viernes, 17 de enero de 2014

¿LA FUERZA DE LA GENÉTICA, O EL VALOR CONVIVENCIAL?


Tratando de hallar un poco de sosiego, cuando te ves inmerso en la ruidosa y estresante vorágine callejera, acudes una vez más a esa eficaz medicina que te recupera el ánimo y enriquece el conocimiento. Siempre y cuando tengas la suerte de elegir una buena película, entre la variada oferta que te hace la cartelera diaria. Más o menos eso fue lo que ocurrió cuando, en una de esas tardes con pleno sabor navideño, asistí a la proyección de un film japonés, presentado en versión original subtitulada. DE TAL PADRE TAL HIJO (Like father, like son) cuyos 120 minutos de metraje fueron rodados en el año 2013. Dirigida por HIROKAZU KORE-EDA (Tokio, 1962), este drama familiar venía avalado con dos importantes reconocimientos: el premio especial del jurado, en el último Festival de Cannes (la Palma de Oro fue concedida a La vida de Adéle) y, también, el premio del público, en el reciente Festival de San Sebastián. Aunque no siempre tu “instinto” (ayudado por alguna publicidad, al efecto) te hace acertar en la elección por la que has optado, en esta ocasión los espectadores nos encontramos con la grata sorpresa de un excelente material cinematográfico en pantalla.


¿CÓMO ES LA TRAMA ARGUMENTAL DE  LA PELÍCULA?

La historia muestra el drama de dos familias que han de afrontar la muy dura experiencia de conocer, a los seis años desde su nacimiento, cómo sus hijos fueron intercambiados en la maternidad del hospital. Unas pruebas médicas, realizadas cuando el hijo de una de ellas va a ser inscrito en un prestigioso colegio infantil, desvela ese trágico error perpetrado en dos senos familiares. En realidad, no fue un error. En el fondo de esa terrible e injustificable acción estuvo la mano intencionada de una joven enfermera, en aquellos momento anímicamente desequilibrada por problemas de índole privada. Al paso del tiempo estas dos familias, de estatus socioeconómico muy diferentes, comprueban con estupor que esos dos niños, a los que llevan criando ya seis años, no tienen la misma identidad genética, correspondiente a sus respectivos padres y madres legales. La dirección del hospital, que ha de afrontar la ineludible responsabilidad judicial, pone en comunicación a las dos familias para que decidan cuál es la solución menos lesiva para el equilibrio futuro de ambas criaturas. Desde un principio aconsejan la reparación del error, sugiriendo que cada niño recupere el contacto y la unión con sus verdaderos padres. Por supuesto, de manera gradual. En todo caso, la decisión última deberá estar siempre en manos de sus respectivos progenitores, mediante el apoyo técnico especializado, la reflexión y el diálogo. Pero el problema no es tan simple de superar con facilidad, entre otros factores, porque la sociología de ambas familias es notablemente contrastada.


LA FAMILIA NONOMIYA

RYOTA (Masaharu Fukuyama, 1969) y MIDORI (Machiko Ono, 1981) son padres de un niño KEITA que tiene seis años de edad. Forman una acomodada familia, que reside en un barrio burgués de la capital. Él ejerce su profesión de arquitecto, en una importante empresa constructora. De origen modesto, se impuso desde la juventud la premisa del esfuerzo y la dedicación obsesiva, a fin de ir labrando el cualificado estatus profesional que hoy posee. Como contrapartida, su atención familiar se ve reducida por ese afán laboral que embarga la disponibilidad de su tiempo. Tiene una joven y dulce esposa, Midori, que acepta la situación en aras de la estabilidad del hogar. Pero su hijo, Keita, siente la ausencia de un padre entregado a las necesidades laborales, sintiéndose tratado de una forma muy exigente por Ryota que quiere ver en su hijo (estudios, aprendizaje de piano, deportes) su propia proyección personal de esfuerzos, ambición y éxitos continuados en los objetivos. A esta familia nada le falta en lo material, aunque la autoexigencia profesional del padre debilita el calor y afecto que tanto la madre y el niño anhelan en lo más íntimo de su ser. Y lo más penoso es que Keita percibe la decepción paterna, que desearía un hijo que fuera prácticamente su otro yo. El inmenso golpe que afecta a esta familia cuando conoce que el niño que tienen es de otra madre, es recibida por Ryota con una doble perspectiva. Indignación en un principio por el error, aunque también con la interpretación egoísta de sentirse aliviado conociendo que Keita no es de su propia sangre. “Eso lo explica todo” es la terrible frase que llega a pronunciar, tras el impacto emocional por esa revelación de la diferente consanguinidad.


 
LA FAMILIA SAIKI

YUDAY (Lily Franky, 1963) y YUKAY (Yoko Maki, 1981) tienen tres hijos, dos niños y una niña. El mayor, RYUSEI tiene seis años. Nació el mismo día que Keita, en el mismo hospital. Viven de forma modesta, pero muy felices. Yuday posee una pequeña tienda de material eléctrico con la que sostiene la humildad de su hogar. Su nivel cultural y educacional es notablemente inferior al de Ryota aunque es persona habilidosa (arregla los juguetes estropeados de sus hijos) y de muy buen carácter. Dedica gran parte del tiempo disponible, tras su trabajo, a estar junto a sus hijos, con los que juega y disfruta, como un niño grande. Para él y para su mujer, los hijos son el mayor y mejor patrimonio de que gozan en la vida. Cuando conocen la verdadera realidad genética de Ryusei, comprenden e integran la circunstancia mucho mejor que los Nonomiya, aunque se proponen obtener una buena compensación económica de la entidad hospitalaria como indemnización. El contraste educacional de Yudai con Ryota es revelador de los diferentes contextos sociales en los que ambas personas se han desenvuelto.


DE NUEVO, EL INTERCAMBIO
DE LOS DOS NIÑOS
Siguiendo el consejo de los responsables hospitalarios, las dos familias inician un gradual acercamiento, a fin de que los dos pequeños se vayan integrado poco a poco en el seno de la familia que les corresponden. Hay momentos de tensión en ese proceso, cuando Ryota llega a proponer a los padres de Ryusei que éste se viniera a vivir con ellos, pero que también hiciera lo mismo Keita, permaneciendo en el hogar en el que ha estado viviendo hasta ese momento. Las estancias de los dos pequeños con sus verdaderos padres genéticos  se van haciendo cada vez más prolongadas en el tiempo. Es una decisión sumamente difícil, pero al fin acuerdan que los dos niños ocupen el lugar correcto dentro del contexto o línea genética al que pertenecen. Ambos padres piensan que, con el paso del tiempo, estos pequeños integrarán y asumirán el intercambio.


LA REACCIÓN DE KEITA Y RIUSEI

A pesar de que el proceso de asimilación es lento, a fin de que los pequeños lo asuman, uno y otro niño lo interpretan de manera desigual. KEITA encuentra en su verdadero padre, ese cariño, esa aceptación, esa dedicación en el tiempo que no hallaba en Ryota, una persona obsesa para su obligación y ambición profesional. El tener dos nuevos hermanos con los que jugar y compartir la infancia es un don añadido a ese difícil trance en el que se ha visto envuelto y que no logra entender bien. Su antiguo padre le decía que algún día comprendería la situación. Ahora tendría que cumplir “la misión” que se le había encomendado. Como si todo fuera un juego.
Sin embargo, RIUSEI sufre, cada uno de los días, la ausencia de aquellos padres y hermanos, con los que ha convivido durante los seis primeros años de su existencia. No entiende ni le agrada el tipo de vida, acomodada en lo material y en el esfuerzo, que trata de imponerle su verdadero padre. A pesar de la dulzura y cariño que le aporta  su madre, echa de menos esa alegría, esa libertad, esa forma de vida que tenía con Yuday y Yukay. Incluso en una ocasión se rebela con este cambio convivencial y se escapa hacia la casa de sus antiguos progenitores. En esta ocasión es precisamente Yuday quien le manifiesta a Ryota su disposición a quedarse con los cuatro niños. El pequeño no se siente feliz en su nueva familia. Una y otra vez, le reitera a sus padres que quiere volver a su antiguo hogar, para volver a jugar y sonreír con los que considera sus hermanos.


EL FINAL, DE LA COMPLICADA HISTORIA

Ryota comprende que su forma de ser y vivir la paternidad no es la más acertada. Asume los necios errores que ha cometido con “sus dos hijos”. El genético y con aquel otro que el destino puso en sus manos. Reacciona en positivo, pidiéndole perdón a su “hijo” aunque no sea de su propia sangre. Siente que se está perdiendo una parte fundamental en la vida de cada persona: ser padre y ejercer como tal. El trabajo y las jerarquías laborales, pasan. Los hijos, no. Incluso su propia mujer, Midori, rompe su sumisión y comprensión conyugal, afeándole la pobre conducta que ha tenido hasta el momento con el que siempre va a ser su hijo. Aunque sea una paternidad no sanguínea, sino relacional. Parece ser que, a partir de este momento, la unión de ambas familias va a ser cada día más intensa.


 
PERO TAMBIÉN….. PUDO SER ASÍ

Tras esas fallidas experiencias de integración, con el sufrimiento subsiguiente de los niños, ambas familias deciden volver a la situación previa al hecho que ha conmovido sus vidas. Keita y Ryusei vuelven con los padres que los han cuidado desde que vinieron al mundo. Con el paso de los años, dadas las buenas y estrechas relaciones entre los dos hogares, los críos no se recatan en manifestar: tengo dos papás y dos mamás. Y en este sorprendente hecho hay dos personas que con tacto, delicadeza y mucho amor, contribuyen a formar una única familia en el corazón: las dos mujeres que han aportado el calor de la maternidad, Midori y Yukay. Ambas sonríen, ante esa gran familia que, afectivamente, acaban conformando. Al espectador, tras el visionado de la interesante e instructiva cinta, le queda un complicado interrogante. ¿Qué ha de prevalecer en la responsabilidad paternal, la fuerza vincular de la genética o el afectivo valor convivencial? La respuesta es obvia, en el marco ejemplar de la generosidad: sin duda, el amor.-


José L. Casado Toro (viernes, 17 enero, 2014)
Profesor


viernes, 10 de enero de 2014

ANTE EL RETO DE UN NUEVO AÑO QUE COMIENZA.


Numerosas felicitaciones (seguramente, han sido millones) se han intercambiado, por la inercia de la bondad, durante estas recientes fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Cada una de estas positivas misivas han llevado en su contenido mensajes, más o menos ingeniosos o rutinarios, que portaban los mejores deseos, de manera especial para la nueva anualidad que apenas acaba de comenzar. Finalizadas estas cíclicas efemérides ahora, ya con más serenidad en este renovado momento de un enero para los cambios, afrontamos, con dudas y esperanzas, los nuevos meses que nos llegan en el calendario. Pero, al tiempo, también debemos reflexionar, con la racionalidad y experiencia necesaria, sobre estos doce meses que ya se han ido, repletos de avatares, ejemplos y testimonios documentales para la Historia.
 
Echando la mirada al extinto calendario observamos, con paciente pesar, la continuidad de  la imperativa política de recortes económicos, para casi con todo, llevando éstos aparejados el sufrimiento subsiguiente de la ciudadanía; el paro laboral sigue lastrando, con patéticas cifras, el drama familiar y social que habla de carencias insoportables e injustas; el sistema financiero dice haberse saneado y reestructurado, pero con el voraz sacrificio impositivo correspondiente y el rescate de los organismos internacionales; los brotes de corrupción emergen, de acá para allá, en instituciones, grupos políticos y personalidades, arrasando credibilidades y fidelidades ideológicas; parece que el comercio exterior recupera algo de fuerza y ese ya “familiar” dato de la “prima de riesgo” se mantiene, con fortuna, a la baja; los servicios públicos, gestionados por las distintas instituciones, retroceden en sus prestaciones de forma decepcionante, con sus ya conocidos y graves problemas de liquidez, “castigando” de manera especial y lamentable a la sanidad y a la enseñanza pública. Las cargas tributarias o impuestos han continuado con su agobiante escalada, penalizando a los sectores sociales menos favorecidos. Las distintas huelgas, manifestaciones, asambleas y otras modalidades reivindicativas, han ido poniendo de manifiesto la evidente tendencia gubernamental en favor del sector empresarial privado, en perjuicio de la función pública. La programación ideológica conservadora del grupo político que ganó las elecciones, en el 2011, se va imponiendo, con el aval y el rodillo de su mayoría absoluta parlamentaria, de forma rígidamente puntual, en todos los planos de la vida alejándonos, con el mayor desaliento, de las conquistas y avances progresistas conseguidos en décadas. ¿Para qué seguir….. si todo es tan evidente, a pesar de la manipulación descarada por parte de tantos medios y voces afines, militantes en el siempre interesado sectarismo ideológico más ultraconservador? Hablan y hablan de recuperación, aunque siempre….. para el año siguiente. Pero la aritmética de las cifras macroeconómicas son tozudas en mostrar la cruda realidad frente al deseo.

Mientras tanto, la sociedad sigue aturdida, desconcertada, resignada, hastiada y sacrificada frente a tanto descaro e impudicia, cuando se nos quiere convencer de que el mar ya no es azul o de que las plantas han dejado de alegrar esas largas tardes en Primavera. Mal que les pese, el oleaje continúa llegando a las playas y la naturaleza continúa haciendo brotar sonrisas, con el limpio color y aroma que nos saben regalar generosamente las flores.

Ciertamente, los buenos deseos, para la anualidad entrante no han de programarse como inalcanzables utopías o milagros labrados en la creativa literatura de ficción. Han de ser planteamientos sencillos, realizables, basados en la inexcusable lógica y racionalidad del sentido común. No son imposibles o panaceas inalcanzables, sino gestos y voluntades que nos resistimos a no seguir propugnando, a pesar de que la voluntad de quien tiene que llevarlos a cabo se muestra terca o ciega ante lo inaplazable de su realización.

La ciudadanía reclama y exige, a la clase política dirigente, la humildad y grandeza de la negociación, con saludable concertación para el diálogo. Sea la izquierda, el centro o la derecha ideológica, cuando imponen a marcha martillo sus coyunturales mayorías absolutas parlamentarias, demuestran la carencia del más elemental sentido de Estado. Tú impones ahora una ley educativa, laboral o sanitaria, con tu pobre soledad mayoritaria pero no dudes que, cuando yo esté en esa cómoda  situación decisoria, cambiaré toda la estructura educativa, sanitaria o laboral, en concordancia con la línea sectaria que me identifica. Esa es la patética línea política que identifica a los dirigentes de la “cosa pública” en nuestro país. Pacientemente, la sociedad contempla, atónita, aburrida y desalentada, como aquellos que tendrían que dar ejemplo de consensos, armonía y racionalidad, se tiran “los trastos a la cabeza” con prolongadas descalificaciones, zancadillas, engaños y desvergüenzas. No resuelven con inteligencia los problemas y las dificultades. Su gran esfuerzo se centra en establecer tozudamente sus ideas y en despreciar, por sistema, los argumentos alternativos de quien no milita, activa o pasivamente, en la “secta” o grupo que los identifica. Y, cada equis tiempo, aún pretenden que sigamos avalando con nuestro voto sus egos partidistas. Cuando llega ese día, solemne para el ejercicio democrático de la ciudadanía. la inercia popular aún les sigue apoyando, para su regocijo, intereses y desalentadoras aventuras. El sentido de Estado y las promesas en campaña pronto desaparece, para que permanezca impasible el egoísmo de sus ambiciones. Pensemos en una simple posibilidad ¿Y si las urnas se llenasen, durante esa jornada para el limpio ejercicio democrático, de millones de papeletas en blanco? ¿Cómo se les quedaría el rostro, a esos “trileros” de la palabra y la manipulación interesada?

Pasemos a otro deseo, notoriamente más grato, dada la realidad en la que estamos inmersos. Siempre vitaliza y compensa nuestra cita pendiente con el entorno natural. Caminar y pasear por estos paisajes, plenos de luz, color, aromas, silencios y vida, nos permite ir recuperando algo de nuestra mejor identidad con las raíces de la Creación. En los momentos más amargos, en los que casi todo carece de sentido o racionalidad, la naturaleza sabe transmitirnos su sosiego, su belleza y armonía, ya sea recorriendo, observando o disfrutando de todos los elementos biológicos que estructuran y armonizan su limpia existencia. Allí, se respira mejor. Allí, se reflexiona con mayor sensatez. Allí, la competitividad económica que nos degrada en la materialidad desaparece, en concordancia con la generosidad de la pureza espacial compartida. Allí, te sientes más acompañado que en esa soledad bulliciosa de las grandes urbes densificadas. Ese ir y volver a la naturaleza, es uno de los mejores deseos que se pueden recomendar a las personas allegadas en el afecto.

¡Que tengas una buena salud! Otro buen deseo que compartimos con todos nuestros amigos y conocidos. Es evidente que este objetivo ha de mantener su primacía, en el listado jerárquico de nuestros proyectos para la inmediata anualidad. Se argumenta y explica por sí sólo. Una salud degradada, condiciona negativamente a la persona, impidiéndole que pueda desarrollar su existencia en plenitud o, al menos, establemente normalizada. Algunos, con el acierto de la obviedad, mantienen que es lo mejor que debemos desear para nuestros semejantes. También, es obvio, para nosotros mismos. Pero el destino individual es un misterio y, no pocas veces, los mecanismos orgánicos y el propio “fuselaje” entran en deterioro. En este sentido, cada uno debe colaborar para que ese inalienable objetivo de la buena salud se cumpla año tras año. ¿Cómo? Haciendo una vida sana y equilibrada. En lo material, aunque también en lo psíquico o anímico. Hay caminos para ello. Una  alimentación racionalizada, priorizando frutas y verduras, la maravillosa rutina del ejercicio físico, con la programación adecuada y compensada para desarrollar en el día. No, no es imprescindible acudir a grandes gimnasios o estructuras deportivas. ¿Puede haber un mayor placer que el simple hecho de caminar, por entornos rurales o urbanos….. o el desplazarte libremente en el agua, a través la saludable práctica de la natación?

¡Que encuentres pronto ese trabajo! el cual te va a permitir sustentar la autoestima como persona útil para el ejercicio sociedad! Ese precepto, que también es derecho constitucional, se ve mancillado por una sistema que prioriza los intereses macroeconómicos de los poderosos, posponiendo el sufrimiento de los millones de personas que quieren, pero no pueden, trabajar. Carreras, títulos, currículums, destrezas y aprendizajes, se ven bloqueados en su utilidad porque determinados organismos, de naturaleza política y económica, anteponen la ortodoxia egoísta de unas cifras o décimas estadísticas en el déficit, a la inversión necesaria para dinamizar la economía y la oferta laboral. Ese es el dios capitalista. Millones de parados, recortes sociales y, como contrapartida, millones de euros para “sanear” a las entidades financieras. Y en la Historia hay muchos ejemplos de cómo salir de estas crisis cíclicas….. del capitalismo. Si un gobierno detrae poder adquisitivo para sus ciudadanos la maquinaria económica, por el imparable efecto dominó, se contraerá más y más, en perjuicio siempre de los más débiles. ¿Cuántos parados había en España hace dos años y cuántos hay ahora? Resulta admirable la lucha diaria de tantas personas por conservar o encontrar un trabajo. ¡Que encuentres pronto ese ansiado puesto laboral!

Y, por supuesto, aquello que mejor ilumina la trayectoria vital en las personas. Desear la asunción, ejercicio y propagación de valores. En este punto podrían y deberían anotarse un largo listado de preciados objetivos que, hoy día, se ven enmohecidos, aparcados y abandonados para su necesaria e inexcusable puesta en escena. Citemos algunos de los que en este momento se acercan a nuestra conciencia. Lo hacemos sin prelación ordinal alguna, aunque su listado abarcaría el espacio de abundantes líneas e incluso páginas. El esfuerzo, la bondad, el respeto a los demás, el respeto a nosotros mismos, la honradez, la amistad, la verdad, la concordia, la generosidad, la vitalidad, el amor, la modestia, la valentía, la conservación y cuidado del medio ambiente, la educación, la salud, la prudencia, la solidaridad, la sonrisa, la sencillez, el estudio, el trabajo bien hecho, la cooperación, el placer de leer, el equilibrio ecológico, las energías limpias, el cine, el teatro, la actitud responsable, la cultura, saber escuchar, saber decir no, saber decir sí, la racionalidad, el buen ejemplo, la fuerza dinamizadora de la  palabra, la virtud del  silencio, la alegría como insignia, la paz …..

Sin duda, faltan algunos. Pero no resultaría fácil eliminar aquellos que sí aparecen sugeridos en esta relación. En no pocas ocasiones, el estrés que marca y dicta el reloj, los egos dominantes, las opciones materialistas, la competitividad social, eclipsan muchos valores que, sin duda, mejorarían y ennoblecerían nuestro comportamiento en cada uno de los días. En este sentido, mirando al nuevo curso de doce meses en el calendario que nos espera, la más inteligente de las propuestas u objetivos ha de ser conseguir recuperar muchos de todos esos valores que permanecen como borrados o nublados en las prioridades de nuestras respuestas. Frente a una triste etapa, lastrada por los retrocesos y la pesadumbre, el camino de los valores puede hacernos recuperar ese creer y confiar en significados alternativos para unas vivencias sustentadas en los pilares alegres de la esperanza.-


José L. Casado Toro (viernes, 10 enero, 2014)
Profesor



viernes, 3 de enero de 2014

LA MAGIA DE LA ILUSIÓN, EN LA NOCHE DE REYES.


Viven en la misma barriada, por la zona norte de la capital. Se conocen prácticamente desde cuando asistían al aula de infantil, en un colegio público de Educación Primaria. Ahora, pasados los años y convertidas en cuatro lindas jovencitas, frisando ya la mayoría de edad, son compañeras en un Instituto. Allí cursan el segundo curso de bachillerato, a las puertas inmediatas de su futuro destino universitario.

Sociológicamente, Mila, Sandra, Carol y Alba, pertenecen a distintas familias encuadradas en un modesto nivel medio, que les permite “ir tirando” sin grandes agobios. Pero, desde hace casi dos años, una de ellas, Alba, comparte y sufre en su persona la dramática situación de desempleo que afecta a sus padres. Con un intervalo de meses, ambos progenitores perdieron su puestos de trabajo, él como óptico y ella como dependienta en una franquicia de ropa. Primero fue una reestructuración laboral, la que terminó con el hundimiento de la empresa donde Carlos llevaba trabajando desde hacía 19 años. El caso de su madre, Auxi, fue aún más sangrante, pues su despido vino a consecuencia de una política de rejuvenecimiento en la plantilla, cara al público. Ninguno de los dos han logrado levantar cabeza desde entonces, para estabilizar la economía familiar, donde en este momento sólo entra una ayuda social básica para esos parados de larga duración. Y aquí no hay abuelos que puedan paliar algo de la desacomodación económica, en un hogar donde apenas se llega a final de mes y eso con sacrificios más que generosos para los cuatro miembros que lo conforman (la chica tiene un hermano, tres años menor). ¿Pasar hambre? Pues hay días que…. casi-casi. Algo de apoyo han recibido de la parroquia, pero ahí el listado de demandantes es verdaderamente complicado a fin de poder atenderlos a todos.

Alba, considera a sus tres compañeras desde la infancia como hermanas. Éstas conocen la difícil situación que atraviesa su amiga y tratan de apoyarla en lo que pueden. Especialmente, en los fines de semana, cuando toca salir, ir al cine o a la disco. Y también, cómo no, cuando llega la noche y deciden acudir a la pizzería de moda, a fin de calmar el apetito de un finde, pleno de actividad, para naturalezas muy vitales y participativas en lo lúdico. Pero son edades difíciles, donde los sentimientos y la vergüenza se hallan a la orden del día. Salir con las amigas, llevando el monedero vacío, puede aceptarse o soportarse en alguna ocasión. Pero después la dignidad aprieta, haciéndose insoportable el mantenimiento de esa indigencia que a todos humilla, pero más en estas edades de la adolescencia avanzada.

Tampoco es que sus tres amigas naden en la abundancia. Sin embargo, y de manera afortunada, sus padres (dependiente en una conocida tienda de ultramarinos; mecánico de automóvil; celadores en el Hospital Materno Infantil; respectivamente) sí tienen trabajo y esa mensualidad en el banco que les permite ir avanzando en el día a día. Ya es conocido que los mayores suelen ser generosos para que nada falte a sus hijos. También, en los gastos de éstos en los fines de semana y, por supuesto, para fechas señaladas del calendario anual. Pero en casa de Alba hay un problema de liquidez a fin de atender objetivos de primera necesidad: energía, comunidad, telefonía, Internet y, muy por encima de todo lo demás, la alimentación familiar. Todo ello se agudiza porque carecen de suerte en sus esfuerzos por recuperar ese puesto laboral que tanto ansían y necesitan. Y como cada Navidad, llega a comienzos de Enero ese rito comercial e ilusionado de los regalos, en la Noche de Reyes.

Con la ayuda de Sandra, al fin Alba ha conseguido hacer algunas horas de “canguro” nocturno con los niños de algunas familias. Eso le está permitiendo (mediante la recomendación boca a boca) obtener algún dinerillo con el que atender los gastos más básicos de una chica en la plenitud adolescente. Pero el montaje tradicional de estas fiestas exige no pocos desembolsos. Las cuatro compañeras hallaron un lugar de celebración para el Fin de Año, muy interesante en el precio. También trataron de evitar una excesiva competitividad en el vestuario, en esa emblemática Noche del 31. Pero estas jóvenes edades, donde el lucimiento ante los demás chicos resulta difícil de controlar, exige notables sacrificios económicos.

Y ahora el tema de conversación prioritario, en los días previos a Gran Cabalgata de la ilusión, es el recurrente “qué me voy a pedir o regalar, para este año”. Mila y Sandra lo tienen bien claro. Quieren cambiar su viejo teléfono, por un móvil de esa última generación digital que multiplica las prestaciones hasta límites insospechados. A pesar de su elevado coste, los padres de ambas han respondido a su petición con un sonriente silencio, pleno de complicidad. También para Carol esa posibilidad no le desagrada. Todo lo contrario. A nadie le amarga un dulce y el mimetismo hace de las suyas. Y ese es el asunto de conversación que prioriza las tardes de paseo, en estos días diseñados para disfrutar de las vacaciones escolares. Alba las escucha, guarda silencio y sonríe. Comprende que, en esa temática, su intervención tiene que ser limitada, más como espectadora que como protagonista. 

En una tarde de merienda, un tanto cansadas de tanto pasear por entre  calles abarrotadas y adornadas para la celebración de las fechas, Alba propone que todas cuenten el regalo que recuerdan con más ilusión cuando, en la mañana del 6 de enero, corrían desde la cama para ver qué les habían dejado los Reyes. Allí, junto a los zapatos y el árbol de Navidad, siempre hallaban esos paquetes de colores con los que habían soñado durante una Noche en la que duermes despierto, cerrando los ojos con la emoción nerviosa propia de la infancia. Era un tema atractivo. Todas se mostraron animadas a participar.

Interviene, en primer lugar, Carol. “No sé si tendría cuatro o cinco años. Por casa de mi abuela, como era lógico, siempre pasaban los Reyes. Aquel año, siendo yo muy pequeñita, mis padres no me llevaron al domicilio de esa mujer tan mayor que tanto me quería. En aquella Navidad, nos dejó para el cielo. Pasados unos días, acompañé a mis padres a su casa, pues iban a organizar todo aquello que deseaban guardar para nosotros o para regalar a personas necesitadas. Con sorpresa, descubrieron en su armario una preciosa muñeca de trapo, con trenzas y ojitos azules, como los míos. Junto a esa cajita, había dos trajecitos que ella había cosido (era muy habilidosa en el arte de la costura) para ir formando el vestuario del que iba a ser mi mejor regalo de Reyes. Aunque con el paso del tiempo se ha ido estropeando mucho, yo aún la conservo y le tengo un especial cariño. Es como un pequeño tesoro que guardo desde la infancia”.

“Sé que os vais a reír, pero cada una de nosotras tenemos nuestra historia (dice Mila). Mis dos hermanos no me dejaban jugar con sus cosas. Decían que los juguetes de los niños no eran para las chicas. Escuchar eso me daba veinte patadas. Y lo peor es que mis padres estaban en esa onda. Que si la cocinita. Que si la muñeca. Que si la cajita de pinturas. Bueno, pues hasta que un día me planté y en la carta (…. tendría como unos siete u ocho años) hice mi lista y me pedí un balón de fútbol, un fuerte con indios y soldaditos de goma y un trompo, de esos que al tirarlo se llenan de luces y música. No sé si incluso puse alguna escopeta o algo así. Eso de la carta a los Reyes era un rito que todos los años se cumplía. También,  hacer cola delante del gordiflón de turno, envuelto en algodón, con una corona de cartón dorado, para la foto correspondiente y el “¿has sido muy buena…?”. Sólo me hicieron caso en el trompo. Para mí fue el regalo más ilusionante. ¿Por qué una niña no podía disfrutar tirando y bailando el trompo en medio de la calle?. Por ahí comencé a romper esas costumbres ñoñas que existían en mi familia”.

Mientras sigue saboreando su chocolate caliente (es especialmente golosa) Sandra cuenta algo de aquellos días de Reyes. “La verdad es que ya casi ni me acuerdo. Pero los primeros patines que tuve fueron hechos por mi padre. Esas cosas de la mecánica siempre se le han dado bastante bien. Es su oficio. Y gracias al taller de los coches, ha podido llevar la familia. Yo había pedido unos patines, pero de los que tienen las ruedas alineadas. Los precios estaban por las nubes. Me dijeron que los Reyes tenían demasiados gastos ese año. Pero aquella mañana ¡bien que llovía! me encuentro junto al nacimiento con unas botitas blancas que me habían regalado para mi santo, con las cuatro ruedas perfectamente dispuestas en la suela. Fue un trabajo de artista. Me hizo tanta ilusión que aunque la lluvia impedía patinar por la calle, me paseaba por el pasillo de casa, agarrada a las manos de mi madre. Algún culazo me di en el suelo, pero la alegría que sentía hizo que olvidara los inevitables cardenales. Me hubiera gustado conservar aquellos mis primeros patines…. Pero estas cosas se van perdiendo. Alguna foto tengo por ahí, que otro día os la enseño, cuando la encuentre en los álbumes”.

Y, al fin, le llega al turno a la autora de la propuesta, Alba. Si de lo que se trata es de ser sincera, a vosotras tres que sois como hermanas, os cuento algo que nunca he confiado a nadie. Hubo un regalo de Reyes que nunca olvidaré. A mi padre, después de un verano, se le fueron los tejos por una compañera de trabajo, en la óptica. Fueron casi tres meses de locura en casa. Mi madre aguantó todo lo que pudo. Pero él se fue a vivir con aquella lagartona. Cuando esa mañana de enero (ya había cumplido los siete años) me levanté de la cama para ver los juguetes, me encontré a mi padre junto a mi madre, sentados los dos, junto al árbol de Navidad esperándome. Estaban como dos tórtolos, cogidos de la mano. Yo pasé de los juguetes. Me dio una llantina, por la emoción de ver allí a mi padre, que nunca olvidaré. Aquello se arregló. Aquella salamandra sólo estuvo en Málaga un año, pero fue grande el daño que hizo. Y no sólo a mi padre. Era una zorra de cuidado. En fin, eso es historia. Pero este año la cosa ya sabéis que va mal en lo económico. Tal vez,  en la rebajas, consiga algunas cosillas, que siempre vienen bien”. 

Ninguna de las tres amigas se esperaban algo así. Se quedaron como “cortadas” ante la sinceridad de su compañera de grupo. La merienda finalizó y la tarde se convirtió en noche, entre el estruendo del tráfico, el trajinar de los viandantes y muchas luces de colores, que trataban de alegrar el ambiente. Quedaron citadas para ver, al día siguiente, la Cabalgata de SS.MM. con toda la parafernalia al uso. Tres de las cuatro compañeras sabían que en la mañana del día 6, todas ellas iban a poder gozar de ese estupendo regalo que hoy día “enloquece“ a jóvenes y mayores. El iphone, con todas sus prestaciones y posibilidades, a modo de un segundo corazón para moverte por la vida. Es la devoción sumisa, casi religiosa en lo sociológico, por la novedad y la tecnología. Cuando se despidieron, Mila, Sandra y Carol habían sabido mantener el simpático y generoso secreto.

Aquel 6 de enero, su querida amiga tuvo, al igual que todas ellas, ese móvil supermoderno que sustenta la intercomunicación. Las tres familias se habían puesto de acuerdo, con la mediación de las chicas, para ofrecerle ese regalo. Un bello gesto que Alba nunca podría haber sospechado. Pero la amistad y el cariño sabe vencer al misterio de una Noche en la que casi todo es posible, cuando la lógica y la realidad se transforman  en mágica ilusión.-



José L. Casado Toro (viernes, 3 enero, 2014)
Profesor