jueves, 28 de abril de 2011

UNA VOZ ATRIBULADA, AL OTRO LADO DEL DIÁLOGO.

Buenas noches ¡No, por favor, no me cuelgue el teléfono! Necesito comunicar con alguien. Aun sin conocerle, necesito hablar con Vd. Más o menos, fueron éstas las primeras palabras que escuché, tras atender esa llamada que se producía a una hora inmersa en el ciclo de las preocupaciones. Cuando suena la acústica del teléfono por encima de las diez de la noche, es frecuente que produzca en nuestro ánimo una cierta preocupación. Por lo avanzado del día, temes que su contenido conlleve algún tipo de problema que, por su urgencia, hay que transmitir de inmediato. Al otro lado del diálogo había una voz de mujer. De tonalidad suave, con pronunciación educada fuera de Andalucía, concretada en la forma de expresar determinadas letras, respetando el final de las palabras y con una carga emotiva difícil de ocultar o reducir.

Mire, por favor ¿a qué número ha llamado? ¿con quién desea hablar? Con voz entrecortada, su respuesta. La verdad es que he marcado un número al azar, ahora mismo no podría repetir los dígitos concretos, y ha salido su teléfono. Me encontraba un tanto angustiada y sola. Necesitaba hablar con alguien. Y he pensado que ésta era la mejor forma de hacerlo. Aun sin salir de mi sorpresa, procuré mantener la calma. ¿Esto es una broma? ¿Es un ejercicio de publicidad? Pero ¿quién es Vd? Reconozco que lo más razonable hubiera sido aplicar ese gesto que todos hacemos ante el absurdo o la molestia de la inoportunidad. Colgar el inalámbrico, a fin de evitar una mayor pérdida de tiempo. No llego a explicarme por qué mantuve la atención a mi interlocutora. ¿Curiosidad, sorpresa, novedad? Lo cierto es que actué con una respuesta que salió espontánea y novedosa en el proceder usual de las personas. Sobre todo, en la vorágine de la incredulidad y superficialidad que hoy nos afecta. Sin apenas darme cuenta, me vi de lleno navegando en la escenografía que esa voz nerviosa, a veces apagada, había abierto en mi rutina diaria. No, no colgué el teléfono. Intrigado y jugando con el absurdo, le dije ¿Pero, qué es lo que le ocurre? Le agradezco que no me haya colgado el teléfono. Como ya le he dicho, en mi desconsuelo necesitaba hablar con alguien. Comprendo que esta llamada pueda parecer absurda, inoportuna, impertinente………. pero cuando se llevan semanas, días y horas sufriendo, dudando y aguantando en soledad la sospecha del engaño, una hace cosas que pueden parecer absurdas, ilógicas y factibles de ser interpretadas con el mayor criticismo. Al menos he tenido la suerte de que una persona me atienda y escuche, aunque sea por unos minutos. Tiene todo el derecho a interpretar, con dureza y desconfianza, mi comportamiento. Sin saber con quién hablo, le voy a decir algo de lo que me ocurre. Así me desahogaré un poquito, en mi desconsuelo.

Estas cosas no suelen pasar ¿verdad? Parecen increíbles. Pero, a mí, me ocurrió. Y es que a veces nos vemos situados como protagonistas involuntarios en hechos que parecen escenificados para una pantalla de cine. ¿Ficción o realidad? Todas las papeletas parece que están escritas a favor de la primera opción. Pero es que la situación fue real. Tanto por parte de ella, como por la respuesta que yo le ofrecí. Me sentí como ese actor que tras despertarse, o tal vez aún soñando, se ve en un escenario como protagonista de una obra de la que desconoce su argumento, los personajes, su clímax temático y, también, su desenlace final. Total, que me dispuse a conocer qué es lo que deseaba, en realidad, esa mujer de comportamiento curioso, atrevido y no menos angustiado.

Comenzó entonces un peculiar diálogo, que probablemente duró unos diez minutos, tal vez más, entre ella y yo. Me transmitía la firme convicción de que su pareja le estaba engañando. Que se sentía muy sola y triste. Que su familia era muy chapada a la antigua, en cuanto a la relación hombre y mujer. Pero ¿tienes alguna actividad laboral? No. Desde que nos casamos, hace ya más de cuatro años, él no quiso que siguiera en la cafetería donde, sin estar fija, tenía trabajo seguro casi todos los meses. Él tiene un sueldo bastante bueno como interventor en una Caja de Ahorros. Más que suficiente, pues tampoco hemos querido tener descendencia, por aquello de la libertad. Sé que me engaña y, como una tonta o débil, me da miedo decírselo. Pero sufro mucho y me siento muy sola. ¿Y tu círculo de amigas? Bueno, no tengo muchas amistades. Hay una antigua compa de trabajo con la que siempre intimé, pero ahora ella no lo está pasando bien, por otros motivos. Nos vemos muy poquito. Bueno, gracias por escucharme. Ya te he dado bastante la lata. Pensarás que no estoy bien de la cabeza. Te agradezco mucho que no me hayas colgado el teléfono. Comprendo tu sorpresa. Has hablado poco pero, aunque ahora no lo entiendas, me has hecho bien. Este ratito me ha hecho mucho bien. Oye, ¿cuál es tu nombre? Sólo acerté a entender la palabras gracias, recitada en un bajo tono de voz. No hubo más. Había cortado la comunicación.

La sorpresa que me embargaba duró un buen rato. Incluso en los siguientes días, en distintos momentos recordaba mi conversación con esta anónima mujer. Por extraño que parezca, no comenté a nadie este curioso y peculiar episodio del que había sido involuntario partícipe.

Siempre tuve el presentimiento de que, más pronto o tarde, volvería a escuchar la voz de aquella interlocutora que, sufriendo la angustia de soledad, una noche llamó a las puertas de mi diálogo. Aunque el número de teléfono que había utilizado para efectuar su llamada quedó grabado en mi agenda, preferí no utilizarlo, por el momento, ante la duda de no saber qué me iba a encontrar al otro lado de la línea. Marcar un número y no saber por quien preguntar tampoco debía ser una experiencia o acción agradable.

Pasaron unos meses. Más o menos, un par de estaciones en la meteorología. Una tarde, al volver de realizar unas compras, observo en el registro de llamadas un número que no reconocí como familiar. Algo me impulsó a contrastar sus dígitos en la agenda del Mac. En el listado, aquel número figuraba como “mujer misteriosa” título que reconozco como de escasa originalidad. Efectivamente era el mismo número que reclamó mi atención durante aquella noche otoñal. ¡Hola, buenas noches, tengo en mi registro de llamadas…..! No me dejó concluir mi presentación. Sí, he sido yo quien te ha llamado. Efectivamente era su voz, aquella voz, dulce en el dolor, que una noche buscó el desahogo en el azar de un teclado anónimo. Al margen de agradecerte tu buena disposición, en un momento de gran dificultad para mi vida, entiendo que es justo y necesario ofrecerte una explicación más concreta acerca de la situación en la que, sin querer, te has visto envuelto. ¡Vaya, ahora me doy también cuenta que no dejo de utilizar el tuteo en mi expresión! No te preocupes, yo también lo haré. Así resultará más agradable nuestro diálogo. Por cierto ¿han mejorado las cosas en tu vida?

Su nombre responde al de Nathaly. Tiene en este preciso momento los mismos años que otra gran mujer, de sonrisa y ojos atrayentes, que supo deleitarnos con su arte desde pequeña, dejándonos un gran vacío, a los aficionados al cine, cuando falleció prematuramente a la edad de 43 años. Natalie Wood (1938-1981). ¿Recuerdo títulos inolvidables como Rebelde sin causa; Esplendor en la hierba; West Side Story…? Bueno, volvamos a nuestra otra Natalia. Hace muy pocos días que, de forma civilizada, ha puesto fin a su matrimonio. Todo ha sido, según me comenta, relativamente fácil, pues la ausencia de hijos ha facilitado un proceso que siempre resulta doloroso. Efectivamente, había una tercera persona que colaboró en romper una armonía matrimonial que cada día tenía más de superficial. La típica joven compañera de trabajo, para un hombre que araña el medio siglo de vida. Su relación en lo íntimo venía ya de un año atrás, entre disimulos, infidelidades y apariencias. “Oye Náthaly, me agradaría, cuando fuese posible, poder dibujarte en algo más que tu voz. Algún día podríamos compartir una taza de té, para que el sentido del oído se viera enriquecido con la realidad que los ojos nos revela y complementa. Te imagino de una forma… e igual tu lo haces conmigo. Sería simpático y saludable que identificáramos nuestras recíprocas fotografías imaginadas”.

Te he llamado, como te decía, para agradecerte de corazón tu nobleza y bondad de carácter, al escucharme con generosidad en una noche muy depresiva para mi persona. Creo que tienes derecho a saber algo más de mi vida. De ahí la razón de mi llamada, hoy. Pero, quiero pedirte algo más y confío sepas entenderme. Conoces mi número de teléfono y yo el tuyo. Lo que quiero decirte es que, por ahora, me provoca más ilusión e incluso algo de intriga dejar en el secreto de nuestra mente la imagen de dos personas que solo se identifican por el sonido de sus voces. Si alguna vez eres tú el que necesitas llamarme, no dejes de hacerlo. Prometo que yo lo haré también. Sé que no me vas a colgar el teléfono. Ahora, es suficiente que sepas solo unos datos. Náthaly, mi nombre, que también me agrada mucho el cine, que voy a volver a trabajar y poco más. Gracias, gracias de corazón. Entiendo que hay algún motivo, tal vez importante, que te impide facilitarme un conocimiento más concreto de tu persona ¿verdad? Me estás haciendo sonreír. Eres muy observador e imaginativo, al tiempo. Y sólo estás viendo a través de la voz y algunos de mis argumentos. Es cierto. No te equivocas. Hay algo, muy personal, por el que prefiero evitar una modificación de la pintura física que te has hecho sobre mi retrato. Pero ese va a ser mi pequeño, e importante, gran secreto. Lo que tu prefieras, Náthaly. Siempre me ha gustado respetar a las personas que han estado en el circulo vital de mi vida. Sabré respetar tu privacidad. Pero sé que algún día volveremos a dialogar. Hasta luego o siempre, querida Nathaly. Permíteme que utilice la palabra “amiga”.


Al paso del tiempo, tuvo el buen detalle de llamarme en fechas navideñas. Me agradeció saber respetar su silencio y se mostró, en verdad, muy atenta y cariñosa. También supo ser generosa, meses después, cuando fui yo quien marcó su número. Me encontraba, en esos momentos, abatido anímicamente y su acogedora respuesta me hizo bastante bien. En esa, ya larga, conversación aludió a un detalle laboral que supe captar y aprovechar. “Tengo turno en el Samoa por la tarde” Creo que no reparó en manifestar ese dato, ya que la percibí muy relajada y abierta. No pude evitar más mi curiosidad. Elegí una esquina, con buena visión, en la aludida cafetería que se halla situada en el corazón comercial de nuestra ciudad. Aquella tarde, en un cálido jueves de abril, por fin conocí, físicamente a Nathaly. Apenas un tercio de las mesas ocupadas para la merienda. El azar también quiso que fuera otra compañera la que atendiera mi petición de una taza de té. Fue innecesario que una voz que la llamaba, desde la barra, le hiciera mover su cabeza. Nada más sentarme en mi lugar, ya había tenido oportunidad de reparar en su persona. Comprendí, sin mayor complicación, la razón por la cual mi enigmática interlocutora había tratado siempre de evitarme un conocimiento directo de su persona.-


José L. Casado Toro (viernes, 29 abril 2011).

Profesor.

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viernes, 22 de abril de 2011

AQUEL SOLITARIO AMIGO, EN LAS LÚCIDAS TARDES AUSENTES.

Casi siempre lo veía acercarse, hacia mi lugar de lectura, caminando de manera pausada. No creo que fuera sólo por una dificultad física, lógica al paso de sus ya muchos años, sino que necesitaba disfrutar con lentitud el valor de todas aquellas cosas que están ahí, próximas en su diálogo, pero que apenas sabemos percibirlas. El encuentro solía ocurrir en esas tardes de Primavera que hacen travesuras con el minutero, alargando los días para propiciar el mágico descanso de las horas nocturnas. Avanzaba, silencioso y observador, hacia la plazoleta central del Parque Huelin, ese espacio lúdico y de encuentro que preside un simpático remedo de farola. Punto orientador luminoso que atiende al mar y a la vitalidad de niños sin descanso, aquellos que saben jugar bajo la tranquila observancia de madres, abuelos y padres. Un día tras otro pasaba delante de mi banco de hierro y madera, donde yo me entregaba a la lectura de páginas escritas para alimento del corazón y sosiego en el alma. No pocas veces cambiaba ese libro amigo para la compañía y, en su lugar, estudiaba sobre unos apuntes de Historia cuyos contenidos debían ser explicados en la próxima clase. O, también, corregía ejercicios o exámenes de mis afectos alumnos de Secundaria, durante esa época cuaresmal de la segunda evaluación. Cuando me encontraba cansado de integrar letras y palabras en mi conciencia, relajaba la vista y la concentración temática, observando un cromático entorno de carritos a pedales conducidos por hábiles pilotos. Sí, eran niños y niñas al volante sobre albero y ladrillos de un suelo para la ilusión y el placer de “su velocidad”. Otros niños, jóvenes y mayores, volvían de la playa vecina, con su piel bronceada cultivada en sal y arena mediterránea, sabiendo poner una nota de estampa marinera y festiva al atardecer anaranjado del día. Y en eso que una tarde, al pasar por delante de mi banqueta de “trabajo” esa persona, que atesoraba décadas de vida y colinas hechas de recuerdos, sentimientos y nostalgias, se detiene a mi par. Se me queda observando y avanza unos metros para sentarse en una esquina del que era en ese momento mi lugar de reposo y tranquilidad. ¡Buenas tardes! ¡Hola, buenas tardes! frase cordial y amistosa que intercambian dos personas, entre todas las demás. Pero ¿cómo era o dibujaba en mi imaginación a este compañero de banco, en un parque regado de flores, niños y sonidos acompasados en armonía para el letargo?

Me confesaba que había visto nacer muchas décadas de Primavera. Tantas, que ya se había cansado de contar, añadir y sumar. Dice mi documento que tengo esos años que comienzan por un ocho. Pues bien, yo me acuerdo de cuando era como esos niños que corretean veloces por el parque, porque necesitan conocer, jugar y disfrutar. Y veo mi traviesa imagen infantil, como si fuera ayer. Al igual que mañana. Y ponen los papeles que ha pasado ese pilón de tiempo. Como ves, ahora me desplazo más despacio por este agradable paseo junto al mar. Vengo todas las tardes, porque es bueno caminar y salir de casa donde, a poco que descuides, acabas por dormitar y renunciar. Y ese día, no alejado del equinoccio, al que se sumaron otros muchos atardeceres, hizo su parada para nuestro breve diálogo, en recuerdos, comentarios y anécdotas. Siempre con un saludo como inicio y una sonrisa agradecida, por la atención compartida, cuando estimaba el momento de continuar su paseo para la despedida. Le vi especialmente emocionado aquel día en que me confió, con paciencia entristecida en los ojos, como le violentaron en sus pertenencias, hurtándole su cartera con las tarjetas necesarias, alguna foto entrañable y un poco de dinero, de ese que es necesario parar poder intercambiar en la necesidad. Mal criado e insensible ese ladronzuelo que no supo respetar los derechos ajenos y más cuando es un mayor, limitado ya en su potencialidad. Es curioso, ahora que lo pienso nunca mencionamos nuestros nombres. Tal vez no reparamos en ese detalle. Era suficiente el saludo cordial de un ¡buenas tardes, qué tal hoy! ¡Pues aquí un día más, en este agradable paraje para nuestra tranquilidad! Supo contarme, con placer de padre satisfecho, sobre esos hijos y nietos que hoy prolongaban, en la privacidad de su mundo, el ciclo de la naturaleza para sustentar las razones de la continuidad. Fue una gran mujer mi compañera, sabes, que estuvo a mi lado como madre cariñosa y ejemplar. Nunca ¿lo entiendes, verdad? la podré olvidar. Viajó hacia el destino, azulado o lo que sea, dicen que allá arriba, antes que yo y eso fue y es muy duro de sobrellevar. Vació mi vida del que era el gran referente, para creer, vivir y esperar. Esa triste sembradura nunca debía ser materia de cultivo, pues solo germinan en ella flores dormidas para la soledad. Pero hablemos de algo más agradable. ¿Alguna trastada te han hecho hoy tus alumnos, en esa escuela donde dices que enseñas para pensar? Cuando yo era aún más niño, padres y maestros eran más duros en eso de la autoridad y el educar. Pero es que los tiempos van cambiando y hoy día parece que sólo tenemos tiempo para ocuparnos de nosotros mismos y abandonamos, con desacierto, la responsabilidad. Y ahí tenemos a esos jóvenes que pronto serán hombres y adultos, sin una mano diestra que los sepa enderezar. Amigo, es que hoy se educa de otra manera aunque, tienes razón, los resultados dejen mucho, mucho que desear. Nunca le observé más incredulidad y desapego que al aludir a esos reyes, no de la baraja de cartas, sino aquellos de los tronos coronados que salen en revistas y por la tele, ocupando el inmenso tiempo disponible. “Ellos sabrán para qué” decía mirando a la tierra, con ojos cansados de tanto soportar. De la clase política no dejaba títere con cabeza, regalándoles calificativos en su dureza con numerosos ejemplos para demostrar. Y así una tarde tras otra, cuando pasaban las seis y aquellas alegres jovencitas volvían con sus estampadas toallas de arena, lúdicas bolsas de playa y sandalias en la mar.

Y un día dejó de aparecer por aquel flanco del parque, donde vibran color y aromas de rosales, césped iluminado y tierra de naturaleza, junto a un gran estanque sin olas pero con brisas que susurran vitalidad. Probablemente, pensé, debe tener algún problema físico pues siempre ha dado muestra de regularidad y puntualidad. En realidad echaba en falta esas breves conversaciones, intensas en su hábiles ocurrencias y relajantes para cambiar la atonía de muchos folios y páginas que aturdían la vista de tanto leer, corregir y memorizar. Pero ¿por quién y a dónde preguntar? Si no poseo su nombre, los datos del teléfono o un domicilio donde reclamar. ¡Qué necios somos, en muchas de las veces, a la hora de comunicar mejor con los demás! Y así fueron pasando muchas fechas y números del calendario cuando, con alegría manifiesta por lo cansado de la rutina, se aproximaba ya el final de un curso más. Eran semanas de tensión añadida, con todos los ajetreos propios de los exámenes, evaluaciones, reuniones y elaboración de memorias para atender la responsabilidad de la profesión. Por eso una tarde, harto ya de tanto papeleo para la inutilidad, tomé la bici y me desplacé un buen rato por ese paseo donde saludo a “la Mónica” paso por la Misericordia y me dirijo, paralelo a la playa, hasta una zona donde el Guadalhorce acaba por descansar. Y, a poco de iniciar el recorrido, pedaleo por mi entrañable y conocido Parque Huelin, el de tantas jornadas… para trabajar, leer y comunicar. Fui y me dije que sería simpático saludar a mi viejo banco, que allí seguiría sin rechistar. Ese carril, para bicicletas sin prisas, atraviesa un lateral interior del gran jardín junto al estaque con agua de la mar. Y fue casualidad. O, tal vez, esa necesaria oportunidad, en una tarde de junio, que resulta difícil creer pero mucho menos explicar.

Me fijo que en ese banco del Parque, que usualmente solía utilizar, está sentada una muchacha joven y atractiva. Probablemente alcanzaba unos veintipocos años, para fuerza manifiesta de su edad. Es la misma hora (sobre las seis de la tarde) en la que solía encontrarme con mi veterano amigo de esas lúcidas tardes ausentes, para la amistad. Me acerco, ya bajado de la bicicleta, la chica se me queda mirando y en su rostro parece expresar que está tratando de reconocerme. Tomo asiento y de una forma espontánea me dice: perdone, pero creo ver en Vd. a la persona que solía dialogar un ratito por las tardes con mi abuelo. Él supo contarme algunos rasgos físicos de su persona, a fin de que le pudiera identificar. Todavía un tanto asombrado de la situación, quise aportar naturalidad y confianza a esa agradable interlocutora que soportaba un cierto nerviosismo en el lugar. Efectivamente, soy yo… y tú debes ser su nieta ¿verdad? Hace ya unas cuantas semanas que no lo he vuelto a ver. ¿Cómo está tu abuelo? Regalándome una expresión a medio camino entre la sonrisa y la tristeza, me dice con sencillez que Fermín, D. Fermín, así era su nombre, ya no está entre nosotros. Su cuerpo ya no puso resistir el peso de tantos calendarios anotados y vividos en la memoria. Hace doce días, exactamente, había emprendido ese postrer viaje hacia el país de las estrellas. Una de las tardes, en que ella fue a visitarlo a su cama de hospital, le contó nuestra simpática peripecia de comentar las cosas del día, en esos suaves atardeceres de la Primavera. Le dijo que echaba de menos a ese amigo anónimo que había sabido alegrarle el semblante de la rutina, al compartir unos minutos de diálogo y confianza en ese lugar del parque que mira y se hermana al mar. Le rogó que acudiera de vez en cuando a este sitio concreto para tratar de localizarme, pues estaba seguro que yo seguiría viniendo por aquí para mis lecturas, correcciones y preparación de las clases. Y que me diera las gracias por todos esos trocitos de amistad en el tiempo que había sabido concederle. La verdad es que Alicia (así era llamada en su lindo nombre) y yo estábamos un tanto emocionados. Ante la situación y la curiosa oportunidad que estábamos compartiendo. Le hablé con mucho afecto de la noble persona que yo veía en su abuelo, valorando su imagen de sencillez, franqueza y confianza, tarde tras tarde en la amistad. Estoy seguro que por allá arriba, entre las nubes celestiales, su alma transparente nos estaría observando, divertido y contento, comprobando nuestro diálogo tal y como él había deseado. Ya en el camino de la despedida, me comentó su curso final en la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Estoy completamente seguro que vas a ser una excelente profesional del periodismo. Le facilité mi correo electrónico por si en alguna ocasión deseaba comunicar con el “anónimo” amigo de su abuelo y ambos nos separamos de ese lugar para el encuentro, con una sonrisa agradecida. Emprendí de nuevo mi rítmico pedaleo, camino de ese destinoviajero para una tarde cálida en junio. Y recordé al bueno de Fermín que, a buen seguro, estaría ahora narrando aventuras y experiencias a cientos de estrellas angelicales, todo atentas y receptivas para la maestría ocurrente y sabia de sus palabras.-

José L. Casado Toro (viernes, 22 abril 2011).

Profesor.

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viernes, 15 de abril de 2011

LA FUERZA DE LA RACIONALIDAD,PARA CONSTRUIR UN MUNDO MEJOR.

CINE, PARA UNA OPCION AFORTUNADA.

Alrededor de unas veinte empresas cinematográficas funcionan comercialmente en el conjunto de la provincia de Málaga. La casi totalidad de esos centros de proyección ofrecen sus películas en multisalas, con lo que el número de pantallas se multiplica hasta una cifra notablemente elevada. Pues bien, sólo una pantalla, entre la capital y los municipios de la provincia, proyecta en la actualidad una película danesa, en versión original subtitulada, dirigida por Susanne Bier (Copenhague, 1960) cinta que ostenta el sugerente título de EN UN MUNDO MEJOR. Hay que agradecer al Teatro Cine Alameda el gesto de ofrecernos una de las mejores películas que, actualmente, visitan las carteleras españolas. Se trata de un cine diferente del que nos ofrece habitualmente la industria de Hollywood: clónico, aburrido, insustancial, sexual o violento. Este otro, procedente de la fábrica europea, es por el contrario original, interesante, sugerente en lo educativo y con un tratamiento de la temática que sabe atender la prudencia en el realismo y la intensidad en lo conceptual. Es una película que hay que ver, saborear, reflexionar e integrar, para enriquecer la jerarquía de los valores que adornan nuestra identidad. Y es recomendable su visionado no sólo porque venga avalada con dos importantes premios que se cotizan muy bien en el denominado séptimo arte: Óscar de Hollywood 2010 a la mejor película de habla no inglesa, y Globo de Oro en la misma categoría, sino también porque es una buena película para distraer, para aprender, para reflexionar. Para tratar de construir un mundo más verdadero, más limpio, más ético. Un mundo mejor. Una sociedad en que la violencia, física o conceptual, se vea superada y derrotada por el diálogo, el pacifismo y el amor, pleno de nobleza y generosidad. Amistad y solidaridad. Las líneas que prosiguen ofrecen una interpretación básica de su estructura argumental, aviso necesario para todos aquellos que no les agrada conocer la trama de una película antes de pasar por taquilla o por la pantalla de su televisor.

ALGO DE LA TRAMA ARGUMENTAL.

La directora danesa nos introduce en la historia de dos familias que sufren las consecuencias de una ruptura interna. Anton y Marianne, ambos doctores en medicina, han separado sus vidas desde la infidelidad que él cometió en su matrimonio, vinculándose temporalmente con otra mujer. Profesionalmente, este profesional entrega sus mejores conocimientos sanitarios ayudando a humildes comunidades africanas de refugiados, colectivos que sufren el azote de luchas civiles tribales. Tiene dos hijos que viven con su ex mujer en una provincia de Dinamarca. El mayor Elías, tiene diez años y es de carácter apocado. Sufre continuas agresiones de su compañeros de colegio, bullying que el crío soporta con dolor sin saber reaccionar a los ataques. La otra familia, que nos introduce la trama, es la que forma Claus junto a su hijo Christian. Ambos han sufrido, en fecha reciente, la terrible pérdida de una esposa y una madre, respectivamente, ante la crueldad patológica del cáncer. Christian no ha podido superar esa orfandad, para su joven edad (similar a la de Elías) de la que, infantilmente, culpa a su padre por no haber posibilitado que su madre sanase. La ruptura entre Christian y su padre es manifiesta. Es un chico de carácter introvertido, serio e inteligente, aunque su dolor lo focaliza por medio de la fuerza contra aquello que considera injusto. La amistad colegial entre Christian y Elías hace que éste se sienta protegido de los ataques de los que usualmente es objeto, pues su compañero se enfrenta con extrema violencia ante el cabecilla de los agresores escolares. Una tarde, los dos amigos, junto a su hermano, juegan en un parque infantil, mientras Antón es humillado por un hombre violento, padre de otro de los chicos que allí pasan la tarde. Les explica a los tres que ante la fuerza y la violencia hay que aplicar el pacifismo, el equilibrio y el diálogo. Así lo hace, cuando Christian descubre el lugar de trabajo de ese mecánico visceral y se lo comenta al padre de su amigo. Pero éste, en el taller y ante los tres niños, sufre de nuevo, con estoicismo, la respuesta agresiva y despreciativa de un energúmeno, todo fuerza y escasa inteligencia. Christian maquina un duro castigo contra ese ser irracional que de nuevo ha humillado al padre de su mejor amigo. Fabrica un explosivo para destruir el coche del mecánico y, al hacerlo, provoca sin querer graves lesiones a Elías. En ese contexto, el idealismo del Antón en su ayuda a los más necesitados se pone a prueba cuando un líder asesino de tribus rebeldes africanas solicita su ayuda ante la profundas herida que ha sufrido en una pierna durante uno de sus ataques. Antón le cura pero, ante la maldad intrínseca que hace gala el herido como respuesta, le echa del campamento dejándole en manos de un odio colectivo por la sangre y maldad que, de manera continua ha derramado. Al final, en medio de todo el dolor, la esperanza vuelve a anidar entre las dos familias. Marianne avanza en el camino del perdón para el que ha sido su marido. Christian se arrepiente de su opción violenta para luchar contra la injusticia. Comprende, de igual forma, que su padre es el pilar afectivo que necesita para recuperar el cariño y la racionalidad que ha de presidir su evolución hacia la adolescencia. Incluso pensaba poner fin a su vida ante la creencia errónea que su único amigo había muerto por su inconsciencia. Pero, una vez más, Antón, sabe cómo hacer el bien en su constante idealismo por construir un mundo mejor.

ALGUNOS INTERESANTES ELEMENTOS A RESALTAR.

Nos hallamos ante una película en que los contrastes se hacen presentes, de manera continua, en escena. Y es que los contrastes, en el devenir de nuestras vivencias, son más que evidentes. Permanentes, habría que decir. Veamos algunos de los más relevantes. Dos sociedades. África y Europa. Subdesarrollo, guerras tribales, necesidad, pobreza, en muchas áreas de ese Tercer Mundo. Desarrollo material, en la sociedad europea, aunque con grandes burbujas en la decadencia de valores y actitudes para la convivencia. Y uno de nuestros protagonistas, el doctor Anton, comparte ambas realidades, espaciales y éticas, en su proyecto de vida. También, los dos chicos, en su caminar hacia la adolescencia. Están unidos a sendas rupturas familiares por el azar de las circunstancias. Pero, mientras Elías muestra su carácter débil, apocado, pasivo, resignado ante la injusticia y la intolerancia de su entorno escolar, su amigo Christian posee un carácter fuerte, activo, cerebral, que opta por las soluciones de fuerza ante la maldad que percibe en su perímetro relacional. Paralelismos y contrastes entre un mundo de adultos, en el que la violencia física se opone a la fuerza de la razón, y ese espacio infantil que mimetiza los drásticos comportamientos de los mayores para degradar una convivencia que debe estar presidida por la amistad y el recíproco respeto entre los humanos. Venganza y perdón. Extremismo y paciencia. Intolerancia y respeto. Materialidad e idealismo. Maldad y amor. Estos valores contrastados prevalecen a lo largo de los 110 m. de metraje que se hacen cortos o largos, según la predisposición anímica de cada espectador.

El mayor elogio que podemos deparar a la interpretación de los actores es el de ser convincentes. Creíbles. Próximos, en la normalidad existencial. De forma especial hay que destacar la sencilla y poderosa naturalidad de los dos niños ante la cámara. A pesar de las cualidades interpretativas de estos muy jóvenes actores, se nota, a la distancia, la habilidad del equipo de dirección, presidido por Susanne Bier, para conformar un clima escenográfico favorable que facilite esa expresividad verdadera con la que continuamente nos cruzamos en nuestro viaje por la realidad. Por cierto, los figurantes y protagonistas en el campamento de refugiados africano consiguen ofrecernos un trabajo muy convincente y cualitativo.

No podemos olvidarnos de la plasticidad cromática de la fotografía. Especialmente cuando nos regala un paisaje como el africano, con ese cielo de azul y nubes, enriquecido por densas tonalidades de intensa pigmentación. Y esa focalización en picado de la cámara que le da, a determinadas escenas, una didáctica explicativa que posibilita una mejor perspectiva de los problemas y hechos narrados durante la lectura fílmica.

SUGERENTE RECURSO EDUCATIVO.

Tenemos a mano un material de incuestionable relevancia para su rentabilidad tutorial, en una sesión de cine-fórum educativo con nuestros alumnos. ¿Y por qué no para dialogar con nuestros hijos, en el seno de la microsociedad familiar? También, por supuesto, con esa reflexión que fluye silenciosa de la propia conciencia, en el espacio íntimo de nuestra más celosa privacidad personal ¡Podríamos hablar..... de tantas cosas que se hacen presentes en la necesidad relacional! Acoso escolar, violencia, intolerancia, familia, diálogo, ejemplo, pacifismo, amistad, infidelidad, idealismo, enfermedad, refugiados, perdón, amistad, suicidio, profesores, hijos, padres, Internet, subdesarrollo, aceptación, rebeldía, reacción, amor..... Este documento de ficción, pero con el fundamento de una base real, creíble, puede sernos, a poco que abramos los ojos y templemos nuestra conciencia, de suma utilidad. Es cuestión de integrar, reflexivamente, valores y realidades que se tornan, a veces, fugaces y volátiles en la materialidad, celeridad y autismos egoístas que suelen presidir nuestros comportamientos cotidianos. Es bueno dejar de pensar por un momento en ti para atender, con generosidad, hacia las necesidades de los demás. EN UN MUNDO MEJOR. Teatro Cine Alameda, Málaga. I hope you like it. Espero que sea de tu agrado.-

José L. Casado Toro (viernes, 15 abril 2011).

Profesor.

http://www.jlcasadot.blogspot.com/

viernes, 8 de abril de 2011

PIJAMAS SOMNOLIENTOS, EN EL AULA.



· ¡Señoritas, me parece que no habéis reparado en que llevo ya un ratito de explicación! ¡Venga, prestad un poco de atención, que lo que os estoy diciendo tiene bastante interés! En todo caso, pensad que hay compañeros y compañeras que sí quieren atender. Hay que respetarlos. Y al Profe, también.

· No se enfade, Profe, que no estábamos haciendo nada.

· Deli, de verdad que no estoy enfadado. Lo que pasa es que son las nueve menos veinticinco, no habéis parado de hablar y me queda una mañana muy larga. Y tú también, Carmen, abre la libreta y has el favor de copiar lo que estoy escribiendo en la pizarra. De verdad que algo de este tema “cae” en el próximo control. Por cierto, ya conocéis (os lo digo a todos) la última norma que ha dado el Director con respecto a la forma de venir vestido al Instituto. Veo, echando una miradita a mi alrededor, que más de tres y más de seis…. estáis incumpliendo la norma.

· José L. ¿me vas a echar de clase por la ropa? Lo digo porque me estás mirando al decirlo.

· Mira, Cristina, tu sabes muy bien que yo nunca te voy a echar de clase por ese motivo. Pero lo que llevas puesto no un chándal, sino que más bien parece un pijama. De todas formas, mañana jueves, a segunda hora, tenemos tutoría. Vamos a tratar el tema. No nos vamos a enfadar, sino que vamos a razonar. Y ahora me vais a dejar que siga explicando el por qué llueve. ¿No os parece interesante que aprendáis el proceso acerca de cómo se produce la lluvia…. ahora que estamos en tiempos duros de sequía? El agua es muy necesaria para la vida.

· Profe, le prometo que mañana voy a venir vestida de otra forma, para que a Vd le guste.

· Nasira, yo sé que lo vas a hacer muy bien. Yo te voy a apreciar igual vengas vestida de una forma u otra. Bueno, sigo explicando mi masa de aire que está “llenita” de agua. En concreto, de vapor de agua….”

Esta escena, algo desordenada pero real, resume una de las numerosas vivencias cotidianas que se establecen en el aula de clase, por parte de los alumnos con su Profesor. Es evidente que los actores, desarrollo y conclusiones podrían haber sido otros, tanto en el contenido como en la forma. Básicamente refleja a unos alumnos que hablan entre ellos, mientras su Profesor explica. Tienen sueño y frío, al comenzar la jornada de clase. Se les llama “la atención” con una cierta cordialidad, ante la falta de atención que prestan al trabajo de clase. Su respuesta ante la observación de quien dirige la explicación es receptiva en lo positivo. En otros casos, por supuesto, no lo es tanto, llegando a generarse un conflicto que puede acabar con algún “parte disciplinario” e, incluso, con la “expulsión” al aula de convivencia de los implicado en el hecho. Obviamente no se debe abusar de los partes o “denuncias” disciplinarias pues, en caso de que así se proceda, sus efectos provocan a medio plazo una pérdida de eficacia en la medida y resultados que se persigue. La expulsión de clase debe adoptarse, excepcionalmente, sólo en circunstancias de una manifiesta gravedad. Este desplazamiento al Aula de Convivencia debe tener un sentido reeducador. Haciendo los alumnos correspondientes trabajos complementarios o/y dialogando con el Profesor encargado del Aula en ese momento. Pero vayamos, de nuevo, al tema central que vamos a comentar en este artículo: la forma de vestir de los alumnos, cuando acuden a sus centros escolares.

Según aparece, de forma cíclica, en los medios de comunicación, algunos directores de Institutos se quejan acerca de la forma de vestir que llevan sus alumnos a clase. En base a ello establecen, en los Reglamentos que rigen la vida de las Comunidades educativas, normas específicas que regulan los límites acerca de la libertad de aquéllos para elegir la ropa que cada día utilizarán durante las horas de estancia en los Centros escolares. Parece ser que, en la estación invernal, algunos suelen llevar a clase sus pijamas de estar en casa. Y ya en los meses cálidos, pantalones de deporte que se transmutan en bañadores y zapatería más apropiada para andar por la arena de las playas o por el borde de las piscinas. En realidad todo es cuestión de criterios, gustos y estilos en las costumbres y hábitos.

Tradicionalmente, en algunos Centros educativos públicos y en una gran mayoría de Colegios de titularidad privada, especialmente confesionales en lo religioso, el uniforme establecido distinguía a los alumnos y alumnas de un determinada Comunidad Escolar. Incluso llegué a conocer un Instituto de Secundaria cuyos estudiantes lucían un bonito uniforme combinado por los colores gris y verde. Hoy día, incluso en los colegios privados de larga tradición docente, se ha liberalizado bastante la aplicación del uniforme. Algunos no lo tienen establecido y otros lo han eliminado para sus alumnos en el ciclo de bachillerato.

Parece obvio que la forma de vestir que uniformiza a todos los alumnos de un determinado Centro tiene más ventajas que inconvenientes. Si el modelo está bien elegido, tanto en diseño como en colorido, identifica, de manera positiva a todos aquellos que se vinculan a una determinada Comunidad Escolar. Es un elemento más para ir conformando la imagen heterogénea y personal de los ámbitos colegiales, con su color, escudo o anagrama y otras señas de identificación. Es un gasto que se ha de realizar al inicio del Curso pero que después compensa a la hora de elegir la opción para la vestimenta diaria y, sobre todo, evita esas “competiciones” sociales en la utilización de las “ropas de marca” que se establecen, especialmente, en los atuendos deportivos y al llegar la estación primaveral. Cuando se tienen esas maravillosas edades que hablan de la adolescencia, se puede sufrir bastante al ver que tu compañero de mesa o fila lleva una ropa de moda y de elevado precio que tus circunstancias familiares no te permite adquirir.

He de matizar que, a título personal, nunca me he sentido molesto acerca de cómo iban vestidos mis alumnos a clase. Y bien conocen ellos que, en general, me he abstenido de corregirles ese aspecto de su indumentaria. He sido tolerante con plumíferos y guantes, cuando el frío apretaba y con pseudo-bañadores y chanclas, cuando esas aulas se transformaban en verdaderos hornos por su peculiar orientación ante el Sol, durante los meses finales de Curso. Tampoco le he dado mayor importancia a determinadas camisetas y pantalones que dejaban libre a la vista determinadas zonas corpóreas, a poco que la interesada o interesado se extendiera sobre la mesa para escribir su ejercicio. En alguna ocasión, sí me acercaba con respeto a la alumna y tras una sonrisa le indicaba con el gesto (y sin que nadie lo advirtiera, sólo la interesada) que cubriese mejor aquella parte de su espléndida anatomía que pertenecía a su íntima privacidad. Generalmente la respuesta del alumno era una reacción inmediata para corregir la postura y otra sonrisa hacia mi gesto como muestra de agradecimiento. Nunca he entrado en mis Centros de trabajo con pantalón corto, ni tampoco en época vacacional. Por el contrario, he tenido compañeros docentes que han estimado procedente actuar de otra forma, utilizando en algunos momentos del año las bermudas, las camisetas deportivas y los aditamentos o zarcillos en alguna de sus orejas. No me ha importado, en absoluto esta actitud. Por tanto, alumnos y compañeros han contado siempre con toda mi tolerancia. Pero ello no es óbice para que defienda, desde siempre, la implantación del uniforme, como una de las señas de identidad de la “marca” que identifica a una comunidad educativa concreta.

¿Pijamas de estar en casa, dentro del aula? Algún profesional de la prensa escrita ha bromeado acerca de “lo bien que duermen determinados alumnos en las horas de clase”. Como siempre ocurre en estos casos, hay mucha gente que habla de lo que ocurre en las aulas sin trabajar en ellas, por supuesto. Si el Profesor no quiere, el alumno no se va a dormir en sus clases. Y no me estoy refiriendo al recurso de gritar, regañar o “poner” partes rosas o verdes, como actas de diligencia “penal”. Hay unas horas de tutoría colectiva, hay unas horas de recreo, hay unos teléfonos y correos electrónicos, hay unas oportunidades y coyunturas a fin de poder reconducir determinadas actitudes. No para el beneficio del profesor (que también) sino, muy prioritariamente, para la propia persona del alumno, en su imagen personal y colectiva. Para que el alumno cambie el pijama por unos vaqueros y el jersey correspondiente no hay que dar pauta a conflicto alguno. Es cuestión de habilidad y tacto.

Aquí se ha hablado de pijamas, somnolencias y otras expresiones corpóreas. Justo será también referirse a la actitud organizativa de directivas y Administración. No es justo que nuestro alumnos y sus Profesores tengan que pasar frío, en su lugar de aprendizaje, en su ámbito de trabajo. No es justo. Y se pasa frío. Y se soporta mucho frío. Y se pasa calor. Y se sufre el agobio insufrible del calor. Y el que posea refrigeración o calefacción en su aula, que no se sienta aludido. Igual ocurre con no pocos docentes que han de rendir visita al otorrino, con más frecuencia que la deseada, a fin de afrontar sus padecimientos fónicos, por la desidia de directivas y Administración a la hora de facilitar un sistema idóneo de megafonía en cada una de las aulas escolares. No todo han de ser las pizarras digitales. Y el que posea una estructura de megafonía en su aula, que no se dé por aludido. El que estas líneas suscribe, sí utilizó una megafonía en el aula. Tras visitar a especialistas en garganta, decidió adquirir un micrófono portátil con cargo económico a su bolsillo. Fue un fiel compañero de ayuda a la docencia durante mis diez últimos años de profesión. Volviendo al frío o al calor, se debe atender a la modulación térmica que se soporta en las aulas. Y aquí, en el Sur peninsular, las calefacciones en la escuela no son tan frecuentes como ocurre más allá de Despeñaperros. Me temo que no existen.

Han pasado ya unos meses. Los fríos y las nubes cargadas de lluvia nos ha dejado, para nuestro goce, una espléndida Primavera, con una atmósfera que sabe acariciar el verde naturaleza y un Sol que tonifica y enaltece nuestro ánimo y corporeidad.

· Veo, Isa y Carmen, que os habéis cambiado de sitio, buscando el rayito de Sol. Seguís siendo buenas amigas. Esa actitud de amistad es muy positiva.

· Sí, Profe, se lo íbamos a decir. Es que con este solecito nos tenemos que ir bronceando para cuando vayamos a la playa. Estamos muy “blancuchas”. ¿Qué le parece a Vd. como venimos hoy vestidas?

· Yo siempre os he visto muy guapas a las dos.

  • ¡Gracias, Profe!

· Por cierto ¿habéis desayunado esta mañana, tras levantaros de la cama, antes de venir a vuestra -segunda casa-?

José L. Casado Toro (viernes, 8 abril 2011).

Profesor.

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jueves, 31 de marzo de 2011

DOS MUJERES. SONIA Y NORA.

El título de este relato nos trae a la memoria aquella gran película italiana de grato recuerdo, rodada en 1960. Vittorio de Sica dirigió a Sophia Loren y a Eleonora Browm (Cesira y Rosetta) en una humana y trágica historia, ambientada durante la 2ª Guerra Mundial, cuando Italia estaba siendo liberada del fascismo por el avance de las tropas aliadas. Sin embargo, en este momento, quiero referirme a la historia de Sonia y Nora, dos seres que se atrevieron a cruzar sus sentimientos, sus anhelos y deseos. Veamos si nos dejan asomarnos, con respeto y atención, a la privacidad de sus vidas.

Se conocieron allá en las vacaciones de 2004, durante la celebración de un Curso de verano, en la romántica ciudad de Ronda. Ambas ejercen de Profesoras de Secundaria, en dos Institutos relativamente cercanos por la zona oeste de Málaga. Sonia, 47 años muy bien llevados, explica la materia de Física y Química, aunque en ocasiones ha tenido que atender a unas Matemáticas, en cursos iniciales de la ESO. Carácter fuerte, posesiva sobre su entorno, refleja físicamente una estructura asténica y practica con intensidad el senderismo y la natación. Nunca ha tenido pareja, aunque físicamente es atractiva y cultivada en lo intelectual. Aprobó las oposiciones hace ya once años después de haber recorrido numerosos destinos, en la Geografía andaluza, como Profesora contratada por la Junta. Tras intimar con Nora, viven juntas en su piso reformado, ubicado por el laberinto antiguo de la capital. Esta compañera es doce años más joven que Sonia. Alegre, desenvuelta, comunicativa, desordenada, cariñosa y algo “locuela” en la apreciación de su entorno, tuvo una relación de varios años con un compañero de la infancia, e incluso llegaron a convivir sin pasar por la vicaría o por el Registro Civil. Es profesora de Literatura, aunque también hace sus pinitos con el dibujo y los lienzos al óleo. En realidad, Nora es una joven sensible, generosa, influenciable por los demás y con fases en su vida de profunda e inestable inseguridad. Físicamente padece una tendencia a incrementar gramos en el cuerpo, aunque lucha con ejemplar disciplina a fin de equilibrar una anatomía cuya imagen, en su conjunto, es bastante atractiva.

Hace ya casi siete años, estos dos caracteres acercaron su intimidad, dando un largo paseo por la Alameda del Tajo, en un atardecer anaranjado y aromático a finales de julio. Fue una extensa conversación en la que a poco comenzaron a intercambiar recuerdos, anhelos y circunstancias. También soledades, necesidades, dudas y silencios. Fueron semanas, las que sucedieron, en que dos seres, huérfanos de afecto, no encontraron por qués para la distancia y sí razones para la unión de sus deseos. En Sonia, esa vinculación suponía una respuesta más que arraigada en su compleja naturaleza. Pero nunca había tenido oportunidad para llevarla a la práctica. ¿Miedo, recelo, ambiente, familia, disimulo….? Hubo en su vida no pocas noches en vela, sintiendo y componiendo escenas y actitudes, en las que ella y muchas otras ellas hablaban, compartían y sonreían sus soledades, angustias y necesidades. Pero nada material, nada real. Todo en la esfera de la imaginación y el deseo. Por el contrario, en la vida de Nora, ese impulso novedoso y atrayente hacia una persona con el mismo cuerpo pero con diferentes sentimientos, fue algo tan inesperado y apasionado que transformó profundamente su forma de reconocerse, en el ser y en el actuar. Su cuerpo le reclamaba otro lenguaje, otro alimento, otra necesidad para su estabilidad. Había conocido en la profundidad relacional a un hombre. Ahora, sin apenas suponerlo, era una mujer la que formaba pareja con su intimidad.

Esa vivencia compartida tuvo momentos espléndidos para la ilusión y el sosiego. Volver a casa y saber que alguien te espera. Recibir esas palabras de consuelo y afecto, cuando el devenir del día se había tornado plomizo y nublado para tu desconcierto. Conmemorar, con intensa alegría, fechas del calendario que significaban eventos agradables para el gozo y el recuerdo. Aquel apasionado viaje, en la segunda primavera de sus vidas compartidas, realizado entre Grecia y Egipto, quedaría grabado con sentimientos y palabras que significan y saben a felicidad. También es verdad que, de forma traviesa y sibilina, fueron llegando experiencias menos gratas y más dolorosas. Probablemente alguna mirada indiscreta pudo observar, en aquel domingo de septiembre, sus manos unidas y ese beso en los labios que no se recataron en privatizar. Pero ese gesto afectivo para la unión fue realizado en una terraza solariega que mira al mar. Alguien estuvo observando, te reconoció y lo comentó en la cena familiar. Llegas a clase de tercero y captas una atmósfera diferente a la usual. Palpas en el ambiente la expectación que se respira esperando, sin duda, la reacción de la Profe Sonia. Dejas tu bolso en la mesa, abres la carpeta de los apuntes y ejercicios y te vuelves para el encerado a fin de anotar un par de fórmulas de aerodinámica que ibas a trabajar. La pizarra estaba anormalmente limpia, pero sólo una palabra, rotulada con caligrafía capital, había quedo libre del borrador. Tu corazón se dispara en latidos para la velocidad cuando lees lo de “LESVICA”, escrito con uve y sin acento, para incultura, intolerancia y maldad de su joven autor. Fueron segundos muy difíciles, en el control de la tensión, que fácilmente podían desbordarte. Respiras aire de un ambiente viciado por la crueldad y con parsimonia tomas en tus manos el borrador. Eliminas la tiza que sustenta esas letras y, a continuación te vuelves y observas a tus 26 escolares. Sólo tres, aguantan tu mirada. Entre ellos, uno sonríe con indisimulado descaro. El resto de los alumnos y alumnas, tienen clavados sus ojos en las páginas de su manual de Física. Te vuelves a la pizarra y, sin perder la calma, escribes las formulas que toca explicar hoy en la materia. Tratas de no remover más lo indigno del comportamiento de ese ser que te acusa de algo malo, cuando tú no lo sientes así, y evitas dar parte a la Jefatura de Estudios. Aquella noche no pudiste reprimir el llanto, cuando siempre te has enorgullecido de ser muy fuerte ante la dificultad. Te ves abrazada a Nora que sólo acertaba a decirte, con voz baja y afectiva “ya todo ha pasado. No pienses más en ello. Lo importante es que yo estoy aquí, junto a ti”.

¿Y cual fue la actitud de vuestras respectivas familias, en esa unión o convivencia que decidisteis protagonizar? (Responde Nora) “En general, bastante bien. La comprensión de mis padres yo la he sentido de manera absoluta. Bien es verdad que al principio les sorprendió, y mucho, la decisión que adopté. Sobre todo, después de la unión que mantuve con Alberto durante esos años. Como nunca llegaron a verme totalmente feliz durante esa etapa, entendieron mejor la ruptura y la respuesta, un tanto inesperada, que posteriormente se generó en mi vida. También mi hermana Araceli, un cielo de persona, siempre ha estado conmigo en todo lo que he decidido. La admiro y quiero, con toda mi alma, por su continua bondad, a pesar de lo dura que está haciendo la vida con ella, soportando tantas decisiones médicas para un cuerpo tan castigado como el suyo sin un mal gesto por su parte. Del resto de mi familia, no puedo hablar con tanta benevolencia” “Pues, en mi caso, (habla Sonia) he de confesar que mi madre, prácticamente, no me habla. Es una mujer muy chapada a la antigua que siempre fue especialmente crítica ante mi independencia y vida en soledad. Al ser hija única, se lamentaba, de forma continua, de que no le ofreciera unos nietos para su madurez. Le crispaba y molestaba en demasía los comentarios de sus amigas de sacristía, acerca de mi soltería. Como nunca me conocieron con un novio que me acompañara, sé que más de algún comentario hiriente hicieron al fuerte orgullo de mi madre que, a tenor de su ego, tuvo que provocarle un profundo dolor. El día que le dije abiertamente que me disponía a vivir en compañía afectiva de Nora, su respuesta fue dramática. Prácticamente me dijo que no le volviera a visitar. En la pasada Navidad, cuando estuvo malilla, si fui a verla (vive con una hermana más pequeña) pero el rato que estuve en casa con ella fue de lo más gélido y frío que he vivido en mucho tiempo. En cuanto al resto de la familia….. pues abundan esas sonrisas y comentarios, con segundas, con los que se pretende herirte sin más. Sin embargo mi tío Pedro, que ha paseado por medio mundo (fue marino mercante, gran truhán pero mejor persona) ha sido el único que un día vino a casa y me dijo con mucho cariño que siempre estaría conmigo en esta mi decisión. Que me respetaba por lo valiente que había sido y que su mano estaría siempre abierta a mi necesidad. Realmente, es de lo mejor que he conocido”.

¿Y en el caso de vuestros compas de trabajo? (respuestas intercaladas, por parte de mis dos agradables y comunicativas interlocutoras) En mi Instituto suelo cuidar, con habilidad, mi privacidad, al margen de un par de compañeros con los que si he intimado algo más. Si conocieran algo, tampoco es tan grave la cosa, suelen tener la delicadeza educada de personas adultas. Pues, en mi caso, algo parecido. Un día, al entrar en la Sala de Profesores, noté que dos compas estaban hablando de mí. Cambiaron rápidamente de conversación y las vi un tanto incómodas por si yo había captado algo de sus comentarios. No le di más importancia aunque me dio que pensar, al tratarse de dos compañera muy jóvenes. Yo creo que nuestra relación es natural, es lo que deseamos, por lo que debemos actuar y comportarnos con esa normalidad que deseamos para nuestras vidas.

Fueron pasando las estaciones, los meses y los días. Se fue estabilizando el fulgor de la atracción, desde aquel noviciado impetuoso, tanto en lo espiritual como en lo orgánico. La letal patología de la rutina fue horadando sentimientos, afectos y lealtades. La aceptación de la convivencia se hizo, en ocasiones, difícil y conflictiva, pero siempre llegaba la terapia de la reconciliación, la cesión generosa y la primacía inevitable de la recíproca necesidad. Uno de los temas que más exigió del diálogo y la discusión fue la posibilidad de sustentar una descendencia. Descartada la opción de intentar luchar en el bosque inmisericorde de lo administrativo, con una adopción legal o paralegal, se puso sobre la mesa de sus sentimientos y realidades la vía médica de la inseminación artificial. En este plano, la actitud de Nora siempre fue más definida y valiente que la de Sonia que, en realidad, nunca integró la posibilidad de una maternidad para su proyecto vivencial. En sus consultas a un centro de planificación, Nora siempre tuvo el apoyo de su compañera y amante, estímulo más que necesario para una decisión de tan profunda y decisiva responsabilidad.

Algo debió ocurrir durante las visitas al centro de planificación. Sonia captó un progresivo distanciamiento en los gestos, las transparencias y en el cariño de Nora. Nunca tuvo motivos concretos para hacer explícita esos cambios que adoptan un lenguaje difícil de acomodar a las palabras. Están, se sienten, pero no tienen cuerpo físico que los sustente en lo material. Hubo algunas noches que, sin poder conciliar el sueño, el desconsuelo hizo brotar lágrimas acongojadas en el corazón de Sonia. En la noche de ayer sábado, iban a salir a cenar. Mientras se arreglaba, Nora entró en el dormitorio para acomodarle un pañuelo al cuello, pues hacía frío en el ambiente. Su compañera y amante no pudo más y estalló en un amargo y silencioso llanto. Nora no acertó a pronunciar palabra alguna, sólo se limitó a abrazarla durante unos críticos, líricos y silenciosos minutos.

Cenaron en un restaurante de luces intimistas y al poco se vieron paseando por un sendero ajardinado junto al mar. En esa noche, algo desapacible por la intensa humedad del oleaje, pero iluminada por una sacral bóveda de estrellas, una vez más se le hizo presente la figura esperanzada de Alex. Ese joven profesional de la medicina que había sabido despertar y potenciar en ella una atracción heterosexual, difícil de refrenar, sentimiento que pensaba había ya desaparecido en su vida. Desde un viejo chiringuito, con opacidad en sus ventanas por el tiempo y el descuido, llegaban las estrofas de Mujer contra mujer, recitadas por Ana Torroja la dulce y sensible voz de Mecano. Pudo ser una casualidad.-

José L. Casado Toro (viernes, 1 abril 2011).

Profesor.

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viernes, 25 de marzo de 2011

ASÍ, AMANECE UN NUEVO DÍA.


Es cierto. Nos embarga un cierto recelo asomarnos a la ventana del calendario y ver lo que tenemos ahí afuera, más o menos cerca en la distancia o incluso anidando en la intimidad de nosotros mismos. ¿Acabo de escribir el término recelo? Más bien habría que utilizar la palabra temor, como término más apropiado para referirse a esa atmósfera hitchcockiana que nos amenaza y aturde. El gran maestro Alfred Hitchcock (Londres, 1899 - Los Ángeles 1980) nos regalaba en su cine un variado panorama del suspense que suele afectar a las relaciones humanas. En realidad no es necesario acercarse a la gran pantalla de la “sábana blanca” o al LCD de las treinta y tantas pulgadas que tenemos en el salón hogareño, a fin de percibir este sentimiento que viste nuestra imaginación de intriga, incertidumbre y decepción. Las cintas que recogen fielmente las historias del thriller cotidiano la tenemos aquí cerca, muy próximas a nosotros, para todo aquél que se atreva a mirar, a leer y a reflexionar. Basta con que ojeemos los titulares en el periódico del día, comprobemos las informaciones digitales de nuestro ordenador o tengamos la valentía y el arrojo necesario para encender la televisión. Simplemente, “lancémonos” al espacio abierto y hagamos eso tan simple o ilustrativo como es pasear por las calles, plazas y arrabales de nuestras ciudades y comunidades urbanas.

En realidad, las informaciones reflejan o dicen lo que está ocurriendo. Nos guste menos o más, son contenidos sobre hechos que están desarrollándose a nuestro alrededor, próximo, mediato o en un más allá lejano. En esta atmósfera global comunicativa, que nos inunda y gratifica (siempre resultará más favorable la información que el desconocimiento), es sólo cuestión de segundos el que lleguemos a conocer acontecimientos que rompen la estabilidad o la rutina del sistema. Nos sobrecogen, nos aturden, nos desaniman y, por supuesto, provocan en nuestros sentidos y espíritu una profunda tristeza. Tristeza que tendremos que controlar y superar, con ineludible equilibrio, profunda inteligencia y voluntad generosa. Pero vayamos a comentarios concretos, a modo de puntuales ejemplos en lo cotidiano.

Muy de mañana, hoy como ayer, abrimos nuestra mirada a los diarios digitales o adquirimos, en el puesto amigo de la esquina, aquel periódico con el que nos sentimos más identificado. Dado el tiempo real disponible, para tantas opciones en nuestra planificación del día, apenas tenemos otra oportunidad que ojear titulares y detenernos en algún artículo, comentario o editorial que nos llame especialmente la atención. ¿Y qué nos encontramos hoy, como pudo ser el día de antes o como igual aparece mañana?

Vemos el drama natural y nuclear en Japón. La naturaleza protesta, grita y tiembla, en una sociedad hiper-modernizada en la que el desarrollo, mal que nos pese, se aleja delnivel sostenible. Como acá y allá. Y la ambición de la sed energética. Tenemos un gran Sol. Tres cuartas partes de la superficie terrestre está cubierta por el mar. Hay una generosa biomasa que finaliza su vida útil dormitando en los vertederos. Y el viento, que continúa soplando con cíclica y eólica generosidad. Pero, con estupidez manifiesta, basamos nuestra vida, en lo finito del petróleo y en el riesgo, potencial y real, de lo nuclear. Si ya, en una de las tres primeras economías mundiales, el desastre se viste con ropajes de lo patético ¿qué hubiera ocurrido si algo similar para el desastre hubiese ocurrido e

n una economía y civilización más atrasada? Y no olvidemos que las consecuencias delirantes del cambio climático están aguardando ahí cerca, tras la incógnita del calendario. Es la primera entrada, plena de pavor en el horror, para “abrir boca”. Continúa la violencia bélica por “esos mundos” no muy alejados del nuestro, con sus secuelas de dolor, muertes, destrucción y orfandad. Hoy, gravísimos enfrentamientos civiles en Libia que, mañana, se volverán a repetir en otras geografías, en otras áreas regionales. Dictaduras que atenazan a los pueblos y pueblos que se rebelan contra el dictador, hasta hace poco vitoreado y ensalzado hasta la divinización. Y una “Odisea del amanecer” en forma de centenares de misiles para la destrucción que los aliados occidentales vierten sobre objetivos libios. Casi cuarenta y dos años han tardado en considerar al líder libio Muamar el Gadafi (Sirte, Tripolitania, 1942) como un peligroso dictador que masacra la voluntad democrática de su pueblo. Todos los días surgen análisis y tratamientos originales, dramáticos al tiempo, sobre la situación laboral en nuestro país. También, en el área geopolítica a la que pertenecemos. Vemos a familias, hogares, personas sin trabajo, con unas graves carencias materiales para lo más inmediato y con otras necesidades o traumas psicológicos derivados de una baja autoestima y depresión ante los títulos, preparación o experiencia que se atesoran para la inutilidad. Y unas cifras inquietantes en el paro que no cesan de avanzar. Todos pensando en la inminente temporada veraniega que ayude a enmascarar esa evidencia del bloqueo económico que el sistema genera para nuestro padecer. Bebés robados para la indignidad. Datos espeluznantes en el drama de esas madres y padres, a los que arrebataron sus hijos para el lucro despreciable de las conciencias. Hablan de respetables profesiones y vocaciones implicadas en los hechos pero, como han pasado los años, ahora los jueces afirman que los supuestos delitos han debido prescribir para su implicación penal. ¡Pues vaya! No falta, tampoco, la corrupción del día. Hoy le toca a unos. Mañana corresponderá a los de enfrente. La picaresca campa por sus respetos enel campo agrietado de nuestro ser y existir. Personajes, cargos, dirigentes, listillos y acomodados, hacen todo lo posible por sacar tajada. Y la denuncia y el dedo acusador señalando a los de enfrente. Para ellos, los acusadores, defendiendo el reclamo contundente de la presunción de inocencia. Sigue oliendo a podrido, pero aquí hubo un Siglo de Oro y un género realista de la picaresca. El oro del siglo todos nos imaginamos donde está, pero la picaresca real, sobrevive, se perpetúa y retroalimenta. Por los siglos de los siglos….. ¡Oye, y la gasolina con su caminar inexorable hacia el euro y medio! Han “cazado” 946 kilos de hachís. Excelente cosecha para el quehacer laborioso del agro. Otra cacería, para el sosiego de la intranquilidad: descubiertas nuevas redes de pornografía infantil y pedofilia por esas redes digitales de la comunicación. La industria del sol, playa y naturaleza demanda, ya afónica, un poco de racionalidad. Pero los sindicatos van a lo suyo (amenaza irresponsable de huelga, para mirarse el ombligo) y las Administraciones también. Llegará el verano y todos acudiremos a la esperanza de las ubres turísticas. ¿Seguirá flotando, un año más, esa nata para el eufemismo (mierda, para ser más pulcros y cuidadosos en el lenguaje) por las orillas playeras de la Costa del Sol? Por cierto, ese término “cacofónico” está en el diccionario de la R.A.E. Y un miembro de la Academia de Cine en España, ha sido detenido acusado de un supuesto delito contra la propiedad intelectual. Permítanme la carcajada. Para mayor gloria de corsarios, bucaneros y piratas de los 35 m/m, hasta en la “sacrosanta” Academia florecen las descargas. Y los embalses evacuando agua al mar ¡Qué gran homenaje merecen ingenieros, políticos y Administraciones varias, por su abnegada generosidad a fin de hidratar el Mare Nostrum! Pero, bueno ¿es que no sabemos valorar ese danubiano espectáculo de ver al río de la ciudad (Guadalmedina) transportando algo de agua en su sempiterno árido cauce? Hay que buscar, siempre, el lado positivo de la realidad. También, las graves enfermedades que ponen fin a ese discurrir por la vida de muchas personas. Entre ellas, a nombres ilustres de la ciencia, las artes, el deporte o la política. ¡Resultan tan ingratos de leer algunos detalles, en palabras y fotos, acerca de los últimos momentos para su ciclo vital! Para poner una guinda en este desenfrenado “pastel” mediático de las tenebrosas nubes oscuras, desde el viernes 11 ocupa numerosas pantallas de nuestro país Torrente 4, en 3 D. ¿Dónde vas, Cine Español, dónde vas Torrente, triste de ti? Y aún nos amenaza con rodar una quinta parte.

La verdad es que asomarse a las páginas de los diarios, sintonizar los informativos de radio y televisión o navegar por las páginas digitales de las empresas mediáticas, con este panorama, supone una actitud que podemos calificar de temeraria, desagradable o, incluso, alcanzando cotas de masoquista. Claro que reflejan la realidad. Pero ¡vaya realidad! Hubiera añadido otras noticias que, de forma continuada, rellenan columnas y espacios para la comunicación. Pero aquéllas que se han elegido al azar reflejan, con indudable fundamento, este desagradable espectáculo que significa abrir las ventanas a un mundo bastante desordenado, aturdido e incluso con necesidad, urgente, de pasar por los “galenos” de las grandes y mejores decisiones, a fin de sanear el hoy y, también, oxigenar el mañana.

Os aseguro que no me explico lo que me ha ocurrido a unas horas postreras del nuevo amanecer. ¡Tengo ante mí un periódico con todo su contenido de información en blanco, respetándose sólo el título de cabecera! No, no tiene muchas páginas. Sólo ocho. En ellas, algunos anuncios, por eso de la servidumbre publicitaria. Aún sin encontrarle explicación, vuelvo sobre mis pasos y le pregunto a la propietaria del puesto de prensa acerca del porqué viene hoy así lo que acaba de venderme. “Todos los periódicos han llegado de esta manera. Cuatro hojas, prácticamente en blanco. Lo explican en el editorial que han publicado en conjunto”. Es verdad, no me había fijado que, entre dos maquetas publicitarias, hay una columna donde se editorializa, en unos breves párrafos, la explicación de este curioso e insólito hecho. El escrito viene así titulado “ESTAMOS HARTOS Básicamente viene a decir que los periodistas están cansados de tener que ofrecer, un día tras otro, tantas noticias desagradables que nublan de tristeza la atmósfera de sus páginas informativas. Por este motivo protestan hoy con este peculiar periódico, a fin de que la sociedad tome conciencia de un mundo que genera esos hechos y acontecimientos patéticos para la reflexión más profunda. Que ellos cumplen día tras día con su obligación profesional: la de difundir y comunicar una información lastrada con tan puntuales adornos para el hastío. Reconocen que sus ventas se reducen de una manera continua, pues a los lectores no les apetece tener que leer unos contenidos tan negativos y rechazables. ¡Ah, y que mañana, entregando el diario de hoy, será gratuito el coste del periódico! Realmente insólito.

Comencé a pasear y llegué, casi sin proponérmelo, a un parque cercano. Una pequeña fuente, árboles, flores, madres con sus pequeños y algunas personas mayores que gozaban con la tersura acogedora del manto solar. No faltaban esos artilugios alegres para juegos infantiles. Reflexionaba acerca de lo curioso e inteligente que resultaba esta forma mediática de reivindicar un mundo mejor, cuando una pequeña pelota de goma frenó su lento discurrir junto a mis pies. Y, a poco, un sonriente chaval, apenas cuatro o cinco años, vino a recogerla, saludándome con un ¡hola! Cuando se alejaba, con su alegre y limpio afán por continuar en sus juegos, pensé en el mundo que estamos construyendo para estas futuras generaciones de ciudadanos. Casi sin pretenderlo, me vi moviendo negativamente la cabeza y aún me dio tiempo a pronunciar una frase de dos palabras ¡Madre mía! Y es que, en ese preciso momento, desperté de un sueño que pudo ser realidad. Miré al despertador de la mesilla de noche. Marcaba, un tanto adormilado, las seis y cuarto del amanecer. Un día más, seguía la normalidad en mi vida.-


José L. Casado Toro (viernes, 25 marzo 2011).

Profesor.

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viernes, 18 de marzo de 2011

LA PRIMAVERA QUE ILUMINA NUESTRAS VIDAS

De aquí a un par de días, los expertos en meteorología aseguran que llegará a nuestros calendarios, gozosamente un año más, la estación atmosférica de la Primavera. Será el primero de los dos equinoccios que conforman la anualidad, en esa preclara fecha en que el minutero correspondiente a la noche y al día durará, de manera más o menos exacta, doce horas. En realidad, en muchas de las tierras bañadas por ese “océano” para el letargo de los que saben y practican el sentir, como es el Mediterráneo, la Primavera ha llegado ya con alegre anticipación. Es el caso de nuestra afectiva Málaga. También, el de otras muchas ciudades hermanas que observan ensimismadas el azul salino de un mar entrañable y lleno de Historia. Recuerdo, en el ejercicio docente que he realizado durante más de la mitad de mi calendario, enseñando y aprendiendo de esos queridos alumnos del IES. Ntra. Srta. de la Victoria, como, en muchas de las mañanas, no sólo de marzo sino también de febrero, nada más atravesar la puerta de Conserjería, percibía con una sonrisa irrefrenable el aroma y hechizo de los mágicos azahares que pueblan el pequeño claustro ajardinado
al que guarnecen robustos naranjos. Y el hecho ocurría semanas previas a la que protagoniza la fecha “oficial” en que el Invierno adormece sus horas y la Primavera despierta, para ilusión y vibración anímica de nuestros cuerpos, deseos y sensibilidades. También, las grandes y pequeñas superficies comerciales anticipan, con afán mercantil, la llegada de esa preciosa estación para la vida. En pleno febrero, vemos como algunos estantes y expositores se van poblando ya de ropa y zapatería veraniega, con unos carteles en los que se combinan los tonos verdes, celestes o anaranjados que nos anuncian la inminente llegada de un trimestre renovador, para la agenda anual de nuestra existencia. Día más o menos, lo que importa es tu grata presencia. A todos nos haces sonreír, a fin de poder contemplar un paisaje que nos vitaliza por esa naturaleza que transmite luz, armonía y aroma a flores, en estado de merecer.

Y es que fue en tiempos de Primavera, allá por un día de marzo grabado en sus corazones, cuando se conocieron. Inma, dieciocho años, de cabello rubio y ojos brillantes que se tiñen de un curioso color esmeralda. Flacucha de cuerpo, en lo aparente, ya que su estructura muscular es potente careciendo de cualquier incómoda y molesta grasa superflua. Sonríe, como sin duda hacen los ángeles, y su tono de voz suena a melodía lírica en el ritmo acompasado o nervioso de las palabras. Ocurrente y participativa, sabe comunicar con aquellos que comparten la esfera de sus vivencias. Lleva en este cole, algo diferente en lo usual académico, año y medio ya. Llegó en un noviembre teñido de brumas, hundida y sin fuerzas ante una existencia que se le había hecho hostil y cruel en profundidad, por culpa de un destino absurdo, injusto e imprevisible. Para su joven y vibrante cronología tuvo que enfrentarse a la hora terrible del desconsuelo. Pero el calor familiar y de la experiencia afectiva le dijeron, susurrándole al oído del alma, una frase henchida de cariño, estímulo y ayuda, muy útil para esos tiempos áridos y críticos en la fatalidad. “Tienes que vivir, porque tú necesitas de la vida y la vida necesita y espera mucho de ti”. Y él, es Imanol. Su antigüedad en este Centro Especial de reeducación es un poquito mayor en el tiempo. Ya dos años de lucha por recuperar aquella normalidad que sea posible. Tiene un año más que la edad de Inma, aunque más fuerte y recio en contextura que su compañera. Moreno, alto y voluntarioso, es un deportista nato. Le gustaba practicar todo tipo de actividad competitiva y de superación contra el crono, aunque su especialidad favorita era avanzar por el flanco izquierdo de la pista y lanzar, desde los siete metros e ingrávido por los aires, a esa canasta celestial. Pero las circunstancias han provocado que uno y otro, en la compañía de la fatalidad, vayan atrasados en los estudios. Al final de este curso, y con mucha voluntad, van a estar en condiciones de pasar a 4º de la E.S.O. Ya se vislumbra muy cerca esa victoria, de especial mérito para ambos, que significaría obtener, en sus específicas circunstancias, el título de Graduado en la Educación Secundaria.

También, como citaba líneas atrás, el destino ha unido sus limitaciones físicas para estar juntos ante la ansiada amistad. En él, unas raquetas quedaron abandonadas en la cuneta de una solitaria tierra del interior rondeño. Un derrape, durante el rocío de la mañana en una curva no bien señalizada, junto a su temeridad de circular a una velocidad que superaba en quince kms la actualmente permitida. Recibió un fuerte golpe craneal, para una cabeza huérfana del blindaje del casco siempre protector. Magulladuras y una fractura en el tobillo, pero nada tan grave como la pérdida de esa ventana al mundo que es el precioso sentido de la visión. Terapia psicológica y psiquiátrica e inevitablemente su integración en un centro de reeducación para discapacitados visuales. El caso de Inma es parecido en su desgracia aunque las circunstancias fueron diferentes. Fiebres traicioneras, numerosas pruebas, atrasos administrativos, errores de diagnóstico y un azar cruel en la patología que fue reduciendo de forma paulatina y constante su capacidad para observar el cálido atardecer de los días, el color de esa ropa que alegra la imagen y el sentido de la orientación que posibilita el objetivo focal de nuestros ojos. Los porcentajes de oscuridad fueron ampliándose de una forma progresiva, sin que la ciencia médica lograra frenar esa carencia trágica de luz, brillo, tonalidad y armonía. Difícilmente puede expresarse con palabras lo que supone para una joven vida de quince años irse alejando de esa ventana que nos permite contemplar un mundo dibujado de matices y contrastes. El drama humano para ella, sintiéndose cada día más en la dependencia paliativa de los demás. La lucha de su familia para tratar de frenar un destino más que doloroso y cruel alternó la visita a especialistas, sin reparar en costes. Contó y cuenta con el cariño y calor afectivo de unos padres entregados en su vida por su hija y de una hermana, Edurne, dos años menor, que se prometió en ayudarla, en cuerpo y alma, ahora que tanto la iba a necesitar.

¡Hola, tú debes ser la nueva! ¿verdad? Ha sido Javi quien me ha dicho que llevas aquí ya una semana y que apenas hablas con los compañeros. En mi caso, llevo ya un año y pico en este centro y voy avanzando en muchas cosas, pero muy despacio, claro. Me llamo Imanol y también cuando llegué carecía de ganas e ilusión por relacionarme con los demás. Pero al paso del tiempo fui dándome cuenta de que los compañeros, amigos y cuidadores iban a ser mi mejor medicina. Y no sabes lo que me han ayudado. Como ves, no paro de hablar y no te he dejado oportunidad para que me digas tu nombre.

Déjame que te toque un poco la cara para imaginarme como eres. Ahora sólo veo ya sombras, sin colores, y no siempre. Mi nombre es Inma y te agradezco que me hables de esta forma. Creo que vamos a ser buenos amigos. Poco a poco he de ir acostumbrándome a estos cambios, que deben ser duros. ¿Desde cuando.......? Tienes un bonito nombre y el tono de tu voz me hace vibrar y sonreír. Fue hace un par de años, sabes, y a mi también a veces me vienes algunas sombras a la vista, pero muy difusas. Los médicos hablan y hablan y me aseguran que no está todo perdido, pero bueno, no quiero hacerme muchas ilusiones. Lo que tenga que venir, vendrá. Mira, el sábado por la tarde hacemos una pequeña fiesta, pues es el cumple de Rosi. Verás como lo vamos a pasar fenomenal. Ya tengo seleccionada una buena música en el ordenador, que la voy a poner a toda pastilla. Aunque no te lo creas, hay un equipo que se va a encargar de la merienda, y te aseguro que lo hacen casi todo ellos solos, con muy poquita ayuda. Son los veteranos del cole. Por cierto, me tienes que escuchar en el karaoke. Es un pequeño concurso que... ya verás. No te cuento mucho más. Gracias, Imanol, eres muy buena persona. Le diré a Edurne (es mi hermana, sabes) que me traiga. Ahora dependo mucho de ella. Si supieras como me lo montaba en las fiestecillas, antes de “esto”. Pero no nos pongamos tristes, que ahora tenemos la clase de Lengua. Nunca pensé que podían preparar a un ordenador de esa forma para ayudar tanto a los que no podemos ver. Inma, de verdad es increíble, se puede hasta chatear. Resulta muy fácil. Me tienes que dar tu dirección electrónica. Venga, vámonos para clase. Pero perdona que vaya un poquito despacio porque mi orientación, todavía, no es buena en esta casa.

Para estas dos jóvenes vidas, señaladas con la crudeza terrible de la oscuridad en la percepción de su entorno, comenzó también a llegar un poco de esa “luz” que se siente en Primavera, para esperanza y consuelo de su orfandad, en una de las capacidades que mejor sustentan el regalo de nuestros sentidos. El camino de la superación esta abierto a una lucha diaria por integrar la limitación visual en lo cotidiano de sus existencias. Aún cuentan con la agudeza del sonido, con la sensibilidad del tacto, con la variedad del gusto y con la sutileza e intuición del olfato. Juntos iniciaron un caminar hermanados para compartir una luz que sólo brillaba en sus almas, sentimientos e ilusión para el ser y el existir de cada uno de los días.

Han pasado ya unos años. Hoy Imanol es un cualificado técnico informático en el departamento de investigación acústica de una empresa vinculada a la producción cinematográfica. Inma, ha conseguido recuperar un 15 % de visión en uno de sus precisos ojos. Ejerce de Profesora de apoyo para alumnos en integración, por discapacidad visual, en un Centro educativo de Secundaria. Todos los 18 de marzo celebran una entrañable fiestecita, ya que ese fue el día en que tuvieron la oportunidad de acercar sus vidas y necesidades. También en ellos se adelantó, en un par de días, la Primavera de los afectos y el vínculo del amor y la amistad. Este año se ha encargado de casi todos los preparativos de la celebración ( fue también el día elegido para una boda muy feliz) esa linda jovencita que ya alcanza los ocho años de edad. Se llama Estrella. Es una luz de fuerza y alegría para sus padres, Imanol e Inma, que sabe orientar y alumbrar, con cariño y esperanza, la brújula responsable en el discurrir de muchas y nuevas Primaveras.-


José L. Casado Toro (viernes, 18 marzo 2011).