viernes, 13 de agosto de 2021

UN ESTUDIOSO PROFESIONAL DE LA FONTANERÍA.


El muy completo en datos informativos reloj digital, que reposaba en el gran aparador lateral ubicado en la sala de estar del domicilio, propiedad de los Valenzuela, marcaba con exactitud las 16:35 horas. Los propietarios del bien acomodado inmueble se sentían atrapados por de la tensión emocional que dominaba, aquella tarde de julio, la cálida atmósfera de la vivienda. Tanto don Calixto, funcionario del Registro de la Propiedad con sede en Málaga, como su esposa doña Eufemia, que se ocupa de las tareas del hogar, se hallaban gozosamente nerviosos porque a partir de las cuatro y media de un “aterralado” viernes de julio, con temperaturas que superaban los treinta grados a la sombra, tenía anunciada su visita un profesional de la fontanería, intensa y repetidamente buscado. Esta familia soportaba, desde hacía semanas, el goteo incesante y la pérdida de agua de las dos cisternas instaladas en los cuartos de baño, que además molestaban, con la percusión de su hídrica acústica, el sueño y el descanso descompensado de la vecina del piso inferior, 6º C, doña Cándida, señora de avanzada edad y fuerte carácter, quien ya había protestado en numerosas ocasiones a los propietarios del 7º C.

La búsqueda del fontanero no había sido fácil, sino todo lo contrario. Los profesionales recomendados. tanto por el conserje de los tres bloques vinculados, como por los vecinos y amigos, no se encontraban disponibles, por el “abundante” trabajo pendiente que tenían anotado en sus agendas. Cuando los Valenzuela llamaban a los teléfonos citados en las páginas amarillas o buscaban en Internet, las respuestas eran de lo más variopintas, ante la demanda de trabajo: “Perdone, pero hasta septiembre, tenemos la agenda completa” “Sólo hacemos reparaciones. e instalaciones de cierta envergadura. Para la avería que nos comenta, relativa a cisternas o grifos, deben llamar a otros profesionales” “El coste de desplazamiento estará en función de la distancia al taller. Cada kilómetro recorrido supone 15 €. Obviamente, tendrán que abonar también el trayecto de vuelta” “El mínimo laboral que cobramos es una hora de trabajo, 60 € más IVA, aparte coste de materiales y desplazamiento” “Hay que pagar un plus por fin de semana, por el trabajo realizado fuera del horario laboral y también si el servicio se presta en época estival” “El presupuesto de reparación, una vez visionado el problema o la avería, hay que abonarlo, se acepte o no el trabajo. Su coste son 35 €” Por supuesto, en una época dominada por la telemática, la mayoría de las respuestas eran realizadas por el contestador automático de la empresa. 

Al fin, los componentes de esta familia tuvieron más suerte, cuando telefonearon a Servicios LA ADIVINANZA, cuya información localizaron en una detallada página Web. En este caso la llamada fue atendida positivamente, concediéndoles fecha para la realización del trabajo, con un par de semanas de dilación. Le aclararon que podían prestar un servicio de urgencia, que conllevaba un gravamen de 45 € por hora de trabajo, coste que habría que sumar al precio de la factura. Aceptaron esos días de demora y ya, en este viernes de julio, esperaban “ansiosos” la llegada del profesional.

Serían las 17:15 cuando desde la terraza del inmueble vieron aparcar en la plazoleta frontal al edificio una furgoneta Peugeot, que llevaba grabado en su fuselaje el llamativo rótulo de Servicios la Adivinanza. Del vehículo bajó un apuesto joven, vestido con el uniforme de trabajo también rotulado con el mismo distintivo del servicio que lucía la chapa del coche. En pocos minutos sonaba el timbre de la puerta 7º C, Sres de Valenzuela Quincalla. El profesional se presentó como Afranio, saludando con manifiesta y cuidada cortesía a los propietarios del inmueble. Los rostros de don Calixto y doña Eufemia difícilmente podían disimular la felicidad que los embargaba ¡Albricias, hemos conseguido un fontanero! Resulta increíble. ¡Suerte la nuestra! Ahora tenemos en casa a ese solicitado profesional, tan difícil de conseguir y tan largamente esperado, en estos tiempos que vivimos, con tan elevados niveles de paro en cualquier puesto de trabajo. El “halagado” fontanero llegaba con 45 minutos de retraso, pero la tardanza no empañaba la dicha de su muy grata presencia.

Afranio de inmediato preguntó por la ubicación de las cisternas averiadas. Tras abrirlas y tomar unas fotos, comentó con el rostro visiblemente preocupado en su teatralización:” Señores, hay que sustituir ambos mecanismos del interior. Me desplazaré para comprarlos a un almacén especializado para todo material de fontanería. Entiendan que este tiempo será computado para el cálculo de horas trabajadas (al contratar el servicio, Calixto había aceptado el precio de la hora tarifada: 60 € + IVA). El fontanero no volvió hasta las 18:35, justificando que al ser un viernes de julio, muchos almacenes no abrían en el horario de tarde e incluso reducían el personal para la atención al cliente. De ahí su espera y tardanza subsiguiente. La reparación de ambos elementos en los cuartos del baño le llevó unos 45 minutos, dejándolos en un perfecto estado de funcionamiento. El calor ambiental apretaba, en aquella “sofocante” tarde veraniega. Calixto le explicó que sólo ponían al aire acondicionado en determinados momentos, pues su mujer padecía de faringitis crónica y temía provocarle un fuerte catarro.

Sin embargo, Eufemia, todo solícita, preparó una gran cafetera de Nescafé frío, con hielo, para que el buen profesional refrescara su cuerpo. En el contexto de la conversación que mantuvieron, Afranio aclaró ser un gran bebedor de la aromática y estimulante infusión. Todos eran elogios para el profesional que se sentía lógicamente halagado por su eficaz trabajo. Calixto destacaba la destreza y pericia aplicada a esa artesana labor, que posibilitaba el buen funcionamiento y necesaria limpieza de los inodoros. “¿Dónde has aprendido a ejercer tan bien el oficio? Esa amable receptividad de los clientes movió al joven fontanero, que era un tanto dicharachero por naturaleza, a comentar algunos aspectos de su vida. El matrimonio percibió, desde el primer momento de su llegada, que el trabajador era persona que, además de ser diestra en su especialidad, usaba un vocabulario y formas expresivas muy cuidadas. No parecía ser un operario “normal” sino que en su vida alguna circunstancia le había obligado o aconsejado desempeñar ese puesto, útil y necesario, de reparar o instalar elementos en los cuartos de baños o en las cocinas.

Efectivamente, Afranio había estudiado durante toda su etapa escolar” hasta llegar incluso a la universidad. Había finalizado y obtenido, con 24 años, el grado de Psicología industrial. Sin embargo, este joven, como tantos otros, tuvo que “bregar” con una época muy difícil de recesión o contracción económica que dificultó e impidió su fácil acomodo laboral, en la materia o actividad para la que se había preparado. No pudo o supo encontrar un trabajo, vinculado con la titulación académica que poseía.

Para colmo de las dificultades, su novia “de siempre” Irina, se quedó embarazada, en una situación muy complicada en lo económico, a la hora de formar una familia. En ese contexto, el padre de la chica, Adalberto, que era perito de una compañía de seguros, habló con el abrumado compañero de su hija y le conminó a encontrar unas pronta e inteligente solución. Afranio aceptó matricularse en un curso acelerado de fontanería, una destreza manual para la que desde adolescente había manifestado interés. Un tío carnal, Amaro, había trabajado durante muchos años en esa actividad. Con indudable tesón, pudo obtener en tres meses una titulación de auxiliar de fontanería. En verdad, desde pequeño, este psicólogo había mostrado habilidad y gusto por hacer esos arreglos caseros, que resultan verdaderamente útiles en cualquier familia.

Así que de “quitarse el hambre a guantazos” se puso de acuerdo con otro compañero de curso, para fundar (con la ayuda de su suegro Adalberto) una pequeña empresa de autónomos, en un local o almacén de unos 8,5 m2 que les cedió precisamente el tío Amaro. Fue el origen de la entidad La Adivinanza. En apenas un año de funcionamiento, hay meses que facturan entre los cuatro y seis mil euros, con el intenso trabajo que los dos asociados realizan. Afranio se siente feliz con el trabajo que lleva a cabo y lo importante es que puede mantener a la familia que forma, con Irina y la hija de ambos, Clamia. Incluso está ahorrando para comprarse una parcela, en la zona del Camino de Antequera/Puerto de la Torre, en la zona norte de la capital, pues quiere construirse una casita individual, como proyecto ilusionado para su vida. Reconoce que los estudios de psicología fueron interesantes y que algún día tal vez podrá echar mano de ellos, si las circunstancias cambiasen, pero que se siente feliz con lo que hace, trabajo que le reporta esos beneficios económicos que hacen posible afrontar los gastos de cada día.

El desglose de la factura que Afranio presentó a la agradecida familia Valenzuela fue el siguiente:

Dos horas de trabajo, a 60 euros la hora tarifada, 120 €. Materiales 35 €. Desplazamiento 40 €. Todo ello sumaba un global de 195 €. A ese precio base, había que sumar el 21 % de IVA que era 40,95 €. Total a pagar: 235,95 € cantidad que don Calixto abonó en mano, sin el menor reparo. Pidió al fontanero que le facilitara alguna tarjeta comercial, a fin de recomendar el buen servicio entre los vecinos que le preguntasen, ya que era “comidilla” habitual en los encuentros de ascensor o reuniones de comunidad, la dificultad de localizar a un experto fontanero que repase los frecuentes problemas que surgen en las cocinas y sanitarios de las viviendas o en las instalaciones del propio edificio.

Antes de abandonar la vivienda 7º C, donde había prestado el servicio de fontanería, recibió de doña Eufemia un nuevo presente: le entregó en una bolsa de papel seis empanadillas de canela, con crema de frambuesas y piñones tostados, apetitoso manjar que la señora confitaba, ya que gustaba emplear mucho de su tiempo en la repostería y guisos de la cocina. “Para que los disfruten en el postre de esta noche. Seguro que le habrán de gustar. Calixto es muy goloso y se siente feliz cuando le preparo nuevas golosinas. Si su señora quiere conocer la receta de las empanadillas (yo las llamo de Santa Clara, pues me la facilitó la hermana cocinera de un convento de monjas Clarisas) no dude en preguntármela, que yo le explicaré la elaboración, que resulta bastante fácil”. Tras las gracias y los recíprocos buenos deseos, el profesional se dirigió hacia su furgoneta a fin de emprender el camino de casa. Faltaban unos minutos para que las manecillas del reloj marcasen las 20 horas. El sol aún alumbraba el discurrir de los peatones y las prisas de los vehículos, con sus cálidos, pero ya tibios y anaranjados, reflejos.


Esta real y descriptiva historia posee varios e interesantes elementos para la reflexión. En primer lugar, el error que muchos jóvenes y sus propios padres cometen con la obsesión universitaria. Es obvio que cada persona debe ser libre para optar por una u otra vía académica. Pero esta decisión ha de hacerse con sensatez, racionalidad y prudencia. No todos los estudiantes de bachillerato poseen la capacidad, e incluso la vocación necesaria, para cursar determinadas “carreras” o títulos en la universidad. Además, hay que el tener muy en cuenta que un grado o licenciatura específica no garantiza el poder aplicar dicha titulación y conocimientos para la obtención de un puesto de trabajo en la especialidad. Hay personas que sufren una situación de paro o desempleo, contando con un rico currículo en el que incluso hay más de una titulación universitaria. Hay que medir muy bien el complicado y difícil tema de las salidas profesionales, para rentabilizar determinadas carreras con el desempeño de un puesto laboral.

En otro orden, hay que analizar la obsesión de muchos padres, empeñados en forzar la voluntad de sus hijos para que estos cursen un determinado itinerario académico en la universidad, cuando éstos carecen de voluntad, capacidad o vocación, para estudiar esa materia que “han elegido” precisamente sus progenitores.

El caso de Afranio era de “manual”. Psicólogo que sufre el paso de los años sin encontrar un puesto de trabajo en su especialidad. Problemas familiares y su propio interés e inteligencia para encontrar una salida rápida, en tiempos de dificultad económica, le llevó a prepararse, de una forma acelerada, pero con el incentivo de la necesidad, en un experto fontanero, contando con el poderoso incentivo de su tradicional destreza para las manualidades en el hogar. Ese trabajo, realizado como autónomo, le estaba proporcionando interesantes y esperanzadores beneficios económicos, para el sostenimiento de su familia. Puede ser un tanto forzado pasar de la psicología a la fontanería, pero él se sentía a gusto con esta modalidad laboral y su mujer e hija pequeña gozaban de la seguridad de contar un buen sueldo mensual, proporcionado por su esfuerzo y dedicación.

La otra y peculiar imagen está representada por la actual dificultad que tienen muchas familias para encontrar profesionales adecuados, que les resuelvan sus problemas cotidianos de reparaciones en su hogar de residencia. Ya sea la fontanería, como es el caso narrado en el relato, la electricidad, la pintura o la carpintería. Son servicios artesanales para los que hay una fuerte demanda vecinal, a pesar del costo que hay que abonar por la visita de estos muy solicitados profesionales. Pero aquellos que quieren trabajar y responden con responsabilidad y buenos resultados a la tarea encomendada, tienen llamadas a diario. Y las facturas que presentan, una vez finalizada la reparación, no son “simbólicas” sino de muchos euros, por presupuesto, desplazamiento, mano de obra, además del IVA, aunque también muchos aceptan y ofrecen el “dinero negro” por el servicio. En cuanto a la garantía, por el trabajo realizado, en último término depende de la voluntad que aplique el profesional correspondiente. No han estudiado una carrera universitaria, pero su localización y disponibilidad es considerada por las familias como una gran suerte, para la fortuna y el sosiego, sin reparar en los gastos que el servicio conlleve. Mientras tanto, los centros universitarios siguen graduando, año tras año, a miles de titulados con un futuro laboral más que incierto. -

 

 

UN ESTUDIOSO PROFESIONAL DE LA FONTANERÍA

 

 

José L. Casado Toro

Antiguo Profesor del I.E.S. Ntra. Sra. de la Victoria. Málaga

13 agosto 2021

Dirección electrónica: jlcasadot@yahoo.es           

Blog personal: http://www.jlcasadot.blogspot.com/

 




 

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