jueves, 8 de octubre de 2015

EL INMENSO VALOR DE LA AMISTAD.


Resulta importante, mucho más de lo que a primera vista parece, el valor de esas simples o pequeñas cosas y acciones, que tanto nos ayudan a poner una ilusionada sonrisa en el seco erial de la confusión o el desánimo.

Una palabra oportuna, un gesto amable, un estar cerca de quien lo necesita, son nobles actitudes que ejercen una dinámica y positiva acción transformadora, mucho más efectiva que otras terapéuticas farmacéuticas con las que tensamos, muchas veces generando efectos imprevisibles, nuestra estructura orgánica.

En general, estas simples y modestas ayudas parecen venir desde el entorno próximo. Pero no es menos cierto que también, en no pocas ocasiones, suelen estar dentro de nosotros mismos, en el propio corazón o en la mente, eso sí como aletargadas, dormidas, esperando una mejor época para ejercer su preciado efecto renovador. En otras palabras, esperamos que muchas de esos apoyos provengan desde nuestro alrededor, sin reparar en que pueden hallarse ya en la propia intimidad personal. Ciertamente, este exterior solidario puede despertar o ayudar a dinamizar esos valores que atesoramos en el letargo temporal de nuestra personalidad.

Inés. Trabaja, durante el horario de mañana, en una frecuentada cafetería-restaurante, ubicada muy próxima a un importante centro organizador para el trasiego y la movilidad ciudadana. Ahí confluyen miles de viajeros, cada uno de los días, procedentes del transporte ferroviario, de las diversas línea de autobuses, municipales y privadas, núcleo intercambiador que ahora se enriquece con el renovador servicio ciudadano que ejerce el nuevo Metro bajo el suelo malacitano. Desde las siete, en el amanecer, hasta las tres de la tarde, esta activa y joven mujer se afana en prestar un servicio de calidad a las decenas de clientes que toman su desayuno, aperitivo o almuerzo, normalmente provistos de sus equipajes con destinos muy diversificados. Es un horario agotador por la continuidad temporal pero que a ella le beneficia, pues le permite dedicar el resto de las tardes para desplazarse a la Facultad universitaria, en donde se encuentra matriculada. Estudia un grado de maestra en educación especial, ya que desde siempre se ha sentido motivada por la formación infantil, actitud vocacional posiblemente influida por la profesión que todavía ejerce su padre, maestro con muchos años de servicio en las aulas.

En ese horario matinal, hasta la entrada de la tarde, tiene como compañeros de trabajo a un camarero y a una chica, Mayte, además de otras dos personas que trabajan preparando los menús y desayunos en la cocina. Durante las horas de máxima afluencia al local apenas pueden intercambiar entre ellos algunas palabras o comentarios, por la necesidad de atender con presteza las peticiones de la diversa clientela que puebla esa excelente ubicación del restaurante. Sin embargo, cuando la hora del desayuno deja paso a la cerveza o a la tapa del mediodía, el ambiente se torna más relajado y pueden comunicarse mejor entre ellos.

Inés es persona observadora y generosa en la atención a los demás. No se le oculta un cambio reciente en la actitud de Mayte. Sabe que vive con su pareja Marcel, que es de nacionalidad francesa, y que no tienen hijos. Las dos chicas han sabido intimar desde hace meses cuando ambas fueron contratadas por la empresa de restauración, generándose una amistosa connivencia entre ellas ya que comparten, aparte de su dedicación laboral, una cronológica proximidad generacional. Una y otra se encuentran en la tercera década de sus respectivas existencias: Mayte con veinticinco es apenas tres años mayor que Inés.

“Compa, aunque siempre vamos con el motor a toda pastilla, me he dado cuenta de que quizás algo te ocurre. No lo tomes a mal, pero ya sabes que siempre suelo fijarme en detalles o en el comportamiento de las personas que están próximas a mí. Sobre todo me preocupa que no te encuentres bien. Si me necesitas … ya sabes que mi mano está siempre abierta para ti”.

Mayte respondió a su buena amiga con una leve sonrisa, mientras ordenaba vasos y tazas en un lavavajillas industrial para restauración. Tras unos minutos en silencio, respondió a su compañera Inés que estaba colocando unas medias noches sobre una bandeja expositora.

“Ya sé que eres una gran amiga y que no te iba a pasar desapercibido algunos detalles de mi comportamiento o expresión. Pensaba comentarte algunas cosas pero, la verdad, es que tampoco quería liarte mucho con cuestiones que son un tanto complicadas ¿Tienes algún  huequecito esta tarde o en los próximos días? Ya sabes que esta semana termino de trabajar a las seis de la tarde….”

Inés, siempre interesada en prestar ayuda a las personas cercanas, con ese afán solidario que le caracteriza, acordó con su amiga y compañera que se verían hoy mismo, a partir de las 8, pues la clase que tenía a partir de esa hora estaría dedicada a consultas pendientes para los alumnos que no pueden asistir con regularidad a la facultad. Eligieron para su cita una tranquila cafetería, ubicada en los bajos de un macro centro comercial. Querían dialogar y ese lugar, conocido por Mayte, era adecuado para intercambiar palabras en un ambiente relajado para la mejor comunicación. Ambas fueron puntuales en el encuentro.

“… Tu conoces mi convivencia con Marcel. Ya va para tres años y pico. Nuestra relación es normal, aunque en realidad cada uno de nosotros hacemos nuestra vida sin preguntarnos en demasía por esos detalles que intiman más a las personas. Tal y como están hoy día las parejas, es un sistema que tácitamente hemos elegido y, hasta el momento, nos marcha bastante bien, si nos comparamos con otras parejas que pasan por la vicaría y a los pocos meses ya andan en papeleos para la separación. El hecho de que hayamos decidido postergar la descendencia, hace que nos sintamos más libres de ataduras, vínculos que siempre condicionan y determinan la relación.

¿Qué ha ocurrido? Bueno, hice una tontería. Hace como una semana, Marcel dejó olvidado en casa su iPhone. Ya sabes que él trabaja en un gimnasio como fisioterapeuta, desarrollando programas de fitness y cosas así. Ese día yo entraba a las dos en el trabajo, por lo que almorcé bastante pronto, como en un horario extranjero y haciendo tiempo hasta ir la estación del metro, me puse a jugar con su móvil. Como conozco sus claves, fui navegando por las aplicaciones y llegué al whatsapp. Pues nada, que entré en él y comprobé una acumulación de mensajes de una tal Selena. No te quiero decir lo que sentí cuando fui recorriendo y conociendo el contenido de las conversación de mi pareja con esa mujer…… Lo que se decían el uno al otro era de lo más ardiente, con un alto grado de sensualidad. Con toda evidencia, mi compañero de cama estaba practicando una doble vida con alguna pelagarza de turno”.

Aparentemente, Mayte ofrecía un semblante extrañamente tranquilo, para una persona que esta confiando a una amiga el sentimiento terrible de sentirse engañada por su pareja. Terminó de apurar el té con canela que había pedido y, en ese momento, su actitud se transformó con un rictus de intensa seriedad, en función de algo más importante que se disponía a revelar como gran confidencia.

“Si, la situación era grave para mis sentimientos. Marcel tiene una forma de ser muy  ….. no sé como decirte. Muy liberal para las relaciones y los contactos. Igual se había encariñado con alguna jovencita de las que acuden a estos centros para el cuidado corporal. He de confesarte que también yo he tenido alguna que otra aventurilla, por lo que tampoco iba a hacer un drama de lo que la evidencia me revelaba en mi pareja. Pero lo más grave vino a continuación.

Lo de Selena se quedaba en peccata minuta cuando compruebo que en los whasapp aparecía muy repetido el nombre de un tal Delio, con chateos continuos desde hacía meses. Traté de conocer quien era este individuo y ahí ya la cosa pasó a mayores. Al margen de las confidencias escritas que había entre ellos, extrañamente afectivas, no me explicaba quien era ese joven con figura angelical, sin duda era la foto del tal Delio, en muchas fotos en las que ambos parecían sentirse felizmente unidos en lugares de copas e incluso mirándose con ternura al borde de una piscina. Todo esto es muy complicado. Así llevo casi una semana y no me atrevo a sacar mi descubrimiento a la luz. Su reacción puede ser imprevisible. Creo que nuestra relación se iría a pique”.

Mayte bajo los ojos y guardó silencio. Se la veía profundamente confusa y presta a estallar en su desequilibrio anímico. Inés, viendo con más objetividad o frialdad la situación que estaba atravesando su compañera de trabajo, trató de ofrecerle una salida al estado de bloqueo en que chica se veía sumida.

“No has tenido fuerza para hablar claramente con Marcel, pues temes que sacando toda la verdad a la luz puede llegar el final de vuestra relación. Se nota claramente el afecto y la necesidad que tienes con respecto a su persona. Pero, en función de lo que me has contado, yo veo y analizo la situación desde otra perspectiva menos emocional. Repito, tal y como me lo has confiado, este hombre está manteniendo una triple relación. Por extraño que nos parezca, la naturaleza de los seres humanos es complicada. Y pueden darse casos de esta ambivalencia que los protagonistas asumen sin la mayor dificultad. Tal vez la aventura con esa chica sea una aventura, esas experiencias a las que todos estamos expuestos. Pero compartir a tres personas, de diferente sexo, es claramente un caso que necesitaría un tratamiento u opinión  especializada.

En cualquier caso, tu salida es única y has de ser valiente. Tienes que poner las cartas encima de la mesa. Puedes perder, será lo más probable, a una persona a la que quieres y veo que necesitas. Pero si no lo haces, tu papel en esta triple historia será, creo que ya lo es, verdaderamente terrible, patética. A ti Marcel solo te puede acusar de haber violado su privacidad. Pero tu a él le puedes plantear su falta de confianza y de verdad en ti. No es un engaño, es un doble engaño, que exigiría ponerse en manos de un psicólogo o psiquiatra. Tienes que dar ese paso. Tienes que pensar en tu vida. Así no puedes continuar.”

Cuando Mayte volvió al trabajo, tras unos días de permiso que había solicitado, a cuenta de sus vacaciones anuales, se acercó a Inés y le comentó en voz bajo que necesitaba comentarle una serie de datos. Quedaron en verse esa noche para cenar juntas.

“Ya me encuentro un poco mejor, aunque tengo que tomarme unos fármacos para ir recuperando la normalidad, tras la tormenta por la que he pasado. Cuando afronté la situación con Marcel, su reacción fue en extremo violenta. De palabra, pero también en lo físico. Casi tuve que salir con lo puesto a toda prisa, a buscar cobijo en casa de mis padres. Allí sigo con ellos. Mi padre, acompañado de un amigo abogado, fue a la casa que Marcel y yo teníamos alquilada a por mis cosas. Como no había papel alguno entre nosotros para nuestra unión, tampoco había problema judicial que resolver. Eso sí, consultamos previamente lo que íbamos a hacer en la comisaria. En caso de que él actuara de alguna forma contra mi persona, la policía intervendría al efecto. Sé que puedo contar contigo para esta nueva fase de mi vida. Necesito tu amistad. En el aspecto material y afectivo, tengo la garantía de mis padres. Pero el apoyo de una buena amiga, es fundamental para éste y otros momentos”.

Inés supo estar al lado de su compañera y amiga Mayte, a fin de ayudarla a salir del duro trance emocional que ésta había tenido que protagonizar. Hoy, al paso de los meses, y de manera inesperadamente afortunada, ambas comparten en feliz pareja el discurrir de los días. La proximidad afectiva entre estas dos mujeres continúa firme y solidaria. Es un hermoso ejemplo acerca de cómo debemos apreciar y dinamizar el inmenso valor de la amistad.-

José L. Casado Toro (viernes, 9 Octubre 2015)
Antiguo profesor I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

viernes, 2 de octubre de 2015

INESPERADA RESPUESTA SOCIAL, EN LA PLÁSTICA ARTÍSTICA DE VANGUARDIA.


En este mundo alocado que nos ha correspondido protagonizar, sometido a los comportamientos insólitos de la más absurda irracionalidad, donde cada vez producen menos sorpresas las acciones más inverosímiles contra la sensatez y la lógica, cuando todo se nos antoja más que previsible y rutinario por efecto de esa globalización que invade no sólo lo económico, sino las más variadas plataformas de nuestras incógnitas existenciales, surgen historias que, como contraste a tanto desequilibrio y sinrazón, nos hacen sonreír y pensar. Dos positivas actitudes, sonrisas y pensamientos, que ennoblecen a quiénes tienen la plausible capacidad de hacerlas explícitas en el aventurero recorrido de sus vidas.

Germán Dobaños, con gran esfuerzo y tesón (dada la humilde situación patrimonial de su modesta familia) pudo concluir, con un brillante expediente académico sus estudios universitarios en Historia del Arte. Con esta licenciatura humanística en su curriculum, se dispuso a buscar una salida laboral que estuviera acorde a la formación recibida en esa parcela tan atrayente de la cultura. Como primera acción, llamó a las puertas de la función docente, no obteniendo los resultados adecuados que le permitieran acceder a esa deseada plaza en colegios o institutos de titularidad estatal. Sus solicitudes, en el mismo ámbito de la enseñanza de titularidad privada, quedaban sucesivamente archivadas junto a las de otros numerosos aspirantes al ejercicio docente. Pero, al fin, una luz se encendió en ese túnel pedregoso de la búsqueda laboral.

Un nuevo Centro de Arte Contemporáneo, ubicado en una provincia limítrofe con la de su lugar de residencia, publica la convocatoria de un concurso de méritos, a fin de cubrir una plaza de vigilante, ante la próxima apertura al público de sus riquezas escultóricas, pictóricas y otras muy diversas piezas suntuarias. Germán presentó al efecto un denso dossier de méritos, con sus certificaciones correspondientes. Tras una bien mantenida entrevista, con el concejal de cultura del Ayuntamiento, esperó con impaciencia los resultados del concurso. Los méritos aportados por el solicitante fueron convincentes para el tribunal calificador. La obtención de esa anhelada plaza, colmó a nuestro personaje de una inmensa alegría. Firmaba un contrato por anualidades renovables de trabajo, bien es cierto que con un sueldo mensual no muy elevado, dado que su puesto sería el de simple vigilante de sala. Se veía obligado a cambiar de residencia, con respecto a la ciudad donde vivía con sus padres, pero consiguió que la corporación municipal, a través del servicio de asistencia al mayor, le habilitara una vivienda con el compromiso de acompañar a su propietario, una persona octogenaria, para que éste no estuviera sólo en casa durante las horas nocturnas.

Las ocho horas de trabajo en el centro artístico, entre martes y domingo, no eran desde luego demasiado esforzadas. Su misión consistía en controlar el comportamiento de los visitantes en las cuatro salas donde estaban expuestas las numerosas piezas artísticas que el museo albergaba. Se le había entregado, al efecto, un básico material informativo acerca de las mismas, para que pudiera atender u orientar alguna posible pregunta de los visitantes al centro, aunque todos los objetos expuestos tenían unas tarjetas explicativas con los datos necesarios acerca de su significado. En definitiva, un trabajo cómodo, relacionado íntimamente con su titulación académica pero que, al paso de los días, se le hacía intensamente aburrido. Sobre todo porque salvo los domingos, en que la entrada era gratuita, el número de visitantes era muy reducido durante el resto de la semana. La relación con esas escasas personas, interesadas en el arte moderno, era muy limitada, pues éstas apenas hacían preguntas sobre los curiosos objetos que contemplaban.

Buscando algún motivo para el divertimento, en esas largas horas de permanencia en las salas del Museo, sin apenas nadie con quien intercambiar un rato de conversación, pensó en llevar a la práctica alguna acción que le distrajera y, al tiempo, dinamizara en algún sentido la vida aletargada que se respiraba entre tantas piezas inertes. Tal vez, incluso, podría dinamizar la afluencia de visitantes que cada día que pasaba era más reducida. Había jornadas en que apenas pasaban por la taquilla del Museo un par de personas. En uno de los almacenes, sitos en el sótano del edificio, fue acumulando una serie de objetos, con los que pensaba hacer alguna obra de impacto que expondría, aprovechando la ausencia próxima del director. Celso del Haro tenía previsto viajar a París y Londres, con motivo de un Congreso Internacional de centros del arte contemporáneo y otras gestiones relativas a su cargo. Estaría fuera de España durante una semana y media.

Una tarde, lunes de octubre, tras echar el cierre del Museo a las siete, se dispuso a llevar a la práctica la creatividad de su poderosa imaginación. Habilitó un espacio, en la sala tres, sobre el que puso un gran palé de madera, que había encontrado junto a unos contenedores de un supermercado. Sobre el mismo fue entremezclando una serie de adoquines de hormigón, que había cogido en unas obras cercana, con diversas prendas femeninas compradas al efecto en un Centro Comercial. Una blusa celeste, unos short beiges, dos medias finas, sandalias, un bolsito de colgar abierto, en el que se veía preferentemente una barra de labios junto a un botellón de agua mineral a medio consumir. También, un móvil de los antiguos y un llavero, perteneciente a una afamada marca de coches. Y, como colofón, en un agresivo primer plano, unas bragas blancas muy sensuales por su transparencia. Sobre ese conjunto de prendas, que reposan sobre las dos hileras de adoquines, dejó caer pausadamente el contenido de un bote de pintura roja, con salpicaduras y goterones a discreción, representando la sinrazón del dolor. Unas hojas secas esparcidas simbolizaban la estación otoñal. La cartulina informativa titulaba a esta nueva composición: Violencia y cobardía. La autoría de la obra estaba firmada por un nombre imaginario en la plástica rusa: Dimitri Khunasov. Cuando abandonó el recinto museístico, las manecillas del reloj marcaban ya las 12.35 de la madrugada. A esa hora de las estrellas y luceros, no había cenado aún y sólo se había permitido un par de sorbos de agua.

Pasaron las horas y los días y, fuese por la casualidad, el propio interés o la publicidad del boca a boca, la presencia de visitantes en el Museo se fue incrementando. Primero, de una forma moderada pero, ya en el fin de semana, había un mayor número de personas, especialmente mujeres, que llegaban preguntando precisamente por esa nueva obra que había sido expuesta como símbolo conceptual contra la violencia de género. Germán, en connivencia divertida consigo mismo, sonreía y se sentía halagado con la respuesta social que su osada “travesura” estaba provocando.

Ya en el miércoles de la siguiente semana, el diplomado en Artes Plásticas y director del Museo,  Celso del Haro, llamó a Germán, el vigilante, para preguntarle su opinión acerca de los motivos para ese positivo cambio que se estaba produciendo, en la adquisición de los tickets de entrada al recinto.

“Germán, aunque estés desempeñando la función de vigilante, sé que tu preparación está suficiente cualificada para más altas responsabilidades. Te comento que en lo que va de mañana, me han llamado ya desde dos periódicos. En ambos casos, se trataba de los responsables de las páginas para la cultura. Me preguntan quién es este artista ruso llamado Dimitri Khunasov. Tras darle una respuesta plena de inconcreción, he acudido en Internet a su buscador Google. Lo más curioso del caso es que la única entrada que hay para ese nombre se refiere a un mariscal ruso, de la época napoleónica, que parece ser participó activamente contra el emperador francés, en varias batallas. Estuvo presente incluso en Waterloo, pero no hay nada que hable de sus realizaciones o habilidades artísticas …… Estoy hecho un verdadero lío, porque tampoco tengo referencia alguna, acerca de cómo esta afamada obra “Violencia y cobardía” ha llegado a los fondos de nuestro Museo, para su exposición….. ¿Qué opinión te merece el impacto que está produciendo en el interés y aceptación popular? ¿Conoces cuál ha sido el canal de procedencia de esta obra, ahora en nuestro Museo?”

Por la cabeza del vigilante y licenciado de Hª del Arte, Dobaños, circulaban, en ese momento, varias reflexiones. La más importante de todas: ¿cómo era posible que todo un director de Museo no estuviese al tanto del inventario de obras que entraban y salían, dentro de la institución que precisamente él comandaba? ¿Debía o no confesar su alocada y traviesa acción, al atribulado Celso? En caso de hacerlo ¿podría seguir conservando su puesto de trabajo, o sería despedido sin mayores contemplaciones?

En este momento de controversia mental, ante los interrogantes planteados por su director, se acercó a la pareja la secretaria Elena, comentando que desde la televisión autonómica solicitaban permiso para hacer un reportaje sobre las repercusión que la susodicha composición estaba provocando en esa parte  de la ciudadanía interesada por los temas del arte. Viendo Germán que la situación se había desbordado, pidió a Celso que ambos se reuniesen en el despacho de éste, a fin de explicarle todo el trasfondo de esta curiosa historia.

“Director, el responsable de todo este desaguisado he sido yo. Tomé la decisión de construir esa composición simbólica, a fin de demostrar varias cosas. Quería denunciar la cantidad de majaderías que se exponen en estos centros del arte vanguardista y que, sin embargo, provocan ese inesperado impacto mediático y social. Probablemente muchos artistas realizan composiciones cuyo significado ni ellos mismos conocen. Y lo más jocoso de su acción es comprobar la reacción de los analistas, críticos y entendidos en la materia artística, que rellenan  páginas y páginas, con sus elucubraciones, verdaderamente crípticas, que harían reír a los propios autores de esas avanzadas muestras del arte contemporáneo o actual. El público, en general poco entendido en estas claves de la interpretación artística, se pregunta acerca de los objetos que tienen delante y los curiosos títulos elegidos por los autores de estas obras. Más de uno pensará que le están “tomando el pelo”. Yo mismo, juntando varios adoquines, diversas piezas de ropa y una lata de pintura, he conseguido despertar del letargo a este museo, cada vez menos visitado por el gran público”.

Celso del Haro, actuando con habilidad manifiesta en la optimización de recursos, decidió mantener en el puesto de trabajo a su subordinado Germán Dobaños. La referida composición artística continuó en exposición, pero ahora en la sección dedicada a los nuevos creadores. El nombre de Dimitri fue cambiado por el del verdadero autor de esa simbólica obra vanguardista. Ahora, cada miércoles y jueves por la tarde, los visitantes al Museo pueden recibir una sucinta explicación acerca las obras expuestas más significativas. Esta divulgación explicativa es impartida por Germán quien, desde ahora, además de vigilante, suma a su función la de monitor didáctico.-  

José L. Casado Toro (viernes, 2 Octubre 2015)
Antiguo profesor I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

viernes, 25 de septiembre de 2015

REFLEXIÓN GLOBAL SOBRE EL DÍA, CUANDO AL FIN LLEGA LA NOCHE.


El tiempo avanza inexorable, con la rapidez propia de su enigmática naturaleza. Para algunos, las veinticuatro horas en que dividimos el día han resultado demasiado cortas, con respecto a sus expectativas y previsiones de acción. En otras personas, ese espacio temporal es percibido como extremado e insoportablemente extenso. En uno y otro plano de la apreciación, esta valoración contrastada del día va a depender, obviamente, de cómo les haya ido a sus protagonistas en sus proyectos y realidades. Hay fechas del calendario en que la suma de las apreciaciones positivas superan amplia y alegremente, esas otras experiencias que han podido resultar ingratas en nuestra memoria. Sin embargo la aritmética puede también resultar desalentadora, en otros días más aciagos para los anales de nuestras alforjas.

Efectivamente, muchos psicólogos, psiquiatras, orientadores, confesores, profesores, analistas y demás expertos, valoran y aconsejan la conveniencia de practicar esa reflexión global acerca de cómo nos ha ido la jornada, antes de acometer el necesario y reparador descanso nocturno, tanto para el cuerpo como para la mente. Incluso hay personas que practican el saludable ejercicio de escribir unas líneas, en ese diario íntimo que ayuda a organizar y estructurar mejor el resumen de nuestras experiencias. Eso sí, hay que esforzarse por aportar, en el conjunto de palabras y párrafos para el análisis, una buena dosis de valentía, sinceridad y equilibrio, a fin de que el contenido de aquéllas puedan resultar útiles y terapéuticas. A partir de estas reflexiones pretendemos mejorar, para el nuevo día que nos espera, el saldo valorativo de estas veinticuatro horas que son ya historia en nuestros recuerdos.

Desde el plano básico de la racionalidad, nadie puede confiar o creer que todo lo que le sobrevendrá, durante el día próximo, va a ser favorable, enriquecedor o divertido. Habrá de todo, sea bueno, regular o ingrato, como en las estanterías de las tiendas, los supermercados o en los grandes almacenes para el consumo. Lo realmente desagradable es cuando se acumulan las desventuras y demás  situaciones incómodas. Es cierto que con nuestra inteligencia y esfuerzo, podemos influir o colaborar en que el azar, la suerte o la oportunidad, siembren de sonrisas la expresión de nuestros rostros. Veamos, a continuación una historia que articula y estructura, bastante bien,  todas estas ideas.

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Eladio suele iniciar el día bien temprano. Nada más levantarse de la cama, se enfunda su chándal deportivo y corre unos pocos kilómetros por distintos itinerarios urbanos. Sin embargo, no podía imaginar que, en este viernes de Junio, pudieran sobrevenirle tal cúmulo de sinsabores como aquellos que hubo de compartir, sufrir y protagonizar. En esos minutos de footing, antes de iniciar su trabajo como repartidor de mercancías en una empresa de mensajería, pisó donde no debía, con los resultados propios de ensuciar profundamente sus Nike, recién compradas. Y todo por el incivismo y descuido de un insolidario propietario de mascota que no controló ni limpió los excrementos que va dejando su animal, sobre el pavimento de la ciudad.

Ya enfundado con el uniforme de empresa, se encuentra a la salida del ascensor con su vecino del piso de abajo, el cual le pide vaya a su domicilio para que vea las goteras que desde el techo está soportando en su cuarto de baño. Sin duda, la casa de Eladio tiene alguna tubería o conexión rota, por lo que está mojando el piso de este enfadado vecino. Tras asegurarle que esa misma mañana llamará al seguro del hogar, coge su moto a fin de desplazarse rápidamente a la nave industrial donde se ubica la sede de su empresa, donde comenzará su jornada laboral a las diez en punto de la mañana.

Ya en pleno reparto, observa entre los paquetes de su furgoneta pendientes de entrega dos neumáticos de coche, comprados vía Internet, por un cliente que reside en el ático de un bloque antiguo de la ciudad. Ha de subir a pie cinco largos tramos de escaleras, pues el bloque carece de ascensor. Resoplando, llega hasta la puerta de la dirección anotada en el volante, con la escasa suerte de que el propietario no se encuentra en casa en ese momento. Aunque llama en los timbres de algunas puertas del edificio, parece que sus inquilinos están en el trabajo o a nadie le apetece abrirle la puerta. De nuevo ha de subir hasta el ático, en donde deja un aviso, a fin de que el destinatario del mismo vaya a recoger los neumáticos a la nave industrial.

Recuerda el asunto del desagüe, que está mojando el techo de su vecino. Llama por teléfono a la agencia de seguros, donde una secretaria toma nota del parte aclarándole que, siendo viernes, habrá de esperar hasta el lunes, para que vayan a ver a su piso. El perito encargado de la inspección se encuentra hoy en la zona de Marbella-Estepona. A pesar de las protestas y esfuerzos  de Eladio, poco hay que hacer. La chica le sugiere que cierre la llave de paso del agua, en el cuarto de baño. Eladio le aclara que su piso es pequeño y que sólo tienen ese espacio para la ducha, pues el cuartito de aseo carece de esa prestación. Sin embargo, no hay solución. Piensa en la cara que va a poner Maica, cuando le explique que durante ese finde habrán de lavarse por trocitos, pues no podrán echar agua por la bañera.

Ya por la tarde, sufre un inesperado accidente. Llevando unas cajas que contienen microondas, a un comercio de electrodomésticos, unas de las cintas que cierran el bloque de las cuatro cajas, le produce un corte en la mano izquierda. Viendo que comienza a fluirle la sangre, con un pañuelo se hace un fuerte vendaje y acude con presteza al servicio de urgencia que tiene más cercano al lugar del accidente. Allí, mientras espera ser atendido, observa que hay mucho trasiego de personas, cada una con diversos problemas en su salud. Queda impresionado ante la imagen de un chico joven, vestido deportivamente, que avanza esposado, vigilado por dos policías, camino del servicio. Se fija especialmente que el detenido no mantiene una expresión de preocupación, vergüenza o seriedad, sino que por el contrario cuando pasa junto él le sonríe, con un gesto de la mayor naturalidad. Antes de entrar en el servicio, uno de los policías le quita las esposas. Cuando sale, tras haber realizado su necesidad, extiende  otra vez sus manos para que de nuevo sean esposadas. Esa apariencia de serenidad y naturalidad que ofrece este chico joven, ante toda la gente que le mira más o menos abiertamente, es una imagen que recordará con intensidad, cuando esta noche repase mentalmente los eventos más significados de la jornada.

Aún con los cuatro puntos de sutura que le tuvieron que aplicar en la mano lesionada, conduce con dificultad su furgoneta hacia el almacén. Cae en la cuenta que tiene un último paquete por entregar (exactamente un iPhone, de una gama ya descatalogada) precisamente en un domicilio cercano al Polígono Industrial hacia donde se dirige. La destinataria del envío vive en una casita mata, junto a otros chalets diseminados por la zona. Aunque le molesta la herida, realiza la entrega a una señora mayor que no oculta sus muchas ganar de hablar. El regalo será para su nieta que, dos días más tarde cumplirá su mayoría de edad. Eladio le comenta que es un estupendo detalle y que su nieta lo va a agradecer. Haciendo de tripas corazón, se ve obligado a aceptar una taza de café que, con mucho esmero, la buena señora le sirve, acompañado con un platito lleno de galletas. Agradece todas las atenciones que recibe de esta buena mujer, explicándole que está deseoso de entregar la furgoneta para volver de inmediato a su domicilio y descansar  de la mano lesionada.

Llega a su piso a las 8:40 de la noche, yéndose directamente a la ducha. Pero recuerda que no puede abrir la llave de paso del agua, para evitar que siga mojándose el techo de su vecina. Pegada en la puerta del frigorífico, observa una nota a él dirigida. “He salido con Celia y Paloma. Queremos recordar nuestro años en el Colegio San José. Volveré un poco tarde, pues hoy es el cumple de Paloma y queremos cenar juntas. Tienes en el frigo media tortilla de patatas, queso del duro y lo que queda de la torta de manzana que me trajiste ayer. Maica”.  Entonces decide asearse por trocitos. Una vez cambiado de ropa , se sienta en el salón, a donde se lleva una bandeja con su cena, encendiendo en el televisor la página de Teledeporte. Se siente cansado por lo que, al terminal la frugalidad de su alimento, busca pronto el descanso reparador echándose en la cama.

A pesar de tener apagada la lámpara de su mesita de noche, hay suficiente luz indirecta dentro de la habitación. Esa luminosidad somnolienta procede de un faro municipal ubicado muy cerca de la ventana del dormitorio. No tiene sueño, pero siente su cuerpo intensamente cansado. Entonces tiene la feliz ocurrencia de repasar mentalmente los hechos más significativos que han presidido su jornada. Como si fueran los fotogramas de una película, van pasando ante la vista de su memoria la desafortunada pisada matinal de sus recién estrenadas Nike, que mañana temprano se propone  limpiar; las molestas goteras en el cuarto de baño, que sufre su vecino del 4º A, debido un desagüe obsoleto en las tuberías; la atención poco responsable que ha recibido por parte de su compañía aseguradora del hogar; el peculiar edificio sin ascensor, con esos altos escalones de madera noble, que se vio obligado a subir y volver a bajar (ante la ausencia del inquilino del piso) con los dos pesados neumáticos Michelín; la lesión que sufrió en su mano izquierda y la posterior asistencia en los servicios de urgencia; no se le ha olvidado, de manera especial la frágil figura de ese muchacho bien arreglado y que, con las manos esposadas, se dirigía al servicio del hospital ¿Cuál era el sentido de esa sonrisa que recibió por parte de un joven detenido por la policía  y que sin embargo no ofrecía el perfil de un delincuente profesional? Y también, en la tarde, la deferencia sobreactuada de la señora Engracia, con esa necesidad hiperactiva por comunicar……

En esos pensamientos se encontraba Eladio, cuando escuchó la llave de la puerta. Percibe las pisadas de Maica, aunque decide simular que permanece dormido. No se siente con fuerzas para entablar esa necesaria y complicada conversación, siempre pendiente, acerca de la situación relacional que ambos están protagonizando. Éste no es el momento apropiado, dada la hora de la noche y soportando un estado físico y mental profundamente cansados. Quizá este fin de semana, se atreverá a romper el hielo real de la incomunicación entre ambos. Hay un fuerte olor a tabaco, cuando su mujer entra en el dormitorio. Sigue repasando su día, que ha sido denso en acontecimientos y vivencias. Considera que hoy han prevalecido las sombras sobre las luces. Quizás mañana viernes, la situación se invierta y pueda, en el resumen nocturno que realizará, visionar otras imágenes y vivencias más animosas. Dentro de unas horas habrá de volver a madrugar, cuando apenas comience la siempre esperanza del amanecer. El tic tac del despertador se hace sentir en el silencio nocturno caminando, con su rítmica acústica, ante corazones monótonos que deambulan somnolientos por las páginas de nuestra memoria. Tomorrow can be better …… mañana puede ser mejor.-

José L. Casado Toro (viernes, 25 septiembre 2015)
Antiguo profesor I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga