viernes, 22 de agosto de 2025

SERVICIO PROFESIONAL DE COMPAÑÍA

 

 

En los tiempos que vivimos, todo o casi todo está mercantilizado. Es un interesado hábito del que difícilmente podemos sustraernos: el comprar, el cambiar, el vender. Usar y tirar. Los más singulares servicios, sean cuales fueren su naturaleza, se encuentran bajo el control de la acción empresarial. Y los medios aplicados para su consecución son fáciles y diversos: Internet, el Siri telefónico, el buscador Google, son los medios más usuales para informarte de aquello que necesitas, a fin de poder efectuar su compra on-line o de una forma presencial o directa. En este contexto se inserta nuestro interesante relato de esta semana. 

MARTÍN Riesgo era un joven que había entrado en la treintena cronológica. Había cursado estudios hasta el bachillerato, pero con resultados mediocres, por lo que desistió seguir el camino de las aulas universitarias, declinando presentarse en las pruebas de acceso o Selectividad. Aconsejado por su padre, don HELIODORO ordenanza de un ambulatorio de la Seguridad Social, probó suerte con un módulo profesional administrativo y otro de representación escénica. Este último le agradó bastante, pero pronto comprendió que las tablas teatrales era un terreno harto competitivo y saturado de “jóvenes promesas”. Llamó a varias puertas “escénicas” pero éstas no se le abrían a corto plazo. Como otros tantos jóvenes en busca de empleo, acudió a oficinas privadas de “colocación”, probando suerte con actividades muy variadas y siempre asumiendo una gran eventualidad. Al tiempo iba dejando currículos por doquier, pero apenas obtenía respuestas. Los escasos trabajos que conseguía se los retribuían por horas (entre 8 y 12 euros/hora. 

La convivencia de este joven con sus padres era aceptable. La madre, doña DESEADA, se caracterizaba por ser extremadamente devota de triduos, novenas, primeros viernes de mes y con presencia habitual en la sacristía. Esta mujer, que debía haber optado por ser religiosa conventual, ayudaba en todo lo que podía a don PRIMITIVO, el cura parroquial, en las celebraciones litúrgicas. Incluso se prestaba al toque campanero para llamar a misa, ya que el motor del campanario era muy obsoleto y casi siempre estaba averiado. 

Un vecino de bloque recomendó a los padres de Martín una oficina de empleo denominada HORIZONTE que tenía fama de conseguir abundantes puestos de trabajo para los que en ella se matriculaban (previo pago de 60 euros). El perfil de Martín (persona joven y de agradable presencia, buenos modales, estabilidad familiar, no ser adicto al tabaco ni a la bebida, haber estudiado el bachillerato) cuadraba bien con un nuevo y singular puesto laboral, que había solicitado una empresa de personas de compañía, denominada COSMOS. Esta sociedad de acompañantes, con sedes en numerosas provincias del Estado, iba a abrir una sucursal en Málaga, en la céntrica calle Cuarteles, junto al cauce del Guadalmedina.

La naturaleza del trabajo consistía en acompañar a una persona en la actividad que realizase, durante un número de horas (mínimo dos y máximo ocho) y a 20 euros la hora. Nada de política, sexo o religión de por medio, ni relación con sustancias adictivas. Se trataba básicamente de aliviar la soledad de tantas y tantas personas que sufren el vacío de las personas y amistades ausentes. A estos seres solitarios, por una u otra razón, se les podría prestar (previo pago) un fraternal servicio. El día previo al encuentro, la empresa facilitaría al empleado el nombre de la persona, lugar de encuentro, la duración del acompañamiento y alguna característica carencial del cliente. El acompañante podría en todo momento contactar con la empresa, manifestando alguna incidencia en el servicio. El agente acompañante recibiría el 50% de lo que pagase en cliente, quien también se encargaría de abonar las comidas y cenas (si las hubiere) algún aperitivo, merienda o helados o las entradas a los espectáculos a los que deseasen asistir. Desde luego, esta opción laboral era en sumo muy interesante. Martín esperaba, como agua de mayo su primera labor de acompañante.

La anhelada y primera llamada de Cosmos no se hizo esperar. El cliente tenía por nombre VIRIATO y era un capitán retirado del Ejército de Tierra, con 78 años. Hacía unos meses que había perdido a su compañero de vida, Salomón, golpe anímico y sentimental muy fuerte del que no se había recuperado. El militar era un hombre bastante serio, seco de carácter y austero de comportamiento. Necesitaba almorzar con un acompañante, pues no soportaba estar sentado en soledad en una de las mesas de la casa de comidas La Cazuela, ubicada en calle Mármoles. Había contratado dos semanas, para consumir un guiso caliente y fruta de postre. Tinto de verano en la mesa. La cita comenzaba a las 13 horas y finalizaba a las 16 (aunque la empresa siempre facilitaba unos minutos de margen en favor del cliente. 

Pocos minutos antes de las 13 horas. Martín y Viriato se encontraron en la puerta de la Sociedad Económica de Amigos del País (el ex militar residía en pleno centro antiguo de la ciudad). Fue un saludo “frío” ya que era la primera vez que se conocían. Caminaron prácticamente en silencio (aunque Martín trataba de entablar alguna pequeña conversación acerca del tiempo o de algún asunto de actualidad). En la mirada de Viriato se percibía claramente un rictus de tristeza, debida a la pérdida reciente de su compañero afectivo. El contratante pagaba el almuerzo y cuando se acercaba las cuatro de la tarde se despedían con un “hasta mañana”. Lógicamente, al paso de los días, la fluidez expresiva entre ambos comensales fue incrementándose. Se habituaron a tomar un café bien cargado para la sobremesa, servicio en el que la invitación se alternaba. Poco a poco el militar se iba abriendo en su intimidad, agradeciendo la discreción y buen hacer del joven que lo acompañaba al almuerzo cada día. 

Tras el servicio diario durante esas dos semanas contratadas, Viriato confesó a su acompañante que pensaba ampliar el contrato por algunas semanas. Martín quedó impresionado cuando, en uno de los cafés de sobremesa, el militar le hizo una sorprendente confidencia: pensaba recluirse en un monasterio, entregando su paga mensual para los gastos de manutención y alojamiento. El militar se entretendría realizando trabajos de jardinería y dedicaría un buen tiempo también para leer y meditar. Asistiría a algunos de los rezos que los monjes realizaban en diversos momentos del día, pues sentía que, en su vejez, le había llegado un sentimiento religioso sorprendente, pues él nunca se había destacado por participar en actos religiosos, salvo por obligaciones de servicio.  Añadió que ya había mantenido un diálogo con el abad de un pequeño monasterio benedictino en tierras abulenses.

Otro servicio en el que participó Martín fue el de una señora sexagenaria, llamada doña CANDELARIA Cabrales, viuda de don Segundino Lombrices, que había trabajado con factor de la Renfe. Esta señora tenía dos hijos, pero la relación con ellos no era especialmente intensa. En realidad, Candelaria era una “devota” de los templos cinematográfico, con las grandes pantallas como “altares” para compartir historias. Cada sábado y domingo, elegía una película de las proyectadas en las salas del Cine Albéniz, empresa municipal con películas de calidad y alejadas de la industria de Hollywood.  Prefería los argumentos de temática romántica. Sentía un verdadero rechazo a ir al cine sola, cuando sus pocas amigas tenían otras aficiones u objetivos para pasar la tarde. Alguien le habló de la empresa Cosmos, con la que contrató cuatro sesiones, para ver cómo le iba esa posibilidad que alguien le acompañara al cine. 

La cinéfila señora, 62, y el acompañante contratado, 31, daban la imagen de una madre que iba al cine junto a su hijo. Ella pagaba las entradas y durante la sesión permanecía bien atenta a la acción que se proyectaba en pantalla. Echaba sus buenas lágrimas, ya que era persona emocional y “humana”. En varios momentos Martín le ofrecía pañuelos “tissues” para aliviar el lagrimeo de la buena señora. Al finalizar la 1ª experiencia, Martín, aunque estaba fuera de programa, le ofreció ir a compartir un café con algo de merienda, ya que desde el primer momento sintió respeto y afecto por una sencilla mujer a quien no le gustaba estar “sola” en el cine”. A muchas personas mayores también les ocurre. Cuando dialogaban sobre la película que habían visionado y Candelaria “abría” un poco la puerta de su intimidad, Martín pensaba en su propia madre. Después de esas cuatro primeras experiencias cinematográficas compartidas, la señora contrató otro paquete, siempre con la condición de que le acompañase ese joven tan amable, educado y discreto, llamado el Sr, Martín. 

Don Heliodoro y doña Deseada valoraban muy positivamente ese trabajo social que su hijo realizaba, del que algunos detalles les contaba. Estos comprensivos padres entendían que era una honrada forma de conseguir unos modestos y necesarios ingresos para un joven de su edad. No ocultaban que preferían otro tipo de trabajos, más tradicionales, para Martín, pero mientras que no encontrara algo mejor evitaba, con estos servicios, que tomara otros caminos más innobles para su vibrante juventud. 

Otro servicio relevante, en estas peculiares vivencias, fue la historia de CRISTINA Viñas. Tras seis años de matrimonio con CELSO Aliaga, aparejador y estudiante de arquitectura, el matrimonio había tenido dos hijos. Para sorpresa de Cristina y su propia familia, un hermano que ella tenía, que ejercía de policía, tras una denuncia de tráfico, con grave accidente y positivo de alcohol en el conductor que lo había provocado, el sorprendido agente se encontró con que el denunciado era su propio cuñado. Investigó sobre el asunto y comprobó que el innoble marido de su hermana mantenía relación con una “escultural” venezolana, MARIELA, de familia adinerada, con la que tenía un hijo de año y medio de edad. El escándalo fue de impacto en todo el ámbito familiar. Para colmo, el deshonesto Celso, aprovechando un viaje profesional, se había llevado a su ilícita pareja y se habían casado por lo civil en un país sudamericano. Bigamia, infidelidad, doble vida. El divorcio que iba de inmediato planteó Cristina, no tuvo dificultad alguna, para la desconsolada esposa. A Celso le suspendieron el carnet de conducir por un año, y el juez del tribunal familiar le impuso una suma ajustada para el mantenimiento de sus hijos, ALBA y MARÍA, que había tenido con su ya exesposa. 

Cristina trabajaba de auxiliar administrativo en una gestoría. A consecuencia de todos estos hechos cayó es un preocupante estado depresivo, que le obligó a iniciar un tratamiento psicológico lento y costoso.  Su hermana Nerea sugirió la existencia de una empresa que desarrollaba programas de acompañamiento. Con el acuerdo familiar, Nerea contactó con COSMOS quienes, tras estudiar el caso, organizaron una primera cita, correspondiéndole el servicio a Martin Riesgo. El objetivo era “liberar” a Cristina de su “encierro” psicológico, aunque la propia paciente se negaba a conocer a persona alguna, superada mentalmente por un engaño tan cruel. Trataban de convencerla sus padres, sus hermanos Mario (el policía) y la propia Nerea, quien había gestionado la cita. ¡Hazlo por tus hijos!

A regañadientes, Cristina al fin cedió. Se trataba de una cita en la zona del remodelado puerto malacitano, en donde darían un grato paseo al atardecer. Posteriormente se desplazarían en un taxi al parador de Gibralfaro para cenar. Martín, elegido por su empresa como la persona más idónea por sus excelentes antecedentes, se portó como un caballero, tratando con la mayor delicadeza y afecto a una joven mujer, que sufría con el ánimo mental desequilibrado. Martín intentó y logró sacar algunas sonrisas a un alma depresiva y atormentada. Fue una tarde/noche de julio preciosa, pues el viento de levante impidió que saltara el terral de los días previos. Realmente, el profesional acompañante se estaba convirtiendo en un experto “artista” para el trato humano con personas sufrientes de soledad. 

Un par de semanas después, la familia concertó una nueva cita, respetando prácticamente el anterior itinerario: el mar y la colina de Gibralfaro. Solicitaron expresamente que fuera Martín el compañero de Cristina, quien reconoció haberlo pasado “bien”, dentro de su infortunio (psicólogos y familiares coincidían en lo enamorada que la joven había estado de su ya exmarido Celso) con tan gentil y atenta persona. Pero en esta segunda oportunidad hubo una singular y simpática novedad. Alba y María, 5 y 4 años, iban a acompañar a su madre. Dieron un bello y romántico paseo en la gran barcaza por la bahía, contemplando el bello espectáculo de ver a Málaga iluminada desde el mar. Cuando subieron a Gibralfaro, el restaurante del parador había preparado unas pizzas que hicieron las delicias de las pequeñas. Las niñas, de manera espontánea comenzaron a llamar al joven amigo de su madre “el tío Martín”. 

En este punto de la historia, podría ser interesante de que el lector fuese el que pusiera su imaginación en juego y realizara una composición mental acerca de cómo le gustaría que finalizara esta relación profesional entre Cristina y Martín o en su caso cómo piensa que probablemente terminará esta vinculación. Todas las opciones pueden ser válidas, porque el destino es cruelmente caprichoso, sorprendentemente generoso, y a la vuelta de la esquina nos encontraremos con esa fascinación que necesitamos, o esa pesadumbre que inevitablemente habremos de soportar. 

En un mundo en el que la soledad física o mental, real o implícita, afecta tan acremente al género humano, estos singulares o insólitos servicios de compañías pactadas podría paliar, de alguna forma, esa sutil pandemia que reduce gravemente la felicidad en nuestras vidas. Pero como en 1942 Rick Blaine dijo con nostalgia a su viejo amor Ilsa Lund, en las brumas del aeropuerto de Casablanca, “We will always have Paris”, siempre nos quedará París, el género humano podrá decir, siempre nos quedará el cine, para poder soñar despiertos.  - 

 




SERVICIO PROFESIONAL

DE COMPAÑÍA

 

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 22 agosto 2025

                                                                                                                                                                                                                  

Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es     

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viernes, 15 de agosto de 2025

UNA FAMILIA DEL MAR

 

HÉCTOR había nacido, por la suerte del destino, en una modesta familia mediterránea que, por varias generaciones, había estado vinculada a la sacrificada y fascinante actividad marinera. Su bisabuelo CIPRIANO se había ganado honradamente la vida trabajando la pesca, luchando a diario contra los riesgos de mares embravecidos por temporales meteorológicos. El abuelo MATEO heredó de su padre la gran barcaza y los conocimientos necesarios para obtener cada día el sustento con el que mantener a su familia. Su padre MARCOS también continuó el camino de las redes y los peces, para alimentar a su mujer TERESA y a ese hijo que también desde su nacimiento aprendió el amor al mar con plena entrega y dedicación. Ese niño, fruto del amor, fue bautizado, en las aguas saladas del mar y en la pila bautismal de la iglesia, con el nombre de Héctor. La gran barcaza de pesca, patrimonio generacional, mil veces remendada en sus recios maderos, con la protección impermeabilizante de la aromática brea, siempre lució en la proa de babor el nombre de la virgen marinera, CARMEN. Así se llamaba la bisabuela, esposa de Cipriano, su artesano carpintero y tenaz pescador. Todos los miembros de esta marinera generación respetaron ese ese bello nombre que protege a todos los que viven y aman el mar. 

Pero Héctor Ranea, el último miembro de una gran generación pesquera, veía acercarse su medio siglo de vida y a pesar de todo el esfuerzo que realizaba cada noche, apenas obtenía rendimiento económico suficiente para poder alimentar a su corta familia, formada por AUREA y Alicia, la única hija del matrimonio. Era una triste realidad que las aguas cercanas en el mediterráneo estaban muy esquilmadas de bancos pequeros. Héctor y sus antepasados podían narrar con extraordinarios detalles los peligros a que se veían expuestos en muchas noches temblorosas de duras tempestades, aguas bravías y olas escarpadas que danzaban como fantasmas y hacían tambalearse y elevarse hasta alturas impensables a la robusta barcaza. Pasaban miedo, incluso pánico. Pero había que salir a ganar el pan cada una de las noches, hiciera buen o mal tiempo, lloviera o soportando muy bajas temperaturas que helaban los cuerpos y la respiración. Él se protegía con un recio gabán impermeable y una gorra marinera bien ˝atada” a las orejas, desafiando a esas nubes “inamistosas” que como esponjas hinchadas descargaban fortísimos aguaceros, con la percusión de truenos y fogonazos eléctricos para el delirio. Héctor y sus compañeros se jugaban la vida, para poder traer a la playa un copo de boquerones, sardinas, besugos, jureles, bacaladillas, herreras, etc. y después llevarlo a la lonja para negociar una justa compensación. Eran pesetas o euros vitales en su necesidad a fin de poder alimentar a tres o cuatro familias que vivían del mar. Mucho esfuerzo y riesgo y cada vez menos dinero a repartir. Había que contratar a marineros experimentados porque un solo percador poco era lo que podía realizar. La situación era cada vez más peliaguda. Pero el amor a la tradición pesquera y a los recuerdos de la fiel generación marinera, que jalonaban una hermosa y honrada trayectoria, con fe inquebrantable, esfuerzo total, pericia bien aprendida y valentía ejemplar, todos esos valores familiares no se podían echar por la borda de la noche a la mañana. Había que resistir al miedo o a la tormentosa dificultad.

Pero las cuentas no resultaban. No sólo era la familia de Héctor, sino los compañeros en la barcaza Carmen de este bravo marinero, cuyas familias también “tenían que comer”. Héctor incluso aprovechaba bastantes horas diurnas, para trabajar en el campo, en la albañilería o en “lo que saliera”. Una noche después de cenar y mientras Alicia hacía los deberes de la escuela (estudiaba 6º de primaria) Aurea preparó sendas tazas de café para compartirlas con su marido. Sentados frente a frente, en su modesta pero bien organizada vivienda, también heredada por generación de sus antepasados, la responsable esposa y madre trató de abrir los ojos de su marido. Cada día lo veía más preocupado y cansado porque el calendario vital no se detenía y pasaba factura con ese duro trabajo de la mar.

 

“Héctor, yo también sufro, cuando te veo sufrir. Y me alegro cuando te siento feliz. Veo el gran esfuerzo que realizas, “matándote” a trabajar. El mar dicta sus leyes y temo perderte. Además, los peces parece que son hábiles en no dejarse capturar en las redes que echáis cada noche. Si el pescado escasea, los ingresos reducidos nos hacen pasar estrecheces. También a los compañeros que van en la gran barcaza.  Viendo una revista, cuando fui a arreglarme el pelo, ojeé un artículo interesante, que me hizo pensar en la posibilidad de cambiar la función de la barcaza Carmen.  La “pobre” lleva muchos años navegando, y no sé la de veces que la habéis tenido que reparar. Tú mismo me has comentado como crujen los maderos, cuando las olas baten con fuerza castrense su “cansada” estructura. ¿Por qué no le das una función más tranquila y cerca de la costa? Vivimos en una zona con muchos atractivos turísticos. No hablo sólo del verano sino también de la primavera y el otoño, que son estaciones muy suaves en el tiempo. El sur mediterráneo tiene un verano “infinito” y un invierno cada vez más corto en el tiempo. Tienes que dar otra utilidad a la muy querida “Carmen”. Ayudándote de algunos compañeros, le dais un bue lavado de cara. Instaláis unos asientos o unas cómodas banquetas en la cubierta. Entonces programáis unos tranquilos y explicativos paseos por la bahía para los turistas. 

No hay cosa más preciosa que ver pueblos y localidades, en esta zona de ROQUETAS, desde la cercana atalaya sobre el mar. Esos viajes de una hora u hora y media serían muy aceptados por los turistas. Trabajarías durante el día y tendrías un salario más asegurado que con las incertidumbres de los fondos marinos. Yo misma podría preparar algunos platos para vender tapas (tortilla de patatas, gambas cocidas, etc.) con las típicas bebidas durante esos tranquilos y cómodos viajes. Precios baratos atraerán, parece lógico, a un mayor número de viajeros. Incluso podéis ir narrando por los altavoces algunas curiosidades de la pesca que bien conocéis”.   

El buen pescador se quedó maravillado de la claridad de ideas y valentía emprendedora que le transmitía su querida compañera (Aurea apenas había realizado estudios primarios y en su currículo solo podía aportar los méritos de una buena madre y una mejor esposa). La idea propuesta a su esposo fue recibida por éste como genial, con muchos incentivos para llevarla a la práctica. Pensaban también en las propinas que solían dejar los turistas allá por donde pasaran y estos paseos en la barcaza iban a tener muchos adeptos. 

“Tendrás que sacarte los permisos correspondientes en el Ayuntamiento, para poder realizar este tipo de actividad. No creo que te pongan dificultades, todo lo contrario, te animarán a fomentar los atractivos turísticos de nuestra querida localidad”. 

La sugerencia, bien estudiada de Aurea, era bien sensata. Su marido la escuchó con atención y alegría. Se levantó de la silla y le ofreció un beso muy cariñoso. Mirándola con ternura, le confesó que en algún momento tuvo intención de vender a Carmen, impulso que pronto desechó. Hubiera sido como traicionar a toda una generación familiar que había podido comer gracias a la robusta barcaza. En ella se habían jugado la vida y la de sus familias bravos marineros. 

“También pensé en alquilarla, pero he de confesarte que la genial idea de los paseos turísticos no se me había ocurrido. Es una opción muy interesante, que sólo a una mujer de tu categoría mental se le podía ocurrir. Hablaré con mi mejor amigo PAULO. Somos casi coetáneos y hemos salido a pescar durante muchas noches, con tiempos muy contrastados. También hemos trabajado juntos en el campo, labrando la tierra. También hemos trabajado con el cemento y los ladrillos haciendo trabajos de albañilería. Seguro que le gustará esta posibilidad de trabajar para el turismo. Tenemos que planificarlo todo con sensatez y pericia”. 

Al paso de las semanas, el proyecto VIAJES AL AMANECER. VIAJES AL ATARDECER se fue convirtiendo en una muy muy esperanzadora realidad. Tras los permisos administrativos, construyeron un precioso varadero, con recia madera, para que la barcaza Carmen pudiera acercarse hasta ese punto en donde recogería a los viajeros. El ayuntamiento financió su construcción, permitiendo que otras embarcaciones lo pudiesen utilizar, para cargar mercancías o pasajeros. Planificaron dos viajes cada día, uno al alba del amanecer y el segundo cuando el sol se iba despidiendo del día, tras la llegada de la noche. 

Las embarcaciones que utilizaban el varadero recién construido tenían asignados unos horarios que los marinos y pescadores respetaban, bajo el control de la policía costera. Obviamente la barcaza Carmen fue remodelada. Se le dio un buen lustre de brea y pintura, aplicándose en la cubierta las bancas corridas bien ancladas en el suelo de madera. Los viajeros estarían bien resguardados del sol, ya que se instaló un artístico toldo protector. La bodega o sentina, donde tradicionalmente se guardaba el pescado capturado, fue también pintada y se abrieron unos pequeños ventanales con un grueso cristal especial, a fin de que los viajeros que lo deseasen pudiesen contemplar el fondo marino y los peces que por allí se desplazaban. Verdaderamente la barcaza había quedado bien coqueta, con la garantía de que sus maderos resistían al paso de los muchos años. Fue contratada una empresa turística para que dinamizaran la publicidad de estos batatos y fascinantes viajes. Un amigo de Héctor, técnico turístico, facilitó que los costes de gestión fueran más reducidos.  

Poco a poco el negocio fue entrando en “buena carretera”. Cada viaje que realizaba la barcaza Carmen conseguía casi llenar la capacidad de la embarcación, e incluso quedaban algunos turistas en tierra esperando turno. Los precios aplicados al paseo eran atractivos para todos los bolsillos: 5 euros el viaje, para 25 plazas. Además, había ganancias con las tapas que los turistas demandaban y que Aurea preparaba. En principio hacían dos viajes. A las 9 y a las 7 de la tarde. Pronto tuvieron que incrementar el número de salidas, especialmente en las jornadas festivas y vacacionales.  Entre Héctor y Paulo la connivencia era total. Ambos se encargaban de manejar el timón y de ir narrando algunas anécdotas y explicaciones del fondo marino.

Hubo ofertas de empresas turísticas para comprar la licencia de Carmen y sustituirla por un barco/yate de mayor capacidad y condiciones, pero Héctor siempre les decía que no, pues Carmen era el “alma” de la familia. Todo marchaba a pedir de boca, hasta que el destino quiso jugar una mala pasada. 



 

Una turista de nacionalidad británica, JANNINE, “comenzó a echar los tejos” al apuesto “capitán” de la nave. La chica estaba pasando unas vacaciones en la zona de Roquetas y cada día se apuntaba para alguno de los viajes. Aparecía en el embarcadero con sus tiernas sonrisas y con el tícket en la mano. “Chapurreaba” bien el castellano. El amor no tiene reglas fijas, pero la joven se encariñó con el fornido marino. Héctor se emocionaba cada vez que tenía ante si los ojos verdes y los cabellos rubios de la inglesa, a la que superaba en no pocos años. Entre ambos surgió la conexión misteriosa u onírica del amor. 

Paulo intentó en varias ocasiones hablar con su amigo de tantos años, para pedirle que reflexionara y sentara la cabeza. Pero Héctor siempre rechazaba los razonamientos cabales que su buen compañero deseaba aportarle. El final de esta aventura refleja las debilidades de la naturaleza humana. El capitán de Carmen y la atrayente turista inglesa se marcharon a Inglaterra. Jannine era la hija divorciada de un importante industrial siderúrgico. La “alocada” joven admiraba la fortaleza y la “hombría” del antiguo pescador. 

Carmen permaneció varada varias semanas, pero Aurea, sacando fuerzas de flaqueza y ayudada por el buen amigo Paulo, quiso sobreponerse a su desgracia y reorganizó de nuevo los viajes, que comandaba el diestro y fiel marinero. De nuevo los turistas retornaron a ese plácido y bello viaje por la costa almeriense, por lo que fue necesario contratar algún ayudante. Carmen viajaba, feliz y orgullosa” por las aguas mediterráneas. 

La irracional infidelidad de Héctor fue un ilusionado capricho, repleto de banal infantilismo. Trató de repararlo años más tarde. Pero para entonces … ya nada fue igual. El tiempo no se detiene. – 

 

 

UNA FAMILIA

DEL MAR

 

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 15 agosto 2025

                                                                                                                                                                                     Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es          

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viernes, 8 de agosto de 2025

EL BOSQUE DE LA GRAN CIUDAD

 


En los cuentos infantiles, también en el imaginario narrativo popular, el gran bosque siempre ha representado ese gran espacio sugerente para la intriga, el miedo y los laberintos para la “imposible” salida. Atracción e inquietud, generado por esa densa y elevada masa arbórea, que dificulta la llegada al suelo de los rayos solares, ofreciendo las poliédricas geometrías de un ramaje espectacular para la visión y la generosidad de las sombras. El bosque aparece como la gran reserva de la naturaleza, en donde la mano del hombre ha respetado ese fascinante decorado del gran espacio para el misterio, la aventura, la emoción y la inseguridad. Miedo y temor a encontrarnos con el lobo, los gnomos, los animales salvajes y, por supuesto, con los misteriosos fantasmas, siempre con la inquietud de no poder hallar una fácil salida cuando así lo deseemos o necesitemos.

La fortaleza del bosque sólo se ve alterada cuando la impericia o descuido de los humanos genera ese fuego devorador que elimina en pocos minutos lo que se ha ido construyendo a través de los muchos años. También la malicia está detrás de esos voraces incendios, que tienen su origen en intereses económicos repulsivos y delictivos. También los fenómenos atmosféricos, con tormentas y aparato eléctrico, pueden “vencer” su erguida e insolente apariencia. La tala de árboles para la industria maderera es otro gran problema, cuando se realiza sin control o racionalidad biológica. 

Sin embargo, para algunas personas el bosque no sólo habita en el seno de la naturaleza, sino que tiene su pobre réplica en el seno de la gran ciudad. ¿Y cómo es ese bosque que mentes observadoras y reflexivas pueden encontrar en la conformación de la vida urbana? En este contexto se inserta una nueva historia, para los lectores interesados en su disfrute.  

El protagonista de nuestro relato es un niño de nueve años, llamado ADRIÁN. Una infancia duramente castigada por la orfandad de padre y madre, debido a un muy desafortunado accidente de carretera. La furgoneta que DAMIÁN conducía, acompañado de su mujer MARIANA, perdió el control de la dirección precipitándose por un barranco muy pedregoso, pereciendo ambos ocupantes, tras los sucesivos impactos y el incendio final del vehículo. El alcalde de la localidad cazorleña, en donde ambos vivían, llegó con prontitud al lugar del siniestro, en donde los bomberos estaban controlando el incendio que el siniestro había producido. El alcalde LISARDO opinaba, con sumo pesar, que su buen amigo Damián, un campesino honrado y trabajador, 46 años, arrastraba problemas arteriales, por lo que podría haber sufrido un alza de tensión, que le provocó el desvanecimiento, con la mala fortuna de que sus manos iban puestas al volante. El vehículo se había salido de la calzada, rompiendo el “quita miedo”, cayendo hacia el vacío del espacio abarrancado. 

La primera y gran urgencia era el hijo de los vecinos fallecidos. Había quedado en una absoluta y cruel orfandad. De inmediato se hicieron rápidas gestiones, por los servicios municipales, conociéndose que el pequeño tenía unos tíos en la capital malacitana. Se contactó con el hermano de Damián, llamado RICARDOpara informarle del fatal accidente. La respuesta inmediata de este trabajador municipal de parques y jardines fue lógica y admirable. Él y su mujer DOROTEA, matrimonio sin hijos, solicitaban hacerse cargo de su único sobrino. Los servicios sociales de Cazorla y Málaga dieron rápidamente su conformidad. En 48 horas, Adrián (que permanecía en el domicilio del alcalde) viajaba acompañado por un miembro de los servicios sociales con destino a la capital malagueña. Su modesto equipaje para este urgente traslado era una mochila de campo, regalo de sus padres en Reyes, con algunos de sus juguetes más apreciados y un trolley con la ropa más necesaria para estos complicados y tensos momentos. Sus tíos esperaban al querido sobrino en la estación de autobuses de Málaga, produciéndose un muy emocionado encuentro. Dorotea abrazó con cariño a un niño que lloraba, diciéndole para el consuelo “Nunca te faltará el cariño de una madre. Me esforzaré cada día para hacerte feliz”.  

Pasados unos días, sus tíos, aplicando racionalidad a las emociones, se pusieron en contacto con un abogado para gestionar la herencia del matrimonio fallecido: una casita en el campo, con varias fanegas de tierra, dedicadas al cultivo del cereal y el olivo. Aunque ellos actuarían como albaceas, ante la minoría de edad de su sobrino, todo el valor de la propiedad de Damián y Mariana fue puesto a nombre Adrián.  

El muy querido ahijado de Ricardo y Dorotea era un niño “rural” que ahora se tenía que habituar a vivir en un entorno urbano y cosmopolita. Había tenido dos casas. El hogar de sus padres y también otra “vivienda” muy grande, la inmensidad del campo correspondiente a las sierras subbéticas, con sus espléndidos valles, las majestuosas montañas, todo poblado de riachuelos y albercas, vegetación y arbolado, flores y pedregales, frio y calor, con sus nubes para la sombra o esa intensa radiación solar que todo lo alimenta. Con tan maravilloso espectáculo no se sentía solo, pues además gozaba en su mundo infantil con la compañía de los caballos, las vacas, las cabras, las gallinas y los perros. Pero, sobre todo, el hogar misterioso de la naturaleza era ese gran bosque al que sus padres le advertían que debía evitar entrar en él, si no era con su compañía. Su imaginación infantil se aliaba con las lecturas de los cuentos y relatos que hablaban de los lobos que tenían allí su guarida, y en donde también transitaban los fantasmas, los gnomos misteriosos, junto a esos árboles centenarios que hablaban entre ellos en las noches de estrellas, proponiendo ideas para asustar a los niños que se atrevían a penetrar en esa masa boscosa, a la que apenas podían bajar los rayos del sol. Era como un gran castillo o mansión encantada en la que había numerosas entradas, pero sólo una salida, que los ogros y animales del bosque se “encargaban” de disimular y cerrar. De ahí las advertencias de sus padres Damián y Mariana, para que no entrara en un laberinto vegetal en el que se podría perder y “nunca más salir”. 

Después del golpe tan terrible de tomar conciencia que sus padres estarían en el cielo, se encontraba en un nuevo hogar, el de sus tíos, personas modestas y trabajadoras, que mostraban de continuo su afán por ofrecerle cariño, calor humano y seguridad material.  

Ante la nueva realidad, el pequeño Adri se enfrentaba ahora a otro bosque, “el de la gran ciudad”. Con sus elevados edificios en una urbanística densificada y populosa, que por las noches adoptaba unas formas también fantasmagóricas. Al igual que el laberinto boscoso de las sierras de Cazorla, ahora tenía que habituarse a esa geometría urbana, llena de personas, vehículos de toda naturaleza, luces y ruidos, con miles de personas transitando de continuo en un ambiente turístico y cosmopolita, muy nuevo para su transparente inocencia rural. Ahora no se encontraba con caballos, vacas, cerdos, ovejas, cabras, ardillas o pájaros cantores y aves voladoras, sino que en su lugar esos seres con los que había convivido se habían transformado en camiones, autobuses, motos, bicicletas, monopatines, grúas, perforadoras, etc. En lugar de la tierra árida o mojada, ahora caminaba por el cemento de las aceras o por el asfalto de las calzadas, También había otro tipo de nubes, no tan plácidas como las que contemplaba por las tarde primaverales o invernales, sino aquellas que la propia contaminación atmosférica proporcionaba. El olor a campo también se transformaba y mezclaba en la contaminación de los motores con aroma a gasolina, con el dulce olor de las panaderías y de las flores ajardinadas. Era un tanto diferente al aroma de la resina piñonera o de las hierbas aromáticas. mediterráneas, como el tomillo, el hinojo, el romero, el orégano, el aloe vera, la salvia, la manzanilla., la albahaca, la hierbabuena, el cilantro, la menta, etc. El bosque urbano era muy diferente del bosque natural. La adaptación a este otro tipo de bosque era necesaria, aunque Adri nunca olvido las raíces cazorleñas de las que procedía.  

También se acomodó, bastante bien, a la convivencia con sus tíos, quienes no ahorraban esfuerzos para ofrecerle la seguridad u el cariño de un sosegado hogar. Su trabajo escolar reportaba buenas calificaciones, aunque había una materia que destacaba entre sus preferencias. Era ya un niño adolescente que se había criado en un entorno plenamente natural. Los sobresalientes en Ciencias Naturales florecían en sus boletines de notas. Cuando su colegio organizaba alguna excursión, para los viernes o sábados, Adrián era el primero en apuntarse. Y en el desarrollo de esas salidas de estudio, Adri destacaba entre sus compañeros para explicar con sencillez “misterios” del campo que sólo él bien conocía, porque los había vivido con plenitud desde su nacimiento.

Los años fueron pasando, para la vida de todos. Su esfuerzo y tenacidad, como alumno responsable, le permitió ir superando los distintos niveles escolares. Cuando finalizó la ESO, optó el bachillerato de ciencias, centrando sus esfuerzos en las materias afines a su afición y amor naturalista. La prueba de acceso a la Universidad la superó con una calificación elevada. No tuvo duda alguna cuando tuvo que elegir la carrera universitaria, para la que estaba perfectamente preparado. Sus años de estudio en el Campus de universitario de Teatinos, los realizó en la facultad de Biología, y dentro de ella se especializó en Ciencias Ambientales. Aunque le fue ofrecida la posibilidad de integrarse en el departamento donde más trabajaba e investigaba, Adrián amaba el terreno abierto de la naturaleza, en donde recuperaría esas sensaciones de la infancia em los que había crecido y no había olvidado. Admiraba la importante labor que realizaban los guardas o vigilantes forestales. No tuvo dificultad alguna para integrarse en ese cuerpo que controla, vigila y cuida el entorno natural. A los pocos meses, dada su cualificada titulación, alcanzó un puesto de más responsabilidad como oficial de vigilancia de los espacios forestales, actuando con diestra preparación en la prevención y control de los focos de incendios, que tanto daño ejercen sobre las masas vegetales. Cuando le pedían, desde el instituto donde había cursado la educación secundaria, que diese charlas explicativas a los escolares, se sentía orgulloso de poder generar, en los niños que crecían para la vida, ese sentimiento de amor a lo natural que estaba tan arraigado en su persona. 



Adrián, comparte hoy la existencia con su compañera ALMA, también integrante del cuerpo de guardas forestales de la Comunidad Autónoma. Cuando ambos visitan a Ricardo y Dorotea, ya en su tercera y avanzada edad, les transmite el afecto, el agradecimiento y el cariño a unos tíos que supieron ejercer de padres, en un momento muy difícil y trascendental de su vida. Todas las primaveras realizan juntos una visita a Cazorla y Adrián explica a su compañera los misterios que encierra el gran bosque, comentarios que Alma y sus tíos escuchan con asombro, fascinación e intriga que pronto se tornan en sonrisas divertidas y cariñosas. -

 

 

EL BOSQUE

DE LA GRAN CIUDAD

 

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 08 agosto 2025

                                                                                                                                                                                     Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es          

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viernes, 1 de agosto de 2025

LAS ESPIGAS PREMIADAS

 


Parece normal y lógico que los escritores tengan por fundamental ilusión el que sus trabajos sean leídos por el mayor número de personas. El placer de escribir se une a esa otra necesidad de tener la mayor cantidad de lectores posible. Los compositores de historias también se esfuerzan en que sus obras sean publicadas por las editoriales más importantes, haciendo lucir sus ejemplares en los expositores y en los escaparates de esos santuarios para la imaginación como son las librerías. Algunos escritores suelen participar en las convocatorias de premios literarios, algunos de gran “relumbre” y con importantes compensaciones económicas y sociales a los ganadores del certamen. 

Estos tres objetivos parecen legítimos. El problema aparece cuando los escritores “exageran” estas pretensiones, creándose situaciones “patológicas”, que se resumen en escribir, publicar y obtener la mayor cantidad de premios posibles. Esos creadores de historias no deben olvidar que con sus escritos educan, distraen, generan reflexiones y, por encima de todo, difunden valores, con los que se puede mejorar el mundo, enfermo en muchos aspectos, que nos ha correspondido protagonizar. 

La acción del relato nos traslada a un tranquilo pueblo castellano, cuyo topónimo, VILLANUEVA DEL CONDE hace alusión a un gran pasado histórico, que ahora sólo permanece en unos trozos pétreos de la antigua muralla y un viejo castillo cuyas almenas, torre del homenaje y lienzos de la muralla han sido remodelados, con la mejor voluntad, pero con dudoso acierto. El turismo ha sido el mejor acicate para el esfuerzo restaurador. Permanece sin grandes arreglos la antigua iglesia gótica, con su campanario erguido, sus estrechos ventanales ojivales, que sostienen unas vidrieras penosamente opacas, por la desidia, el viento y el paso de los siglos. 

Este apacible lugar, por el número de nacimientos anuales y la emigración constante de aquellos jóvenes que apenas cumplen la mayoría de edad, se puede incluir en esos espacios peninsulares de LA ESPAÑA VACÍA. 675 habitantes, según el último censo poblacional. Allí casi nunca ocurre nada a destacar, y los días parecen copias bien repetidas, todo es igual que ayer y probablemente igual que mañana. La media de edad es naturalmente elevada, con esas personas mayores que gustan recordar algunas páginas sin lustre de sus vidas cansinas, y trabajando las mieses para el pan, con el cuidado de los animales para la carne de alimentar. Algunos se van adaptando al milagro informático, mientras que otros parecen dormitar en esa espera sosegada hacia el viaje final. El Sr. cura se desplaza, haciendo turnos rotatorios, dos días a la semana para confesar, decir misa y comulgar.

Para fortuna de este municipio castellano, tiene a su alrededor, en distancias no muy grandes (6-10 kms) un cinturón de localidades similares, con la ventaja para todos de poder mancomunar determinados servicios, con el ahorro en costes de las funciones correspondientes (escuela y centros de secundaria, parque de bomberos, ambulatorios de la seguridad social, centros de abastos y mercados, casas culturales municipales, servicio de agua, etc). En el aspecto escolar, destaca por su utilidad el muy apreciado autobús que conduce Julián, su propietario, vehículo Pegaso muy antiguo, que milagrosamente arranca cada mañana, para ir recogiendo alumnos de las distintas localidades a fin de llevarlos a los núcleos educativos de infantil, primaria y secundaria, todo ello a coste de los distintos ayuntamientos mancomunados. 

El joven y emprendedor concejal de cultura, juventud y deportes, además de jardines y fiestas, AVELINO PIEDRA, propuso al Sr, alcalde, IRINEO VENCES, la creación de un premio literario, en prosa y poesía, que tendría por nombre FLOR DE PRIMAVERA. Los tres mejores trabajos presentados tendrían una atractiva compensación: para el primer premio, LA ESPIGA DORADA y 1000 euros. El segundo premio, LA ESPIGA PLATEADA, 500 euros y el tercero 250 euros con LA ESPIGA BRONCEADA.  El tema, sobre el que se podría escribir entre 500 y 1500 palabras, sería de libre elección: narrativa, cuanto, relato, ensayo, poemario. 

Avelino era licenciado en Historia, mientras que el alcalde Irineo estaba vinculado, como accionista mayoritario, a una gran cooperativa harinera que surtía a todo el territorio nacional.

La “ilusionada” convocatoria del concurso literario fue dada a conocer el 1º abril, siendo el último día para la entrega de trabajos (con las plicas correspondientes) el 15 mayo. La celebración cultural, coincidiendo con las fiestas de la villa, se desarrollaría el sábado 2 de junio. La difusión de esta inusual convocatoria del premio literario fue realizada por todas las localidades de la gran comarca, mediante carteles en las bibliotecas, en las residencias de mayores y en los organismos culturales municipales. A todos los centros escolares de la zona se enviaron las bases del concurso, ampliando en todo lo posible la posibilidad que el mayor número de personas participase. Alumnos de secundaria, vecinos de todas las edades, incluso octogenarios, escritores “ocultos” se sintieron animados a participar en la novedosa y simpática convocatoria expresiva. 

Esta primera edición del sugestivo premio o concurso literario despertó una notable aceptación popular. De la noche a la mañana, estudiantes, profesionales de todas las ramas, personas mayores jubiladas con mucho tiempo para la lectura y la escritura, se sintieron motivados a probar suerte en el ejercicio de las letras. Muchos pensaban en hacerse con ese “pellizco” económico, con el que poder sufragar un regalo o un “caprichito” deseado. Pero también había vecinos quienes pensaban competir por el humano prestigio de ganar una de las tres espigas que las bases de la convocatoria establecían. Conseguir esa distinción, como plato fuerte de las fiestas del verano, en Villanueva del Conde, era un fruto bastante apetecible. La vanidad de unos y otros vecinos, en esta “España vacía” estaba en juego. 

Sin embargo, también había lugareños que comentaban, con burla y desazón, que esos casi dos mil euros podían dedicarse a mejorar el sabor y la salinidad del agua que salía por los grifos, a que el camión que recogía la basura hiciese menos ruido por las noches o que hubiese más y mejores bancos para sentarse en el jardín o parque del municipio. También se criticaba que no hubiese urinarios públicos para ser utilizados por las personas de avanzada edad (la mayoría) que necesitaban calmar sus necesidades fisiológicas, sin tener que entrar en la cafetería /bar del “Peláez el chato” poniendo éste mala cara si no se pedía la correspondiente consumición. 

Lo más perentorio era nombrar a los integrantes del jurado que iban a valorar los trabajos que fuesen presentados. A tal fin se reunieron el concejal Avelino con el alcalde Irineo, para discutir el asunto. De inmediato llegaron a la determinación de que ambos debían estar presentes en el jurado calificador. Pero coincidían en la conveniencia de añadir a fuerzas vivas del pueblo que lo mereciesen. Convinieron en hablar con doña ENCARNA Labarca, la maestra nacional que había enseñado “las cuatro reglas” y educado a la mayoría de los niños de la localidad, señora ahora jubilada por la edad de su calendario vital. Por el prestigio y respeto que representaba, su voto debía estar presente en las deliberaciones de los premios. También contactaron con el Sr. cura párroco don PRIMITIVO del Palmar, pues el sacerdote (sexagenario) que les atendía espiritualmente “había estudiado en el Seminario”. Otro vecino que iba a integrar el jurado calificador era don ARTURO Membrilla, de avanzada edad (posiblemente nonagenario) pues era persona especialmente válida ya que, gran amante de las letras, seguía siendo el cronista oficial de la villa. Don ELISARDO Pitan, teniente de puesto de la Guardia Civil se prestó en colaborar, aunque era un hombre de milicia. Pero era un gran lector de libros históricos. Por último, se integró en el jurado calificador la Srta. MARCIANA del Valle, boticaria del pueblo. Era la hija de un afamado ganadero de reses bravas. 

Cuando el 15 de mayo se cerró el plazo para la presentación de materiales, se habían recogido, de Villanueva del Conde y el entorno de pueblos integrantes en la comarca, 42 trabajos, cifra insólita para unas tierras tan vacías y tranquilas. Había 23 relatos, 6 poemarios, 5 artículos, 6 cuentos y tres artículos sobre la harina. Este amplio material, junto a los sobres con las plicas identificativas, quedó guardado en una caja fuerte de la Casa Consistorial, no sin antes haber procedido a fotocopiarlos, a fin de que cada miembro del jurado dispusiera de una copia, para su lectura y estudio. Cada trabajo quedaba firmado con un seudónimo, cuya autoría estaba dentro de la plica correspondiente. 

El día 1 de junio, domingo, comenzaban las fiestas anuales en honor de Nuestra Señora de la Luz, que durarían hasta el sábado 7 de ese mes. Por este motivo, el jurado quedó en reunirse el 28 de mayo, miércoles, para llegar a un acuerdo con los trabajos que merecían ser honrados con los premios, que serían entregados a sus autores (una vez abiertas las plicas identificativas) en una sesión que se celebraría en el salón de plenos del propio ayuntamiento cuatro días más tarde.

Cuando comenzó la reunión del jurado, sus integrantes mostraban amplias sonrisas en sus rostros. Sin embargo, cuando llegó el momento de poner sobre la mesa el resultado de los análisis respectivos, esas sonrisas se tornaron en un cierto sonrojo. Cada uno de los siete miembros calificadores iban exponiendo distintas justificaciones para indicar que no habían podido hacer su trabajo. “He tenido un problema de cataratas y como me habían operado de uno de los ojos, el médico de la capital me aconsejó que no forzara el otro ojo. Sólo he podido ojear alguno de los trabajos”. “En mi caso tengo que justificarme, porque he estado reformando la botica. He estado liada con los albañiles y la compra del nuevo mobiliario. Sólo he leído unos 4 o 5 trabajos, por “encimilla”. Pensaba que iba a tener más tiempo, pero no ha podido ser”.  “Pues a mí me ha aparecido un golondrino en las partes nobles y cada vez que me sentaba me producía un intenso dolor. Llevo varios días evitando estar sentado. Al final don Sixto, el practicante, me lo ha curado, pero tengo que dormir boca abajo. La comida la hago de pie”. “A mí me parece que lo importante es haber participado. Yo creo que todos los trabajos deben estar bien. La verdad es que no estoy en estos momentos para lecturas”. El concejal Avelino confesó que se los había leído todos, pero a la hora de elegir los tres mejores no acababa de decidirse por ninguno. En realidad, todos le habían parecido bien”. 

De una u otra forma, todos estaban echando balones fuera. Incluso uno le dijo al compañero que tenía al lado “yo no estoy ahora en condiciones de leerme ese enorme tocho que nos han entregado. Comenzaba a leer alguno y me entraba un sueño profundo hasta quedarme completamente “frito” en el sofá”.  En ese momento incómodo para la confusión, el alcalde Irineo pidió al guardia ordenanza que se desplazara a la cafetería bar de El Chato para que le prepararan unos termos llenos de café con leche para todos.

Entonces intervino don Primitivo, el cura parroquial. Viendo y asumiendo el venerable sacerdote la situación tan embarazosa que todos estaban pasando, quiso “poner paz y eficacia” pues los rostros de unos y otros se veían afectados por el pudor y el sofoco. 

“Queridos hermanos, en la infinita bondad del Salvador. Reconozcamos nuestras limitaciones personales a causa de las obligaciones personales que tenemos que asumir en el día a día. Si tenemos en cuenta, como dice el buen Avelino que todos los trabajos presentados poseen un buen nivel y calidad voluntariosa, podemos, contando con la benevolencia divina, “echar a suerte” la designación de los ganadores. No hay que dudar que la Providencia nos iluminará con acierto. Lo verdaderamente importante ha sido la participación de tantos vecinos, con la magia de las palabras y las letras. Los premios son “galardones” mundanos. El mayor valor que hemos conseguido ha sido la respuesta de la honrada y buena gente”. 

De inmediato, el alcalde se levantó de su asiento presidencial y abrazó al venerable sacerdote, con palabras emocionadas: “Primitivo, hermano, además de santo eres un genio. Nos has convencido plenamente con tu sabia argumentación”. Los demás componentes de “la mesa”, la maestra, la boticaria, el cronista de la villa… mudaron el color rojo de sus rostros por la sonrisa alegre del eficaz y simple acuerdo. Irineo comentó acerca de una bacina, hallada en una excavación arqueológica, que podía ser utilizada para introducir los sobres con las plicas identificativas. Ordenó al guardia ordenanza, Romualdo, a que fuera “a su domicilio” y le dijera a su esposa Daniela que se la entregara, tras vaciar la fruta que contenía como centro de mesa. “En quince minutos la tenemos aquí”. 

Dicho y hecho. Una vez que las 42 plicas estaban en el fondo de la bacina (Daniela no la había limpiado bien, pues el fondo estaba algo pegajoso por alguna fruta madura que había dejado en la cerámica vidriada su néctar) don Primitivo, elevando sus ojos al cielo, indicó que había que buscar una “mano inocente” para sacar los tres sobre premiados. Quiso la suerte que pasara en aquel momento por el pasillo adjunto a la sala de plenos la limpiadora del edificio municipal, la señora PALMIRA, quien llevando el cubo en la mano derecha y asía la fregona con la mano izquierda, iba entonando la tradicional y emotiva canción de SUSPIROS DE ESPAÑA.  “Perdóneme, don Irineo, esta mañana en el retrete alguien ha hecho “mayores” sin llegar a tiempo y ha dejado el suelo hecho una pena. Dos cubos de agua he tenido que usar para dejar el excusado medio decente. No le quiero decir “la peste” y el tufo que allí se olía”. 

“Ya pondremos solución a ese descuido, querida Palmira. Ahora te vamos a pedir un muy importante favor. Cierra los ojos e introduce la mano en esta bacina. Vas a sacar tres sobres para un premio que vamos a conceder en las fiestas de la Virgen de la Luz. Seguro que nuestra Patrona te va a ayudar con su sabiduría infinita”. Doña Encarna cogió la fregona y don Arturo el cubo con el agua sucia, que emanaba fétidos y embriagadoresaromas, mientras la sirvienta sacaba los sobres. En pocos segundos, los tres premios estaban concedidos. 

Comienzan las fiestas patronales en Villanueva del Conde.



“Como alcalde presidente de la Corporación Municipal, tras el profundo y detallado estudio calificador del prestigioso jurado nombrado al efecto, tengo el honor de proclamar a los tres ganadores del premio LA FLOR DE LA PRIMAVERA, de entre los 42 trabajos presentados, todos ellos gozando de gran calidad literaria. 

Premio de la Espiga dorada y 1000 euros, al trabajo titulado EL MAR DE MIESES, cuyo autor es don Facundo Cerezuela.

Premio de la Espiga plateada y 500 euros, al trabajo titulado   EL RELOJ DE LA VIDA, cuyo autor Delia Alcántara.

Premio de la Espiga bronceada y 250 euros, al trabajo titulado LA HARINA QUE NOS ALIMENTA, presentado por Doña Nicasia Aldaba. 

El jurado ha querido también conceder un accésit, con diploma, para don Herminio Carretilla, por su poema SENTIMIENTOS Y CAMPANAS. 

¡Con este solemne acto, proclamo con emoción y alegría el inicio de las fiestas de Nuestra Sra. de la Luz! ¡Alegría para todos!

 

 

LAS ESPIGAS 

PREMIADAS

 

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 01 agosto 2025

                                                                                                                                                                                     Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es      

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