jueves, 10 de diciembre de 2015

PASEANDO POR ENTRE LOS ALEGRES MERCADILLOS DE NAVIDAD


En la redacción de uno de los principales diarios locales se respira esa atmósfera de laboriosidad, presidida por una tensión controlada. Los distintos trabajadores en plantilla están preparando la edición dominical, previa a los días emblemáticos de Nochebuena y Navidad. Los jefes de sección y el resto de periodistas mantienen reuniones continuas, en una intercomunicación de ideas y proyectos, a fin de ofrecer lo mejor y más atractivo, en sus respectivas áreas informativas, tanto a los fieles lectores como a  todos aquellos que, de manera menos espontánea, abran las páginas impresas para la difusión informativa de esos tan señalados días durante el calendario anual. En la sección de Málaga (o local), dirigida por un prestigioso profesional, veterano en mil lides informativas, como es Adrián Cantos, se encuentra Gonzalo Silvena, un joven universitario que, en fecha reciente, ha completado su ilusionado grado de periodismo. En unión de otros cuatro compañeros, con excelentes expedientes académicos, realiza sus prácticas remuneradas como becario durante seis meses, a fin de conseguir esa óptima destreza profesional que difícilmente puede alcanzarse sólo en el ámbito de las aulas académicas. 

Esa mañana del lunes, Adrilos tres miembros na del viernes. iversos proyectos que deben estar finalizados no m intercomunicacián ha reunido a los tres miembros que conforman su equipo de trabajo, a fin de intercambiar y comentar ideas, que permitan planificar y realizar esos proyectos que deben estar finalizados en su realización, a no más tardar, en la mañana del viernes. Hora y cuarto de comentarios, aportaciones, discusiones, estrategias, repaso por Internet y lectura sobre reportajes en la competencia, todo ello mezclado con tazas de café (han instalado una máquina expendedora automática, en la entrada de la redacción) y ya, al caer las once, de un día soleado, cada uno de los tres profesionales tiene el trabajo encomendado. Adrián les ha encarecido que tengan un punto de originalidad, ternura (por las fechas navideñas) y un pico de atracción, que motive a los lectores. Si se les presenta alguna foto complicada, se pondrán en contacto con Carlos, uno de los más hábiles creadores de esas imágenes que potencian el valor de los textos encuadrados en las cinco columnas de la página. Pero, en circunstancias normales, cada uno de ellos llevará su cámara, a fin de hacer las tomas que estimen necesarias. En el jueves tarde, tendrán una nueva reunión de trabajo, que será decisoria. Todos ellos conocen los gestos, expresiones y porrazos en la mesa de un lobo del periodismo, como es Adrián, en realidad una gran persona que posee un corazón incluso más grande que el de una catedral en bondad.  

La temática del reportaje asignado a Gonzalo son los alegres puestecillos de regalos, artesanías, objetos navideños (zambombas, panderetas, figuritas para los belenes) y artículos de bromas, que cada año se instalan en ese lateral del parque malagueño, que goza de una inmejorable orientación hacia las serenas aguas del puerto mediterráneo. En este lúdico contexto del comercio estacional, el novel periodista va a dialogar con los vendedores de esas pequeñas tiendecitas, a fin de conocer las mejores historias o anécdotas que estos románticos vendedores han ido acumulando en su anual experiencia laboral. De manera especial, cuando ofertan sus mercancías durante estas entrañables fechas en las que un año finaliza, dando paso a otro que llega cargado, todo él, de nuevas esperanzas.

Allá se fue con su mochila de piel, en la que llevaba una pequeña grabadora digital y una buena cámara compacta. Con ella llegó a tomar unas noventa fotos, durante las dos horas y pico en las que estuvo recopilando la información precisa para elaborar, durante el día siguiente, el atractivo reportaje. Aunque realizó la visita en horas de mañana (algunos puestos no suelen abrir hasta el horario de tarde) tuvo tiempo y oportunidad de pararse en casi todos, intercambiando preguntas y respuestas, más o menos extensas, con los respectivos vendedores. Y, de entre todas las anécdotas y curiosidades, centró su amplio reportaje en el relato de aquéllas dos historias que le parecieron más significativas.  La primera de las mismas le fue narrada en un puesto precioso lleno de lindas muñecas de trapo, cuyos atuendos lucían vistosos colores.

“Le comento, joven periodista, que ahora mismo recuerdo una experiencia que me resultó especialmente cariñosa y sentimental, por todo lo que pude conocer con respecto a la misma. La viví durante la Navidad del año pasado, aquí en esta maravillosa y luminosa ciudad (yo soy natural de Jaén). EEportunidad de pararse en casi tciudad (yo soy de janas de jugueta que sto una poersona iempo y oportunidad de pararse en casi tl caso es que, a los pocos días de abrir mi tiendecita en diciembre, cada mañana se acercaba al mostrador del puesto una persona, bastante mayor, que se quedaba como unos cinco minutos observando las pequeñas muñecas de juguete, todas ellas de trapo, que expongo en las paredes y el mostrador de atención al público. Este hombre iba vestido con un atuendo modesto y soportaba muchos años a sus espaldas. Pues, miraba y miraba, con exagerada atención, estas artesanales muñecas que tiene ante su vista. Mi mujer y yo las preparamos, durante los meses en que hay menos venta, a fin de poderlas llevar por los distintos mercadillos, donde nos cobran una cifra afortunadamente muy reducida, por parte del departamento de recaudación municipal. 

Este posible cliente, nunca decía nada. Estaba un ratito y se marchaba. Pero al tercer día de hacer la misma aparición, me animé a preguntarle si le gustaba la mercancía y si tenía alguna nieta a quien poder hacerle ese bonito regalo. Su coste, en realidad, no es muy elevado. Las más pequeñas valen diez euros y estas otras, de mayor tamaño, se venden por catorce. Tras escucharme, continuó con su silencio aunque, a los pocos segundos, me narró una conmovedora historia, que le resumo. Hacía como unos siete años, el matrimonio de su única hija tuvo un desgraciado accidente de tráfico, precisamente durante las vacaciones navideñas. En dicho accidente, también perdió la vida su nieta, que entonces tenía cinco añitos de edad. Me confesaba que fue un golpe muy duro del que no ha podido recuperarse. Cuando un día pasó ante este puesto de juguetes, una de las muñecas de trapo le recordó vivamente a su nietecilla. En ese momento, extrajo de su cartera una foto, muy manoseada, por haberla tenido en sus manos en numerosas ocasiones, mostrándome a los tres miembros de su familia. Efectivamente el parecido de su nieta, con aquella muñeca, era asombroso. Por ese motivo, en sus paseos matinales, agradeciendo la toma de los rayos del sol, le gustaba pararse un ratito ante el expositor de las muñecas, para recordar a su nietecilla con la que tanto jugaba y disfrutaba.

Le devolví su foto y tuve un gesto de esos que te salen de corazón. Tomé la muñeca y se la puse en sus manos. Le comenté que si le hacía bien recordar a su nieta a través de esa muñeca, yo tenía el gusto de regalársela. El anciano, visiblemente emocionado, buscaba en su monedero algunas monedas para compensar su coste. No le acepté dinero alguno. Era suficiente la sencillez y humanidad de esa entrañable historia. Se marchó muy agradecido, con su muñeca y no volvió  a aparecer en todo el resto de las festividades, de Navidad y Reyes. Pero lo más curioso del caso es que, este año, he vuelto a saber de su persona. Una tarde, veo acercarse a una señora, también mayor, que me pregunta si la puedo atender. Se identifica como la mujer del señor a quien regalé aquella muñeca el año pasado. Dámaso, ese es su nombre, ha trabajado de carpintero durante toda su vida laboral. Ahora se ve muy impedido por problemas articulares. Me enviaba a través de su esposa, una pequeña y linda muñeca de madera, articulada, como gesto de agradecimiento por mi atención y regalo, en la temporada de las Navidades pasadas. Él la había construido, pacientemente. Es aquella que ve en lo alto de la estantería. Por supuesto esa muñeca, la única construida en madera en mi puesto, no está en venta, aunque más de una persona me ha preguntado por su precio”.

Esta ejemplar historia, titulada “Dos muñecas, para el recuerdo” fue una de las que salieron publicadas en la inmediata edición dominical del periódico, con todos los plácemes de Adrián, el exigente y cualificado jefe de sección.

Debido a la extensión del relato, ilustrada con un abundante soporte fotográfico, el jefe de sección aconsejó a Gonzalo que dejara para el domingo siguiente otra de las curiosas historias que había seleccionado, entre todas las que le narraron los expresivos comerciantes.

En este otro caso, quien hablaba era un vendedor de nombre Aurelio, quien se encontraba al frente de un puesto de artículos de bromas y pirotecnia.

“Precisamente lo que voy a contarle ocurrió el domingo pasado, a eso de las doce y media de la mañana. Hacía un día espléndido para Diciembre, radiante de sol y con mucha gente por el parque, que caminaba plácidamente de un lugar para otro. Sin embargo esta tiendecita, con artículos para bromas (como habrá comprobado, hay algunas más donde se venden estas simpáticas mercancía) tenía como un día nublado en las ventas.

Y es que cuando más se vende es en los días previos a los Santos Inocentes, el 28 de este mes, y también cuando se acercan las fiestas de fin de Año. Pues bien, a esa hora que le indico, cuatro respetables señoras, bien trajeadas de domingo, con una ostentosa bisutería, imitando banalmente esas joyas imposibles, bolsos que parecían de marca y presentando exquisitos modales, se acercan bien dispuestas a mi tenderete de venta. Alguna de estas señoras llevaban incluso guantes de piel en sus manos. Trataban de disimular, tanto con un habilidoso cuidado de peluquería, como lustrando sus agrietados cutis con algunas capas de crema, el paso inexorable de sus acumuladas primaveras. Hablaban y hablaban, como cotorras enjauladas, delante de este mostrador, repleto de objetos y productos elaborados para fiestas y bromas. Entre comentarios y discusiones de las señoras, pude conocer el nombre de las cuatro clientas que no cumplirían ya los sesenta: Sabina, Cloti, Filo y Asum.

Para mi sorpresa, este conjunto de respetables veteranas eligen  (en algún caso, más de una unidad) un conjunto de productos, tal vez impropios para unas señoras de su aparente alcurnia pero que, sin embargo, me hicieron feliz por la opípara venta que pude realizar. Compraron bombitas y sprays fétidos, excrementos y cacas de mentira, mocos fingidos, cojines tira-pedos, dedos sangrientos, jabones que manchan, arañas saltarinas, ratas pegajosas, tinta mágica, gusanos para la bebida, caramelos amargos, polvos pica-pica, placas simulando cristales rotos, unos curiosos levanta platos, dedos con clavos incrustados e incluso unos exagerados  consoladores extensibles…

Tras realizar esa espléndida venta, me atreví a preguntarles si llevaban todo ese material para sus nietecillos o sobrinos, a lo que una de ellas me respondió, algo sorprendida por el interrogante, que pensaban hacer una súper fiesta, para ellas y sus amigas, después de la Misa “del gallo”, noche que duraría lo que el cuerpo aguantara. Y que ya habían pasado por una licorería… Desde luego, estas honorables señoras eran realmente bastante cachondas, en lo más íntimo de su ser. En modo alguno ofrecían ese perfil respetable, comprando estos lúdicos y chocantes  productos de broma con los que yo me gano la vida”.

Tras escuchar la simpática anécdota, Gonzalo pensó la oportunidad que habría tenido, para sustentar el reportaje, si hubiese estado presente en esa interesante y peculiar escena. Habría entrevistado a las señoras e incluso les habría pedido permiso para tomar algunas instantáneas fotográficas que habrían quedado la mar de bien.

Hubo otras muchas anécdotas y pequeñas historias que Gonzalo también recopiló, cuyos apuntes y fotos  dejó archivados en una carpeta a fin de utilizarlos en el momento oportuno. El cascarrabias de Adrián estaba contento con el trabajo de este joven becario quien, además de saber llegar a interesantes informaciones, mostraba una especial capacidad plástica y visual para hacer excelentes tomas fotográficas que sustentaban y cualificaban los textos que previamente redactaba.

Las fiestas de Navidad apenas han iniciado su desbordante recorrido. El tiempo bondadoso, térmicamente primaveral en el diciembre malacitano, especialmente durante las horas centrales del día, acompaña y estimula la alegría de vivir, compartir y consumir. Allá suenan unos villancicos, acá nos acompaña un grupo pastoral, mientras una cromática iluminación, durante las horas en que la noche se hace presente, provoca que, en casi todos los rincones encontremos ese deseo ilusionado, como de vuelta a la infancia, ante la llegada de un nuevo calendario. Son fechas abiertas a la inocente y añorada fe de la infancia que sustenta, en casi todos nosotros, la búsqueda ansiosa de la esperanza.-

José L. Casado Toro (viernes, 11 Diciembre 2015)
Antiguo profesor I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

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