viernes, 10 de abril de 2020

UNA ESPECIAL FIESTA DE CUMPLEAÑOS.PARA LA UNIÓN FAMILIAR.


Sábado, 7 de Mayo. Esa fecha en el almanaque iba a representar una jornada de especial importancia en la vida de Amador Vilagresa. La significación testimonial de ese día hacía coincidir no sólo la llegada de los sesenta y cinco años a su calendario biográfico, sino también el punto de partida para una incierta etapa en la que iniciaba el siempre atractivo periodo de la jubilación profesional. Llevaba semanas preparando esa efeméride a celebrar en su domicilio, aplicando para ello mucho esfuerzo y voluntad generosa, a fin de que todo saliera de la mejor forma posible. Pero, a pesar de todos esos buenos deseos que deseaba aplicar para rectificar demasiados errores en su pasado, sabía perfectamente que ese noble objetivo, de recomponer afectivamente lo que su mala cabeza había roto, no iba a ser ni mucho menos fácil de conseguir.

Entre las variadas cualidades y capacidades de Amador se encontraba la afición culinaria. Había estado toda la mañana de ese viernes, previo a la fiesta, preparando una gran tarta con chocolate, dulce de leche y guarnición de fresas, añadiendo relleno de cabello de ángel a una monumental delicia pastelera que le había quedado muy apetitosa, tanto por su estética confitera, como por el atractivo de su muy goloso contenido. Pero lo más importante de su esfuerzo, en los días previos a la fiesta, había sido la invitación de todos los miembros de su familia a partir de las seis de la tarde de ese sábado. Tenía previsto dedicar toda la mañana de ese día, que debía ser emblemático e inolvidable, para preparar los canapés y las medias noches, pues la reunión tendría el carácter de una merienda-cena de confraternidad. El material relativo a fiambres y bebidas lo tenía ya comprado y ocupaba los estantes de su espacioso frigorífico. 

A eso de las ocho de la tarde se sentía un tanto nervioso, ante la respuesta que iba a encontrar el día siguiente por parte de esas personas con las que compartía los apellidos y el subsiguiente parentesco. Decidió por tanto irse a cenar a un restaurante de comida casera que tenía cerca de casa. La necesidad de estar rodeado de personas, en determinados momentos de tensión, es más perentoria para aquellos que no comparten con nadie la vivienda en la que habitualmente residen. Consumió solamente una completa ensalada con dos cervezas, pues no tenía excesivo apetito debido a la tensión nerviosa que le embargaba. Posteriormente, ante la taza de café y la copa de buen licor que le sirvieron, fue repasando, a modo de una película con miles de fotogramas, fases importantes de su vida en la que obviamente intervenían todos esos personajes que constituían su ahora alejada familia.

La primera imagen a la que recurrió su mente para sustentar los recuerdos fue la de Elba Rivada, la bella mujer con la que contrajo matrimonio, enlace que duró sólo diecisiete años. Esa unión, de la que nacieron dos hijos, estuvo condicionada desde el principio por dos factores que perjudicaron la estabilidad y permanencia conyugal. De una parte, su cada vez más dependencia hacia la compulsiva bebida. Lo que comenzó con unas cervezas en el aperitivo o esa copita de aguardiente, durante el desayuno, se convirtió en un estado de preocupante alcoholismo. Pero él siempre se ufanaba  de que sabía beber “bien”. En realidad nunca se mostró socialmente con una ruidosa “borrachera” pero su carácter se fue agriando y complicando para con los que estaban más cerca de su persona, en este caso su mujer, quien un día decidió poner fin al vínculo conyugal, tras varios ultimátum para el cambio repetidamente incumplidos. También contribuyó al fracaso matrimonial su actividad como representante artístico, profesión que le obligaba a estar casi de continuo viajando, sumiendo en el abandono a la que era su esposa y descuidando la necesaria educación de sus hijos. Tras una conflictiva separación, Elba volvió a su antigua profesión de ilustradora de libros infantiles, en una bien organizada editorial local, de esas con encanto. En este contexto, creativo y laboral, conoció afectivamente a un dinámico fotógrafo profesional, llamado Reyes Pelayo, con el que actualmente  sigue felizmente unida en pareja. 
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El primer hijo que el infeliz matrimonio trajo al mundo fue Claudio, quien con el tiempo se vinculó a la profesión castrense en el ejército de tierra. Actualmente se halla destinado en la comandancia militar de Melilla, aunque los fines de semana se desplaza con su familia al piso de su propiedad en Málaga. Está casado con Neftalí y son padres de Diana y Ariel dos lindas adolescentes, que pasan algunas vacaciones junto a su abuela, pero que en los últimos años apenas tratan al abuelo Amador. La hermana menor de Claudio es Sara, titulada en dermatología y que trabaja en una afamada clínica de injertos capilares. Esta casada con Saúl, técnico informático que presta sus servicios en un centro de reparaciones de material digital. Sus dos hijas, Abigail y Jade, están escolarizadas en la educación primaria. 

¿Eran estos la totalidad de los familiares invitados a la celebración del 7 de mayo? No, había alguien más. Precisamente una persona muy importante en la vida de Amador. Se trataba de un divertido guitarrista flamenco y en ocasiones también palmero de fiesta, llamado Segundo Prensial. Desde hacía años formaba parte del equipo que llevaba el dinámico representante artístico, por las ferias, saraos y festivales celebrados en la geografía española. La intensa amistad entre Amador y Segundo se fue labrando en la vida itinerante y “nómada” que el grupo flamenco desarrollaba. El guitarrista, diez años menor que Amador, era un joven muy apuesto, simpático y siempre abierto a la confianza y afecto que le ofrecían los demás. Amador se sentía feliz cuando ambos hablaban, reían e incluso compartían habitación en los modestos hoteles y cutres pensiones en las que el grupo se veía obligado a pernoctar. Esa cada vez más intensa amistad se fue transformando en una “infantil” atracción, entre dos hombres que sufrían un evidente problema de íntima soledad. Las sensaciones que Segundo despertaba en la madurez aburrida y rutinaria de Amador eran de tal naturaleza que el representante se comportaba como un chiquillo enamorado que hubiera descubierto una nueva y extraordinaria dimensión en su existencia. Pero a través de los continuos mensajes en el móvil, muchas veces dejado en el sofá por su marido, alguna que otra carta olvidada en ese bolsillo delator de un abrigo o la expresión facial cuando hablaba de su amigo Segundo, Elba se fue dando cuenta de que la sexualidad de su marido era claramente ambivalente. Ese fue el tercer, espectacular e insólito motivo para la ruptura de un matrimonio convencional que soportaba excesivo tiempo de vidas distanciadas. Una vez que ambos cónyuges decidieron poner nuevos rumbos a sus destinos, la relación de Amador con sus hijos y nietos cayó en la más profunda de las indiferencias, que reflejaban sin disimulo ese rechazo enfadado por parte de unos hijos que no entendían la naturaleza bisexual de su padre.

Todo lo cual derivó en que, entre un padre “poco ejemplar” y unos hijos muy críticos con el comportamiento mundano de quien había colaborado para que llegaran al mundo, ya sólo hubo alguna fría e incómoda llamada por Navidad, cumpleaños o santos. Así pasaron los años hasta que en el momento actual, Amador había querido recomponer algo de ese distanciamiento y enfriamiento relacional que existía entre él y su descendencia genética. Aprovechaba para ello la oportuna motivación de su cumpleaños, fecha especial pues también coincidía y  abría puertas a la jubilación para la tercera edad. Esperaba desde luego una mejor comprensión y reconciliación filial, ante la circunstancia de que Segundo hacía ya año y medio en que había buscado un nuevo cobijo afectivo. El guitarrista se había puesto en manos de un veterano cantante de melodías, versionista de toda la discografía de Julio Iglesias y enriquecido con una herencia reciente legada por un familiar lejano, que no tenía otros parientes más inmediatos a los que favorecer, tras iniciar ese viaje sin retorno al país de las estrellas. 

Ya de vuelta a casa en la noche,  seguía dándole vueltas a la cabeza a todos estos recuerdos. Pero sobre todo dudaba en cómo responderían todos esos “lejanos” familiares a los que con humildad y sencillez había invitado a pasar una cariñosa tarde de reconciliación y acercamiento afectivo. Con una patente estado de inquietud y nerviosismo, se despertó en varias ocasiones del sueño durante aquella mágica madrugada, previa al gran día del muy esperado y ansiado reencuentro familiar. 

Tras el aseo y el desayuno, se observó una vez más en el gran espejo niquelado del salón diciéndose a sí mismo: “No lo he llevado tan mal. Sesenta y cinco tacos y aún estoy de buen ver. Hoy es mi cumple. Y también el inicio de una tercera etapa en la longitud mi vida. Desde luego el  mejor regalo sería poder recuperar a esa familia, a la que con tantos errores neciamente perdí. Hoy puede ser el inicio de una nueva y feliz oportunidad”.

Le llevó buena parte de la mañana preparar las bandejas con los pequeños bocaditos de delicias para el paladar, todos ellos abundantes y variados. Repasó bien los refrescos preparados para los más jóvenes, así como los vinos, licores y las cervezas para los mayores. Le dio un buen fregado a la entrada del piso, así como al salón. Y se “enfundó” la americana vaquera, para salir a la calle y caminar hacia la plaza en donde cada sábado, junto al monumento central, solía situarse un anciano para vender ramos de flores, tesoros vegetales que se hidrataban en varios cubos de plástico y aluminio. Con el rostro feliz del florero ambulante, ante la excelente e inesperada venta que había realizado, volvió a su domicilio con la intención de repartir ese agradable lustre vegetal por las zonas más emblemáticas del espacioso apartamento. Eligió bien la vestimenta que iba a lucir a partir de la hora fijada para el inicio de la entrañable fiesta y, a fin de evitar el olor a comida de la cocina, en la que el extractor de humo seguía estropeado, bajó con agilidad los cuatro tramos de las escaleras hasta la calle, para ir a tomar algo al restaurante del amigo Frasco. Pidió el plato del día, que consistía en unas lentejas con chorizo y morcilla, añadiendo al plato caliente un poco de ensalada. De bebida tomó dos cañas que, por deferencia del amigo Montalvo, fueron cervezas tostadas y de marca. Una tajada de melón como postre, fruta que, a pesar de la fecha, estaba deliciosamente dulce y exquisita. Pagó los nueve euros del menú y se fue a descansar o más bien a pensar como iba a recibir a cada uno de los familiares, a los que había invitado mediante llamadas telefónicas y correos electrónicos. También había contactado con Segundo, ese amigo para las experiencias ocultas, a quien podía considerar como un miembro más de su pequeña e intima genealogía. 

El sonido del móvil le despertó sobresaltado. Se había quedado dormido. El reloj marcaba las 17:03 m. Al otro lado de la línea se hallaba la voz, siempre educada y amable, de quien le había mostrado respeto y consideración cada vez que había tenido la oportunidad de saludarle:

“Buenas tardes, Amador, soy Reyes. A pesar de que Elba no quería darte explicación alguna, por mi cuenta y riesgo quiero felicitarte y desearte una feliz etapa de jubilación. Ya la conoces. Tu ex tiene muchas cualidades, pero la consideración que te profesa no es precisamente amistosa. Yo lo he intentado por activa y por pasiva, pero al final lo he tenido que dejar, porque temo que entre en una de sus fases de bloqueo depresivo o crispado, según el mes. Así que me llamas algún día y quedamos para tomar café”·.

La llamada telefónica, correcta y generosa, del compañero actual de su ex mujer le dejó un tanto desilusionado. En realidad sabía que Elba nunca le iba a perdonar su lastimoso comportamiento, durante tantos años, desaciertos que habían dado al traste con el matrimonio que ambos compartían. Pero en esos pensamientos se encontraba, cuando una nueva llamada le hizo “despertar” desde el mundo de los recuerdos. Era su hija menor, Sara:

“Papá, te llamo desde Granada. Resulta que esta mañana llamaron a Saúl para que se desplazara urgentemente a la ciudad de la Alhambra. Es que el partido andaluz Nazari tiene allí hoy un mitin político y se han encontrado con todos los ordenadores bloqueados. Como ya lo conocen de una ocasión anterior, lo han vuelto a llamar con urgencia y él no se ha podido negar. Pagan muy bien y me ha pedido que le acompañe. Era una oportunidad estupenda de volver a Granada y pasar aquí el fin de semana. Las pequeñas se han quedado con los padres de Saúl, que son muy cachucheros y quieren siempre que les dejemos a Abigail y a Jade. Pues que lo pases muy bien. Como sé que habrás hecho una tarta, nos guarda un trocito (pero que no esté muy toqueteado) A pesar de mi endocrino de Naturhouse, siempre me han gustado tus dulces. A las niñas les hará ilusión el pastel de su abuelo”.

El reloj marcaba las 18.15 y el timbre de la puerta permanecía en silencio. Amador caminaba dando pequeños pasos alrededor de la mesa central, adornada con un precioso centro floral. En un momento dado se acercó a la terraza, en la que entró para apoyarse en el bien construido muro de obra, cubierto por una cerámica teñida con el color del mar. Desde esa planta séptima se divisaba una panorámica de la capital malacitana que conformaba un puzzle de calles, plazas, terrazas y tejados, en los que el color dorado del sol ornamentaba de lujo y escalas cromáticas la vida de una ciudad en ebullición, ante su contrastada acústica e intensa movilidad. Se sentó unos minutos en una muy usada y llena de polvo hamaca veraniega y marcó el número de su antiguo amigo y amante, Segundo. Al tercer intento, el ahora desafecto destinatario atendió la comunicación.

“Sí, Amador, recibí tu correo electrónico. Pero desde el primer momento tuve clara conciencia de la inconveniencia de presentarme en tu casa. Muchos de tus familiares me ofendieron gravemente cuando “lo nuestro” estaba en su desarrollo más feliz. Tuve que escuchar palabras muy fuertes y leer abyectas descalificaciones hacia mi persona. Y todo, porque tú habías encontrado alguien que te comprendía, ayudaba y que te hacía sentirte bien, muy feliz. Al cabo del tiempo lo nuestro, al igual que ocurre en el mundo vegetal, se desvitalizó y yo tuve que buscar el amor en otras fuentes más vitales para la sensibilidad. Deseo que pases una feliz tarde en unión de tus afectos de sangre. Nuestra oportunidad, con intensas e inolvidables experiencias gozosas, ya pasó. Ahora, querido Amador, “bebo” en otras fuentes y frecuento nuevos parajes. Y en las horas de desánimo o dudas, los sones de la guitarra renuevan mis ansias de vivir, amar y sentir”.

Enfadado consigo mismo, tras olvidar su dignidad y haber vuelto a llamar al compañero amante que un día le dijo adiós por otro personaje con “más pasta”, se sirvió una copa de licor, a fin de recuperar un poco la fortaleza ante una tarde que deseaba fuera la de reconciliación y recuperación familiar. Pero el reloj marcaba las 18:45 y el timbre de la puerta seguía manteniendo la sordera acústica del silencio más absoluto. Pensó en Claudio, su hijo mayor, el mismo que un día le dijo algo así como “eres la vergüenza de mi memoria…” Reflexionaba consigo mismo “¡Qué difícil es restañar las heridas de los viejos errores”. Los canapés, los bocaditos y las bebidas, seguían dormitando en el interior del frigorífico. El gran pastel de fresas y chocolate, esperaba en la encimera de la cocina, cubierto con una campana de plástico transparente, con seis velitas y media sin encender.

En el instante del más intenso desánimo, a muy pocos minutos ya de las 19 horas, el sonido del timbre le hizo dar un brusco “salto” desde la silla en la que estaba sentado. Se dirigió presuroso hacia la puerta, preguntándose quién podría ser. Para su sorpresa, al otro lado de la puerta estaba una adolescente de doce años, que le miraba sonriente con sus ojos azules, cabello liso castaño claro, vestida con un traje faldero celeste y blanco, calzando unas zapatillas deportivas, también blancas. “Pero… Diana ¿has venido sola?”

“Sí, abuelo. Al final he convencido a mi padres de que me dejen venir. Ellos no lo van a hacer, pero es igual. Hoy es tu cumple y yo tenía que estar aquí. He venido en el bus. Cuando era pequeña, recuerdo que tú me contaban cuentos y me llevabas a los jardines del Parque, en donde yo me lo pasaba muy bien. Y siempre, bueno algunas veces …no, te has acordado de mis cumples y santos. Yo quería venir. Lo sentía, porque sé que estas muy solito. Bueno, espero que tengas algún dulce para merendar”.

Una de las nietas y su abuelo quisieron y supieron “salvar” aquella tarde “familiar” preparada para el reencuentro y la reconciliación. El timbre no volvió a sonar en ese domicilio habitado por un hombre solo, en el día que ingresaba en el veterano club de la tercera edad. Después de reír y disfrutar con las simpáticas ocurrencias de Diana, durante más de una hora, bajaron al garaje del bloque a fin de tomar el vehículo con el que llevaría a la pequeña a su domicilio. Llevaban consigo una fiambrera de cocina, en la que Amador había introducido un buen trozo del pastel de fresa, para que lo compartiera esa noche con sus padres y hermana. Cuando el antiguo representante artístico volvió a su domicilio, no tenía apetito para la cena. Preparó todas las bandejas de bocaditos y canapés, además de los refrescos y la mayor parte de la gran tarta, en dos voluminosas bolsas que a la mañana siguiente tenía la intención de llevar al asilo de personas mayores y sin recursos, atendido por las Hermanitas de la Caridad. Escribió en su diario, antes de irse a la cama, unas breves líneas.

“En este día de mis sesenta y cinco cumpleaños, he pasado una feliz tarde con la compañía de Diana, esa nieta que todos los abuelos anhelan tener. Este cielo de persona, con sus lindos ojos y generoso corazón, expresa la esperanza, la ilusión y el cariño de verdad”.- 



UNA ESPECIAL FIESTA DE CUMPLEAÑOS, 
PARA LA UNIÓN FAMILIAR



José Luis Casado Toro
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
10 Abril 2020


Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es           

viernes, 3 de abril de 2020

LAS INESPERADAS URDIMBRES TEJIDAS POR LOS CAPRICHOS DEL DESTINO


No son pocas las ocasiones en que, a lo largo del periplo existencial,  te planteas una pregunta de muy difícil o casi imposible respuesta ¿Cuál es este críptico interrogante? Se podría plantear más o menos de la siguiente forma ¿Ese destino que imaginamos presidiendo la ruta en nuestras vidas, tejiendo y destejiendo en complicada dialéctica con nuestra “libre” voluntad, sigue algún plan o proyecto previo para cada uno de nosotros o, por el contrario, actúa de manera caprichosa y sin método, con cada una de las vidas en las que interviene sin que sepamos a ciencia cierta el cuándo o el por qué?

En cuanto a la posible respuesta, los seres humanos solemos creer a veces en una de las opciones, mientras que en otras oportunidades pensamos en la contraria. De una un otra forma,  acabamos aceptando esa influencia “inexplicable” e inevitable del destino, el azar o el misterio divino, según mentalidades o creencias, pues tiene que haber algún origen que coordine todas esas respuestas que tanto asombran y motivan nuestra reflexión.

Todo comenzó en aquella ingrata noche del sábado, a inicios de Marzo. En esas horas para el “reinado” de las estrellas, Axiel se despertó sobresaltado y nervioso, a consecuencia del “sonoro” repiqueteo de su I Phone, en plena madrugada. No acertaba a coordinar muy bien los movimientos, tras el inesperado y súbito despertar. Al fin tomó el móvil, que descansaba bajo un par de libros encima de la mesita de noche, comprobando que las cifras digitales marcaban las 4:45 del nuevo día. Pulsó la tecla del “responder” y de inmediato, al otro lado de la línea, escuchó la voz entrecortada de una compañera de trabajo, Nadia, que se mostraba acústicamente emocionada. “Me ha llamado hace unos minutos Elvira, que se ha enterado por Aarón, nuestro jefe. Ha ocurrido esta tarde/noche, cuando volvían de esa corta escapada para el fin de semana, desde el sur de Portugal. Un terrible accidente de tráfico… han chocado contra un tráiler. La inmensa desgracia se ha cebado con Simón y su mujer Clara…” La compañera y amiga no pudo seguir hablando, porque entró en una dinámica de gemidos nerviosos. Axiel trató de controlar sus primeros impulso, esforzándose por ordenar sus ideas, aunque lo prioritario era intentar tranquilizar a la compañera que estaba al otro lado de la comunicación telefónica. “Cálmate Nadia. Entiendo el alcance de la trágica noticia. ¡Cómo pueden suceder estar terribles cosas! Mañana por la mañana nos reunimos en el estudio, por ejemplo sobre las 11, aquellos que podamos. Entonces trazamos un plan de acción. Tómate algún calmante y trata de descansar”. Su pareja Eva, también se había despertado e incorporada sobre las sábanas, con los ojos bien abiertos, preguntando acerca de qué estaba ocurriendo.

En la mañana del domingo todos los compañeros que trabajaban en un céntrico estudio de diseño gráfico se hallaban ya reunidos en la espaciosa oficina, visiblemente afectados. Lamentablemente faltaba Simón, quien el día anterior, volviendo con su mujer Eva desde la ciudad de Faro, había perdido la vida en un desgraciado accidente de tráfico a consecuencia del choque que su vehículo había tenido con un camión tráiler para el transporte de mercancías. Comenzaron a efectuar llamadas a la familia del compañero fallecido, inquiriendo algunos datos acerca de la hora del sepelio fundamentalmente. Fue precisamente Axiel quién logró contactar con la única hermana de Clara, llamada Dorotea. Esta persona les transmitió los datos que solicitaban, dándoles al tiempo la única buena noticia en las ultimas horas: la única hija que tenía el joven matrimonio, Noemí, de siete años de edad y que viajaba con sus padres, ambos fallecidos, había salido ilesa del fatal accidente.

Axiel y su mujer Eva se llevaban muy bien con el difunto matrimonio. Precisamente la niña que había quedado trágicamente huérfana, a tan corta edad, iba al mismo colegio de las Teresianas en donde estudiaba su también única hija, Alba. Eran amigas y compañeras de clase, en un segundo curso de educación primaria. Los dos matrimonios solían compartir no solo las salidas al campo de excursión algunos fines de semana, sino que también pasaban muchos días de verano en la playa, donde las dos pequeñas amigas disfrutaban con sus juegos y ocurrencias. En el funeral, desarrollado durante la mañana del lunes, Axiel y Eva quedaron impresionados ante la mirada de dolor y tristeza que tuvieron que contemplar en Noemí, quien a pesar de sus pocos años era consciente del duro cambio que iba a sufrir su vida, sin la compañía insustituible de sus padres. Junto a los demás familiares, la niña estaba completamente rota anímicamente. Fue precisamente su mujer Eva quien, al acercarse a Noemí para abrazarla, le dijo a la amiga y compañera de su hija una cariñosa y significativa frase “Pase lo que pase, nunca te vamos a dejar sola.”

Aquella misma noche, después de la cena, Axiel y Eva estuvieron comentando acerca de la pequeña Noemí y la situación de orfandad en la que quedaba sumida.

“La niña va a estar de momento bajo la protección de su tía. Es el familiar más directo que tiene. En realidad no se trata de una familia muy grande o ramificada. El problema que yo veo en el asunto (decía Axiel) es el carácter de esa mujer, pues el propio Simón en ocasiones me explicaba las no muy buenas relaciones que ambas hermanas mantenían. Me comentaba que Dorotea, la hermana mayor (le llevaba a Eva casi ocho años) tenía una forma de ser un tanto complicada, pues era persona autoritaria y bastante egocéntrica. Parece ser que las posibles parejas que se acercaron a ella, se alejaron con presteza un mucho escaldados de esta difícil mujer. Lo cierto es que a sus cuarenta y pocos años que debe tener permanece soltera. Creo que trabaja en el Registro Civil como auxiliar administrativo y que está muy metida en asociaciones o grupos políticos de tendencia bastante conservadora. En fin confiemos que, con sus cualidades y defectos, sepa ser un poco madre de una niña que ha quedado en situación tan dramáticamente desvalida. Intentaremos, en la medida de lo posible, que siga encontrado el mayor calor afectivo en nuestra hija, pues Noemí y Alba siempre se han llevado bastante bien. Se conocen desde hace años, van al mismo colegio, son buenas amigas y curiosamente nacieron en la misma anualidad”.

No se equivocaba Axiel en el planteamiento que le hacía a su mujer, pues las oportunidades de hablar con el añorado compañero y amigo Simón, acerca de su familia, se habían repetido con frecuencia. Pasaron casi dos semanas de esos desgraciados eventos, cuando un jueves por la tarde y desde la propia oficina telefoneó al domicilio de Dorotea. Después de interesarse por la situación anímica de la pequeña (que ya había vuelto a sus obligaciones escolares) y ofrecerse para lo que fuera necesario, sugería a la tía de Noemí la posibilidad de que su sobrina pasase el fin de semana con ellos, teniendo en cuenta los interesantes hábitos de amistad que las dos niñas mantenían, cuando las dos familias se unían para hacer excursiones, asistir a ciertos eventos y pasar, en definitiva, gratos momentos juntas. La respuesta que recibió por parte de su interlocutora fue del todo punto decepcionante. Esta señora le indicó, sin mayores rodeos, que la niña tenía marcado un completo plan de trabajo para el fin de semana. Que aparte las obligaciones de estudio, tenía que ir aprendiendo a cumplir determinados quehaceres en la casa. Y que ella misma se encargaría que tuviera algunos ratos de ocio, ahora que estaba mejorando el tiempo. Ella estaba dispuesta a corregir muchos de los comportamientos de la pequeña que, en su opinión, no había sido bien educada. Aparte del desabrido “portazo” que recibió por parte de la rígida señora a sus buenas intenciones, destacaba sobre todo que la tía de Noemí había evitado cualquier palabra o gesto de agradecimiento con respecto al contenido global de su llamada telefónica. Ya en casa, intentó “suavizar” la frustrante respuesta que había recibido, para no entristecer en demasía la ilusión que Alba se había hecho, acerca de tener a su amiguita con ella en casa durante ese fin de semana.

Apenas llegaron más noticias de la pequeña Noemi al domicilio de la familia Nancia Brevales, salvo algunos comentarios que Alba hacía en los momentos de mayor confianza con sus padres (cuando éstos le preguntaban por su compañera y amiga de clase) en el sentido de que cada vez veía a su amiguita menos alegre. “Sí, jugamos juntas en el recreo, pero ya no se ríe como antes. El haber perdido a sus papás tiene que haber sido una cosa muy grande para ella. Un día se atrevió a decirme que su tía la trataba con mucha severidad. Cuando le pregunté por qué me decía eso, se puso aún más triste, por lo que le dije “anda, vamos a jugar. No pienses en esas cosas.” Y así fueron avanzando las semanas y los meses en el calendario, con la siempre esperada y alegre llegada del verano y las vacaciones escolares.

Una “aterralada” noche de junio, serían poco más de las diez, la familia Nancia Brevales se encontraba cenando en la terracita de su piso, cuando sonó el móvil de Axiel. No reconocía el número de la llamada entrante, aún así la aceptó preguntándose quién podría ser. Al escuchar la voz de su interlocutora, no tuvo la menor duda acerca de quien se trataba.

“Hola, soy Dorotea. Te llamo porque esta tarde he tenido un severo problema con mi sobrina. Se me ha enfrentado violentamente, al mandarle que hiciera sus obligaciones en la casa. Con casi ocho años que tiene, no voy a tolerar que no me obedezca y menos que se me enfrente la niña. La he castigado y cuando después he vuelto a su cuarto he visto que no estaba. No me explico cómo ha podido salir de la casa. Su rebeldía ocurrió sobre las cuatro de la tarde y aún no ha vuelto. Estoy muy preocupada. La cosa es que no se qué hacer. A eso de las nueve he llamado a la policía, y después de tomar nota los agentes me han pedido que contacte con aquellas personas que la niña pueda conocer para ver si éstos la han visto o tienen algún dato que pueda ser útil para localizarla”. Por eso te he llamado, pues sé lo que ella os aprecia”.

Axiel había puesto el modo altavoz a su teléfono, por lo que Eva escuchó la exposición que hacía esa angustiada señora. Fue precisamente ella, la madre de Alba, quien tuvo una reacción inesperada. Le hizo una señal a su marido, indicándole algo así como que esperara. Se encaminó con presteza hacia la entrada de su piso, seguida de Axiel y su hija, abriendo la puerta con una “maternal” y maravillosa intuición. Ante sus ojos, recostada en el suelo, aparecía la tierna figura de Noemí, con la cabeza reposando entre sus brazos cruzados sobre las rodillas. Estaba profundamente dormida. Había tenido que recorrer a pie, hasta llegar un piso que bien conocía, más de dos kilómetros y medio de distancia lineal. El cansancio de la pequeña era manifiesto. Rápidamente Axiel comunicó a su tía Dorotea el preciado y tranquilizador hallazgo, a fin de que comunicara sin mayor dilación con la policía, para retirar la denuncia. Aparentemente la niña se encontraba bien, aunque lógicamente muy cansada. Eva la tomó en sus brazos y la acarició amorosamente. Axiel volvió a contactar con Dorotea y con firme energía le dijo:

“Señora, no debe preocuparse en este momento por el estado de su sobrina. Como le he comentado, hemos encontrado a Noemi en la puerta de nuestro domicilio, a donde ha llegado por su propia voluntad. La vamos a cuidar perfectamente esta noche y le daremos lógicamente de cenar.  Se la ve muy asustada, por lo que va a dormir junto a mi hija Alba (conocerá que son compañeras de colegio y muy amigas). Mañana, tras el aseo y el desayuno, la trasladaremos hasta su domicilio. En todo caso, nosotros nos seguimos ofreciendo para ayudarla, sin otra condición, en lo que mejor necesite. No olvide que en vida de sus padres, la relación entre las dos familias era muy amistosa y fraternal”.


Aquella noche Eva se quedó un buen rato junto a la cama donde descansaban las dos pequeñas amigas, comentando con ellas alguna de esas  historias agradables que ayudan a conciliar el sueño. A la esposa de Axiel no le faltaban recursos para ello, pues desde hacía años trabajaba en una pequeña editorial local. Ya en la mañana, tras el desayuno, Axiel y Eva le explicaron a Noemi que tendrían que llevarla a su domicilio, a lo que la niña se oponía con fuertes y nerviosos sollozos. Ante esta situación, Axiel se armó de valor y acudió solo a la casa de Dorotea, para tratar de encontrar una solución inteligente para todas las partes. Aunque en un principio la entrevista fue bastante tensa e incluso crispada por parte de la tía de Noemí, poco a poco la situación se fue calmando, aceptando a regañadientes esta señora que los fines de semana su sobrina los pasase con la familia de Axiel y Eva, amigos íntimos de su hermana y marido ya fallecidos.

Esos fines de semana se fueron racionalmente ampliando, para felicidad e inteligencia de unos y otros. Alba y Noemí se consideran  no sólo buenas amigas y compañeras de colegio teresiano (y, desde ahora, en la academia de música y en la práctica de la natación) sino incluso “hermanas” para con todo lo material y afectivo. Se sienten perceptiblemente felices, con su sorprendente y nueva forma de vida. Axiel y Eva por su parte aceptan y disfrutan con esa “ampliación” familiar, que el destino ha decidido llevar a sus puertas. En cuanto a la señora Dorotea, fue entrando paulatinamente en razones a fin de entender que, sin perder en absoluto el vínculo parental con su sobrina, ahora volvía a tener más tiempo libre para dedicarlo a sus otras muchas actividades, en el campo de la sociopolítica, además de sus obligaciones laborales en el Registro.

Nos podemos preguntar entonces ¿los avatares de esta u otras múltiples historias estaban ya programados en la “mente” de esa “mano”  misteriosa que mueve los destinos individuales y colectivos de las personas? Tal vez sí o tal vez no. Lo cierto es que sin la voluntad indeclinable de todos aquellos seres que han de protagonizarlos, difícilmente habrían podido llevarse a efecto esos mismos recorridos. Parece lo lógico, aunque también no son pocas las ocasiones en que nos seguimos preguntando si realmente nuestra voluntad sirve de mucho, en todos los vientos cambiantes y racheados que alteran y transforman las rutas caprichosas de nuestras existencias.-



LAS INESPERADAS URDIMBRES TEJIDAS POR 
LOS CAPRICHOS DEL DESTINO




José Luis Casado Toro
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
3 Abril 2020

Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es