viernes, 19 de diciembre de 2014

MULTISERVICIOS MERRY CHRISTMAS.


“Buenos días. Llamaba a este número, porque he visto en Internet las actividades que presta su empresa y podía interesarme, en especial, uno de sus servicios. Si me permite unos minutos, le explico básicamente mi situación a fin de que puedan entender mejor el objeto de esta necesidad. Verá…. vivo solo, desde hace ya muchos años. Mi profesión era de técnico en electrónica, pero tuve que dejar de trabajar debido a un accidente que sufrí en el ejercicio de esa actividad. Estuve casado y sin hijos, pero mi relación con la que fue mi mujer se rompió precisamente un tiempo después de ese problema laboral, el cual exigió una muy lenta y sufrida recuperación. Aunque me he habituado, al paso de los años, a este tipo de vida solitaria, en determinadas fechas lo sobrellevo bastante mal. Especialmente en Navidad, donde ves que las festividades se celebran en unión de otras personas. Sin embargo tu tienes que hacerlo sin más compañía que la de tu propia persona. Tengo algunos amigos pero, como es natural, cada uno tiene su historia en esos días tan señaladas por el calendario.

Y ya en concreto ¿podrían informarme si alguna de esas prestaciones que he leído en su página web se adapta a mis necesidades? Me refiero a la noche del 24… creo que me entiende. Es Nochebuena y pasarla solo en casa resulta muy duro. Se preguntará por mis familiares…. Aunque soy hijo único, tengo algunos primos en la zona de Cataluña, aunque nuestro trato, desde siempre, ha sido bastante frío y prácticamente no existe comunicación entre nosotros. En fin ¿me pueden ayudar para esa noche del 24 y tal vez la del 31?  ¿Qué es lo que ofrecen y cuáles son sus condiciones?”

Eloy había estado dando las vueltas, durante días, a esta posibilidad que había conocido a través del buscador Google. Era consciente que se acercaban en el calendario esas entrañables festividades y pesaban en su memoria las experiencias vividas en años anteriores, donde la depresión hizo fácil mella en su vapuleado equilibrio anímico. Algo había visto en el cine sobre el tema, pero ahora era él el protagonista de esta decisión, que le había costado bastante esfuerzo adoptar. Por supuesto que carecía de experiencia previa en la misma, sin embargo esa página de Internet parecía bastante seria y convincente. Al fin se lanzaba a llamar en esa teatralizada puerta de la simulación escénica.

Sr. Tendilla. Le he entendido perfectamente y paso a informarle, grosso modo, de nuestros servicios. Lógicamente Vd. podrá hacer, tras evaluar sus necesidades y costes, una concreción más exacta de su petición. Pero debo aclararle que para la Noche del 24 tenemos ya una importante demanda, por lo que contratar sólo ese día va a resultar bastante complicado. Otra cosa sería si Vd. optara por un paquete vinculado, Nochebuena – Fin de Año, que ahora ofrecemos con un 15 % de descuento sobre los precios en tarifa. En este caso, con la duplicidad de sesiones, no habría dificultad para atender a sus deseos. En todo caso si sólo opta a la cena del 24, le voy a inscribir en lista de espera. Bueno, le explico el conjunto de nuestros servicios.

Nuestro pack comprende todo el catering correspondiente, con tres niveles cualitativos en la comida y bebida, según costes. Puede optar también entre uno y seis acompañantes, vinculados a una variada gama de edad, siempre a partir de los dieciséis años y hasta incluso los ochenta. Estas personas mayores van a desempeñar el rol del abuelo que vive con sus hijos. Obviamente, pueden ser del género masculino y femenino. También Vd. decide si prefiere árbol o belén. Tenemos una amplia gama de villancicos, tanto de corte clásico (como La Marimorena, Ya vienen los Reyes o Los peces en el río) o algunos más modernos, interpretados por Lennon, Celine Dion o Sinatra). No faltará tampoco el popular Christmas Carol, Silent Night. Las personas que le acompañarán en la Noche, mantendrán muy bien la velada, entonarán canciones, compartirán su mesa y le sugerirán diversas llamadas a familiares y amigos. También Vd. recibirá llamadas telefónicas o mensajes de correo electrónico, inesperados pero muy simpáticos y cariñosos.

Un servicio reciente que hemos incorporado a nuestro pack es el de la llegada a casa de un pariente lejano, generalmente arruinado pero muy cariñoso y necesitado, que pide ayuda para esa emblemática noche. Se trata con ello de motivar al cliente a fin de  que  desarrolle un gesto caritativo y fraternal.

En caso de mostrarse interesado también por la Noche de Fin de Año, nuestros actores realizarían un sugerente  cotillón, con música y baile, en función del espacio disponible y sus apetencias. Habrá zambombas, panderetas… incluso esa botella de aguardiente que facilita tan acústicos sonidos.  Le aseguramos que no se va a aburrir o entristecer con estos expertos profesionales, personas cualificadamente preparadas para estos singulares eventos. Al la finalización de la velada, un equipo técnico pasará por su domicilio a fin de recoger todos los enseres aportados, dejándole el piso en las mejores condiciones de orden y limpieza. Le aseguro que todo le va a parecer muy cercano a la realidad. Incluso mejor de lo que Vd podría pensar o esperar. Obviamente, todo ello conlleva un coste, pero los excelentes resultados que estamos obteniendo en situaciones similares avalan nuestro prestigio y mejor hacer”.

Cuando Eloy conoció algunos precios orientativos, por el servicio que pretendía contratar, quedó presa del asombro. Le vino a la mente esa evidencia de que la moneda puede abrir muchas puertas aunque, realzando la segunda parte del dicho, no todas, por supuesto. Ciertamente tenía unos ahorros dispuestos para darse esa ilusión o experiencia, en esa fecha tan señalada en el almanaque que la Noche del 24. Pero, aun gustándole esa golosina de la travesura, a fin de realzar su alicaído ánimo, quiso pensárselo mejor. Aún faltaban dos semanas, para ese temido miércoles de celebración. Rogó que no lo borraran de la lista de espera, pero que daría la respuesta definitiva a no tardar. Eso sí, tuvo que dejar una señal económica, a fondo perdido, para el caso de renunciar al contrato, siempre que fuese llamado para concretar la compra del servicio o celebración. Cincuenta euros de garantía, cifra que estaba en consonancia con lo que tendría que abonar (por encima de los dos mil quinientos euros) en caso de que al fin fuese elegido para recibir a los figurantes de su gran cena.

Eloy, en la actualidad, vive la situación de su retiro laboral, tras haber trabajado durante treinta y siete años en la Administración pública. Le ha quedado una buena pensión económica, situación más que desahogada para una sola persona. No tiene obligaciones con respecto a su ex ya que, en el momento de la ruptura, ambos pactaron vivir cada uno por su cuenta sin ninguna atención recíproca. Conoce que ella rehizo su vida con el propietario de unas bodegas y poco más. Y es que hace nada menos que veintiséis años de aquella desagradable situación que terminó de una manera “muy civilizada”. Al no existir otra responsabilidad personal, como hijos o familiares directos, se puede permitir este capricho escénico a fin de frenar esos bajones anímicos que, cada vez con más frecuencia, le sobrevienen. Especialmente, cuando llegan las festividades navideñas, fechas que a muchos desestabilizan en sus sentimientos y recuerdos.

El martes de la semana anterior a la Nochebuena se fue a dar un paseo después de comer. Se había presentado un día en el que era grato estar sentado en algún lugar, gozando con la templanza de un sol que reconfortaba las gélidas temperaturas de diciembre. Le seguía dando vueltas al asunto de la fiesta. Había momentos en que se ilusionaba, como un niño, por esta travesura que le podría tener a él como principal protagonista. Pero a esos desvaríos le sobrevenían otros momentos de lucidez y racionalidad. ¿Se iba a gastar un dineral para afrontar una alocada experiencia que sonaba más a espectáculo cinematográfico? Analizó una vez más la situación y en un arranque de responsabilidad marcó de nuevo el número de teléfono de los Multiservicios Happy Life. Contactó con la señorita Miller, que le había atendido la vez anterior, explicándole que renunciaba a su opción en la lista de espera. Tras explicarle sus motivaciones para esta decisión, la amable Betty Miller le indicó que era bastante improbable, dada la proximidad de la fecha, que hubiera podido tener acceso al contrato para la fiesta. Y que le iban a ingresar en su cuenta los cincuenta euros que había abonado como señal de garantía.

Tras agradecer a esta amable profesional la comprensión que mostraba ante sus argumentos, se dirigió, ya en la caída de la tarde, a una parroquia cercana a su domicilio. Esperó a que finalizase el oficio religioso que el párroco estaba celebrando. Cuando el sacerdote entró en la sacristía, hasta allí se dirigió Eloy, rogándole si tenía unos minutos para atenderle. Sacerdote y feligrés, se dirigieron al despacho parroquial donde mantuvieron un interesante diálogo.

“Valoro mucho, D. Fernando, la paciencia que ha mostrado al escucharme. Como sin duda comprenderá, atravieso una etapa un tanto desordenada en lo psicológico, que temo me afecte también en lo orgánico. En resumen, quiero pedirle su ayuda. Si Vd conoce alguna familia o persona individual que se encuentre viviendo la crudeza de la soledad y la necesidad, le rogaría me pusiese en contacto con la misma. Me agradaría invitarla a compartir la Nochebuena,  en esa ya próxima fecha del 24 de diciembre. Lo he estado pensando y creo que es una decisión más racional que esa desafortunada locura que he estado a punto de cometer. Yo me ocuparía de comprar todo lo necesario para que resultara una cena agradable, plena de amistad y solidaridad. Le reitero que aceptaría igual a una familia o a una persona individual. Lo que deseo evitar, por todos los medios, es hundirme en el egoísmo de la soledad, en tan emblemático día”.

Resultó una cena sencilla, agradable, cariñosa e intensamente  fraternal. Nati, una madre soltera, que aún no ha cumplido sus tres décadas en la vida, junto a sus hijos pequeños Raúl y Elena, acompañaron a Eloy en esa Noche en la que todos los humanos formamos parte de una gran familia. No faltaron alimentos muy apetitosos. También, villancicos de toda la vida y hasta un pequeño Belén que hizo sonreír a pequeños y mayores. Mientras, en alguna otra vivienda de esa misma ciudad, había actores que interpretaban. En el piso de Eloy estaban cuatro personas, a modo de una sencilla familia, que sabían compartir el calor del amor y el dinamismo de la caridad. Merry Christmas…. FELIZ NAVIDAD. -



José L. Casado Toro (viernes, 19 diciembre, 2014)
Profesor

viernes, 12 de diciembre de 2014

CONFIDENCIAS ÍNTIMAS DE UNA AMIGA, EN LA INMENSIDAD DE LA TARDE.


Desde que ambos terminamos los años de facultad, nuestra relación se fue haciendo cada vez más limitada. Habíamos gozado de una afectiva connivencia en la etapa estudiantil, pudiéndosenos considerar como dos amigos íntimos. Para el divertimento, para la confianza, para el estudio y para todos esos pequeños y grandes problemas que van surgiendo en el día a día. Después, la vida de ambos fue marchando por diferentes derroteros. En fechas concretas siempre mantuvimos el buen tono de esa felicitación, vía telefónica, que se agradece con simpatía y afecto. También, en algunas ocasiones, tuvimos la suerte de coincidir. Aprovechamos, lógicamente, la oportunidad del encuentro para compartir algún café y disfrutar con esas palabras que parecen vitalizar la vieja amistad. Pero la verdad es que cada uno de nosotros tenía ya su estructura vivencial muy consolidada, lejana a esos gratos tiempos, siempre recordados con alegría y nostalgia, de la adolescencia tardía.

De manera inesperada, una mañana recibí un whatsapp, cuyo contenido me dejó ciertamente preocupado. Era de mi entrañable amiga Elena. Ella, casi siempre, solía utilizar la comunicación telefónica directa para hablar conmigo, por lo que el breve texto del mensaje me puso a cavilar.

“Me encuentro muy mal de ánimo. Necesitaría hablar contigo ¿Podemos vernos un ratito, esta tarde o mañana?”

Conociendo bastante a la persona que estaba al otro lado del teclado, vitalista, hiperactiva, imaginativa y maravillosamente traviesa….. me preguntaba ¿qué podía estar pasándole? Sin más dilación respondí al mensaje, ofreciéndole era misma tarde para que pudiéramos dialogar. Le sugerí una conocida tetería, cercana a la Catedral, donde el ambiente suele ser bastante agradable. Añadí una amplia disponibilidad horaria para que ella pudiera, cómodamente, concretar.

Los dos fuimos “británicamente” puntuales. Cuando el reloj de “la Manquita” marcaba las seis silenciosas campanadas, sellamos con un cálido beso nuestro nuevo reencuentro. Elena vestía un sweater color beige, primorosamente calado, de mangas cortas, encima de una fina camiseta blanca. Ella, que siempre había una aficionada a llevar jeans, había dejado de usar esta cómoda prenda a partir su boda. Nunca se me ocurrió preguntarle el porqué. Pero esta tarde ¡oh novedad! traía unos vaqueros ceñidamente ajustados, color azul marino, que hacía más deportivo su atrayente cuerpo femenino, esbeltamente delgado. En él no había hecho mella aparente la gestación de tres hijas, dos en la ESO y la mayor Marian, iniciando ya el bachillerato, en un centro privado de la costa con profesores nativos ingleses.

Efectivamente mi amiga había hecho un matrimonio “bien”, con un arquitecto prestigioso al que conoció en uno de sus primeros trabajos como azafata de congresos. Catorce años mayor que ella, Jaime, divorciado de una alemana, afrontó su responsabilidad al dejarla embarazada. Fue un matrimonio ….. sin amor exultante pero que fue resistiendo el paso de diecisiete años con una acompasada y bien llevada rutina. “Pero ¿qué es lo que te ocurre? mi entrañable amiga”. Un par de zumos, de naranja natural separaban en la mesa a dos viejos amigos que siempre tenían algo que decirse.

“Lo estoy pasando francamente mal, Emil (así me llamaba ella). Sobre mi vida tu conoces mucho más que algunos miembros de la familia. Siempre has estado cerca, aún en la lejanía. Ya sabes que mi matrimonio fue un tanto forzado, aunque ha resistido todo este largo tiempo. No tengo quejas en lo material, por supuesto, pero no ejercer alguna actividad, al margen del hogar, fue un profundo error. Tuve que dedicarme a la crianza de mis hijas. Mi mejor tesoro, claro. Pero ahora, que ya están en la adolescencia, van haciendo su vida como es natural. Es esa vida autónoma que también hace Jaime…. En todos los aspectos. Tengo certeza que a pocos años de lo nuestro, él siguió con sus aventuras de faldas, por aquí y allá. Eso sí, con exquisita elegancia para evitarme humillaciones. Pero una mujer se da cuenta de todo lo que va ocurriendo ¡cómo no! Lo cierto es que ahora me veo cada día más inútil, más aburrida  y, lo más grave, sin esa fuerza y dinamismo que tanto valorabas y apreciabas en nuestro años de facultad. ¿Cómo te lo diría? La poesía, el vitalismo, las ilusiones, han ido desapareciendo en mí. Las horas y los días se han ido convirtiendo en una prosa rutinaria ….. carente de encanto. Sé que lo estás pensando. Lo veo en tu mirada. He pasado por esa dinámica tan nublada de los médicos y el pastillaje. Pero tan son sólo parches que no llegan al fondo del asunto. La medicina tiene que estar en mi…. antes que ir a buscarla en la farmacia. En fin, que me encuentro en un agujero anímico, del que no sé cómo salir”.

Elena hablaba muy despacio, marcando expresivamente las sílabas de sus palabras. Alternaba el movimiento de sus ojos, centrándolos en mi atención y en ese vaso de zumo del que apenas tomaba algunos sorbos. Esta forma de comunicarse era también novedosa, pues mi amiga se había caracterizado, en general, por ser adorablemente impulsiva en su forma de hablar. Tal vez sería el paso del tiempo o el complicado estado anímico por el que estaba pasando.

“Elena, tienes que organizar mejor todo ese amplio tiempo libre que tienes a tu disposición. Los hijos crecen y ves como van haciendo su vida cada vez con más autonomía. Ello te provoca un sentimiento de inutilidad, al no saber emplear bien, rellenar con ilusión y eficacia, las horas que tienes por delante cada uno de los días. Todos hemos de buscar, en nuestro carácter, aquellas aficiones que más nos pueden enriquecer el ánimo”.

No me dejó continuar. Parece que ella venía con una idea prefijada que, al manifestármela, me impactó por lo inesperado de su contenido. Mirándome a los ojos y ruborizando sus mejillas, comenzó a desvelarme las verdaderas intenciones de esta inesperada entrevista.

“Nosotros siempre supimos llevarnos bien. Incluso muchos de nuestros compas me preguntaban si estábamos saliendo juntos. Hace ya mucho tiempo, claro. Yo lo hubiera querido, pero ….. tu no te decidiste. Y mi matrimonio, ya sabes…. Yo sé que tampoco has tenido suerte con tu opción. Pero al menos supiste romper con tu pareja a tiempo, sin que os hubiesen llegado los hijos. Esa situación te ha dado mucha libertad para reorganizar tu vida. En este sentido, muchas veces he pensado y añorado como hubiera sido este trozo de mi vida contigo. ¿No has pensado que tú y que yo aún estaríamos a tiempo de retomar unos sentimientos que, no me cabe duda, tanto en ti como en mí han existido?

“Mi entrañable amiga, bien conoces que siempre he sido sincero contigo. No te voy a negar que siempre me has gustado y que no una, sino muchas veces he dibujado como hubiera sido mi vida junto a ti. Pero la vida nos ha llevado por caminos cercanos, aunque no coincidentes. No sé como sería esa posibilidad que tú acabas de plantearme, muy generosamente. ¿Has llegado a pensar que tienes una familia, tres hijas, todavía adolescentes….. en cuanto a tu marido, aunque no os llevéis… con intensidad, me das a entender que os soportáis y que al menos guardáis las formas.

Es cierto. Nunca, nunca me has dejado de gustar, pero la situación la pienso como muy complicada. Yo no quiero cerrar ninguna puerta, pero necesito tiempo para integrar y asumir esta conversación cuyo contenido ha sido… de impacto. Ahora lo primero, y principal, es que trates de mantenerte ocupada. Cultiva aquellas ilusiones que tanto te caracterizaban. Escribías muy bien. Te gustaba salir a la naturaleza ¡buenas excursiones las que nos organizabas! En cuanto a la destreza con los pinceles, lo hacías muy bien, y parecías disfrutar mucho cuando creabas aquellas bonitas puestas de sol. ¿Y tu círculo de amigas? Déjame un poquito de tiempo, Elena. Necesito ese espacio de oxígeno para asimilar o coordinar tus sentimientos con los míos”.

Ambos vasos de zumo quedaron a medio consumir. Evité cerrar nada, pero, al tiempo, tampoco abrir una posibilidad que era sólo eso: complicadamente posible. Nos despedimos con sendos besos y quedamos en seguirnos viendo al menos una tarde en cada semana.

Cuando caminaba por esas calles tan vacías, pero al tiempo tan llenas, camino de casa, observé una imagen que me dejó gratamente impresionado. Una joven pareja, ella era rubia con los ojos azulados, él parecía africano, con la piel de color, estaban danzando, ambos abrazados, ajenos a cualquier mirada, a cualquier comentario, por parte de un público que caminaba con prisas. Aprovechaban ensimismados el corto espacio del suelo donde aún llegaban los rayos de un sol que adormecía. Seguían bailando, tiernamente unidos. No había orquesta para la acústica musical. Muy probablemente esas notas del pentagrama sonaban, construyendo compases en sus cabezas o tal vez en la percusión anímica de sus corazones. Me alejé de aquel lugar, ya cerca del puerto, mientras esa pareja continuaba con su ingrávida danza sobre las losetas del suelo. “Elena, Elena …… que debería hacer. ¿Podría ser nuestra segunda y definitiva oportunidad?”

Aquella noche, en un acomodado apartamento de la zona Este malagueña, dos personas hablaban, con fría y descarnada claridad, en la intimidad de su dormitorio.

“Debes seguir intentándolo, Elena. Tu siempre has estado pirrada por ese antiguo compañero de clase. Lo nuestro fue forzado, por las circunstancias. Pero ahora, que las niñas son ya mayorcitas, debemos plantearnos nuestra relación. Con franqueza y lealtad. Entre tú y yo ya no queda nada. Es la verdad. Yo tengo mis asuntos afectivos y tú debes buscarte una nueva vía para tu vida futura. Económicamente, no vamos a tener problema alguno. Siempre te ha gustado ese….. Emil, como tú le llamas. No lo dejes escapar, porque es la persona a quien  verdaderamente quieres. Pienso que Emilio te tratará muy bien. Sigue insistiendo con él. Cuando tengas la cosa a punto, arreglamos todos los papeles y de mutuo acuerdo…. cada uno por su lado. Te confieso que deseo unir mi vida con una persona que me hace sentir el por qué de cada día. Seguro que con ese hombre, también tú, vas a encontrar esa felicidad que tanto hemos fingido poseer. Con habilidad y paciencia, debes continuar luchando por un objetivo que es bueno para ti y, por supuesto, también para mi”.  



José L. Casado Toro (viernes, 12 diciembre, 2014)
Profesor

viernes, 5 de diciembre de 2014

COMUNICACIÓN Y EFICACIA. HISTORIAS DE AQUÍ CERCA.



El timbre de la puerta de Marco ha sonado esta mañana muy temprano. Apenas eran las seis y pico, en el amanecer, cuando se despertó sobresaltado ante ese sonido a modo de campanilla que le reclamaba atención desde el pasillo exterior de su vivienda. Un tanto somnoliento y con el pijama aún puesto. observa por la mirilla. Reconoce a la vecina del piso inferior al suyo, Marta, una joven estudiante que tiene esa vivienda alquilada, junto a otras dos compañeras de universidad. Tras abrirle la puerta, la chica le explica que tiene todo el techo del cuarto de baño manchado de agua. Comenta que ya le están cayendo incluso gotas que, de manera afortunada, mayoritariamente lo hacen por la zona de la bañera. El edificio tiene ya más de cuatro décadas y muchos de los vecinos del bloque han ido cambiando y renovando parte de sus viviendas. Pero el problema de las tuberías siempre está ahí, pendiente de darte un mal rato en el momento más inesperado.

Tras pedir disculpas a su vecina, le promete actuar con presteza. Cierra la llave de entrada de agua en el cuarto de baño, dependencia que provoca esa pérdida por alguna de sus partes internas. Dicho lo cual, busca el número de su multiseguros del hogar, comenzado esa gran aventura, hoy día, de la comunicación. La agencia correspondiente está vinculada a un consorcio bancario. Tras efectuar la llamada, una primera respuesta, automatizada como todas las que vendrían a continuación, le indica que si desea ser atendido por un operador personal, le cargarían un euro cincuenta en la cuenta que tuvo que abrir para vincularse a ese seguro multirriesgo, uno de los más económicos del mercado. La cuota anual que tiene que abonar por la protección es de las de más bajo coste entre la competencia. Como consecuencia decidieron contratarla, desde el mismo momento de la compra de un inmueble ya con bastantes años de antigüedad al que, previsiblemente, le podrían salir no pocos “achaques” constructivos.

Marco y su compañera Isa adquirieron esta vivienda de segunda mano, hace ya quince años, cuando decidieron unir sus vidas para la convivencia. Tras efectuarle algunas reformas, quedaron muy satisfechos con el inmueble pues su ubicación es relativamente céntrica, con respecto al centro de la ciudad. Él está en paro en estos momentos, ya que su empresa de reparto urgente hizo una fuerte reestructuración en el personal. Le prometieron que su nombre quedaría reservado en una lista de preferentes para el puesto, cuando la situación económica se dinamizara y de nuevo la rentabilidad llegara a la contabilidad de la misma. Recibe en la actualidad un subsidio de 400 euros al mes, que ya ha sido renovado en dos ocasiones. Por su parte, Isa ahora mantiene unas horas de trabajo para una pequeña empresa de arreglos en las prendas de vestir, por el que recibe un porcentaje por el valor de cada arreglo que realiza. Carece de sueldo fijo y se le permite que trabaje desde su propio hogar. Es una especie de dinero negro, pero que les viene muy bien para subsistir en tiempos innobles para los más débiles. Esta habilidad para la costura la aprendió con su abuela, persona que le crió y le enseñó lo que hoy valora como un pequeño tesoro para afrontar su necesidad y la de su compañero.

Deseando ahorrar el pago por la atención personal (no se le ocultaba que tendría que llamar en más de una ocasión) se dispone a realizar ese itinerario de números vinculados a determinadas prestaciones. Lo que en un principio son siete opciones, se va multiplicando pues cada una de ellas tiene sus diversos apartados, conformando una estructura arbórea, pero sin flores, frutos o ramas. Depende la naturaleza, tipo, clase, ubicación, del siniestro, tiene que ir marcando en el teclado de su teléfono el itinerario correspondiente. Todo ellos en medio de una voz metalizada, como construida o elaborada por medio de un sintetizador, para el que la modulación acústica es inexistente. Es como una programación sonora presidida por unos sonidos desprovistos de naturalidad. Lo más duro de este proceso es que el programa no ha previsto las dudas o aclaraciones pertinentes para el que llama, pues éste ha de someterse, dócilmente, a la rigidez y camino que impone la máquina. Al fin y al cabo es una máquina, el supuesto interlocutor o interlocutora con el que “dialogas”. Y si quieres o necesitas humanizar el intercambio de palabras, el camino es abonar esa “módica” cantidad, por cada llamada, para que te atienda un operador personal.

Al fin había logró dejar sus datos, por lo que a continuación tendría que esperar la visita o llamada previa del operario que repararía su problema con las tuberías del agua. Pasaron dos días sin que se personase personal alguno en su domicilio. Se duchaban como podían, pues no podían hacer uso prolongado de los grifos ya que en este caso las chicas de abajo tendrían que sufrir esa llovizna poco agradable dentro de tu propio domicilio. Y fue al tercer día cuando, sin avisar, se presenta ante su puerta un fornido operario que dice ser fontanero, cuyo nombre es Romualdo. Tras inspeccionar sus lavabos y aseos, le manifiesta que, en su opinión, el problema procede del bajante general del bloque, al cual están comunicadas las tuberías de todos los pisos. Le aclara que él también es albañil pero que su póliza tiene unas limitaciones o parcelas de acción no cubiertas. Como consecuencia le indica que él hará el informe correspondiente pero que se debe poner en contacto con la compañía de seguros para aclarar hasta donde las prestaciones le son cubiertas. Antes de abandonar su piso le confía que en casos similares el siempre llega a un acuerdo privado con los clientes. Y que se ponga en contacto con el seguro general que debe tener la comunidad de propietarios.

La presidenta de la comunidad, una señora viuda de un capitán del ejército de tierra, le facilita el teléfono del administrador del bloque el cual, a su vez, le indica que llamará a la compañía de seguros, entidad que no es la misma a la que está vinculada la vivienda de Marco. Dos días después, se presenta el perito encargado de inspeccionar el siniestro. Una vez que visita las dos viviendas afectadas, le aclara que su seguro afronta el tema del bajante general pero que, en lo relativo a la unión del mismo con los pisos y  los daños y reparaciones interiores de las viviendas, debe ser el seguro comunitario quien afronte tal responsabilidad. Por su parte, el seguro de Marcos afronta la reparación estética del piso de Marta y sus amigas, pero no quiere saber nada de la unión de las tuberías con la general. Parte de estas uniones y conducciones están afectadas, pero las dos entidades aseguradoras se echan la responsabilidad la una a la  otra. Y mientras este litigo de competencias no se resuelva, no piensan actuar ni en la general, ni en el piso de las chicas, respectivamente.

Pasan las días y las tres amigas continúan con la humedad afectando incómodamente a su convivencia. Marco e Isa sufren con el ánimo hundido, pues no son personas de polémicas y conflictos. La dificultad para solventar su aseo diario son más que evidentes. ¿Qué hacer? Por sugerencia de Isa, Marco acude una mañana a una asociación de consumidores, donde expone el caso, buscando asesoramiento y consejo. Cuando las aseguradoras conocen que está de por medio una asociación de esta naturaleza (con reconocido prestigio) se aprestan a modificar su estrategia. En no más de 48 horas, el cuarto de baño de la casa de Marta es pintado. Dos losetas o azulejos, que se habían caído por efecto de la humedad, son también sustituidas. Por su parte, el seguro del bloque también arregla en una mañana el problema del bajante general. Pero queda la tubería que desde la general entra en la casa de Marco. Ahí se enquista el asunto pues esa tubería, que atraviesa el muro de la casa de Marco se encuentra envejecida y afectada. El agua se sigue perdiendo y las humedades aparecen de nuevo en la vivienda de Marta y sus amigas.
   
“Sr. Romualdo, soy Marco, el vecino de la calle Afligidos, 5 C ¿Podría Vd pasarme por mi domicilio, a fin de que juntos podamos hallar una solución a este problema que se nos está haciendo ya interminable?”

“Verá Vd Marco. El asunto es más fácil de lo que parece. Yo le hago un trabajo por el que no tendrá queja. Negociamos un arreglito en cuanto al precio. Y se olvida de todos los problemas. Eso si, debe renunciar a los litigios y pleitos planteados. Vd me paga a mi como pueda. Nada de IVA y facturas. Nos damos un estrechón de manos y todos tan amigos”.

Unos ahorrillos, que Isa había ido juntando con todo el esfuerzo de la previsión, sirvieron para responder económicamente frente a éste hábil personaje llamado Romualdo. El versátil operario actuó con diligencia y en 24 horas la tubería de unión era sustituida y la entrada en el tabique de Carlos perfectamente reparada. No volvería, por ahora, a perderse esa agua que tantos contratiempos había provocado en las dos viviendas.

Un par de semanas después, Marco se afana por anular su póliza de seguros con la compañía del contestador automatizado. Otra vez sufre la cruel aventura telefónica. El menú de los seis ítems, los sub menús y las derivaciones arbóreas de los mismos. Ahí permanece esa enlatada y sintetizada voz que no atiende a réplicas ni a sugerencias mostrando, todo ello, la falta de humanidad en un sistema comunicativo que se retroalimenta a sí mismo en su absurdo mecanicismo. No soportando más esta radiografía plana y desvitalizada, se aviene a pagar el euro cincuenta y una señorita, que utiliza un castellano aprendido mediante un curso por correspondencia acelerado, aparece al otro lado de la línea. Le informa, como una autómata repetitiva, que existe una clausula en el contrato que impide desvincularse del mismo hasta su finalización anual. Tendrá que esperar todavía siete meses. Por supuesto habrá de enviar un preaviso para no prorrogar el vínculo contractual, al menos con dos meses de antelación a la fecha legal de cancelación. Incide en que la segunda cuota, correspondiente al año en curso. la habrá de hacer efectiva el mes próximo. 

Lo más positivo de toda esta historia es que, al fin, Marco ha encontrado un puesto de trabajo. Eventual, eso sí, pero que ilusiona las expectativas de una persona que se quiere sentir útil en la vida. En este momento, se halla trabajando como peón de albañil, ayudando también a Romualdo en sus visitas a las viviendas con los partes de siniestros. Su ahora jefe le ha prometido que, si todo marcha bien, dentro de unos meses hablarán de darlo de alta en la Seguridad Social.-



José L. Casado Toro (viernes, 5 diciembre, 2014)
Profesor