viernes, 20 de junio de 2014

INESPERADA Y TENSA LLAMADA, AL FILO DE LA MEDIANOCHE


 “Hola…. No, por favor, no cuelgue. Esta llamada le puede resultar extraña. Lo entiendo y me disculpo por ello. Pero he marcado un número al azar confiando en hallar, al otro lado de la línea, un poco de atención y comprensión para mis palabras. Sea Vd. quien sea, le aseguro que me encuentro….. mal, muy desanimada, ante la situación por la que estoy atravesando. No, no es por un problema de enfermedad o de gravedad o dificultad económica. Tampoco por el miedo, ante algo corporal que me puede ocurrir. Mi problema, mi gran problema….. es el de la incomunicación. Verá, cuando te levantas un día y otro….. y otro más, sabiendo y sufriendo esa soledad íntima ante los demás, te llegas a preguntar si merece la pena seguir viajando por esa rutina de las hojas del calendario. Simple y gravemente …… no tengo a nadie en quien confiar, con quien compartir y hermanar este horrendo vacío de la soledad…..”

Recibir una llamada de teléfono, a esas horas incómodas de casi la medianoche, con este duro, durísimo contenido, me dejó psicológicamente afectado. Francamente, no atinaba la mejor respuesta que darle a mi anónima y desesperada interlocutora ¡Claro que pensé que podría tratarse de una broma de mal gusto! O de alguna mente enferma, que se permite utilizar las redes sociales o su propio teléfono, para sembrar la duda o la inquietud entre aquellos con quienes contacta. En otro sentido, el planteamiento del problema estaba más que claro, por parte de la persona que me había llamado. Reconduje rápidamente mi sorpresa inicial y me dispuse a participar, tal vez de manera un tanto imprudente o temeraria, en ese envite para el que había sido involuntariamente convidado. Si la casualidad me había señalado ¿por qué no aceptar esa oportunidad de conocer a un alguien anónimo y tratar de ayudarle en su más que evidente estado de angustia?

“Bueno, reconozco que no es muy normal que, a estas horas de la madrugada, recibas una llamada de teléfono, con un contenido de esta naturaleza. No sé quien eres, no sé absolutamente nada de ti. Sólo que padeces un estado de profunda tristeza e, incluso, desesperación. Ruego te pongas en mi lugar ¿Qué puedo decir o hacer para ayudarte? Lo único que se me ocurre es que al escuchar tus planteamientos y razones estoy abriendo un primer camino para aliviarte de este algo que sólo tú pueden concretar y desarrollar. No, no te preocupes. No voy a colgar o a cortar la comunicación. Si ello te hace bien, explícame quién eres, cómo te llamas y más detalles de tu vida y, de manera especial, sobre ese problema que te hace sentir tan mal”.

Quien me hablaba, tenía una voz dulce, femenina, pero soportando una indudable tensión anímica. Con su decisión, un tanto infantil, se había ganado de manera rápida el premio a seguir dialogando. Ya desde este momento tenía la percepción de que la noche iba a ser larga y, también, muy interesante. La intriga estaba puesta, con todos los honores, sobre una mesa entre dos.

“Soy una persona, como esas otras que te cruzas por la acera o con las que compartes el bus, en el día a día. Con sus pequeñas y grandes historias, con sus afanes, fracasos e ilusiones que sólo ellas y su entorno más próximo conocen. A veces, ni ese entorno inmediato, se encuentra al cabo de su intimidad. Me atrevería a decir que, en no pocas ocasiones, ni ellas mismas, controlan lo que les sucede. En mi caso, soy una mujer sola, rodeada de gente. Me llamo….. me hubiera gustado llamarme Stela, como esas estrellas que nos miran desde la noche y que parecen estar siempre felices. Bueno, me pusieron al nacer otro nombre pero….. dejémoslo en Stela. Te decía que me hallo rodeada de gente, pero cada una de estas personas va a lo suyo. Sólo a lo suyo, con ese profundo ego que nos domina. En algunos de estos familiares y aquellos que se dicen amigos, podría entenderlo. Pero ya es más difícil y terrible, percibir esa lejanía próxima en aquellos que están más vinculados a ti, por razón del hogar en el que vives.”

Mientras Stela desarrollaba su íntimo monólogo, marcando una forma especialmente lenta, en la dicción de las palabras, pensaba en tantas y tantas personas que, a buen seguro, estarían atravesando una situación tan complicada como la de mi comunicante…. sin tener a quien decir o compartir sus desalientos. Me atreví a interrumpirla, más que nada, por darle un cierto respiro a una tensión que yo percibía claramente “in crescendo”.

“Pero ¿no crees que, en esa incomunicación en la que te sientes, hay una parte (puede ser importante) que afecta a tu propia responsabilidad? Entenderás que no estoy al tanto de los detalles (prácticamente no conozco ninguno) pero siempre he considerado que, cuando las relaciones se degradan, la culpa o los errores están en las dos partes. Parece que estás casada… ¿tienes hijos? Digo esto porque si con tu pareja no hay conexión, siempre puedes apoyarte en esa bella prolongación de tu vida que, sin duda, son los hijos”.

Tras unos largos segundos en el silencio, continuó este curioso diálogo. Las manecillas del reloj marcaban ya las 11.30. Decidí apagar el aparato de televisión. Aunque la película no era especialmente interesante, había perdido ya el hilo argumental y quería concentrarme en la conversación que estaba manteniendo con una silueta de la que sólo controlaba su voz.

“No, en estos años de matrimonio no hemos tenido descendencia. Y ahora, en la distancia del tiempo, lo veo como un error, un profundo error. El trabajo de ambos y ese ego que tanto nos traiciona, hizo que fueran pasando los meses y los años, acomodándonos a una situación que a medida que el tiempo avanzaba no nos atrevíamos a modificar. Y cuando la convivencia con mi pareja se tornó árida y vacía de contenido, ni él ni yo tuvimos en quien apoyarnos para intentar salvarla. Debo reconocer que, en estos catorce años de convivencia, fueron buenos los cinco o seis primeros. Pero después, la fuente se fue secando, de manera paulatina, hasta que por sus grifos sólo manaba esa rutina adobada de silencio y disimulo. Seguimos viviendo juntos, pero cada uno va a lo suyo.”

“Por mi parte, aunque no te lo creas, la situación tampoco es muy lúcida para la ostentación. Ahora que vivimos separados, mi relación con la que ha sido mi pareja ha mejorado. Los dos niños viven con ella, pero cumplimos sin problema los tiempos en que vienen a mi casa. Cuando surge alguna dificultad que les afecta, dialogamos y llegamos pronto a un acuerdo para solucionar su problema. Me centro en mi trabajo y en esas aficiones que nos vitalizan. También, hay algunos amigos en los que hallo siempre el calor del afecto. En este sentido, te reitero esa sugerencia para enriquecer un poco tu vida. Aficiones, amigos, el trabajo (si lo tienes….)”.

Sentí entonces, a través de ese micrófono que nos identifica, como la respiración de mi interlocutora se fue tornando más jadeante y nerviosa. Sin darme apenas tiempo a reaccionar, interrumpió esa parte de mi exposición que trataba de aportarle luces y soluciones para su bloqueo anímico.

“¿Puedo volver a llamarte en otro momento? Es la primera vez que escenifico o protagonizo esta situación. Tenía miedo de hacerlo, pero he tenido la inmensa suerte de encontrar una respuesta admirable en tu persona. Te lo aseguro. Es la primera llamada, después de haberlo pensado mucho. Y parece que he acertado con los números mágicos de esa ruleta que marca caminos inesperados de nuestro destino. Creo que eres una persona amable, comprensiva e inteligente, a fin de encontrar soluciones a los problemas. Y muy generosa. Me siento mucho mejor, después de este rato de conversación.”

Aunque las dudas seguían flotando en el mar sereno de mi conciencia, le respondí de una manera positiva. Por mucho que me asombraba la situación que acaba de vivir, consideré que ayudar a las demás personas, cuando la necesidad de las mismas es manifiesta, no debe suponer sólo un gesto amable, sino una obligación en conciencia. Nos dimos las buenas noches y me fui a la cama. Mañana había que volver al trabajo de ocho a tres, en el negociado de urbanismo al que acudo diariamente. Esta noche se me había presentado muy diferente a todas las demás. Desde luego el día había finalizado de la forma ….. más curiosa e insospechada.

Pasaron los días y el teléfono permanecía mudo, en esas horas después de la cena. Debo reconocer que, en determinados momentos, sentía la necesidad de volver a dialogar con la supuesta Stela. Carecía de su número, pues ella había activado la privacidad del mismo. Las preguntas fluían, entre la imaginación y el deseo. ¿Qué rostro podría poner a la cara de esta chica? ¿Habría seguido alguno de mis consejos o sugerencias? ¿Se encontraría mejor de aquella situación de crisis, cuando decidió marcar unas teclas al océano del azar? Desde luego tenía la certera convicción  de que, en algún momento, la conversación se iba a poder reanudar.

La respuesta a todas mis dudas e interrogantes se produjo algunos meses después. Y fue también producto travieso de la casualidad. Entre mis aficiones se encuentra, ocupando un destacado lugar, la asistencia a los espectáculos teatrales. Especialmente me agrada participar, como espectador, en esas obras experimentales, protagonizadas por grupos universitarios vinculados a la vanguardia creativa.

En el Festival Anual de Teatro, asistía a la representación de una obra correspondiente al ciclo de “Nuevas experiencias en escena”. Lo cierto es que, a los pocos minutos de su desarrollo argumental, me vi perfectamente retratado en unos de los dos personajes que compartían el espacio escénico, hombre y mujer separados por una mampara de cristal. Evidentemente, la situación que yo había vivido a través del teléfono con Stela, era parte sustancial de la obra. Caí en la convicción que había sido elegido, por el azar o la intencionalidad, a fin de ayudar, con mis reacciones y actitudes, a construir una historia que, evidentemente, yo conocía muy bien. De ahí la llamada misteriosa de aquella noche. Cosas… del teatro experimental.

Aprovechando la oportunidad que me brindaba el momento, a la finalización de la representación me acerqué a su creadora, e intérprete principal, que se encontraba saludando a los muchos espectadores y amigos asistentes.

“Buenas noches ……. Stela. Veo que has conservado ese nombre para tu personaje. En cuanto al actor, aunque lo ha hecho bastante bien, creo que yo habría podido representarlo de una forma más natural y real. Por cierto, el final que le has dado a la complicada trama argumental ha estado presidida por un bello lirismo, emocionado y abierto a la esperanza”.

Mi asombrada interlocutora me miraba sin poder articular palabra. Un color sonrosado había inundado la agradable tersura de su rostro. Le quise quitar hierro al asunto e improvisé algún comentario simpático.

“El nombre de Alex, que me has concedido en tu libreto, no me desagrada. En realidad mi verdadero nombre también comienza por la primera letra del alfabeto. Por cierto ¿Cuándo vas a volver a comunicar otra vez por teléfono, a fin de compensar esa soledad que tanto te abruma….?”

Efectivamente, aquella misma noche recibí otra vez la llamada de Dania, su verdadero nombre. Tras intercambiarnos gestos, palabras y ocurrencias, al fin me confesó algo que yo presentía. Mi persona y dirección telefónica no eran datos desconocidos, para esta valiente e imaginativa, escritora e intérprete. Hacía años que habíamos compartido la anónima convivencia de los silencios. Pero ahora iba a significar el comienzo de una grata amistad.  Ese vínculo afectivo, en el momento de redactar estas líneas, aún hoy permanece.-



José L. Casado Toro (viernes, 20 junio, 2014)
Profesor

viernes, 13 de junio de 2014

RECORDANDO, AQUEL NOVIEMBRE DEL 75.




Todos los acontecimientos acaecidos en la Historia, se hallan indisolublemente asociados al marco referencial de una fecha, inserta numéricamente en los calendarios. Y ello ocurre tanto con los hechos de relevancia generalista o mundial, como con aquellos otros que poseen un ropaje de alcance más regionalista o local. A fin de recordar, clasificar y analizar la significación política, social, económica, ideológica ….. humana, que aquéllos representan, echamos mano de ese recurso puntual, que desde los días, meses y años, nos ayuda y facilita su actualización. Los libros de la Historia, los documentos mediáticos de toda naturaleza, ofrecidos por la prensa oral y escrita, la fotografía, el cine, la fuerza desbordante y gratificadora de la literatura, esa maravillosa “biblia” rebosante de laicismo, que nos ofrece las redes infinitas de Internet …. son útiles e inexcusables recursos que nos ayudan a reconocer, a interpretar y a generar consecuencias y soluciones que profundicen en valores positivos, evitando, en lo posible, los errores perpetrados en ese pasado, más inmediato o lejano. Pero sobre todo, tenemos también la suerte de contar con el tesoro inapreciable de nuestra lúcida memoria. De manera especial, si hemos tenido la oportunidad de convivir temporalmente con el desarrollo de esos acontecimientos insertos en los almanaques y en la fraterna intimidad de las conciencias.

Fran, Isma y Berto, son tres buenos amigos que, cada viernes por la tarde, se reúnen en esa cervecería marinera, situada en la zona restauradora del Puerto malacitano.  Pertenecen  a la generación de los cuarenta - cincuenta, correspondiente al siglo precedente, por lo que debido a la profesión que han ejercido, entre otras circunstancias personales, se encuentran actualmente en situación de jubilación laboral. Fran e Isma han ejercido de policías nacionales, mientras que Berto ha desarrollado toda su vida laboral como maestro de infantil y primaria, en diversos colegios nacionales de la provincia. Los tres se encuentran en muy buena forma, pues gustan de practicar el ejercicio físico y de llevar una vida bastante ordenada. Por edades, sólo hay cinco años de diferencia, entre el mayor (Fran) y el más joven del grupo (Berto), que apenas ha superado los sesenta.

Ellos, al igual que el resto de los españoles y demás ciudadanos del mundo, han conocido durante esta semana la decisión del actual Jefe del Estado en España de abdicar en la persona de su hijo, tras casi treinta y nueve años de ejercer como monarca. Por este importante motivo, el tema central de conversación para pasar la tarde, saboreando la buena cerveza que ofrece el establecimiento, va a estar relacionado con esta cuestión que llena las páginas de los diarios y las cadenas de televisión. Hay entre ellos una primera pregunta que centra el esperado intercambio de opiniones. ¿Cómo era nuestra vida, en aquel 22 de noviembre de 1975, cuando accedió al trono el actual Rey de España?

Toman largos sorbos de sus cervezas y se preparan para compartir sus recuerdos, en un grato ambiente de camaradería y amistad. La tarde se ha presentado bastante agradable, aunque parece que el tiempo va a cambiar al temido viento de terral. Hay mucho movimiento de visitantes a esta hora de la merienda, en un espacio portuario, gratamente integrado hoy en los latidos sociológicos de nuestra  ciudad.

“Yo había cumplido ya los veinticuatro (interviene Isma). Aunque conocéis algunos aspectos generales de lo que ha sido mi vida, os concreto la situación en esta etapa de la misma. En aquellas semanas del 75 yo era un estudiante de medicina, que iba de fracaso en fracaso en las diferentes convocatorias de exámenes. Vivía con intensidad indescriptible la militancia en aquel Partido Comunista de los Trabajadores de España, por lo que el tiempo dedicado al estudio era muy, pero que muy reducido. En realidad nunca tuve verdadera vocación para afrontar todo el esfuerzo que supone el llegar a ser un buen titulado en esta importante actividad profesional. Me matriculé en esta facultad por presión de mi padre que, para compensar su frustración por no haber podido estudiarla, se esforzó con que su único hijo sí lo hiciera. Él fue un buen y prestigioso comisario de policía y sufrió en el alma este mi fracaso académico, aunque mucho más mi desenfrenada actividad política, en aquellos alterados años del tardo-franquismo”.

Descansa unos segundos el relato de sus recuerdos, hermanándose a esa jarra de cerveza de la que bebe con parsimonia y satisfacción. Se le ve un tanto nervioso ante la memoria e intenta coger un cigarrillo del paquete que está junto a Fran quien, cariñosamente, se lo impide. “Hace dos meses que tomaste la decisión de dejarlo. El consejo del médico fue muy severo. No debes volver a doblar otra vez la rodilla sobre la lona. Tu salud es más importante, que este humo lleno de veneno. Isma agradece, con una afectiva sonrisa, ese amigable consejo continuando con su relato.

“Aquel 22 de noviembre continuábamos la fiesta (en plan orgía…….) que habíamos montado en casa de un compañero de militancia. Celebrábamos la desaparición de quien había ostentado el poder dictatorial durante casi cuatro décadas, en nuestra historia reciente. Pasábamos olímpicamente de la ceremonia que entronizaba al nuevo rey. Lo que realmente nos interesaba era seguir luchando por las libertades que este país no tenía. Fueron tiempos muy convulsos, sumidos en la inestabilidad de no tener certeza de cómo se iba a conformar nuestro futuro político. Sí claro, os estáis preguntando como acabé de policía, tras abandonar definitivamente los estudios en la medicina. Como pude dar un giro tan profundo a mi forma de vida, centrada en la lucha política.
(Silencio intenso entre los otros dos amigos, muy atentos a las confidencias de Isma).

Como en los grandes momentos en la vida de un hombre, hubo una mujer. Una admirable mujer, Dela. Nunca la he olvidado. Siempre la llevaré en lo profundo de mi corazón. Era mi compañera, mi amante ….. aquella persona que te sostiene y vitaliza. Aguerrida en las células de lucha contra el dictador … valiente como ninguna. Fue detenida en una redada y acusada de intervenir en varios atentados. Algunos sangrientos. Falleció en la cárcel, en circunstancias no aclaradas. Aquella desaparición fue un verdadero batacazo en mi existencia. La dependencia que tenía hacia su persona era mucho más fuerte de lo que yo habría podido suponer. De tal forma que mi vida sufrió el gran cambio de lo inesperado. Viéndome hundido, mi padre acertó a tenderme, una vez más, esa mano necesaria que me recondujo, después de no pocas dificultades, por el recto camino al que he acabado llegando en el ámbito de mi profesión. Fijaos, miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero así es la vida. Con sus vueltas y senderos que no son fáciles de explicar. Concreto, finalmente. Aquel día de la entronización, yo me encontraba celebrando, con toda la parafernalia de una fiesta, la desaparición de su antecesor en la Jefatura del Estado”.

Los tres veteranos amigos siguen con su tarde y sus cervezas. Hace un calor, con un poco de viento de terral. La alegría bullanguera del puerto, con muchos paseantes, lo hace especialmente atractivo para la estancia en esas bien pobladas terrazas de los restaurantes. Ahora se siente protagonista de la palabra la oronda y bondadosa figura de Berto.

“En aquel momento yo había cumplido los veintiuno. Acabé Magisterio muy jovencillo, apenas los dieciocho cumplidos. En aquel Plan del 50 llegabas a la Normal del Ejido con poco más de los catorce, casi como un chiquillo. Era buen estudiante y recién acabados los estudios me dieron una plaza de interino. Viví cuatro años en Ronda, donde pasé unos años ….. muy intensos. Nunca os he contado un secreto de aquellos años inolvidables de juventud. Un tanto alocada. Yo tenía mis clases, hasta las cinco. Y cuando acababa…..  No sé que cara vais a poner con lo que os voy a decir. Nada, que me lié con una viuda, cuarentona, pero con mucha pasta. ¡Madre mía, qué tiempos! Y todo había que llevarlo con el mayor de los secretos. Un maestro de infantil, “tirándose” a una señora que le doblaba la edad…. Menudo escándalo si aquello llegaba a la voz pública”.

Los dos compañeros de mesa no salían de su asombro ante lo que estaban escuchando. Nunca pudieron imaginar esta página oculta en su amigo común, persona que  ofrecía  esa imagen aburrida de la “perfección social”.

“Para ella yo era como un juguete con el que perseguir esa juventud que ya se le había ido escapando, poco a poco, de las manos. Precisamente, el día 27 de noviembre, cuando el discurso del Cardenal Vicente Enrique Tarancón, en la Iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid, ante los nuevos Reyes, yo me encontraba en casa de Aida, a la que tenía entre mis brazos. Junto veíamos ante el televisor esa ceremonia. Como ya os he dicho, era muy joven y el cuerpo lo aguantaba todo. Después la vida continuó con su rodaje. En realidad me vi obligado a poner freno a la aventura de Ronda, porque esa señora siempre quería más y más. Aquello era una aventura apasionadamente alocada pero ….. muy sugerente. El pasado año un amigo me comentó que Aida aún vive. Debe ser muy mayor. Os aseguro que Petra no tiene la menor información de esta historia, ya anclada y atesorada en aquellos inolvidables años de mi juventud. Al menos ….  que yo lo sepa”.  

“Me habéis dejado para el final (comenta, sonriente, Fran). Como soy el mayor de los tres….. Pues yo también recuerdo con nostalgia aquellos tiempos, de mis veinticinco años. Y aquí va una de esas bombas que no esperáis. Me consideráis un intelectual agnóstico. De hecho, en la policía, siempre he estado trabajando en los departamentos de investigación científica. Pues os confieso: estuve estudiando para cura. Y a punto de vestir sotana o clériman. No se me olvidará aquél 22 de Noviembre. Y no fue por la entronización de un Rey, en nuestro país. Sino porque esa misma mañana, de la jura ante las Cortes españolas, yo me encontraba en el Palacio Episcopal de Salamanca. Me había llamado el Sr. Obispo, con jurisdicción eclesiástica en esa bella provincia castellana, donde por entonces yo residía. Tenía que hablar conmigo, a la mayor celeridad. Con todo el ceremonial que le caracterizaba, pero con amable autoridad, me vino a decir lo que yo estaba barruntando desde hacía meses. Que tenía que buscar otro camino para mi vida. Que el sacerdocio no era lo mío y que no veía en mí vocación suficiente para ejercer el ministerio sacerdotal. Que todos los informes que poseía al efecto abonaban esa  decisión. Dolorosa pero, al fin, necesaria. Podría haber “cantado misa” meses después, sin embargo una mente sensata puso freno a un camino que, obviamente, no era el mío. Pero ese sábado de otoño, pues ese era el día de la semana, nunca lo olvidaré ya que, aparte la llegada de la realeza, fue una importante inflexión en el destino, profesional, de mi existencia”.

Suenan unos rancios “Clavelitos” desde la puerta de un local cercano, entonados por una peculiar banda de tunos veteranos: los integrantes del grupo lucen unas orondas anatomías, reveladoras del paso de los muchos años desde que abandonaron los estudios y las aulas. Los tres amigos apuran sus jarras de cerveza y acaban comentado acerca de los pequeños achaques que afectan a sus organismos. Hoy le corresponde pagar la cuenta a Isma, el cual recibe las bromas de sus contertulios. Se despiden como siempre, con esas palabras amables, camino de sus aposentos para la rutina. Han tenido tema para lustrar el atardecer de un día aún caluroso, pero que anticipa ya la llegada de un verano que promete ser lúdica y atmosféricamente tórrido y divertido.

En esa vuelta a casa, uno de los tres jubilados camina sonriente y, por momentos, esbozando esa risa nerviosa que nos resulta difícil de controlar. Él sabe perfectamente que ha manipulado de forma sustancial la historia que ha compartido con sus amigos. Pero aún reiría con más intensidad si llegase a conocer que….. sus otros dos amigos de tertulia han hecho exactamente lo mismo.

Seguro que en estos días, del 2014, muchos han sido los que se han preguntado dónde estaban y cómo fue aquél ya lejano sábado, que cambiaba nuestra Historia. Fue un 22 de noviembre, en 1975…..-

 
José L. Casado Toro (viernes, 13 junio, 2014)
Profesor



























jueves, 5 de junio de 2014

DESDE UNA PECULIAR ATALAYA, EN AQUEL VIEJO Y ENTRAÑABLE LOCAL.


Hay frases, en el repertorio de cualquier manual de gramática, que son eficazmente ilustrativas para explicar las numerosas realidades que laten en el espacio de nuestra proximidad. Por ejemplo: ¡Ay, si la piedras hablasen! Es cierto que estos elementos inertes de los edificios carecen de la facultad para emitir sonidos, articulados fonéticamente en letras, sílabas y palabras. O tal vez sí. Igual es sólo un problema de capacidad para saber escuchar, o “leer”, aquellos mensajes que nos son transmitidos por tan venerables estructuras. En este contexto,  vamos a realizar hoy un interesante ejercicio de interpretación visual. Nuestra imaginación ayudará a enriquecer esa visión añadiendo, con la lógica de la racionalidad y la información, esos sonidos desnudos del ropaje con el que las palabras abrigan.

Se trata de un vetusto local, situado en una importante arteria urbana que oferta el nuevo centro comercial y residencial malacitano. Ha visto pasar, por sus apenas sesenta metros cuadrados de espacio útil, a no pocos inquilinos. A simple vista, el edificio donde se encuentra inserto debe atesorar una historia superior a las seis o siete décadas de vida arquitectónica. Está ubicado a pie de calle, mejor dicho, articulando sus tres escaparates y puerta a dos calles que conforman un ángulo entre recto y obtuso, por lo que puede ser observado y mirar, al tiempo, desde dos aceras para los viandantes. En la actualidad, este comercio está regentado por un joven matrimonio de nacionalidad coreana o tal vez china. Ambos se expresan, relativamente bien, en español, por lo que pude mantener un fluido diálogo con ese joven comerciante que aprecia el valor de la comunicación.

Son muchos y variados los artículos que oferta el establecimiento. Destacan, entre los mismos, la zapatería deportiva y una gama muy completa de maletas y bolsos para el uso cotidiano o las vacaciones viajeras. En nuestra fluida conversación, el joven se lamenta de que la venta es muy limitada, en estos tiempos de crisis, por lo que tener que afrontar los gastos de alquiler (unos 2.000 euros mensuales) supone una verdadera heroicidad. Si a ello se une el coste  de las obligaciones tributarias municipales, el pago de electricidad, la comunidad, el agua, los residuos……. las cuentas mensuales hacen inviable continuar con el negocio. Tiene que recibir ayuda familiar, desde su país natal, allá en el Oriente geográfico, a fin de poder hacer frente al pago de alquiler, verdaderamente exagerado en su coste. La renta que exige su propietario es racionalmente desacertada y abusiva. Probablemente, a muy escasas semanas, volvamos a ver en la puerta y en las cristaleras de los escaparates el ya conocido cartel del “se alquila” para la oportunidad de un nuevo uso. A continuación, y con la magia de lo inexplicable, esas paredes observadoras nos siguieron resumiendo historias de anteriores inquilinos que por aquí fueron pasando. Escuchemos sus palabras………

“Estando ya vacío, una mañana llegaron operarios de uniforme que me lustraron de blanco y crema, diciendo que era para adecentar mi imagen. Posteriormente, tres mesas y casi una docena de sillas ocuparon distintos espacios del suelo disponible. Vimos que colocaban numerosos carteles en la parte interior de las cristaleras, reduciendo la entrada de luz. Las barras blancas tenían que estar encendidas, prácticamente desde la mañana. Y fueron llegando a esas tres mesas, ocupadas por ordenadores y numerosos papeles y carpetas, muchas personas, diferentes en edad y condición social, las cuales eran atendidas por tres hábiles comerciales que, en nuestra opinión, abusaban de la verborrea, a fin de convencerles acerca de los productos que trataban de colocar o venderles. Dadas las frases que utilizaban, compradores y vendedores, dedujimos que lo que allí se negociaba era el alquiler de otras casas y viviendas. Estos inquilinos nos permitieron conocer a personas muy diversas. Hombres y mujeres, mayores y pequeños, pobres y acomodados, trabajadores y jubilados, casados y solteros, en todo un diccionario multicolor de profesiones y actividades. Especialmente nos llamó la atención el semblante cambiante de esas parejas de jóvenes que llegaban ilusionados buscando un cobijo para su proyecto familiar. ¡Eran tantos los que abandonaban el lugar cabizbajos y entristecidos, ante los precios que les eran exigidos para contratar el inasumible y avaricioso alquiler!

Este negocio duró casi dos años y medio. Uno de los dueños del mismo parece que metió en demasía la mano, en el embriagadora cajita del dinero, dejando descapitalizada empresa y el posterior cierre de la misma. Parece ser que este alocado gestor, creemos que se llamaba Dimas, tenía una amiga, allá por la costa, cuyas exigencias materiales y sentimentales provocaron la tentación de gastar mucho de lo que no le pertenecía.La renta que tenían que pagar por el local era de 2.300 €, aparte los gastos explicados anteriormente. Los tres copropietarios de la empresa acabaron  muy enfadados entre sí y casi llegaron a las manos”.

Esa voz que parece proceder de entre los muros testigo, a modo de sonidos lejanos con ecos de ultratumba, se toma un leve respiro, a fin de poder seguir investigando en lo más curioso o anecdótico de su privilegiada y observadora memoria.

“La verdad, por aquí ha pasado tanta gente…. Incluso los dueños actuales no son los originarios. Los herederos del primer propietario vendieron este local a los padres del actual dueño, que vive de las rentas que le proporcionan éste y otros cuatro locales más, además de varios aparcamientos. Bueno, volviendo a los negocios que aquí se establecieron, hay para contar y contar. Yo me acuerdo, allá por los años 70 que, durante algunos meses, estuvo funcionando algo muy avanzado, para la tolerancia que era común en los años previos a la democracia. Un Sex shop. Lo estableció un italiano que tenía otro negocio similar en la costa, donde el “romano” habitualmente residía con su pareja. Masculina, por cierto. En aquellos tiempos fue una aventura muy avanzada, para la mentalidad timorata que por aquí se llevaba y trabajaba. La vecindad se movió todo lo que pudo y, al fin el propietario rescindió el contrato, tras un primer año de “sabroso” funcionamiento. El personal que entraba por esa puerta ¡madre mía! la pinta que lucían. Aunque también llegaba gente a los reservados con corbata, chaqueta, gafas oscuras, junto a su maletín de piel, a modo de altos ejecutivos. Menuda cínica ralea la de algunos personajes, bañados en la hipocresía más abyecta de la doble conducta, moral o apariencia”.

Me sigo fijando en todo el material deportivo que oferta el comerciante oriental. Pero de nuevo, los muros testigo vuelven a la carga testimonial de la confidencia. Parece que estoy repasando un libro de historia actual, a partir de la estructura basal de esta veterana, y mal adecentada en la actualidad, edificación.

“Ahora que recuerdo, siempre me resultó fcil ﷽﷽﷽﷽﷽﷽mosnes viajeras. bolsos mismos, la zapaterácil para la risa un club dedicado al esoterismo. Voy a intentar explicarlo a partir de mis modestos conocimientos del tema. Fue como una librería con manuales  que hablaban mucho de la vida y de muchas otras que, según ellos, por ahí existen. Les gustaba quemar algunas sustancias que te dejaban prácticamente “colgado” por su intenso aroma dulzón y drogata. Pero lo más interesante eran unas sesiones, que hacían los sábados por la tarde. Los asistentes, gente muy rara, incluso algunos con la cabeza rapada, sentados en el suelo, encima de unas alfombras, seguían los rezos de otro señor calvo, con cara de sátiro, muy gordo, con los ojos achinados, que parecía estar cantando o recitando pero…. a lo triste. En medio de la ceremonia, cerraban los ojos y elevaban los brazos con las palmas de las manos hacia arriba. Cuando la jaculatoria finalizaba, todos llevaban sus cabezas al suelo, con gran dificultad en aquellos que lucían y portaban un gran barrigón. La gran merendola que se regalaban, después de la ceremonia, sería como ofrenda a su dios (también con generoso Michelín) y recuperarse del “esforzado” trabajo que habían llevado a cabo. Se ponían tibios, tanto en lo sólido como en lo líquido (presumo que con bastante grados, para el trance). El pestazo, de aquello que quemaban y del poco aseo que practicaban, continuaba flipándonos a todos. Habían alcanzado la plenitud esotérica. Casi tres años estuvieron ocupando el local, con una clientela muy a lo fiel.

Cuando la secta decidió trasladarse a otro lugar, los dueños (dos hermanos de comunión diaria) encontraron a las pocas semanas la oferta en alquiler para instalar una tienda de productos ibéricos del cerdo. Lomos, chorizos, morcillas, salchichones, manteca, tocino, morcón, cecina, longaniza, zurrapa y, por supuesto, ese jamón de pata negra, con más o menos bellotas, en la dieta de los animalitos. Seguíamos con los intensos aromas, pero éstos más suculentos y repletos de esa pócima tan atrayente que llaman colesterol. Si es que por aquí ha pasado casi de todo. Al igual que sucede en la estación de Atocha, allá por los madriles”.

Los muros de la confidencia pretenden seguir con la narración de todo lo que han visto y recuerdan. Les aseguro que otro día volveré para platicar con lo atrayente y documentado de su relato. Me despido, con la amabilidad que tan generosamente me ha ofrecido, del joven Yon Ching. Al final, me ha vendido unas deportivas Andy, color blanco, a un precio excelente, dada la calidad del producto. Aunque luce un sol espléndido, en esta Primavera adelantada, se esfuerza en colocarme un paraguas azul claro, con lunares inmaculados. ¡For Holy Week, for Holy Week. It always rains!  (Para Semana Santa. Siempre llueve…) Dada la insistencia del marketing me vi al fin caminado sonriente hacia casa, con las zapatillas deportivas bajo el brazo y ese romántico paraguas color azul claro, bien repleto de esos simpáticos lunaritos blancos. Como aquéllos que suele lucir, con la coquetería del ensueño, una plácida noche poblada en su adorno de alegres estrellas.- 



José L. Casado Toro (viernes, 6  junio, 2014)
Profesor