viernes, 6 de agosto de 2021

SUEÑOS INESTABLES, EN LA PROFUNDIDAD DE LAS NOCHES.

Desde siempre, había dado la imagen de una persona un tanto rara o complicada. Único hijo de una modesta familia, Poli (Apolinar Carvada) rechazó los repetidos intentos que había realizado su padre, por enseñarle el oficio que permitía “dar de comer” a esta corta familia. El trabajo que con la hábil destreza llevaba a cabo Armenio, arreglando zapatos en un pequeño portal frente al bloque de pisos donde residía, era muy apreciado por todos los convecinos. Pero su hijo en modo alguno quería continuar la estela laboral de un padre laborioso, aunque un tanto “mujeriego” comportamiento que estaba en la boca de unos y otros convecinos y que provocaba fuertes trifulcas con Aúrea, su paciente mujer.

Lo que más gustaba a este niño, poco dado a integrarse en las numerosas pandillas del barrio, era la práctica de la lectura. Las horas que pesaba en la biblioteca pública, dirigida por la Sra. Engracia, leyendo tebeos, revistas y los libros permitidos por su edad, eran los momentos más gratos que disfrutaba este pequeño o adolescente, escasamente abierto a la sociabilidad callejera. Sus calificaciones escolares no eran sin embargo brillantes, aunque en las materias humanísticas los resultados eran mejores con respecto a las asignaturas consideradas de naturaleza técnica o matemática. En algún momento, el rudo zapatero llegó a hablar con don Evelio, el cura parroquial, por si éste veía a su chico con posibilidad de vestir sotana y llevar coronilla. Pero el orondo sacerdote le explicaba que a un chico “tan raro” no lo vería metido en la clerecía. Después de terminar la primaria, se bloqueó con los números y las ciencias del bachillerato, por lo que fue probando diversos aprendizajes, pero en ninguno de los mismos lograba echar raíces. Ni a él le “llenaban” los oficios que iba recorriendo, ni sus jefes se sentían tampoco a gusto con una persona que solía darle muchas vueltas a todo lo que barruntaba en su complicada cabeza. 

En cuanto al trato con las chicas, fue Dorilla, la hija de Doroteo y Dorotea, artesanos que regían una pequeña panadería y confitería, denominada El Dorado, la única a quien le hacía gracia los aires del saber que se daba este desgarbado y flacucho compañero de edad. La muy bien dotada, en humanidad física, hija de los panaderos del lugar, se esforzaba en servir a Poli cuando este iba a comprar el “civil” o la “telera” de pan, en cada una de las mañanas, pues así podía echar un ratito de conversación con el “talento” del barrio. Se hicieron pareja y cuando paseaban por la Alameda del Tajo o por el Paseo de los Ingleses, él le iba explicando sus teorías, mientras que ella, movía afirmativamente la cabeza sin entender apenas nada, aunque seguía consumiendo con gozo irrefrenable del “papelito de dulces” que se había traído del obrador familiar.

Como la pareja quería formalizar su relación y pasar por el altar ceremonial, Doroteo y Armenio se reunieron una tarde en la cafetería El Bandolero, a fin de acordar las condiciones que permitieran la unión de los dos “chiquillos” engatusados por el amor. Tras beberse dos jarras de clarete, decidieron que el “polluelo” no tenía lo “suficiente” para meterse en el obrador de los panes y los pasteles, así que el confitero comenzó a mover los hilos de los amigos y conocidos, tratando de encontrar un puesto de trabajo para el joven filósofo, a quien llamaba realmente el “Filomeno”. Tras muchos movimientos, la notaría de don Gumersindo aceptó, para compensar viejos favores, que el chico pasara a formar parte de la plantilla, como auxiliar administrativo, De esta forma, la boda entre Poli y Dorilla podría celebrarse, sin que las malas lenguas del pueblo pudieran difundir la bilis correspondiente de que el niño del zapatero había dado un buen “braguetazo” en casa del repostero.

Tras la espectacular celebración de los esponsales, en la finca El Trabuco, la convivencia entre los enamorados esposos inició un recorrido en el que pronto surgieron las previsibles averías. Poli cada vez estaba más delgado, pues sufría una situación de forzada teatralización: el no era el marido adecuado para sentirse feliz con una cónyuge que compensaba las desventuras del desamor con una ingesta de pasteles que aumentaban sin cesar los gramos de un organismo cada vez más obeso y grasiento. Esta compleja situación comenzó a provocar también en Poli alteraciones psicosomáticas: además de su profunda delgadez, la alteración en los ritmos y los ciclos del sueño era cada vez más preocupante. Con racional sensatez, Poli comenzó a poner en práctica diversos métodos paliativos para enfrentarse al profundo insomnio que padecía. Pero los resultados que obtenía, con la toma de diversas pastillas y otros preparados farmacéuticos y de herboristerías, no eran especialmente significativos. Además, temía caer en la vorágine de la dependencia o de la adicción.

Como los incómodos desvelos continuaban y el insomnio le hacia ir a la notaría un tanto adormilado para su trabajo, decidió seguir el consejo de su suegro Doroteo y acudir a un especialista que aquél pagaría. El doctor Serafín Cantalapiedra, prestigioso facultativo en psicología y psiquiatría, tras escucharle pacientemente, le prescribió unos tranquilizantes y le dio el siguiente consejo:

“Cuando se despierte, procure controlar la ansiedad. Levántese de la cama y cambie de habitación. Puede beber agua o medio vaso de leche, zumo o soja. Siéntese ante la mesa y en una libreta escriba alguna corta historia que se le ocurra, a modo de cuento o simple narración. Dedique a la narración, inventada o recordada, unos quince o veinte minutos. Tras el ejercicio caligráfico y creativo, vuelva al lecho, cierre los ojos y piense serenamente en el contenido de esas breves líneas que acaba de escribir. Pronto volverá a caer dormido, gozando de un sueño placentero. Se lo puedo asegurar”.

Así lo hacía cada una de las noches (numerosas durante la semana) en que se despertaba y los resultados eran óptimos para sus deseos. Sin embargo y para su sorpresa, cuando se levantaba por las mañanas y repasaba el breve relato que había escrito durante la noche en el ordenador, comprobaba, profundamente asombrado que, en la mayoría de los casos, el final de esas cortas historias que escribía en las madrugadas estaba rectificado, con respecto a como las recordaba en su memoria. Sus relatos solían acabar “mal” con lamentos y desesperanzas. Pero cuando las volvía a leer en la pantalla, por las mañanas, finalizaban de una manera más esperanzadora, positiva y alegre, respecto a su redacción inicial.

Se sentía confuso ante esta curiosa y extraña realidad. Entonces volvió de nuevo a la consulta del galeno, a fin de contarle estos hechos que le preocupaban bastante, dado su carácter obsesivo para todo lo relacionado con la mente. El profesional médico comenzó a estudiar su caso. Mantenían sesiones de terapia individual, una vez a la semana. Incluso este estudioso doctor del cerebro aplicó en esas sesiones con su paciente fases de hipnosis y procesos de inmersión psicoanalítica. Tras un período de cinco semanas (a 160 € cada consulta) el especialista neurológico explicó a su interesado paciente el origen y las causas de esas distorsiones y cambios, con respecto a lo que Poli recordaba haber escrito cuando se despertaba y levantaba de madrugada.

“Durante su infancia y adolescencia, Sr, Carvada, hijo único de una supuesta “estable familia” tuvo momentos, especialmente durante las noches, de intenso sufrimiento, cuando sus padres discutían y se enfrentaban con violencia verbal e incluso física. Lo hacían “disimuladamente” cuando suponían o entendían que su hijo no los escuchaba, porque dormitaba plácidamente. Pero ese no era el caso. Estaban sumidos en un craso error. Su niño se despertaba, mientras a sus oídos llegaban las duras palabras y reproches que se cruzaban sus padres, muy duros enfrentamientos por la pertinaz infidelidad de Armenio, su padre, con humillantes y continuados líos de faldas para doña Áurea, su madre. Esas violentas disputas eran protagonizadas por un matrimonio en el que no anidaba el amor, la comprensión y, por supuesto, la responsabilidad. El niño, Vd. mismo, metía la cabeza debajo de la almohada, tratando de huir de una realidad que le angustiaba y le hacía temblar, pero que pensaba sólo ocurría en los sueños, Durante las horas del día,  sus padres escenificaban una cordialidad que no era tal, sino puramente aparencial, disimulando el desprecio y el profundo rencor que los embargaba en su muy inestable relación conyugal”.

Poli escuchaba con atención, asombro y respeto, el completo análisis que el análisis estaba realizando, acerca de la compleja situación que le abrumaba y que le hacía infeliz, sin encontrar en su compañera ese difícil apoyo que él necesitaba.

“Han pasado los años y aquellas vivencias del desamor conyugal, que tanto le hacían sufrir, no ha logrado integrarlas y superarlas. Cuando se despierta por las noches y escribe (he leído muchos de esos cortos relatos) en la mayoría de los casos las historias acaban mal. Tengo un programa que recupera los escritos iniciales, antes de ser rectificados. Pero amigo Poli, Vd. sufre procesos de comportamiento onírico, o diciéndolo con otras palabras, para la comprensión coloquial, de sonambulismo. Vuelve realmente a la cama, pero se levanta de nuevo, sin ser consciente de ese comportamiento que protagoniza y lo hace “viviendo” otra forma de ser, para rectificar los escritos, aportándoles un final feliz o al menos más sabiamente esperanzador. Ese escrito modificado es el que Vd lee por las mañanas, sin ser consciente del proceso onírico que ha sufrido. Hay en su persona dos personalidades contrapuestas: aquella que conscientemente ve y padece el pesimismo y dolor, derivado de una realidad que arrastra desde hace muchos años, y aquella otra que actúa durante el estado de sonambulismo onírico, que trata de cambiar ese mundo sufriente que le infiere o provoca un profundo dolor. Algo parecido a lo que hacía durante su infancia, cuando ocultaba su cabeza debajo de la mullida almohada”.

Con tan puntual explicación, Poli se mostró dispuesto a continuar con las terapias, las medicinas y los consejos del tan afamado especialista.

Es bien conocido que los problemas que se han sufrido durante la infancia, incluso también en la etapa evolutiva de la adolescencia, y que no han sido bien resueltos en la estructura cognitiva de la persona, permanecen aletargados, agazapados, atrincherados en nuestra mente, pudiendo recuperar protagonismo en el momento menos pensado de la evolución psico/física de quien los ha padecido. El hijo del zapatero, a sus veintinueve años, seguía siendo una víctima psicológica de un padre trabajador, pero primario, desleal y visceral en sus instintos sexuales, de una madre sometida e irresoluta, que no supo o pudo adoptar posturas de autoafirmación personal, frente a las continuas humillaciones que le deparaba el comportamiento de violencia de género de un marido denunciable, tanto por su irresponsabilidad familiar, como por su egocentrismo en la acción. En este complicado contexto, el matrimonio con la hija de los reposteros no había solucionado o superado el problema. Dori, la bulímica consumidora de pasteles, seguía viendo en su introvertido y cerebral esposo a una persona de gran cultura y profundo indescifrable pensamiento, que trabajaba (aunque fuese de auxiliar administrativo) en el despacho del Sr. notario, don Gumersindo, siendo incapaz de despertarse y ayudarle cuando Poli entraba en delirios oníricos durante las madrugadas. Era necesario dar un golpe de timón, que enderezara una ruta mal iniciada, erróneamente mantenida y obtusamente clarificadora y superadora de problemas pretéritos, profundamente anclados en la lejanía de los tiempos.

Algo se solucionó, al paso de las hojas del calendario, aplicándose entre todas estas personas la mejor voluntad, una buena dosis de energía, una dirección médica solvente y una inexcusable buena dosis de paciencia y sensatez.

La dirección médica del Dr. Cantalapiedra sobre Apolinar Carvada continuó, a ritmo semanal y con una mínima rebaja en la consulta (ahora serían 150 €). La medicación, los doctos consejos y la receptividad en su cumplimiento por parte de Poli fueron mejorando la estructura descompensada de una mente gravemente distorsionada. El zapatero Armenio ya no vive con Aúrea. Pasa a ésta una pensión mensual, mientras que él sigue buscando acomodo en esas “flores· refulgentes que busca por doquier, antes que el cansancio marchito de su trato le aconseje la variedad de una nueva experiencia que supere la rutina y la pérdida de vigor relacional. Poli ha dejado sus quehaceres administrativos en la notaría. Se ha avenido a ser enseñando por Doroteo en las artes de la harina, el azúcar, los huevos y los demás componentes de las recetas pasteleras, actividad no sólo suculenta, sino también facilitadora de la mejor creatividad en el arte de la confitura. Una forma muy honrada y lucrativa para ganarse la vida. Sabe que el negocio pastelero de El Dorado, más pronto que tarde, pasará notarialmente a ser una propiedad compartida de gananciales, que el mantendrá con Dori. En cuanto a esta joven y rolliza esposa, se ha puesto bajo la dirección médica de una clínica dietética, que poco a poco va consiguiendo no sólo reducir el sobrepeso de esta paciente, sino también reconducir con acierto la estructura metabólica de su desordenada estructura orgánica. Ella sigue admirando a su “filósofo” esposo, mientras que éste entiende, con sensatez y responsabilidad, que la permanencia junto a Dori es, por ahora, la mejor solución para todas las partes. Los aires de sosiego y esperanza templan las velas direccionales de todas estas vidas. -

  

SUEÑOS INESTABLES, EN LA PROFUNDIDAD DE LAS NOCHES

 

 

José Luis Casado Toro

 Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

06 agosto 2021

 

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Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/

 
 

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