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viernes, 16 de mayo de 2025

DOS AMIGAS DE SIEMPRE

 

Un importante valor, que no todos sabemos aprovechar, es mantener algunas de las amistades generadas en tiempos de la infancia y la adolescencia. Conservar esos vínculos al paso de los años no resulta fácil, pues son las voluntades de dos personas que han de coincidir en ese enriquecedor objetivo. Cuando finaliza el periodo escolar, las vidas de unos y otros van por caminos diferentes y los reencuentros apenas se producen, salvo por el azar o la necesidad puntual de uno u otro antiguo compañero. Pero hay casos en que la vida y nuestra decisión nos regala esa amistad que, por fortuna, nunca desfallece. En este contexto se inserta nuestra historia de esta semana. 

VITO y MARIAN, curiosamente hijas únicas de sus respectivas familias, se conocieron en tiempos escolares de la educación primaria y secundaria. La enseñanza no universitaria la desarrollaron en el Colegio Sagrado Corazón de las Esclavas de Cristo, tanto en las instalaciones del Cerrado de Calderón, como en el monumental edificio de la calle Liborio García, bocacalle de Larios, para los estudios de bachillerado. 

Ambas compañeras y amigas pertenecían a familias honradamente modestas. El padre de Vito era carpintero, mientras que el de Marian trabajaba como dependiente o comercial en unos grandes almacenes, ubicados en el nuevo centro de la ciudad. Los caracteres de una y otra compañera eran un tanto contrastados. Muy activa y a ratos polémica y “rebelde” (Vito), mientras Marian era de temperamento más sumiso o tranquilo, complaciente y desde luego más racional que su impulsiva amiga. Sin embargo, este contraste o diferencia en sus psicologías, favoreció que se “cayeran” muy bien desde el principio de su conocimiento. Las dos chicas tuvieron el acierto de mantener esa convivencia afectiva en la amistad, durante esos años de infancia y adolescencia. 

Ya en la época universitaria, Vito se decidió por la Filología inglesa, pues su primera pareja sentimental tenía antecedentes familiares de origen británico y se expresaba muy bien en este idioma. También justificaba su opción pensando que de esta forma podría llevar mejor a la práctica esa actividad que tanto le gustaba, como era la de poder viajar, para conocer otros ambientes y formas de vida. Por su parte Marian tenía una forma de ser en la que siempre había admirado la profesión de maestra, por lo que se matriculó en la facultad de Ciencias de la Educación, realizando una carrera brillante en su expediente académico. 

Al paso del tiempo, como en las mejores amistades, la vida fue separando ese intenso vínculo de amistad que habían mantenido durante largos años. VITO, siempre con ínfulas de grandeza, carácter que fue incrementándose en el discurrir del almanaque, buscó y encontró un “buen partido” en la persona de RENATO, prestigioso arquitecto, que formaba parte de un conocido estudio denominado OASIS. Esta “lucrativa” empresa tenía su ubicación en la “milla de oro” marbellí. Vito disponía de una solvente disponibilidad económica, pero también se aburría en casa, ya que el servicio de que disponía llevaba muy bien sus obligaciones. Por este motivo, su padre político, vinculado a negocios editoriales, le buscó un acomodo laboral dentro de su perfil, buscando sobre todo que se distrajera, en el mundo librero de la ciudad: Librería LUMEN, en la que trabajaba de lunes a jueves, por las tardes, con una compensación económica complementaria para sus “caprichos. Aplicaba su perfecto conocimiento del inglés, para mejor atender a los clientes de esta nacionalidad. Entre sus allegados, comentaba que deseaba publicar una novela, para la que ya tenía título. ANSIEDAD, aunque le faltaba el necesario desarrollo argumental. 

Vito y Renato tuvieron un único hijo y dos severos abortos. Este descendiente familiar recibió en la pila bautismal el nombre de LUCAS, recibiendo toda su educación reglada en el Colegio de los Hermanos Maristas. Había sacado “la cabeza loca” de su madre. Su padre intentó que probara suerte en el camino familiar de la arquitectura, fracasando estrepitosamente en el empeño. Por presión familiar lo intentó en la escuela universitaria de Aparejadores, pero sin vocación para el oficio (quería ser piloto) tampoco avanzaba en estos estudios. Por influencia de su madre, le buscaron un hueco como representante editorial. Pero el joven Lucas, donde verdaderamente mostraba su capacidad y originalidad era en las juergas y saraos que organizaba con los “parásitos” amigos a los que se vinculaba, pues éstos veían que casi siempre tenía algo de dinero en sus bolsillos. 

Pasando al mundo de MARIAN, había obtenido su grado universitario en Educación Especial, ayudándose de una beca que pudo obtener de una importante institución bancaria a nivel nacional. Pronto consiguió, gracias a su buen expediente académico, plaza de profesora interina en varios centros de Primaria de la Comunidad andaluza, Iba acumulando sustituciones y sumando puntos en su expediente para la baremación. Tras dos intentos fallidos logró sacar plaza en las oposiciones de maestra, que fueron, dado el número de optantes, muy reñidas o competidas. 

En este apasionante periplo docente, conoció a su pareja, AUGUSTO, profesor de secundaria en la especialidad de Educación Física. De esta unión matrimonial vino al mundo un hijo, llamado GONZALO, en recuerdo de su abuelo paterno, del mismo nombre. Desde pequeño este niño se caracterizaba por la sensatez, virtud heredada de su madre. Ya en la adolescencia, dio muestras de sus habilidades para trabajar con todo tipo de artilugios, lo cual fue positivo para tener un “manitas” en el hogar. Él mismo se decidió por cursar un módulo de Formación Profesional, grado medio, basado en la carpintería, fontanería y la electricidad. En realidad, era un módulo de pluriservicios. Al que añadió otro de electrónica. En la actualidad se gana la vida trabajando con empresas subcontratadas, que aprecian mucho su habilidad y responsabilidad ante el trabajo. Ello le permite tener una cierta disponibilidad económica y sobre todo, trabajar en lo que verdaderamente le gusta. Sigue viviendo con sus padres y carece de pareja sentimental estable, mostrando de continuo su carácter social y trabajador. Sus amigos aprecian en mucho su natural forma de ser. 

El teléfono de Marian sonó un viernes por la tarde. Para intensa sorpresa de la maestra, era su antigua amiga Vito quien realizaba la llamada. Prácticamente, llevaban un par de décadas sin contacto alguno. Por suerte, ninguna de las dos había cambiado su número telefónico. En ese momento ambas antiguas amigas eran “cuarentonas”. El destino, más la voluntad de carácter las había llevado por caminos diferenciados. La inesperada alegría que se llevó Marian hizo que su corazón latiera aceleradamente. En segundos respuesta, se dispuso a atenderla como su carácter bondadoso y solícito demandaba. Vito había sido su gran y mejor amiga, en esos años adolescentes y juveniles tan decisivos para la conformación vital de cualquier persona. Hablaron, un tanto presas de la emoción, durante unos minutos. Tenían tantas cosas que decirse y compartir que decidieron reunirse lo más pronto posible. Se citaron para el día siguiente, sábado de mayo, en una cafetería alejada de la vorágine turística malacitana. Eligieron un lugar tan romántico y sosegado al atardecer como era el puerto de Málaga. Allí estarían más tranquilas para hablar de tantas cosas como tenían que transmitirse. 

A la hora acordada, seis de la tarde, las dos amigas fueron extremadamente puntuales para retomar una historia que había quedado detenida casi veinte años atrás. Como era usual en ella, Marian eligió ropa deportiva: camisa blanca, rebeca, vaqueros y zapatillas deportivas. Vito se presentó vestida de “gran señora”, gesto propio de su carácter. El suéter celeste, la falda gris y los zapatos negros de tacón, sin que faltaran un buen acopio de alhajas, generó una traviesa sonrisa en Marian. Tras los besos correspondientes, pidieron sendas tazas de café y leche con canela. Poco a poco se fueron contando sus respectivas vidas de casadas, con las actividades laborales desarrolladas. A continuación, centraron el diálogo en sus hijos.  

Vito, por más que intentaba disimular, acabó reconociendo el fracaso vital y profesional en el que se hallaba su único hijo Lucas. De tener grandes posibilidades en el ámbito de la arquitectura, habían criado a un hijo poco responsable, un “cabeza loca”, que no había podido ni acaban la carrera de aparejadores. Era un golpe duro de reconocer, para la forma de ser de una mujer que siempre había buscado la aureola de la ostentación y el poderío. Sin embargo, ante su gran amiga de la infancia tuvo que sincerarse y aplicar ese punto de humildad que todos tenemos, aunque esté demasiado oculto en las entrañas de nuestra privacidad. 

“Como matrimonio, bien. Renato tiene a veces sus “salidas” o escapadas, pero te confieso que yo también lo he engañado. Te lo cuento a ti, la única persona a quien no podría mentir, porque me conoces muy bien”. 

Marian agradeció la buena y sorprendente franqueza de su “inolvidable” amiga. Cuando ella se centró en Gonzalo, puso sobre la mesa de la sinceridad la humildad de los módulos profesionales que con esfuerzo admirable había superado. Con esta formación, ahora se estaba ganando dignamente la vida. La relación con Augusto, también profesor, pues normal, como casi todos los matrimonios. Siguieron hablando

Casi sin apenas darse cuenta, habían pasado casi dos horas de este sentimental y amistoso reencuentro entre dos antiguas amigas que habían hecho un largo paréntesis de dos décadas en aquella inolvidable complicidad e intimidad. 

Se despidieron con un fuerte abrazo de amistad, sonrisa y añoranza, aunque finalmente Marian le dio a su amiga un beso afectivo para la despedida. No había olvidado esa infancia y adolescencia que tanto le había hecho crecer por la fortaleza de carácter de su amiga Vito. Se prometieron, como suele ocurrir en estos casos, buscar huecos de reunión al menos dos veces al mes, para ayudarse y hablar acerca de sus vidas separadas. Ambas reconocían que se necesitaban, en esta etapa ya camino de la madurez en el recorrido de sus existencias. 

Hoy Gonzalo, el hijo de Marian, trabajo en el equipo técnico del arquitecto Renato, el marido de Vito. Dirige el mantenimiento de dos hoteles en la milla de oro, vinculados al grupo empresarial en el que trabaja el marido de Vito. Lucas ha hecho amistad con Gonzalo, cambiando en lo positivo mucho de su desordenado carácter, aprendiendo de un honrado y responsable trabajador y mejor persona. Cada dos semanas, Vito y Marian se reúnen. Son como dos hermanas de siempre, que han estado separadas cuatro lustros, pero que en estos tiempos del reencuentro quieren recuperar el tiempo perdido. Ambas mujeres se lo han propuesto y tienen la convicción que lo van a conseguir. -

 

 

DOS AMIGAS DE SIEMPRE

 

 

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 16 mayo 2025

                                                                                                                                                                                  Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es  

Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/



viernes, 2 de mayo de 2025

UN GENEROSO ÁNGEL GUARDIÁN

Hay momentos en los que infortunadamente las personas “perdemos los nervios” o el control de nuestra racionalidad. Los motivos de esta penosa actitud están, lógicamente, cercanos a las circunstancias de nuestras vidas. Estrés laboral, fracasos afectivos o familiares, tensiones por dificultades económicas, el tener un carácter desequilibrado, tratos injustos o desconsideramos que nos afectan en el ánimo, etc. Mientras sufrimos esta incómoda realidad, otras personas mantienen con admirable madurez su equilibrio temperamental, ante cualquier dificultad que les sobrevienen en su diario caminar. En este contexto se inserta nuestra historia que compartimos esta semana. 

Las circunstancias que rodeaban la vida de PRUDEN (Prudencio) Bilardo, 28, no eran las más favorecedoras para su tranquilidad anímica. Es un perito industrial que no ha conseguido plaza, en unas recientes oposiciones a las que, con gran esfuerzo en el estudio, se ha presentado. Optaba a un puesto administrativo en la delegación provincial de Industria en Málaga. Las relaciones con su novia IRINA, 24, graduada en Ciencias de la educación y con plaza de maestra interina en un centro escolar ubicado en la barriada universitaria de Teatinos, no pasaban por los mejores momentos. 

Los nervios de Pruden estaban a “flor de piel” con más frecuencia de lo soportable. Por el más nimio motivo, su temperamento juvenil “saltaba” como un gato felino contra quien consideraba autor de sus “ofensas”, poniendo a prueba su temple perdido en esta fase vital de incómoda desventura.

Una mañana, el joven Bilardo, que deseaba con ansiedad conseguir una vivienda de protección oficial, en régimen de alquiler, para ofrecerle a Irina el anhelo de irse a vivir juntos, se trasladó a un organismo municipal dedicado a la promoción de alquileres para las jóvenes parejas. Llevaba consigo una densa carpeta de documentos y fotocopias, con el fin de entregarlos en la “ventanilla” correspondiente del organismo municipal. Su legítima ilusión era poder ser uno de los agraciados con la concesión de un piso en alquiler a coste reducido. En esta convocatoria se indicaba que los afortunados para tal objetivo, podrían con el paso del tiempo acceder a la propiedad del inmueble de construcción municipal, a un precio bastante subvencionado en función de determinadas circunstancias familiares de los solicitantes. 

Se encontraba en un estado de comprensible tensión emocional, ante la posibilidad de conseguir esa pequeña vivienda en donde él pensaba viviría feliz con Irina, formando una familia junto a esos hijos que alegran la existencia. Sus fracasos en la búsqueda de un puesto de trabajo estable no disminuían su fe en esta difícil pero no imposible oportunidad de ser uno de los afortunados en la concesión de un piso subvencionado por el ente municipal. Cuando llegó al organismo administrativo, contempló con resignación que tenía una larga fila de solicitantes por delante. Esperó con paciencia que la “cola” se fuera moviendo, pero el funcionario que recogía la documentación de solicitud actuaba con lentitud y exasperante parsimonia. Se veía que era una persona muy meticulosa, ya que en muchos de los casos ponía objeciones a la documentación que lentamente revisaba. Cuando se fue acercado a la ventanilla había pasado casi una hora de espera. Pudo ver que el administrativo llevaba puesta en su chaqueta una pequeña placa con su nombre: EUSTAQUIO Canales. Se trataba de una persona no lejana a la jubilación, que podría ser sexagenario y que tenía mal carácter. El típico “viejo cascarrabias” que se excede en su función “regañando” y poniendo pegas a todo joven o con más edad que se le pusiera por delante. 

Cuando al fin Pruden alcanzó la ventanilla, el funcionario comenzó a revisar la densa documentación que había recibido. No pasaron muchos segundos cuando fue poniendo “peros y pegas” a determinados documentos, que se los devolvía al solicitante. La tensión nerviosa acumulada inestabilizaba cada vez más la paciencia del joven, cuyos nervios iban “in crescendo”. El clímax se produjo cuando el veterano administrativo trató con evidente desconsideración (comentario hiriente y burlón) al ya muy tensionado Pruden, que respondió con la fuerza de su juventud y el sentimiento de sentirse no bien tratado, por la kafkiana escenografía que soportaba. Se cruzaron palabras fuertes, advertencias y amenazas de llamar al vigilante de guardia para que interviniera. Se llegó a los gritos y a gestos acusadores por un Pruden que cada vez hacía menos honor a su nombre. Al fin apareció el guarda de los servicios de seguridad que trataba de mediar en aquella desagradable situación. 

Pero en ese crítico instante, intervino una señora que en la fila acompañaba a una joven, amiga o tal vez familia. Se llamaba ALBA Fonseca Quesada y su imagen evidenciaba que superaba los sesenta. Vestía con elegancia: camisa de franela cubierta por una rebeca de color crema. Falda plisada de color también beige y unos zapatos negros con medio tacón, también bien cepillados y lucidos con crema. Su cabello color castaño había pasado recientemente por la peluquería. Ojos azulados y una piel bien cuidaba en la que no sobresalían en demasía las arrugas. Sus movimientos y forma de expresarse reflejaban que se trataba de una persona tranquila, sosegada e intensamente racional. Su largo recorrido vital parecía que le había enseñado a relativizar lo desagradable y a potenciar ese don innato de la alegría, tesoro temperamental que algunos anhelan gozar. 

Se acercó con una amable sonrisa al “foco del conflicto” rogando a joven Pruden que guardara silencio. Con educada firmeza indicó al funcionario que este joven, como tantos otros estaba pasando una “mala racha”. Usando de la invención, añadió “Yo lo conozco y respondo por él. Indíqueme los errores de la documentación que real realmente importantes. También le ruego que se sosiegue”. Como por arte de magia, la actitud del funcionario Eustaquio cambió de inmediato. A partir de la afortunada intervención de la señora Alba, el administrativo estuvo más comprensivo, ya que entendería que esta mujer que con educada firmeza le hablaba sería un familiar o persona muy allegada al solicitante de una vivienda protegida. Éste contemplaba la situación con indisimulado asombro. La situación administrativa se normalizó y se agilizó.

Cuando Alba junto su joven amiga terminaron también de realizar su gestión, en el Instituto Municipal de la Vivienda, observó a la salida que la estaba esperando Pruden. La reacción de éste fue muy afectiva. Le dio un cariñoso abrazo, mientras repetía emocionado la palabra gracias. “Gracias señora, por la ayuda tan generosa que me ha prestado ¿Aceptaría que la invitara a un café? Me haría ilusión y creo que bastante bien poder explicarle algunos motivos de mi comportamiento, muy nervioso y a ratos incluso violento de palabra.” En unos minutos estaban ambos sentados en una cafetería cercana (la chica que acompañaba a Alba se había despedido amablemente). Dos generaciones separadas por muchas hojas del calendario compartían sendas tazas de café.  Parecía como si una abuela estuviera hablando con su nieto. La estampa era entrañablemente familiar. 

Pruden explicó someramente a la buena señora los ingratos momentos que estaba atravesando que condicionaban sus actos ante los hechos de la vida cotidiana. Esa situación le impedía mantener el necesario autocontrol de cordura, provocándole el estallido de respuestas radicalizabas. Reconocía también que su carácter se había “degradado” en los últimos tiempos. “Le confieso, doña Alba, que choco con mis padres, con mi novia Irina, con mis amigos e incluso me enfado conmigo mismo”. Entienden que estoy pasando por un mal momento y me soportan y ayudan”. La señora lo escuchaba con maternal paciencia. 

Alba le explicó que ella había sido profesora de música y que había actuado durante largo tiempo como miembro de la Orquesta Filarmónica. Con una traviesa sonrisa le comentó que era una virtuosa del violín, instrumento que seguía tocando, aunque ya se había jubilado de sus obligaciones docentes y de actividad musical en la orquesta. Ahora su vida se caracterizaba por la tranquilad, disfrutando del importante valor del sosiego. Y que además gozaba mucho ayudando a los demás, cuando observaba necesidades a su alrededor, como había pasado esa mañana, ante la ventanilla del negociado de la vivienda. Hacía años que había enviudado. Ahora, con 68 años, vivía sola en una casa que había compartido con su difunto esposo, situada cerca de la playa, alejada del bullicio del centro de la ciudad. Cada día disfrutaba viendo el amanecer, en al alba como mi nombre y esos bellos atardeceres también cromáticos, anaranjados y románticos, cuando el día se va despidiendo, camino del anochecer. 

Su larga experiencia en la vida le había enseñado a relativizar (sin quitarles importancia) los problemas de cada día. Pensaba que salvo la salud, cuando el deterioro es grave, todo lo demás se puede ir afrontando con paciencia, voluntad e imaginación. Por supuesto que contando con el calor humano de esas personas que saben aportar también su cariño y sosiego. Me refiero a esas personas que sabes están siempre cerca, aunque esa cercanía no sea sólo física.

Alba y Pruden, esa nueva e inesperada amistad, compartieron sus números de teléfono y también las direcciones electrónicas de sus ordenadores. La buena señora le ofreció el entorno natural playero en donde residía, para que la visitase, acompañado “sería una alegría conocerla” de su novia Irina. Se despidieron con afecto, en lo que había sido un día alegre y esperanzado para el inexcusable valor de la amistad. 

HAN PASADO MESES Y DÍAS. La situación de Pruden ha mejorado, pues ahora afronta las dificultades con una mejor disposición y estrategia. Alba le sugirió que, dado el estado anímico en que se encontraba, lo más sensato sería ponerse en manos de un especialista en psicología, consejo que su joven amigo aceptó, buscando un mejor equilibrio en sus comportamientos y decisiones. Acude a consulta semanal, con esperanzadores resultados. Es una profesional de la psicología, Marian Laval, especializada en respuestas ante las dificultades cotidianas. La comunicación telefónica y mediante el correo electrónico también es frecuente con Alba, quien le ha animado la redacción de un pequeño diario, en el que refleje sus reflexiones con respecto a los aciertos y errores que sea consciente haber sido protagonista en la sucesión de los días. También acude a un gimnasio, afin de encauzar con acierto el potencial energético que generan sus ya 29 años.

Con frecuencia quincenal y acompañado de la maestra Irina, visita el domicilio de su gran “madrina”, como simpáticamente él la denomina. Fijan estas visitas los sábados por la tarde, compartiendo los tres una estupenda merienda (Alba es también una excelente repostera) y, lo que es más importante, densos y gratos minutos de conversación sobre las últimas vivencias de los contertulios. Pruden queda maravillado acerca de esa “angelical” amiga que ya se acerca a la barrera de las siete décadas y la serenidad de sus respuestas, narrando las adversidades y mejores logros en su culta existencia, con la música y los libros. Sobre todo destaca en su persona ese envidiable sosiego espiritual que transmite a su alrededor. Para poner un digno colofón a esos encuentros quincenales, el atardecer se ve enriquecido con una admirable sesión de violín, tocado por las manos expertas de Alba, quien sabe “arrancar” de esas cuerdas sonidos celestiales. 

“Amigo Prudencio, el gran secreto de esta paz espiritual que he logrado alcanzar deriva del saber convivir con las dificultades, compensando los malos momentos, que todos tenemos, con esas virtudes que nos engrandecen, haciéndonos mejores. Perder los nervios no lleva a ninguna parte, normalmente porque el problema que lo ha originado permanece. Hay que busca la mejor y serena solución, entre todas las opciones posibles. Y cuando uno no es capaz de salir de la ofuscación y el radicalismo expresivo, tener cerca a esa mano amiga, que tanto nos aporta. Te confieso que ayudándote también me ha dado fuerza espiritual y una gran tranquilidad del alma”.

Una mañana Pruden, que ya formaba familia con Irina y ejerciendo de técnico de mantenimiento en una prestigiosa cadena hotelera, recibió una terrible noticia. Alba se había “marchado” al reino celestial donde lucen las estrellas. Una ayudante de servicio la encontró, sumida en ese sueño infinito, sentada en su butaca preferida del salón de su hogar, con vistas al mar. Sobre su regazo reposaba el violín que con tanta perfección sabía tocar. 

Alba no tenía hijos. En su voluntad testamentaria legaba sus bienes materiales en tres partes: un tercio del valor lo recibía su hermana, del segundo matrimonio de su padre, que residía en el Pirineo catalán. Otra parte iba dirigida a una fundación asistencial para personas mayores, que sufrían abandono afectivo y económico. Y la última parte la recibiría su “ahijado” y querido Prudencio Bilardo, al que tanto dio y del que recibió el cariño, el respeto y la admiración, en la fase terminal de su vida.

Así finaliza esta bella historia acerca de personas inestables y sumidas en el descontrol, que una vez tuvieron la inmensa suerte de conocer y aprender multitud de valores, procedentes de su verdadero ángel guardián. 

 

 

UN GENEROSO

ÁNGEL GUARDIÁN

 

 

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

Viernes 02 mayo 2025

                                                                                                                                                                                     

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