viernes, 20 de octubre de 2017

JUEGO DE VOLUNTADES, EN LAS RELACIONES ADULTAS.

En la vida diaria nos rodean miles de detalles y elementos, que “viajan” y pueden pasar inadvertidos para nuestro estado de plena conciencia. Apenas nos damos cuenta de los mismos por muy diversas razones: sea por la falta de interés que en principio nos provocan, por concentrarnos en otros planos heterogéneos de necesidad y, también por supuesto, a causa de ese estrés generalizado en que nos vemos sumidos, necia servidumbre profesada al minutero al que sometemos la estructura orgánica y mental que nos sustenta e identifica. La realidad es que no nos damos cuenta de muchas cosas aunque, desde los chascarrillos de acá y de allá, también se nos advierte que en no pocas ocasiones somos nosotros mismos quienes vetamos el “acercamiento” a ese plano necesario de la realidad. Dicho de una forma clara y concisa: muchas evidencias y detalles no llegan a nuestro conocimiento, nos pasan “desapercibidos” porque sencillamente evitamos, de manera consciente, darnos cuenta de los mismos.

Santos Lama, 39 años, es un profesional de la banca. Trabaja desde hace años en una consolidada entidad financiera. Lo hace, de lunes a viernes, tras una mesa presidida en su frontal izquierdo por una placa que indica la función que en la actualidad desempeña: ATENCIÓN AL CLIENTE. Forma matrimonio canónico con una cualificada investigadora de 42 años, Vilna que, por su titulación en Químicas y su excelente expediente académico y profesional, presta servicio en la sección de laboratorio para análisis y creación de nuevos productos, en una importante industria cuya principal producción son los lácteos y derivados. Aunque en fechas próximas su matrimonio va a cumplir la primera década de convivencia, no han tenido descendencia en el mismo. Esta realidad la tienen plenamente asumida, pues ambos están intensamente entregados a la actividad que realizan en sus respectivas profesiones. La medicina les ha ofrecido algunos caminos para superar esta dificultad genética, sin embargo ellos no consideran este asunto de la procreación como prioritario para sus intereses familiares en la actualidad.

La relación afectiva que la pareja mantiene es un tanto superficial, realidad que se sigue agudizando a medida que avanzan los años. Especialmente en el caso de Vilna, que cubre un amplio horario laboral, muy valorado y bien remunerado, en la estructura empresarial a la que se halla vinculada. Hay días en que tras el desayuno  (que no siempre realizan juntos) no vuelven a tener contacto entre ellos hasta incluso después de la cena, También son frecuentes los viajes que ella ha de realizar, a fin de recorrer los diferentes puntos de producción que el consorcio empresarial tiene establecidos por todo el territorio nacional e incluso en países del entorno mediterráneo,  como Portugal, Italia y Grecia.

En esa cada día menor presencia en casa (salvo en los fines de semana) por parte de Vilna influye un dato afectivo que su marido desconoce. Hace unos cinco meses, el departamento de personal realizó varias incorporaciones, para cubrir puestos específicos dentro del organigrama productivo. Una de estas nuevas y muy estudiadas contrataciones fue la de Patrick, un delgado, alto y bien parecido británico, natural de Norfolk, experto internacional en investigaciones lácteas y que se afana en la lucha por superar su reciente viudez. Ejerce de codirector del laboratorio central, junto a la experta investigadora española, a la que le cuesta trabajo aceptar que este brillante, imaginativo, ocurrente, amable y bien conservado compañero pueda tener la edad que marca el directorio de la empresa: diecisiete años más que ella. Ambos científicos han de pasar juntos largas sesiones de trabajo, con lo que la fluidez del diálogo que ambos mantienen se ve reforzada por esos minutos de café e incluso almuerzos, que los dos bien avenidos compañeros comparten en la muy visitada cantina de la fábrica.

Las palabras, las miradas, los gestos, la mutua necesidad ha provocado, sin previa intencionalidad, que los dos bien avenidos científicos complementen sus caracteres, valores y cronologías, entablándose entre ellos unas relaciones íntimas, celosa y hábilmente discretas. Ello exige a Vilna hacer dote de su agudeza y disimulo, a fin de justificar todos esos minutos e incluso horas que la mantienen alejada “justificadamente” del nido conyugal. Mientras tanto su marido, ajeno a todos esos devaneos de la muy apreciada investigadora, dedica las tardes en que no ha de acudir a completar tareas en la entidad bancaria al descanso, a los juegos de la playstation frente al “gigantesca” pantalla en pulgadas de su Sony Bravia y a una afición que mantiene desde su adolescencia: desarmar y armar mecanismos, especialmente antiguos relojes y motores de pequeños electrodomésticos. Así pasa las horas, las tardes y muchas de las cenas, en las que ha de sentarse sin su compañera en la mesa, alimentándose no sólo con las comidas preparadas que calienta en el microondas, sino también “embebido” recorriendo canales de televisión, de los más de doscientos y picos que le suministra la cadena servidora que tiene contratada.

“Does not your husband suspect anything? (¿No sospecha algo tu marido?) Le pregunta, con frecuencia, Patrick a su compañera de trabajo y amante.

“No creo que sospeche nada, porque tú y yo actuamos con extremada habilidad. Al menos él no me ofrece muestras de dudas o insinuaciones sobre mis “exageradas” ausencias de casa por motivos laborales. Sabe que soy muy cumplidora, tal vez obsesiva, con respecto a mis obligaciones laborales y que no reparo en sacrificio alguno para responder ante los superiores que me han otorgado su confianza. De todas formas … no sé cuánto tiempo vamos a poder seguir manteniendo esta situación. Desde luego lo que no contemplo, por ahora, es una ruptura. Siempre me ha mostrado su nobleza y amor aunque, si he de serte sincera, siempre lo he considerado un poco infantil e inmaduro. Tal vez ese rasgo de su carácter fue por lo que me vinculé a su persona, sobre todo porque ese rasgo equilibraba mi excesivo temperamento cerebral. Yo necesitaba de ese complemento, aunque en ti he hallado mi verdadera estabilidad, además de esa continua necesidad afectiva que tanto nos vitaliza”. 

Sin embargo, al paso de las semanas, la cada vez más distante actitud de Vina, movió a Santos a realizarle algunos prudentes comentarios, pero sin querer provocar discusiones y, por supuesto, acusaciones concretas. “Te observo demasiado “dominada” por tu trabajo. Apenas nos vemos durante el día y cuando vuelves a casa, por las noches, ofreces una imagen de profundo cansancio. Debes sopesar con serenidad si tanta dedicación y esos repetidos viajes pueden acabar con afectarte en la salud. Además, cuando logramos estar en la mesa o en los fines de semana, tus silencios cada vez me preocupan más. Debes ralentizar esa absoluta entrega y dependencia hacia las obligaciones laborales”.

A eso de la media mañana, una cliente apareció por la sucursal, dirigiéndose con seguridad hacia la mesa de trabajo ocupada por Santos. Una vez que tomó asiento, se identificó como Nama (Natividad María). Venía a solicitar información acerca de algún plan interesante de inversión, para unos ahorros que tenía en otra entidad bancaria y por los que cada vez estaba recibiendo menores intereses. La interlocutora del empleado bancario era una mujer que andaría por su cuarta década de vida, cuerpo y rostro agradable, vestía de manera deportiva y mostraba un dulce carácter, tanto en su forma de expresarse como en el comportamiento global de educada su actitud. Las visitas de esta cliente se repitieron en días sucesivos, pues además de los planes de pensiones deseaba contratar otros servicios y solicitar nuevas informaciones financieras. Santos, cada vez más prendado en esta mujer, disfrutaba con su presencia, con sus sonrisas y con la dulzura que mostraba hacia un ser como él, cada vez más solitario y con una patente necesidad afectiva. Verdaderamente era un verdadero “milagro” que Nama hubiera aparecido, casi por encanto, en la oportunidad de su vida.

Pronto llegaron ofrecimientos para ir a tomar café, simpáticos e ilusionados encuentros en esos días de largos atardeceres, traviesos mensajes del whatsapp en todos esos minutos en que tampoco duermen las estrellas y para la recíproca gratificación unos “oportunos” viajes, siempre por motivos de trabajos de Vilna, ausencias bien aprovechados por dos personas crecientemente enamoradas por la realidad de sus vidas.

Poco a poco Santos fue conociendo aspectos significativos de la historia de esa nueva compañera, que compensaba, con tacto y estilo, tantas ausencias y frialdades de la que era su legítima mujer.

“Es curioso y maravilloso a la vez. A mis 41 “abriles” nunca había logrado mantener una relación estable con ese compañero con el que todas soñamos su aparición en nuestras vidas. Efectivamente he conocido a varias personas , cuyos contactos podían haberse estabilizado en una relación afectiva. Pero, unas veces por ellos, otras por mí, la atmósfera se iba nublando entre nosotros y poníamos fin a lo que podía haber sido y ya no lo era. Unas veces sufría él y otras, lógicamente, era yo quien tenía que desahogarme a través de las lágrimas. Sin embargo contigo pienso con seguridad que estas situaciones no se van a volver a producir. Yo lo tengo más fácil, pues no tengo vínculos contractuales, como es tu caso. Pero algún día tendrás que hablar valientemente con Vilna, tu mujer, y explicarle una situación que a ti y a mi nos llena de alegría y que nos hace “respirar” cuando estamos juntos”. Estas palabras, pronunciada con dulzura y delicadeza, colmaban de alegría el ego solitario de Santos.

De forma paralela, Patrick y Vilna seguían colaborando en las actividades del laboratorio y manteniendo, cada vez con más sosiego, una relación amorosa que colmaba y compensaba tantas horas dedicadas al trabajo analítico e investigativo. De manera especial, trabajaban para la elaboración de nuevos productos, en un mercado cada vez más competitivo para un sector tan demandado como es el de la alimentación. Las horas de ausencia de su domicilio seguían manteniéndose, pero cuando esta cualificada investigadora se sentaba en la mesa con su marido, las miradas eran mucho más apacibles, alegres y fraternales. A los dos se les veía felices, pues el secreto que cada uno de ellos guardaba celosamente en su privacidad, estabilizaba y motivaba a la vez su ánimo, su actitud comprensiva y, obviamente, su estado anímico de felicidad.

En realidad Santos nunca descartó que su mujer pudiera estar manteniendo alguna relación extramatrimonial. Era una posibilidad entre muchas, aunque también era consciente de la entrega obsesiva de Vilna hacia sus obligaciones laborales. Pero ¿para qué pensar más? El destino se había mostrado generoso con él, tras poner en su vida a una persona que una mañana entró inesperadamente por la puerta de la sucursal bancaria, con el ánimo de consultar un “aburrido” asunto de fondos de inversión. Él se sentía feliz, también Nama (sus ojos, sus gestos, su look personal, rebosaban alegría) y, de manera curiosa, el semblante de Vilna reflejaba, cada día más, el sosiego, la fértil serenidad y humildad en el trato con su pareja legal. Incluso esos amargos y tensos silencios, de antes en la mesa, habían desaparecido y la sencilla locuacidad que ambos cultivaban hacía ahora gratos y enriquecedores esas oportunidades para compartir el breve tiempo disponible, disfrutando de una serena amistad. Y no había prisas. Ya llegaría el difícil momento de aclarar ante ella la nueva motivación que arrojaba luz en su existencia. Percibía que los tres se mostraban cada día más satisfechos con la realidad de sus vidas.

Eran las seis y media de la tarde. Ese día Nama se había excusado con Santos de no poder estar en ese grato tiempo vespertino que solían compartir los dos enamorados, cada vez con más asiduidad. El motivo era por tener que acompañar a su madre a una visita a la consulta del odontólogo, pues la buena señora era un tanto recelosa a sentarse en el asiento clínico frente al dentista. Santos se mostraba un tanto cansado de sus juegos con la play frente a la pantalla del televisor. Pensó en darse una vuelta y de camino pasar por la tienda de los productos informáticos, ya que había visto en Internet una interesante novedad que precisamente hoy se ponía a la venta. Incluso se había formado una cola de gente joven, ante la puerta de Game, esperando turno para acceder a la compra de tan apetecible y dependiente artículo. Precisamente en ese mismo centro comercial, en una de las cafeterías del primer piso, dos mujeres, ambas prácticamente coetáneas en edad, compartían una privada conversación ante sendas tazas de descafeinado de máquina.

“No te puedes imaginar la alegría que me vas dando, cuando podemos comunicar, al verte tan plenamente feliz. Cuando pensé en ti, para que me echaras una mano, tenía la plena convicción de verte como la persona adecuada. Siempre me apenó los golpes afectivos que mi querida amiga y compañera de instituto estaba recibiendo por esa suerte que tantas veces nos es tan esquiva. No te niego que, de manera egoísta, yo también necesitaba a una persona, adornada con tus valores y maravillosa personalidad, para ayudar a mi marido que, cada vez más, se le estaba haciendo insoportable e insufrible la soledad a que se veía obligado por mis ausencias… por mis relaciones secretas con Patrick. La verdad, te lo confieso, esa traviesa aventura yo la veía más como una distracción, muy necesaria y terapéutica,  para ambos. Nunca llegué a considerar que en vosotros pudiera surgir esa cálida e irresistible llama del amor, con tanta intensidad, con tanta fuerza, con tanto entusiasmo, como me vas narrando con esa confianza y fidelidad que siempre me has deparado. Me alegro mucho de vuestro amor.

Lo mío con Patrick cada día va más en serio, querida Nama. Él me pide, de forma reiterada, que demos el valiente y decisivo paso para comenzar a vivir juntos. Las dos parejas, ciertamente, tendremos que enfrentarnos a la realidad: no podemos esperar mucho más tiempo. Como somos personas civilizadas, ese “temible” encuentro a cuatro, con indudable sabor cinematográfico, no tiene por qué salir mal. Hemos de reunirnos y poner las cartas sobre la mesa. Entiendo que debo ser yo quien dé el primer paso y desvele toda la verdad a Santos. Creo que él, una buena persona, sabrá entenderlo. En vuestro caso, tenéis que emprender con firmeza ese camino que os hará felices, mientras que Patrick y yo, plenamente ilusionados, también emprenderemos una nueva vida”.-


José L. Casado Toro (viernes, 20 Octubre 2017)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga


viernes, 13 de octubre de 2017

REGALO "MÁGICO" DE CUMPLEAÑOS, PARA UN ILUSIONADO ESCRITOR NOVEL.

Existe la convicción generalizada de que muchas personas mantienen, en la privacidad de su inteligencia, la ilusión por desarrollar algún “ambicioso” proyecto, más o menos complicado o laborioso, que colmaría positivamente un espacio significativo de su andadura vital. Seguramente serán muchos los ciudadanos que, en la suma de sus calendarios, podrán de manera razonable alcanzar esa anhelada meta. Por el contrario habrá otros que, al no conseguirlo, se consolarán pensando que, tras la llegada del retiro laboral, tendrán más tiempo y oportunidades para emprender esa “osada aventura” mil veces proyectada. Pero en ambos casos, casi todos estarán de acuerdo en que, con ese apetecible objetivo, enriquecerían y darían más significado a un más que previsible y rutinario recorrido personal por las hojas, siempre progresivas, del almanaque.

Escénicamente este reto podemos verlo explícito en muy diversas situaciones, en las que se abandona la privacidad del “secreto” a fin de compartirlo sociológicamente con los más allegados.  En una cena de amigos, en aquella conversación con tu pareja, en la confidencia médica con tu psicólogo, en el diálogo afectivo con el amigo de toda la vida, etc.  se pueden escuchar estas sinceras frases: “A mi siempre me habría gustado ejercer de …” “Espero que llegue el momento en que pueda ponerme a aprender …” “A mi me haría infinita ilusión poder visitar …” “Estoy seguro de que algún día comenzaré a…” “Lo he intentado en diversas oportunidades, pero la próxima vez será la definitiva” “Me sentiría inmensamente feliz si llegara el día en que lograra …” Sin embargo, no siempre el destino, la oportunidad, la suerte o la tenacidad y voluntad personal hacen posible alcanzar o viajar a esa sugerente plataforma material, sentimental, lúdica o espiritual que ha sustentado, con admirable permanencia, tan razonables o irrealizables anhelos. Veamos una sencilla historia que ejemplifica la proximidad de esta previa introducción.

Lucas, 27 años, trabaja como empleado en una empresa privada de seguridad. Silvia, dos años mayor que su pareja, ejerce como operadora telefónica en una empresa de paquetería y envíos urgentes. La convivencia de ambos acumula ya un quinquenio de equilibrada relación. Piensan, desde la juventud de sus vidas, que “más adelante” tal vez se animen a pasar por la vicaría o, al menos, por las oficinas del Registro Civil y también, por supuesto, en esa responsabilidad de dar luz a la vida de un nuevo ser.

Desde pequeño, Lucas ha tenido gran afición por la escritura y la lectura. “Construcción” de tebeos, narraciones escolares, elaboración de no escasos poemas, cuentos e historietas en la adolescencia, acumulan un apreciado material que tiene guardado, aunque desordenado, en todas esas carpetas que testimonian su profundo fervor y amor a las letras. Son páginas y páginas que comparten y socializan sentimientos y vivencias generadas en la traviesa dialéctica mantenida entre el mundo de la ficción y aquel otro sustentado en la realidad próxima. En más de una ocasión ha confesado a su pareja, con los gestos de su comportamiento, también con las palabras de su convicción, su deseo ilusionado por lograr, algún día, redactar y estructurar los capítulos narrativos de una novela o, al menos, una colección de relatos, aptos para su publicación. Tiene por “héroe” literario al gran escritor británico Ken Follet, Cardif 1949, al que con infantil y alocado reto algún día le gustaría poder emular. 

Hoy martes Silvia, en esos escasos momentos en que la centralita que controla enmudece, piensa en el regalo más adecuado con el que obsequiar y celebrar el inminente cumpleaños de la persona con la que convive. A las cuatro de la tarde termina su horario. Esta semana le ha correspondido atender el turno primero, que comienza apenas cuando clarea la mañana. De vuelta a casa, cambia la ruta habitual de su itinerario para acercarse a un gran centro comercial. Se dispone a visitar su sección de librería, a fin de buscar alguna novedad editorial que pudiera agradar y estar en consonancia con ese deseo íntimo de Lucas, en el ámbito de la creatividad literaria. Tras pasar por diversos expositores, se acerca a uno de los vendedores para consultarle al respecto. Al escuchar el resumen de su necesidad, el apuesto y bien trajeado interlocutor le sonríe, añadiendo una seña de complicidad para que le acompañe a un expositor central donde están colocadas la últimas novedades editoriales. Allí le muestra un volumen, envuelto en fino plástico transparente cuyo título, impreso en letras color esmeralda sobre un fondo con fotografía de un mar en calma, dice: HERRAMIENTAS “MÁGICAS” PARA ESCRIBIR TU PRIMERA NOVELA.

“Estimada Srta. Se trata de una edición especial, sustentada en un importante grupo editorial. Viene con esa magia especial de la sorpresa, pues no nos está permitido desvelar el secreto que encierra en su interior. Es decir, no podemos quitar el plástico transparente con el que viene envuelto este libro, por requerimiento empresarial. Sólo decirle que, según la crítica especializada, que se muestra bien remisa en desvelar sus datos internos, está teniendo un indudable éxito de ventas. Es un volumen dirigido hacia todos aquéllos que gustan de usar el lápiz, el bolígrafo o el teclado de su ordenador, a fin de lograr el gran milagro de escribir y “construir” historias. Piensa el grupo editorial que este manual puede resultar un instrumento muy eficaz para satisfacer esa ilusión que muchos atesoran en orden a completar su gran relato, su primera narración novelada y que, por muy diversas razones, han carecido de la oportunidad, el tiempo o la suerte para llevar a efecto tan noble objetivo a buen puerto. El precio es muy atractivo pues, le aseguro, que los veinticinco euros de su coste se compensan ampliamente con diversas sorpresas que hallará en su “asecretado” interior”.

Quien con tal hábil y extenso marketing se expresaba, era Gustavo Sarafranca, el cual se presentó (según expresaba su placa inserta en la chaqueta gris como jefe de sección, en la librería de tan prestigioso centro comercial. Silvia no lo pensó más, abonando en caja el importe del misterioso volumen, que previamente había preparado para regalo tan convincente vendedor.

Sábado por la mañana. A pesar de corresponder esta fecha con el cumpleaños de Lucas, éste ha de cubrir cuatro horas de trabajo por necesidades del servicio. Hay varios compañeros en baja médica. Cuando vuelve a casa, pasadas las dos de la tarde, Silvia le tiene preparada una suculenta comida que ha podido cocinar con tranquilidad ya que ella no trabaja los fines de semana. Llega el momento del postre. Aparece con una tartita “bañada” de chocolate, presidida por dos números de cera que vienen encendidos desde la cocina. Los afectivos besos de rigor y la entonación del “cumple feliz”, dejando en las manos de su compañero el volumen que tan bien le prepararon, dos días antes, en el departamento de librería de esos grandes almacenes.

Lucas abre despacio y sonriente el bien presentado envoltorio, leyendo con atención el título que preside su regalo. Rasga el plástico que lo envuelve y para su sorpresa y la de su compañera observa que es un ejemplar con 145 páginas, todas ellas en blanco (en realidad es un papel grueso de tonalidad crema) salvo las cinco hojas primeras. Estas p grueso y la de su compañera obssas hojas impresas. rimerastoio y lee con atenciepararon, dos dentona del "áginas iniciales están dedicadas a explicar la ”mecánica" del curioso secreto. Se sientan en el gran sofá y juntos leen el contenido de esas hojas impresas y orientadoras.

“Estimado amigo escritor. Felicitarte, en primer lugar, por haber elegido la apasionante aventura de “navegar” con ilusión y valentía por ese mundo, imaginativo y real, de las letras impresas. Vas a proceder a escribir tu primera novela o primer gran relato. Te facilitamos  el soporte material donde puedes hacerlo. Te sugerimos unas normas básicas y técnicas inmediatas, acerca de cómo hay que estructurar esa gran historia que te has propuesto redactar. De igual forma, aportamos como sugerencia diversos argumentos, planteados en forma de microrrelatos, que no superan las 20 palabras. También añadimos unos principios básicos gramaticales, en orden a la redacción de los párrafos que formarán el cuerpo temático. Adjuntamos, para tu fácil disposición, un número de teléfono móvil y una dirección electrónica, en dónde podrás consultar cualquier dificultad con respecto a la redacción de tu escrito. Estos puntos de ayuda estarán abiertos, para tu incondicional atención, las veinticuatro horas del día. Detrás de la línea telefónica y del propio correo electrónico, hallarás siempre a un muy cualificado equipo editorial, que estará presto para resolver todas las dudas que puedan entorpecer tu fluida creatividad.

Una vez que hayas terminado la redacción, sobre las páginas no impresas de este ejemplar o en la pantalla de tu ordenador, nos envías el escrito por el procedimiento que estimes oportuno. Será de inmediato corregido con anotaciones debidamente glosadas, que te ayudarán a mejorar y enriquecer tu capacidad expresiva escrita. Un nuevo equipo de redacción pulirá el texto y te aconsejará los últimos detalles que sería conveniente modificar. Una página web y la dirección electrónica correspondiente van a ser las ventanas didácticas que te adiestrarán convenientemente para ese tu gran logro expresivo.

Llegados a este nivel, nuestro equipo editorial estará dispuesto a publicarte esa tu primera gran obra de creatividad literaria. La edición conllevará un coste variable que estará en función del número de páginas, calidad material de la edición y el número de ejemplares que elijas, en una horquilla que iría entre 75-100-125 ejemplares. Para tu satisfacción, la editorial te comprará los tres primeros volúmenes. El departamento económico te informará, de manera detallada, las diversas tarifas que habrás de sufragar, en función de las variables que ya te hemos expuesto.

Cuando tengas la edición en tus manos, sentirás la emoción de haber construido y publicado un pequeño universo de creatividad, cuyos ejemplares podrás vender, regalar o conservar, para tu goce y satisfacción. A buen seguro, ya tendrás el apreciado árbol, ese querido hijo, tesoros a los que se unirá este libro que con tu esfuerzo, imaginación y destreza has logrado felizmente escribir y, posteriormente, publicar”. 

Una vez concluida la lectura de esta larga introducción explicativa, la joven pareja intercambiaron sus miradas, con un sentimiento ambiguo a medio camino entre la seriedad y las risas. A pesar de la jocosa percepción en Silvia de sentirse estafada, Lucas fue mucho más positivo en su reacción. Expresó su propósito de entrar en el “juego” propuesto por la editorial. En realidad acumulaba en sus carpetas muchos materiales narrativos que podrían servir de base para elaborar un gran relato que cupiera en los parámetros de las palabras normatizadas por el grupo. La osada aventura de dar cuerpo a una primera novela se hallaba pronta a comenzar. Con respecto al tema de la edición impresa ya tendrían tiempo para pensarlo, pues la publicación del futuro escrito no era urgente. En su momento tomarían la decisión más adecuada. De nuevo besó a su ya más tranquila compañera que, en un principio, se mostraba patentemente enojada. El homenajeado propuso ir al cine, por la tarde y esa noche ya tenía elegido un romántico restaurante, no lejos de la sala cinematográfica, a fin de celebrar la cena con motivo de su 28 cumpleaños.

Una semana y media después. Lucas marcó el número de contacto telefónico del monitor editorial. Eran las 19:35 horas, en un jueves de otoño. Necesitaba realizar un par de consultas acerca del primer capitulo de su libro, páginas ya prácticamente finalizadas. Como título provisional de la futura novela había elegido TIEMPOS CONVULSOS DE ADOLESCENTE.

Por favor ¿Grupo editorial Hemisferio?” Al otro lado de la comunicación fue atendido por la voz de una niña pequeña, a la que con su espontánea expresión oyó decir “¡Papáaa, preguntan por ti!”. Lucas mostró su extrañeza al percibir que hab-﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽IAun hogar familiar, pues se escuchaban otras voces de crtoño. Necesitaba realizar un par de consultas, acerca del priía llamado a un hogar familiar, pues se escuchaban otras voces de críos en el sonido ambiente. A los pocos segundos, fue atendido por un hombre de fluida expresión. “Buenas tardes, amable interlocutor, mi nombre es Gustavo Sarafranca. ¿Con quién tengo el gusto de comunicar?”.-



José L. Casado Toro (viernes, 13 Octubre 2017)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

viernes, 6 de octubre de 2017

UN PASADO QUE PERMANECE, EN LA REALIDAD DE DOS VIDAS

La ciudad amanece, en esta mañana de primeros de Octubre, con un cielo celeste claro, ausente de nubes y con temperatura ambiente plácidamente agradable para el común de la población. Otro día más, al igual que el de ayer y previsiblemente como mañana, en la difícil aventura laboral de Feliciano Rombón. A sus cuarenta y ocho años de edad, este ciudadano, casado y padre de un un hijo que acaba de alcanzar su mayoría de edad, continúa soportando la desesperante perspectiva de diecisiete meses ya en una angustiosa situación de paro.

Feli (así es llamado coloquialmente por todos sus allegados) apenas pudo finalizar los estudios del bachillerato pues, a causa de un bloqueo anímico ante los libros, en esas etapa complicada de la postadolescencia, desistió de matricularse en el COU (Curso de Orientación Universitaria). Un tío materno le buscó una recomendación para entrar como dependiente y auxiliar de almacén, en una afamada tiendas de electrodomésticos y artículos para el hogar. Ha logrado permanecer en esta empresa veintiséis años ininterrumpidos, atendiendo a la clientela y prestándose a realizar cualquier otra necesidad que hubiese que resolver en su tienda de toda la vida. Pero llegaron tiempos nublados para el comercio y las ventas entraron en el marasmo imposible de los números rojos. La competencia de las grandes superficies y el dinamismo de los poderosos consorcios terminaron por “ahogar” las posibilidades de un establecimiento de naturaleza familiar, sin vinculación con otros grupos mercantiles. Llegó la temida suspensión de pagos y la propiedad del establecimiento se vio en la necesidad de afrontar una rápida y dolorosa liquidación sobre el personal laboral.

Hubo de esperar unos meses a que la empresa, en manos de la autoridad judicial por quiebra, liquidase los artículos en stock, mobiliario y los dos edificios (comercial y oficinas, además de un gran local para el almacenaje) a fin de poder compensar, tanto a los trabajadores como a los acreedores proveedores, parte de la cantidad que les adeudaba y que legalmente fue establecida por la autoridad competente. Este fiel operario ha estado cobrando el subsidio de paro durante doce meses pero, desde hace ya cinco, él y su familia han de subsistir con algunos ahorros que tenían acumulados en una entidad bancaria. Ese modesto capital se fue reduciendo a cifras inquietantes para atender a las necesidades básicas del hogar, lo que unido a la desaparición prolongada de ingresos mensuales provocó la negativa del banco a seguir manteniéndole la tarjeta de crédito. Fue la explicación que recibió cuando preguntó en la entidad bancaria el porqué su tarjeta aparecía como bloqueada, cuando la introducía en el cajero automático o en la máquinas electrónicas del supermercado. 
 
Sin embargo, aunque siendo dura la situación material lo era aún más el precario equilibrio anímico en el que se hallaba sumido. Levantarse una y otra mañana, para ese recorrido de escasos horizontes en la búsqueda de un empleo, con la proximidad “negativa” de su medio siglo de vida a fin de ser atendido en entrevista, le producía esa desazón, nerviosismo y frustración, agudizada también por su “pobre” expediente curricular. Toda su vida laboral, hasta el momento del despido, la había ejercido como dependiente comercial. Carecía de otras habilidades o titulaciones que pudieran enriquecer un currículo sin grandes alicientes que ofrecer a entidades saturadas de solicitudes de muchas personas en situación similar a la suya. 

Hoy, sin embargo, mientras desayunaba junto al sonido monocorde de los informativos de la mañana, una noticia que emitía la cadena autonómica llamó su atención. El locutor en pantalla estaba comentado el listado (con algunos datos biográficos) de los nuevos consejeros nombrados para el gobierno de la Comunidad, tras la remodelación política efectuada desde la Presidencia del Gobierno. Entre esos consejeros que integraban el nuevo equipo administrativo, aparecía un nombre que despertó con intensidad la curiosidad de su memoria: Raimundo Baltanás. Entre sorbo y sorbo de una taza de café con leche, comentaba con su mujer:

“No te lo vas a creer, Inés, pero hay un nuevo consejero en la Junta que ha sido compañero mío en los tiempos del instituto. Fue hace ya más de tres décadas, cuando teníamos entonces quince o dieciséis años. A pesar del calendario transcurrido y los cambios en su rostro, lo he reconocido, sin lugar a duda, en la foto. Le llamábamos Ramo (por Raimundo). Era bastante tímido entonces y le gastábamos bastantes bromas. En realidad todos teníamos algún mote sobre nuestras espaldas: el apelativo de este compa era “Pirulí” por la delgadez de su cuerpo. Buenos kilos ha aumentado desde entonces, según la fotografía que acaban de poner en pantalla. Quién me iba a decir que me lo iba a encontrar, al paso de los años, como consejero de fomento de un gobierno autonómico. Con la poca cosa que era, ha debido “trepar” bien por las estructuras de su partido”.

Tras acabar con la tostada de pan, una vez  más algo quemada pues se pues se solía descuidar con el tostador, se dispuso a sacar a Trap para su primer paseo matutino. Esta mascota de compañía, de gran envergadura en la actualidad, lleva en la familia bastante tiempo, posiblemente unos siete u ocho años. Llegó un día al domicilio familiar en brazos de su hijo Nacho, pues el chico se había encontrado al escuálido perro vagabundeando por la calle, solitario y con evidentes necesidades de alimento. Les dio lástima y se lo quedaron, pues el rostro del animal reflejaba “todo bondad”. Caminando por entre el paseo entre jardines, mientras Trap le acompañaba con simpática parsimonia, le vino a la mente una idea que, al paso de los minutos, fue tomando cuerpo como una pequeña luz para la oscura y difícil  situación personal que atravesaba.

“¿Por qué no probar con una carta al antiguo compañero de clase, hoy importante político en el gobierno regional? ¡Igual de acuerda de mí! Le puedo explicar la angustiosa situación que mi familia y yo estamos atravesando. Eso de verte en el paro, rondado los cincuenta y con un hijo en primero de facultad, es muy duro de sobrellevar. Tal vez pueda darme algún nombre o recomendarme a alguien, para que se me abra una esperanza en mi deseo y necesidad de volver a trabajar. Estos políticos tienen muy buena y alargada mano … Por escribirle, nada pierdo. Ahora, cuando vuelva a casa, me siento ante el ordenador a redactar una carta, a ver si le llega. Le voy a solicitar una cita personal, con todos mis datos y una foto grupal que creo conservar en uno de los álbumes. Se reconocerá, sin duda en la foto. Tal vez me haga un hueco en su probable apretada agenda y se preste a escucharme. No es que fuera un amigo íntimo, pero él y yo no nos llevábamos mal. Incluso creo recordar haber estado alguna vez en su casa ¡Claro! aquel día en que su madre nos dio de merendar unos rosquillos de huevo, dulces que la buena mujer solía preparar, friéndolos y rociándolos con canela y azúcar. Esa cálida y apetitosa imagen en su domicilio tampoco la he olvidado”.

Pasaron los días, tras la entrega de la muy explícita y sentimental misiva en el registro oficial de la delegación provincial de la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta autonómica, sin que Feliciano recibiera acuse de correo o respuesta con respecto a la misma. Sin embargo, muchas semanas después, y en un día tan emblemático como el 22 de diciembre, cuando las campanadas de la Catedral marcaban el ecuador temporal de las jornada, un policía local marcó el número de su vivienda en el portero electrónico del bloque. Minutos después recibió en mano, no sin cierto nerviosismo, una comunicación oficial de la consejería regional, por la que se le citaba en la delegación de su ciudad a una reunión que tendría lugar dos días  después, a las 9 en punto de la mañana. En su ánimo había una mezcla de ilusión y extrañeza. Obviamente esa cita estaba relacionada con la carta que había dirigido al Sr. Consejero, casi tres meses antes. Pero el detalle de citársele en un día tan especial, como es el de la Nochebuena, le dejaba sumido en un incierto mar de dudas ¿Quién será mi interlocutor?  Se preguntabas el abrumado ex dependiente.

Muy puntual a la convocatoria y abrigado dentro de ese chaquetón/abrigo que sólo suele usarse una o dos veces al año, en el clima tan templado como el malacitano, le hicieron pasar a un coqueto, pero anticuado despacho, en la primera planta del edificio oficial. Unos minutos más tarde, tenía ante sí al Sr. Consejero de la Junta, su antiguo compañero Raimundo, que con una cierta frialdad estrechó su mano. Le invitó a que tomara asiento, controlando de inmediato el protagonismo de la conversación. El político parecía menos obeso de cómo mostraban las fotos, con el pelo encanecido y vistiendo un elegante traje gris oscuro de lino, con una corbata roja sobre una camisa color azul celeste.

“Observo Feliciano, por la carta que me has enviado, que lo estás pasando mal. El que te pongan de patitas en la calle, estando en la puerta de los cincuenta, supone un trago muy amargo y difícil de digerir. A pesar de lo inteligente que parecías, en los años del instituto, me dices que has trabajado toda tu vida de dependiente. Siempre pensé que tendrías otras aspiraciones, pero la vida  nos pone a cada uno en lugares insospechados. En mi caso, ya ves… metido en el cenagal teatrero (no lo sabes bien) de la política, en donde si sabes estar en el lugar y el momento oportuno puedes alcanzar importantes responsabilidades.

He querido atender a tu petición de que nos viéramos, a pesar de que no he olvidado algunos de tus crueles comportamientos estudiantiles sobre mi persona. Estas cosas no son fáciles de olvidar. Y no es porque fuiste tu quien inventó el apelativo de “piruli” con el que me llamaban. A ti te pusieron “el campesino”, porque siempre ibas con la cantinela de que eras hijo de labradores, hablando de las manos callosas y cansadas de tu padre, sin duda un humilde pero honesto peón agrícola. Lo que más me dolía es que siempre te reías de mi extrema delgadez y les decías a la gente que me llamasen el “fideo”. Tú y los demás compañeros no teníais conocimiento de que esa delgadez obedecía a un problema grave de tiroides. Yo sufría mucho en aquella época.  A mi continua medicación se unían las burlas y las chanzas  “in misericorde” de todos vosotros pero, de manera especial, tú y tu mala puleva para centrar en mi persona todas las frustraciones económicas que padecías. A pesar incluso de que intenté un acercamiento entre nosotros. En esa edad de los catorce – dieciséis años, nuestros sentimientos se muestran muy inestables, Ahora ya vez, he cogido kilos. Cómo me llamarías  en estos momentos ¿el “cerdito”?

Para mi fue una verdadera liberación salir del instituto. Después, con esfuerzo y habilidad, he sabido llegar a unas cotas de elevada responsabilidad. Pero  ese rencor, que te he tenido, no lo quiero aplicar a estas alturas de mi existencia. Te encuentras en un mal momento y me dices que tienes un chico que estudia en la facultad, primero de Derecho. Ese crío merece ayuda y tu situación no está para grandes expectativas. Porque esa es otra: sin titulación alguna, dónde quieres que te contraten, a punto de cumplir los cincuenta tacos. Lo más inmediato es que lleves un sueldo a casa. Puedo mover los hilos y mis influencias, para que te den un puesto de conserje, en alguna dependencia oficial. Tendrías la categoría de auxiliar contratado. No es mala colocación, para una persona que ha pasado tantos años vendiendo electrodomésticos. Puedes llegar a los mil euros al mes. Y no olvides que es una plaza en régimen de temporalidad. En cualquier momento te pueden dar una patada en el trasero y mandarte a casa. Pero en fin, mientras  yo esté en la Consejería, puedes dormir tranquilo.  El “pirulí” ayuda al “campesino” ¡quién me lo iba a decir, hace tres décadas!

 Feli, un tanto cohibido por la verborrea expresiva de su antiguo compañero y actual consejero del gobierno regional, apenas intervino en la “conversación”. Tras unos treinta minutos de entrevista, Raimundo se excusó por tener que atender a una apretada agenda, a pesar del día tan especial en el que se hallaban. “No te lo vas a creer, pero hasta las siete de la tarde, en un día de Nochebuena como hoy, no podré estar en casa, para estar con la familia. Así es la política. Tiene sus incentivos y también servidumbres. He pasado tus datos al departamento de personal. Ya recibirás una comunicación, a fin de que firmes los papeles necesarios. “Sr. conserje”, confío que desde ahora te vayan mejor las cosas. Y vota a mi partido, en las próximas elecciones”. Éstas fueron las últimas palabras pronunciadas por el muy seguro y pleno de autoestima gobernante, estrechando de nuevo la mano de su antiguo compañero de aula.

Caminando pausada y reflexivamente hacia su domicilio, Feliciano se sentía inmerso en sentimientos contrapuestos. Por una parte, sentía la alegría de poder comunicar a Inés, su compañera, la esperanza de ese nuevo puesto laboral que le había prometido Ramo. Dada la situación económica y las características de su currículo y edad la propuesta era un seguro de vida que debía saber aprovechar. Pero, al tiempo, pensaba acerca de los errores que se cometen en esa edad de la adolescencia, en la que nuestro inmaduro comportamiento puede provocar mucho daño en los sentimientos ajenos, heridas que no todos son capaces de suturar a pesar del tiempo transcurrido. En un día navideño, Raimundo había sabido ser generoso ante una doble necesidad. La de su antiguo compañero y “enemigo” de clase, pero también en la búsqueda de un nuevo camino en la voluntad de su memoria que hablara del perdón y la amistad, valores que engrandecen e iluminan nuestra realidad como humanos.-    


José L. Casado Toro (viernes, 06 Octubre 2017)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga