carácter donde fluye la ternura, la sensibilidad y la melancolía. Él, que sabe poner las más bellas palabras de amor en los escritos que compone para los demás, sufre intensamente (a pesar de su apacible serenidad) la ruptura de quien ha sido el gran amor de su vida, la bella Catherine. Trata de superar esa profunda carencia  afectiva apoyándose en el marco que hace posible el incontenible y asombroso avance informático de la Inteligencia Artificial. Pero, casi sin poder controlarlo y de una manera  progresiva, va quedando atrapado en las redes poliédricas de una voz femenina que casi todo lo puede y que, en su soledad sociológica, cada vez más necesita y desea, hasta hacer fluir y recuperar el amor perdido. Es ese fall in love verdadero que con tanta frecuencia ha sabido componer para las cartas de encargo que otros le reclamaban, en el ejercicio literario de su profesión.

¿Y CÓMO ES SAMANTHA?

No le podemos poner rostro a la aterciopelada y dulce voz de esta joven, que no aparecerá físicamente en pantalla. Ella le llama, le responde, le recuerda sus obligaciones laborales, le aconseja, le anima e incluso gestiona el funcionamiento del disco duro de su ordenador. Le acompaña a la lavandería o a la playa, al cine o al teatro, le ayuda en sus compras y sabe aconsejarle en estos momentos para la dificultad, en que se encuentra sumido su amigo. Es esa amiga, compañera, amante y confidente que un ser vacío, en medio de la selva urbana, ansía tener a su lado con el fin de recuperar unas pautas de conducta que justifiquen cada amanecer, cada anochecer. Supone, en la modernidad de los tiempos, la tecnología más impensable y polivalente puesta al servicio de la más cruda orfandad afectiva.
Sí, tenemos la atrayente imagen juvenil de Scarlett Johansson grabada en nuestra memoria pero, en la película, sólo es una voz que, posible y lamentablemente, en un gran número de las copias exhibidas, será artificialmente doblada.   

¿RESULTAN CREÍBLES LOS PERSONAJES DE SHAMANTA Y THEO?

Obviamente son los dos grandes protagonistas de la cinta. J. Foenix realiza un rol interpretativo muy diferente al que nos tiene habituados. Su serenidad, su constancia, su equilibrada metodología laboral, es contrapuesta a esa angustia vital que le produce el desagradable vacío afectivo, especialmente en las horas nocturnas. El tiempo aplicado, ante la pantalla de su ordenador o su móvil, le permitirá disfrutar de ese diálogo y proximidad que banalmente se esfuerza en hallar o percibir a través de la visión que le ofrece la ciudad en que vive. Una gran urbe, cada vez más avanzada en lo tecnológico pero, también, temerariamente vacía en el calor de lo humano. Cuando mira a través de la gran cristalera de su lujoso apartamento en los Ángeles, sólo ve un mar de luces en medio de la noche, pero quiere encontrar ese proximidad afectiva que ahora la ciencia electrónica pretende suplir. Gran interpretación de Foenix.
Pero muchos de los que han podido ver la película, especialmente si han gozado de la versión original, señalarán  la voz de una magnífica actriz cuya imagen no aparece ni un solo segundo en pantalla. La voz de Scarlette Johansson recrea un estupendo y necesario personaje en lo virtual. Las palabras y el sonido pueden generar una gran interpretación que necesita de nuestro esfuerzo imaginativo. Sólo el cine y la radio son medios comunicativos que pueden conseguir este milagro para la convicción. Por cierto, la música del grupo Arcade fire enriquece, acústica y sentimentalmente, las vivencias compartidas de unos seres que parecen tener mucho en lo material pero que, en realidad, navegan como autómatas en el diabólico laberinto del desamor.

TAMBIÉN PUDO FINALIZAR ASÍ, ESTA BELLA HISTORIA.

Theodore comprende que las múltiples obligaciones comunicativas, que Shamanta ha de atender, le alejan cada vez más de una dimensión gratamente placentera pero, en esencia, irreal. Difícilmente podrá competir con todas esas personas que comparten el amor de un S.O (sistema operativo) eficazmente versátil para tantas carencias y nublados que anidan entre nosotros. Ella y él lo entienden y aceptan.
Theo buscará, y encontrará ahora, esa templanza afectiva en la proximidad terrenal de lo humano. Su buena amiga Amy, sabrá abrirle las puertas de un cariño cada vez más ansiado en la selva social en la que se ve, junto a otros, inmerso. Juntos sabrán hallar y afrontar el camino de un destino contrastado entre la sabiduría de la ciencia y la sencillez de lo próximo.

Y resultó especialmente significativo lo que sucedió unos meses después. Theo se despertó sobresaltado una noche, mientras Amy parecía dormir plácidamente. Creía haber apagado su ordenador, pero estaba sonando una señal de aviso desde la habitación donde solía trabajar. Acudió con presteza al interior de la misma y, efectivamente, el ya conocido aviso del S.O. reclamaba con insistencia su atención. Ciertamente lo había desactivado, hacía ya muchas semanas, pero allí estaba de nuevo. Era Ella. Her deseaba comunicar. Había recompuesto el sistema y ahora reiniciaba el contacto. En esa mezcla de debilidad y curiosidad, tras dudar unos segundos, su mano se dirigió hacia la tecla del enter. Pero otra mano más rápida, femenina y humana, se le adelantó pulsando con firmeza la tecla del apagado. Era Amy quien, con una sonrisa, le miró a los ojos diciéndole con integridad afectiva. “Ya no es necesario, amor. Me tienes a mi. Mañana hay que madrugar”. Desde el espacio o tal vez desde cualquier parte de la inmensidad, lágrimas virtuales inundaron de bytes crepusculares el sutil y silencioso espacio de lo infinito.-



José L. Casado Toro (viernes, 21 febrero, 2014)
Profesor


jueves, 8 de noviembre de 2012

UN PROFESOR, ANTE LA REALIDAD SOCIAL Y FAMILIAR.


Está lloviendo ahí afuera, tras el cristal de nuestras ventanas. Las estaciones equinocciales son meteorológicamente propicias a incrementar aquellas precipitaciones que nos regalan las nubes. Muchas personas ven, en esas gotas de lluvia, no sólo agua que humedece el asfalto. Metafóricamente, aprecian en ellas otras formas y señales que genera creativamente nuestra imaginación. Pueden ser también perlas de aliento, para la sed de la tierra, o lágrimas, para la soledad en la vida. Ésta última percepción es uno de los mensajes que nos transmite la última obra cinematográfica del director inglés Tony Kaye (Londres, 1952) con su película EL PROFESOR (Detachment) USA 2011, 97 minutos, y que acaba de llegar a nuestras pantallas. Porque, además de estar centrada argumentalmente en el mundo profesional de la educación, sabe hablarnos, con unas imágenes crudamente desalentadoras, de muchas vidas abandonadas en ese mar de lágrimas de la falta o carencia de amor. No, no es una historia más de un profesor con sus alumnos, tantas veces llevada al cine (Profesor Lazhar; La clase; El club de los poetas muertos; Adiós Mr. Chips; La lengua de las mariposas, etc). Su contenido trasciende las paredes del recinto educativo para llevarnos al clímax básico de la orfandad o degradación de la categoría familiar. ¿Cómo conectar con una juventud apática, desorientada, violenta, abandonada y rebelde, desde una responsabilidad profesional que no puede ocultar una privacidad personal también vapuleada afectivamente desde los años de infancia?

ACERCA DE LA TRAMA ARGUMENTAL.
La cinta (seguimos utilizando este apelativo por mera añoranza. Los rollos de celuloide se han transformado, ante la magia de la tecnología, en pistas densificadas de gigas, mientras las máquinas de cine son hoy pequeños, pero versátiles, discos duros llevados a la pantalla por unos poderosos cañones de video-proyección) narra la vida de un profesor de literatura, Henry Bathes (Adrien Brody, N. York, 1973) que va a trabajar, durante unas semanas, en un instituto público de los Estados Unidos. Nuestro personaje va transitando por distintos centros a fin de sustituir temporalmente a compañeros ausentes de sus aulas, sin encontrar, a causa de ello, la necesaria estabilidad profesional. En este momento, le corresponde trabajar en un centro educativo donde abundan adolescentes en la frontera de la marginalidad, con graves problemas de motivación e integración para el aprendizaje. Desde el primer día, en su nuevo puesto docente, trata de ir reconduciendo el lenguaje, las actitudes y los comportamientos violentos de estos jóvenes por el camino del autocontrol y la racionalidad, aplicando una metodología equilibrada entre la firmeza y la paciencia. Va logrando empatizar y conectar con la soledad afectiva de esos alumnos difíciles que reflejan, de manera patética, la ausencia de un sosiego básico en la estabilidad familiar. Pero esa crisis afectiva no sólo está visualizada en la vida íntima de los alumnos. También se hace explícita en la privacidad de algunos de los compañeros de Henry y en su propia persona, a través de una lucha continua entre la dificultad para educar y enseñar a sus alumnos y la problemática personal que les condiciona e inestabiliza. Y, en medio de todo ello, una Administración desacertada que navega sin norte por un mar rutinario y vacío en la búsqueda estética y egoísta de resultados y apariencias.

LA SALVACIÓN DE ERIKA.
Esta niña, con cuerpo de mujer, es una prostituta callejera, menor de edad (Sami Gayle. USA. 1996. Tenía quince años cuando rodó la película) que es ayudada por Henry para salir del cenagal sin esperanza en que se haya sumida, ante la absoluta orfandad familiar. Su imagen y patética realidad nos recuerda a Iris (Jodie Forter) otra prostituta infantil de 13 años, en la cinta de Martin Scorsese, Taxi Driver, 1976, a quien Travis Bickle (Robert De Niro) también trata de salvar del degradado mundo en que se haya atrapada. Henry se esfuerza en darle pautas educativas que le ayuden en la recuperación de su autoestima como si fuera una alumna más pero, en este caso, fuera de las paredes o aulas escolares. Erika ve en su protector no solo ese hogar, alimento y seguridad del que carece, sino el único camino para hallar sentido a una vida que la conducía irremediablemente a la autodestrucción como persona. Cuando Henry la visita en su nuevo hogar de acogida, se abraza a un padre que nunca tuvo viendo en su amigo profesor esa luz que le ha ayudado a salir del abismo. Representa una de las grandes y significativas protagonistas de la película.

LA REBELDÍA DESESPERADA DE MEREDITH.  
Es una alumna en su grupo escolar (Betty Kaye, hija del propio director de este film) que soporta, en el día a día, graves problemas de sobrepeso, bulimia y falta de integración social. Sufre el trato despectivo y cruel de sus compañeros de clase, junto a la carencia de apoyo afectivo en su propia familia. Se refugia compulsivamente en el arte de la fotografía y en el placer ansioso de ingerir comida. Cree encontrar en su profesor la comprensión y la ayuda necesaria para avanzar en la búsqueda de esa autoestima perdida. Pero no puede comprender que Henry se halla, así mismo, atrapado entre una historia personal que le determina y limita y las complejas obligaciones profesionales que van superando, inevitablemente, su propia capacidad. Se siente una vez más relegada en un microespacio que la aturde y desalienta. Solo concibe un camino para su ansiedad,  el de la autodestrucción. Asistimos a una escena plásticamente terrible, para el absurdo erial de la desesperanza.  

EL ABUELO SE DESPIDE DE UN MUNDO CONVULSO.
Henry Bathes, el protagonista principal de la trama, ha tenido una infancia desgraciada que ha marcado bastantes elementos psicológicos en su personalidad. Ha visto morir a su propia madre, víctima de los barbitúricos, imagen que fluye en su recuerdo para condicionarle en el resto de su existencia.  En este momento, también asume la ayuda a ese único y último vínculo familiar que le queda, representado en la persona de un abuelo, el cual vive la etapa final de su vida en una residencia privada, sufragada por ese nieto al que siempre protegió como un padre. Al igual que con sus críticos alumnos, ha de mostrar equilibrio y autocontrol cuando visita periódicamente a un hombre ya anciano que alterna fases de falta de lucidez con otras, en que describe y comprende perfectamente la personalidad atormentada de la única familia que tiene.

LA SOLEDAD COMPARTIDA, EN LOS COMPAÑEROS DE CLAUSTRO.
En distintos momentos de la trama son intercaladas vivencias protagonizadas por otros profesores del Instituto. Sirven para entender los conflictos que todos ellos sufren, en mayor o menor grado, dentro de sus propias familias y cómo se esfuerzan en superar esas precarias raíces anímicas ante sus ineludibles obligaciones escolares. Una directora que ha entregado gran parte de su vida por sacar adelante la dirección de un centro conflictivo y a la que, en este momento, la Administración trata de sustituir porque no se acomoda a sus intereses de imagen. Ese otro compañero que cuando llega a casa encuentra el vacío y la soledad más absoluta en una mujer que huye de la realidad dejándose llevar por la “droga” televisiva. Mr Charles Seaboldt (James Caan, Nueva York, 1940) un veterano profesor que echa manos de la experiencia y recursos pocos ortodoxos a fin de afrontar una situación educativa, muy complicada y difícil de sobrellevar. En definitiva, educadores que son utilizados como cortafuegos por una Administración que les sitúa en primera línea de las trincheras, frente a una sociedad que irresponsablemente les niega el apoyo,  aún confiándoles a unos hijos  abandonados de la necesaria estabilidad y calor familiar.

UN INTERESANTE TRABAJO DE AUTOR, PARA NUESTRA REFLEXIÓN.
Nos hallamos ante una película que rezuma imágenes de gran crudeza, incómodas y desalentadoras, pero con el valor incuestionable de la credibilidad. Escenas teñidas de crispación, tanto en lo explícito de la visualización (ese adolescente que golpea sin piedad a un gato hasta la muerte, por sentirse sólo y asqueado  de la vida, con apenas quince años de edad) como en el certero  trazado psicológico de caracteres. Pero esa dureza plástica y conceptual se ve contrastada con el esfuerzo y la lucha que, en determinados momentos llevan a cabo unos seres desafectos con un mundo que cada vez les ofrece menos fundamentos para la esperanza y la compensación, en sus desafortunadas y grises existencias. El esfuerzo que aplica Henry por salvar de la inmundicia a la joven Erika es verdaderamente encomiable. De todas formas, todo el discurso cinematográfico tiene un principal y focalizado destino para la reflexión. El dedo acusador hacia una sociedad también desafecta (es el título original de la película) con sus propias responsabilidades ante los más jóvenes.

Aquellos que hemos estado o están al frente de las aulas, sea cuales sean los niveles o grados en los procesos de formación, sabemos que detrás de esas rebeldías, de ese “pasotismo” y desintereses, de esos conflictos interpersonales, de todas esas violencias físicas y psicológicas en los jóvenes que pueblan las aulas, hay siempre un origen. Su nombre atiende al de sociedad, enferma y sin norte. Sus apellidos son los de tantas y tantas familias que navegan en la inconsciencia. Verdaderamente es un triste sarcasmo que la institución familiar renuncie a su responsabilidad educativa, delegando y exigiendo que sean otros los que durante seis horas diarias, de lunes a viernes, formen, instruyan y eduquen a esos hijos que ellos tienen abandonados. Por incapacidad, por egoísmo o por necedad. Todo profesor tutor, entregado a una admirable misión formativa sabe muy bien que, a poco que profundice en el trasfondo familiar de un alumno conflictivo, aparecen numerosas razones, ajenas a los colegios e institutos, que explican respuestas, fracasos y violencias en unas personas que están en las edades más importantes de su evolución como personas. El visionado de esta película es una excelente oportunidad para que padres y madres, los profesores, la propia sociedad en su conjunto, entienda y asuma las responsabilidades que todos hemos de tener con una juventud que, a muy corto plazo, habrá de tomar el protagonismo para ese destino que libremente hayan querido trazar. Una Administración que posterga la prioridad de la salud y la dinamización económica en sus ciudadanos es una institución equivocada e inservible. Pero, sobre todo, si limita o degrada el valor de la educación en los jóvenes, está dañando gravísimamente el destino de esa sociedad a la que, supuestamente, dice servir y representar.-

José L. Casado Toro (viernes 9 Noviembre, 2012)
Profesor
jlcasadot@yahoo.es

viernes, 5 de octubre de 2012

EL ARTISTA Y SU MODELO, EN AQUEL VERANO DEL 43.


Asistir al visionado de una película, sabiendo que está rodada en blanco y negro, con unos medios económicos muy modestos, utilizando el idioma francés en los diálogos (subtitulados en castellano) de los protagonistas, narrada con un ritmo intencionalmente lento, desprovista de banda musical (salvo en un plano final) y con una base argumental, en principio, bastante simple, podría parecer una decisión dudosamente afortunada. Sin embargo, el buen aficionado al cine necesita, de manera periódica, asistir a ese tipo de proyecciones que le ponen en contacto con lo más puro y apetecible de esta peculiar y atrayente forma de crear una sugerente modalidad del arte. En medio de la cruel vorágine en que el mundo está hoy día inmerso, los 104 minutos de su metraje suponen una inteligente terapia anímica que nos fortalece para enfrentarnos, como respuesta, a ese estrés desosegado que con frecuencia padecemos, en un entorno que  aturde y desvitaliza.

EL ARTISTA Y LA MODELO. La acción transcurre durante el estío veraniego de 1943. En una localidad rural del sur francés, ocupada en aquel momento por las tropas alemanas, vive un anciano escultor, Marc (Jean Rochefort. París 1930) junto a su esposa Lea (Claudia Cardinale. La Goleta, Túnez. 1938) y un familiar, María (Chus lampreave. Madrid 1930), Aparece en sus vidas una joven española, Mercé (Aida Folch. Reus, Tarragona, 1986) que ha huido de un campo de refugiados. Recibe ayuda de esta familia y a cambio se presta a posar como modelo para la realización de esa última o postrera gran escultura, sublime objetivo que pretende realizar el veterano artista, ante de morir. Aunque aparecen en la trama otros personajes secundarios (el oficial nazi, un joven maquis, unos escolares, un clérigo, además de los amigos de Marc) la participación de todos ellos en la historia es temporalmente limitada. La cámara se centra, de forma, obsesiva en los dos protagonistas que llevan el peso de la historia. El escultor y su musa.  

CONTRASTES DE NATURALEZAS. La historia nos expone y analiza la contraposición humana entre dos personas. La juventud ante la vejez. La ilusión frente al hastío. La vitalidad juvenil, con la decrepitud de la madurez. A pesar de esos contrastes entre Mercé y Mark, ambos se necesitan imperativamente. Aquélla, busca el cobijo, la protección, el calor de un hogar, en tiempos de guerra y desolación. El escultor ve en ella ese modelo o musa en el que se va a inspirar para culminar, al fin, la creatividad de toda una vida, con una obra que se inspira en la cultura clásica griega. Cuando la trabajada escultura, que recoge toda la belleza plástica de la juventud, ha terminado de esculpirse, esas dos naturalezas comprenden que han de separarse. La joven, recorriendo en su bicicleta los caminos de su memoria. Mark, diciendo adiós a esta vida que ya nada más puede ofrecerle.

EL LENGUAJE PLÁSTICO DE DOS MIRADAS. La interpretación de los actores nos ofrece otra forma de entender la narrativa argumental, más allá de los sonidos que revisten las palabras. La expresividad de Rochefort es excepcional. Tras esa rostro cansado y vapuleado por los sinsabores del tiempo, aparece esa mirada, a la vez serena pero exigente, que reclama y ofrece atención, serenidad e inspiración. Vemos en Marck unos ojos enturbiados, por la pesadumbre de los años, en los que no hay lugar para creencias. Aisa Folch nos transmite esa frescura, atractivo, transparencia y credibilidad expresiva que sus veinticinco años en la vida aún no han degradado. A pesar de los sinsabores, maldad y dolor que toda guerra provoca en todos aquellos que han de padecerla. Él y ella buscan algo de paz, a través de la belleza y la creatividad.

COLOR Y SONIDO PARA LA IMAGINACIÓN. La película nos ofrece sólo una escala de grises para la naturalidad conceptual de la fotografía. Al igual que en The Artist, ese sabor a un cine de épocas pasadas sobrevuela por los sencillos parajes rurales que sustentan la vida de estas personas. Seres que comparten la sencillez y naturalidad de unas vidas, en tiempos de ocupación, enfrentamiento y dolor. Sí, hay sonido. El que provocan las hojas de los árboles, cimbreadas por la brisa del aire. El de las palabras, que comunican y acercan unas vidas que el destino ha querido emparejar. El de los instrumentos que el artista necesita manejar para su modelado. Incluso el del simple carboncillo que dibuja los bocetos que servirán de base para conformar la escultura deseada. Esos sonidos forman también parte de la música, pero ésta no aparece hasta el plano final, cuando las despedidas se han consumado, a través de los caminos, las hojas de los árboles o el vuelo de los pájaros. Sonido y color que no debe eclipsar esa divina o angelical belleza, en Mercé, que el viejo Mark se esfuerza en representar.

OTRAS HISTORIAS COLATERALES. La amistad del escultor, con el oficial nazi, Werner ¿es estratégica, dada la situación de ocupación que sufre ese trozo de suelo francés, o está basa en la afinidad que ambos sienten hacia la cultura, en todas sus diversas manifestaciones que enriquecen el acervo intelectual? También hay que fijarse en esa otra amistad que mantiene Mercé, con el joven maquis, que lucha contra el nazismo, y al que ayuda a escapar camino de un destino mejor. Refleja, asimismo, la bondad y solidaria actitud que florece en el carácter de la chica. Percibimos la fría relación de Mark y Lea, dos personas curtidas por la experiencia de los años y a los que sólo queda ya esa unión que genera lealtad y respeto recíproco. Más frío y distante en el hombre, más cálido y sensible en la mujer.

LOS DESNUDOS DE AIDA FOLCH. Esta joven actriz goza de un cuerpo esculturalmente precioso. Muy atrayente. Posee un rostro admirablemente infantil, con unas formas corporales adecuadas para posar como modelo a esculpir o modelar. Verla completamente desnuda, en varias secuencias de la película, frente al profesional del arte que trata, con mimo y delicadeza, de copiar la pureza de su figura, no condiciona el prima sentimental y óptico de la sensualidad. En un plano profesional de colaboración estética, ayuda al artista a conformar lo que éste tiene en mente, mimetizando los contornos juveniles de una figura divinizada que sostiene su rostro con la fragilidad de su mano, en serena actitud pensativa. Frente a la frialdad profesional del escultor, contrasta la actitud de unos niños que se quedan prendados en la figura de Mercé, tanto cuando la observan vestida como en una ocasión en que a través de los cristales se divierten contemplando a esa chica que no lleva nada de ropa sobre el cuerpo.

PREMIO Y DEDICATORIA. Esta película ha recibido la Concha de plata, como premio al mejor director, Fernando (Rodríguez) Trueba (Madrid, 1955) en el reciente Festival de Cine Internacional de San Sebastián. Trueba le dedica este film a su hermano Máximo que falleció, en 1996 con cuarenta y dos años de edad, en un accidente de tráfico en Villanueva de la Cañada, Madrid. Precisamente. el hermano mayor de Fernando y David, ambos afamados directores de cine, era escultor de profesión.

VALORACIÓN. Viendo esta primorosa cinta, rodada con el cariño y esmero de un profesional que lleva el cine en la sangre, me he vuelto a reencontrar con esas películas que, con bajísimo costo, son pequeños tesoros para la imaginación y la estética. Realismo y belleza, en los cuerpos de dos personas separadas por cincuenta y seis años de edad. Respeto y afecto entre dos vidas, sabiendo cada una de ellas el papel relacional que deben adoptar ante lo que es una simple y grandiosa creatividad artística. Una bella y sensible historia, con una cuidada fotografía y un mejor sonido, el de la naturaleza. Todo ello ayuda al espectador para asumir y participar con empatía sobre aquello que le están contando. Con el protagonismo de la imaginación y la sensibilidad, tu también puedes formar parte de ese trozo de historia que estás compartiendo, a partir de lo generado en pantalla. A muchos puede cansar el ritmo pausado, intensamente lento, de la narración fílmica. Pero es que, entre estos dos personajes, la vida carecía, en aquellos momentos, de la premura acelerada del tiempo. Creo que la persona que ama el cine no debe dejar de ver esta joya de película.

IMAGINEMOS QUE LA HISTORIA CONTINÚA. Puede ocurrir que …… cuando Mercé conoce la triste noticia de que sus padres han perdido la vida, en la dureza trágica de la guerra, se traslada a París. Allí encuentra un sosegado trabajo como asistenta de una rica condesa polaca, exiliada y, ahora, impedida, en una silla de ruedas. Tras su experiencia artística con Marck, se inscribe en una escuela de arte, donde estudia, por las mañanas, diversas técnicas escultóricas. Una vez finalizado el terrible conflicto bélico, en 1945, durante unas semanas de vacaciones, viaja al hogar que le acogió en aquellos duros momentos del verano del 43. La vieja casa rural sigue prácticamente igual que cuando ella la abandonó. Lea y María le piden que se quede con ellas. La consideran como una hija. Mark, antes de morir, ha dejado escrita una carta en la que lega a Mercé todo el material artístico y técnico que tenía en su estudio y que ella tan bien ha sabido compartir. Un día, mientras trabaja en el modelado de una escultura, ve aproximarse a través del sendero una figura masculina, caminando hacia la casa. La neblina de la mañana no permite definir bien los rasgos de ese hombre que pronto atravesará el cobertizo. Mercé corre ilusionada hacia la puerta pues, al fin, ha reconocido a Emil, aquel joven luchador contra el nazismo al que ella ayudó a huir a través de las montañas. Ese romántico reencuentro conforma el plano final de la historia, mientras suena una sentimental melodía de Mahler. Tal vez, así sucedió.-

José L. Casado Toro (viernes 5 octubre, 2012)
Profesor