viernes, 24 de enero de 2025

LA VERSATILIDAD ESCÉNICA DE UN VETERANO ACTOR

EUSEBIO Tellada es un joven malagueño que estudia cuarto curso en la facultad de Farmacia de la Universidad de Granada. Reside en un piso alquilado para estudiantes, en el que convive con otros tres compañeros de diferentes grados universitarios: ASUN (Filología Hispánica) FLAVIO (Ciencias Políticas) y EVARISTO (Medicina). La relación entre los cuatro estudiantes es cordial y solidaria. Ninguno de estos jóvenes es granadino, pero eligieron estudiar en la maravillosa ciudad nazarí por distintos motivos y circunstancias personales.  

Durante los cinco primeros días de la semana, Eusebio se entrega al estudio con admirable dedicación y constancia, reduciendo incluso sus horas de descanso nocturno, que es cuando mejor se concentra con sus apuntes y bibliografía. Pero cuando llega el fin de semana, sabe intercalar también muchas horas para cultivar otras actividades para la vida, como es la práctica del senderismo (GRANADA cuenta con sublimes paisajes para su natural disfrute) al que añade la asistencia a diversas sesiones de cine fórums que programan algunos colegios mayores universitarios, en los que tiene compañeros de aula y buenos amigos. Otra de sus aficiones culturales es el teatro, asistiendo con frecuencia a las sesiones que, entre viernes y domingo, ofrece el céntrico TEATRO ISABEL LA CATÓLICA. Este establecimiento cultural para las artes escénicas, dependiente de la Junta de Andalucía, ofrece numerosas obras vinculadas a grupos de lo que se denomina el “teatro moderno o experimental”.

Eusebio asiste a muchas representaciones escénicas, desde ese segundo anfiteatro en el que el precio de las localidades es más reducido. Siempre ha preferido el llamado “teatro tradicional” pero acepta cualquier tipo de obra, pues opina que todas le aportan distracción y reflexión intelectual. Comentando con sus compañeros de piso, defiende las características del teatro “de siempre”, pues considera que la escenografía actual tiene, en su opinión, bastantes limitaciones.

“Lo primero que te encuentras, cuando asistes a una representación del TEATRO MODERNO o ACTUAL, es la carencia o pobreza casi absoluta de decorados. Alguna silla, mesa y puerta, algún “palé” con simbología críptica y, por supuesto, abundante cortinaje. La iluminación tampoco es muy generosa, los tonos oscuros y misteriosos predominan sobre las tablas escénicas. Y hablando del escenario, mayoritariamente es único. Lógicamente muy diferentes a los cambios y movimientos mecánicos que utilizan los teatros de la Gran Vía madrileña, cambios de escenarios reflejados también en el precio de las localidades. El número de actores en este teatro moderno tiene también una aritmética muy reducida. Hay que ahorrar, practicándose bastante el monólogo o el diálogo entre dos personajes y si alguno más aparece en la obra no lo hace en escena. Para ello se usa el teléfono o las alusiones continuas al personaje como hábil recurso, aunque tenga un notable protagonismo concedido por el autor en el desarrollo del libreto argumental. En cuanto a la estructura de las obras, dado el tiempo de desarrollo escénico (una hora o poco más de actuación) desaparece la división del primer o segundo acto, convirtiéndose la trama argumental en un desarrollo continuo que no canse en exceso a los espectadores. Muchos de los personajes hacen el cambio de vestuario en plena escena, incluso explícitos desnudos, a fin de conseguir una mayor verosimilitud o realismo en la acción que estén desarrollando. Si hay música, normalmente “enlatada” o grabada, suena a “toda pastilla” en los momentos claves de la acción. Pero lo más característico de este teatro “de VANGUARDIA” hay que señalarlo en el “complicado” argumento de la obra. Ese es uno de los grandes problemas, pues la división tradicional de introducción, nudo y desenlace no aparece, ya que parte de la trama argumental hay que imaginarla, para comodidad del autor. Los mensajes “subliminares”, metafóricos y crípticos aparecen de continuo, y hay que estar muy atentos para descifrarlos. Dicen algunos que es un teatro para gente con avanzado intelecto y la participación del espectador en la trama se hace inexcusable. Mucha gesticulación, gritos, contorsiones, miradas y silencios. Todo ello hace que te preguntes “pero ¿qué está pasando aquí. ¿Hacia dónde nos está llevando el autor de la obra? Al final consideras que te estás enterando de bien poco. Tienes que echar mano de tu imaginación, para darle forma a historias que no están bien contadas, que te generan preguntas e interrogantes de muy difícil respuesta”.  

Cuando Eusebio terminó de exponer su visión crítica acerca de este “teatro moderno”, sus tres compañeros de piso reían o comprendían el planteamiento que hacía un asiduo espectador de obras teatrales. En general estaban de acuerdo con estas apreciaciones, que dibujaban bastante bien la naturaleza de ese teatro actual o de “vanguardia”, realizado en general con una patente falta de medios.

Unos días después de esta “pequeña pero muy útil clase” que el estudiante de farmacia había expuesto, Flavio, el especialista en temas políticos, llegó al piso de calle Puentezuelas con una grata novedad que ningunos de sus compañeros esperaba.

“El fin de semana que viene llega mi cumpleaños. Y para celebrarlo os invitaré a un suculento recorrido de tapas. Pero antes de esa larga noche de sábado que nos espera, he sacado cuatro entradas, para una obra que van a representar en el Isabel la Católica y que parece tiene buena crítica. Como ese día se celebra la fiesta mundial de las artes escénicas, he tenido la suerte de conseguir las “últimas” entradas que se vendían, como rosquillas, con el incentivo de dos por una. En definitiva, que nos han costado la mitad de su precio, cuatro euros cada una. Son de segundo piso, a donde siempre suele ir el “especialista” Eusebio. El título de la obra que representan es ESPÉRAME, QUE YA VOY. Se trata de un monólogo, en el que interviene un veterano actor, según las fotos del cartel, llamado VENANCIO Tierrallana. Como se trata de teatro “moderno” nos lo vamos a pasar bastante bien, después de la disertación que nos dio el “farmacéutico” Eusebio hace unos días. Al final de la representación habrá diálogo entre el único protagonista y el público que se quede al debate. Nos bajamos de nuestro “paraíso” al patio de butacas, pues no todos los espectadores se quedan a estos diálogos (el hambre les apremia) y será interesante poder preguntarle al actor acerca de la obra que ha representado y sobre su amplia trayectoria sobre las tablas escénicas ¿Qué os parece la propuesta?”

Ese sábado de febrero, los cuatro amigos y compañeros de piso, se marcharon ilusionados para asistir a la representación, cuyo inicio estaba programado para las 19 horas. Debido a los incentivos económicos, por el día Mundial del Teatro, la cantidad de público que entraba al majestuoso Coliseum cultural hacía prometer que el lleno estaba asegurado. Asun, siempre bastante golosa, se había provisto de una buena bolsa de “chuches” para compartirlas durante la representación de la obra.

El desarrollo continuo (durante una hora y diez minutos, aproximadamente) de ese interesante y complicado monólogo, ayudado por las conversaciones que mantenía el actor a través del móvil telefónico y los recuerdos personales, expresados en voz alta, se acomodaba perfectamente a las explicaciones que Eusebio les había dado. El muy limitado decorado se resumía en un extenso cortinaje, en el que estaba pintada la representación de un jardín ciudadano, además de un banco de parque real y una fuente metálica, instalada en basamento de cartón pintado, de cuyos grifos no manaban agua alguna. Prácticamente, casi todo lo que Eusebio había sintetizado sobre esta forma de hacer teatro en la actualidad se cumplió al 100%.

Tras unos 15 minutos de descanso, una vez finalizada la obra, El “gran Venancio” volvió al escenario, entre nuevos y continuos aplausos de los espectadores, que se habían quedado para participar en un diálogo abierto con el veterano intérprete. Preguntas y más preguntas, que el actor respondió con la pericia que dan los años y la experiencia acumulada sobre las tablas escénicas.  Un joven y barbudo espectador, con ganas de “animar el cotarro” mostró su sinceridad, sin cortapisas.  “Con el mayor respeto a su trabajo, Sr. Tierrallana, tengo que confesarle que no he logrado captar lo que nos ha querido contar el autor del argumento, es decir, el mensaje o tesis que nos ha querido transmitir. Le pregunto, con la mayor franqueza, si Vd. se enterado realmente de algo lo que ha estado interpretando”. Transcurrieron unos incómodos segundos, en los que el silencio se hizo dueño del elegante teatro. La respuesta del monologuista provocó una “lluvia” de atronadoras carcajadas. “Pues no debes estar preocupado por tu incomprensión. Yo tampoco me he enterado muy bien de lo que acabo de interpretar”.

El actor también narró algunos aspectos de su larga vida profesional. “He participado en algún espagueti western de los que se rodaban en el “Hollywood almeriense, vestido de vaquero y con las pistolas al cinto”. Tenía que ganarme el sustento, por lo que había que aceptar lo que te quisieran dar, para ganar tres “perras gordas”. También, en una afortunada ocasión, una actriz se puso enferma de repente y no se podía suspender la función por razones económicas. Yo, que actuaba de “modesto figurante” durante no más de unos minutos de la representación, me presté a sustituirla. Como me sabía algo del papel, tuve que hacer, muy caracterizado, de ¡sirvienta! Lo que más me molestó es el par de zapatos con tacones que me tuve que calzar y que nos facilitó un conocido zapatero remendón de la Cuesta de Gomérez. Aun así, me estaban pequeños y tuve doloridos los pies durante unos días, hasta que la actriz se recuperó”.

Los cuatro amigos, después de la interesante experiencia, acordaron que sacarían entradas para los próximos espectáculos teatrales. Después de asistir a las mismas, comentarían y compartirían acerca de los mensajes y los valores de la obra representada, una fórmula inteligente de aprender a ser un buen y crítico espectador.

En un sábado noche cercano a la estación primaveral, Eusebio y Asun habían acordado subir al muy visitado y apreciado BARRIO DEL ALBAYCÍN en donde pensaban hacer una ronda de tapas, sin abusar de la bebida, para cenar y disfrutar del mágico embrujo nazarí, con sus aromáticos jardines o cármenes llenos de macizos florales. El número de establecimientos para tapear, cenar y disfrutar de la palabra es abundante, en estas cuestas y plazas empedradas, en una de las zonas con mayor romanticismo y embrujo que atesora la siempre muy bella capital de Granada.

Entraron en una tasca, Los Mascarones, repleta de ambiente “universitario”, establecimiento o garito que ya conocían por la calidad de sus tapas. Tuvieron suerte de encontrar un pequeño hueco en donde sentarse y a los pocos minutos escucharon una voz, “¿Qué vais a tomar, jóvenes del mañana?” Esa voz del camarero, a sus espaldas, les resultó conocida. Volvieron sus cabezas de inmediato y reconocieron, con asombro y alegría, que era la de Venancio Tierrallana, quien con su delantal y libreta en mano ejercía como empleado del muy popular establecimiento restaurador. Saludaron con afecto al veterano y apreciado actor, quien les prometió un ratito de conversación, pues a las 11 de la noche finalizaba su turno diario de trabajo. Allí estuvieron un buen rato, mezclando la cerveza de “grifo” con tapas de morcilla frita, habitas con jamón, caracoles en su salsa, las “papas” picantes o bravas, etc. con la difícil palabra, dada la elevada acústica que generaban los jóvenes y más talludos clientes, quienes así socializaban su fraternal ocio para el descanso restaurador.

Habían pasado unos minutos desde las once, cuando se les acercó Venancio, ya sin delantal, con un vaso de tónica en la mano, sentándose con ellos para echar “un ratito”.

“Me gusta estar con los buenos y jóvenes espectadores, que me han acompañado con mucho cariño, cuando trabajo sobre el escenario. Como ya estáis viendo, la vida te exige ponerte distintos uniformes para subsistir. Tienes que “comer” todos los días y yo, superados los 60, no tengo los ahorros necesarios para disfrutar los tiempos de la jubilación. Hoy estoy sirviendo a las clientes, mañana me cambio a figurante o actor principal sobre las tablas escénicas y pasado … siempre hay un buen amigo que me echa una mano necesaria. Esto se servir las mesas es como si estuviese interpretando otro papel, exigido por el guion del autor”.

Venancio se sentía relajado y confiado, como explicando retazos de su vida antes dos atentos jóvenes, que observaban a un hombre con largo recorrido en la vida, que no le debía haber sido fácil construirla y aceptarla. En momentos oportunos y con mucho respeto le hacían alguna pregunta.

“Si, tuve dos parejas, durante tiempos de bonanza, pero ambas “volaron” cuando la rutina se apoderó de nuestras convivencias. Por supuesto, la debilidad económica no todas las personas saben asumirla. Y en los dos casos, a una y a otra les afectó en demasía. Necesitaban más lustre monetario”

“Profesionalmente he hecho casi de todo en esta vida. Vamos, como si hubiera estudiado o preparado para multiservicios, como lo llaman ahora. Pero mi verdadera vocación son las tablas escénicas y actuar ante ese público que nos presta, con paciencia e ilusión, su tiempo y confianza. En mi opinión, la crisis básica del teatro actual es la carencia de medios que los directores de escena sufren, a fin de organizar y desarrollar un buen espectáculo. Al no haber dinero suficiente, hay que suplirlo con valiente y generosa imaginación, tanto por parte de la compañía, como de los propios espectadores. Cada uno de los que asisten a este teatro experimental o de vanguardia, se ven obligados a “fabricarse” su propia obra. Por supuesto, este problema no lo sufren los grandes teatros que, por ejemplo, lucen y deslumbran al tiempo en la Gran Vía madrileña”. 

“Estoy de acuerdo con vosotros que los propios actores, también los que se dedican básicamente al cine o a la televisión, debían tener una mayor consideración y colaboración solidaria con sus compañeros de avanzada edad. En Madrid hay una residencia para actores mayores, que sufren una penosa dificultad para sobrellevar sus tiempos de vejez. Lógicamente funciona con las aportaciones que algunos actores famosos realizan para que la institución pueda atender dignamente a los que siempre han sido segundos, terceros o simples figurantes y nunca cabezas de cartel”.

Asun y Eusebio bajaban, silenciosos y pensativos, las empinadas callejuelas del barrio del Albaycín. Recorrieron La Cuesta del Chapiz, la Carrera del Darro, Plaza Nueva, Reyes Católicos, Puerta Real y ya en Recogidas, tomaron Puentezuelas para llegar a su piso alquilado junto a los otros dos compañeros, quienes ya dormían plácidamente. La suerte que habían tenido encontrándose a un veterano actor, ejerciendo de camarero en un establecimiento típicamente “tapero,” les había marcado anímica y culturalmente. Continuaban con ese su aprendizaje, descifrando muchos porqués, acerca del denominado teatro “moderno o de vanguardista”. La humanidad y sencillez de un gran actor, que nunca había podido actuar en los grandes teatros del mundo, había colaborado con su vital magisterio, durante esa lúcida y lúdica noche granadina, en este interesante y enriquecedor conocimiento. -

 

 

LA VERSATILIDAD ESCÉNICA

DE UN VETERANO ACTOR

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 24 enero 2025

                                                                                                                                                                                                                               

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viernes, 17 de enero de 2025

EL FOTÓGRAFO INDISCRETO

Todas las profesiones tienen en su naturaleza incentivos y servidumbres. Los elementos motivadores son agradecidos, lógicamente, por quienes ejercen esa actividad. Los factores incómodos y dificultosos son sobrellevados con más o menos resignación y paciencia. Pero cuando sobrevienen los problemas (de toda tipología) los profesionales suelen expresar esa frase común y complaciente de “esto va con el oficio o el trabajo que he elegido”. Lo significativo del caso aparece cuando no somos plenamente conscientes, en nuestro ejercicio profesional, de algo sobrevenido, inesperado, casual, que puede ser de importancia o trascendencia variable. En este contexto se inserta el desarrollo de nuestra semanal historia.

ÁLVARO Cayuela Ardales eligió, a la finalización de sus estudios de secundaria obligatoria, cursar un módulo profesional de grado medio, FOTOGRAFIA GENERAL, que recibiría en un centro público de F.P. Casi desde niño le había gustado el manejo de las cámaras fotográficas, afición fomentada por su padre don MATÍAS, también aficionado a las tomas de fotos. Esta reducida familia (la esposa y madre se llamaba doña NATIVIDAD) se ganaba la vida con una pequeña tienda propia, instalada en el portal de la vivienda donde residían, en el entonces floreciente barrio de Lagunillas, en la zona antigua de Málaga.

Cuando le compró, para Reyes, la primera cámara a su único hijo, Matías comentó: “así ya no me cogerás más mi cámara fotográfica, pues ahora tienes la tuya propia. No es réflex, pero con ella aprenderás a hacer muy buenas tomas. Posees arte para los buenos y mejores encuadres. Tengo la esperanza de que llegues a ser muy buen fotógrafo y no me extrañaría, dada tu gran afición, de que podrás vivir ejerciendo este arte que permite conservar los recuerdos en nuestra memoria”.  Álvaro había cumplido los 12 años.

A ese módulo de enseñanza de grado medio, con el tiempo añadió otros dos más, uno de fotografía creativa y otro de aplicación informática a las tomas fotográficas, en el campo digital de la imagen. Alvaro fue pensando en dedicarse profesionalmente a la actividad fotográfica, arte que desarrolla con el reconocimiento de aquellos que veían sus preciosas tomas y el tiempo que dedicaba a esta artística actividad, A los 18 años obtuvo el carnet de autónomo, montando un pequeño, pero bien organizado, estudio en un local abandonado, esquina de Lagunillas con el Mercado de la Merced, espacio que supo arreglar y preparar para ejercer la actividad que tanto le ilusionaba. Especialmente durante los fines de semana dejaba su estudio, para desplazarse a diversos lugares a fin de realizar reportajes encargados o por su interés de hacer nuevas experiencias con sus tomas.

El campo de encargos era amplio, basándose su clientela en los buenos precios que aplicaba y en la calidad de los trabajos que presentaba.

Bautizos, bodas, cumpleaños, onomásticas, graduaciones, divorcios y separaciones, reportajes publicitarios, encargos de inmobiliarias, estudios de arquitectura, encargos de prensa, comidas de empresa y de hermandad, etc. También hacía las necesarias y reglamentarias fotos para el DNI, pasaporte, fichas de alumnos, carnés de paro. En su estudio informático sabía cómo restaurar y recuperar fotos antiguas e incluso algunos representantes de artistas le encargaban reportajes acerca de sus patrocinados.  Con este ámbito tan amplio para la actividad podía ganarse honrada e ilusionadamente la vida, dedicando parte de sus ganancias a la adquisición de materiales de última generación, con los que mejoraba el tiempo empleado y la calidad de los trabajos que recibía. También pudo ampliar ese su primer local, adquiriendo otro espacio adjunto, consolidando su estudio fotográfico como uno de los mejores existentes en la ciudad. Su prestigio iba en aumento, para satisfacción personal y de modo especial el orgullo de sus padres, por ver cada vez más realizadas las esperanzas depositadas en ese su hijo ejemplar.

Entre nuestras amistades, siempre elegimos y conservamos a determinadas o concretas personas, que por diversas circunstancias de la vida han estado muy relacionadas con nuestra andadura existencial. En el caso de Álvaro, esta amistad íntima tenía el nombre de BRUNO Campala. En el mismo centro profesional en donde había estudiado el joven fotógrafo, este compañero de centro había cursado un módulo de secretariado y contabilidad. Se hicieron amigos y ese vínculo juvenil lo supieron mantener en excursiones, guateques domingueros, asistencia a cines, teatros y por supuesto a los naturales “ligues pandilleros”. Álvaro y Bruno pertenecían a familias humildes. En el caso de Bruno, su padre MARIANO trabajaba como dependiente en una tienda de ultramarinos, mientras que su madre ADELA cosía para casas de “señoras bien”.

Los caracteres de ambos amigos eran bien diferentes y en estos contrastes radicaba su buen y enriquecedor complemento. Álvaro era una persona tranquila, aunque dinámica cuando ejercía su profesión. Su vida latía con el mundo de la fotografía. El carácter de Bruno se sustentaba en una mente práctica, para todo lo que significase negocio, la rentabilidad y las mejores inversiones que posibilitaran los réditos más apetecibles. Lo que Álvaro priorizaba era el arte de la imagen, mientras que Bruno se movía y se entregaba por el mundo del dinero y las clases altas de la sociedad.  Pero caminando por sendas y objetivos diferenciados, sabían complementarse y cultivar una excelente amistad. Bruno poseía esa innata facilidad para contactar con las personas, especialmente aquellas que pertenecían a los sectores elevados del marco social y si esas apetencias tenían faldas y buenos perfumes en su anatomía, pues mejor que mejor.

“Te casarás, amigo Bruno, dando un buen “braguetazo. Lo llevas en la sangre y tienes el arte de saber con quien mejor contactar. Te envidio y te admiro. Yo no tengo tanta suerte con las mujeres, por ahora, aunque la fotografía me llena y vitaliza a diario”

Bruno comenzó a trabajar en una prestigiosa Caja de Ahorros, pronto reconvertida en banco, en el que, sin haber cumplido los 30, ya ejercía como apoderado, teniendo el punto de mira en la dirección de alguna sucursal. Así era la vida de estos dos jóvenes hermanados por una profunda y entrañable amistad.

Cuando el fotógrafo hace una toma para un primer plano o una foto grupal, centra la focalización de su objetivo en ese motivo preferente para su deseo o necesidad. Esta situación se modifica cuando se pretende realizar una toma panorámica. En esta situación el objetivo focal “se abre” todo lo necesario, estableciéndose un “gran angular” en la toma del paisaje, dependiendo de las características del objetivo que apliquemos a la cámara. En los grandes angulares siempre es conveniente echar una visual previa, a través del visor o la pantalla trasera de la cámara digital, a fin de repasar los principales elementos que van a quedar grabados en la composición de esa panorámica focal. Aun así, son numerosas las ocasiones en que, por la premura del tiempo o por el número de tomas que se realizan en pocos minutos, se incluyen en la composición elementos que no somos conscientes de su presencia cuando ampliamos la fotografía en el ordenador o en la proyección que realizamos con el videoproyector. Y esta situación se repite en numerosas ocasiones. Por ejemplo, el fotógrafo trata de evitar que no aparezcan en la toma niños o personas menores de edad, por la ley de protección de la propia imagen, por esos niños cuyos padres no han autorizado su inserción en la foto. Incluso con las personas mayores se trata de que no aparezcan sin su expresa conformidad. En todo caso, a estas personas de las retrata de espalda, de lado, pero nunca con el rostro de frente, a fin de que su identificación sea difícil de realizar.

A partir de esta somera explicación, volvamos a la historia que vivió Álvaro, con unas tomas fotográficas que nunca deseó haber realizado.

Su amigo Bruno, tras varias experiencias “sentimentales”, al fin había aceptado pasar por el altar. Contrajo matrimonio con la primogénita del director ejecutivo de la importante entidad financiera en la que trabajaba. Esta familia poseía un importante patrimonio económico. Bruno no sólo buscaba el amor de ESTRELLA, sino esas influencias empresariales que le permitieran ascender en la jerarquía bancaria. Tras un año y medio de casados, el joven matrimonio iba a celebrar con una fiesta “por todo lo alto” el nacimiento de su primer hijo. Parecía lógico que, en base a la amistad que los unía, encargara a su íntimo Álvaro la elaboración de un gran reportaje sobre el evento, tanto en la ceremonia bautismal, como en la gran fiesta que iban a dar en la finca LA CAMPANERA, propiedad de sus suegros, don TELESFORO y doña FINA, ubicada en la zona de Casarabonela, área del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves. Álvaro asistió al populoso evento acompañado de su novia ISADORA. Las dos parejas compartían amistad y salidas para cenar algunos fines de semana, en la diversificada y suculenta restauración que puebla el centro de la ciudad malacitana.

La gran fiesta social y familiar se celebró en un cálido sábado de abril. Los Sres. de Cercedilla – Covadonga eran muy conocidos, por lo que acudieron destacadas personalidades, no sólo del mundo financiero, sino también de la élite social malagueña e incluso andaluza. Todo iba transcurriendo con señalada esplendidez, con un cáterin servido por la prestigiosa empresa de restauración Lepanto. Álvaro realizaba, con diestra pericia, su trabajo, haciendo Isadora de simpática y jovial ayudante de su novio. La cena fue espléndida, finalizando la fiesta con un inesperado y bello espectáculo de fuegos artificiales Sobre las dos de la mañana, un autobús trasladó a un importante número de invitados, que no quisieron utilizar su vehículo (por razones de bebida) al centro de málaga, zona de El Corte Inglés, lugar en donde los había recogido a las 19:30 del día anterior.  

Gran parte del domingo fue dedicado por Álvaro para trabajar en su laboratorio la clasificación y corrección del material que sus cámaras habían tomado el sábado de la magna celebración: más de 400 fotos. El material era lógica y temáticamente muy variado, tanto en lo social como en el aspecto técnico: primeros planos, planos americanos, planos detalles, juegos de luces, parejas, familiares, amigos, etc. material adecuado para conformar un bello álbum del bautizo y fiesta del pequeño recién nacido SERAFÍN.

El ya “experto” fotógrafo se recreaba en decenas de tomas que habían resultado muy artísticas para el mejor de los recuerdos. También contrastaba algunos “fallos” de encuadre, exposición, velocidad de abertura, luminosidad, etc. Pero como él decía, con admirable sensatez, todos los días y experiencias son buenos para aprender. Lógicamente, un experto como él, siempre utilizaba varias cámaras réflex, en programa manual. Serían las 12:30 de ese domingo primaveral, cuando se detuvo en tres tomas que tenía en pantalla, repasándolas con especial atención una y otra vez. Eran encuadres panorámicos, realizados con el objetivo en gran angular. Detectaba que, en el lateral derecho del encuadre, detrás de dos viejos olivos, con poliédrico ramaje, muy alejados del motivo central de las tomas (unas panorámicas de todas las mesas y parte del gran caserón de La Campanera) parecía que había dos personas que estaban tiernamente abrazados y besándose. Esos detalles sólo los detecta un experto profesional. La motivó la curiosidad y se puso manos a la obra. Con el Photo Shop y un programa especial de IA fue eliminando pacientemente el ramaje, a fin de ir recreando las dos personas que, ocultándose del natural bullicio originado en la masa festiva, estaban ensartados en una “furtiva” o ardiente escena de amor. Desde luego todo su esfuerzo “investigativo” era un simpático capricho o juego tecnológico, pues el desenfoque y deformación que suelen proporcionar los grandes angulares era manifiesto. Se decía a sí mismo “yo soy capaz de desbrozar ese abrazo y ardiente beso de dos personas que se están ocultando de entre la “multitud de invitados”. Siguió trabajando con las tres fotos, haciendo un descanso para tomar algo de almuerzo en su investigativa labor. Continuó posteriormente con su “operación descubrimiento”.

 

La paciencia, el esfuerzo y su destreza informática aplicada tuvo el fruto del éxito, para satisfacer su ilusión e ¡inesperada desgracia! Fue reconstruyendo píxel a píxel las dos figuras ensartadas en el ardiente amor. Era una tarea artesanal y técnica “de relojero”. No tuvo que terminar su minucioso y “apasionante” trabajo. Su habilidad técnica le permitió reconocer a las dos personas que se ocultaban tras el espejo ramaje. Todo una “terrible bomba” que nuca olvidará. Su “medio hermano” (como en broma proclamaban) estaba gozando “acaramelado” con una de sus numerosas conquistas. Nada nuevo en él, pero lo que nunca pudo creer o imaginar era la persona que acompasaba ese ardiente beso, en el pentagrama de la densa naturaleza: era Isadora, su novia, su “fiel amor”.

El impacto que el bueno de Álvaro sufrió es de los que nunca llegan a olvidarse. Su intensa pasión y amor por la fotografía y los avances de la tecnología digital aplicada, le habían permitido descubrir unas imágenes que destrozaba su proyecto de vida. Se sentó lentamente en el borde de su cama, echándose después sobre la misma con los ojos cerrados, que no podían evitar los brotes de unas lágrimas de frustración, rabia y dolorosa incredulidad. Estaba siendo engañado por su amigo del alma.

Han pasado abundantes meses, por el calendario escénico de todas estas vidas. En el Madrid fotográfico, destaca en la actualidad el ESTUDIO RÉFLEX, cuyo propietario, Álvaro Cayuela, el hijo de don Matías y doña Natividad, no sólo ejerce, con acrisolada fama, esta artística actividad, sino que también imparte clases en el Centro de Tecnología de la Imagen de la Universidad Complutense, como profesor contratado. Permanece soltero, aunque últimamente sus amigos lo ven encariñado con una joven llamada ALICIA, también vinculada al mismo departamento universitario en donde imparte sus clases el afamado y creativo fotógrafo. La experiencia le aconseja, cuando hace una toma con el objetivo en angular, antes de darle al pulsador, realizar una “eléctrica” visual por esos ángulos traicioneros, en donde puede haber motivos que no se deben grabar.

Bruno Campala, a pesar de su vitalista juventud, dirige la oficina central en Málaga de la entidad financiera en donde entró a trabajar hace tres años. Su suegro, don Telesforo, tras su jubilación anticipada por un problema de cervicales, movió los hilos para que el marido de su hija Estrella lo sustituyera en tan importante y retributivo puesto. La pareja matrimonial mantiene su vínculo de cara a la galería social, pero ambos organizan sus respectivas intimidades con esas rosas y jazmines ocasionales, en donde encuentran la ilusión y la aventura pasajera o fugaz de la novedad.

La relación entre los dos antiguos e íntimos amigos es prácticamente inexistente. Bruno es consciente de que traicionó una fidelidad fraternal de muchos años “pero es que yo soy así.  Va en mis genes. No lo puedo evitar”. Pero uno y otro mantienen la connivencia de que, en caso trascendente de gravedad, nunca cerrarían la puerta a una amistad que nació en la avanzada adolescencia y que en cualquier primavera puede de nuevo echar brotes: para renacer la palabra, la confidencia y el guiño generoso a la comprensión, el perdón y la verdad. –

 

EL FOTÓGRAFO

INDISCRETO

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 17 enero 2025

                                                                                                                                                                                    

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viernes, 10 de enero de 2025

SUENA EL TIMBRE DE LA PUERTA

Todos tenemos la experiencia de conocer a personas, más o menos proximas a nuestro microcosmos, cuyos comportamientos parecen extrañamente inusuales. Sus actitudes, cuando llegan a nuestro conocimiento, nos generan sensaciones de incredulidad, sorpresa, comicidad, preocupación, pena, asombro, admiración o rechazo. En ocasiones, resumimos estas apreciaciones con una expresión coloquial que es por todos entendida: ¡qué tío, qué persona más rara! O con esa otra frase, muy sociológica en la Historia de hay gente “pa tó”. Desde luego esta son expresiones populares. Un experto en comportamientos y respuestas humanas (psiquiatra, psicólogo, sociólogo) resumiría y analizaría estas respuestas bajo otros parámetros más científicos, basados en los estudios propios de su especialidad académica. Pues en este curioso contexto se inserta nuestro relato, ciertamente extraño, con aires de thriller o misterio, de esta semana.

SABINO Villacampa Gaytán, 52, ejerce como maestro de educación primaria, en una importante (por el número de alumnos y grupos) centro escolar de carácter público, ubicada en la capital malagueña. Este gran complejo escolar, denominado EL OLIVAR, se halla situado en la salida de la capital dirección norte, camino de las provincias hermanas de Granada, Córdoba o Sevilla. La zona urbana que tiene de influencia se denomina Ciudad Jardín, muy cerca del cauce del río Guadalmedina, embalse del Limonero o del Jardín botánico municipal de la Concepción. Sabino reside precisamente en una barriada, que tiene el bello nombre de LAS FLORES.

Profesionalmente, Villacampa es considerado por sus compañeros y equipo de dirección del centro como un maestro responsable y cumplidor de sus obligaciones, algo serio de carácter y especialmente reservado con respecto a su privacidad. A pesar de esta austeridad temperamental, sus alumnos habituales (correspondiente al último curso de enseñanza primaria) en este curso escolar 6º C, lo aprecian por su trabajo explicativo y tutorial, ya que es imaginativo, entretenido y siempre trata con el necesario respeto a los alumnos que tiene a su cargo. Esta característica provoca que sea uno de los docentes que menos “partes de incidencias disciplinarias” impone, ya que prefiere, con lúcida inteligencia, resolver los conflictos aplicando el diálogo y con las compensaciones o penalizaciones pactadas o negociadas. Los compañeros de del centro saben que Sabino mantiene su soltería desde siempre. Se comenta entre ellos, por esas conversaciones de café, durante los recreos o tras las reuniones de claustro que, cuando vivía su treintena, estuvo íntimamente encariñado con una profesora sustituta, con la que llegó a compartir convivencia. Parece que el idilio duró unos tres años. Pero la joven profesora, que tuvo que atender a uno de esos trasiegos residenciales por motivos de nuevos destinos, encontró un mejor partido o acomodo con una compañera de CC NN, al ser destinada a Montilla para atender una larga sustitución. Esa dura situación afectiva no la pudo superar el carácter “complicado” de Sabino, por lo que volvió a vivir con su madre, viuda de muchos años. Al perderla también, por razones de edad y enfermedad, la soledad anímica y física fue minando su espíritu, degradando sus ganas de luchar para reemprender su vida, agudizándosele la introversión y el propio egocentrismo, con algunos comportamientos un tanto extraños en su forma de relacionarse.

Así lleva muchos años, habiéndose convertido en una persona un tanto infeliz en su trato relacional. Pero, sorprendentemente, en estas Navidades del 24, los propios vecinos (que suelen referirse a él como el maestro solitario del 7º C) lo han visto con un semblante diferente, más animado y “luchador”. En realidad, es un residente muy educado, servicial y que nunca provoca problemas con la vida de vecindad. Y llegó el 31 de diciembre, con las fiestas de despedida y llegada de la nueva anualidad. Avancemos en esta curiosa historia.  

A media mañana los vecinos con los que se encontró al salir la calle lo vieron con un semblante inusualmente alegre y animado, para hacer bien el día. Como si se preparara para festejar la Nochevieja y tener una alegre entrada del 2025. Incluso comentó con algún vecino a la salida del ascensor: “voy al supermercado, para comprar el material de esta gran noche. El siempre populoso MERCADONA le caía a tres “cuadras” o manzanas del edificio donde residía. También era novedoso verlo rodando en su mano diestra un viejo trolley que perteneció a su difunta madre cuando diariamente se desplazaba para realizar la compra. “Pero don Sabino ¿tiene Vd. invitados para el fin de año? Entonces el hoy animoso maestro, algo ruborizado, respondía:

“Siii, hoy va a ser bastante diferente, a tantas noches de mis días. Espero una importante visita, con la que he contactado por Internet”.

“Anda, lo moderno está el profesor. A ver si lo vemos bien casado, e incluso con algún retoño, como Dios manda. Vd. está todavía de buen ver. No me cabe la menor duda que ha elegido una buena mujer, como las que salen en First Dates, el programa diario de Carlos Sobera, que emiten por la Cuatro. ¿Y cómo se llama la afortunada?” “Bueno, es que me da alguna vergüenza decirlo, pero Vd, doña AMBROSIA, vecina de planta, es persona de confianza y merece que se lo diga. Se llama ESTRELLA, como la que más brilla en el firmamento”. “Seguro que es muy guapa y buena mujer. Vd. se merece lo mejor, don Sabino. Además, está todavía de buen ver, con los 50 que creo que ya tiene” “Señora Ambrosia, 52, los almanaques nunca se equivocan. Los años no pasan en balde. Van dejando las arrugas y los achaques aparecen por donde uno menos se espera”. “Ande, ande, que está Vd. hecho un chiquillo, don Sabino”.

Al fin pudo “librarse” de su amable y parlanchina vecina de planta, tomando la dirección del Mercadona, en donde esperaba encontrar todas las mercancías que necesitaba, a fin de montar una buena mesa. Era el último día del año, por lo que el popular establecimiento estaba bien abarrotado de clientes, respirándose ese ambiente nervioso consumista que altera el equilibrio, de manera infantil, pues parece que todo lo que llenaba los expositores se fuera a acabar y no quedara nada para nosotros. La compra que realizó este vecino del 7º C estaba en consonancia con las expectativas que el buen hombre se había hecho para organizar una mesa digna del último día del año. Un bote de caldo de cocido. Otro de garbanzos también cocidos. Una caja de gambones. Un buen trozo de carne de ternera rellena, ya mechada, envasada al vacío. Un par de ensaladas preparadas. Un cestillo de frutas variadas. Agua, cerveza 00 y una botella de tinto Rioja. A la vuelta se detuvo en la Confitería EL HOJALDRE, para el postre. Compró un gran tronco de pastel de Navidad, bañado con chocolate, nata y copos de coco. El espectacular dulce o tarta navideña estaba relleno de cabello de ángel confitado a la canela. No olvidó comprar también un par de artísticas velas rojas, con las que proporcionaría más “emoción” a esa íntima cena para dos.  

Con toda esa suculenta mercancía, volvió mostrando la sonrisa en el rostro a su domicilio. Al verlo tan contento, sus convecinos pensaban acerca de lo que traía entre manos una persona habitualmente bastante seria. Dedicó gran parte de la tarde a preparar con esmero la decoración y presentación de su mesa, a fin de que ningún detalle faltase. Incluso activó un sistema de bluetooth, para ambientar con la mejor música (navideña, clásica, romántica) la íntima cena, aunque no descartaba distraer la “velada” sintonizando alguna cadena de televisión que facilitara, con su divertida programación, la imprescindible alegría.  Ese buen y divertido estado de ánimo se mezclaría con el intercambio de sentimentales miradas plenas de la necesaria sensualidad. Por supuesto, habría que seguir el rito de las uvas, acompasadas a las doce campanadas que anunciarían la entrada de un nuevo año, en este caso el 20 25. Una vez conformada la decoración de la mesa, pasó a la cocina para organizar bien los platos que iba a compartir con su especial invitada.

Cuando el reloj marcaba la proximidad de las 20 h. se sentó en su habitual sillón del tresillo, para esperar pacientemente la llegada de la ansiada visita. Esa noche de fiesta, para el cambio de calendario, sería el primero que no iba a cenar sólo, como era habitual, desde el fallecimiento de su amada madre. Sobre las 20:45 todo eran nervios en el “inestable” equilibrio de tan singular personaje. La música programada no cesaba de sonar, la carne estaba templada, después de un primer pase por el microondas, las bebidas bien frescas en el frigorífico. Había dedicado también abundantes minutos para el arreglo personal. Eligió un traje azul de fina alpaca, camisa celeste muy claro y una corbata de tonalidades rojas y violáceas, que le iba muy bien al color azul marino de su indumentaria. Iba a estrenar unos zapatos nuevos de piel acharolada, marca Martinelli, comprados en el Corte Inglés.

A las 21 horas en punto, sonó por primera vez el timbre de la puerta. Se incorporó un tanto nervioso de su sillón preferido y con parsimonia diligencia se dirigió hacia la puerta de entrada, para recibir a una belleza llamada Estrella (como había comentado a su vecina doña Ambrosia) que iba a compartir con él tan emblemática noche. Evitó precipitarse en la apertura de la puerta, por lo que esperó a un segundo toque del timbre, sonido que se produjo pasados unos treinta segundos. Deseaba dar más emoción a ese encuentro tan deseado. Al fin abrió. Sólo pronunció estas breves palabras: “Buenas noches. Estás bellísima. Gracias por haber venido. Pasa, por favor, estás en tu casa”.

Entonces cerró la puerta, caminando unos pasos hacia el salón. La música ambiental seguía sonando, las luces de la lampara alegraban un bien arreglado salón, con la mesa central preparada. Pero … dentro de la casa sólo había una persona: Sabino Villacampa. Nadie más. Y en el exterior del descansillo, sólo oscuridad.

Este maestro escolar, obsesionado por su soledad sentimental, había escenificado una creatividad onírica, invisible, irreal, con alguien que no estaba, no existía. Su imaginación y frustrados deseos compensaban su insoportable soledad física y anímica. Permaneció de pie observando ese vacío plato frente al suyo, en la bien preparada mesa, que allí permanecía sin nadie que lo fuera a utilizar. Entonces elevó el volumen de la música, que continuaba sonando, para alegrar una atmósfera irreal, con un único oyente para disfrutar.  Su fisgona vecina del 7 A, doña Ambrosia, comentaba con su marido e hijos “¡Pobre hombre, lo bien que lo debe estar pasando! Se ve que hay buen ambiente en el 7º C …”

Pasaron muchos minutos. Cuando Sabino terminó de tomar su parte de lo que había preparado para la “gran cena” se levantó y se dirigió hacia la puerta ¡para despedir, en su imaginación a la visitante invisible! Tras abrirla, dijo en voz baja “Te llamaré mañana. Gracias por tu visita. Enriqueceremos y gozaremos de nuestra amistad” cerrando de nuevo la puerta de su piso.  Doña Ambrosia miraba y remiraba, por la mirilla, pero no veía a nadie. “Te aseguro, Augusto, que el vecino de al lado, don Sabino, se ha despedido de alguien, pero en la oscuridad nada he logrado ver y lo raro es que el ascensor no ha sonado. ¡qué hombre más misterioso!”.

En otro piso del bloque, concretamente en el 2ª A, alquilado a una modesta familia, con el marido sufriendo y afrontando continuas necesidades económicas, con tres adolescentes en la flor de sus vidas y su mujer echando horas de limpieza en casas bien, estaba una de las claves de esta intrigante historia. Un albañil de “chapuzas” CELESTINO comentaba:

“Esta mañana me he ganado 50 euros, que nos han venido la mar de bien. Gracias a este dinerillo, hemos podido tener una cena digna de fin de año ¿Y cómo me ha llegado esta ayuda? ¡Pues muy fácil y extraño! El vecino del 7ºC, el maestro, me pidió esta mañana que subiera a las nueve en punto y tocara el timbre de su puerta dos veces, toques separados por un intervalo de un minuto, más o menos. Y a continuación, debía volver a casa, sin hacer mucho ruido. Me rogó que no le hiciera preguntas, poniéndome los 50 euros en la mano. Una cosa extraña, pero yo he seguido fielmente sus indicaciones”.

El comportamiento del personaje central de esta curiosa historia acabó siendo estudiado y tratado por un especialista en desequilibrios y carencias mentales. El director de su centro escolar tuvo que tomar importantes y necesarias decisiones, pues esos comportamientos íntimos de Sabino Villacampa trascendieron inevitablemente al ámbito profesional. -  

 

 SUENA

EL TIMBRE DE LA PUERTA

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 10 enero 2025

                                                                                                                                                                                                                               

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viernes, 3 de enero de 2025

UNA FIESTA HOMENAJE PARA RECORDAR

En todas las localidades geográficas, sean grandes o pequeñas en población, ejercen un importante protagonismo social determinadas personas, que han desarrollado durante períodos, más o menos amplios, diversos cargos o funciones en el ámbito de la administración pública o en la actividad privada: política, deporte, arte, cinematografía, religión, comercio, construcción, finanzas, teatro, investigación, medicina, educación, etc. Los dirigentes e instituciones de estas ciudades suelen también homenajear a estos ilustres ciudadanos destacados, lamentablemente cuando ya han fallecido. Pero también esos homenajes y reconocimientos se efectúan a veces en vida de estos protagonistas.

Son jornadas festivas sumamente agradables, centradas en destacar, a través de vibrantes y emocionantes discursos (entre los que interviene el propio ciudadano, premiado o reconocido por sus excelsos valores) la justicia y el agradecimiento a tan excelsos personajes. No suele faltar en estas populares fiestas sociales la imposición de medallas, la concesión de diplomas acreditativos, el reconocimiento y levantamiento de algún busto o placa señera, cuando el festivo acontecimiento se desarrolla en la propia vía o plaza pública. Al final de la fiesta homenaje, la banda del municipio u otra agrupación musical, interpreta piezas o composiciones bien elegidas para la alegría de todos los presentes y de la propia persona a quien va dedicado tan emblemático y emocionante acto. Vayamos ya al núcleo temático de nuestra historia, sustentada en la previa introducción.

El protagonista de este divertido y reflexivo episodio tenía por nombre FELICIANO Palanca Ciempasos. 75 años, había sido todo un “animal político” servidor público en la administración de un importante pueblo o municipio de la alta Andalucía. Concejal encargado de variadas competencias, 1er teniente de alcalde y posteriormente alcalde presidente de la corporación municipal durante más de tres décadas. Todos esos años en la dirección municipal, desde su primer oficio de trabajador y propietario de una panadería, su buena capacidad de gestión, acumulando un poder “casi absoluto” para llevar a buen puerto a varias generaciones de vecinos, lo hacían merecedor de un fraternal homenaje.  

Se podría sintetizar el poder y la influencia de este versátil gestor público, con esa frase popular que posee un tan hondo significado “No te preocupes, que yo hablo con Feliciano y todo arreglado”. Esta amable y premonitoria frase, se complementaba con otra más agresiva o “amenazante” de “Mira, que yo conozco a Feliciano, así que ándate con cuidado”.

Feliciano Palanca estaba casado con BENITA Timbal Riansares, una santa mujer, que había dado al preclaro gestor hasta 4 hijos, tres varones y al final una niña, llamada Isabela, todos ellos con unos intervalos de edad de tres o cuatro años, siendo el mayor Matías, en la actualidad casado y director de una agencia bancaria. La santidad pacífica y religiosa de Benita procedía de su sometimiento al “páter familias” el jefe absoluto del hogar, gran mujeriego y que engañaba, sin el menor recato o consideración a su esposa, un día sí y el otro también. Estos devaneos sexuales eran intensos durante los fines de semana, en los que siempre justificaba su ausencia del hogar a causa de múltiples y engorrosos asuntos para resolver, en función de esos cargos administrativos con los que siempre había encadenado sus justificaciones para “el trabajo fuera de casa”. “Mujer, el puesto que ocupo me impone plena dedicación y sacrificio”.

El listado de amoríos y desahogos sexuales del muy conocido prócer municipal era largo en cantidad y contrastado en calidad. Todo ello ante la triste mirada de sumisión cristiana de una esposa, que “entendía” como normalizados esos placeres extramatrimoniales de su marido, “por ser hombre y esposo”. Entre todas esas amistades para el goce del sexo, Feliciano siempre elegía, para una intensa relación, a una “favorita”, en ese harén de las benevolencias y el disfrute placentero. En los últimos años para su jubilación, destacaba una escultural belleza llamada QUINA. A muchos extrañó que Joaquina rompiera “bruscamente” con su novio Adriano, vínculo que mantenían desde hacía años, pues habían sido compañeros de Secundaria. Se trataba de una joven mujer que había estudiado secretariado. Ofrecía al goloso alcalde una belleza “inmaculada” que deslumbraba por donde pasaba. A muchos le atraía su juventud, simpatía, buen hablar y una mente inteligente. A Quina y Adriano (electricista de profesión) su pareja de siempre, se les veía pasear juntos muy encariñados por los aledaños del importante pueblo andaluz. El buen electricista trabajaba a tope, a fin de ir juntando dinero para comprarse una casita, que sustentara el futuro enlace que ambos proyectaban. Incluso los padres de la chica iban acumulando ropa de ayuda o “ajuar” para el futuro hogar de su hija. Don Bartolomé, labriego, y doña Fuensanta, sus labores, se mostraban ampliamente encantados con la formalidad y laboriosidad de su previsible futuro yerno. La feliz pareja tenía la misma edad, 25 años de vida. Eran coetáneos.

Nadie, salvo la chica y el propio Feliciano podrían explicar exactamente qué es lo que ocurrió entre esa pareja perfecta de jóvenes. Un infausto día, Quina manifestó a su sorprendida, desconcertada e infeliz pareja, que ella había cambiado y que cada día que pasaba sentía menos atracción sexual por su persona, Y que, a pesar de seguirle apreciando, prefería tomarse un tiempo de reflexión, descanso y libertad, pues (la única queja que pudo aducirle) se sentía muy absorbida por él. El pobre Adriano no se explicaba lo que estaba ocurriendo. D Bartolomé y doña Fuensanta pusieron el grito en el cielo.

Pero Quina tenía muy claras sus ideas y “ambiciones” y no atendía a razones. Explicaba a sus padres de que estaba cansada de su novio, quien multiplicaba sus horas de trabajo en el ELECTRODO, la empresa en donde prestaba sus servicios. El cotilleo popular era de alto calibre. Así se entretenían todos los aburridos, parados y fiscalizadores de la privacidad ajena. Cosas de pueblo, un tanto desagradables para quien las padece.

Al poco tiempo de esta ruptura, Quina llegó a casa comunicando con desbordante alegría a sus extrañados padres que al fin había conseguido un trabajo estable. Nada más y nada menos que en la administración municipal, en la que había sido contratada como auxiliar administrativo, cargo que al paso de los meses fue superando en importancia, pues fue ascendida a jefa de sección y de ahí a ocupar el cargo de secretaria del Excmo.  Sr. alcalde, don Feliciano Palanca.

Los amores entre ambos eran bien llevados, pues el prócer municipal poseía un par de viviendas rurales, en el extrarradio del perímetro urbano. En estas viviendas para el “descanso”, los fines de semana, la primera autoridad municipal, ávido de sexo, saciaba sus apetencias con la escultural y noble belleza juvenil de una chica ambiciosa y exigente de favores, para los servicios prestados fuera del horario laboral. Feliciano tenía esa versátil cualidad de saber y necesitar compartir: su potencialidad viril. Pero este lujurioso personaje, adicto al sexo, gustaba siempre de la novedad y el cambio subsiguiente. Luego el futuro profesional de Quina no estaba del todo asegurado.

Como alcalde, Feliciano hacía y deshacía a su antojo. Los negocios municipales le reportaban buenos dividendos y “nadie” se atrevía u osaría levantar un dedo, para pedir una explicación o para denunciar ante la Guardia Civil esos “tremanejes” que llevaba a cabo el también ambicioso personaje que gustaba de ganar buen capital para hacer más placentera su existencia. Feliciano era ya sexagenario avanzado. Pero su buena forma física soportaba esa “actividad ajetreada a todos los niveles” que su mentalidad le exigía y satisfacía. Quina seguía como secretaria municipal, aunque iba siendo consciente de que las demandas de su “secreta pareja” ya no eran tan intensas y frecuentes, como en los primeros tiempos de relación. Algo tenía que hacer.

Y el “escándalo” estalló. Una noche Quina comunicó a sus padres, entre sollozos, que estaba embarazada. ¿Y quién es el padre de esa criatura que viene? La chica no lo quería concretar o denunciar, aunque sus padres tenían claramente en mente el nombre por el que preguntaban. Quina no quería organizar un gran escándalo, dada la personalidad y el poder que poseía aquél a quien se había entregado. Mantuvo secretamente su embarazo ante el colectivo social. Cuando su perfil físico mostraba la evidencia de su estado, consiguió “milagrosamente” el traslado a un municipio alejado en más de 100 km. con respecto a la vivienda de sus padres En esta su nueva residencia había una plaza vacante para la secretaría municipal. Feliciano intervino activamente, moviendo todos los hilos que pudo, para que esa plaza fuera concedida a su pareja “secreta”. En realidad, trataba de alejarla del pueblo, “quitársela de en medio”, para evitar más habladurías, pues la gente no era ajena a las aventuras de su alcalde. La relación con ella había durado más de cinco años, demasiado tiempo para un ambicioso y caprichoso personaje, amante continuo de la novedad.

Quina, que sólo volvió a su pueblo natal para visitar espaciadamente a sus padres, fue criando a su hija Marta y tuvo la suerte de rehacer su vida con un joven sacerdote secularizado, TRINO Altea, que aceptó dar sus apellidos a la hija de su pareja conyugal. Contrajeron matrimonio eclesiástico y la relación afectiva entre ellos se consolidó y potenció para satisfacción de las respectivas familias.

Con el paso de los años, Feliciano alcanzó los 75 y dada la fogosa vida que había llevado entendió que había llegado la hora de su jubilación, para alegría también de su mujer Benita, quien pensaba que, a partir de ese cambio trascendental en su vida, ya tendría más en casa a su legítimo, desleal e infiel esposo. Fue la noticia “bomba” de la semana y del mes. Don Feliciano Palanca dejaba el cargo de alcalde. La noticia corrió como un torrente no sólo por la localidad en donde era regidor, sino también por todo el entorno regional.  

El nuevo alcalde, ERANDINO Cifuentes, perteneciente a la misma agrupación política que su antecesor, “se llevó las manos a la cabeza” cuando fue teniendo conocimiento puntual de los desvaríos, trampas e ilegalidades cometidas durante casi tres décadas por su antecesor en el cargo. Pero también era consciente de que, en el pueblo, la figura del antiguo alcalde despertaba admiración, miedo y temor, agradecimiento, servilismo, con esa actitud “borreguil” de reírle las gracias al más “caradura” del lugar. En esta tesitura, una de sus primeras decisiones (las siglas del partido estaban de por medio) fue organizar una gran fiesta/cena homenaje al “poderoso” alcalde anterior, que había regido ininterrumpidamente la localidad durante tan amplio periodo de tiempo.

En el pueblo nunca se olvidará ese día de “gran fiesta” para todos los convecinos y de manera especial para quien había sido “un humilde y fiel servidor de su pueblo, por quien había entregado lo mejor de su vida”. Esa gran fiesta homenaje tendría lugar en la plaza principal de la localidad y tras la misma se llevaría a cabo una gran cena para los familiares, amigos y compañeros del homenajeado. Habría pasacalles, farolillos, alegre iluminación, actuación de la banda municipal de la capital provincial, grupos de bailes, coros y danzas. Se descubriría un busto de don Feliciano, nombrándosele alcalde vitalicio e hijo predilecto. Y así, un largo etc.

Ese 15 de febrero, para la gran fiesta, llegaron al pueblo numerosas personalidades, entre las que se encontraban el secretario general del partido, quien se desplazó desde Madrid y los dirigentes regionales de la misma agrupación, el presidente y equipo directivo de la Diputación provincial, muchos compañeros de infancia y juventud, familiares, amigos que vivían a muchos km. de distancia. El motivo era obvio, había que arropar y enaltecer a un gran servidor público.  La localidad, en calles, plazas, farolas, incluso balcones, estaba adornada con fotos de Feliciano. En esa cartelería sólo se leía la palabra GRACIAS.

La banda municipal, sobre el estrado montado delante del edificio de la corporación municipal, ya estaba preparada para tocar bellas melodías e himnos generadores para el sentimiento popular. Las élites del pueblo también ocupaban lugares preferentes entre las más de 400 sillas de tijera que se habían instalado en la Plaza Principal. Allí estaba el párroco don Segundo, don Eleazar, el boticario, don Perfecto el médico. Empresarios de la industria, poderosos y afamados terratenientes, el teniente de puesto de la Guardia civil. El busto para descubrir estaba colocado encima de una gran peana de madera barnizada. Debía ser trasladado, una vez acabada la emocional ceremonia al pedestal de mármol rosáceo, situado a la derecha de la puerta principal del Ayuntamiento. No cabía ni un alma más en la gran plaza y calles aledañas. Era el gran día, el día de don Feliciano.

Y comenzó la fiesta, con un primer discurso del nuevo alcalde Erandino Cifuentes. Palabras sentimentales, vibrantes, emocionales, acerca de la integridad, altura moral, laboriosidad, solidaridad, sacrificio, generosidad, imaginación, inteligencia, modelo de hombre y persona, espejo de virtudes en el que todos debían mirarse para aprender algo del padre del pueblo actual … Los aplausos a las bellas palabras de Erandino duraron largos e inolvidables minutos. El propio Feliciano tuvo que ser ayudado con oportunos kleenex, que Benita, siempre a su lado, le facilitaba ya que con tan fraternales elogios se mostraba incapaz de contener las lágrimas que brotaban incontenibles de sus ojos cansados.

Y llegó el gran momento, por todos esperado, en el que le fue impuesta, por parte de don Segundo, la MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD, con la Virgen patrona grabada en el anverso de esa joya emblemática para la memoria. Se le nombraba, por decisión unánime de todos los concejales HIJO PREDILECTO Abrazos, besos, parabienes y gritos de ¡¡¡ Feliciano, Feliciano, Feliciano, eres el mejor!!! De inmediato se generó un chisteo, para que todo el mundo guardara silencio. Va a pronunciar unas palabras don Feliciano. Se acercó pausadamente al trípode, con su terno azul naval y la corbata roja, colores simbólicos que todos bien entendían. Su pelo canoso había sido teñido la jornada anterior, como bien marcan los cánones.

“Hermanos míos, pueblo de mi sangre y latidos del alma, carezco de las palabras adecuadas para expresar todo el amor, todo el cariño, todo el agradecimiento que os debo, porque sin vosotros yo no sería nadie, Feliciano no sería nada. Siempre he querido ser un humilde, modesto, fraternal servidor de mi pueblo, de mis gentes, de mi alma. Me habéis dado el ser, la vida y los latidos que hoy vibran como agradecimiento a tan buena gente, a tantos hermanos, a tantos vecinos, sin cuya razón mi vida no valdría nada. Sois mi pueblo, sois mis hermanos en esta gran familia en el que todos caben y nadie sobra. (ya no pudo evitar los sollozos… entre aplausos que enaltecían a un hombre roto por la emoción de un pueblo que lo adoraba).

En ese preciso momento, sonó una voz estruendosa, grave, sólo equiparable a la de una arenga militar, desde la cuarta fila del magno y densificado auditorio:

¡¡¡ FELICIANO, SINVERGÜENZA, EMBUSTERO, LADRÓN, PUTERO, FARSANTE !!!

Todos centraron la mirada en quien gritaba e insultaba. Era Bartolomé Cabrillana, el padre de Quina, quien elevó con sus fornidos brazos al aire a una niña de siete años, Marta.

¡Aquí tienes a tu hija, PREÑADOR del diablo!

A doña Benita le dio un flato y tuvieron que llevarla a la ambulancia de la Cruz Roja que prestaba servicio para atender los problemas médicos que pudieran surgir, ante tal gentío allí congregado. El tumulto era general, porque pequeñas cartelas fueron izadas al aire, con las fotos de mujeres mancilladas por el poderío del hoy “subido a los altares, como ciudadano ejemplar”. Esas cartelas, bien preparadas para la denuncia, eran portadas por decenas de mujeres, todas vestidas de rojo, cada vez más indignadas, gritando al unísono ¡yo fui violada, y yo, y yo, y yo, y yo… Los dedos acusadores de estas mujeres señalaban al “alcalde del pueblo”, con su medalla de oro colgada al cuello, quien miraba a su derecha e izquierda, sin duda pensado como podría salir de allí sin mayores lesiones. La policía local tuvo que intervenir para evacuar, con la mayor rapidez a las autoridades presentes y, de manera especial, a un sofocado Feliciano que pedía ayuda pues temía ser linchado. Los ánimos se caldeaban cada vez más. Muchos de los que antes habían aplaudido a rabiar, cambiaban ahora su oficio de palmeros, por gritos de ¡LADRÓN, DESVERGONZADO, USURERO! Decenas de huevos y tomates fueron lanzados sobre el busto ya destapado, formando una abigarrada ensalada cromática, lista para ser sazonada y aceitada.

En los días siguientes, el pueblo trataba de recuperar la calma. Erandino Cifuentes, publicó un edicto indicando que en tres meses habría elecciones en el pueblo, para formar un nuevo equipo municipal. Él había dimitido, aunque se mantenía en funciones “por responsabilidad”. La confusión era manifiesta. Lo único cierto es que Feliciano Palanca, después de pasar aquella noche de autos en el hospital, por severos problemas cardiacos, llamó a un taxi por la mañana y asumiendo su soledad (pues Benita, en ese mismo hospital, en un estado de delirio solo repetía “maldito truhan, no quiero verle más en el tiempo que me quede de vida”) “huía” de la ciudad en donde había nacido, para nunca más volver. -

 

 

 

 

 

 

 

UNA FIESTA HOMENAJE

INOLVIDABLE

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 03 enero 2025

                                                                                                                                                                                                                               

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