viernes, 4 de mayo de 2018

COMPARTIENDO VIVENCIAS, EN LA PROFUNDIDAD DE LA NOCHE.

Hay preguntas que parecen tener una fácil respuesta. ¿Puede la inoportunidad acústica vulnerar las más elementales y racionales normas cívicas de la privacidad y el descanso? La racionalidad nos aconseja responder de forma negativa a dicho interrogante. Incluso llegamos a preguntarnos cómo es posible que esa incívica situación pueda siquiera llegar a plantearse. Sin embargo, nuestra vida relacional se halla sometida a experiencias insólitas y absurdas, que generan comportamientos ineducados, molestos e incluso al margen de la norma o la legalidad. Su propia presencia, en los espacios más insospechados, produce asombro e incredulidad. Conozcamos una curiosa historia, enmarcada en este peculiar contexto.

Todo comenzó en un mes de Abril, presidido por una meteorología primaveral, imprevisible y “traviesa”. Es bien conocido que los meses equinocciales suelen ofrecer esas alternancias del tiempo que va cambiando  de la forma más insospechada. Gozamos de gratas horas de sol y cálidas temperaturas que aceleradamente se tornan nubladas, frías, acuosas e incluso tormentosas, con ese abundante aparato eléctrico que tanto nos impacta a pesar de su cromática belleza. Los más veteranos del lugar, con esa sabia experiencia que no aparece explícita en los libros, resumen y pronostican con acierto esa imprevisible variabilidad meteorológica. Lo hacen con sólo mirar al cielo, observando el sentido del aire y el movimiento de las hoja e incluso captando en sus “trabajadas” articulaciones señales inequívocas que avisan del cambio térmico, hídrico o eólico.

Aunque parezca extraño en estos tiempos, que aparecen lastrados por el más incómodo estrés y esas prisas injustificadas que a poco o nada conducen y que aceleran con desacierto nuestra insoslayable serenidad o estabilidad, hay personas que les gusta escribir y otras que aún reservan tiempo a la plácida lectura. Una de estas personas tiene por nombre Nelson Helián Blanc, el cual se “gana la vida” ejercitando la creativa profesión de escritor. Publica asiduamente colaboraciones diversas, en uno de los diarios locales de la ciudad en que reside. También tiene a su cargo una columna de crítica y valoración cinematográfica, que aparece mensualmente en una revista centrada temáticamente en este atractivo e imperecedero género para la cultura. Y todas esas horas diarias que pasa sentado frente al teclado de su ordenador generan también la publicación de novelas, generalmente un volumen cada dos años, en una editorial nacional cuyo propietario es un antiguo compañero y amigo de facultad universitaria. Suele también estar dispuesto a colaborar con algunos centros educativos, a fin de mantener coloquios y exposiciones temáticas acerca de su noble oficio para todos aquellos estudiantes interesados en aprender a utilizar el mejor uso de la palabra, tanto oral como escrita, en nuestra necesaria, correcta e inteligible intercomunicación.

Nelson vive bien en lo económico, con los “interesantes” derechos de autor que le proporcionan sus publicaciones y con todas esas colaboraciones que salen a la luz en los variados medios de comunicación con los que trabaja. A sus 42 años de edad permanece aún en estado de soltería, aunque aquéllos que le conocen saben de sus frecuentes aventuras afectivas, pues éstas suelen durar no más de cuatro a seis meses. En ocasiones, esas “ardientes” conquistas se marchitan en un tiempo incluso más breve. Él suele repetir a sus íntimos la confidencia  de que en sus genes nunca ha arraigado la virtud o cualidad de la experiencia matrimonial. Precisamente la “vicaría” y el Registro civil son instituciones que este escritor, un tanto bohemio en la forma de vida, no contempla entre sus prioridades, sino todo lo contrario.

Practica el saludable hábito de asistir con periodicidad a los congresos y reuniones de compañeros en la profesión. Además de disfrutar el placer de viajar, esos contactos con otros profesionales de la pluma y el teclado, hacedores de palabras y frases para la construcción de historias, resultan agradables, enriquecedores y frecuentemente divertidos. Casi siempre suelen estar llenos de sugerencias y posibilidades para “alimentar” su trabajo cotidiano. Pero la gran aventura o experiencia que iba a vivir, en el XXV Congreso Internacional de Escritores Jóvenes, a celebrar dentro de unas semanas en la capital de España, le iba a reportar incentivos insospechados para compartir vivencias de esas que más y mejor enriquecen los archivos, variadamente disciplinados, de nuestra memoria.

A este fin reservó un bien situado hotel, en una de las calles adyacentes a la Gran Vía madrileña. Además de los incentivos culturales y gastronómicos que posee ese núcleo arterial de la capital española, el espacio goza del valor añadido de la intermodalidad. La principal línea del metro, la nº 1, tiene sus bocas de acceso en esta prolongada vía, por lo que en muy pocos minutos puedes dirigirte a cualquier punto de la ciudad o incluso el aeropuerto, pues a modo de “gran estrella para los destinos” el suburbano te traslada con suma rapidez a las zonas más diversas de la planimetría en la magna ciudad. Decidió alojarse en un establecimiento con el nombre áureo de un gran literato del Siglo del Oro español,  Residencia Quevedo, un cuatro estrellas, profundamente reformado hace apenas un lustro y que en sus siete plantas alberga más de 200 habitaciones, la mayoría de las mismas para el uso compartido. Como habitualmente suele hacer, pagó una pequeña sobretasa en el precio a fin de disfrutar de una habitación doble, pero con derecho a uso individual.

Las sesiones y actividades del Congreso literario estaban repartidas en tres jornadas. Sin embargo Nelson reservó un día más de hotel, pues tenía la intención de completar el fin de semana gozando de la atractiva primavera madrileña, con sus encantos culturales, lúdicos y gastronómicos. Alguna obra de teatro también “caería” en las alforjas de ese tiempo para pasear, descubrir y soñar esas nuevas empresas literarias, a caballo entre la ficción y la realidad más o menos inmediata.

Tras gozar de las excelencias (velocidad y comodidad) que proporciona el AVE, llegó en metro a su hotel de residencia, donde el bullicio mañanero que halló en la recepción de clientes le hizo pensar de que posiblemente muchos de las personas allí presentes también serían asistentes a esa afamada reunión congresual.  En el check-in le dieron la nº 614, ubicada en la penúltima planta del bien remozado bloque. Esa habitación está situada en el ala oeste del hotel, siendo la penúltima de las 15 estancias que hay ese lateral del edificio. El cabecero de su amplia cama (era de tipo matrimonio) se encontraba adosado a la pared de separación con la habitación vecina, la nº 615, cuya cama estaba también adosada (en sentido o dirección opuesta) a dicho tabique medianero compartido.

Las sesiones del congreso comenzaron en la misma tarde del lunes. Tras recoger el material facilitado a los participantes, pudo saludar a muchos amigos, profesionales también como él en el mundo de las letras. La conferencia inaugural fue larga y algo tediosa, pues el ponente de la misma olvidó mirar el reloj y prologó su disertación más de cuarenta y cinco minutos sobre el horario previsto, tiempo que se alargó por un también prolongado juego de preguntas y respuestas que se planteó en la ya anhelada finalización de la exposición. Acordó con unos amigos irse todos juntos a cenar, a fin de poner un buen broche a esta primera jornada.

Nelson, era el miembro andaluz de ese pequeño grupo de comensales, en el que también estaban el gallego Tadeo, el aragonés Blanes, el valenciano Arrabal y el canario Pradera. Todos ellos gozaron de una muy grata velada, compartiendo divertidas anécdotas, ocurrencias, recuerdos y proyectos. Degustaron una suculenta cena, que fue “regada” con un par de botellas de un caro pero selecto reserva que a todos estimuló. A eso de la medianoche decidieron retornar a sus respectivos hoteles, pues la segunda jornada, ya en el martes, comenzaría a las 9 en punto de la mañana. El programa congresual para ese día prometía ser muy interesante aunque, como casi siempre suele ocurrir, extremadamente denso por el número de ponencias, debates y presentación por los autores de sus últimas publicaciones.  Era aconsejable, tras esta primera jornada, reparar bien las fuerzas durante la noche y descansar en profundidad.

Tras una reconfortante ducha, Nelson se fue a la cama, encendiendo unos minutos su tablet a fin de repasar las más importantes noticias del día. No podía contar, para su infortunio, con que el establecimiento que había elegido para su alojamiento tenía unos tabiques de separación  construidos con un material bastante diáfano para los sonidos. Expresado de otro modo, no había que realizar un gran esfuerzo para escuchar aquello que ocurría dentro del aposento vecino. De la habitación 615 venían, con nitidez entrecortada, las voces respectivas de dos personas que parecían jóvenes, a tenor del tono vocálico que utilizaban. En algún momento de su agria discusión hicieron alusión a sus respectivos nombres: Paulo y Silvio. Por el contexto de la polémica que ambos mantenían, se deducía con facilidad su vinculación afectiva como pareja, esa noche precisamente no muy bien avenida. Era Paulo quien, con lamentos, lágrimas y enfadadas palabras malsonantes, culpaba a su pareja Silvio de estar prendado por un compañero de facultad de nombre … Iris (en el transcurso de la discusión, se desveló el nombre de este tercer personaje ausente: Irineo). Aunque profundamente cansado, Nelson se divertía imaginando el comportamiento de estos enamorados, “lidiando” con un delicado problema de infidelidad. En medio de la trifulca hubo algunos objetos que fueron estrellados contra el suelo, gritos, sollozos y reproches. Aquel sainete duró poco más una hora, a cuyo fin parece que también hubo reconciliación, con esos “sonoros” besos y esas dulces palabras de consuelo, que uno y otro compartían. Las manecillas del reloj se estaban acercando ya a las tres y el involuntario oyente de la acústica escena se mostraba molesto por el intenso cansancio del día, pero divertido al tiempo por el contenido de lo que había secretamente escuchado. Algunos de esos elementos podían ser útiles para ser integrados en futuros relatos, elaborados por tan receptivo escritor. Al fin pudo conciliar el ansiado sueño.

El martes Nelson protagonizó una jornada de intensa participación en las interesantes actividades programadas por los organizadores del congreso. Ya en el atardecer sólo pensaba en volver pronto al hotel, a fin de poder darse una ducha relajante y salir a tomar algo para la cena en algún establecimiento cercano de comida rápida. No habían pasado muchos minutos sobre las diez, cuando ya se encontraba en la cama, repasando su tablet. Al no haber descansado bien la noche anterior, necesitaba conciliar pronto ese reparador sueño que regula y equilibra nuestro organismo. Para su desgracia, se despertó sobresaltado, mirando la esfera de su reloj de pulsera. Eran las doce menos veinte de la noche y una vez más escuchaba sonidos procedentes de la habitación vecina. Por el contexto de la conversación, la 615 había tenido cambio de residentes.

En este caso se trataba de un señor que parecía bastante mayor con respecto a su interlocutora, una chica con voz muy juvenil. La acústica de sus palabras traspasaba sin dificultad el débil muro que articulaba las dos habitaciones. Comprobó que entre esas dos personas no sólo existía una patente diferencia de edad, sino que también contrastaba la capacidad expresiva que ambos ofrecían. El hombre mayor, que resultó llamarse Lucio, poseía una capacidad léxica mucho más cuidada que su interlocutora, Sampa ¿tal vez, Amparo? lltimas exposiciones y debatesa cual aplicaba a sus palabras unas expresiones sumamente coloquiales, juveniles y de gran llaneza rural. El nivel cultural de la joven no parecía excesivamente elevado. Por el contexto de la conversación, modulada con distintos niveles de cordialidad y de discrepancias, se trataba, con la mayor evidencia, de una “aventura secreta”, mantenida por el señor de una casa “bien”, don Lucio, con tal vez una atractiva miembro del servicio que trabajaba en lo que podría ser una acomodada y rica familia. Nada nuevo bajo el sol, pero a las promesas y los reproches, siguieron las caricias, los jadeos y otros excitantes movimientos sexuales que duraron más allá de las dos en la madrugada.

El miércoles se celebraron las últimas exposiciones, debates y conclusiones, en ese congreso para modeladores de las palabras que narran y cuentan historias. Nelson acudió a una estupenda cena de clausura, desarrollada en un lujoso hotel de la Sierra, disfrutando plenamente en un amplio salón habilitado para unos 80 comensales. Pero se sentía un tanto cansado. No había dormido bien las dos noches anteriores, situación orgánica a la que había que sumar la atención, concentración y relaciones sociales vinculadas al desarrollo del proceso congresual. A pesar de esos “molestos” condicionantes nocturnos, escuchados y “espiados” desde la cama de su habitación, había podido compartir secretamente los incentivos temáticos que le habían proporcionado los residentes en esa vecina y aventurera habitación, la número 615. Ciertamente había pensado quejarse, en más de una ocasión, ante el encargado de la conserjería del establecimiento. Pero nunca se decidió a hacerlo, entre otros motivos, porque no tenía certeza de que en otras habitaciones (a donde podría ser cambiado) hallaría esas divertidas e ilustrativas vivencias, protagonizadas por seres tan peculiares de nuestro entorno.

Avanzada la medianoche, decidió volver a su hotel. El equipo organizador de la cena había contratado, a disposición de los participantes, un gran autocar, a fin de evitar que los comensales tuvieran que conducir después de tan copiosa ingesta y con el riesgo de tener algún problema legal derivado de una elevada toma de alcohol que, probablemente, unos y otros había consumido. Nada más abril la puerta de su habitación, escuchó una retahíla de jaculatorias y oraciones, pronunciadas por una voz ronca y penetrante, que provenía de la habitación vecina. Alguien estaba recitando estas frases utilizando un idioma que el no conocía (parecía indio o de algún territorio cercado a la Península del Indostán. Para colmo de “males” los cantos y oraciones del supuesto gurú venían acompañados por un fuerte olor a pachuli y otros aromas proporcionados por esas pastillas y barritas que son quemadas para generar una sensación  de dulzor, misterio y catarsis emocional, difícilmente descriptible. Se preguntaba, una y otra vez, por dónde entraría esos sutiles aromas, provenientes del otro aposento. Desde aquel preciso instante, tomó la decisión de que en la mañana próxima, cuando terminara de efectuar el desayuno, se dirigiría a la recepción del establecimiento a fin de plantear las correspondientes quejas. El místico o lo que fuera siguió con sus rezos, mientras que el organismo del escritor abrazó el dulce Olimpo de los sueños.

Tal y como lo había decidido, en el amanecer del jueves, tras el break fast, se dirigió a un responsable del hotel. Le atendió un recepcionista de color, Samuel Sedera Capitán, quien, muy atento a las explicaciones del cliente, fue tomando nota de los avatares que Nelson había “sufrido” durante las tres últimas madrugadas. Tras ofrecerle una serie de disculpas, le aseguró con firmeza de que en la próxima noche, la última que Nelson pasaría en el hotel, no habría problema alguno y que descansaría sin el menor contratiempo. Por supuesto también le transmitió su extrañeza de que no denunciara o planteara estas situaciones molestas, durante la primera ocasión en que tuvieron lugar.  Mientras Nelson subía a su habitación, para tomar su mochila y cámara fotográfica, pues pensaba recorrer diversos e interesantes puntos geográficos de la capital, el recepcionista Sedera efectuó, sin la menor dilación, diversas llamadas telefónicas, en relación con el tema planteado por el residente de la 614.

Efectivamente, esa última noche no tuvo motivos para la queja. Era evidente que la habitación contigua no fue ocupada ese día. En la mañana del viernes, acompañado con su maleta de viaje, se acercó a la recepción a fin de entregar la tarjeta de la habitación y agradecer a Sedera esa ultima noche de descanso que bien había podido disfrutar. El recepcionista, con una sonrisa misteriosa  y ceremoniosa, informó a su interlocutor de una novedad que Nelson difícilmente podía llegar a esperar.

“Sr. Helián. La dirección de este hotel quiere de nuevo presentarle sus excusas y sinceras disculpas, por esos incómodos hechos que ha tenido que soportar, durante tres de sus cuatro noches de estancia. Como modesta compensación, queremos obsequiarle con un bono de fin de semana, que podrá hacer efectivo en este hotel o en otros de su amplia cadena, durante los próximos tres meses. Como única condición, si desea aceptar este ofrecimiento, habrá de realizar una comida en el restaurante a su cargo, durante las dos noches de estancia. La gratuidad comprenderá el alojamiento y los dos desayunos. Esperamos volver a recibirle lo más pronto posible”.

Mientras Nelson contemplaba pensativo, desde la comodidad de su asiento en el AVE, las recias planicies manchegas, con patente ilusión por llegar pronto a casa, dos personas conversaban en un ”cinéfilo” despacho ubicado en una sexta planta de un edificio de oficinas en el Paseo de la Castellana madrileña. Se trataba de un productor y un director cinematográfico.

“Hemos conseguido un interesante material de rodaje, que nos va a venir perfectamente para cuando llegue la tarea del montaje. Esas escenas nocturnas, en la 615, han quedado muy bien, con tomas de suma utilidad. También tenemos material de las reacciones que nos ha ofrecido el residente de la seis catorce, con todo aquello que le llegaba a través del cabecero falseado de su cama. Ahora procederemos a rodar esas reacciones, verdaderas joyas psicológicas, interpretadas por el actor protagonista de nuestra película. No te preocupes, Morgan, el material rodado a este cliente será destruido de inmediato. Nunca se enterará de que hemos atravesado “indebidamente” su área de privacidad. Se le ha ofrecido la compensación de un fin de semana gratis y parece, según me informa Sedera Capitán, que se ha marchado bastante satisfecho con la generosa actitud del hotel”.



José L. Casado Toro (viernes, 4 Mayo 2018)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

jlcasadot@yahoo.es


sábado, 28 de abril de 2018

VUELTA AL TRABAJO, TRAS UNOS DÍAS DE DISFRUTE VACACIONAL.

De manera continuada, la vida nos muestra y enseña la conveniencia de estar preparados para afrontar, con el mejor de los éxitos, todas esas nuevas situaciones que, de una forma más o menos inesperada, nos van llegando en el día a día. Esos cambios que nos sobrevienen pueden ser leves o intensos, alegres y positivos en algunos de los casos o, por el contrario, ir lastrados con etiquetas desafortunadas para nuestro caminar en las horas. A veces nos bloqueamos en las respuestas que ofrecemos ante el hecho que nos afecta y en otras ocasiones nos sorprendemos, para nuestra agrado, ante la capacidad que mostramos para integrar, resolver o disfrutar esa nueva vivencia que demanda su protagonismo. Vayamos, pues, a una historia ilustrativa que justifica temáticamente esta previa introducción. 

Desde un planteamiento sociológico, podríamos calificar a Roque Saldrás Temple como un hombre gris y sin especial protagonismo vital, pero al tiempo como un esforzado trabajador y responsable padre de familia. Gracias a sus estudios de administración y contabilidad pudo vincularse, desde los veintinueve años de edad, a una importante compañía de multiseguros, desempeñando su ejercicio laboral con un comportamiento plausiblemente intachable en el puesto administrativo de la correduría y gestión de seguros. Año tras año (ahora alcanza los 56 en su vida) ha estado esperando que le llegase la oportunidad de acceder a puestos más ejecutivos, notorios e importantes, dentro del organigrama empresarial, pero esos ascensos (objetivamente más que merecidos) se han ido viendo postergados y defraudados en sus ansiadas y justificadas expectativas de mejoras laborales y salariales. Roque ha sabido integrar estos reveses profesionales viendo como otros compañeros, con no más méritos que él, avanzaban en el “escalafón” aplicando procedimientos y atajos más o menos discutibles o éticos. Esta actitud resignada procede de su especial carácter, en modo alguno conflictivo, sumiso y receptivo, ante lo que el destino le ha ido ofreciendo para su experiencia vital. Temperamentalmente siempre se ha mostrado como un ciudadano tranquilo y servicial, no siendo proclive a llevar la contraria a sus interlocutores, buen conversador y un respetuoso cumplidor de sus obligaciones en el ámbito religioso. Algunos compañeros comentan y destacan en él, con la discreción propia del caso, su patente “beaterío”. 
 
Su reducida familia (fue hijo único) está integrada por su mujer Herminia Garcerán Tablada, licenciada en Historia del Arte, que trabaja con una cierta discontinuidad laboral en la restauración de objetos suntuarios. Tienen una hija, Emma, casada y divorciada, además de dos nietos pequeños por los que sienten verdadera adoración. Al paso de los años, Hermi (como habitualmente se conoce a su compañera matrimonial) ha ido comprendiendo y soportando, no siempre en silencio, la escasa ambición laboral de su marido que, con su traje gris y corbata de colores apagados, se ha ido conformado con el puesto secundario que se le adjudicó en la estructura profesional de su empresa.
Este año Roque tuvo que tomar sus vacaciones anuales en el mes de Abril, debido al sistema rotatorio aplicado por el equipo directivo, el cual recientemente había cambiado sus miembros por la 

integración de esta firma de seguros como filial de un consorcio o grupo extranjero, que opera en los cinco continentes pero que tiene su sede central en Otawa, capital de Canadá. De esta manera, el matrimonio ha pasado las dos últimas semanas del mes vacacional en las tierras insulares de Ibiza, disfrutando de un ambiente tranquilo y relajado, sin grandes agobios turísticos, ya que estas fechas no están integradas en la temporada alta veraniega. Han gozado de diversas excursiones a puntos de interés en la isla, las inevitables y apetecibles compras de regalos para Emma y los niños, una buena y variada alimentación en el hotel y muchas horas de piscina, sol y playa (la meteorología ha sido generosa para el merecido descanso). Hermi vino con la ilusión de broncear un poco esa piel blanquecina que le caracteriza. Piensa que la pálida tonalidad de su epidermis es debida, entre otras causas, a permanecer muchas horas trabajando en las sacristías y dependencias eclesiásticas, restaurando imágenes y otros objetos suntuarios de variado nivel artístico.

Hoy viernes se ha producido la vuelta a casa desde las Baleares. Su avión aterrizó en el aeropuerto de Málaga a las 22:20 horas, con 45 minutos de retraso, debido a problemas horarios con la llegada del avión a Palma procedente de un origen nórdico. Muy cansados, por el lógico trasiego del viaje, decidieron irse pronto a la cama, tras efectuar una frugal cena y tomarse unos tranquilizantes (hábito en la pareja) a fin de conciliar mejor el sueño. Ya en la mañana del sábado, Roque pensó que sería bueno pasar y “echar un ratito” por su despacho, situado en la sexta planta  de un magno edificio empresarial. Además de no molestar en casa, pues Hermi quería deshacer las maletas,  hacer una limpieza, general, “poner” la lavadora, y preparar una olla caliente en la cocina, podría repasar con tranquilidad la correspondencia atrasada, ordenar la agenda para la semana entrante y eliminar todos esos papeles inservibles que pueblan la mesa y las estanterías, ante la acumulación de asuntos y carpetas.

Al ser fin de semana, sólo permanecía en las oficinas Tomás, el vigilante de seguridad a quien saludó con afecto, aunque notó al veterano trabajador un tanto nervioso al verlo llegar. Los dos trabajadores acumulaban muchos años en la empresa, lo que había propiciado una consolidada amistad entre ambos. Caminaron hacia el despacho de Roque, intercambiando algunos comentarios. Le extrañaba la actitud nerviosa inusual en Tomás, aunque el vigilante se esforzaba en mantener su sonrisa. Para su sorpresa, vio una serie de cajas junto a la puerta de su despacho. Al tratar de franquear la entrada, la cerradura no respondía. Hizo un par de intentos, con los mismos frustrantes resultados. En ese momento, Tomás  decidió explicar la razón de lo que estaba ocurriendo.

“Don Roque, me sabe mal explicarle el por qué no responde la cerradura. La realidad es que su llave no le funciona … porque han cambiado la cerradura. Fue una orden de los jefes. Tengo aquí el manojo con las llaves de los distintos despachos. Yo le abriré la puerta con la nueva llave.”

La extrañeza en Roque aumentaba por instantes. Se preguntaba la causa del cambio de cerradura, la presencia de esas cajas en el exterior del despacho y en pocos segundos el climax llegó cuando al abrir la puerta observó el interior del habitáculo de trabajo. Allí todo estaba cambiado. El corazón le palpitaba a gran velocidad cuando comprobó que su mesa de trabajo, con todo el material que solía usar, pertenecía (era evidente) a otro compañero que incluso había cambiado la foto de sus nietos que él tenía en una de las esquinas por la de una joven que en absoluto conocía. De inmediato volvió a las cajas apiladas en el exterior y en pocos minutos fue contrastando que todo su material o pertenencias había sido en ellas depositado: carpetas, libros, informes, expedientes, su propio portátil de trabajo, material de escritura, el marco con las fotos, el reloj de sobremesa… A su lado, el bueno de Tomás observaba completamente en silencio y abrumado el rostro desencajado de un buen compañero, trabajador ejemplar y siempre amable en el trato. 

Mientras abandonaba el edificio de toda su vida laboral, una mezcla de pensamientos y sentimientos chocaban y turbaban su mente: confusión, duda, decepción, enfado, desconcierto, sorpresa, indignación, inseguridad. En ese duro contexto, trató de mantener la serenidad y fue caminando hacia unos jardines cercanos. Necesitaba reflexionar y hacer tiempo hasta la hora del almuerzo. A pesar de su firme propósito para mantener la calma, anidaban en su pensamiento una batería de elementales interrogantes: ¿quién habría  ocupado su despacho? ¿quién o quiénes y por qué habían autorizado este inexplicable cambio? ¿habría él cometido alguna grave falta? ¿estaría en peligro su puesto de trabajo? Una y otra vez se repetía la misma consideración: llevaba veintisiete años en la empresa, sin una falta en su expediente. Ese dato objetivo ¿no merecía una explicación o razonamiento a los cambios organizativos que previsiblemente podrían haberle afectado?

A pesar de ser sábado, la gravedad del asunto le aconsejaba efectuar una llamada de teléfono al jefe de su sección, Avelino Santos Celades. Repitió esa llamada en un par de ocasiones, sin que el destinatario atendiera a la misma. Posiblemente, estaría de fin de semana y habría desconectado su móvil para evitar que alguien le molestara. En cuanto a Herminia, decidió no preocuparla. Evitaría contarle nada de lo sucedido hasta que todo estuviera aclarado. Ya en casa vio una nota de su mujer, colocada delante del televisor. Dos amigas de la Peña, Lala y Ventura la habían invitado a almorzar ese mediodía, pues querían conocer los detalles del viaje vacacional. Le había dejado un poco de sopa y un plato combinado en el frigorífico, para que se los calentase en el microondas.

Tanto el sábado por la tarde, como también el domingo, volvió a intentar sendas llamadas de móvil a Celades, sin obtener éxito en el contacto. Precisamente, ante de comenzar la cena, recibió una respuesta de este compañero, al mensaje que le había dejado hacía unas veinticuatro horas. En el whatsapp Avelino le decía, de la forma más escueta y fría posible, que tenía conocimiento de sus llamadas y que por asuntos familiares no había podido responderle. Finalizaba su breve respuesta citándole con urgencia en su despacho, el lunes a 1ª hora. Quería hablar con él para tratar una puntual e importante situación que le afectaba.

Aquella noche apenas pudo conciliar el sueño. El mensaje de Celades le había provocado un sentimiento ambivalente: entendía como positivo que al fin su jefe inmediato contactara a sus peticiones de diálogo, pero al tiempo le sobrevenía una lógica inquietud ante el contenido de esa conversación fijada, que a pocas horas de distancia iban ambos a mantener.  En horario claustral del lunes dejó su lecho de descanso, tomó una buena y reconfortante ducha y se preparó un descafeinado con leche, infusión que siempre solía calentarle Hermi, quien a esas tempranas horas aún dormía.  Un tanto aturdido, ante la mala noche que había pasado, se dirigió a la parada del bus que le iba a trasladar a unos pocos metros del edificio donde trabajaba desde hacía más de dos décadas y media. El horario de trabajo comenzaba a las 8 en punto de la mañana.

Viéndole llegar, Tomás hizo una señal para indicarle que Santos Celades ya había llegado y que le esperaba con urgencia en su despacho, dependencia situada en la primera planta de este bloque de oficinas.

“Cálmate Roque. Te lo explico de inmediato. Estabas de vacaciones con tu mujer y quise evitar “estropearte” esos días de descanso tan necesarios. Hubiese sido una decisión desafortunada, si hubiese hecho lo contrario.

Voy a ser totalmente franco y sincero contigo, pues nos conocemos desde hace bastante tiempo ¿Más de veinte años…? Hace ya doce días el Consejo general tuvo una importante reunión. Fue una asamblea extraordinaria, para estudiar una batería de cambios y nuevas estrategias, ante un “mercado” cada vez más competitivo. Se había estado barajando, desde hace unosa meses, la necesidad de una profunda reestructuración organizativa y de personal. En las últimas semanas la urgencia de estas profundas decisiones era ya ineludible. 

Vamos a tener, en casi todas las filiales, cambios en las respectivas ubicaciones laborales, traslados imperativos, prejubilaciones y, lo más doloroso para aquéllos que tengan que sufrirlos, despidos indemnizados.

En tu caso, Roque, tienes 56 años. Te faltarían dos, para poder acceder a la prejubilación anticipada. Tienes la opción de resistir estos dos años en el paro y posteriormente negociar una posible prejubilación aunque, te informo con franqueza, las autoridades laborales están por la labor de prohibirlas o al menos dificultarlas todo lo posible. Si aceptas un despido amistoso, consideraremos una indemnización generosa de veinte días por año, hasta un tope máximo de 12 mensualidades. Si nos “metes” en tribunales, tal vez podrías sacar algo más, pero tenemos recursos para argumentar una serie de errores y fallos graves en tu rendimiento,  por la edad, lógicamente. Nuestros abogados ya sabes son muy hábiles y podrías quedarte con una compensación irrisoria.

Acepto que lo del despacho te haya dolido. Pero tu sustituto, Serafín, una persona joven y aguerrida, del departamento de grandes seguros, necesitaba reubicarse con urgencia, por lo que tuvimos que sacar tus cosas de ese espacio y ponerlas cuidadosamente en unas cajas habilitadas al efecto”.

Fue una conversación, en realidad más bien un monólogo, profundamente amargo y carente del más elemental afecto y humanidad. Cuando Roque caminaba como un sonámbulo, profundamente asqueado por el trato empresarial que recibía, recorriendo esas calles anónimas y de acústica inconexa, pero repletas de gentes con prisas absurdas, se iba repitiendo una frase que la llevaba clavada en el alma. “Ya no nos sirves. La empresa está muy por encima de cualquier otra consideración. Tu tiempo ha pasado ya. Tenemos que seguir sin ti. Confiamos más en la fuerza de la juventud. Tus resultados iban en una pendiente decreciente…”Definitivamente ese era uno de los días que siempre desearíamos evitar, en la aritmética impasible del almanaque.

Muchas semanas después. Frente a esa amarga depresión contra la que luchaba, con sus alzas y bajas, Roque Saldrás supo reaccionar aplicando voluntarismo e inteligencia, a dosis diferentes según los momentos. Se puso en contacto con otros compañeros que también habían “salido” de la empresa, en el entorno de esa gran reestructuración que sus dirigentes habían emprendido. Concertó diversas citas con Campos, Valtierra y de la Oliva, todos ellos también veteranos empleados (entre los 51 y 56 años en su edad) pero con esa experiencia que enriquece y consolida el ardor juvenil. Les propuso invertir el 40% de lo que habían recibido por sus respectivas indemnizaciones a fin de alquilar, restaurar y adecuar un local vacío, ubicado en una tercera planta de un viejo bloque, también restaurado, situado en una importante zona, tan céntrica como emblemática, que sabe mirar hacia la malacitana Alameda principal. Casto de la Oliva negoció con un albañil de su vecindad, a fin de que se encargara con su equipo de realizar las tareas necesarias de obra y reparación. En ese local había estado la sede técnica de una importante marca informática, que desde hacía meses había buscado acomodo en otras instalaciones más adecuadas por su amplitud, adquiridas en un polígono industrial. Los cuatro amigos acudieron también a una empresa que vendía mobiliario de oficina de segunda mano, pero en muy buenas condiciones de uso.

En definitiva, los veteranos “emprendedores” habían decidido montar una moderna gestoria, aplicando para ello toda la experiencia administrativa que ya atesoraban. Los cuatro miembros propietarios de la misma gozaban de muchos contactos y amistades, a los que un viernes tarde invitaron a una copa de presentación e inauguración del nuevo servicio en la propia sede ya bien remozada. Una hábil e inteligente decisión fue también la contratación de dos jóvenes, recién diplomados en Empresariales y Administración de Empresas, Ignacio Regal y Frank Grania, para que con su dinamismo y actitud innovadora se encargaran preferentemente de los “asuntos de calle” y las visitas de gestión a los centros oficiales.

Se propusieron como objetivo “resistir” al menos entre seis meses y un año, sin mayores expectativas de ganancias, a fin de comprobar si el proyecto era viable. Con todas las prestaciones que la “Red de Redes”, Internet, ponía a su disposición,  sabrían “moverse” con fluidez desde sus propios despachos. Los teléfonos no cesaban de sonar, con un ritmico funcionamiento que  “hablaba” de la bondad e inteligencia con que habían organizado el nuevo, veterano y joven al tiempo, organismo administrativo. Visitaron decenas de negocios y empresas, ofreciéndoles encargarse con sólida garatía de la contabilidad, los seguros sociales y demás gestiones administrativas, con unos precios muy agresivos para “luchar” con nobleza contra la consolidada y tradicional competencia. Precios que en algunos casos (incluso con tarifa plana) bordeaban apenas los discutibles límites del “dumping” comercial.

El proyecto, aunque de forma paciente, fue marchando. El alquiler del espacio suponía 1.100 mensuales, a los que había que añadir los gastos de electricidad, agua y demás tributos municipales. La tasa de recogida de residuos se encontraba ya incluida en los gastos de comunidad. Para su satisfacción, la negociación con pequeñas empresas fue generando una fiel cartera de clientes, sustentada en la amistad y en el conocimiento personal que los cuatro socios “despedidos” habían generado a lo largo de su prolongada carrera laboral.  LA EFICACIA GESTORA, nombre que habían registrado para denominar a la nueva sociedad, comenzó a generar pequeños pero constantes y consolidados beneficios.

Una tarde de otoño, que Roque y sus compañeros de equipo no olvidarán, recibieron una inesperada y sorprendente visita. Se trataba de Avelino Santos quien, en esa reestructuración que tanto les afectó, se había convertido en vicedirector ejecutivo de la filial de seguros, a sus 49 años. Deseaba hablar, preferentemente, con su antiguo amigo y compañero Roque, el cual lo recibió con muy  generosa y educada deferencia, tratando de olvidar aquella amarga y humillante conversación mantenida un lunes de Primavera. Santos se presentaba con el rostro abrumado y dando muestras de una indisimulable humildad.

“Amigo Roque, no sabes bien cuánto os envidio. Sé que os va bastante bien y admiro vuestra capacidad de reacción a una situación muy complicada y, probablemente injusta, en la que os visteis inmersos. Quiero contarte que la compañía de seguros está haciendo aguas, el barco se hunde. El hijo del director general ha metido la mano y la amenaza de descapitalización es indudable. Los “canadienses “ nos van a hacer una auditoría que veremos a ver donde acaba. Serafín, el “trepa” oficial de la casa, ya está en el consejo ejecutivo. Lo veo de director general a corto plazo. Pero lo cierto es que aquello huele a bancarrota. La estructura está viciada., por lo que percibiendo y huyendo del derrumbe que se avecina me he tenido que autodespedir. Aunque no te lo creas, mi indemnización ha sido incluso menor que la tuya. Sé que no lo merezco, pero con humildad te pediría, te rogaría que me tuvieses en cuenta para cuando dispongas de un hueco en esta magnífica gestoría. Aunque el puesto sea de “botones” …-



José L. Casado Toro (viernes, 27 Abril 2018)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

jlcasadot@yahoo.es 


sábado, 21 de abril de 2018

EL RINCÓN DE LOS SUEÑOS, EN EL DIFÍCIL PUZZLE DE LA REALIDAD.

Podemos ser receptivos en el aprendizaje, a través de una de tantas historias sencillas que laten, como tantas otras, en un mundo que nos esforzamos, con absurda impericia, en teñirlo con tonalidades de sombras y dificultades. Sin embargo, en el seno de la más depresiva confusión siempre se generan actitudes, ideas y propósitos que, de forma esperanzada, nos hablan de ese voluntarismo positivista que bien nos enaltece como personas.

Efraín (28) y Neira (25) forman una pareja convivencial desde hace cinco años. Viven, junto a su pequeña hija Ainoa que tiene año y medio de edad, en el domicilio de la madre de Neira, viuda de un trabajador cartelista que tuvo un infortunado accidente en el ejercicio de su labor profesional. Efraín se lleva aceptablemente bien con Amanda, que aporta su pequeña pensión a los gastos de la casa y que atiende con gusto el cuidado de su nieta, cuando sus padres pueden acumular horas de trabajo en esta época de oportunidades escasas.

Neira cursó estudios de empresariales. Su embarazo, no deseado o buscado, le hizo extremar sus esfuerzos, tras el nacimiento de su hija, en la búsqueda de ese empleo que sustentara y ayudara a sostener las necesidades familiares. En la actualidad despacha dulces y productos del horno en una panadería cercana al mercado municipal. Ahí ha de cumplir un horario de ocho horas diarias, entre lunes y viernes, atendiendo de pie a una continua clientela que demanda los artesanos y apetitosos productos que su jefe bien elabora. Carece de un contrato laboral fijo o permanente, como también le ocurre a miles de trabajadores. Alterna con otra compañera los contratos mensuales que el propietario se presta bien a firmar para su necesidad.

Por su parte Efraín tiene en su currículo académico la titulación de un ciclo formativo como ayudante en cocina y hostelería. A pesar de esta interesante cualificación, ha tenido que aceptar esa labor diaria de ir repartiendo, cada mañana desde bien temprano, la prensa gratuita del día, tarea que completa algunas tardes distribuyendo también la publicidad comercial en los buzones de los edificios. Al igual que su compañera (sólo han pasado por el Registro Civil para inscribir el nacimiento de Ainoa) no tiene estabilidad laboral en las dos funciones que realiza, práctica habitual en la estructura empresarial que evita, siempre que puede, compromisos laborales prolongados.

La ilusión que ambos jóvenes mantienen es poder montar una cafetería-tetería, en la que haya otros incentivos para la clientela bajo la forma de música, encuentros culturales y libros. En este atractivo proyecto, ella se encargaría de preparar las infusiones y los zumos, mientras que su compañero elaboraría las pastas, las galletas  y las tartas, además de los sándwiches y platos rápidos, para esos desayunos y meriendas que puedan demandar y exigir los usuarios del establecimiento. Obviamente es un proyecto ambiciosamente complejo, sustentado en la fuerza admirable de sus jóvenes edades, pero que carece del imprescindible y gravoso soporte económico que su puesta en marcha inexcusablemente conlleva.

Se les ha presentado la oportunidad de un interesante local, de 55 metros cuadrados de superficie, situado en la zona antigua de la capital. El inmueble, aunque inserto en una urbanística un tanto degradada, se halla a “dos pasos” del centro de la ciudad en la que ambos nacieron y residen. Ese espacio para alquiler, ahora vacío, fue durante muchos años un negocio o servicio funerario, adaptándose después a un comercio de productos esotéricos. Hasta hace tres meses, funcionó en él una tienda de ropa y calzado de segunda mano, que tampoco pudo mantener un régimen económico de estabilidad o rentabilidad. En su ubicación, ocupa el fondo del denominado Callejón de la luz, aunque esa calle sin salida no goza precisamente de muchas horas de sol dada la altura y proximidad de las edificaciones próximas a esa “relativamente amplia” planta baja. El lugar no goza del paso continuado del público peatonal, por lo que sus inquilinos habrán de extremar su imaginación ofertando servicios verdaderamente atractivos o necesarios que atraigan personas a su interior.

La propiedad del inmueble pertenece a Tobías Teruel Ana, un hábil rentista que también posee diversas plazas de garaje para alquiler, repartidas por distintos sótanos y bajos de la ciudad. Solicita 1000 euros mensuales de renta (comenzó pidiendo 1600) por el alquiler ese viejo pero bien ubicado local que acumula ya su cuarto mes de cierre, esperando a un nuevo inquilino. Los dos jóvenes piensan que tal vez podrían bajar algún “pellizco” de esa cantidad a pagar, pues en su interior la estructura y paredes ofrecen una clara percepción de abandono, con humedades en diversos puntos de los tabiques y techumbres, problemas con los inodoros y, por supuesto, deterioros en la muy gastada solería. El comerciante hindú que llevaba el negocio “esotérico” decidió poner moquetas en el suelo, que ofrecen hoy una imagen de abandono y suciedad bastante evidente.

Como expresivamente comenta Neira, este bajo huele a rayos y a cañerías por todos los lados, habría que realizar un profundo trabajo de restauración y saneamiento: limpieza integral, repasar la instalación eléctrica, hacer unos nuevos servicios y lavabos, montar una cocina idónea para un establecimiento de restauración, encalar las paredes, pintando y redecorando los paramentos, eliminar la moqueta que cubre gran parte del suelo … todo ello pensando en ese negocio tan especial y atractivo que desean ofrecer al publico que les visite. En definitiva, mucho tiempo, esfuerzo, dedicación y capital.

Pero aun manteniendo ese admirable voluntarismo, lo más grave del proyecto era la gestión económica del mismo. Faltaba esa imprescindible liquidez dineraria, que permitiera efectuar las ineludibles reformas de albañilería, fontanería y pintura en el local, la compra del material mobiliario y también un remanente económico para sobrellevar los primeros meses de imprevisible funcionamiento. Tampoco era ajena la pareja acerca del coste que también conllevaría toda la tramitación administrativa, con relación a los tributos, tasas y diversos impuestos al Ayuntamiento. Diseñaron una estrategia de acción diversificada para el objetivo de conseguir financiación.

En primer lugar se dirigieron a determinadas ENTIDADES BANCARIAS, aquéllas que consideraron (a través de informaciones facilitadas por amigos y compañeros de trabajo) como algo más fluidas que las demás, a fin de acceder a la concesión de un préstamo. El resultado de las gestiones resultó en todas ellas verdaderamente desalentador.

En cuanto los dos jóvenes exponían sus básicas pretensiones a los responsables bancarios, les demandaban una serie de garantías imposibles de satisfacer para su propia realidad. Tenían que presentar contratos de trabajo, con el carácter de fijos o indefinidos, las dos últimas nóminas y, por supuesto, un avalista económico que sustentara con su garantía el préstamo que necesitaban recibir. En otras entidades financieras les respondían, con mejores o “frías” palabras, sencillamente que no. Las entidades financieras no apreciaban en sus ilusionados sueños emprendedores la garantía suficiente con que poder devolver las cantidades pretendidas. Les perjudicaba la frágil o inexistente estabilidad laboral que ambos podían ofrecer. El pisito en el que vivían con Amanda era una vivienda de alquiler con renta antigua, que impedía, obviamente, plantear una hipoteca que “sostuviera” el volumen del préstamo.

La cantidad pretendida para poner el marcha el imaginativo negocio de la tetería, la fijaban en 9.000 euros (aunque se hubiesen conformado con obtener al menos 6.000). El plazo para su devolución en 10 años soportaba un interés entre el 6,5 y el 7 %. A todo ello habría que añadir el diálogo mantenido con los interventores bancarios: aquél se veía presidido, en general, por una actitud no siempre “comprensiva” y un tanto “altanera” por parte de sus interlocutores, muchos de ellos aportando respuestas bruscas, desconfiadas y con ese aire despectivo que podríamos imaginar en uno de los guiones cinematográficos escritos por el genial Rafael Azcona (Logroño 1926- Madrid 2008) películas después dirigidas por el no menos cualificado Luis García Berlanga (Valencia 1921- Madrid 2010).

Efraín y Neira decidieron probar suerte “llamando” a otras puertas. Sabían que EL AYUNTAMIENTO de su ciudad tenía un programa de ayuda para nuevos y jóvenes emprendedores. A llegar a sus ventanillas se toparon con la poderosa y anímicamente disuasoria maquinaria administrativa. Tenían que presentar un abigarrado papeleo y ponerse en cola para que las diversas comisiones preparadas al efecto analizaran las decenas de solicitudes que también aguardaban la correspondiente respuesta del ente municipal. La maquinaria administrativa no suele caminar precisamente con la necesaria rapidez, anhelada por parte de los solicitantes que ven pasar los días, las semanas y los meses sin recibir un no pero tampoco un sí. Y en ocasiones esa carta, recibida con justificada ilusión por conocer su contenido, tras su nerviosa apertura, desalienta aún más pues dentro solo aparece la exigencia de un nuevo papel o certificado o la rectificación de un impreso que estaba mal rellenado. El tiempo seguía avanzando poniendo a prueba la paciencia del valiente matrimonio en su ilusionado pero nada fácil proyecto.

En una nueva conversación con Tobías, EL PROPIETARIO DEL LOCAL pareció interesarse por la viabilidad de ese sugestivo negocio que Efrain le confió querían montar. En un momento del diálogo, surgió una nueva posibilidad: el dueño del inmueble se ofrecía a financiar las reparaciones necesarias y el nuevo montaje de la tetería, exigiendo a cambio de que, además de la renta mensual que se establecería por el alquiler, él “formaría” parte del negocio. Pedía un 40 % limpio de los beneficios que generara el funcionamiento del nuevo establecimiento. Evidentemente, el ambicioso casero había visto mucha iniciativa y ganas de hacer bien las cosas en estos jóvenes y quería “sacar tajada” de un negocio que podría ir muy bien, dada la ubicación en donde iba a ser instalado. Percibiendo la avaricia del propietario, desecharon pronto esta posibilidad que tan sibilinamente se les estaba ofertando.

“¡Fíjate, Efra, en este anuncio de Internet! Sé que por aquí, en la Red, aparece siempre mucha basura y “engañifa”. Pero esto que estoy leyendo …  no sé… me parece interesante. Ya el encabezamiento resulta motivador. ¿Eres joven? ¿Tienes proyectos? ¿Careces de medios para empezar a desarrollarlos?  Aquí puedes tener una posibilidad. Sigue leyendo. Resulta que es UNA FUNDACIÓN promovida por un escocés que testamentó todo su patrimonio, antes de fallecer, para la ayuda a personas jóvenes y emprendedoras. Resume básicamente su historia, en la que narra las carencias que este hombre sufrió en su juventud, pero a las que se supo sobreponer para ir poco a poco formando una pequeña empresa electrónica. Con el paso del tiempo y gracias a su imaginación, trabajo e iniciativa, se convirtió en uno de los más importantes proveedores mundiales de los circuitos electrónicos para las fábricas de automóviles. No llegó a casarse y al final de sus días, viendo la avaricia de sus parientes cercanos, les dio una buena lección al legar todos sus bienes para esta función de ayuda a personas jóvenes emprendedoras”.

Hay que enviarles el proyecto, bien explicado con todos los detalles y una comisión evaluadora jerarquizará, priorizará, o desechará, unas y otras solicitudes. La sede de la fundación reside en Glasgow, la ciudad natal de Mr Pillgrin. Podríamos ver más detenidamente las condiciones y enviarles nuestro proyecto. Mi inglés es muy regularcito, el tuyo … casi nada, pero tenemos al nuevo vecino del 2º, Blasco. Es profe de inglés en un Instituto de Secundaria, según me comentó el otro día en el ascensor. Me pareció una persona muy amable y receptiva. Nos podría ayudar en esa redacción argumentada que tendríamos que presentar. Vamos a ver, una vez más, los requisitos…”

La hipotética y variable suerte les había llegado a través de la pantalla del ordenador. No eran unos requisitos especialmente complicados de cumplir. Los concurrentes no debían superar los treinta y cinco años de edad, la cuantía del préstamo podría llegar hasta los 6.000 € y sólo habría que devolver el 50% de la cantidad concedida, con un interés del 0%, en un plazo de 8 años. En EL PROYECTO habría que especificar el nombre y tipo de negocio o actividad, la ubicación geográfica del establecimiento, además de todos los detalles organizativos y de funcionamiento. La idea de Efrain y Neira era habilitar un lugar de grata reunión para personas de todas las edades y condición. En ese local, además de las apetecibles consumiciones (una amplia variedad de tipos de tés, cafés, batidos naturales, postres y meriendas, bebidas sin alcohol, diferentes estilos de tartas y dulces de variados países) existirían estanterías con libros (en diversos idiomas) para el disfrute lector de los clientes. La música que ambientaría el local sería de estilo vitalista natural, que facilitara el sosiego, el relax y ese sentirse a gusto en los cómodos sillones que estarían bien servidos de mullidos cojines en colores alegres. También el perfume ambiental estaría bien escogido con ese aroma embriagador de las flores que nos acerca a la naturaleza. Unas luces indirectas con tonos cálidos, ps selectosura alternativa a la oficialista de los ctautores y escritores, que recitarcsto en los cálidos, azulados, rosas y violetas, en absoluto estridentes, sería generada por numerosas bombillas que “caerían” del techo a través de largos cordones sobre las coquetas mesas ocupadas por una bien tratada clientela, usuarios que reposarían su cansancio en cómodos cojines o asientos de anea con heterogéneas tintadas.

El RINCÓN DE LA LUZ Y EL SABOR también contaría, durante todos los fines de semana, con la sugestiva presencia de cantautores, escritores y artistas de las artes plásticas, como pintores y ceramistas, que comentarían y explicarían su trayectoria profesional, acompañados por esa taza de infusión para el sabor y el aroma, preparada por las expertas manos de Neira. Esta presencia de diálogo e intercambio cultural sería posible  gracias a eficaz la colaboración de un dinámico amigo de Efraín, Saúl Jordán, que gustaba y sabía moverse con admirable destreza por todos esos círculos de la creatividad popular, alternativa a la oficialista incardinada en los círculos más selectos del mundo de las letras y las artes.

Como dato significativo, los clientes también podrían adquirir distintas muestras de la amplia gama de tés que se ofertaban en la muy detallada y completa carta. De igual forma, aquellos utensilios más usuales para la preparación y servicio de las infusiones también estarían a disposición de todos aquellos aficionados al consumo de estas bebidas, para su venta a precios muy interesantes a fin de motivar las correspondientes adquisiciones.


El caminar del tiempo siempre es presuroso y nunca ofrece síntomas de cansancio en su aritmética tenacidad. Han pasado esos fríos invernales, antecesores de una nueva primavera. Hoy viernes, al igual como otros que también pueblan el calendario, este rincón urbano que late en el top viario del Callejón de la Luz, se halla una vez más repleto de público. Hay numerosas mesas en las que alguien sonriente juguetea con el tablet, máquinas  informáticas que tienen a su disposición en préstamo por la iniciativa del local, que goza de una excelente y gratuita señal de WI-FI. Hay dos jóvenes que aprenden nuevas mezclas para la infusión, gracias a las expertas manos de Neira. Ese protagonismo para prepararse el propio té que vas a consumir es un novedoso servicio muy bien aceptado por aquéllos que visitan este local de ensueño para la memoria y la amistad. En esta noche de un nuevo “finde” un premiado literato, autor de su primera novela de impacto, dialoga con un grupo de interesados oyentes acerca de esos bloqueos que traviesamente se generan en la composición de las letras, las palabras y los sentimientos escritos. Y, mientras Efraín se afana en responder al buen y consolidado servicio que todos los asistentes demandan, puebla el ambiente la acústica melodiosa y relajada del Old and wise (viejo y sabio) de Alan Parson´s Project, que también habla del paso del tiempo, la amistad y los buenos recuerdos.

El Rincón de los sueños es la feliz consecuencia de aquella fe que esta pareja ilusionada siempre tuvo y que hoy reluce en el complicado puzzle de la realidad. Y, a pesar de todas las dificultades y sinsabores, para ellos dos y también para otros muchos, nos queda el inigualable valor de la vida.-



José L. Casado Toro (viernes, 20 Abril 2018)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

jlcasadot@yahoo.es