viernes, 3 de abril de 2020

LAS INESPERADAS URDIMBRES TEJIDAS POR LOS CAPRICHOS DEL DESTINO


No son pocas las ocasiones en que, a lo largo del periplo existencial,  te planteas una pregunta de muy difícil o casi imposible respuesta ¿Cuál es este críptico interrogante? Se podría plantear más o menos de la siguiente forma ¿Ese destino que imaginamos presidiendo la ruta en nuestras vidas, tejiendo y destejiendo en complicada dialéctica con nuestra “libre” voluntad, sigue algún plan o proyecto previo para cada uno de nosotros o, por el contrario, actúa de manera caprichosa y sin método, con cada una de las vidas en las que interviene sin que sepamos a ciencia cierta el cuándo o el por qué?

En cuanto a la posible respuesta, los seres humanos solemos creer a veces en una de las opciones, mientras que en otras oportunidades pensamos en la contraria. De una un otra forma,  acabamos aceptando esa influencia “inexplicable” e inevitable del destino, el azar o el misterio divino, según mentalidades o creencias, pues tiene que haber algún origen que coordine todas esas respuestas que tanto asombran y motivan nuestra reflexión.

Todo comenzó en aquella ingrata noche del sábado, a inicios de Marzo. En esas horas para el “reinado” de las estrellas, Axiel se despertó sobresaltado y nervioso, a consecuencia del “sonoro” repiqueteo de su I Phone, en plena madrugada. No acertaba a coordinar muy bien los movimientos, tras el inesperado y súbito despertar. Al fin tomó el móvil, que descansaba bajo un par de libros encima de la mesita de noche, comprobando que las cifras digitales marcaban las 4:45 del nuevo día. Pulsó la tecla del “responder” y de inmediato, al otro lado de la línea, escuchó la voz entrecortada de una compañera de trabajo, Nadia, que se mostraba acústicamente emocionada. “Me ha llamado hace unos minutos Elvira, que se ha enterado por Aarón, nuestro jefe. Ha ocurrido esta tarde/noche, cuando volvían de esa corta escapada para el fin de semana, desde el sur de Portugal. Un terrible accidente de tráfico… han chocado contra un tráiler. La inmensa desgracia se ha cebado con Simón y su mujer Clara…” La compañera y amiga no pudo seguir hablando, porque entró en una dinámica de gemidos nerviosos. Axiel trató de controlar sus primeros impulso, esforzándose por ordenar sus ideas, aunque lo prioritario era intentar tranquilizar a la compañera que estaba al otro lado de la comunicación telefónica. “Cálmate Nadia. Entiendo el alcance de la trágica noticia. ¡Cómo pueden suceder estar terribles cosas! Mañana por la mañana nos reunimos en el estudio, por ejemplo sobre las 11, aquellos que podamos. Entonces trazamos un plan de acción. Tómate algún calmante y trata de descansar”. Su pareja Eva, también se había despertado e incorporada sobre las sábanas, con los ojos bien abiertos, preguntando acerca de qué estaba ocurriendo.

En la mañana del domingo todos los compañeros que trabajaban en un céntrico estudio de diseño gráfico se hallaban ya reunidos en la espaciosa oficina, visiblemente afectados. Lamentablemente faltaba Simón, quien el día anterior, volviendo con su mujer Eva desde la ciudad de Faro, había perdido la vida en un desgraciado accidente de tráfico a consecuencia del choque que su vehículo había tenido con un camión tráiler para el transporte de mercancías. Comenzaron a efectuar llamadas a la familia del compañero fallecido, inquiriendo algunos datos acerca de la hora del sepelio fundamentalmente. Fue precisamente Axiel quién logró contactar con la única hermana de Clara, llamada Dorotea. Esta persona les transmitió los datos que solicitaban, dándoles al tiempo la única buena noticia en las ultimas horas: la única hija que tenía el joven matrimonio, Noemí, de siete años de edad y que viajaba con sus padres, ambos fallecidos, había salido ilesa del fatal accidente.

Axiel y su mujer Eva se llevaban muy bien con el difunto matrimonio. Precisamente la niña que había quedado trágicamente huérfana, a tan corta edad, iba al mismo colegio de las Teresianas en donde estudiaba su también única hija, Alba. Eran amigas y compañeras de clase, en un segundo curso de educación primaria. Los dos matrimonios solían compartir no solo las salidas al campo de excursión algunos fines de semana, sino que también pasaban muchos días de verano en la playa, donde las dos pequeñas amigas disfrutaban con sus juegos y ocurrencias. En el funeral, desarrollado durante la mañana del lunes, Axiel y Eva quedaron impresionados ante la mirada de dolor y tristeza que tuvieron que contemplar en Noemí, quien a pesar de sus pocos años era consciente del duro cambio que iba a sufrir su vida, sin la compañía insustituible de sus padres. Junto a los demás familiares, la niña estaba completamente rota anímicamente. Fue precisamente su mujer Eva quien, al acercarse a Noemí para abrazarla, le dijo a la amiga y compañera de su hija una cariñosa y significativa frase “Pase lo que pase, nunca te vamos a dejar sola.”

Aquella misma noche, después de la cena, Axiel y Eva estuvieron comentando acerca de la pequeña Noemí y la situación de orfandad en la que quedaba sumida.

“La niña va a estar de momento bajo la protección de su tía. Es el familiar más directo que tiene. En realidad no se trata de una familia muy grande o ramificada. El problema que yo veo en el asunto (decía Axiel) es el carácter de esa mujer, pues el propio Simón en ocasiones me explicaba las no muy buenas relaciones que ambas hermanas mantenían. Me comentaba que Dorotea, la hermana mayor (le llevaba a Eva casi ocho años) tenía una forma de ser un tanto complicada, pues era persona autoritaria y bastante egocéntrica. Parece ser que las posibles parejas que se acercaron a ella, se alejaron con presteza un mucho escaldados de esta difícil mujer. Lo cierto es que a sus cuarenta y pocos años que debe tener permanece soltera. Creo que trabaja en el Registro Civil como auxiliar administrativo y que está muy metida en asociaciones o grupos políticos de tendencia bastante conservadora. En fin confiemos que, con sus cualidades y defectos, sepa ser un poco madre de una niña que ha quedado en situación tan dramáticamente desvalida. Intentaremos, en la medida de lo posible, que siga encontrado el mayor calor afectivo en nuestra hija, pues Noemí y Alba siempre se han llevado bastante bien. Se conocen desde hace años, van al mismo colegio, son buenas amigas y curiosamente nacieron en la misma anualidad”.

No se equivocaba Axiel en el planteamiento que le hacía a su mujer, pues las oportunidades de hablar con el añorado compañero y amigo Simón, acerca de su familia, se habían repetido con frecuencia. Pasaron casi dos semanas de esos desgraciados eventos, cuando un jueves por la tarde y desde la propia oficina telefoneó al domicilio de Dorotea. Después de interesarse por la situación anímica de la pequeña (que ya había vuelto a sus obligaciones escolares) y ofrecerse para lo que fuera necesario, sugería a la tía de Noemí la posibilidad de que su sobrina pasase el fin de semana con ellos, teniendo en cuenta los interesantes hábitos de amistad que las dos niñas mantenían, cuando las dos familias se unían para hacer excursiones, asistir a ciertos eventos y pasar, en definitiva, gratos momentos juntas. La respuesta que recibió por parte de su interlocutora fue del todo punto decepcionante. Esta señora le indicó, sin mayores rodeos, que la niña tenía marcado un completo plan de trabajo para el fin de semana. Que aparte las obligaciones de estudio, tenía que ir aprendiendo a cumplir determinados quehaceres en la casa. Y que ella misma se encargaría que tuviera algunos ratos de ocio, ahora que estaba mejorando el tiempo. Ella estaba dispuesta a corregir muchos de los comportamientos de la pequeña que, en su opinión, no había sido bien educada. Aparte del desabrido “portazo” que recibió por parte de la rígida señora a sus buenas intenciones, destacaba sobre todo que la tía de Noemí había evitado cualquier palabra o gesto de agradecimiento con respecto al contenido global de su llamada telefónica. Ya en casa, intentó “suavizar” la frustrante respuesta que había recibido, para no entristecer en demasía la ilusión que Alba se había hecho, acerca de tener a su amiguita con ella en casa durante ese fin de semana.

Apenas llegaron más noticias de la pequeña Noemi al domicilio de la familia Nancia Brevales, salvo algunos comentarios que Alba hacía en los momentos de mayor confianza con sus padres (cuando éstos le preguntaban por su compañera y amiga de clase) en el sentido de que cada vez veía a su amiguita menos alegre. “Sí, jugamos juntas en el recreo, pero ya no se ríe como antes. El haber perdido a sus papás tiene que haber sido una cosa muy grande para ella. Un día se atrevió a decirme que su tía la trataba con mucha severidad. Cuando le pregunté por qué me decía eso, se puso aún más triste, por lo que le dije “anda, vamos a jugar. No pienses en esas cosas.” Y así fueron avanzando las semanas y los meses en el calendario, con la siempre esperada y alegre llegada del verano y las vacaciones escolares.

Una “aterralada” noche de junio, serían poco más de las diez, la familia Nancia Brevales se encontraba cenando en la terracita de su piso, cuando sonó el móvil de Axiel. No reconocía el número de la llamada entrante, aún así la aceptó preguntándose quién podría ser. Al escuchar la voz de su interlocutora, no tuvo la menor duda acerca de quien se trataba.

“Hola, soy Dorotea. Te llamo porque esta tarde he tenido un severo problema con mi sobrina. Se me ha enfrentado violentamente, al mandarle que hiciera sus obligaciones en la casa. Con casi ocho años que tiene, no voy a tolerar que no me obedezca y menos que se me enfrente la niña. La he castigado y cuando después he vuelto a su cuarto he visto que no estaba. No me explico cómo ha podido salir de la casa. Su rebeldía ocurrió sobre las cuatro de la tarde y aún no ha vuelto. Estoy muy preocupada. La cosa es que no se qué hacer. A eso de las nueve he llamado a la policía, y después de tomar nota los agentes me han pedido que contacte con aquellas personas que la niña pueda conocer para ver si éstos la han visto o tienen algún dato que pueda ser útil para localizarla”. Por eso te he llamado, pues sé lo que ella os aprecia”.

Axiel había puesto el modo altavoz a su teléfono, por lo que Eva escuchó la exposición que hacía esa angustiada señora. Fue precisamente ella, la madre de Alba, quien tuvo una reacción inesperada. Le hizo una señal a su marido, indicándole algo así como que esperara. Se encaminó con presteza hacia la entrada de su piso, seguida de Axiel y su hija, abriendo la puerta con una “maternal” y maravillosa intuición. Ante sus ojos, recostada en el suelo, aparecía la tierna figura de Noemí, con la cabeza reposando entre sus brazos cruzados sobre las rodillas. Estaba profundamente dormida. Había tenido que recorrer a pie, hasta llegar un piso que bien conocía, más de dos kilómetros y medio de distancia lineal. El cansancio de la pequeña era manifiesto. Rápidamente Axiel comunicó a su tía Dorotea el preciado y tranquilizador hallazgo, a fin de que comunicara sin mayor dilación con la policía, para retirar la denuncia. Aparentemente la niña se encontraba bien, aunque lógicamente muy cansada. Eva la tomó en sus brazos y la acarició amorosamente. Axiel volvió a contactar con Dorotea y con firme energía le dijo:

“Señora, no debe preocuparse en este momento por el estado de su sobrina. Como le he comentado, hemos encontrado a Noemi en la puerta de nuestro domicilio, a donde ha llegado por su propia voluntad. La vamos a cuidar perfectamente esta noche y le daremos lógicamente de cenar.  Se la ve muy asustada, por lo que va a dormir junto a mi hija Alba (conocerá que son compañeras de colegio y muy amigas). Mañana, tras el aseo y el desayuno, la trasladaremos hasta su domicilio. En todo caso, nosotros nos seguimos ofreciendo para ayudarla, sin otra condición, en lo que mejor necesite. No olvide que en vida de sus padres, la relación entre las dos familias era muy amistosa y fraternal”.


Aquella noche Eva se quedó un buen rato junto a la cama donde descansaban las dos pequeñas amigas, comentando con ellas alguna de esas  historias agradables que ayudan a conciliar el sueño. A la esposa de Axiel no le faltaban recursos para ello, pues desde hacía años trabajaba en una pequeña editorial local. Ya en la mañana, tras el desayuno, Axiel y Eva le explicaron a Noemi que tendrían que llevarla a su domicilio, a lo que la niña se oponía con fuertes y nerviosos sollozos. Ante esta situación, Axiel se armó de valor y acudió solo a la casa de Dorotea, para tratar de encontrar una solución inteligente para todas las partes. Aunque en un principio la entrevista fue bastante tensa e incluso crispada por parte de la tía de Noemí, poco a poco la situación se fue calmando, aceptando a regañadientes esta señora que los fines de semana su sobrina los pasase con la familia de Axiel y Eva, amigos íntimos de su hermana y marido ya fallecidos.

Esos fines de semana se fueron racionalmente ampliando, para felicidad e inteligencia de unos y otros. Alba y Noemí se consideran  no sólo buenas amigas y compañeras de colegio teresiano (y, desde ahora, en la academia de música y en la práctica de la natación) sino incluso “hermanas” para con todo lo material y afectivo. Se sienten perceptiblemente felices, con su sorprendente y nueva forma de vida. Axiel y Eva por su parte aceptan y disfrutan con esa “ampliación” familiar, que el destino ha decidido llevar a sus puertas. En cuanto a la señora Dorotea, fue entrando paulatinamente en razones a fin de entender que, sin perder en absoluto el vínculo parental con su sobrina, ahora volvía a tener más tiempo libre para dedicarlo a sus otras muchas actividades, en el campo de la sociopolítica, además de sus obligaciones laborales en el Registro.

Nos podemos preguntar entonces ¿los avatares de esta u otras múltiples historias estaban ya programados en la “mente” de esa “mano”  misteriosa que mueve los destinos individuales y colectivos de las personas? Tal vez sí o tal vez no. Lo cierto es que sin la voluntad indeclinable de todos aquellos seres que han de protagonizarlos, difícilmente habrían podido llevarse a efecto esos mismos recorridos. Parece lo lógico, aunque también no son pocas las ocasiones en que nos seguimos preguntando si realmente nuestra voluntad sirve de mucho, en todos los vientos cambiantes y racheados que alteran y transforman las rutas caprichosas de nuestras existencias.-



LAS INESPERADAS URDIMBRES TEJIDAS POR 
LOS CAPRICHOS DEL DESTINO




José Luis Casado Toro
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
3 Abril 2020

Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es           


viernes, 27 de marzo de 2020

EL SALUDABLE PODER DE LA MENTALIZACIÓN, PARA LOS ESTADOS CARENCIALES.

Las personas individuales y la colectividad de la sociedad a la que pertenecemos nos vemos obligados a soportar, en muy distintos momentos de nuestras vidas, situaciones incómodas, desagradables, injustas y en ocasiones de muy difícil explicación o racionalidad para su necesaria interpretación. La dificultad para conocer, asumir y superar estas más o menos duras o insufribles experiencias es del todo punto evidente. No siempre tenemos a mano los recursos, materiales y anímicos, para sobrellevar su anómalo, temporal o permanente, perjuicio. En este sentido, se suelen en muchas ocasiones sobrevalorar los medios materiales para ese inexcusable fin que es la superación del problema. Sin embargo, más pronto o tarde, nos veremos obligados a fortalecer, redimensionar y “reprogramar” la estructura psicológica que nos sustenta, a fin de reaccionar anímicamente contra esas carencias y sufrimientos que enturbian, con opacos nubarrones, la vitalizante y alegre cobertura que nos proporciona la luz solar. Valga esta simple metáfora para explicar los fundamentos últimos de nuestra humana y necesaria reacción.

El poder y la fuerza de la mente resulta fundamental, en esos momentos carenciales que tanto nos hacen sufrir y agobiar nuestra frágil existencia. La acción de nuestra inteligencia puede ayudarnos a relativizar esos problemas que nos abruman banal o exageradamente, magnificando situaciones que en realidad no son tan complicadas, aliviando angustias, desánimos, bloqueos y desesperanzas. Todo ello con ese fácil proceso de acotar racionalmente el problema, asumirlo, integrarlo, tratar de relativizarlo y, en la medida de lo posible, solucionarlo. 

¿Y cuáles serían las situaciones en que mejor habría que aplicar ese efecto colaborador y salvador de nuestra mente? Preguntó en voz alta, uno de los cinco asistentes (Azarías Bianco) a una sesión de terapia grupal, desarrollada en la sala de reuniones de la concejalía de Acción Social en el Ayuntamiento de Málaga. En ese preciso instante la joven pero experta coordinadora de la acción grupal, Luz María, amplió su breve introducción previa.

“Recordad que en determinados momentos tenemos que protagonizar vivencias que nos resultan un tanto o un mucho desagradables. Y no tenemos más remedio que asumirlas y aplicar paciencia hasta que podamos ponerles fin, con mayor o menor éxito. Por ejemplo, pensar en cuando os tienen que hacer una resonancia magnética, y tenéis que estar durante muchos minutos encerrados en un incómodo cilindro metálico, escuchando un ruido continuo, ciertamente incómodo y ensordecedor. O cuando estáis tendidos en la cama de un hospital, horas y días, “atados” a ese gotero por el que se os aplica la medicina. En otras ocasiones nos encontramos en algún espacio completamente rodeados de muchas personas. Sentimos un cierto agobio, porque apenas podemos movernos con tanta muchedumbre a nuestro alrededor. Nos invade una cierta “claustrofobia” pero no podemos “huir “ de ese desagradable espacio en el que nos hallamos. Tenemos que aplicar paciencia y esperar para “escapar” de ese muy densificado lugar. También cuando hay días en que todo parece que nos ha salido mal. Se nos han acumulado situaciones y hechos desagradables, fracasos, frustraciones, errores, etc. por lo que llegas a sentirte el ser “más desafortunado del mundo” preguntándote ese interrogante de ¿y por qué a mí? sin hallar o encontrar una racional respuesta. Recordad esos momentos de alta tensión en un examen o, por ejemplo, imaginaros esos países que se ven azotados por oleadas víricas epidemiológicas y, aparte de los enfermos en los hospitales,  al resto de la ciudadanía se les obliga a permanecer recluidos en sus casas, semanas y semanas sin poder pisar la calle, salvo por motivos muy específicos (como el comprar alimentos o el ir a la farmacia o a la asistencia médica), todo ello con el objetivo superior e insoslayable de evitar o paliar los contagios. 

En todos estos y otros muchos casos, recurrir a esa importantísima facultad de nuestro organismo, como es la mente, puede ayudarnos a paliar, a mejorar o salir de ese bloqueo, desánimo o incluso pánico, por el que nos sentimos profundamente mal, fundamentalmente porque no hallamos o aplicamos las adecuadas respuestas para superar el “atolladero” en el que nos sentimos inmersos. Además de la “empatía” que puedes tener con los protagonistas de una historia, si te entregas a la lectura de un libro o al visionado de una película, la practica de un paseo o un ejercicio deportivo, el ameno diálogo con una persona de tu confianza, todo ello son buenos recursos para salir del incómodo marasmo en el que te encuentras. Pero también, a través de tu mente, puedes recrear o imaginar situaciones agradables, relajantes, confortantes, en las que te veas protagonizándolas o con la intención de hacerlo a la mayor premura. Esa mentalización puede ayudarte a soportar mejor esos bloqueos o incluso te van a insuflar fuerza anímica, a fin de tener más recursos y capacidades para soportar el mal momento que atraviesas o a sentirte más esperanzado de un cambio en el futuro, a fin de compensar la dura o desagradable experiencia que te aturde y te hace sufrir.

¿Algunos ejemplos concretos de esta mentalización? Pensad en que estáis paseando tranquilamente por la orilla del mar, tal vez descalzos, sintiendo el masaje de la arena sobre vuestra epidermis y el jugueteo agradable que hacéis con ese oleaje que llega hasta vuestros pies. O por ejemplo en que vas a desarrollar ese saludable caminar por los bellos, variados y múltiples senderos que gratuitamente la naturaleza comparte y pone a nuestra libre disposición. Estas vivencias las podréis llevar efectivamente a cabo en muy corto plazo de tiempo, pero al menos lo importante ahora es sentirlas como propias. Con la convicción y “obligación” de protagonizarlas, no sólo mentalmente en vuestra imaginación, sino en la propia y específica realidad. 

Resulta de suma importancia que os sintáis también protagonistas literarios, acompañando a esos interesantes personajes que aparecen en las páginas de los relatos y las novelas. Y también ¿por qué no? “actores” en esas películas que tanto os apasionan, compartiendo la acción y la trama escenificada, durante esos otros trocitos de vida que se nos ofrece durante 90 o más minutos en cada proyección fílmica. ¿Por qué no hacerlo, aplicando ese poderoso recurso de nuestra imaginación?

En todo caso, hay que repetirlo, lo importante es que sintáis la ayuda y la fuerza de vuestra mente, a fin de (repitiendo el esquema) acotar el problema, ordenar las dificultades y carencias, asumirlas con valentía, para comenzar a buscar, lo antes posible, pequeñas soluciones que pronto se harán grandes, por la satisfacción de haber ido resolviendo la ingratitud de la suerte, los caprichos del azar o la “desafortunada hora” en que no supimos evitar nuestros propios e irresponsables errores.

Ahora os dejo la libertad de la palabra, para que tengáis la gratitud y valentía de compartir algo de vuestros pesares y problemas. No dudéis que este va a ser vuestro primer paso para avanzar en ese camino hacia la meta que todos anheláis: sentiros un poco mejor.”  

Después de unos nerviosos segundos, en los que nadie levantaba la mano para intervenir, fue Ana, una mujer de mediana edad, probablemente tendría los cuarenta años avanzados, la primera en hacer una señal con valentía a fin de exponer o ampliar el caso que soportaba y que la había llevado a repetir su asistencia a esta terapia de acción grupal.

“Hola, amigos. Ya os comenté la semana pasada algún datos acerca de mi persona. Pero como en el día de hoy han venido tres personas nuevas, los voy a resumir. Actualmente trabajo en una modesta empresa de limpieza, que lleva algunas subcontratas para el aseo diario de algunos bloques de pisos repartidos por toda la ciudad. Tengo una hermana, con la que no me llevaba bien y que hace años se marchó a trabajar al norte y no he vuelto a saber nada de ella. Mi padre, que ya no vive, ejerció de panadero durante muchos años. En cuanto a mi madre, estaba dedicada a la casa, aunque sacaba horas por las mañanas para limpiar algunas casas particulares, en el barrio noble del Miramar/Limonar. Esa madre era quien se encargaba de educar a sus dos hijas, aplicando mano muy dura, lo que a mí, menos a mi hermana, me ha dejado secuelas. Uno de sus “castigos” era encerrarnos en una cuartucho oscuro, que ella llamaba “el de los ratones”, cuando interpretaba que nos habíamos portado mal. El estar allí encerrada durante horas me producía un pánico que ni aún en la madurez he logrado superar . La falta de luz me produce, aún hoy, escalofríos y sensación de pánico. Mi única familia soy yo, pues aunque tuve algún pretendiente en mis “años mozos”, todos ellos iban a “lo que querían y necesitaban”. Una vez satisfechos, “ahí te quedas” y adiós. Ese terror a la oscuridad hace que incluso de madrugada tengo que dormir con la luz encendida, pues creo ver sombras por aquí o por allá. Me encuentro sola, desamparada, con un sueldo que apenas me da para vivir. No estudié porque mi padre decía que tenía que estar en casa, haciendo las tareas, mientras que mi madre iba a limpiar a las casas de los señores “bien”. He venido hasta aquí buscando un poquito de ayuda, pero también un mucho de amistad.”

Unos y otros presentes alababan (con gestos mímicos o con palabras) la franqueza y valentía de la compañera Ana, aportándole algunas ideas y sugerencias que, en los últimos minutos de la sesión,  Luz Mª, la psicóloga, se encargaría de resumir para la concreción.

A continuación levantó la mano un chico joven. Aparentaba “veintipocos” años de edad, aunque después de su intervención muchos entendieron que su “edad intelectual” no coordinaba con el físico que ofrecía.

“Mi nombre es Borja. Es mis tiempos de estudiante durante la secundaria tenía un buen rendimiento y cuando superé la Selectividad me matriculé en la facultad universitaria de derecho. Pero no sé bien qué me pudo ocurrir, tal vez algunas compañías y amistades, porque comencé a entrar en una dinámica de gastos, que mis padres se vieron obligados a cortar. Me convertí en un comprador compulsivo, no sólo de productos informáticos y electrónicos, sino también de ropa cara, de marca. Y empecé a entrar en el mundo “embriagador” de la motorización. Seguro que lo estáis pensando: ¿de donde sacaba yo “la pasta”? Pues, cuando el grifo paterno se cerró, totalmente, comencé con otra dinámica alocada y no menos enfermiza: apropiarme de lo ajeno. Me sentía con gran habilidad y autosuficiencia para ello, obteniendo buenos “réditos” para mis ostentosos gastos. Pero lo que tenía que pasar, ocurrió. Una vez me pillaron y, a pesar de todos los esfuerzos de mi padre, inspector o perito de seguros, con gran disgusto tuvo el hombre que soportar que me “cayeran” dos años. Por buena conducta, sólo cumplí doce meses. Las puertas de mi casa se cerraron para este hijo que sólo sabía avergonzar y hacer sufrir a sus progenitores. Pero el “gusanillo” de las buenas compras, compulsivas por supuesto, no había muerto en mí. Así que entré en la última y más degradante etapa, a fin de conseguir dinero fácil. Es muy duro decirlo, pero me convertí en el “compañero o amante” joven y guapo de gente depravada, con muchos años y más dinero, para hacer… y tomar “de todo”. Durante dos años y medio he estado inmerso en la ciénaga de lo más repelente. A mis veintinueve tacos, no sé si mi vida tendrá ya aún arreglo. Mi santa madre, Eugenia, me localizó hace unas semanas y me facilitó esta posibilidad, que en un principio rechacé. Pero ver a una madre llorando y sufriendo por tu forma de ser y actuar, es algo que te vence. Por eso estoy hoy aquí. Sólo por ella, pues yo no creo tener muchas soluciones para mi desordenada vida”.

Tras el impacto anímico de esta muy cruda y sincera confesión, Luz María entendió que las dos intervenciones eran lo suficientemente importantes y complicadas, para seguir avanzando con otras exposiciones. Los tres intervinientes que restaban lo comprendieron perfectamente y pospusieron para la semana siguiente la profundización en sus respectivos problemas. 

Tanto la psicóloga directora del programa de ayuda, como el resto de los presentes a la reunión, comenzaron de inmediato, aplicando el mayor desenfado y amistad, a realizar una serie de comentarios, sugerencias y pequeñas aportaciones de indudable interés para ayudar a dos compañeros que lo estaban pasando realmente mal. Azarias le dijo a Borja que en el centro distribuidor de mercancías, donde él trabajaba, estaban haciendo contratos temporales de una semana, que normalmente iban renovando sin problema alguno. El ponerse a trabajar duro era un primer paso para ir “limpiando” una trayectoria que no era elogiosa en su vida, sino todo lo contrario. Alba, otra de las presentes, le sugirió al atribulado joven que buscase sin descanso a una buena compañera con la que encontrar el apoyo necesario para encauzar su desordenada vida por el camino siempre necesario de la normalidad. Ella había tenido la suerte y la oportunidad de “conectar” con una buena y equilibrada persona, con la que actualmente estaba conviviendo, que le daba cada uno de los días la fuerza imprescindible para luchar y abandonar esas tendencias depresivas y suicidas, que durante tanto tiempo le habían atormentado. La fortaleza física de Modesto, que hasta la presente había permanecido muy callado, intervino a continuación con un planteamiento práctico, para el agobio y el pánico que le provocaba la oscuridad a la limpiadora Ana.
“No sé si conoces que me gano la vida con el multiservicios. Para que lo entiendas, sé hacer un poco de todo, electricidad, albañilería, fontanería y todo eso que es necesario para reparar nuestras viviendas. En este fin de semana me indicas donde vives y me paso por tu domicilio para mejorar el sistema de iluminación… en lo que se pueda. Te instalo unas bombillas de luces led que se te van a encender y apagar cuando entres o salgas de una u otra habitación. En cuanto a tu dormitorio puedo instalar unes luces de seguridad, que tienen un mínimo consumo, y que van a mantener una luz cálida durante toda la noche. Y podremos dar un repaso a las ventanas, para hacer unas reparaciones que te ayuden a enriquecer la luz natural, la mayor parte del día. Además , con un curioso sistema de espejos, podemos aprovechar mejor la luz que te llega de las farolas callejeras”.

Tras la práctica intervención de este trabajador del multiservicios, que se encontraba en una fase inicial en su lucha contra el alcohol, la coordinadora Luz María volvió a reincidir en su planteamiento inicial: la fuerza potencial de nuestra mente para enfrentarnos a esos problemas que tanto nos agobian y condicionan, con un arma que resulta del todo eficaz, como principio. De nuevo repitió el esquema que todos deberíamos seguir: el asumir el problema como tal, en primer lugar. De inmediato, acotarlo, en sus justos términos. Después, relativizarlo en lo posible, fase muy importante porque en la mayoría de los casos la mayoría de las personas suelen magnificar en exceso la trascendencia o incidencia del mismo, cuando no existe un fundamento racional para ello. Por último, comenzar a buscar soluciones, que pueden ser pequeñas e indirectas en esa fase inicial, pero que con la consecución de algún pequeño avance o mejoría puede facilitarnos un rédito esperanzador que nos hará mucho bien y sustentará nuestra posterior acción sobre el conflicto. Y sobre todo, como plataforma inteligente de acción, tratar por todos los medios de no luchar en aislamiento, sino con la ayuda de otras personas quienes muy probablemente no dan ese paso solidario porque desconocen la realidad básica de nuestro problema, aquello que tanto nos aturde y nos hace sufrir.

En esa tarde de miércoles, Luz tenía concertada una cita médica a la que llevar a su hija pequeña que se encontraba acatarrada. Pero los otros cinco asistentes a la terapia grupal acordaron, a su finalización, desplazarse a una cervecería cercana, a fin de compartir juntos unos minutos de relajada conversación para el mutuo conocimiento y la cálida proximidad en la amistad.-


EL SALUDABLE PODER DE LA MENTALIZACIÓN 
PARA LOS ESTADOS CARENCIALES

                                                                                                                          
                         

José Luis Casado Toro
Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga
27 Marzo 2020
Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es