viernes, 4 de septiembre de 2026

UN LIBRO CON REGALO

Las técnicas de marketing para atraer al cliente se van renovando de continuo. Se “juega” siempre con la psicología del interés. Este verano, con la amplia oferta de libros de bolsillo (ediciones más económicas) hemos visto que muchos de los títulos traían adjunto un pequeño regalo, para incentivar o agradecer su compra. Entre esos “detalles” de la editorial había pequeños bolsitos, alegremente diseñados, para transportar el ejemplar u otra pertenencia, señaladores muy originales, mantenedores térmicos para los vasos o latas de refrescos, un segundo libro de coste gratuito, etc. Pero ahora, vayamos a nuestro relato de esta semana desde esta necesaria introducción. 

Se llamaba DAMIÁN Zalea del Moral. Había cumplido los 67 y hacía dos años que se había jubilado como conductor de autobuses de viajeros en la empresa ALSA. Este empleado responsable acumulaba una vida laboral de casi 40 años, cumpliendo servicios diarios en diferentes trayectos de la geografía andaluza, aunque mayoritariamente hacía la línea Málaga-Granada y viceversa. Le agradaba este trayecto, en los últimos años de conductor, porque, aunque malagueño, su única hija ESTRELLAtrabajaba como profesora en el Instituto Giménez de Quesada, ubicado en la localidad de Santa Fe de los RR CC, a unos 12 km. de la bella capital nazarí. Cuando llegaba a su destino, se dirigía al piso que tenía alquilado su hija y preparaba algo de almuerzo para cuando ella volviera del instituto, en su Citröen C3, de “segunda mano”, pero en muy buenas condiciones. Su antiguo propietario era un compañero de Historia de la Filosofía que se había encaprichado con un Alfa Romeo, vendiéndoselo a buen precio y con no muchos km. Después de descansar, tras la comida, Damián realizaba el trayecto de vuelta a Málaga, a partir de las 17:30. Con frecuencia, le gustaba llevar a su “niña” algún detallito que compraba en la parada que realizaba el autobús en el Área de Servicio de los ABADES. También mezclaba este trayecto con viajes a Sevilla o a Córdoba, como establecía la empresa.

Pero como a todos los trabajadores, a Dami (como le llamaban familiarmente) también le llegó el día de su jubilación, que para él fue escasamente “jubilosa”. Efectivamente, ahora tenía todo el tiempo del día para hacer lo que quisiera, porque su esposa FRASCA llevaba perfectamente las necesidades del hogar. Era mujer muy religiosa y como su esposo viajaba a diario ella tenía su misa, sus novenas o triduos, y sus horas de confesionario con el Padre SIMEÓN, del que recibía esa terapia espiritual y mental que tanto le vitalizaba. Estrella había crecido y Damián viajaba. Así que ir a la iglesia era una razonable opción. 

Su antigüedad en la empresa de transporte de viajeros y la generosidad de carácter que siempre mostraba favoreció que sus compañeros le organizaran una comida de despedida, en el mesón La Liebre del Puerto de la Torre, con baile y pasodobles incluidos. La dirección de la empresa le regaló un ordenador portátil, para que se entretuviera durante los días y las horas en esta nueva etapa de su vida. Su señora recibió un vistoso ramo de flores. 

Al día siguiente, cuando se levantó a la hora habitual y “mental” de las 6:30, se quedó unos segundos mirando a Frasca que aún dormía abrazando a la almohada y después se puso ante el espejo del baño, pensando con humildad eso de “¡Cómo hemos envejecidos!” La primera decisión que tomó fue la de llamar a Estrella, diciéndole que le regalaba el MAC que recibió en el homenaje de despedida. “Has con él lo que quieras, que tú de informática sabes mucho. Yo desde luego no quiero encerrarme en casa, ya que estoy acostumbrado a que me dé el aire cada día”.

Damián tuvo la suerte de gozar, en esta etapa de su vida, la buena amistad que siempre había mantenido con BIBIANO Cabrales, mecánico de la E.M.T. en las cocheras de los Prados. Era dos años mayor que él y ambos iban a compartir la “soledad” del tiempo libre de que disponían. “¡Tantos años de duro trabajo y ahora no tenemos claro qué hacer con la mayor parte de las horas del día!”. Desde su domicilio en la barriada de Carranque, tomaba el bus 14 para bajarse en el Parque, en donde estaban citados los dos amigos, pues Bibiano llegaba en el 11, desde la barriada de El Palo donde vivía. Tras el saludo mañanero, echaban un buen rato de paseo, trazando diversos itinerarios, aunque preferían volver a la la hermosa zona vegetal del gran parque malagueño, en la que encontraban numerosos asientos con buena sombra debido a la altura del arbolado. El puerto cercano les enviaba esa esa fresca brisa marítima, con aroma salubre y a ilusionada aventura.  Bibiano fumaba, pero conociendo que Damián no lo hacía y que le molestaba el humo del tabaco, pronto sacaba su bolsa de los caramelos de regaliz que le compensaban la carencia del pitillo. Les gustaba, después de caminar muchos metros, sentarse y ver de pasar a la gente, comentando entre ellos algunas características simpáticas o curiosas de los paseantes: tipo de ropa o zapatos, forma de caminar, el buen o regular parecido de sus rostros, el tema de los tatuajes por distintas zonas del cuerpo, etc. Pronto surgía alguna anécdota o historia relativa a sus antiguos trabajos de mecánica y conducción, que les distraía narrar y escuchar. Cuando llegaban las campanadas de las 12, buscaban algún bar cercano para disfrutar de una fresca y espumosa cerveza, con la tapa que el etablecimiento tuviera a bien regalar. 

Damián solía sacar de su bandolera marroquí una cajita con las 28 piezas del dominó. Jugaban hasta cinco partidas y el que ganaba se beneficiaba de que su contrincante pagase las dos consumiciones. Y así hasta las 14 horas, en que se despedían, con ese ¡hasta mañana, amigo, que nos veamos otra vez! Algunos martes se citaban para ir al cine, con la entrada económica de jubilados. La elección de las películas era motivo de broma y chanza, jugándose la opción no pocas veces a los “chinos”. Bibiano tenía cuatro nietos de sus tres hijas, por lo que muchas tardes ejercía de abuelo cariñoso, mientras que Damián leía o acompañaba a Frasca al centro comercial. 

Una de esas mañanas fraternales, se sintieron fuertes para subir a los jardines de Puerta Oscura, en la zona sur de las estribaciones del Castillo y la Alcazaba. Llegaron al tradicional puesto de piedra con asientos, lugar en el que muchos lectores dejaban e intercambiaban libros que habían leído, a fin de que otros amantes de la lectura pudiesen disfrutarlos. A Damián le gustaban las biografías de personalidades ilustres, también las revistas temáticas, pero no “del corazón”, mientras que Bibiano era un gran aficionado de las novelas cortas. Se llevaron un par de libros, prometiéndose que a la semana siguiente los devolverían y añadirían alguno que tuvieran por casa. 

Efectivamente, el viernes siguiente subieron otra vez a Puerta Oscura, buscando nuevas lecturas para el fin de semana. Alguien había dejado en los estantes de piedra unas cuantas novelas de MARCIAL LAFUENTE ESTEFANÍA, Toledo 1903, Madrid 1984, máximo representante de novelas de bolsillo del género western, con unas cien páginas cada una. Escribió más de 3000 novelas del Oeste a lo largo de su carrera y tenía un público muy fiel. Bibiano ojeaba una de estas novelas, concretamente LA SOBRINA INDIA, cuando para su sorpresa encontró CUATRO BILLETES DE 50 EUROS en su interior, a modo de “separadores”.  Un tanto nervioso y emocionado, se lo comentó de inmediato a su amigo, el cual ojeaba unos tebeos de Hazañas Bélicas. 

“¡Y qué podemos hacer con este lucrativo hallazgo? No sabemos quién ha podido tener este libro antes de que lo hayas abierto y la causa de haber introducido en él 200 euros. Si lo dejamos aquí otro lector se encontrará con los cuatro billetes y probablemente se los quedará. SI lo llevamos a la policía local, se van a hartar de reír, porque llevar a la oficina de objetos perdidos municipal, en el Pasaje de la Trini de calle la Victoria, sería algo insólito como para publicarlo en la prensa. Creo que lo más sensato es que nos llevemos los cuatro billetes y ya tenemos para hacer varias merendolas con nuestras mujeres, en algún buen chiringuito de Pedregalejo o el Palo. Yo llevo a la Frasca y tú te traes a la Felisa. Verás que bien lo vamos a pasar. Invita don Marcial Lafuente Estefanía.”. 

Y allí dejaron a la Sobrina India, sin sus doscientos euros y se marcharon tan contentos a casa para contárselo a sus cónyuges. El sábado concretaron el lugar del primer almuerzo que iban a celebrar con el dinero que habían “encontrado”. Bibiano propuso el lugar de encuentro, ya que residía en la barriada “paleña”. Conocía al dueño del establecimiento, ROMUALDO “el chato”, que casi siempre estaba de bromas. “Conozco un chiringuito cuyos precios son interesantes y que además ponen un pescado fresco que ellos mismo pescan por las noches en sus traíñas. Se llama EL ROMPEOLAS”. Reservaron mesa para cuatro, Damián y Bibiano con sus respectivas señoras, muy bien arregladas. El menú era verdaderamente apetecible: 4 espetos de frescas sardinitas asadas, que supieron a gloria. Una cazuela familiar de arroz con mariscos variados, especialidad de la casa. Dos grandes jarras de cerveza bien fresquita, para disfrutar en un día caluroso de julio. Aún se animaron con el postre:  generosas tajadas de sandía, con 4 cafés con leche para digerir el suculento almuerzo. Romualdo los invitó a cuatro chupitos, que los dejó “felizmente” mareados.

Después de una plácida sobremesa, Bibiano le dijo a su amigo Romualdo que le trajera “la dolorosa”. 77 euros y “la voluntá”. Muy ufano, el antiguo mecánico dijo “Paga don Marcia Lafuente, que en gloria esté” poniendo en la bandejita dos billetes de 50 euros. “Cobra 85”. Se agradece señores. Bibiano, eres todo un “marqués”. También la compaña. Da gusto tener clientes tan espléndidos y “lustrados”. Aquí tenéis vuestra casa. Consideradnos como de la familia”. 

Pasaron los minutos y Romualdo no traía la vuelta. Pero había que disimular, pues eran tratado como unos señores con exquisita educación. Pensaban que podrían repetir, con los euros de don Marcial, el domingo próximo. Por fin, tras unos 10 minutos de espera, apareció el “Chato” con el rostro muy pícaro. 

“Ay, Ay, Bibiano, eres un mecánico cachondo, so pillín. Siempre tienes una broma para alegrar nuestros encuentros. Reconozco que los dos billetes son perfectos, pero por “atrás” tienen escrito, en letra pequeña COMPRE MERMELADA LA JUANA50 céntimos descuento presentando este billete”, así que ráscate el bolsillo, no te digo la bragueta, y saca otros dos billetes que no sean de la Juana”. 

Después de aquel bochorno, que jamás olvidaron, el conductor y el mecánico no volvieron a subir en sus paseos matinales al puesto de lectura de Puerta Oscura, en las estribaciones la colina de Gibralfaro. –

 

 

 

 

 

                     José L. Casado Toro. PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA AMISTAD

      Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 4 septiembre 2026

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