La estación otoñal continúa su contrastado y
puntual caminar influyendo, de una u otra forma, sobre nuestras peculiares y aventureras
vidas. En lo meteorológico, aquí en el sur peninsular, alternamos los días de lluvia e incómoda ventisca con otras jornadas soleadas y de placidez térmica que ayudan a
templar nuestros bien necesitados organismos. Y en el ropaje social de la
ciudad, aparecen ya colocadas y al servicio del sentimiento navideño y la vorágine
consumista, miles de bombillas de todos los
colores (con la tecnología led) que ponen esa nota de alegría y entusiasmo en
el tono de nuestro espíritu, ante la proximidad de las fiestas de Navidad. No olvidemos
tampoco la presencia, siempre fiel por estas fechas, de esos entrañables y
simpáticos pequeños puestecitos y tenderetes,
con abundante mercancía de motivación específicamente navideña, complementados
con otros puntos de venta en los que se oferta una variada, atractiva, laboriosa
y muy útil artesanía, especialmente pensada para todos esos regalos que generan
sonrisas y los mejores recuerdos y afectos repartidos entre familiares, amigos
y conocidos.
Muchos son los que pensamos que los más apetitosos dulces navideños son aquellos que se consumen,
precisamente, muchas semanas antes de las entrañables efemérides de Nochebuena,
Navidad y fin de Año. Y es cierto, pues para cuando llegan esas emblemáticas
fechas, nuestros organismos están ya bien saturados de mazapanes, turrones y
mantecados, cuya venta ha estado disponible en tiendas, supermercados y grandes
área comerciales desde finales de septiembre. Como en tantos otros factores de
nuestras costumbres, el dulce de Navidad también va asumiendo esa
deslocalización temporal, lo que provoca que, al llegar la fecha más propicia
para su consumo, nuestro organismo ya no los reciba con la alegría de antaño,
en que su fijación temporal estaba más concentrada y sincronizada con los
eventos festivos de diciembre.
Esa desubicación temporal afecta también al siempre
esperado sorteo del 22 de diciembre, con la
lotería del “Gordo de Navidad”. Apenas ya nos extraña que los décimos de este
insustituible sorteo comiencen a venderse en el térmico y veraniego mes de
agosto. Aunque la mayoría de los participantes se tengan que conformar con
algún “reintegro” “pedrea” o la complaciente frase de ”el mejor premio es la
buena salud” siempre es divertido el “monótono” sonsonete y retahíla de las
voces infantiles protagonizadas por los alumnos de San Ildefonso, cantando los
números y los premios insertos en las miles de bolas dispuestas para la
fortuna. Todo el año está densificado de variados y cada vez más consolidados
sorteos y apuestas benefactoras, tanto para las numerosas entidades sociales
necesitadas, como también para esa gran otra olla reguladora de inversiones,
pagos y pensiones que es la Hacienda pública estatal. Sin embargo, el lúdico y
nacional sorteo del 22 de diciembre siempre mantendrá ese sabor y tono especial
a todo el ayer y al pasado de nuestras infancias y adolescencias, institución
popular que bien sustenta el sentimiento indeleble de la memoria.
Focalizamos la historia de hoy en la precaria
situación laboral protagonizada por tres jóvenes graduados, que hace ya dos
cursos académicos obtuvieron su titulación universitaria en la rama de Publicidad y Relaciones públicas. Como a otros
cientos de miles de graduados, les ha tocado vivir en la actualidad una etapa
social bastante complicada y “deshumanizada” en el contexto del muy competitivo
mundo de lo laboral. “Estudias para lo que te gusta
y crees que sirves, topándote de bruces con el difícil e insolidario mundo
empresarial, con esos repetidos y desalentadores noes y “portazos” cuando te
decides a llamar, una y otra vez, a sus blindadas y muy calculadoras puertas”.
Este es el trágico y realista pensamiento que anida en las mentes de estos tres
amigos y compañeros y también en los sentimientos de otros muchos miles de
diplomados que ansían conseguir, legítimamente, una imprescindible estabilidad
profesional.
Meli, Damo y Helio
(son los nombres coloquiales de Amelia, Dámaso y Heliodoro, respectivamente)
se conocieron en las científicas y dinámicas aulas universitarias. Intimaron
desde su vinculación relacional y han sabido sustentar una proximidad en la
amistad, consolidada no sólo en ese inolvidable lustro de convivencia
estudiantil, sino que, una vez obtenida la titulación, se propusieron colaborar
de alguna forma en el ejercicio de la actividad para la que habían sido académicamente
formados. Bien es verdad que en un principio cada uno intentó ”hacer la guerra
por su cuenta” buscando un acomodo o trabajo a través de las prácticas
profesionales realizadas en diversas empresas. Pero más pronto que tarde, tras
la cruda realidad de no poder continuar trabajando en esas y otras entidades,
para las que habían dedicado meses de entrega animosa y esfuerzo responsable,
decidieron unir sus voluntades formando un equipo profesional de amigos, con el
sano objetivo de buscar una salida o camino laboral digno para sus bien
legítimas y humanas expectativas.
Comenzaron a colaborar en la realización de algunos
encargos parciales, integrados en proyectos de una mayor envergadura. Pero esa
limitada y breve oxigenación económica que les reportaba sus muy intensos
esfuerzos, en modo alguno sustentaba la necesaria estabilidad que todos ellos
apetecían. La escasa compensación económica que recibían por esas
colaboraciones no concordaba con sus necesidades materiales básicas, por lo que
tuvieron que seguir manteniendo la vinculación, tanto en residencia, alimento y
básicas necesidades, con sus tres respectivas familias. Esa situación de
dependencia parental en modo alguno les agradaba. Necesitaban por su edad (los
tres amigos se encontraban en la horquilla cronológica de los veintinueve y
treinta años de edad) desvincularse de
la carga económica que suponían para sus padres, que en modo alguno nadaban
en la abundancia económica sino todo lo contrario. Estaban dispuestos a
“echarse a la calle” a fin de hallar una salida autónoma para sus propias vidas,
liberando a sus familias de la carga que ellos representaban.
A este fin necesitaban localizar y contratar, de
manera prioritaria, un local apropiado en donde
estabilizar la sede física de la oficina publicitaria que deseaban fundar. Pero
en primer lugar emprendieron las gestiones administrativas necesarias para
declararse como autónomos jóvenes emprendedores. A continuación, comenzaron a
buscar la sede apropiada para su nueva y joven empresa. Fue precisamente Helio,
el más imaginativo y dinámico en su personalidad de los tres amigos, quien aportó
una luz propicia para los afanes empresariales que a los tres embargaba. Un tío
abuelo de su madre, el “tío” Gracián, siempre vinculado
al negocio de la distribución de garrafas y botellas de aceite, para las
grandes áreas comerciales, los supermercados y los comercios minifundistas,
disponía de varios almacenes en los polígonos y naves industriales de la
ciudad. Dada su avanzada edad, había ido vendiendo paulatinamente esos locales
y almacenes, pues entendía que era hora ya de disfrutar una merecida
jubilación, bien ganada con tantos años de trabajo y esfuerzo.
Hablaron con este veterano empresario y muy
comprensivo familiar de Helio, quien les confió la existencia de un pequeño local de su
propiedad, sito en uno de los polígonos industriales de Málaga. Era uno más de
los espacios que él había utilizado para el almacenaje de garrafas de aceite,
previas a su distribución por el comercio menor. Pretendía desembarazarse del
mismo, por lo que lo había puesto en venta. Como las ofertas de precio de los
posibles compradores no le satisfacían, había pensado ponerlo en alquiler. Ante
la petición de su sobrino, portavoz de los otros dos compañeros, explicándole
las características de la empresa de autónomos que habían creado, se
mostró dispuesto a cederles el local, fijándoles
una tasa de alquiler mensual más bien baja: 350 euros, prácticamente
testimonial si se analizaban el precio medio del mercado para los alquileres de
las propiedades inmobiliarias. Obviamente la “nueva sociedad” tendría que
afrontar los gastos necesarios para las reformas básicas, en albañilería y
electricidad, además de la adquisición de un adecuado mobiliario, a fin de reconvertir
ese viejo y no muy grande almacén en unas adecuadas oficinas para trabajar y
atender a los futuros clientes. Lógicamente, los gastos de electricidad, agua y
otros tributos municipales también estarían a cargo de los nuevos inquilinos.
A pesar de su entusiasmo, los números de la aritmética
comenzaron a “imponer su ley”. Decidieron sumar algunos “sacrificados” ahorros,
procedentes de esas cartillas bancarias que los tres mantenían para los
momentos de carencias. Los familiares también contribuyeron con algunas
aportaciones, pero las necesidades de liquidez superaban en mucho la
disponibilidad acumulada con tanto esfuerzo voluntarista. En este momento
inicial de la nueva empresa, un miembro del equipo aportó una interesante vía,
a fin de sostener los gastos en los que se habían embarcado. Los padres de Meli
mantenían una interesante vinculación familiar con el director de una caja de
ahorros: Mateo de la Ermita. este agradable
ejecutivo de la entidad financiera, les escuchó con atención y tras las
correspondientes gestiones administrativas con la central bancaria, puso sobre
la mesa la posibilidad de un préstamo de no muy elevada cuantía, a devolver en
un plazo razonable de tiempo. El interés financiero del mismo era asumible, siempre
que la máquina de esta pequeña empresa comenzase a funcionar con una cierta
credibilidad y eficacia.
Pero como tantas veces ocurre, recuérdese
el tradicional “cuento de la lechera”, los buenos resultados para nuestros
esfuerzos no resultan tan acelerados para nuestros deseos, a fin de construir
esa bella estructura que hemos edificado (sin grandes fundamentos) en los
espacios etéreos de nuestra mente. El voluntarioso y animoso trío de profesionales
publicitarios estaba endeudado “hasta las cejas” (expresión ilustrativa en la
acepción popular) pues unos pequeños, espaciados y “terciarios” encargos
profesionales en modo alguno generaban los ingresos suficientes que eran en
urgencia imprescindibles para solventar el pago de todas esas facturas que se
iban acumulando. La impaciente e inamistosa montaña de los débitos provocaba la
desesperanza tensional. Los números seguían sin cuadrar en la rígida aritmética
de la contabilidad empresarial. Algo había que hacer para salvar GESFIPLUB (Gestión y
eficacia publicitaria, nombre que habían ideado para su joven empresa) y el tiempo apremiaba con
descaro, se iba acortando sin complacencias para salvar a una pequeña sociedad,
sumida en la “selva” competitiva y egoísta de lo social.
Fue una vez más la agudeza imaginativa
de Helio Mariscal quien pudo las bases de un pequeño
pero potencial proyecto del que podrían fluir inconcretos fondos oxigenantes
para poder “resistir” en esa lucha que tres admirables voluntades
protagonizaban, en aras de labrar un futuro profesional creíble y mínimamente
eficaz. Las fechas de la Navidad se iban acercando en el caminar innegociable
del calendario. Esa tarde de Octubre, Helio solicitó que les sirvieran tres
cafés procedentes de un pequeño bar situado a unos 15 metros de su bien
remozado (por los adornos florales de Meli) local. Reunió a sus dos compañeros
de empresa y puso sobre la mesa una muy curiosa e inteligente propuesta.
“Sé que alguno, probablemente a todos
nosotros, se nos ha pasado por la cabeza la drástica y desacertada idea de
“tirar la toalla”, argot que procede del
boxeo profesional. Precisamente esa dura y noble modalidad deportiva que, por
supuesto, en modo alguno me agrada, ha sabido motivarme para buscar salidas
urgentes al muy evidente agobio financiero en el que nos encontramos. Sería de
necios no ser realista, ante la penosa situación que nos persigue. Pero también
sería una cobardía quedarnos de brazos cruzados y agachar la cabeza con la
mímica drástica de la derrota. Es evidente que necesitamos “liquidez” monetaria
y ésta ha de llegar de manera urgente. “Dándole a la cabeza” una y otra vez he
imaginado un esquema que a modo de idea nos puede reportar esos ingresos perentorios,
que nos posibilite continuar en nuestro camino por hallar un hueco en el
tráfico publicitario local e incluso regional. Os explico sintéticamente la
propuesta. Os ruego que no me
interrumpáis mucho, pues es sólo un esquema o proyecto cuyos flecos habría que
cortar y pulir, en el caso de que este proyecto o posibilidad lo veamos viable .
Cuando termine de explicarlo, respondo a todas las preguntas y objeciones.
Vamos a ello”.
“La idea es que a través de las páginas
de Internet propongamos una
rifa, en vinculación con
los números del sorteo de la lotería de Navidad. Hacemos participaciones on-line,
para tres grandes y “suculentos” premios, coordinados con los números del
primer, segundo y tercer premio de ese sorteo navideño. El precio de las
participaciones numeradas y nominativas sería muy asequible, para quien desee
adquirirlas. No más de dos euros cada una. Por supuesto los nombres de los
adquirentes quedarían registrados en una base de datos. Son 100.000 números y
boletos posibles, que corresponden a las bolas que llenan el bombo del sorteo
de Navidad. Y sólo tres de esos números se llevarán los premios que sorteamos.
En el supuesto (irreal) que vendiéramos todas las “papeletas”, haríamos una
recaudación de 200.000 euros. Por supuesto, habría que pagar a la Hacienda
Pública el 20 % correspondiente al ingreso que hayamos tenido por esta venta, a
fin de evitar problemas tributarios. Y ahora vamos ya a los premios que podríamos
sortear, vinculados a los tres números que resulten agraciados en la lotería
cantada por los niños del Colegio de San Ildefonso. Por supuesto, han de ser
unos premios atractivos y creíbles. Os aclaro que ya me he puesto en contacto
con diversas empresas, para informarme y establecer una valoración del coste
aproximado de estos productos que recibirían los boletos ganadores ”.
“En realidad, los tres premios son en
sí mismos de gran interés, bajo mi punto de vista. Incluso me atrevería a
afirmar que para muchos el tercer premio podría ser incluso más interesante que
el primero o el segundo. Os explico mi idea acerca de lo que podríamos sortear,
entre otras muchas opciones, por supuesto”.
“Habría un premio, que podría ser el
primero, por la significación navideña para el consumo alimenticio. Sería una MACRO CESTA DE NAVIDAD, en la que no faltarían los productos
ibéricos de la mejor calidad y marca consolidada: el jamón de bellota pata
negra, los lomos embuchados de la misma categoría, diferentes tipos de quesos,
salchichones, butifarras, chorizos, las conservas vegetales y cárnicas más
atractivas, el salmón ahumado y el caviar ruso, los dulces, mantecados
alfajores y mazapanes, todas las modalidades atractivas de turrones, con
preferencia los de la marca Jijona, los vinos licores y cervezas de las mejores
fábricas, bodegas y añadas, los chocolates y los bombones más exquisitos, con
ese nivel de cacao no inferior al 80 %. No se me ha olvidado un gran “ramillete”
de frutas de origen tropical y otras procedencias de las más significadas
regiones hispanas, etc. etc. Una “alacena” de Navidad que causaría impacto y
emoción irrefrenable para quien la recibiere. Me han dado diversas cifras para
el coste de esta gran cesta, oscilando los precios entre una horquilla de 2.000
y 2.500 €”.
“El boleto con el número del segundo
premio de la lotería, sería agraciado con un sugerente VIAJE DE VACACIONES de ocho días de duración (7 noches)
para dos personas mayores de edad, en un gran hotel bajo el régimen de pensión
completa (desayuno, almuerzo y cena). El establecimiento hotelero tendría la
categoría de cuatro estrellas. ¿Dónde sería la estancia?. Este inolvidable periplo
vacacional sería elegido entre Mallorca, Tenerife o las islas Azores. El
transporte de los afortunados hasta el punto de destino y la vuelta a su lugar
de residencia también estaría recogido entre las condiciones contractuales de
la agencia de viajes. Los traslados desde el aeropuerto hasta el hotel y
viceversa que le correspondiera, obviamente también están contemplados. Algunas
empresas y agencias de viajes me ofertan en el paquete la gratuidad incluso de
hasta cuatro excursiones potestativas, entre las ofertadas para realizar durante
los días de la estancia. Algunos de los hoteles garantizan divertidos
espectáculos para disfrutar tras la cena.
La realización del viaje no podría ser disfrutada en temporada alta,
pues dispararía el costo. La pareja ganadora de este premio tendría que hacer
realidad su viaje entre Febrero y Junio del 2019. El coste de este premio,
negociado con diversas agencias de viajes (nos harían un precio especial, dada
la significación que ellos entienden de una empresa como la nuestra que está
comenzando) lo sitúan en una horquilla que va desde los 800 hasta los 1.200 €”.
“La mayor originalidad, desde mi punto
de vista, está en la naturaleza singular del tercer premio. Es un “regalo”
sublime e ideal para los que aman el cine, para todos esos aficionados que no pueden
caminar sin ese oxígeno vital que les aporta todas esas tardes y momentos de
pasión ante una pantalla, donde se proyecta una película. El premio consistiría
en DOS BONOS DE CINE, con tarifa plana, para asistir a todas
las películas que se exhiban en uno de los multicines de nuestra ciudad, con
cuyo gerente he tenido ya una primera toma de contacto a fin de sentar las
bases de la correspondiente negociación. Obviamente se trata de la posiblemente
más importante cadena de salas cinematográficas, que tienen presencia en la
mayoría de las ciudades de nuestro país. Para el supuesto de que el premio
recayese en una ciudad donde no tuviera presencia esa cadena de multicines, el
propio gerente me ha asegurado que me facilitaría los contactos necesarios para
negociar con la propiedad de las salas que funcionara en esa localidad. Esos
dos bonos, nominativos o personalizados, tendrían validez durante seis meses,
desde Febrero hasta Julio, ambos inclusive. Me los ofrecen por un coste
alrededor de los 600-700 €”.
En fin … ¿qué os parece amigos mi
propuesta, desde un punto de vista global? Por una inversión de unos tres mil
–tres mil quinientos euros, podríamos obtener una sustanciosa liquidez
económica (que buena falta nos hace, tanto como “el comer” según el dicho
popular. No se me oculta que la cuantía de los ingresos va a depender del
esfuerzo informático que lleváramos a cabo por todas las redes sociales y,
sobre todo, de la respuesta que den los internautas a nuestra propuesta. Desde
luego habría que trabajar con toda intensidad ante la pantalla del ordenador. Centralizamos todas las trasferencias a una
cuenta bancaria y …”
Meli y Damo escuchaban absortos la
genial idea de su compañero de empresa. De sus bocas sólo salieron parabienes a
ese inteligente y divertido proyecto, del que podrían obtener réditos muy interesantes
para “limpiar” y resolver muchos pagos y tomar nuevas fuerzas, materiales pero
también anímicas, a fin de continuar esa lucha sin tregua por abrirse camino en
el difícil mercado publicitario. Los
tres copropietarios de Gesfiplub se
pusieron “el mono de trabajo” y se conjuraron con esa positiva máxima de “A más
trabajo, mayores esperanzas” para el imprescindible éxito en la obtención de
liquidez financiera. Fue el de aquella tarde un hálito de confianza y esperanza,
para tres jóvenes empresarios que tenían fe en su capacidad para obtener un
espacio profesional acorde con su preparación y tensión imaginativa.
A las 24 horas en punto, del día 21 de
diciembre, la admisión de compras de boletos on-line para esa preciada rifa de
las ilusión quedó completamente cerrada. Lógicamente, no se vendieron los
100.000 números de las bolas introducidas en el gran bombo del Palacio Nacional
de la Lotería, en la capital de España. Habría sido milagroso conseguir esta ambiciosa
meta. El recuento informático a ese hora de la madrugada dio una cifra exacta de los
boletos vendidos, durante un mes y medio de intenso trabajo por todas las redes
sociales: 47.359, fueron los boletos vendidos, números no consecutivos sino
diferenciados, pues cada comprador podía elegir el número que le apeteciera y
estuviese libre en un listado actualizado al segundo. El trío de jóvenes
empresarios había invertido poco menos de 4.000 euros en el proyecto.
Recaudaron casi más de noventa mil euros, que quedaron reducidos a setenta mil
por el 20 % del pago tributario a la Hacienda pública española. Muchas deudas
fueron saneadas. Su cuenta bancaria renació en liquidez.
Ha pasado ya un año desde estos
curiosos hechos. En la actualidad, Helio, Damo y Meli continúan trabajando, con
denuedo y eficacia, en ese local del polígono, que ya ha tenido que ser
ampliado. Ocupan profesionalmente un lugar de prestigio, bien merecido, en el complicado
mercado publicitario. Varias importantes empresas del sector les han hecho
ofertas, a fin de que se integren como asociados en sus respectivos organismos empresariales.-
UN ORIGINAL SORTEO, EN EL COMPLICADO ANDAMIAJE DE
LOS DÍAS
José L. Casado Toro (viernes, 7 Diciembre 2018)
Antiguo profesor del I.E.S. Ntra.
Sra. de la Victoria. Málaga
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