viernes, 23 de octubre de 2026

TEMOR A LA OSCURIDAD

Hay elementos y sensaciones de la vida cotidiana que a muchas personas les produce inquietud, nerviosismo, angustia e incluso miedo. Los ejemplos serían poco menos que “infinitos”, pues ese desasosiego que generan depende lógicamente del carácter y temperamento de la persona que lo recibe. De todas formas, citemos algunos ejemplos muy ilustrativos. El fuego de un edificio en llamas. El desbordamiento de un río que atraviesa la ciudad. El ruido de una puerta que se abre, en la profundidad silenciosa de la noche. La espera de una prueba médica que puede significar grave enfermedad. El cruzarte con un gato negro que se te queda mirando. Recibir el regalo de una prenda con un determinado color, especialmente el amarillo. Un cielo tormentoso con fuerte aparato eléctrico y una intensa lluvia que limita la visión. El sonido de un grifo que gotea en el silencio nocturno. Un hombre tuerto o bizco, que te mira con intensidad. Y así un largo etc. en  el malestar. Para el relato de esta semana, vamos a centrarnos en el exagerado miedo que algunos sufren con la oscuridad. 

Desde unos meses después de su nacimiento, NATI, la segunda hija de CEFERINO (vigilante de una empresa de seguridad) y PAULA (auxiliar municipal para ayuda a la dependencia) manifestaba una reacción excesiva a la oscuridad. Lloraba cuando le apagaban la luz. No se atrevía, al paso de los años, a entrar en una habitación a oscuras. Cuando hacían una excursión al campo, sentía también pánico si penetraban en una zona boscosa, con densos y elevados árboles que oscurecían el ambiente interior. Dejó prácticamente de asistir a una sala de cine, porque al apagarse las luces le generaba una sensación de agobio que intranquilizaba su estado para disfrutar de la película que se proyectaba. Curiosamente, su vestimenta también quedó condicionada para elegir colores claros y sobre todo el blanco. Rechazaba los colores oscuros. La relación con su hermana ELENA (no padecía esta obsesión) era más bien fría, prefería jugar con las vecinas de barrio o de escuela. Incluso los bolígrafos que usaba tenían que ser de color azul o rojo, nunca de tinta negra. 

Ceferino y Paula estaban muy preocupados de que su hija Nati, una niña con 5 años tuviera que dormir con la luz encendida de su dormitorio. Lo grave es que pasaban los años y lo que consideraban un capricho infantil no desaparecía. Ese miedo a la oscuridad exigía ser analizado por un especialista cualificado. No habían tomado esta decisión con anterioridad pues pensaban que con el crecimiento esa prevención o respuesta irracional desaparecería. La clínica de ayuda psicológica AMANECER gozaba de un gran prestigio en la ciudad, Era de titularidad privada y sus especialistas trataban todo tipo de problemas, determinados por la conducta laboral, escolar y familiar. También las adicciones y los comportamientos compulsivos.

La psicóloga MÓNICA Lenz Trueba se encargó del tratamiento de Nati. Tras una primera toma de contacto con la niña, aconsejó que las sesiones fueran semanales, pues era un caso que parecía complicado. La clínica también tenía un departamento de Psiquiatría, para el tratamiento de los casos más graves, con lo que podían recetar los fármacos más adecuados a la dolencia. Además de la psicóloga Lenz, otros compañeros también se interesaron por el caso. Captaron un detalle que se dispusieron a seguir en su investigación. Nati hablaba espontáneamente de sus padres, de su vecina Dafne, de su compañera de clase Natalia, pero a menos que se le preguntara, no se refería a su hermana Elena y cuando se le preguntaba de forma directa por su hermana respondía con monosílabos o con palabras sueltas, asépticas y desde luego con el rostro escasamente efusivo. “¿Os lleváis bien o regular? Sólo regular. Ella es dos años mayor. Yo juego a unas cosas y ella a las suyas”. El equipo que llevaba el caso consideró llegado el momento de ir analizando las respuestas de los familiares y de los amiguitos que más trataban y jugaban con Nati. 

Hablaron detenidamente con Ceferino y Paula, quienes manifestaron la normalidad de la vida familiar. Ciertamente, el carácter de ambas hermanas era diferente, pero como sucede en la mayoría de los hogares los hermanos discuten, disienten, se enfadan. En estas edades pequeñas, el egocentrismo infantil es importante y el sentido posesivo muy fuerte. “Por nimiedades se enfadan y al rato ya están juntas”. 

Dedicaron también una sesión para dialogar con Elena, que estaba a punto de cumplir sus 8 años. Al principio la niña estuvo un rato a la “defensiva”. Era claro que no se sentía a gusto respondiendo a Mónica y Jacobo, ambos psicólogos. También la psiquiatra EVA Lama dedicó bastantes minutos para dialogar a solas con la hermana de Nati. Los especialistas estudiaron las respuestas y analizaron los dibujos que habían pedido a las dos hermanas que hicieran, sobre diversos temas, por supuesto sencillos, nada complicados. “Dibuja un bonito paisaje, y ponle un título que te agrade”.  “A ver por te sale dibujar un payaso”. “Te atreves con un fantasma que pueda dar miedo? Ahora vamos a dibujar un día con fuerte lluvia” “Ahora vamos a dibujar un hombre llamando a una puerta”. 

Como ya se ha indicado, este sistema de dibujos sugeridos por los técnicos también fue empleado con Nati. “Vamos a intentar dibujar la luz” La pequeña pintó un gran sol con una gran sonrisa. También se le ocurrió pintar una bombilla. “Eres una artista, a mi no se me habría ocurrido. “Pero ahora te lo vamos a poner más difícil. ¿Cómo podrías dibujar la oscuridad?” Tras pensarlo unos segundos, Nati tachó el sol y la bombilla y con el lápiz ennegreció la cuartilla. Su rostro cambió de la sonrisa a la seriedad. “Y cuando se va la luz, ¿ves alguna figura, ya sea ser humano o animal? Tras unos segundos de duda, la niña comenzó a llorar muy compungida. Le dieron un vasito de naranjada para que se calmara y entonces comenzó a dibujar sobre el papel ennegrecido una cabeza con grandes ojos muy abiertos, la boca la dibujó abierta de la que sobresalían dos grandes colmillos, la cabeza no tenía cabellos. “Pero ese señor quién es? Un fantasma malo, me asusta y paso mucho miedo”. ¿Y cómo va vestido? Pero Nati estaba temblando y consideraron parar de inmediato. Mónica se la llevó a la sala de juegos y la mantuvo en brazos un buen rato. 

Dos días después, Ceferino y Paula acudieron a la clínica, para reunirse con Mónica Lenz.


“Hemos estado trabajando intensamente sobre el problema de pánico que sufre su hija Nati con respecto a la oscuridad. Tenemos una sospecha, que en realidad es hipótesis para seguir profundizando en este importante caso. ¿En los primeros meses de vida, su hija dormía con su hermana o con Vds.? Pensamos desde el principio que no se habituara a dormir en nuestro cuarto. Desde los dos meses dormía con su hermana en uno de los dormitorios. Antes de cumplir el año ya comenzó con los problemas de la oscuridad. El equipo de psicólogos cree que, durante los primeros años de vida, y no de manera continua, Nati puede haber estado sufriendo bullying psicológico, en forma de miedos y de figuras simulando fantasmas. Su hermana Elena ha podido estar detrás de estas acciones atemorizadoras, aplicadas a una niña pequeña. ¿Pero no entendemos el por qué podría haberse comportado así con su hermana? Resulta obvio. Puede haber sido a consecuencia de haber dejado de ser la “reina de la casa”. No quería compartir su “reinado”, los mimos, las caricias, y sus pertenencias y el protagonismo central ante sus padres. Una cuestión de celos. Pues la verdad, cuando nació Nati tal vez nos centramos con exceso en el nuevo miembro familiar. No supimos detectar el drama de Elena y el drama de Nati. Estamos muy preocupados. Y ahora ¿qué podemos hacer? Nos alegra su predisposición. Precisamente aquí estamos para ayudarles en todo lo posible. Todo va a ir mejor de ahora en adelante. Pero es necesario advertirles que el camino no va a ser fácil. Trabajaremos en equipo para ir avanzando en “la reconciliación” de las dos hermanitas.”

Cuando la razón se ve superada por el sentimiento nos sentimos débiles y temerosos ante la incapacidad de afrontar los problemas. La racionalidad parece que nos ha abandonado. Tanto Nati como Elena sentían un doble tipo de miedo. Elena, que se sentía desplazada ante la llegada de un nuevo ser a la familia, lo combatía asuntando cruelmente a su hermana, con acciones irracionales y diabólicas. Utilizaba la oscuridad para potenciar sus fechorías. Para Nati, la oscuridad era una situación temerosa pues es cuando veía llegar a ese fantasma que tanto la asustaba. La oscuridad nos inquieta, mientras la luz nos sosiega y tranquiliza. Los profesionales de la clínica AMANECER seguirían realizando una importante y cualificada labor, para encauzar la convivencia de dos hermanas en el seno de una familia, cuyos padres no supieron ver a tiempo un problema que a todos afectaba. –




TEMOR A LA OSCURIDAD

 

 

 

 

 

                        José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 23 octubre 2026    

                                                 Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es            

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