jueves, 11 de noviembre de 2021

LA DIFICIL DECISIÓN DE MELANIA.

No resulta fácil conocer bien a las personas, a pesar de mantener con ellas una convivencia continua a lo largo de años. La causa básica de esta imposibilidad es porque la mayoría aplicamos bastante celo en ocultar nuestra privacidad, incluso con los familiares más allegados. Esa invisible barrera, con la que nos resguardamos y protegemos, dificulta o impide ese conocimiento profundo de los demás. Un popular dicho, comentado con frecuencia por las personas mayores, viene a decir lo siguiente: para conocer profundamente a una persona haría falta gastar un gran saco de sal, que contenga decenas de kilos, a lo largo de una muy extensa etapa en el tiempo. E incluso así ese conocimiento nunca sería perfecto, sino inevitablemente incompleto, parcelado o de contenido insustancial. ¿Cómo vas a conocer perfectamente a otros seres, si tenemos manifiesta incapacidad de hacerlo con nosotros mismos? Esta es la dura y cotidiana realidad con la que nos enfrentamos a diario en nuestra andadura vital.

Acerquémonos a un gran bloque de viviendas, habitado por familias de clase media y ubicado en la zona del barrio de la Victoria malagueño, camino del Seminario diocesano conciliar. En el piso 5ºB reside un matrimonio formado hace ya tres lustros y sin hijos. El marido de esta corta familia se llama Venancio Lazárraga, tiene 48 años y posee estudios de Ciencias Empresariales. También desde hace muchos años, trabaja como encargado del departamento contable en una empresa privada de transporte de viajeros, que opera en toda la región andaluza y que es muy prestigiosa en el sector. Su cónyuge Melania Aliaga , tras cursar los estudios del bachillerato, entró como empleada en una franquicia nacional para la venta de flores, ocupando en la actualidad el puesto de encargada en la filial malacitana. Su edad es nueve años menor que la de su esposo. La falta de proyección genética del matrimonio les ha llevado, en distintos momentos, a sopesar la posibilidad de acudir a algún centro de fecundación in vitro, aunque no acaban de dar ese paso para conseguir la ilusionada maternidad. En realidad, los ginecólogos nunca han cerrado la esperanza de que Melania pudiera quedar embarazada, aunque en todos estos años los resultados han resultado infructuosos.

La relación de ambos esposos es afectuosa y ejemplar, tanto a nivel interno como de la percepción social del vecindario. Trabajo, cine, algún viaje en fechas señaladas por el calendario, las horas de compras, tanto para la necesidad como para la distracción, visitas a las respectivas familias de vez en cuando… todo normal, todo rutinario en unas vidas en las que cada uno mantiene sus parcelas de privacidad para sus respectivas aficiones. El fútbol es la gran pasión de Venancio, mientras que las flores y la naturaleza, junto a la sosegada lectura, es lo que más atrae y distrae las horas libres de Melania, quien mantiene una importante amistad con su compañera de trabajo, Zuleima, cinco años más joven que ella y con dos hijas pequeñas, fruto de un matrimonio ya “acabado “desde antes que naciera la última hija. Ambas mujeres, amigas y compañeras en la tienda se confiesan sus intimidades, estableciendo grandes parcelas de confianza, para la ayuda recíproca. Cuando Melania se encuentra sola y su marido se ausenta, por motivos laborales o por su apasionada afición deportiva, las dos amigas acuerdan salir de merienda con las niñas e incluso asisten a alguna representación teatral o proyección cinematográfica.

Un domingo de noviembre, triste e infortunado día para el azar, Venancio volvía de tierras extremeñas, conduciendo su vehículo Wolkswagen. Esa tarde, su “equipo del alma” había jugado en Cáceres, disputando el partido de fútbol correspondiente a la liga en 2ª división. El tiempo había estado metido en lluvia, lo que provocó que en una curva, mal tomada, un tráiler derrapara, accidente derivado del barro acumulado en la calzada y alguna pérdida de aceite de alguna incidencia anterior. El voluminoso vehículo de carga invadió la calzada en dirección contraria, provocándose un luctuoso choque frontal con el coche conducido precisamente por el fiel seguidor malagueño, que no pudo superar las consecuencias del brusco impacto.

La inesperada y terrible viudez de Melania fue, como todas, muy dolorosa, tanto en lo anímico como en las repercusiones físicas para su organismo que, con el paso del tiempo y la ayuda de los galenos, se fueron reconduciendo. En esas primeras semanas de soledad sobrevenida, la compañía y el apoyo de Zuleima fueron decisivos, a fin de aportarle fuerza y ánimo para tratar de reiniciar y recomponer su nueva vida. Como buena y comprensiva amiga, la invitaba a su domicilio los fines de semana, para que disfrutara de la compañía de las niñas que con su vitalidad y dinamismo alegraban la conciencia de la desafortunada “tia Melania”. Salían de paseo al campo, quedándose en casa de su amiga a dormir todos los sábados y, haciendo un inteligente esfuerzo anímico, aceptó ayudarles para decorar la casa con vistas a la inminente Navidad, festividad que para esta mujer sola iba a ser especialmente difícil de sobrellevar. Aunque sus padres insistieron, ella siempre prefirió permanecer en su domicilio de la Victoria, aunque lógicamente visitaba a sus progenitores, ahora con una mayor frecuencia.

El miércoles 15 de diciembre, cuando volvió a su casa para el almuerzo, Melania recogió del buzón una carta remitida por el bufete de abogados Roca-Lavalla. Ya en su domicilio, abrió bastante intrigada el sobre, leyendo una breve comunicación por la que el abogado Edmundo Roca le rogaba acudiera a la sede del gabinete jurídico, acordando una cita previa a fin de poder atenderla. Sólo añadía que debía transmitirle un asunto de suma importancia, relaciona con su difunto esposo Venancio. Le estuvo dándole vueltas al asunto durante toda la tarde y por consejo de su compañera Zuleima concertó la cita previa para el día siguiente, jueves a las l8 horas, petición que fue admitida sin la mayor objeción.

Ese día abandonó la tienda de Mundiflora una hora antes de la cita concertada, con la tranquilidad de que Zuleima se encargaría de cualquier gestión que pudiera sobrevenir durante el resto de la tarde, hasta la hora del cierre del establecimiento. Puntual, a la hora fijada, se presentó en el despacho del bufete, ubicado en una tercera planta de la Alameda Principal, con espléndidas vistas en profundidad hacia Larios y la Plaza de la Constitución. El ambiente urbano, en esos días prenavideños, era verdaderamente espectacular, con una gran densidad en el trasiego de personas y vehículos y a poco con el encendido diario de la iluminación. Todo estaba “inundado” de luces, músicas y colores que alegraban los corazones de jóvenes, mayores y niños, por ser fechas tan señaladas y sentimentales en el calendario anual.

Fue atendida, con toda amabilidad, no exenta del ceremonial protocolo, por el abogado Edmundo, quien no quiso delegar en ningún subordinado la importante información que tenía que ofrecer a la persona que tenía encomendada.

“Sra. Aliaga. Ante todo, testimoniarle nuestro más sentido pésame, ante la muy dolorosa situación por la que está atravesando. No dude en que puede encontrar toda la ayuda y comprensión que necesite en este despacho, al que su marido era bastante asiduo, a fin de tratar asuntos relativos a la situación administrativa y contable de la institución para la que trabajaba. Tanto mi hermano Sandro, como yo mismo, conocíamos bien al cliente y amigo Venancio, una excelente persona y un magnífico profesional, siempre haciendo gala del mejor carácter y disponibilidad para cualquier gestión.

El motivo de esta inesperada y para Vd. sorprendente reunión deriva de una carta cerrada, visada por la notaria de un prestigioso profesional, que su marido nos entregó en confianza, con el encargo de entregársela a su destinataria, Vd. su propia mujer, siempre en el momento en que él no se encontrara con vida. El sobre, como puede comprobar, está cerrado y lacrado. Nosotros atendimos y le hicimos esta deferencia, sin carga económica alguna, por la intensa amistad que nos unía, aunque normalmente no llevamos a cabo este tipo de encargos.

Obviamente, el contenido del sobre es absolutamente desconocido para nosotros. Sólo Vd. Sra. Melania debe conocer su naturaleza y las palabras que en él se contengan, siempre que así lo desee. Pienso que debe conocer el texto correspondiente, que pertenece lógicamente a su privacidad. En todo caso, si necesita asesoramiento o ayuda psicológica, se la facilitaremos de forma totalmente gratuita. En este preciso momento, nosotros estamos cumpliendo la última voluntad de nuestro amigo D. Venancio Lazárraga”.

Melania, profundamente abrumada por la inesperada y desconcertante situación, evitó abrir la carta, porque sentía miedo, teñido de inquietud, acerca de cuál podría ser el contenido explícito de la misiva. Y así pasaron unos días, mientras el enigmático sobre permanecía cerrado encima de unos libros del aparador de su sala de estar.

El día de Nochebuena se desplazó a casa de sus padres, Salomón y Mariana, domicilio en el que también estuvieron unos parientes lejanos que se habían desplazado desde Gerona, su ciudad de residencia, para estar cerca de Melania en estas sentimentales y afectivas efemérides. Durante la sobremesa, se sintió con valor para comentarles a sus familiares la existencia de ese sobre, procedente de su marido, que conservaba en su domicilio. Ante la sorpresa de sus padres, les aclaró que no lo había abierto aún porque sentía miedo acerca de lo que Venancio pudiera transmitirle. Todos manifestaron respetar la voluntad de Melania, aunque aconsejaron que debía ser fuerte y conocer el contenido de la misiva.

Al día siguiente, Navidad, estaba invitada en el domicilio de Zuleima. Pasó unas horas excelentes, disfrutando con las ocurrencias de las niñas de su íntima amiga y tomando un delicioso almuerzo: platito de entremeses ibéricos, tacita de caldo con hierba buena, bacalao natural al horno, con rodajas de patatas, cebollitas, tomates, lonchas de lomo y una salsa de oliva, tomillo, romero e hinojo, verdaderamente exquisita. De postre unas deliciosas natillas caseras, calientes y mezcladas con bolitas caramelizadas de arándanos. Por supuesto, no faltó la gran bandeja de turrones, mazapanes, alfajores, mantecados y fruta endulzada. Melania tuvo el acierto de llevar unos regalos de Papa Nöel, para la alegría de las pequeñas y su mamá. Tanta fue la insistencia de Zuleima y sus hijas, que aceptó a quedarse a cenar y a dormir en casa de su amiga.   

El día de Año Nuevo, muy de mañana, Melania se sintió animada para dar un largo paseo hasta el morro de levante, a fin de disfrutar del día radiante de sol que la naturaleza ofrecía, recibiendo en el rostro la suave brisa salada del oleaje marítimo cuando rompía con los grandes bloques cementados de esa popular zona para el caminar. La noche de fin de año, la había pasado en casa de sus padres y tras las “doce uvas” había tomado la firme decisión de abrir el sobre enviado por su difunto marido. En este bello paraje marítimo, se sentía con fuerzas para conocer al fin el mensaje de Venancio, prefiriendo la acústica de las olas del mar a cualquier otra compañía. Tomó asiento en un de los malecones y sonriendo, por la fuerza espiritual que sentía, abrió el sobre lacrado que había recibido en el despacho de los Roque-Lavalla. Extrajo tres cuartillas manuscritas, con una inusual caligrafía (por su cuidado trazado aplicada al texto) pues quien firmaba, Venancio, solía escribir rápido y a modo de las recetas farmacéuticas.

 

“Mi muy querida MELI. Cuando leas estas sinceras palabras, yo no estaré a tu lado, porque el destino así lo ha decidido. Te confieso que no he tenido el valor suficiente para transmitirte su contenido, mirando serenamente a tus lindos ojos, aunque numerosas veces he pensado hacerlo. Pero una y otra vez consideraba que era mejor que en esta parte de mi vida permanecieras ajena, a fin de evitarte un sufrimiento que consideraba inútil y doloroso. Bien sabes que siempre he sido sincero contigo, salvo en esta fase de mi vida que a continuación vas a conocer.

He tenido cualidades y defectos, como ocurre en todas las personas. Momentos y decisiones afortunadas y otras en las que me he equivocado y que no son fáciles de borrar. Recordarás que hace unos años tuve aquel muy doloroso esguince de rodilla, cuando practicaba los paseos del fin de semana con la bicicleta. En esos días  (e incluso muchas semanas) apenas podía caminar y por consejos del traumatólogo tuve que aplicar horas y horas de rehabilitación, pues la opción  de la intervención quirúrgica consideraban no era conveniente por sufrir una degeneración articular, salvo que me decidiera por una prótesis, aunque tampoco me daban garantías de total eficacia. En esas numerosas horas de cuidados y ejercicios para la rehabilitación tuve una gran ayuda aplicada por sabias manos y un gran corazón. Fueron, para mi, momentos especialmente duros, en los que tu estabas básicamente ausente, muy ocupada en la nueva instalación del centro floral “El jardín de las hadas”. Estas situaciones suceden, porque los humanos somos así. Me entregué al calor de la amistad y la intimidad de una buena persona, mi fisioterapeuta, mujer que había tenido una muy amarga experiencia con una relación personal que deparó en maltrato y humillaciones, tanto físicas como anímicas. Nuestra secreta relación fue intensa, sincera y llena de cariño recíproco para nuestra ansiada necesidad.

Después de un año y unos meses, tomamos la valiente y generosa decisión de dejarlo, especialmente por mi parte, ya que no quería perderte y la situación se hacía insostenible para mantener nuestro secreto vínculo. Unos meses después de hacerlo, supe que Clamia había sido madre de una preciosa niña, a la que su madre había bautizado con el nombre de Estrella. Cuando escribo estas líneas, la pequeña que lleva mi sangre ha cumplido los tres años. La he visitado periódicamente y me he esforzado para que nada le falte, aunque Clamia nunca me ha pedido compensación material o afectiva alguna.  

Y ahora viene lo más fácil y difícil al tiempo. En primer lugar, quiero pedirte perdón por no haber sido, en esta importante parte de mi vida, valiente y sincero contigo. Te reitero que no tuve el valor suficiente para hacerlo. También he de confesar que amé a Clamia, pero nunca dejé de amarte a ti. De hecho, quise y supe volver a tu persona, aunque nunca abandoné a la que era mi única hija. Te rogaría, te pediría, que tuvieras ese humano acto de generosidad y trataras de conocer a Estrella. Sería como conocer una parte de mi vida, en la definitiva ausencia que ahora he de afrontar. No te puedo pedir que la quieras, pero sí que la ayudes. Es un ser inocente que puede tener alguna necesidad. Tengo constancia de que ha sido muy bien cuidada y educada por su madre, que siempre la ha considerado como el más preciado tesoro que la vida le ha querido conceder. Añado, al final de este largo texto, sus datos, aunque sé que posees la habilidad e inteligencia suficiente para llegar a ella con la mayor discreción y tacto.

Por último, decirte que, sea cual sea tu decisión, desde el más allá siempre la entenderé y la aceptaré. Nunca he dejado de valorar en tu persona la inmensidad afectiva de tu corazón. Desde donde quiera que esté, te observaré con inmenso aprecio y amor. Trataré de velar por ti.

Con todo mi cálido cariño y respeto. VENO”.


La aturdida y sorprendida Melania volvió a releer una vez más, con irrefrenables temblores en su cuerpo, las cuartillas manuscritas por su esposo. Eran unas importantes, duras y expresivas líneas que ampliaban decisivamente su experiencia vital. Después quedó como inmóvil y apenas pudo ser consciente de que por sus mejillas corrían algunas lágrimas, camino del sentimiento y el raciocinio del amor. En su confusión lo único que vislumbraba, con el equilibrio de la sensatez y el impulso de su dolorido corazón, es que deseaba dejar pasar algún tiempo para asimilar esa parte de su vida que, hasta esa mañana del 1 de enero, había permanecido absolutamente desconocida para ella.

Sólo el tiempo, en su avance inexorable, podría calmar y reconducir ese desasosiego herido en su frágil equilibrio emocional. Y tal vez… el paso de las noches y los días contribuiría a dinamizar la generosidad y bondad que todos atesoramos en nuestros corazones, para dar ese gran paso, valiente y pleno de humanidad, para conocer y ayudar a una niña inocente que vino a la vida por un acto de amor y necesidad. -


LA DIFÍCIL DECISIÓN DE

MELANIA

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

12 noviembre 2021

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