viernes, 4 de enero de 2019

LAS PECULIARES RAZONES DE LA DUPLICIDAD `PERSONAL.


Sin profundizar en los siempre complicados y académicos ámbitos de la ciencia médica, la mera evidencia en el comportamiento diario de la humanidad nos induce a considerar el doble o más planos que encierra nuestra personalidad. Esa duplicidad o heterogeneidad de carácter no sería en sí misma preocupante, pues las personas no han de tener siempre la misma e inamovible línea de conducta en sus respuestas. Lo que resulta más difícil de entender son las actitudes radicalizadas y contrastadas que en muchas ocasiones aparecen en nuestros posicionamientos, sin duda condicionados por las circunstancias del entorno en el que nos hallemos ubicados en esos momentos. Citemos algunos simples y próximos ejemplos, que ayuden a sustentar la afirmación de estas extrañas duplicidades en los humanos.

Conocemos a muchas personas que por su naturaleza son admirablemente sosegadas y racionales en el trato diario. Sin embargo ese plausible equilibrio de carácter se volatiza como por encanto, desde el momento en que se sientan al volante de un automóvil. La tensión de su sistema nervioso de descontrola “eléctricamente” cuando practican la conducción y entonces vemos, con asombro, cómo radicalizan sus respuestas, gritando e insultando, ante nimias circunstancias o avatares que fluyen en el devenir del tráfico rodado. La acritud en sus gestos y en el volumen y contenido de sus voces nos hacen ver ese otro plano de su personalidad que permanecía controlado y oculto, hasta esos extremados e injustificados momentos en que desdichadamente alcanzan protagonismo en el seno de su heterogéneo carácter. Incluso en determinados momentos de descontrol, pueden incluso hacer uso de la violencia física. 

También los actores, aunque en éstos esa duplicidad se puede entender por razones de oficio. Al interpretar con tan perfecta convicción a determinados personajes en las películas, nos cuesta bastante trabajo aceptar o considerar que su carácter sea bien diferentes al que, de manera usual, manifiestan en pantalla. Piénsese, por ejemplo, en algunos grandes actores y actrices del cine clásico, como por ejemplo, Henry Fonda (1905-82), Bette Davis (1908-89), John Wayne (1907-79) o Romy Schneider (1938-82). En general solían mantener una misma línea de carácter, cuando interpretaban a sus  personajes cinematográficos. Eran tan convincentes en sus roles interpretativos, que difícilmente podríamos imaginarlos muy diferentes en la intimidad de sus vidas. Pero cuando sus biógrafos nos desvelan algunos aspectos de sus intimidades, tomamos conciencia de que en ellos habían, efectiva y naturalmente, otros planos de carácter bien diferentes de aquellos personajes con los que comúnmente se les identificaba.

En esta somera explicación sobre las duplicidades personales, traemos finalmente a otros “actores” y gestores, en este caso de la actividad política. Durante el rifirrafe parlamentario y también cuando están ante los mass-media de la comunicación, los profesionales de la actividad política se comportan de una forma agresiva, por medio de la palabra y también en los gestos. No les preocupa o condiciona proferir las más duras e ineducadas expresiones contra el adversario ideológico, en esos muy tensos momentos considerados como irreconciliables enemigos, en la defensa de sus respectivos planteamientos o argumentarios. Minutos después de esas tan crispadas e indecorosas “actuaciones” podemos ver a esos mismos “actores” compartiendo amigablemente una taza de café en plácida y amena conversación como “viejos amigos”.

En este punto de la exposición, narremos una historia, repetida y vivencialmente próxima, de entre otras muchas. Como era ya cansinamente habitual, Herminia había controlado el “divertido” baño de sus dos retoñas, Lupe y Loreto, les había puesto la cena y, tras las protestas de estas dos simpáticas y parlanchinas crías por quedarse “un ratito más” para ver la televisión, había logrado que ambas se enfundaran sus pijamas y descansaran ya en sus respectivas camitas. Abrazadas, eso sí, a los dos ositos peluches que, como ellas, también tenían rasgos “gemelos”, tanto en el color, la tersura y la forma orgánica de su composición. Aunque las manecillas del reloj marcaban casi las diez y media de la noche, la compañera del conocido y muy “aguerrido” parlamentario, Eloy Guadalajara Cintas, siguió esperando la llegada de su marido, a fin de hacer juntos la cena. Este escenario hogareño se repetía en la sucesión de los días, pues las obligaciones partidarias del famoso secretario de organización y portavoz parlamentario condicionaba y determinaba el tiempo que el político podía dedicar a su intimidad familiar. Para el almuerzo del mediodía, era infrecuente que Eloy apareciera por su domicilio. Siempre tenía algo pendiente que hacer, con respecto al partido al que pertenecía desde hacía años. En esta agrupación política había ido “escalando” puestos de mayor responsabilidad, con notoria y reconocida habilidad “trepadora”, hasta llegar en la actualidad a desempeñar ese importante cargo de portavoz o “ariete” político, que le hacían aparecer en las portadas de los diarios y cadenas televisivas, un día sí y el otro también. En cuanto a las cenas, el matrimonio sí podía hacerlas reunidos en torno a la mesa, aunque las horas para el familiar ágape eran normalmente inconcretas, pero casi siempre tardías.

Esa noche del miércoles, Eloy apareció por su domicilio pasados unos minutos de las veintitrés horas, lo que había provocado que al fin Herminia tuviera que realizar su cena con la única compañía del “dicharachero” aparato de televisión, en el que solía ver algún programa cultural, las películas emitidas por las diversas cadenas y por supuesto, los telediarios y demás informativos. A esta licenciada en Ciencias Políticas, le gustaba conocer la marcha de la actividad sociopolítica y, de manera especial, escuchar las intervenciones que realizaba su cónyuge, tanto en el Congreso de los diputados como en las actividades cotidianas de su agrupación ideológica. Aunque ambos se habían conocido en las aulas universitarias y militaban en la misma agrupación partidaria, Herminia había dejado de ejercer actividades directas en la agrupación, desde el momento en que nacieron sus dos hijas. Aún eran pequeñas, por lo que ambos cónyuges habían decidido que ella se ocuparía básicamente de su cuidado y formación, dejando su vuelta al ejercicio político para cuando aquéllas tuviesen los años necesarios para desenvolverse con una mayor autonomía y menor dependencia con respecto a sus padres.

Ese día, Eloy volvía a su domicilio con su voluminosa cartera de piel, rebosando de papeles y documentos (era bastante común esta imagen en su persona) ya que después de la cena solía ponerse a trabajar, hasta que el sueño le vencía y le impulsaba hacia la cama para realizar el necesario descanso. Herminia tenía bien organizada la cena de su marido, alimentos que él consumió con la presteza nerviosa que le caracterizaba. En el ámbito familiar, Eloy era una persona generalmente sosegada, afectuoso con su mujer y sus hijas, muy racionalista en sus comportamientos y siempre con esa sonrisa en la boca que le hacía conseguir la connivente aceptación por parte de sus más íntimos allegados. Sin embargo, en el ejercicio de su actividad profesional, dentro de la sede de su partido político y, de manera especial, como portavoz parlamentario en las sesiones del Congreso, su transformación anímica era más que notoria y sorprendente. La dulzura particular de su voz se tornaba en acústicos decibelios, para “tronar” con las más acres descalificaciones y acusaciones contra los adversarios políticos, utilizando para ello los recursos vocálicos más desafortunados y agresivos, llegado incluso a la falta de respeto, al cinismo manipulador, a la chabacanería más abyecta y al desprecio humillante cercano al insulto personal. El contraste temperamental de esta persona, en esos dos ámbitos de la vida, era merecedor de un estudio clínico o especializado.  

Como esa noche venía con algo de constipado, Herminia le preparó un vaso de leche caliente, con una cucharada de miel y una infusión de eucalipto. Mientras su marido se lo tomaba con muestras afectivas de agradecimiento, ella apagó la televisión con presteza ya que deseaba mantener una conversación y hablarle con puntual franqueza.

“Eloy, hay algo importante te quería comentar. Ya sabes que desde siempre he respetado tu forma de actuar en el partido. Aunque debes entender que, como persona adulta y afiliada al mismo, tengo opiniones que, en muchas ocasiones, discrepan de las estrategias que se toman y realizáis por parte de la dirección. Por supuesto que los asuntos orgánicos y las decisiones subsiguientes las acepto, como una buena militante. Pero hay una cuestión, muy significativa y dolorosa, que me afecta directamente y con la que cada vez estoy en más desacuerdo. Precisamente, porque afecta a la persona con quien estoy casada. Te conozco desde hace muchos años y sé de tus cualidades y defectos, lo cual es perfectamente lógico en casi todos los matrimonios. A nivel familiar, eres una persona admirable, educada y tolerante. Pero cuando te “pones el traje” y te conviertes en el portavoz parlamentario o en miembro de la ejecutiva, sufres una peligrosa y preocupante transformación. Eres otra persona y no muy deseable, por cierto. Vengo siguiendo tus intervenciones ante la prensa y las consideraciones que realizas sobre tus rivales políticos. También cuando ejerces, con “belicismo” manifiesto, de portavoz parlamentario. No sé si te has dado cuenta, pero eres irreconocible para mí, te conviertes en otro ser verdaderamente indeseable y muchos dirían que despreciable. Utilizas palabras y expresiones que buscan con nitidez y agresividad la descalificación, la humillación  personal del contrario, herirlo en lo que más le ha de doler. Y no te quedas ahí, sino que rápidamente echas manos de palabras y expresiones que pueden estimarse como insultos y formas de violencia léxica. Y por supuesto, nada de autocrítica o de posturas proclives al consenso o al diálogo. Es que no le estás hablando a un rival que discrepa de tus planteamientos, sino que tratas de herir y aniquilar al enemigo político. Te confieso que al escucharte en la tribuna de oradores, no te reconozco. Me das hasta miedo. Y lo que más me preocupa es que parece que no eres totalmente consciente del ejemplo tan negativo y crispado que ofreces, tú y el “dichoso” partido, a muchos  de los que te están viendo y escuchando”.

El arrogante “fontanero” de la política y marido de quien pronunciaba tan concluyentes, duras y racionales palabras, quedó un tanto “noqueado” ante una realidad que podría haberla escuchado o leído en las páginas de la prensa o en las ondas radiofónicas. Pero su asombro y gran sorpresa provenía a causa de que era su propia mujer quien precisamente las estaba tan certeramente planteando. El avezado dirigente tomó varios sorbos de la cálida y aromática infusión que tenía sobre la mesa, tratando sin duda de ganar algo de tiempo o esa lucidez oxigenante, a fin de responder con claridad y contundencia a su cónyuge. La miró con una dulce y falsa sonrisa y al fin le habló, cambiando notoriamente el tono acústico de sus palabras.

“Herminia, tú no eres una “analfabeta política”. Tienes una gran formación académica que, en un momento concreto, puede ser especialmente útil a la formación en la que militamos. Pero ahora no estás dentro de la “cocina”. Tu cocina es otra. Todo es una cuestión de marketing político. Tenemos que ganar imagen y, sobre todo, votos, en el día a día. Y para ello hay que aplicar todos los medios posibles y también los “imposibles”. Si hay que mentir, se miente. Si hay que manipular, se manipula. Si un día decimos una cosa y al siguiente día la contraria, pues se hace. Si hay que utilizar a Maquiavelo, pues lo sacamos de su tumba. Al rival político, por muy buenas y falsas palabras que se utilicen, será siempre nuestro enemigo, en el mercado bélico de los votos y de la opinión pública.  Y al enemigo… ¡ni agua! Si tenemos que olvidarnos de la ética y los valores, pues lo hacemos, disimulándolo en lo posible o a las claras. Y todo porque a corto, medio o largo plazo, llegan los electores con sus papeletas. Y si estas no te favorecen, te puedes quedar en la calle. Te podría citar muchos ejemplos de compañeros que lo están pasando muy mal, económicamente, porque el partido no sabe ya, no tiene huecos, en dónde poder colocarlos para que tengan un mínimo sueldo al final de mes, que les permita “comer” cada día. Ahora tú tienes que quedarte en casa, al cuidado de las niñas. Por eso no tienes ni idea de cómo hay que manejarse dentro de la ejecutiva de una agrupación, ni tampoco de cara a la opinión pública, batalla que de ningún modo podemos perder. La “silla” te la pueden arrebatar en cualquier momento. Las “cuchilladas” las puedes recibir en todo momento y lugar Por eso, Herminia, olvídate de los valores y las buenas palabras. Piensa en nuestro bolsillo y en las niñas. Los “valores” en la escuela, en las iglesias y en la intimidad familiar”.

El contenido de esta crispada e inolvidable noche (la discusión en el matrimonio se mantuvo durante horas) hay que relacionarla, de manera necesaria y complementaria con otra dramática noche, al paso de varios meses, cuando Eloy llegó a su domicilio, anímicamente muy abatido. Hacía unas semanas en que había estallado un nuevo escándalo de corrupción política, en el que estaban directa e indirectamente implicados varios miembros del partido. Uno de ellos era el propio portavoz parlamentario, Eloy Guadalajara, imputado o investigado por el tiempo en que fue concejal de Comercio, cultura y deporte, en el municipio de Villasanta del Parral. Este turbio asunto de tráfico de influencias y el uso de partidas económicas “virtuales o fantasmas” estaba salpicando la estabilidad gubernamental, en su pacto con otra fuerza parlamentaria de ideología afín. Eloy se “dejó caer” en el sillón , diciéndole a Herminia que no tenía ganas de cenar. Sólo iba a tomar una infusión de tila con pasiflora.

“Esta tarde me ha llamado el “jefe supremo” a su despacho. El “divino”, sin más tacto o ceremonia, me ha planteado a caras destempladas que, dada la investigación que está realizando la brigada de delitos tributarios, sobre varios miembros del partido, me pide que dé un paso al frente y presente mi renuncia al puesto de portavoz parlamentario. Y que aún agradecería más que pidiera mi baja temporal como militante, hasta que no se aclarase definitivamente mi imputación por parte de la policía. En otras palabras, que me tenía que “sacrificar” en aras de mantener el apoyo parlamentario que nos permite gobernar en minoría mayoritaria. No olvidaré la última frase con la que me despedía, sin mayores miramientos y componendas: “Eloy, tienen que rodar cabezas y espero por tu parte que me evites tener que cesarte. Ese autosacrificio, engrandecerá tu dignidad. El partido está por encima de todos nuestros intereses. Lo mejor es que, tras tu renuncia, te quites un tiempo de en medio. No molestes. No alborotes. Evita hacer daño o salpicar nuestra imagen”. Herminia ¡Con todo lo que he hecho, con todo lo que me he sacrificado, con todo lo que he visto y he tenido que tapar y “tragar”… y ahora me dan una patada en el trasero, para que me vaya sin dos cuartos en los bolsillos!”

Al menos en Eloy, el aguerrido, desabrido e insultante portavoz parlamentario, su capacidad para la duplicidad “escénica” le iba a ser en sumo útil para encontrar algún acomodo laboral. Tras llamar inútilmente a muchas puertas laborales, al fin halló hueco en un grupo de inversión bancaria, como asesor “político” del consejo ejecutivo de la corporación. Su leve condena a sólo un año de prisión, le evitó tener que ingresar en un centro penitenciario para su judicial cumplimiento, pero ipso facto fue despedido del cargo temporal que tenía en la organización financiera. Ahora está haciendo sus pinitos como representante artístico de una compañía de teatro experimental, que colabora con las concejalías de cultura de muchos municipios, para actuar en las fiestas patronales del estío veraniego. En el terreno afectivo ha hecho ya oficial su nuevo vínculo con Margara, una muy joven actriz vinculada al grupo La Noria Encantada. Herminia, por su parte, ha decidido su vuelta al mundo laboral activo, haciendo trabajos eventuales de prospección electoral para una empresa de análisis de la opinión pública, vinculada a una organización política ideológicamente opuesta a la que durante años militó con su ex Eloy. Se deja cortejar por un antiguo seminarista, Jeremías, dinámico e idealista promotor de centros de ayuda al refugiado, “okupas”, mujeres maltratadas y personas “diferentes”.  Y los miércoles tarde y fines de semana alternos. Son los días en que el aguerrido y ”feroz” antiguo portavoz parlamentario, va con Loreto y Lupe al cine, antes de visitar, en unión con Margara, el Mac Donald del centro comercial. Allí escenifican plásticamente la cena, con los siempre celebrados menús infantiles, antes de la vuelta a casa con mamá y Jero, su joven y barbuda pareja.-

LAS PECULIARES RAZONES DE LA DUPLICIDAD PERSONAL.


José L. Casado Toro  (viernes, 4 ENERO 2019)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga



jueves, 27 de diciembre de 2018

ESAS OTRAS ÚLTIMAS NOCHES DE LA ANUALIDAD.

El siempre emocionante último día de cada año, lo que los ingleses denominan New Years Eve, significada con esa larga y densa Noche (llamada popularmente la Nochevieja) repleta de alimentos, bebidas y una intensamente festiva celebración, no es igual para todas las personas. Parece evidente que, al desenfadado y feliz acústico jolgorio de la mayoría ciudadana, habría que sumar o considerar esa significativa parte de la población que no puede celebrar estos eventos como hacen las demás personas, por razones obvias de sus ineludibles obligaciones profesionales al servicio de la comunidad. En este grupo social se encuentran los cuerpos de la policía nacional y autonómica, que velan por la seguridad ciudadana, el personal sanitario que atiende a los enfermos en los centros hospitalarios o en los demás servicios de urgencia médica, el Real Cuerpo de Bomberos y los miembros de Protección Civil, para los incendios y demás catástrofes y aquellos otros trabajadores que prestan sus servicios en los numerosos establecimientos de restauración, que funcionan hasta muy avanzadas horas de la madrugada. Todos ellos forman el ejemplar grupo de abnegados ciudadanos, para los que la noche del 31 de diciembre ha de estar condicionada por su responsable e irrenunciable ejercicio profesional al servicio del resto de la población. 

De alguna forma, es también el caso de una aún joven mujer. Regina Belén Bahía es la hija única de doña Eloísa Bahía Fuente del Campo, una señora viuda que permanece ingresada en un centro hospitalario desde hace varias semanas, con severos fallos multiorgánicos, agudizados por su ya avanzada edad. Aunque la enferma tienen familiares lejanos, es Regina quien se encarga de estar junto a su madre durante unas horas pues la mercería donde trabaja, desde hace unos  quince años como dependienta, tiene un horario diario de apertura hasta las 8:30 de la noche. A esa hora, suele tomar el autobús para desplazarse a la clínica, donde permanece  acompañando a Eloísa hasta prácticamente la medianoche. De manera habitual, baja unos minutos a la cafetería del centro hospitalario para hacer alguna consumición y cuando vuelve a su domicilio completa la cena con algún alimento o infusión antes de irse a la cama. Los fines de semana puede estar más tiempo junto a su madre, pues los sábados por la tarde y lógicamente los domingos la mercería cierra o interrumpe su actividad comercial. 

Don Blas es el propietario de El Dedal, comercio tradicional para las labores de costura y complementos en el vestir, establecimiento que heredó de su padre, el fundador de este pequeño y tradicional negocio. Este veterano y experto comerciante aprecia mucho a su empleada Regina, persona que destaca por su responsabilidad y prudencia. Esta ejemplar empleada no sólo se ocupa de atender a los clientes que acuden a la tienda, sino que también “echa una mano” en las tareas organizativas de una tienda dedicada al comercio detallista en la que se manejan centenares de pequeñas y diversificadas mercancías. La sede del establecimiento está muy bien ubicada en pleno centro antiguo de la urbe malacitana, teniendo una clientela fiel y consolidada, en la predominan las compradoras sobre los clientes masculinos. En este popular establecimiento se puede adquirir todo tipo de botonadura, hilos, diversificado material de costura, lanas, ropa interior y también prendas de vestir, cordones de zapatos, cremalleras, agujas de coser y esas otras que permiten hacer punto… todo un amplio y abigarrado almacén de productos para la laboriosidad familiar. La organización de este “pequeño mundo” de mercancías exige paciencia, laboriosidad y don de gentes, a fin de que el cliente salga lo más satisfecho posible de la tienda y prometa su intención de volver. La experiencia y profesionalidad de esta dependienta  resulta básica para el funcionamiento de este negocio.

En lo humanamente personal, Regina, que tiene en la actualidad treinta y siete años, con una apariencia física bastante normalizada (sin destacar especialmente por los elementos “estándar” de la belleza exterior) mantuvo un largo noviazgo con una persona bastante mayor que ella. Pero en una desafortunada pero clarificadora tarde, tuvo la dura oportunidad de ver a su pareja afectiva manteniendo un comportamiento intensamente “encariñado” con una joven de gran belleza, en uno de los jardines próximos al Puerto. Bernardo estaba “oficialmente” realizando un viaje a una localidad cercana de la Axarquía, a fin de realizar unas ineludibles gestiones comerciales de representación para una conocida marca de embutidos y mermeladas. Esta deslealtad o duplicidad afectiva provocó inevitablemente una dolorosa ruptura, en la monótona relación que ambos mantenían. Estos desafortunados hechos, para la vida sentimental de la dependienta, sucedieron hace ahora poco más de un año. A este conflicto se le ha unido los “severos” problemas de salud que atraviesa en la actualidad su madre, todo lo cual ha dado lugar a que la situación anímica de esta mujer se haya ido debilitando y degradando, perjudicando lo que hasta entonces era un carácter alegre y positivo en la normalizada sencillez de su vida.  

Y hoy llega la lúdica y festiva tensión anual del 31 de diciembre, con esa “simbólica” extensa Noche en la que cada uno interpretamos, con los rudimentos escénicos que nos caracterizan, esos roles aparentes de felicidad y jolgorio, para despedir un marco temporal que nos dice adiós, que deja paso a otro nuevo que llega, con sus alforjas presuntamente “inmaculadas” repletas de esperanzas y cambios. Pero en el caso de Regina, su noche va a estar condicionada por la responsabilidad y el cariño debido a una madre que la adoptó, cuando apenas ella llegaba al mundo, anciana mujer que ahora yace en la cama de un hospital, afrontando la dura realidad del deterioro físico impuesto por la naturaleza a los organismos de amplia longevidad.

En la mañana de este último lunes del año, el propio don Blas, conociendo la situación familiar de su empleada y mostrando esa bondad que siempre de manera ejemplar le ha caracterizado, ha ofrecido abrirle las puertas de su hogar, para que comparta con su familia la despedida del calendario y no se sienta sola en casa durante esa noche tan especial. También Maritina, una compañera eventual que es contratada para los periodos en los que el trabajo se densifica, con esa juventud desbordante que se atesora a los veinte años, le ha “ofrecido la mano” para que se una a su pandilla de amigos, grupo que va a organizar una fiesta de despedida en una sala de fiestas  sita en el Camino de Antequera, zona del Puerto de la Torre en el norte malacitano. Pero Regina Belén se ha excusado ante los dos sinceros y cálidos ofrecimientos, explicando su voluntad de permanecer durante esas horas festivas junto a la persona que ha sido a todos los efectos su madre, pues el cariño, la dedicación, la educación y el sustento que de ella ha recibido, supo eclipsar la maternidad genética de otra persona que ninguna de las dos llegó a conocer.

Eran las seis de la tarde cuando llegó al centro hospitalario, con el ánimo de acompañar a su madre en esa transición de la anualidad para ofrecerle su agradecida y filial compañía. Elogiosa y ejemplar actitud la mostrada por su hija, aunque doña Eloísa pasaba más tiempo adormilada, por efectos de la sedación que los médicos le aplicaban, que en estado de plena consciencia. En esos escasos momentos de total lucidez hablaba poco, aunque miraba continuamente a su hija, regalándole sonrisa tras sonrisa, a fin de aportarle y transmitirle esa fuerza y confianza que compensara la indudable preocupación que su único familiar próximo se esforzaba inútilmente en disimular. Regina tenía decidido tomar algo en la cafetería, cuando llegara la hora normal de la cena y después seguiría junto a su madre distrayéndose con algunos de los programas que emiten las cadenas en esta noche de celebración y jolgorio. Ya, para la hora del descanso, podría echarse en el sofá cama que todas las habitaciones (individuales) tienen dispuestas para el acompañante que quiera pasar la noche junto al familiar o amigo enfermo. Sería una entrada de año muy diferente a las últimas celebraciones que madre e hija habían pasado juntas, teniendo su pequeña fiesta íntima en su propio domicilio.

No había transcurrido una hora desde su llegada a la habitación, cuando tocaron en la puerta y a los pocos segundos entró Teo, un joven, agradable y dinámico enfermero al que conocía por los días en que su madre enferma llevaba encamada y por algunos gratos momentos de conversación que ambos habían tenido oportunidad de mantener. Se había creado entre ambos una sencilla amistad y proximidad de carácter. Este profesional de la enfermería era ciertamente unos años más joven que su interlocutora, la cual se sintió aliviada con la posibilidad de tener a alguien de tan abierta personalidad con quien intercambiar algunas palabra, durante tantas horas de visitas hospitalarias. Comunicación agradecida en el silencio de una habitación que, como la de todos los centros sanitarios, destaca especialmente  por ese olor tan característico a medicamento, aroma parecido al alcohol, que emana por doquier dada la funcionalidad médica de la edificación.

“¡Hola, Regina! De nuevo por aquí. Me alegro de verte. Estoy seguro de que esta tarde no trabajas, pues hay miles de establecimientos que cierran con horario anticipado, por el tema de las fiestas de Nochevieja. Pero ya ves, hay algunos trabajadores a los que nos toca hacer una entrada de año muy diferente. También me ocurrió en la Nochevieja de hace dos años. En fin, es nuestro oficio y lo hacemos con la mayor y mejor disponibilidad. No hay otra. Los “compas” tenemos, en la sala de enfermeros y auxiliares, algunas cosillas de Navidad para cenar, “chucherías”que previamente nos hemos traído de casa. Las doce campanadas las escucharemos emocionalmente con la bolsita de uvas en la mano o tal vez en alguna habitación donde se nos haya reclamado por parte de los encamados, a causa de alguna necesidad. Por cierto ¿hasta qué hora te vas a quedar aquí junto a tu madre? ¿Tienes algún plan para tomar las doce uvas, en casa de algún conocido o en alguna cena a la que te hayan invitado?”

Cuando Regina le explicó su intención de quedarse allí toda la noche, bajando sólo unos minutos a la cafetería a tomar algo “solido” a horas de cenar, el jovial enfermero sonrió con afecto, disponiéndose a continuación a cambiar el propósito de su muy responsable interlocutora. Lo iba a hacer aplicando esa convicción con la que sabía dotar a sus palabras, de manera especial cuando se le habla a las personas con las que se tiene una cierta afinidad.

“¡Pero mujer! Escucha con atención lo que voy a decir. Yo, personalmente, junto a los compañeros a los que nos ha tocado el turno de guardia esta noche, vamos a estar aquí. Todo enfermo que necesite nuestra atención, te aseguro que la va a recibir con la mejor y pronta diligencia. Quedarse aquí toda la noche no tiene sentido, pues ni vas a poder cenar bien, ni tampoco vas a descansar como lo harías en tu propio domicilio. Tu madre, ahora duerme pero, si despertara. ella te diría algo parecido a lo que yo te voy aconsejar. Ahora, dentro de unos minutos, tengo un ratito de descanso (lo que llamamos en broma la “merendola”). Te puedo acompañar a ese súper que está a no más de veinte metros del hospital y que al ser regentado por comerciantes orientales no cerrará hasta bien pasadas las diez de la noche. Este establecimiento suelen tener muy buenos productos. Eliges alguna cosita agradable para la cena y esa botellita de sidra que tan bien sienta en estas noches en las que se abusa de la ingesta. Estos “chinos” han puesto una nueva sección de fruta. Puedes elegir unidades de productos tropicales y te haces una súper macedonia de fruta con almíbar … bueno, yo te doy la receta ahora ¡ Me tendrás que pagar el copyright!”

La chica se sentía un poco abrumada ante la amabilidad y bondad que este joven transmitía, a no dudar, con una transparente credibilidad. Teo, prácticamente desde el ingreso de su madre, había tenido una gran deferencia hacia su persona. En realidad, el planteamiento que le estaba haciendo el buen enfermero era bastante lógico. Su madre pasaba más tiempo dormida que despierta, gracias a los efectos de la sedación que la dirección médica le estaban, con inteligente y profesional humanidad, aplicando. Decidió entonces que se quedaría más o menos hasta las diez y después se desplazaría a su casa a cenar algo, ver un poco de la tele y a descansar. En la mañana del 1, ese primer día de un nuevo calendario, no más tarde de las nueve horas, volvería de nuevo a la habitación del hospital, para estar junto a su madre. Teo le aseguraba que ante cualquier modificación en la situación clínica de doña Eloisa, marcaría su número de móvil para tenerla al instante bien informada.

Minutos después, los dos buenos amigos se dirigieron al comercio regentado por los orientales, llamado La Gran Muralla, a fin de comprar un poco que queso y jamón cocido, junto a unas frutas tropicales que resultaban en apariencia ciertamente apetitosas. A medida que avanzaban las horas de la tarde, con la llegada del oscurecer nocturno, las circulación y el ajetreo callejero habían ido paulatinamente decreciendo. Los preparativos para la última cena del año, en la propia casa o con el desplazamiento a otros domicilios de familiares y amigos, priorizaba netamente el interés de la ciudadanía. Los cada vez más reducidos viandantes, caminando bien abrigados por las aceras y plazas de la ciudad, parecían tener una evidente prisa. A la gente se la veían la que se mezclan desordenadas esta dependienta  resulta b como llevando consigo esa tensión nerviosa en la que se mezclan un tanto desordenadas las palabras, los pensamientos y las ilusiones festivas de una fecha emblemática, la del 31 de diciembre, con la que ponemos fin a una larga y contrastada anualidad en hechos y vivencias.

Han pasado ya abundantes amaneceres, a partir de los hechos aquí narrados. En la tarde de un luminoso sábado, con ropajes cromáticos y aromáticos de la recién avenida Primavera, dos jóvenes personas se encuentran sentadas en una terraza de la zona portuaria. Ambos disfrutan de la agradable brisa marina, regalo y don de la naturaleza que acaricia y juega tonificando, con la generosidad solar, todo esos cuerpos necesitados de consuelos y esperanzas. Comparten sendas tazas de café y unas pequeñas galletas de canela, ciertamente sabrosísimas para todo exigente buen paladar. El calor humano, la cercanía afectiva y los consejos oportunos de Teo han sido para Regina como un bastión insustituible de cariño y apoyo constante, que ha hecho más llevadera la nueva situación en su vida. La carencia ahora de una madre, cuya ausencia supera los límites de la lógica y la necesidad, resulta siempre una dura experiencia difícil de asumir. Pero él y ella, ella y él construyen caminos y planes ilusionados para su futuro en común, con esa connivencia de dos seres que saben acomodar las sonrisas, acompasar los latidos y enriquecer esas miradas para las que no se necesitan palabras. Sólo es necesaria la proximidad. Sólo es irrenunciable el cariño recíproco.-

ESAS OTRAS ÚLTIMAS NOCHES DE LA ANUALIDAD.



José L. Casado Toro  (viernes, 28 Diciembre 2018)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga