viernes, 6 de enero de 2017

EL ÚLTIMO Y SENTIMENTAL VIAJE, EN UNA TRADICIONAL JUGUETERÍA DE LA CIUDAD.

Iba a ser éste un día un tanto especial, en la vida de Nicolás. Después de tres generaciones, poniendo ilusión y creatividad en la imaginación de millares de niños “de todas las edades” una afamada y antigua tienda para los juguetes vivía su emocional último 5 de enero. Padres, tíos, abuelos y, muy especialmente, SS.MM. los Reyes de Oriente (esos “magos” o sabios, que hace más de dos milenios se acercaron al principal Nacimiento, en la antigua Belén) tendrían, a partir de ahora, que buscar nuevos almacenes y puntos de abastecimiento, a fin de satisfacer las sonrisas y juegos de todos aquellos que perciben la vida con el sano y alegre espíritu que representa la infancia.

La razón básica de la drástica decisión del cierre empresarial habría que buscarla en los poderosos intereses del turismo y los empresarios de la hostelería, afanes que se nuclean alrededor de esos perímetros adornados de historia, ubicados en la antigua centralidad urbana. Efectivamente, este atractivo espacio ciudadano ha sido verdaderamente “tomado” por los servicios de restauración que, de forma acelerada, han ido “engullendo” a los viejos y tradicionales negocios que, década tras década, pusieron luz y servicio a casi todas esas calles y plazas del antiguo laberinto ciudadano. Esa tradicional urbanística se ve, hoy día ya, remodelada y adecentada a fin de atender las intensas demandas culturales y alimenticias de un dinamizador turismo que consume cultura, tanto museística como monumental, suculenta y diversificada mesa, a casi todas las horas del día, junto a una distracción sin límites para atemperar, con la terapéutica del ocio, el letargo depresivo del aburrimiento.  

Este lúdico establecimiento dedicado a la venta de juguetes fue instalado, hace ya muchas décadas, por un emprendedor empresario, llamado precisamente Melchor, el abuelo materno de Nicolás. A lo largo de los años y las generaciones, el prestigio de este negocio se ha ido manteniendo en el seno de miles de familias que confiaban la ilusión de sus hijos e hijas en la garantía y el buen hacer de una responsable familia empresarial, entregada de lleno para ese mágico oficio que sabe generar sonrisas e ilusiones en los rostros de tantos niños y niñas. Todo ello en íntima relación con los Magos de Oriente que viajan, en la madrugada de cada cinco de enero, hacia casi todos los domicilios de nuestro planeta, donde hay niños o en los que permanece el sano espíritu de la infancia.

Pero el cuerpo de Nicolás ha cumplido ya sus muchos años. Acumula más de setenta. Sus dos hijos ejercen acomodadas profesiones liberales, ambos en el campo de la medicina. Desde jóvenes, manifestaron su intención en no desear continuar por la senda de la tradición familiar. Esta ha sido otra de las causas para que este buen empresario, cansado ya por el peso de la edad, haya prestado oído a las ofertas que sucesivamente le han ido llegando para la compra del amplio local de su propiedad Este amplio local se encuentra muy bien ubicado y con espléndidas perspectivas para un negocio en auge, como es el caso actual de la restauración.

Le han estado ayudando, en la muy reconocida socialmente gestión de su negocio, dos empleados fijos, llamados Stella y Adrián, aunque en éste ultimo año, para la época de Reyes, también ha contado con una joven trabajadora, Rania, en régimen de contrato temporal para tres meses. Hace ya unas semanas que explicó, a este reducido personal laboral, su intención de poner fin a la actividad del negocio, asegurándoles que compensaría de manera legal estos despidos, incrementando voluntariamente la correspondiente cuantía a causa del buen quehacer demostrado por todos ellos durante los largos años de su responsable y ejemplar colaboración.

La oferta de compra más generosa que ha recibido, entre otras muchas, procede de una cadena franquiciada de Noodles, pastas y ensaladas, que va poblando de comida rápida los puntos neurálgicos para el turismo de la ciudad.  Tras hablarlo con Virginia, su mujer y también con sus hijos, ha decidido aceptar al fin la venta del emblemático local o “CASITA DE LOS JUGUETES” simpático nombre que, allá en la centuria anterior, eligió el buen Melchor, emprendedor comerciante abierto a sembrar de sonrisas el vitalista mundo de los niños. 
  
“Son ya cerca de las doce. A esta hora de la medianoche no creo que vengan ya muchos más clientes, a fin elegir esos últimos juguetes que los Reyes Magos necesitan para atender las peticiones de los niños. La verdad es que vamos a bajar las persianas con una cierta emoción, pues nuestra tienda ha cumplido su grata misión. Y durante tres generaciones. Os confieso que estoy un mucho emocionado. Pero ya conocéis mi situación personal, tanto por la edad como por la salud, con algunos problemillas que hacen necesario una larga etapa de tranquilidad y descanso. La compra por Internet, también nos está perjudicando bastante a los comerciantes tradicionales. En definitiva, que esta decisión del cierre la he tenido que adoptar con dolor pero, al tiempo, con responsabilidad. La gestoría ya me ha enviado la documentación necesaria, para que vuestra situación laboral quede asegurada con el correspondiente subsidio de desempleo, mientras encontráis alguna nueva empresa que desee contar con vuestros servicios. He hablado con algunos empresarios amigos, dándoles vuestros nombres y otros datos necesarios. Algunos me han prometido que os van a llamar, para mantener una entrevista.

Me vais a permitir que abra esta botella de Rioja, para que juntos brindemos por nuestro futuro. Sobre todo, quiero resaltar y agradecer, la ejemplaridad de vuestra honrada dedicación. Sólo tengo palabras de agradecimiento y admiración por vuestra continua lealtad.

Os quiero plantear otra interesante y sentimental cuestión. La mercancía, que aún tenemos almacenada y en exposición, se la va a quedar un comerciante del sector, también amigo.  Pero, antes de que venga con su camión para el traslado,  quiero ofreceros, a cada uno de los tres, el que podáis elegir el juguete que más os guste, no importa su precio, como mi regalo especial para el recuerdo. Sería como un modesto y significativo regalo de Reyes que, como recuerdo, deseo entregaros para esta LA GRAN NOCHE DE LOS NIÑOS, en todos los rincones del mundo. Eso sí, me agradaría conocer el motivo fundamental que tenéis para optar por ese determinado juguete”.

La iniciativa de este buen gesto, junto a las formas con que Nicolás estaba llevando a cabo el cierre de su empresa, fue bien valorada por el personal que con él había colaborado durante largos años de actividad comercial. Aunque la medida laboral era ciertamente muy dolorosa, ya tenían asumido que su trabajo en la juguetería había llegado a su fin. Desde hacía semanas, estaban realizando llamadas, enviando currículums y contactando con amistades en el sector comercial, a fin de encontrar un nuevo y necesario acomodo empresarial. Tampoco tenían la menor duda de que Nicolás, persona cabal y generosa, haría todo lo que estuviese en su mano por hacerles lo menos doloroso posible esta difícil transición hacia otros horizontes profesionales.

Fue STELLA quien primero tomó la decisión de explicar su opción por uno de los juguetes, que deseaba conservar como recuerdo. Vivía con su madre, una mujer de avanzada edad. Persona activa y positiva, había llevado siempre muy bien su soltería y, desde hacía meses, se había apuntado a una academia de idiomas, a la que acudía los lunes y jueves, a partir de las nueve de la noche. Pensaba, con acierto, que avanzando en la práctica del “English” le sería más fácil encontrar otros trabajos, afortunada reflexión que los acontecimientos en la juguetería ahora estaban confirmando. Rápidamente se dirigió a uno de los estantes y tomó entre sus manos una preciosa CAJA DE MÚSICA, que había sido construida artesanalmente con todo lujo de detalles en la lejana India.

“Me hace mucha ilusión esta lujosa cajita porque, de las tres que llegaron a la tienda, sólo nos queda ya ésta que tengo en mis manos. Ha sido modelada con maderas nobles y con incrustaciones y dibujos verdaderamente preciosos. Además no trae sólo una melodía, sino que se pueden seleccionar hasta siete sonidos musicales. El mecanismo funciona dándole cuerda, como a los relojes, aunque tiene la posibilidad de aplicarle una pila, con la que se puede activar también su funcionamiento. Aparte de su belleza, os preguntaréis  ¿por qué elijo este regalo?

La principal motivación reside ¡cómo no! en los años de mi infancia. Cuando tenía unos nueve años, creo recordar, mi madrina me regaló para la comunión una cajita de música, a la que tenía gran aprecio. Era pequeñita de formato y a veces la llevaba conmigo en la mochila colegial. Un día, tras el ejercicio físico en el patio de los deportes, al volver a mi aula comprobé que la cajita no estaba en la mochila. Alguien la había cogido y nunca más apareció. Me llevé un gran disgusto pues, además de perderla, algunas compañeras se reían y disfrutaban con mi pesar. Su artilugio hacía sonar una única y misteriosa canción. Para mi sorpresa, esta caja que ahora elijo tiene entre sus melodías, una muy especial para mi memoria. Son los mismos sonidos que tenía aquella otra que me fue quitada en el colegio, durante la escolaridad infantil”.

Stella abrió el paquete de cartón que contenía la preciada cajita de madera, con sus entonaciones para el recuerdo. Estaban escuchando esa dulce melodía, que tanto le motivaba, cuando ADRIÁN, un licenciado en Ciencias Químicas de treinta y siete años de edad, quiso expresar la opción que había elegido para su regalo. Este dinámico vendedor hace bastantes años estaba buscando con denuedo cualquier puesto de trabajo que le proporcionara un sueldo mensual, dado su reciente matrimonio. Aceptó la oportunidad de un contrato temporal en la juguetería, donde firmó para tres meses. Tanto le gustó la venta de unos artículos que generaban ilusiones, alegrías y sonrisas, en los más pequeños de cada hogar, que esos tres meses se convirtieron, con el paso del tiempo, en  los once años que lleva vinculado a la Casita de los Juguetes.

“Os va a extrañar el juguete que he querido elegir. Pero, cuando os resuma los motivos que tengo para hacerlo, ya me comprenderéis un poco mejor. De pequeño quería ser arquitecto aunque luego, con el paso de los años, acabé siendo un químico sin verdadera  vocación para esa actividad. En mi infancia me entretenía dibujando casas, bloques de pisos e incluso construía maquetas de viviendas, utilizando para ello cartulina, papel, cartón y otros materiales de papelería.

Recuerdo que una tarde, cuando tenía unos seis o siete años, fui a jugar a la casa de unos vecinos, muy acomodados económicamente, que tenían solo un hijo de mi edad. Era un niño muy engreído y caprichoso, que poseía decenas de juguetes en la amplitud de su dormitorio. Curiosamente, uno de esos juguetes era una completa ARQUITECTURA, integrada por decenas de piezas de madera esmaltada,  con intensos y alegres colores. Quise jugar con esas piezas, construyendo una de esas casitas que tenía en mi imaginación. Pero este vecino me lo impidió. Como me enfadé por su egoísta actitud, llamó a sus padres para que me echaran de su casa. Fue una situación muy desagradable que, a pesar del tiempo transcurrido, no he podido olvidar.

Esta educativa y completa arquitectura de madera (suma hasta 120 piezas) que tengo entre mis manos, se parece bastante a esa otra con la que no pude jugar, por el capricho y necedad de aquel niño de la vecindad. Esta es mi historia. Todos seguimos siendo un poco niños, aunque nuestros cuerpos se vayan transformando en personas mayores”.

“Pues en mi caso (hablaba la joven RANIA) quiero agradecerle, Sr. Nicolás, que, a pesar del poco tiempo que he trabajado en su comercio, me permita elegir uno de sus lindos juguetes como regalo. Me haría inmensamente feliz tener aquella maravilla de COCINA INFANTIL que contiene platos, cubiertos de metal, hornilla eléctrica, mesa, sillitas, microondas e incluso un pequeño frigorífico, con todo lo necesario para simular ese lugar donde se preparan los alimentos y después se consumen por toda la familia unida en torno a la mesa.

Procedo de un país pobre y mis padres lo son aún más. Cuando era más pequeña y vivía junto a ellos, con la ayuda de mi mamá tenía que fabricarme mis propios juguetes. Me gustaba simular objetos de la cocina, que modelaba con barro, trocitos de tela y madera. Todo era muy simple. Tenía que aplicar infinita paciencia, pero me distraía mucho jugando con mis hermanas y algunas amiguitas del barrio. Hacíamos nuestras comidas con materiales del campo y después simulábamos que nos sentábamos en la mesa para disfrutar compartir  alegremente nuestros “sabrosos” e imaginativos platos".

Aquella fue otra GRAN NOCHE DE LOS NIÑOS y de todos los que aún siendo mayores saben, con fortuna, mantener el alma, el espíritu o la ilusión de la infancia. Cuando Nicolás, el nieto del Sr. Melchor, volvía caminando hacia su domicilio, se sentía triste y alegre a la vez. Su entrañable CASITA DE LOS JUGUETES, se iba a convertir, en el plazo de unas semanas, en un lugar para el “divertimento” del estómago, con esas comidas rápidas que la magia de los electrodomésticos, junto a la paciencia de los consumidores, hacen posible. Pero, al tiempo, llevaba con él una contenida alegría. La de tantos miles de niños que, a lo largo de casi cien años, habían podido crear la magia del juego y la imaginación, con esos lindos  juguetes que su tienda servía a todos los padres que se disfrazaban de Reyes y también a esos Magos orientales que, verdaderamente, eran los padres de todos esos niños que jugaban, reían y gozaban.-  

José L. Casado Toro (viernes, 6 de Enero 2017)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

viernes, 30 de diciembre de 2016

REINICIANDO LA AVENTURA DEL CALENDARIO, EN EL PRIMER DIA DE UN NUEVO AÑO.

A pesar de que, en esa escenificada noche de fiesta, el descanso le había llegado a horas muy avanzadas de la madrugada, la resaca acumulada le hizo despertarse bien temprano, cuando aún lenta y tímidamente amanecía. Quiso permanecer unos generosos minutos entre las sábanas, pensando en cómo podría hacer diferente ese primero de enero que ya marcaba el reinicio en las páginas del nuevo calendario. 

Robert (su madre fue una fiel apasionada del séptimo arte. Siempre profesó gran admiración por el actor R. Redford) trabaja en una muy conocida entidad bancaria, mayoritaria en la Comunidad andaluza. Vive solo, desde hace unos ocho meses, en un coqueto apartamento ubicado en un antiguo edificio rehabilitado del centro malacitano. Caty, su ex compañera matrimonial, buscó acomodo afectivo con un jefe de negociado en la Administración de Justicia, donde también trabaja como administrativa. La última noche del año la ha celebrado con unos amigos de su oficina financiera, en una ruidosa fiesta multitudinaria, en la que han permanecido hasta las tres y pico de la madrugada.  En la mañana siguiente, antes de levantarse de la cama para hacer un buen desayuno, ya tenía en mente algunas actividades, a fin de lograr que este primero de enero tuviese algo de novedad y estímulo en su más que rutinaria agenda.  

Tras tomar un poco de fruta, yogurt y cereales, se puso el chándal deportivo, dispuesto a recorrer unos buenos y saludables kilómetros, para el equilibrio del cuerpo y la serenidad en su mente. Se encontró con unas calles algo vacías y descuidadas en su limpieza, en esas primeras horas de la mañana. Aparte de los escasos vehículos que ya circulaban, se iba cruzando con algunas personas que, como él, necesitaban recibir la caricia de la grata brisa matinal. Ese aire fresco y limpio que vitaliza el ánimo y la epidermis facial. En ese ágil caminar, se fue “topando” con no escasas mascotas que,  para atender sus necesidades orgánicas, habían animado a sus dueños a dar juntos ese su primer paseo en el día.

A buen seguro que unos y otros viandantes estarían pensando en todos esos cambios que, con la mejor voluntad se suelen programar para los primeros meses del año. Es la misma voluntad que, posteriormente, suele tornase perezosa, dejando aparcados proyectos idiomáticos, alimenticios, deportivos o de otra índole para el cambio personal. En el diseño de todos esos cambios, hay una realidad que admirablemente permanece inmutable, sin importarle la cronología del día o algún que otro condicionante personal ¿Cuál es? Frente a una actividad comercial, en su mayoría aletargada por el sueño dominguero, los pequeños comercios regentados por familias de origen oriental permanecían abiertos, con su versátiles y heterogéneas mercancías ofertadas a los mejores precios. Entre sonrisas, Robert se preguntaba ¿cuándo estas personas chinas dedicarán un trocito de su tiempo, a fin de practicar el ocio u otras necesidades del ego?

Tras una larga caminata, llegó a la zona playera presidida por la esbelta “torre” o gran chimenea, popularmente denominada “Mónica”, resto de la Málaga industrial de otros tiempos. Allí pudo disfrutar de una curiosa y abierta escenografía, protagonizada por dos personas, hombre y mujer que, descalzos y con un alegre atuendo o disfraz de “payasos del circo” realizaban ejercicios mímicos y expresivos, sobre la fresca arena costera. Los escasos viandantes apenas prestaban atención a sus ágiles, elegantes y rítmicos movimientos, pero él se acercó a la pareja, observando la fuerza comunicativa en sus miradas y gestos. Aprovechando el breve descanso, que ambos realizaron, se animó a preguntarles el por qué de sus ejercicios, en ese lugar y a esa hora tan temprana. Se trataba de dos jóvenes actores, vinculados afectivamente, que preparaban una difícil representación teatral y les hacía ilusión comenzar el año de aquella forma tan peculiar y expresiva, en su plástica interpretativa. 

Después del saludable ejercicio “senderista” y la curiosa vivencia con la pareja de la playa, volvió a casa, gozando con una reconfortante ducha caliente. A eso del medio día decidió llevar a cabo una innovadora experiencia, que tenía en mente  desde hacía tiempo. Ya vestido, siempre con ropaje deportivo (la temperatura del día resultaba sumamente agradable) se dirigió a una de las paradas del transporte municipal. Eligió aquélla que nuclea o aglutina a numerosas líneas del tránsito urbano, ubicada en una gran arteria viaria condicionada por las obras de la infraestructura del metro. Una vez allí, evitó comprobar el cartel digital que indicaba los números y los tiempos de frecuencias de las numerosas líneas que iban atendiendo la amplia movilidad ciudadana. Se dijo a sí mismo “subiré en el próximo bus que llegue a esta parada y permaneceré en su interior hasta el final de su trayectoria”. Sin querer conocer el número del vehículo, tomó asiento esperando a ver cuál era su destino. Curiosamente ese bus le trasladó a una lejana barriada de la periferia, en la que no había estado durante los últimos años. Una vez allí, recorrió sus calles, plazas y rincones ciudadanos, dedicando el tiempo suficiente para descubrir espacios y lugares totalmente innovadores en su experiencia.

Allí, en lo que parecía una zona industrial, localizó un modesto restaurante que anunciaba comidas caseras, por un precio sumamente atractivo anotado en la pizarra callejera del menú. Al entrar en este familiar establecimiento, se encontró ante un gran salón con chimenea de leños encendidos y con un personal de servicio muy agradable en la atención a los numerosos comensales que ocupaban las mesas del local. Estaba mayoritariamente integrado por familias que habían decido realizar el almuerzo fuera de casa, en ese ste ﷽﷽﷽﷽﷽﷽ fuera ero su primer día del nuevo año.

Mientras esperaba que le sirvieran el cocido tipo andaluz en su mesa, llamó a la casa de Caty, para preguntar por sus dos hijos. Se puso al teléfono el Jefe del negociado, Raimundo, quien amablemente le deseó un buen año, pasándole de inmediato con los niños. Les indicó que los recogería el próximo viernes, después de comer, pues pasarían juntos el fin de semana. Su ex creyó oportuno evitar ponerse al aparato, gesto muy propio de su carácter, actitud que, sin embargo, él agradeció profundamente.

Tras disfrutar de un saludable y exquisito, por su elaboración y contenido “ágape”, fue de nuevo a la cabecera de esa línea de autobuses municipales. Necesitaba volver a casa y recuperar el sueño perdido para el descanso. La festiva madrugada anterior le había supuesto dormir apenas unas tres horas. En el viaje de vuelta fue repasando mentalmente algunos rincones y espacios interesantes que había descubierto, en su visita (sorpresiva y no programada) a esta populosa barriada de las “afueras” de la ciudad. El azar le había llevado hasta allí, permitiéndole conocer nuevas zonas transformadas por la expansión urbanística y que, por nuestros cansinos hábitos rutinarios, suelen permanecen alejadas, año tras año, de nuestra visión y experiencia relacional.

Ya en casa, 3:45 de la tarde, se echó un rato en el sofá de su saloncito. Antes había puesto un poco de música instrumental, a muy bajo volumen, práctica que le ayudaba a entrar en ese descanso tan necesario para el cuerpo. A los pocos minutos, estaba completamente dormido. Sólo veinte minutos más tarde, el ding/dong del timbre del apartamento le hizo despertarse un tanto sobresaltado. Se dirigió hacia la puerta y observó por la mirilla a la persona que había llamado, interrumpiendo su necesario descanso. Vio en el descansillo a un hombre, de una edad similar a la suya (43) llevando una cartera oscura en su mano derecha. Dudó unos segundos, pero al fin abrió la puerta.

“Disculpe que le haya molestado. Israel Saldaña, para servirle. Represento a una marca internacional japonesa que trabaja el pequeño electrodoméstico, la cual se está introduciendo en Europa con una política de precios y altas calidades, verdaderamente sin competencia posible. Cada x tiempo nos centramos en promocionar y difundir un determinado producto. En estas Navidades y Año Nuevo, ese producto estrella son los microondas.  Si me concede unos breves minutos, le explicaría sintéticamente las muy cualificadas prestaciones de este versátil aparato (tiene radio incorporada e incluso puerto USB), con la increíble oferta de su precio y una muy completa tarjeta en su reconocida garantía internacional”.

Roberto no daba crédito a lo que veía y escuchaba. En un día primero de enero, domingo, poco menos de las 4:30 de la tarde, un insólito vendedor de traje y corbata llamaba a su puerta, para ofrecerle un “maravilloso” microondas… japonés. Se preguntaba, con asombro e incredulidad “¿pero que está pasando en este siglo, al que llaman XXI? Por cierto, había algo en la cara de su interlocutor que hacía fluir recuerdos a su memoria, pero de una manera difusa e inconcreta. Los rostros de ambos personajes contrastaban entre la evidente tensión controlada del vendedor y el asombro, educadamente indignado del posible cliente que le había franqueado la puerta. En todo caso, tuvo un momento de cierta debilidad ante la humilde actitud del hombre de la cartera, cuya mirada le estaba suplicando unos minutos de atención.

“Ande, pase Vd. y explíqueme en no más de siete minutos todas esas maravillas que dice representar. La verdad es que tengo el microondas roto desde la semana pasada, cuando estuvieron aquí mis hijos …”

“Sí, comprendo que tal vez no sea la fecha más apropiada para presentarle una oferta comercial. Pero nuestros estudios de mercado nos indican que, en estas fiestas de Navidad, uno de los pequeños electrodomésticos que más suelen estropearse, por el uso continuo a que se les somete, es el que precisamente vengo a ofrecerle. Además, en este emblemático día, un número muy importante de familias están en casa, descansado de jornadas ajetreadas de fiestas y celebraciones, especialmente la gran Noche de Fin de Año”. Con cinco minutos tengo suficiente, para tratar de convencerle de una decisión de la que, puedo dar fe, no se arrepentirá. Por cierto, yo creo conocerle….”

Roberto pensó que no era una opción desacertada escuchar a una persona que trataba de ganarse la vida vendiendo productos a domicilio. Precisamente, no le resultaba atractivo salir otra vez a la calle, en donde había comenzado a caer una lluvia cada vez intensa. Mostrándose generoso, preguntó al vendedor si le apetecía tomar una taza de café. Tras una respuesta agradecida de Israel, ambos interlocutores tomaron asiento. Lo que en principio iban a ser unos minutos de cortesía, se convirtió en una larga charla mantenida por dos personas necesitadas. Estuvieron hablando hasta cerca de las siete de la tarde. Tras los cristales, continuaba cayendo la lluvia.

Ambos interlocutores habían sido compañeros de clase en el instituto, hacía ya más de veintitantos años. Mientras Roberto, tras terminar un módulo de contabilidad, tuvo la suerte de encontrar acomodo en la entidad bancaria, donde en la actualidad sigue prestando sus servicios,  la evolución laboral de Israel había sido variopinta e inestable.

“Te asombraría conocer algunas de las actividades que he tenido que desempeñar para sobrevivir: desde portero de discoteca, hasta una increíble experiencia de palmero, en un grupo de cante flamenco. También estuve, durante un par de temporadas, como figurante escénico en una compañía de teatro. Siempre me gustó actuar ante un patio de butacas lleno de espectadores. Pero parece ser que no tenía buenas condiciones para triunfar en este campo de la cultura. En los momentos más duros, por la necesidad, ejercí de cartelista, poniendo y quitando publicidad en los paneles viarios de nuestra ciudad. Y esto de la venta a domicilio, me llegó hace unos cuatro años, cuando un buen amigo me introdujo en una empresa comercial que buscaba ampliar su radio de acción mercantil, difundiendo de manera directa sus productos”.

Cuando al fin se despidieron, después de tan insólita velada en la tarde, Roberto había aceptado comprar uno de los microondas de Saldaña quien, agradecido por el buen trato que había recibido de su recuperado amigo, le pidió aceptase una invitación para comer en su casa, en donde podría conocer a su compañera e hija adolescente. 

Había comenzado un nuevo año y, en la mañana del siguiente día, este trabajador de la banca volvería a estar detrás de su ventanilla de siempre, atendiendo las demandas y gestiones planteadas por los clientes que se desplazaran a su entidad financiera. A esas avanzadas horas de la noche, el largo calendario anual estaba terminando de cubrir el primero de sus días. Mientras, en la vida de Roberto, también en el recorrido vital de millones de personas, todo comenzaba a ser casi igual a lo de ayer, a pesar de tantos proyectos oníricos para el cambio, en ese sosegado quehacer diario para la normalidad.- 


José L. Casado Toro (viernes, 30 de Diciembre 2016)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

jueves, 22 de diciembre de 2016

UNA SINGULAR Y SOLIDARIA FIESTA DE NOCHEBUENA, PARA AQUÉLLOS QUE MÁS LA NECESITAN.

El alcalde de un municipio de la alta Andalucía había concertado una urgente reunión, a celebrar en la mañana del 28 de Noviembre, con dos concejales de su equipo de gobierno. A las 9.30, hora fijada para el encuentro, ya se encontraban reunidos en el despacho de la máxima autoridad local los tres políticos: el responsable de  Acción Social, junto al de Cultura y Fiestas, además de Feliciano, el propio Alcalde Presidente de la Corporación Municipal.

“Os he convocado, con bastante antelación a la fecha, a fin de comentaros una idea que tengo en proyecto con vistas a la próxima Navidad. Lógicamente, me gustaría conocer vuestra primera impresión o criterio acerca de la misma. Se trata, básicamente que, desde el Ayuntamiento se organice una gran Cena de Nochebuena, a la que serían invitadas un conjunto de personas que, por razones de muy diversa naturaleza, podrían o van a estar solas en una noche tan especial. Bueno, quiero decir, sin la proximidad de familiares, más o menos directos, con los que compartir la mesa y el afecto, en ese muy especial 24 de diciembre, víspera del Día de Navidad.

No me estoy refiriendo a contratar con un restaurante, por razones de espacio y también del coste que todo ello supondría. Podríamos habilitar y adecuar decorativamente el polideportivo cubierto municipal. En cuanto a la cena en sí, sería preparada por el equipo que lleva los cursos de la Escuela de Cocina. Sería interesante contactar con la Coral municipal o algún grupo solidario, para que pusiesen esas gratas notas musicales que alegrara la sobremesa… en fin, es cuestión de ir estudiando todas estas primeras ideas, a fin de darles forma y, por supuesto, enriquecerlas”.  

Los dos compañeros de corporación acogieron de manera muy positiva el proyecto del Alcalde. Se comprometieron a tener elaborado un desarrollo más concretizado del organigrama, en un plazo máximo de setenta y dos horas. En realidad tenían por delante un margen temporal de hasta más de tres semanas, ante de que tuviera lugar esa benefactora celebración. Ciertamente, el Ayuntamiento siempre había organizado eventos específicos para esos días tan entrañables y festivos de la Navidad y el Año Nuevo, pero la decisión de realizar esta gran cena, de la que se beneficiaria un importante número de personas, necesitadas de compañía en la gran Noche, suponía una gran novedad. El propio alcalde garantizaba su presencia, asegurando que compartiría mesa y mantel con este amplio grupo de ciudadanos, previsiblemente integrado en su mayoría por personas mayores, que gozarían del muy plausible calor afectivo que el municipio deseaba brindarles.


Para entender algo mejor el origen de esta acertada y solidaria idea, hay que retrotraerse a unos días antes de esa reunión, en un escenario que no era otro que el del propio domicilio particular del Sr. Alcalde. Aquella noche, tras la cena, el matrimonio integrado por Feliciano y Marcela se sentaron ante la pantalla del televisor como, de manera usual, solían hacer cuando podían compartir la mesa, dadas las obligaciones representativas del Alcalde. Eduar y Paula, sus dos hijos adolescentes, ya se habían retirado a sus dormitorios, pues ambos tenían que preparar algunos exámenes para el primer trimestre del curso. Esa era la excusa “oficial” aunque la real estaba en sus deseos de conectarse a Internet, a fin de “navegar un poquito” antes de irse a la cama.

“Marcela, tengo que hablarte de un tema que me viene dando vueltas por la cabeza desde hace unos cuantos días. Estamos ya a casi un mes de las fiestas de Navidad. Como siempre hacemos, para la Nochebuena y el Fin de Año, nos reunimos familiarmente, rotando cada año en las casas de nuestros hermanos. Por supuesto de que, en esa rotación, también entra nuestro domicilio, como nos correspondió hace dos Navidades. Y así llevamos haciéndolo desde hace mucho tiempo.

Pero hoy lo que me preocupa, no es sólo esa repetitiva rutina. Sabes que, en más de una ocasión, hemos acabado casi en el enfado, por esas discusiones que, a lo largo de las veladas, se van originando y que resultan un tanto desagradables. Los chicos pronto “toman la calle”, a continuar la fiesta con sus amigos y pandillas, mientras que los mayores le “damos” a la botella. Ms de lo que debemossco, nos enfrascamos en discusiones banales, que se van "gos y pandillas, mientras los mayores le "amo un tanás de lo que debemos. Entre el alcohol y los posicionamientos políticos bastante “sectarios”, de unos y otros, nos enfrascamos en discusiones banales, que se van “calentando” poco a poco y que acaban siendo verdaderamente incómodas. Y no es sólo por el tema político. Recuerda como en la Nochebuena pasada, con el asunto de la herencia, casi llegamos a las manos. El ejemplo que dimos unos y otros resultó verdaderamente infantil, impropio e, incluso desagradable.  Así que este año me he propuesto modificar esa cansina y poco edificante dinámica. Además, este cambio tiene otro gran e importante motivo. Estoy pensando en un fin solidario, con todos aquellos que más sufren la soledad en sus vidas y circunstancias.

Aquí en el pueblo, como en todas partes, hay muchas de estas personas que necesitan nuestra ayuda. Tengo la obligación, como alcalde, pero también como ciudadano preocupado con aquéllos que más  sufren la soledad en estos días tan sentimentales, de hacer algo bueno y especial  por ellos. De esta forma, las fiestas del mes que viene, Nochebuena y las uvas del 31, las debo y quiero pasarlas con ellos. Voy a proponer que, desde las concejalías correspondientes, en realidad desde toda la Corporación Municipal, se organicen dos macrofiestas, dirigidas de forma específica a todos aquéllos que más necesitan  de nuestra compañía y “hermanamiento”. 

Sinceramente pienso que, tú y los chicos, debéis acompañarme es estas dos importantes fiestas. Yo lo tengo muy claro, pero tú decides lo que veas mejor. No creo que la familia deba molestarse. En esos dos días, voy a tener que pensar en muchas más familias. Y toda la ayuda que unos y otros aportemos, vendrá como el “agua de mayo” para un fin que pondrá sonrisas y unas horas de alegría en aquéllos que más sienten su orfandad”.

La mujer del edil escuchaba “boquiabierta” la larga perorata que le había “regalado” su esposo. De la forma y manera más inesperada. Marcela, no sabía cómo reaccionar. Sólo se atrevió a responder con un “déjame pensarlo”. La firme convicción de su marido y el hábil momento elegido para transmitírselo, le había impedido prepararse mentalmente para argumentar una respuesta convincente, en uno u otro sentido. Aunque ella no ejercía la política, entendía que Feliciano  tenía una obligación superior con esa ciudadanía que le había elegido para el alto puesto que ocupaba. Y en el otro lado de su conciencia estaba la dependencia familiar ¡En menuda diatriba la había colocado aquél que era su pareja, desde hacía ya más de diecinueve primaveras! 

La máquina organizativa municipal se puso en marcha, “engrasando” bien todos sus flecos y resortes. Para ese día 24 de diciembre, el polideportivo fue remodelado, habilitándose hasta 150 mesas, para acoger a unos 600 comensales (la misma tarde del evento tuvieron que sumarse otras cuarenta más). Las personas propuestas, para tan generoso hermanamiento, atendían a un perfil social variado: ciudadanos que vivían en soledad, aquéllos que carecían de familias que les atendiesen, emigrantes de otras nacionalidades, aquéllos otros que sufrían la falta absoluta de recursos, muchos viudos y viudas, residentes en los centros de acogida y en las agrupaciones de la tercera edad, además de algunas personas que por la naturaleza de sus dolencias podrían ser desplazadas desde el hospital de la localidad. En un municipio, con 22.300 habitantes censados, era lógico encontrar tal variedad de aspirantes a participar en una gran cena y espectáculo, todo ello a coste del presupuesto gubernamental.

Un animoso equipo, integrado por veinticinco voluntarios, se encargó de ir comprando la mercancía necesaria para elaborar esos casi 800 menús. Hablaron con los responsables de algunas cadenas de supermercados y centros comerciales, donde encontraron la comprensión generosa para facilitarles a buen precio, incluso donarles, alimentos y utensilios con los que sustentar el populoso ágape. La coral municipal se prestó a participar, una vez acabada la cena, a fin ofrecer a todos los comensales una selección de los mejores villancicos navideños. Ese voluntarioso equipo, con la plástica entrañable de la vestimenta y gorro de Papá Noel, se dispuso preparar la cena, en una gran cocina de campaña facilitada por el ejército, así como de servir, posteriormente, los diferentes platos elaborados para tan afectivos y heterogéneos asistentes.

¿Y cuál era el suculento menú que iba a disfrutarse, en esa tan emblemática y colectiva Noche? Se comenzaría con unos entrantes a compartir: platos de quesos y embutidos, tapitas de pescado frito y patatas finas. No faltaría una tacita de caldo caliente, muy adecuada para la hora y el frío de Diciembre. Como plato central,  podría elegirse entre un gran jurel asado o chuletas de cerdo, también asadas, ambas opciones con la guarnición idónea. Como postres, tarta de chocolate (donada por la principal cadena de confiterías en la provincia) o manzanas, dulces navideños, café u otras infusiones. Agua, cerveza y vino tinto, fueron las bebidas elegidas para acompañar a tan completo ágape. Obviamente también se dispuso, para los niños y personas que así lo demandasen, bebidas carbónicas, como naranjadas y colas. Los pequeño también tendrían a su disposición un plato de pasta con tomate, hamburguesa y verduritas asadas.

Unos minutos más tarde de las nueve, comenzó la anhelada y concurrida cena de Nochebuena (cerca de 800 comensales) servida por un dinámico grupo de voluntarios, ataviados con alegre ropa navideña. Música ambiental de villancicos, tanto hispanos como extranjeros, y una mesa presidencial integrada por el Sr. Alcalde y los concejales que, en su mayoría, decidieron asistir, acompañados por sus parejas de hecho o derecho, todo ello en un muy grato ambiente de camaradería, alegría y buen humor. Marcela se fue, con sus dos hijos, a casa de su cuñado Tobías, en cuyo domicilio se celebraba este año la efemérides navideña. Cuando Paula y Eduard marcharon (a eso de la 22.30) a continuar la fiesta con sus respectivos grupos de amigos, su madre tomó el coche y condujo hasta el polideportivo, uniéndose a Feliciano. En aquel momento se estaba ya en la fase de los postres, habiendo iniciado su preciosa y entrañable actuación la muy bien preparada coral municipal

La sorpresa de la Noche la tenía reservada Fernando Loth, concejal responsable de Cultura y fiestas. Una vez que la coral hubo interpretado sus 7 piezas de villancicos, el joven político tomó el micrófono para anunciar a la concurrencia que un importante profesional de la música había querido sumarse a la fraternal celebración. Se trataba de un afamado cantante británico, que poseía una residencia para sus vacaciones ubicada en un paraje espectacular del término municipal. La finca estaba encastrada en la cadena montañosa que guarnecía el norte municipal, con vistas al inmenso y fértil valle meridional. La breve actuación que tenía previsto desarrollar el aclamado artista de la canción, acompañado sólo con su guitarra, tuvo que ampliarla, dado el entusiasmo mostrado por la amplia concurrencia que le aclamaba entre aplausos y vítores.

Cerca ya de la una, en la madrugada, Feliciano y Marcela volvieron a su domicilio. Al llegar vieron que los críos aún no habían vuelto. Sin duda, estaban disfrutando y prolongando la “magia de la Navidad” entre amigos, los bailes y esas traviesas copas que viajan en los secretos de una Noche diferente para la ilusión.

“Me comentas que en la familia no ha sentado nada bien mi ausencia. Confío que cuando pase el ánimo estresado de estos festivos días, todos ellos analicen con más sensatez y generosidad la naturaleza de mi gesto. Pienso en esos ancianos necesitados de la atención, en los que se encuentran lejos de su país, en esas familias que carecen de los más elementales recursos, en tantas personas que soportan, día tras día, la ingrata soledad en sus vidas … Al menos hoy han tenido, durante esta Noche de diciembre, un buen motivo para sonreír, disfrutar y apreciar el calor humano de la solidaridad.

Algo parecido vamos a repetir en la despedida del Año, con las doce campanadas y las uvas de la esperanza. Nuestra familia debe entender que ahora soy regidor de otra gran familia, precisamente la más necesitada de ese imprescindible afecto que todo ser humano debe gozar, de manera especial, en tiempos nublados y huérfanos de proximidad. Y son muchas las personas y compañeros que también han sabido sacrificar sus dependencias, por un fin más elevado e importante, sobre nuestros “pobres” egos e intereses. Esta Noche me he sentido más feliz, inmerso en la grandeza y limitación de lo humano. Mañana, cuando amanezca, dibujaremos un nuevo día, con esa magia y el atractivo misterio de la verdadera  Navidad.-

José L. Casado Toro (viernes, 23 de Diciembre 2016)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga